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Hoy es el día de la música...

Hoy es el
día de la
música...

Grandes artistas
del ayer, y
de hoy, que
con sus
fantásticas
canciones. ,
nos deleitan,
con sus letras,
que nos calan
hasta el fondo
del alma.

La música, esa
que tanto nos
da, y a veces
tanto nos quita...

Cualquier canción
que escuchemos,
nos hace revivir
momentos, y
acordarnos de
personas, que
están lejos o
un poco cerca...

Hoy es el día
de la música...

También tiene
algo que ver
con la poesía.

(Música y poesía,
de la mano,
siempre van
unidas, danzando)

Los poetas con
sus letras hacen
música, letras
que danzan,
bailan al son
y con sus versos,
van directas a
tu corazón...

Hoy es el día
de la música...

Sin música, no
se podría vivir,
la música es
todo, te anima,
te puede hasta
curar, te hace
vivir...

La música te
alegra, en un
día gris.
Pero también,
te hace cantar
y bailar,
sin poder
parar...

Hoy es el día
de la música...

Mientras escuchas
ese artista
favorito
que aborreces
día tras día.

Te sabes todas
sus canciones
de carrerilla.

Disfrutas, mientras
lees, escribes, o
tomas un simple
café.

Hoy es el día
de la música

Si no existiera
la música,
esta vida...

¿Qué sería?...

Sería triste
y muda también...


© Derechos de autor
Isa García
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Baile

No baila el hielo.

¿Por qué baila entonces
mi alma entre los versos?

Ni las lágrimas
ni el invierno
pudieron con su fuego.

Bailan las llamas
entre los lamentos.

Bailan las llamas
entre los miedos.

Bailan las llamas
entre mis huesos.
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Tanto espacio, tanta ausencia

Tantos fueron los deseos, y tan fuertes los sueños que dejarlos ahora olvidados no parece ser posible, no perece haber lugar suficientemente grande y alejado como para desterrar los deseos que de tu boca yo tengo, la ansiedad loca de tocar tus manos, y no dejar ni un instante de besarlas, de sentir la caricia suave de tus yemas y las palabras dulces de esa boca que estoy segura que no sabe besar todavia. Fueron tantas las cosas que tenía reservadas para darte que ahora ya no me pertenecen, no son mías y por indiferencia no son tuyas, son tantos los hilos que se movían detrás del escenario y muy ingenua intentaba que los vieras y que valoraras el lugar tan grande que te reserve, tan grande, como lo grande de mis sueños, de mis ganas de besarte, de enseñarte para que se usan unas manos tan bonitas como esas, para enseñarte la cantidad de versos que se pueden escribir acerca de tus cejas y de tus hombros y de tu piel, fueron tantos los poemas y las alegrías que me inundaron el corazón a causa tuya que ahora es por supervivencia que no se dejarte ir. Fueron tantos los poemas que ya empezaban a escribirse en tu honor, fue tan perfecta la melodía de tu nombre y las canciones de tu voz que (muy a pesar mio) resulta imposible dejarte ir así nada mas. Y fingir que no llegaste y fingir que no estuviste, y pensar que no eras mío. Fueron tantas las promesas que te hize en el silencio de una mirada, en el más profundo suspiro adormilado repitiendo tu nombre antes de dormir cada madrugada, fueron tantas las almohadas que abraze pensando en ti, que termine más enamorada de tu ausencia que de tu amor. Fue tanto el vacío que creé para esperarte que me perdí y no se salir, o volver o entrar, pues fueron tantas las puertas cerradas que seguramente estoy pérdida afuera. Fuiste tan devastadoramente adorable que no se dejarte ir.
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No esperes

No esperes que llore,
No esperes que salga a correr con la lluvia
refrescando mi cabello.
Nunca jamás pienses que estaré cuando te caigas
El rayo de luz y de esperanza, en esa paloma blanca
No fue creado para mi.
No eres amor de mi parte
Padre del cielo, no esperes que rompa a llorar.
Sigo siendo el joven roto.
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Fuego Fatuo

Asida va de la gracia la desgracia; la ruleta que impulsa los dedos del destino desmentido en la ilusión de su carnaval...
Una máscara dispuesta en la faz ajena. La canción repetida de las malditas faenas.

