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Cuando volverá el poeta a escribir...

El poeta permaneció en silencio absorto,
distraído, atrapado en la vorágine in clemente
de castillos sin rocas, de mares sin olas
esparcidos por los azules pastizales

de sonrisas abiertas de símil y prosa
el caldo sutil de la substancia creadora.

El poeta vivía en el destiempo,
ya no entendía de calendarios pegados en la frente
grietas profundas que afloran cuando el sol arremete
entre los muros eternos de oquedades;
agujeros que perforan el alma...

El poeta subió al desván y desgarro su pluma melancólica
métrica sin rima refulgente del imaginario surrealista
y pintó en el cristal roto de un aliento mustio
la pasión que lo oprime y destroza.
El poeta al fin encontró su memoria ignorada.

La poesía acaricia la soledad de tempranas aromas
como descifrar su pensamiento,
cuando el viento ahogue su primavera
volverá el poeta a escribir.

Autor: Ramón G. Pérez B.
Venezuela
Derechos Reservados
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Hay días...

Hay días en que veo en el espejo
una cara que no es la mía,
una imagen, que es extraña,
y sin embargo me saluda,
como si me conociera de siempre,
unos ojos que interrogan el cristal
intentando darle forma y contenido,
y unos labios que se estiran y se encogen
deseando balbucear unas palabras.

Pero yo, plantado ante el espejo,
no sé qué responder ni que decirle,
así que me enjuago la boca,
tomo el cepillo de dientes,
abro la pasta
y doy comienzo a ese proceso
de limpieza.
Luego vuelvo a buscar el espejo
y, poco a poco, parece que la cara
toma forma,
y en ese rostro que ya me es un poco familiar,
puedo adivinar una peca
que se esconde en su mejilla,
aunque si miro fijamente
seguro que no la veo.
Pero es igual.
Puede ser la miopía de mis ojos
que, sin gafas,
se desplazan, vagabundos,
por el mundo de los sueños, todavía.

Es inútil intentar que la razón
me devuelva al nuevo día,
que salude al personaje imaginario
que se esconde en el espejo
y que salga del sopor
y las legañas de la noche.

Como un ciego, sin bastón,
voy andando hasta la ropa,
que me pongo,
para andar en la mañana,
y lo hago de una forma controlada
e instintiva.

Tras calzar mis zapatillas deportivas
salgo afuera de la casa
y recibo la caricia de la vida,
con los cantos de las aves
y la brisa que acaricia mis mejillas.

Hay un "hola" que se escapa
de mis labios,
respondiendo a tanto halago,
y esa misma sensación acelera
los latidos de mi pecho.

Doy mil gracias a la vida
y también a cada instante
que me deja,
y es entonces que recuerdo
a la persona del espejo,
a ese rostro, en apariencia,
tan extraño,
y sonrío al recordarlo.

Es la sombra de ese ángel de la guarda
que camina a nuestro lado
y no lo vemos,
que despierta con nosotros,
que se mira en el espejo,
que bosteza y que sonríe
y hasta da "los buenos días",
en un gesto sin palabras...

Rafael Sánchez Ortega ©
13/07/18
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Roto

Han resucitado los espejos
en oprobiosas imágenes de olvido
rotas las hojas blanquecinas
cuyos rostros dormidos asesinan,
el rayo de sol empecinado
piedra oculta en la marea
rueda la ruda cabellera
azabache mirada sin frontera,
en los riscos callados y fríos
lujuriosos los pájaros ondean,
¿cuanta sangre derrama una bandera?
con cuchillos en sus venas
derrotan al gigante de Aramea
alaridos al cielo gris que nos congrega.
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La esperanza en su laberinto…

En esta ensenada austral la esperanza buscó escondrijo
Llegó huyendo del mundo, de Wall STREET, de la gran manzana,
Y de todas las ciudades que conforman la esfera terrestre.

Su garganta rota palidece por los sollozos suplicios
El sol en riela le persigue dejando pasar su estela
Y la carátula verde del bosque se torna amarilla como un ocre otoñal
Y me muestra la puerta de un laberinto
Una alfombra morado purpura se extiende
Y me conduce a su puerta cuyas bisagras rechinan
Duendes con ropas antiguas y barbas desparpajadas
Y luciérnagas parlanchinas me conducen por pasajes oscuros
Hasta llegar a un inmenso círculo
Y veo encima de rocas y cuarzos brillantes
¡¡¡La esperanza llora afligida¡¡¡
Y le pregunto ¿el por qué de su sufrimiento?
y me dice con voz trémula ...
Estoy triste… El hombre de la ciudad
Vive confundido prisionero de su propia historia
El ego, el miedo y los falsos dogmas
Lo someten, viven enclaustrados
En barrotes de hiero forjado
Y el ego que es tan antiguo como yo...
Guarda en su alforja diamantina la llave del encierro.
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Líbrame de la soledad

Y si te digo simplemente, si quiero,

quiero vivir en esa paz,

quiero me des tu amor,

sentir tus emociones en mi,

saborear el néctar de tu bondad,

a cambio de eso, sólo te pido que

des luz todo mi espacio, y

me libres de ésta soledad infinita.
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