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Que nos obliguen a hacerlo

Que nos obliguen a mirarnos como somos
sin máscaras sonrientes
sin las tinieblas que cubren la tierra
sin la absurda noticia de que el día
se ha marchado para siempre.

Sin el sabor amargo de la muerte
cuando los pulmones se colapsan con el frío
sin vacilaciones
porque los versos desnudaron lo que sientes.

Sin maltratos como si fuéramos
cualquier pedazo de arcilla fresca,
sin el menor respeto por los años
en los que hemos tenido que respirar,
sin un montón de cicatrices
que solo un ciego podría ignorar.

Que nos obliguen a mirarnos a los ojos
con el silencio a cuestas
sin ese costal de remordimientos falsos
de lo que no sienten y por lo cual
fácilmente se pueden mofar.

Que nos obliguen a llevar muy adentro la noche
sin dolor y sin discordia
sin las gotas de agua que sollozan
hasta convertirse en agua nieve
que enfría los delirios.

Que nos obliguen a dialogar
con nuestra parte más humana
sin condenas y sin culpa del desconsuelo
de ese enigma sin fondo
que sobrevive a los años más rencorosos.

Que nos obliguen a encontrar la paz
con la única certeza de encontrar la calma
en esta vida combatiente e incesante
entre heridas de sangre,
en donde siempre los demás
tratan de hacer trampa
al jugar con nuestra última esperanza.

El poema es infinito,
aunque les parezca injusto
vendrá alguien más a leerlo
aunque no nos obliguen a hacerlo
así será.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
09/12/2017.
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Melodía esquiva (Colaboración @pequenho_Ze vs @sarrd8r)

Abrochado al árbol del reproche,
me desperezo en la estación de la espera,
del amanecer con una sonrisa
como cómplice de tristezas,
amante de instantes convertidos
en estribillos, cuál piel de mis sentidos.

Y aún acusando mi propia condena,
miles de incendios arden en quimeras,
dibujando sombras, vistiendo la herida;
caricias que suenan a aspereza,
lenguas que olvidan los delirios
y hablan sólo de vientos y de olvidos.

Santiguándome ante la imagen
que escupe el espejo,
apoyando las manos en el mármol
de mi alegría, de fonemas mudos,
aprendo a refugiarme del viento
de reproches y olvidos
en mi melodía esquiva.

Avanzo, pasos quebrados, aliento distante,
fingiendo que aún estoy despierto,
revolcándome en sueños agrios
de noches buscadas, de silencios vacuos,
que gritan un nombre que desconozco
aunque sale de mis propios labios.

Cierro los ojos entonando un salmo,
música con imagen furtiva,
son del amor fugitivo, reo de la esperanza,
letra sin la tinta de un nombre,
huella sellada en mi lengua, en mi boca,
como la sombra de un perro
abandonado bajo la lluvia.

Recojo la silueta de mi cuerpo
casi dando la partida por perdida,
atesorando soledad, -qué vileza la falta de entereza-,
y tantas pasiones rotas que no sé ponunciar;
atajo el camino, desventura cienosa,
y dejo un rastro de fragmentos ásperos
que quizás vivirán en mi melodía esquiva.
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Fantasmas de la soledad

Se disparan los temores
dueños de mi inseguridad
cabizbajo y si rumbo
como un perro en la ciudad.

Me despiertan alaridos de un corazón,
en su pasado sometido
a voluntad de quién lo quiera pisar.

Y sin casi darme cuenta
soy ese imbécil que te aprieta
cuando debería aportar.

Se disparan mis fantasmas
fruto de mi ansiedad
que reclaman con recelo
un poco de claridad.

Solo quieren que les digas
algo que alegre su alma en vida
y las sabanas tirar.

Deslizar todos los miedos
desahogar por ti mi niña
mil noches de soledad.

"Gigi"
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6comentarios 129 lecturas versolibre karma: 117

Haiku

Vuelan gaviotas
Sobre cielo otoñal.
Ocaso en mar
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Un verso que da la vida

En una historia reluciente
se fue la vida,
casi fue como un simulacro
que se borra en un instante,
la antigua juventud lo demuele todo.

Inmutables y crueles nos quedamos
siendo espectadores de una novedad
que dejó de manipular a el tiempo,
todo muere insaciablemente
en su levedad oscura que siempre vacila.