Un beso que hace un lustro, abrazaba, y hoy, sólo besa a sus espaldas. Un abrazo comprometido con el sueño del nunca despertar; del silencio que llora mientras su alarido se ríe en la gota desdibujada del desencanto ancestral.

No predice siquiera la noche, pues imposible es tejer presente y girar rueca en reversa, ni desnuda al día su profecía cuando no desea el discurrir de las cortinas... La pólvora aún tibia, impregna de injusticia a la convocación de un joven relicario. Húmeda le va la causa a causa de sus tristezas; tristezas antiguas bajo esa nueva cera... que no menguan; que derriten la verdad breve al calor de la lupa convexa...

Es el daño, el ignorado. Su recriminar es la posesión de lo despreciado. Es la lluvia que no era nube y la melodía ayuna de nota. Es arrancar a golpe puro, el afiche numerado del almanaque y suscribir con tinta, las piezas sueltas a los hechos de la compartición viril con aquellas Dulcineas a sus horas solas...

Es añorar, tornarse en coraje para acallar sus ojos entrecortados de nostalgia. Invocar en la melancolía todos y cada uno de los nombres; de los rostros del alguna vez, su delirio cercano. Apagar la prohibición y prender incienso en lo profundo del lecho obscuro... concentrar su combustible y consumirse en la única almohada rota a mordidas de promesas; de recuerdos. Recuerdos de desencuentros leales y encuentros fallidos. Recuerdos que arañan, rogando a cada ser sublime de su tiempo, ser por no ser ni haber sido... Implorar perdón por no llamar al pan pan y al vino vino... a lo todo comido; a lo todo bebido; a la mascarada que habita dentro de su propio Dèja Vú y desde sus adentros hacia el todo, su todo vivido.

La vigía se estrena. Pretender desapercibirlos arrepiente íntegra la devoción.

Latires...


Alma a pecho tierra
ardiendo en leña verde...
todas las estaciones,
en llamas de su propio
fuego fatuo.





Yamel Murillo



Incisiones.
La mirada sorda©

El Diario de Paloma©
D.R. 2017
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El cadáver de tu novia

Culpa a la lluvia, culpa al azúcar que altero un poco mis nervios, culpa al desvelo o culpa si quieres a esta costumbre mía de escribir tu nombre todo el tiempo, me duelen los hombros y las manos y los ojos, y se muy bien que le hablo a la persona equivocada,le hablo a alguien que evidentemente no está, pero no se trata de ti queriendo consolarme, se trata de mi, pidiendo una caricia... Son cosas diferentes si lo piensas bien.
Me cuesta mucho admitirlo, me cuesta pronunciarlo en voz alta pero la verdad me duelen los ojos de tanto no verte, me duelen los hombros de cargar todo el tiempo con tu ausencia y con mis llantos, de hacerme la fuerte y fingir que no me muero por besarte... Me duelen las manos de tanto que no hacen nada por tocarte, me duele ser Judith porque no soy más de ti, y es difícil adaptarse a un cuerpo que no es tuyo, unas piernas y unos brazos que no pueden aferrarse a ti, culpa a mi memoria, o a mi falta de ella, pues ya olvide y sin embargo no dejo de extrañar.
Deberia decirte ahora de la manera mas poética todo lo que deceo para curar estas heridas pero me gusta cuando me sorprendes, (aunque ya olvidaste como hacerlo) me fascinan tus locuras y se me van los días soleados y nublados en esperar una por mi.
Hoy vengo aquí a pedirla "de la manera mas atenta" pues por fin pude admitir que mi corazón está en pedazos, que mis poemas están en coma y de tu voz: sólo quedan los recuerdos, normalmente exigiría, vendría aquí a cobrarte lo que es mio pero, no quiero saldar deudas ni igualar los marcadores, quiero que seas quien me acomode el cielo y sus estrellas, ¿esta mal pedir que seas un héroe? Si se que tienes superpoderes.
Es difícil admitir que necesito tus caricias, que mis lunares se están desdibujando y mi cabello y mis cejas y mi cuello donde solías poner las manos, pero culpemos a este clima y al azúcar que me falta desde que no me preparas el café, desde que no me besas con cariño, desde que no me dices "eres mía"
Esto no se trata de obligarte, se trata de admitir que estoy rota y ya no puedo con la ausencia, ya me canse de andar deambulando sola con el cadáver de tu novia. Lo admito y te pido un par de besos y tal vez así termino de morir.
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Sin título...

