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Despertar

El áureo abrazo de Helios, acariciaba la suave brisa que Eolo insuflaba para dar la bienvenida a la Aurora de rosados dedos. Rebosante de vitalidad, el mar saludaba a los cortados riscos de los acantilados, regándolos con su blanca y virginal efervescencia. Las montañas, coronadas de níveo manto, eran testigo de todo lo que acontecía en los profundos y verdes valles de la región, donde los hombres y mujeres que allí habitaban, daban las gracias a los dioses por un nuevo día.

etiquetas: poesía breve, mitología
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