Todo se ha desvanecido con la historia,
disipando las dudas
y cubriendo las incógnitas,
mientras tanto,
nadie se ofende por los que no estamos de paso.

Nadie se ofende de aquellos que vivimos
de los deseos de la noche,
esperando con paciencia
que se despierte el día
y tengamos nuevamente una historia
un verso que da la vida.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
11/12/2017.
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3comentarios 106 lecturas versolibre karma: 105

Sueños soñados y no

Cuando la mañana se levanta
con la albura grisácea,
el latrocinio nocturno
de los sueños;
el amargor y la bilis
de la realidad
te redacta un contrato
de angustia de por vida.
Y no sabes si firmar
con la sangre o con el sudor.

Repaso entonces
todos los sueños
que no me robaron,
que si tuve y viví,
y comienzo la siembra
de una cosecha venidera
repleta de posible y
buenos augurios.
Recordando que el final
aun no tiene fecha
y que el poder de decidir
lo tengo yo.

(Hortensia Márquez - 9.12.2017)

Imagen: fotografía de Oscar Pérez
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Un pétalo de café

Un pétalo de café en los labios,
llueve en ese rumor de las caricias,
igual las calles somos nosotros,
esperando.
No sujetes la esperanza con un abrazo,
la soledad lleva un móvil entre las manos.
Antes;
un pétalo de café,
el humo del deseo.
Es verdad que llueve,
que somos calles,
esperando,

esperándonos.
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Elegía incurable

Mueren las palabras
una a una
en manos de un alma torpe
demasiado costumbrada a ver sueños segados
con la hoz del miedo.
Chocan contra el suelo malcarado
que sólo da calor a mis piernas
a través de unos pies poco ágiles
que quieren saltar
pero se quiebran a cada paso mal dado.
Y me hierve en el cuerpo una esperanza, una,
que me ha de llevar a la puerta acertada,
aunque no sepa obedecerla,
ni seguirla
ni escucharla.
Los errores se pagan demasiado caros,
pero en el fondo, a mí me gusta equivocarme
y aprender que un error es un intento
aunque al final no aprenda nada.

-y conste en acta que esto
no es en absoluto argumento
de alguien que pierde,
o quizás sí, pero aquí no tiene efecto,
porque mientras algo siga latiendo dentro
es que la lucha aún no ha terminado-

Cerrada la puerta de la habitación insólita,
araño las paredes demasiado pintadas
de imágenes deformadas por el paso del tiempo
-ah, ese caballero impío y egoísta
que va dejando llagas que no curan
en cada arista de la vida-.

Restos de tinta bajo las uñas
escriben una elegía
por todos los alientos que nos dimos
y que ahora reposan
atravesados por una espada
que nunca acaba de matarlos
aunque le demos permiso para hacerlo.
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Muda Danza Otoñal

A Albert Camus,
y a lo absurdo de quererle dar sentido a la muerte (de una hoja).


La muda danza de hojas amarillas:
del mundanal vivir, tan colorido,
van en mudanza triste y sin sentido
a la esperanza de otras maravillas.

Están desnudas ramas y ramillas,
y el suelo está abrigado por vestido
de hojas muertas: ¿su espíritu perdido
logrará divisar nuevas orillas?

¿Y si su alma foliar no se despierta?
¿y si tal cosa ni siquiera existe?
tal vez tan solo sea una hoja muerta.

Nuestro otoño no tiene que ser triste:
no es un principio, ni una puerta abierta,
es solo un vendaval que nos embiste.
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12comentarios 84 lecturas versoclasico karma: 103

Vienen los del miedo

Miedo.
Se acercan las sombras y los herejes del destino
con sus cuchillos y mordazas,
dispuestos a callar mi alma.
Por entre las avenidas al cielo matan,
y el mismo sol con su congoja llora,
escondiéndose entre las nubes grises
del otoño del lamento eterno.

Ya están llegando,
te miro a la distancia y suspiras un vaho gélido
que me inunda el alma y me recuerda
que todavía no puedo salvarte.
La cápsula de cristal es firme,
y sigues preso del futuro marchito
que aún en el presente verdadero
parece un pasado sin esperanza.