Su mente,
luchaba
contra su
corazón.

Para ver, si
así, entraba
de una vez
en razón.

Qué este amor
que por él,
sentía.
No iba a
ninguna
parte...

Pero el corazón,
una vez más,
no hizo caso
a la razón.

Y se dejo llevar...

Por sus
sentimientos,
sin saber el precio
de este amor.

Ella, sentía
AMOR, de
verdad.
Para él, solo
era una más,
de su lista de
amores, que
vienen y van...

Y así quedó,
de nuevo,
desilusionado,
decepcionado
y roto, el corazón.

Llorando entre
sus recuerdos...


© Derechos de autor
Isa García
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Existencias compartidas

Generalizadas las existencias del mundo.
Puntualizó a la mujer en que todo punto esta.
Piel a suavidad, visible saliendo del agua.
Tocar, para mis ojos.
Son rozar a distancia.
Respeto , que al nacer y la existencia del mundo nos puso en los pies al caer.
Temor, sin pudor, valorar la serenidad.
Valorar, puntos de visión
Tus labios.
Sonrisa.
Cuerpo.
Existencias evidentes de que hay deseo.
Existencias, antiguas ahora no cambian.
Solo en cuestiones del ego.
Evidencias, que me dejaste los ojos sin mirar a nadie mas.
Pensativa, atractiva, romántica.
Dejar huir, o elevarte hacia la copa con ganancia.
Escuchar la voz y tener ganas de poder añadir la existencia del sueño a la realidad.
No, hay país, ni calles, solo mi mente, su cuerpo desnudo con ganas de atraer la en
existencia mental.
Que me reclama, a gritos.
Adorable cuerpo estirado y existente, cerca del sol y de tactos del aire.
Quieto sin capacidad de moverse solo escuchar esa sirena de mar que me hablaba.
Alma exhausta que salía de mi boca, recitando o solo diciendo.
Quiero un beso, que pueda recordar hasta mí día de penumbra.
Toda existencia recae en nosotros.
Las posibilidades, hay que dejarlas caer, o hacer que caigan.
Un día la poeta dijo.
No me aburren los labios de nadie, los respeto.
Respeto la existencia del cuerpo, aun así el orgasmo declara la divinidad de la mujer.
Y el gusto de la pasión.
La nocturnidad, esta hecha para desplegar todas las sensaciones que el alma recoge.
Que realmente piensa mi existencia personal.
Piensa en como la impotencia le impone a esa existencia dura pero tierna delante de sus ojos.
Miedo es posible, no quiere bofetadas, diciendo sus verdades intimas.
Lo intimo crece y lo correspondiente a todo se aumenta con la posible debilidad del alcohol.
Escribo en general la existencia aunque ni a veces exista como tal,
la hacemos florecer nosotros, con nuestra propia magia aun así con misterio.
Volvería a empezar, desde 0 y dejaría mis manos en tu piel.
Sin arrastrarme por tu desobediencia ante una escrupulosa decisión de retención.
Desfase de costillas, dolor de cuerpo.
La existencia también recae, a la desobediencia que produce dolor intercostal
Puede llegar ese dolor al corazón donde hay tantos ventrículos, venas y tapar alguna que pueda hacerte morir hasta sentirte extenuó
Ya no reclamaría mi cuerpo ni mi existencia. Solo tu piel y tus labios por una noche.
Y tu voz escuchándote reír.
Definitivamente estoy atrapada en este teclado, sabiendo que el secreto permanecerá. Solo ante mis ojos.
La afabilidad de la vida pondrá todo en su lugar.
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canta campana y canario

