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Nada más que su luz ...

Era un secreto temblando hacia la habitación,
con las mejillas aún en vena,
acercaba su pubis con un pellizco hacia mis dedos.

Una enredadera atravesando con su luz las murallas,
el hueco de una maleta, con la mirada entrecerrada,
achatando el horizonte.

Era un torso, aún rígido, dejándose vencer
hacia la última hoja de un temprano otoño.

No vendrán las palabras, ni los finales felices,
La ciudad será más pequeña, exhalándose de un solo golpe,
rail tras rail, como un Monet a golpe de violín.

Le quedaban tantos años por delante…

Los kilómetros caerán sobre los ojos como cuentagotas
del cielo que le abre su pecho en sangre.
Su cintura se ensanchará hacia otras manos
que no conocerán el sabor de su sexo, recién abierta la carne.

Y yo seré viejo, aún más viejo…

Y ella alzará sus manos como si nada importase,
más que el viento y la luz.

Tenía inmensas posibilidades de ser feliz,
bajo la incandescencia de las farolas recién encendidas,
dibujando sobre la piedra el inicio de un camino
que angostaría su cuerpo bajo las olas.

Era un boceto aún,
abriéndose paso con la elegancia del invierno
y ese vaivén de brújula rota,
perdida en la mirada de la ciudad sumergida.

Quién hizo de la realidad un nunca jamás
que ahora sólo sonríe cuando acaricia la herida.
Su silencio sólo entiende del cuerpo sobre otros cuerpos,
del sexo entre las manos,
desapareciendo a través de la espesa lágrima,
hacia el horizonte que se ilumina.

Nada importará más que su Luz,
penetrando por los agujeros de esta tarde desoladora
en la que su recuerdo es tacto,
sudor fresco derramado por los labios
y su andar de niña, sin saber qué decir cuando contempla
el primer y último surco de sangre resbalando hacia sus rodillas.



Oniria Haze
5
2comentarios 30 lecturas prosapoetica karma: 50
#1   Un poema brutal!! Espero encontrarme más como éste :-)
votos: 1    karma: 21
#2   #1 Muchas gracias! :-)
votos: 1    karma: 21