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Quema

¿Qué hacer con este amor?
perdido en los laberintos del pecho
tratando de salir por la boca
apretado en la cornisa de la lengua.

Tratando de romper los barrotes
que alguna vez te nombraron
como quien nombra las galaxias
inalcanzables y bellas.

Quema mi sangre insomne
que viaja encendiendo penas,
duele el corazón del hombre
que no llora por vergüenza.
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2comentarios 63 lecturas prosapoetica karma: 53

Ya soy otra

A mí también me enseñaron a las malas,
a mí también me dijeron cosas feas,
me golpearon y botaron como trapo,
pero con eso aprendí a sola levantarme

A mí también me dijeron ¡No! A gritos,
me pusieron el pie cuando iba a dar un paso,
Se cansaron de decirme que no servía,
de decir que la vida para mí era agonía.

Pobre gente ahora me apenan,
pues ella se cansaron de tirarme sin saber,
que eran quienes me ayudaron a crecer,
porque aprendí en cada caída que tenia.
que nunca nadie de tristeza moría.

Aprendí que no tengo que depender de nadie,
que debo resolver mis cosas con dignidad,
que no necesito de un hombre en mi realidad,
Y si lo tengo será para amar y poder amar.

Aprendí que no debo dejar que nadie me grite,
mucho menos que me golpeen y humillen,
que mis palabras tienen peso solo si las digo,
que mi dignidad no tiene precio ni castigo.

Aprendí que ser mujer es muy difícil, y qué hay un camino que lo es más todavía, pero que no me asusta ninguna intempestiva, ni la dureza de caballas camuflados con trajes entallados.

Conocí que era tener hambre y humillarme para poder saciarla, con eso me endurecí el alma, y ahora ayudo con un grano de arena a quien tenga hambre.

Ahora no veo los zapatos de nadie, ahora como debió haber sido siempre me doy sola mi lugar, espere que me lo dieran y me hizo que fuera débil, pero ahora...... pero ahora puedo verte fijamente y decirte, ¡yo ya soy otra!

Las letras de mi alma.
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10comentarios 46 lecturas prosapoetica karma: 65

como es posible

¿como es posible ? que tu recuerdo aún viva en mi

¿quien eres?

¿que poder extraño habita en ti?

Eramos jóvenes, hace mucho, mucho y ahora ya somos realmente viejos
...todo nos duele
y sin embargo el dulce brillo de tu mirada vive en mi mente
y aún que sé que jamás he de tenerte
que muy pronto me iré con la muerte
el último recuerdo de mi vida
será tu ausencia y mi dolor
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Diciembre sin ti...

Diciembre sin ti...
Y no estas aquí, y yo
esperándote y este café
enfriándose.

En mis manos una fotografía,
tuya tengo. y en mi mente
esta aún, tu recuerdo tan
presente, que divaga
constantemente.
y estas lágrimas
cayendo por mis
mejillas...

Diciembre sin ti...
y este corazón latiendo
a mil,
y una voz en el interior,
que me susurra,
¡Ya no llores más!.

Diciembre sin ti...
y este café, algo frío
esta...
Miro por la ventana y
veo este invierno
frío...
Así me siento...
que ya no voy a poder
sentir, ni el calor de tus
abrazos ni el de tus besos.

Diciembre sin ti...
Aunque te piense, de día
y de noche, tengo
que hacerme a la idea, de
que tú, ya no estas aquí...

Diciembre sin ti...





© Derechos de autor
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Zona 0

Ella es esa zona cero donde la tragedia se convierte en paz.
El silencio en calma.
La muerte en resurrección.
Las heridas en preciosas cicatrices y todas las ruinas en un campo de flores.

Ella es ese puto único motivo para mandar a la mierda a la autodestrucción.

Juliet Kent
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El viejo Druida y la Dulce Meiga

Tan viejo como el tiempo, tan solitario como el silencio, el sol siempre a su espalda, con la melancolía como recuerdo, el viejo Druida silbaba un son cuál compañero de viaje.

La letra de aquel son de desaliento, arena arrastrada por sus pies en un andar errante, no hay umbral, únicamente camino. Con el corazón lleno de arrugas y el alma arremangada, cada mañana con la penumbra de su inocencia envejecida impregnando su felicidad ausente. En el vidrio de sus añoranzas su amada, su Dulce Meiga…..

Ella es el rostro de la esperanza, el amor por vestidura, siempre esperando lo mejor desde la cara más dulce de la vida. El viejo Druida cierra los ojos del recuerdo, su pecho pierde la vida ante la primera imagen de su Dulce Meiga. Su visión más virgen, la pureza de su aura, su voz de alondra le transportaba a un tiempo sin edad, donde el dolor es una roca y su corazón una brisa con la esencia de su Meiga. Sin meditar en ello, el Druida abre la mano en un gesto intuitivo, se la lleva a su boca donde aún quema el beso de su amada, regalo que sana todas las heridas de un cuerpo cansado de combatir.

Pero su Dulce Meiga no entiende de jaulas, de redes donde retener su alma migratoria y el viejo Druida tampoco de egoísmos, sabe que su amada perdería paulatinamente los pétalos de su felicidad en la trampa de los sentidos, intuye que cada beso es un clavo, cada abrazo un lazo donde su Dulce Meiga iría languideciendo por falta de aire donde desplegar sus alas, su percepción ausente de dolor, de esclavo compromiso.

Con el horizonte como compañero de confidencias, el Viejo Druida camina con la sonrisa plena de cicatrices y la certeza de que nada es eterno, ni siquiera el olvido.
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2comentarios 26 lecturas prosapoetica karma: 75

La dulce agonía

De querer o de soñar, que la ambigüedad será y soy, ejecutada en mis huesos amarillos. Amargo talento oculto, en líricas abominables, en los andares de los caídos, si se deja ver en los días impuros, yo seré feliz.
O me harás desdicha en la manada de lobos incórdiales, y seré y veremos, que yo lidero en sus almas inoportunas, porque soy predilecta antes los ojos de mi parca adorada.
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2comentarios 21 lecturas prosapoetica karma: 30

Cierra la puerta

Trata de no despedirte más, que juntos no cabremos en el mismo adiós.

Cierra la puerta y no te quedes detrás de ella esperando que la abra tras de ti. Quédate, solo para recordar lo que dejas dentro, recuerda si no olvídaste algo, si no dejaste alguna excusa que te haga volver.

Cierra la puerta e imagina que detrás de ella hay alguien que no le pondría el pestillo si supiese que hay uno. Que hay alguien que se rehusa a abrirla si es que no sabes por qué deberías quedarte.

Cierra la puerta, pero fíjate que aquí aún tienes lo que siempre fue tuyo, eso que no se lo daría a nadie.

Trata de no despedirte más, que juntos no cabremos en el mismo adiós.
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