Ya vienen,
no podré seguir finjiendo mucho más;
tu pulso se acelera, y el corazón casi te estalla
en millones de pedazos de seda.
Te miro y me miras, y me miras, y me miras.
Y ya ni siquiera localizo tus ojos
entre el resto de la multitud
de gabardinas negras y guante blanco.

Ya están aquí.
Los miedos por quererte, las ganas
se atenúan, y siento frío,
y me hielan por dentro los pedazos de seda.
Los de guante blanco desaparecen,
y la luna brilla bajo la mirada del sol
pero tú ya no estás conmigo.
Te he perdido, para siempre.
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Fuego de Invierno (Haiku puro)

Fuego de invierno
troncos, ramas heladas
queman sus hojas.



Fdo.: Alfonso J. Paredes
"Y EN EL FONDO TE DIGO"
D.R.A. SafeCreative/Copyright
Imagen recopilada de internet
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Qué haré con la noche

Ando lleno de fatalismo y locos que me son ajenos.
El viento trae olor a fraude y trampas.
La lengua extraviada, anda,
salivando venenos,
alucinada.

Soy un animal distraído, de escuálidas tardes.
Humeantes cafés herederos de escombros.
Soltaré al perro, ignorante,
de duelo callado,
asustado.

Trae la aurora sábanas raídas, engalanadas
de tristeza, de últimos aullidos
a las fieras del desamor,
y al pájaro asustado,
escuchando,
las voces,
la muerte,
de una mesa inexistente,
de platos indispuestos,
sillas vacantes, hasta aquí,
la noche reciente,
la de los insomnios y la soledad
engalanados en sábanas,
raídas por la aurora,
hablando,
la voz de un pájaro
mullido en amapolas,
en lumbre sobre un raído
lecho mal nutrido.

Me sigue el aliento de tu piel, coartada.
Las fiebres de las manos que amaron.
Habita ahogada, la noche
en mi garganta,
anegada.

¿Qué haré con la noche?
¿Qué haré con ella?
¿Qué haré?
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Veo ahora hasta sin ojos

Como un sueño que revive los aromas
atendiendo al más nítido detalle,
que recibe la caricia de unas manos
imposibles de tocar,
que persigue retenerte custodiando
las mejores medias lunas
de tu boca. Así siento este poema.

Él me dice:
¿Ves aquella lengua azul que surge
entre el manto gris de nubes?
Todavía, no vi las nubes —le respondo
tras un siglo contemplando el cielo.

Vuelan letras de los versos
con el viento que refresca, pero arde.
Llega brisa susurrándome a la oreja
como seda deslizada, suavemente,
y me cuenta lo que callo
a voz en grito
cuando no sé esconderme,
cuando no sé responderme.

Veo ahora hasta sin ojos
lo que antes fue penumbra.
Cuento estrellas por millares.
Laten versos todo el día.
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Amor

Amor ingrato y decolorado,
me atrapas en una red de fantasías,
prometiéndome vértigos,
existir en realidades ficticias,
obligándome a no vivir
sin tus emociones y exigencias.

Amor canalla y pérfido,
pues haces que me olvide de mi,
de quien fui, de mis pensamientos,
arraigaste en mi diez mil alas
batiendo felicidad en mis entrañas,
jurándome ausencia de dolor eterno.

Amor esquivo y perecedero,
me has abandonado a mis angustias
por no encontrarte en mi almohada.

Al despertar noté tu ausencia,
ausencia de emociones que broten
cual catarata de prosas pícaras,
que inunden de color mis miedos.

Amor imposible de ignorar,
tu ley es la ley del hielo,
pones en una hoguera de pasiones
y desasosiegos mi irreflexivo corazón,
para dejarlo posteriormente
escarchado de pesadumbres,
plenas de evocaciones con sabor a sombras.

Amor, tal vez en eso radica tu magia,
en tu precaria relación con el tiempo,
pues no podría resistir esa intensidad
como forma de vida permanente,
mas cuando te vas, mi vida muerta
permanece enmudecida por tu partida,
mi corazón inanimado transita
entre el sueño y la esperanza.

Amén
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No sé qué, no sé cuánto

Los ojos perdidos
en un coloquio sobre manuales
de no sé qué, no sé cuánto.

La verdad que muchas veces
jugamos a pensar
qué están haciendo los demás,
supongo que los demás
también estarán pensando
qué hacen los demás.

