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Cenizas

Veo difuso el horizonte, casi no alcanzo a divisar la lenta huida de aquel sol mortecino.
La mirada imprecisa emborrona el panorama en la búsqueda de una luz con la confrontación
de cenizas que se retienen en la atmósfera, son cenizas de difuntos días,
las cenizas de siempre; esas que ensucian el paisaje y manchan los ojos.

No hay viento presente ni futuro que barra las cenizas que yacen adheridas
a la cortina flameante en el umbral de esta alma fugitiva. Me he cansado de soplarlas
y no conseguir quebrantar su inmutabilidad. Decido, entonces, acostumbrarme a ellas,
dormirme contemplando su danza volátil, anestesiarme en su milagro flotante,
sedar mi angustia con su desmadre narcótico.
Lo que pasa es que, tal vez, detrás del ceniciento vaivén hipnótico no encuentre
nada más que un sol blanquecino en escape, un atardecer vacío, y un horizonte sangrante.

No quisiera que desaparezca el sucio pasado que flota entre las cenizas,
ese pasado mío, de pequeños desencantos, de viejos fracasos, de lecciones reconstruidas.
No puedo arrancar del presente esta adherencia de recuerdos quemados,
tampoco quiero eso, estaría incompleto, diezmado, sin el camino andado,
arrastrado y prendido a mi imagen como una sombra; sin los ecos vivos de antiguos fantasmas.

La historia es esta, la acumulación de concurrencias profanas
sobre alguno que otro presente distinto, mágico, importante, glorioso.
Y estas moléculas de existencias perdidas, quemadas, grises, inquietas,
mortificantes, impúdicas, dolientes, solo vienen a decirme como es la vida,
a recordarme quien soy y en que voy a convertirme; cenizas.
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1comentarios 30 lecturas prosapoetica karma: 66
#1   Tremendo.
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