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Azul

Fue esa misma tarde cuando decidí buscar las caricias de aquellas aguas intranquilas.
Me sumergí en lo profundo de mi curiosidad. Camine por la infecunda orilla mientras las delicadas aguas mojaban parte de mis pies. La arena humedecida permitía que dejara impresas las huellas del inconstante caminar hacia la búsqueda de un recuerdo.
Buscaba vestigios olvidados en el tiempo. Buscaba la compañía de las estrellas; las cuales, compulsivamente rodeaban mis sombras. Sentí la frescura de la brisa del mar, acariciando mi piel como si quisiera ser parte de ella.

A lo lejos pude divisar su figura. Delgada. Exquisita. Una bata blanca, muy transparente que casi disimulaba su desnudez. Pude notar sus senos; quienes apuntaban hacia mi cuerpo. Pude sentir su perfume que se disolvía en aromas verticales.

Por un momento pensé que quizás sentiría su piel. Que bebería de sus besos, que sentiría su humedad. El temblor de la excitación endurecía aun mas mis sentidos hasta el punto en que pude sentir el calor apoderarse entre mis piernas.

Sujetaba fuertemente sus ganas, las cuales deseaban escaparse entre los recuerdos de amores pasados y tormentosos. El palpitar de sus labios y el gemido de la perdida de la inocencia crearon en mi, una fuerte dependencia hacia lo inverosímil del placer carnal.

Es ese azul.

Miradas placidas en las que se refleja el azul.

Claro. Luminoso.

Azul Cielo. Inmensurable.

Demasiado silencio.

Solo la brisa jugando con el mar nos complacía con el sonido desquebrajado de las olas rompiendo contra el farallón. El retorno del espasmo incontrolable de vaciarnos en cualquier instante nos estimulaba a abrigar nuestra pasión sobre aquellas arenas. Nos dejamos curiosear por el azul impertinente. Fisgón de las posturas deseosas. Deslizamos nuestras piernas. Las olas continuaban en su labor de Golpear una y otra vez los peñascos. Golpes acelerados de ida y retroceso. Sentí la humedad. Me hundí entre breves respiros y sollozos de impaciente virginidad. Sentí su vientre amoldarse a mi cuerpo. Volví a sentir la frescura de sus labios. Deseosos. Hambrientos.

Azul deseoso.

Azul impertinente.

El momento se tildo en tragedia.

Frió. Inerte.

Las olas se abrazaron entre sí. El cielo se afligió religando nuestras pasiones entre matices de azules apocalípticos.

El azul se oscureció.

Nos hundimos en el mas temible ritual del olvido.

Y allí estas tu.

Te sumerges en el azul profundo.
Frió.
Desconsolador.

Tus ojos se despiden. Tu bello rostro se sumerge más y más hasta desaparecer. Te observo. Mis lágrimas te despiden.

Hija del mar. Arena. Brisa.

Ese azul.

Todo se desvaneció.
Durante largos minutos. Permanecí quieto. Sentando a la orilla del mar. Mirando hacia el ocaso del amor sumiso. La brisa del mar se obsesionaba en traicionar el grato recuerdo de ese amor azul.
Inmensurable.
Infinito.
Respire profundo. Retuve el aire por varios segundos. Luego, deje que el aire se escapara poco a poco de mis adentros con la esperanza de que parte de ella se quedara en mí.
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1comentarios 61 lecturas relato karma: 66
#1   Bien hilvanado. Te felicito y ya sabes de azul se pinta la vida. Suerte
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