La campana del desierto desperto nuevamente al angel ,el canario se pozo en el captus espinozo a verver su agua ,las campanas asen el sonido del rey del carruaje de oro y implacable su presensia ,van los truenos en su pasar aterrando al animal venenoso ,el guardian del campanario esta amando el vuelo del ave asu pasar por sus ojos de hielo tanta magia en tan solo rincon privado del esteril incapasitado de sentir las huellas del encanto delo soñable de todos en su interior .
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Arte de advertir

¡En épocas, donde imperios, emperadores se confrontan.
Traiciones, venganzas, peligros están presentes,
Donde los sabios nos lo advierten con sabiduría
los peligros presentes.!!
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Infancia

El paisaje verde rodeaba la transparencia de las piscinas naturales
y la bella estampa fluía entre las manos de mis abuelos.
Veranos de chapuzones asilvestrados,
de pinos heterogéneos y extremidades gigantes.
Las raíces arraigadas a su tierra sostenían el futuro de mi infancia,
con troncos marrones como los ojos de mi abuela,
y hojas parduscas en sintonía con el brillo del iris de mi abuelo.

Los pinos, abiertos como sombrillas, sombreaban las zonas expuesta a la luz solar.
Mis pequeñas manos inocentes buscaban las hormigas entre sus dedos ancianos,
con venas como hebras y treguas en sus corazones.
Las manos de mi abuelo, nutridas de tiempo,
varita explicativa del secreto encerrado en aquel valle.
Con su dedo índice señalaba los lepidópteros,
con su dedo corazón las marcas del agua en la tierra y aquello que importaba.
Con su dedo meñique izquierdo y derecho mecía a las hormigas,
-¡Así estaréis descansadas para el duro trabajo de la recogida!- les susurraba.
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No mío, no tuya

Tú, tan brillante y ocurrente
Te apareces de vez en cuando en mis pensamientos, sacudiéndolos con tu presencia y cuestionando sobre mis sentimientos hacia ti
Eres tan único que me asusta, eres tan bello que me deprimes
El sarcasmo predomina en tus palabras, haciéndolas más interesantes que otras
Me sacude el corazón tener que descifrarte, me sacude el corazón que tengas que descifrarme
Porque somos iguales, como dos gotas de agua salidas de la misma llave, y eso es lo mejor que nos pudo haber pasado, nos hace interesantes y adictivos como tú
Interpreto tus acciones como algo, y me engrandece saber que no me equivoco porque eres yo, y yo soy tú
Este constante juego de palabras me atrae tanto, que me es imposible dejarte ir
Porque tu mente es tan atrayente que cualquiera se perdería en ella.
Aparentas un vacío enorme, pero me has enseñado a no juzgar lo primero que percibo
Tal vez no me pertenezcas, ni yo a ti
Pero estoy segura de que podemos pertenecernos, el uno al otro, por un largo tiempo
Porque tu sonrisa, tu voz, tu acento tan peculiar y tu manera de mirarme me tienen enganchada, que ya no sé como librarme
No es el momento, ni el lugar
Pero en un futuro podemos ser algo, algo admirable y algo indispensable
Eso no lo sé, pero pronto o lejos, lo sabré.
Conduces y tus grandes manos se adhieren al volante, resaltando cada parte de ti que me gusta tanto
Tus hombros anchos e infinitos, que me llevan a lugares por recorrer
Diriges tu mirada hacia mi, tus largas pestañas y tu forma de verme me gusta tanto, que solo puedo pensar en que posees los ojos más bonitos que haya visto
Te acercas pidiéndome permiso, pero me quedo muda ante el miedo de lo que pueda ocurrir
Parecemos pensar mejor las cosas y establecemos un punto y aparte entre nosotros, aunque mente y corazón siguen tan unidos que son uno mismo.
Pasamos a través de calles, mientras más avanzamos nuestros sentimientos crecen, la atracción es tan palpable que se vuelve notoria
Pero no decimos nada, porque somos iguales, porque no soy tuya ni tú eres mio, aunque nuestras mentes se pertenezcan.
Te lanzo miradas que solo tú sabes interpretar, porque mis acciones están hechas para que solo tú las descifres y hagas con ellas lo que yo no haría.
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tu gran novela

