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Una noche escribiendo

Encariñado;
Una creciente noche, cruentas capas de oscura lucidez, levanté mi avejentada alma a caminar pasos toscos. Sentir maquiavélico, cual ojos diablos habré emprendido a mi arte el descoronado vivir para escribir. Acallando el vasto y avasallador silencio, exclamé en un trasnochar, un golpe marcó mi desviada mirada. Acercando cual asechante penitente, secuestré las palabras de una hoja y mi mirar se transformó en tinta, mi mano se volvió ala y voló a lo largo y ancho de mi imaginación. Descabellada idea fue, un ventanar abierto, a más de 50 metros lo escuché: Infame libertador de ojos de lata, empuñando un sentimiento más poderoso que el amor. Ponderado contrincante, tu pierna mayor a caído al ras de mi morada. Vil noche de silencio, compañera mía, valoro el sonido, golpeteo valiente del puñal, sillas notaron su presencia. Respiración inválida, mal movimiento detrás de mí; lo percibí.
Cual víbora nocturna, me quedé sin escribir un sólo movimiento. En sus palabras resonaron gritos de incompetencia, más un chillido en tinta sus ojos yacían rojos. Apunté mi pluma y con valiente estocada, acabó en sus finas laminas, metros debajo de su mentón sangraban. Apaciguando piedad, miedo y valor. Su voz regurgitó un grito y sin más, sueño eterno.

Oh dulce luna, testiga del decadente. Avispada y tan voraz, irónica vida.
Devorando sueños y lúgubres aspectos, días de pánico en tu espera.
Matar por morir, murió por matar.
Un intento, descansa en los suelos de mi hogar.
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