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El mensaje que tardó

El mensaje llegó la tardecita del domingo, fué inesperado o eso quiso creer él. Ella lo citó diciéndole "tenemos que hablar", y esas son palabras que deberían encender todas las alarmas en cualquier amante con dos neuronas, pero no en los tontos como él, que lo ignoró y todo todo fue inevitable.
"Tengo que aprender a quererme a mí"-confesó ella. "Pero quiero que seas feliz"- agregó después de que cayera la lágrima.
Dentro del tonto, el mensaje entró por los oídos y llego al cerebro quien no harto de pensar equivocadamente, anestesió tanto el mensaje que solo llegó un eco a donde habitaba el corazón, quien no entendió bien lo que significaba la urgente noticia.
Recién al tercer día, el cerebro se distrajo y el mensaje se escapó por la puerta trasera y viajó rápidamente cual chisme de barrio llegó a la vecindad del corazón quien se dió cuenta que su amor ya no estaba. En ese momento, el corazón escribió una carta despidiéndose y sin dar vueltas fue al precipicio. Parado frente al abismo, se quitó las vendas que cubrían sus ojos, aquellas que el cerebro le había regalado y dijo "Todo es mi culpa", acto seguido se arrojó y al golpear se rompió en once mil pedazos. Pero lo peor de todo, es que sobrevivió.

etiquetas: #amor
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