Ese pequeño defecto
de creernos centro de atención
pensando que todo lo que se dice o hace
se refiere a nosotros.

¡Cuidado! si resbalamos
la manía persecutoria
hará de nosotros un aperitivo
antes de que las supersticiones
tomen la sala de estar.

Sería muy simple
buscar algo o alguien
a quién culpar cuando el "Soy"
ha tomado sus dos polos
como único medio de tansporte.

Como ando distraído
en este salón de actos
la información
llega a cuenta gotas,
¿será también porque
ando escribiendo estas palabras?.

Sé que hay un doctor
hablando desde la cima del Everest
y detrás un pequeño estandarte
donde se puede ver o casi ver
el PowerPoint.

Tengo unas ganas tremendas
de levantarme y salir
pero me da vergüenza
interrumpir a los atentos asistentes.

Yo no voy a pensar (eso creo)
qué pensarán ellos si me levanto,
y si ellos lo hacen es muy simple,
¡voy al baño!
y con eso no se juega.
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Haiku

Arde la tinta
de mis versos si sabe
que son para ti.
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Caminamos juntos

Tengo ya esa edad,
en la que uno camina
rumbo a la muerte.
Con paso cansino.
Mirándola de frente.

No soy como tú,
mi dulce compañera.
Tú caminas junto a mí,
cogida de mi mano
de espaldas a ella.

Pero caminamos juntos,
amor mío.
eso es lo que importa.

Sólo los que
ya nos dimos la vuelta,
somos conscientes
del cambio sutil.

Cuando dejamos de
pensar en lo vivido
y pensamos en
lo que queda por vivir.

Pero caminamos juntos,
amor mío.
eso es lo que importa.

Tardarás años en volverte
y caminar a mi lado
mirando a la muerte
como yo lo hago ahora.

Pero no debes preocuparte
mi vida,
nunca soltaré tu mano,
jamás te dejaré sola.

Porque caminamos juntos,
amor mío
eso es lo que importa.
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Norte perdido

Te hablo fugazmente... porque no tengo norte
corazón congelado... y fuerzas sin sentido.

Nada más puro hastío.
Tu no estás simplemente... no digo que te has ido.
Sin norte desvarío.

Para qué he de moverme... si todo es un para qué
así nada me vale... con mi norte sustraido

Brújula de mi vida tu siempre lo has sido
sin ti no se buscarte y sin ti me he perdido

Unicornio mi amigo
¡tu eres siempre la magia!
tráela con tu gracia
y que vuelva haber sentido.
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Se va el Otoño

Se van los oros y llegan las platas,
se va el pintor de los campos dorados y tardes airadas.
Aún quedan algunas, míralas ahí tumbadas,
como alfombras que engalanan las gargantas
de los dragones dormidos,
aunque ya saben que los taparán
los copos de la antesala de la vida.

Ya está aquí quien cobija
los sueños de los que comen madroños,
para helar la sangre de los que no tienen cobijo;
pero, no te asustes, pues tras de sí llegará el aliento
aunque es el momento
en que se van los oros y llegan las platas.

Volverá el pintor de los campos dorados y tardes airadas,
aunque ahora ya se va para dar paso a ese niño
de mirada perdida y frío aliento con el que hiela el alma.

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL Safe Creative/Copytight
Perteneciente al libro "Trilogía Agua, Aire, Vida y Otros Relatos"
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Mil y una agujetas

En las agujas
los agujeros.
Las agujetas,
agujereadas,
en las camisas.
Y los botones
redondeados
trepan cubriendo
(y descubriendo)
las posiciones
de nuestros cuerpos.

Ahora bien,
para enhebrar
ese punzante,
espeluznante,
y temporal
dolor activo,
recurriremos
al fino filo,
casi asesino,
con nuestro fin
de introducir
el redondísimo
botón sin hilo
en dicho cuerpo
en posición.

El eslabón
que se perdió
cosió camisas
con grapas finas,
puesto que el hilo
se fue volando,
y fue debido
a que gastamos
todo su ser
cosiéndole unas
agujereadas
agujas rotas
a nuestras huecas
mil agujetas.

No nos quejemos
cuando haga falta
más hilo luego
y no podamos
trabajar más
que con las grapas.
Finas, doradas,
ocre o cobrizas,
agudas grapas.
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