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La fuerza más poderosa del mundo

La primera vez que Heimdal contempló a Saskia, se quedó sin palabras, aturdido, perdido en un aroma de sensaciones que jamás había conocido. Él, el guerrero más fuerte del poblado, se convirtió de repente en un ser débil, acongojado ante tanta belleza. No sabía que le pasaba. Las piernas le temblaban, el corazón le latía con tanta fuerza y a tal velocidad que parecía que se le iba a salir del pecho, no podía articular palabra, y sus ojos morían cada vez que ella se apartaba de su vista. La chica, una simple campesina, con una vida ardua y complicada, también sentía lo mismo cada vez que se cruzaba con el joven y apuesto guerrero. Heimdal no sabía que le ocurría, ya que había yacido con decenas de mujeres, y tras su inútil búsqueda de respuestas fue a ver a la hechicera del poblado.

- Disculpe, sabia hechicera -dijo el apuesto guerrero al entrar a la cabaña de la vieja Ilse.- Desde hace unos meses me siento extraño, no consigo conciliar el sueño, no puedo pensar en nada más que en esa campesina de profundos ojos pardos, y su continua presencia no me deja concentrarme en el combate. ¿Qué me pasa sabia Ilse? ¿Quizá me ha hechizado algún poder oscuro?

- Joven Heimdal –contestó la hechicera en un tono pausado. – Has estado con decenas de mujeres, has conquistado tierras para tu señor, has combatido contra terribles bestias, pero nunca has conocido el verdadero poder, la fuerza más pura que jamás ha conocido el hombre.

- ¿Entonces? ¿Qué me ocurre? ¿Por qué este extraño mal me afecta cada vez que veo o recuerdo a esa mujer?

- Simplemente estás enamorado.

etiquetas: amor, relato corto, microrrelato, poesía
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