La gran novela de tu ojos purpura ,la gran cancion en el radio local ,tu bestido quitare en tu pagina 20 con suave rosar atu cabello embolviendo ami sombra cansada de vuscarte en tu mirada .ya vamos al mismo paso de amor ya vamos al puente de de paris ,a besar al cielo yaciente en el arbol de poemas cartas tuyas aleer juntos ,al crear tus patines al hielo iremos encantar la nada a poner la asienda de tu sueño
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La herrumbre recubre las ruinas de nuestra mirada (cubierta de hojarasca amarilla)

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Las casas del pueblo se levantan inertes, como pobres mausoleos de otros tiempos en los que la decadencia se abrió paso a través de toda su estructura ósea. Reina el silencio en el pueblo y el viento corre atravesándolo de un lado a otro sin mayor obstáculo que los remolinos de hojarasca amarilla que levanta tras de sí, como un cementerio abandonado que nos remite a una época pasada y de la que ya no queda nada más que los gritos ahogados del reloj de arena.

El silencio se abre paso entre la soledad e la noche. Y los últimos latigazos de sol ser pierden entre las cumbres nevadas que otean el horizonte como gigantes de piedra que revelan la constante firmeza del pasado, cuando el pueblo aún tenía vida, y aún tenía gente, y aún tenía nombre. Cuando sus habitantes tenían todavía calendarios con los que regir el tiempo y ritos y costumbres a las que aferrarse para sobrevivir en el día a día ante este duro paisaje alpino que permanece aún hoy inmutable tras los siglos que alimentan las eras.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. La luz de la luna se cuela entre los resquicios de las nubes que dejan entrever sinuosas estelas de sombras cristalizadas bajo una neblina de tibieza azulada. El pueblo se yergue olvidado a su paso, devorado por marañas de hiedras y zarzas que trepan por las paredes y las resquebrajadas ventanas que miran al visitante ajeno con una lastimera sombra de ruptura entre los cuarteados cristales estallados en mil pedazos por el frío glaciar del alto invierno pirenaico.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Y como una fiera hambrienta despedaza a sus víctimas con la condena de convivir con las ausencias hasta nueva vista de juicio frente a la muerte. En su caminar los pasos que no deberían estar allí le guiarán hasta la iglesia. Manifiesto expreso de que ya ha pasado la hora de este rincón perdido en la nada. Y sus campanas repiquetearán en silencio cuando una ráfaga de viento vuelva a levantar esa cortina amarilla de hojas ante sus ojos. Repiquetearán en silencio, como hacen sepulcralmente desde hace años, como hacen desde que los valles son los únicos habitantes de un pueblo ya sin nombre que vio huir a su gente ante la oleada de olvido que se desató décadas atrás, cuando cúmulos de casas como este se convirtieron en muestras vivientes del anacronismo en un siglo XX decidido a buscar el progreso en las ciudades. Y pueblos como este quedaron sin vida, sin gente, sin nombre; y ahora las campanas solo repiquetean en silencio cuando el viento pirenaico inunda las laderas de las montañas.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Los últimos rayos de sol hace horas que se retiraron, incapaces de alcanzar estas altas cotas, y ahora la oscuridad reina en sus dominios sin tierra. Dueña de un pueblo ya sin nombre, sin gente, sin vida; que ha visto como sus últimas décadas de existencia eran una lenta agonía que ponía en manifiesto su triste anacronía. Y el viento levanta remolinos de hojarasca amarilla ante el visitante extranjero, que vaga sin memoria por un pueblo que tiempo atrás había sido de su abuelo y ahora no es más que un esqueleto inerte que se descompone ante la alfombra de líquenes, musgo y zarzas que devoran las casas a su paso. Mientras el olvido corrompe el silencio y el óxido despedaza los hierros como termitas en las pocas vigas de madera que se sostienen todavía en pie.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Y el visitante ajeno observa el pueblo sin nombre mientras la ausencia le taladra desde las puertas entreabiertas que se resisten a perecer ante el viento pirenaico que asola con su soledad las noches de invierno y las tórridas tardes de agosto. Mientras los valles prosiguen su pesado y lento ritmo de vida geológico y el río del fondo de la garganta serpentea resquebrajando las laderas con su fría mortaja alpina; lengua de hielo, caricia de sol; bajo un manto de bruma constante que recubre todas las noches el valle al caer el sol.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Las casas del pueblo se levantan inertes. El visitante que no forma parte del paisaje rompe con su presencia el hechizo de ausencias que pervive día a día en el pueblo sin vida, sin gente, sin nombre, desde hace más de una década; cuando se dio definitiva cuenta de que era un mero anacronismo dispuesto a desaparecer para siempre entre la constancia del tiempo. Y entre remolinos de hojarasca amarilla que levanta el viento que desciende las laderas de los Pirineos, el visitante foráneo, extranjero, ajeno, observa impasible al olvido la casa que una vez fue de su abuelo. Ahora vacía, ahora olvidada, ahora inundada por la soledad de un anacronismo viviente hasta que el último habitante del pueblo cayó muerto.

