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Viva el milenio (prosa)

He querido aprovechar un día nublado y triste, para hacer un recuento de generalidades del milenio. Me convienen para estos temas, los días desapacibles, porque encerrado en casa con la calefacción y sus tibiezas, no me hacen fácil bucear por los indicios y meterme en dificultades fastidiosas.

Lejos de mí explayarme con moralinas y consejas y mucho menos cabrearme con denuncias que sean fuertes.

Así pues os pido disculpas, porque van a ser, sólo, cuatro pinceladas y sin tratar de meter el dedo en el ojo de nadie.

El tema de estudio, muy sencillo: el tiempo que llevamos con el nuevo milenio.

No hace mucho que ha comenzado y ya palpamos sus adelantos claramente.

Un ejemplo: Hemos logrado que el hombre se siga muriendo como siempre lo ha hecho. Que quede entre nosotros, pero esa, es una carrera que siempre ganan los muertos.

Y en el orden social, en ese macro-concepto que heredamos del siglo pasado, de un mundo feliz en una sola aldea, se ha dado un paso muy revelador: El terrorismo y la crisis ya tienen un alcance mundial.

Le siguen, o quizás vayan por delante, en importancia de expansión, las grandes distribuciones de la droga. La mitad del mundo, hambriento, la siembra y la vende a precio de miseria. La otra mitad la compra a precio de oro. Y todo ello sin fallar en la premisa básica, de que el dinero, para hacer capitales poderosos, se quede en los pocos bolsillos de siempre.

En este milenio, para la paz social, se vio la conveniencia de trabajador barato y Capital fuerte y estable.

Y es de alabar, en ese orden de cosas, lo que ha mejorado, más de un mil por cien, la capacidad de trasladarse de la gran empresa. Una baza, muy importante, de salvaguardia, contra todos esos sindicatos duros de la vieja escuela.
Si aquí les piden más de su cuenta, cierra y se va a los sitios donde la gente pasa hambre. Por supuesto, en un afán loable, de socorrer a los más necesitados.

Previsor, este milenio, es altamente consciente de la necesidad de futuros. Afortunadamente, nacen todos los días guerras y desastres económicos, creando nuevas bolsas de indigentes. Sin entrar en sospechas tontas, ni prestar oídos a las malas lenguas, hasta podríamos pensar que nacen solas.

El Capital lo que hace, solo, desde luego para las guerras, es vender armas. Por supuesto porque se las compran. Eso sí, a los dos bandos, que la pela es la pela. Y siempre bastantes, para que nunca se acobarden.

Y es de admirar, la inventiva extraordinaria, para renovar los viejos stocks y hacer propaganda de las nuevas, que demuestra el nuevo chollo del Imperio. Es preciso, con mano dura, perseguir a los terroristas hasta los países que les dan cobijo. No importa que ellos lo nieguen, lo dice el Imperio y basta.

Pero para las crisis… ¡ah para las crisis! Para las crisis económicas ¡lo mismo de siempre! Los mismos de siempre, pagan con sus impuestos… cualquier asomo de pérdida que el capital les diga, ¡no vaya a ser que el capital se pierda!, rebajando, si es necesario, por supuesto, sus pobres huchas y pensiones.

Podríamos seguir y seguir…, este milenio demuestra una capacidad prodigiosa.

Sin entrar en detalles, una maravilla más que me tiene admirado: el sol sale como siempre y siguen siendo los mismos los que pasan hambre.

En el poco tiempo que llevamos, este milenio, ha conseguido el milagro, de que todo parezca la misma compostura de siempre. En definitiva, en poco tiempo, ha conseguido consolidar el “status quo” de forma permanente.

Vistos así los logros, no me queda mas que gritar: Viva el Milenio
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