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. Y el visitante permanece quieto. Como las montañas. Como los valles. Como el río. Como el viento. Como la soledad del silencio que se abre paso en la noche en un pueblo que no recuerda ni su propio nombre ahora ya perdido en el tiempo.

Y el visitante permanece.

Y la soledad de este cementerio se pierde entre los remolinos de hojarasca amarilla que vuelan en silencio.

* * *

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche. La luz de la luna levanta sombras cristalizadas pues hace horas que el sol abandonó estas laderas debido a la altitud alpina. Y el visitante ya no es visitante porque ha comenzado el camino de regreso mientras serpentea los valles como el río encajonado al fondo de las montañas guiando el sendero. Camina en silencio aferrando el tiempo entre sus dedos. Recordando el esqueleto sin vida de un pueblo sin nombre que una vez fue de su abuelo.

Y atrás quedan las campanas que repiquetean en silencio y las casas vacías con sus puertas entreabiertas que son devoradas poco a poco por las zarzas, por las hiedras, por el óxido, por el viento; por remolinos de hojarasca amarilla que cubren con su manto los líquenes que devoran los recuerdos.

Y atrás queda el anacronismo de un pueblo sin vida, sin gente, sin nombre.

* * *

El silencio se abre paso entre la soledad de la noche.
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Me cuesta soñar acostado

Sintiendo la insolente impotencia de la acción, desdichado por el llanto dramático y tedioso, causado por el despotismo radical de la insuficiencia en el talento para poder albergar gloria al derramar letras e intentar crear un melancólico personaje intelectual.

Petrificando la esperanza de vivir digno de una novela existencialista o de una catarsis poética.
Que más quisiera yo que poder salir; entregarme a las garras satíricas del contemporáneo fallido, encontrar en la crisis de la coloquial indiferencia un alma retadora que con intrepidez y sutileza me arroje un hueso de esperanza para levantarme y escribir.

J. Maria del Paso
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E.T. 2041

Hoy,que cumplo 86,anegado mi cuerpo arrasasado del oscuro extraño enlentecido mi amor como perdura en la carretera 86,camino de Milwaukee.Venero tus arrugas como mías inoculado el veneno del basilisco que destila el fondo perlado de un bosque que no existió,y existió de 0 a 12,hasta que me llamaste y acudí inocentemente a mi reclamo.
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Patético

No hay salida. No hay catarsis, no hay manera de aliviar el dolor cuando la causa es desconocida por el melancólico consciente. ¿Por qué aferrarse a sentir dolor cuando “la vida es hermosa”? Soy adicta a obsesiones del pasado. Neurótica tal vez, desesperada, sin rumbo, artista novata en la academia triste del sabotaje. Tanto cansancio, deseo de no desear, no querer nada para por fin estar conforme, por un segundo, por una maldita vez. Salir del círculo vicioso y respirar, sonreír genuinamente; ser modelo o deportista, alguien que inspire, alguien que no sea yo. ¿Por qué nacer así? ¿Quién me dio el derecho a ser tan patéticamente desdichada?
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