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Gatra [ Exordio ]

«Era otra noche tranquila, una más de aquella tormentosa vida que ahora estaba nuevamente rota. Era sólo la calma que precede a la tempestad, pensó; o al menos eso le había escuchado decir a Dhamar. Estaba sólo frente a la playa. Miraba el mar y sentía como éste le llamaba. Así también el reflejo de la Luna sobre el agua. Qué hermoso era esa quietud… tan distinto al Clan… Allá donde su paz se había roto abruptamente por los Dioses… ¿Pero cuales Dioses?.. Dhamar se comunicaba con ellos, pero aún así nunca le advirtieron a él y al Clan sobre aquellos seres… que eran hombres y a la vez no… Ni el coraje ni el arrojo bastaron para repelerlos… sólo llegaron hacía dos noches… idéntica en quietud como la que lo cobijaba en sus pensamientos… y arrasaron todo. Los Códigos no existían en ellos… el Clan esperaba al campeón de esos ¿hombres?… para medirse con el suyo, con el más gallardo, el más valiente… Su padre, espada en ristre esperaba definir en un duelo justo aquella irrupción que habían sufrido, seguro de ganar y evitar más violencia de la que era estrictamente necesaria… ¿Acaso no era así como se definía el Mundo? ¿Habría mentido Dhamar y todos los ancianos sobre la conducta de los hombres en Tierra?… Sí… No… No podía definir aún la respuesta cuando su mente recordó el sonido ensordecedor de los gritos… ¿O eran acaso chillidos? O lo que sea que emanaban de aquellos seres que entraron de noche y empezaron a destruir todo y quebrantaron el sueño de todos… Aquellos que en grupo se abalanzaron sobre su padre y… y… y lo devoraron… lo masticaron y desmembraron cual ciervo… y su madre… su madre que tanto le cuidó… que tanto lo amó y protegió junto a su padre cuando fue despreciado por todo el Clan por nacer así… horrible… amorfo… sin el mismo color de piel y de cabellos… “Gatra!” le gritaban todos al verlo cuando Tadhy y Fredah enfrentaban a quien osaba insultarlo… ‘Gatra’… ‘Gatra’ era la imagen de Fredah hecho pedazos en un lago carmesí sobre la arena de la playa… ‘Gatra’ era haber presenciado a Tadhy abalanzarse sobre los intrusos en busca de venganza y morir entre sus fauces mientras todos eran tragados… asesinados y tragados por la desesperación de un enemigo inconcebible y su apetito voraz… y él, el hijo de los mejores guerreros no pudo hacer nada para evitar la masacre…

Miró sus manos y las vio rojas como si el fuego las hubiera acariciado… y recordó a Dhamar… ¡Cómo quería al viejo Dhamar!. El mismo que lo acogió y le instruyó en todo lo que sabía… él, que le dijo que su madre era en verdad la Diosa Luna encarnada, y que los Dioses le había dicho que él nació así... Gatra... porque él haría cosas muy importantes en Tierra… el mismo Dhamar que no
supo decirle quiénes eran los asesinos y solo pudo escuchar “Dios…” de sus moribundos labios, labios del sabio que quizás pudo salvar si no se hubiera dedicado a ayudar a escapar a otros del Clan… ¿Valía la pena haber salvado la vida de ellos y haber dejado morir a Dhamar?… Volvió a mirar sus manos enrojecidas y se recordó solo… rodeado por aquellos seres… él y su espada, su única arma de pelea… su decisión de sentirse muerto, y por sentirse muerto no le temía al Dios Muerte; por el contrario, se veía en su reino… sin antes no haber matado a uno de los intrusos… y así fue.

Incluso más.

De las fauces de ellos corría la sangre de sus hermanos y hermanas… y sólo sintió ira, furia, odio… y golpeó con su espada en el rostro de uno de ellos con todas sus fuerzas, las suficientes para abrirle los sesos y sentir como la sangre de éste le salpicaba el rostro y su torso desnudo, impregnado en el naranja que brinda la noche y el fuego cuando se juntan… y su ira se volvió placer… y siguió atacando, golpeando, pateando, matando… vengando. Él, el hijo de Fredah… el amado de Tadhy… el protegido por Dhamar… el Gatra. Descubrió que el terror y la desesperación impidió a sus hermanos a defender el Clan, y se baño en sangre impura… sólo él y nadie más que él. Mataba y la sangre de sus enemigos le perforaba la piel… punzadas que aumentaban su ira… y a cada muerte más dolor se incrustaba en su ser… y más… y más… hasta que no hubo más ser a quien mostrar la espada y más sangre que la bañara… hasta que esos Hijos de la Noche estaban todos muertos… hasta que esos grajos seres estaban inertes y se disolvían en polvo cual poder de los Dioses… y entonces miró la luz del fuego y miró a la noche en su plenitud, y se sentó sin saber en qué pensar… sin darse cuenta que tenía a alguien más detrás de él, que lo tomó del cuello y lo asfixió mientras le decía:
Mataste a mis hijos… y haces que mi corazón se destroce en millones de fragmentos por tener que matarte… Pero si aún sigues aquí… espero que me busques… y te daré las repuestas que quieras… porque sólo tú podrás llamarte de ahora en adelante mi hijo…

Las palabras de aquel que lo mataba se disolvían en la noche cuando a duras penas escuchó el nombre de su asesino, quien se lo susurró para que lo memorizara. Larn solo atinó a percibir un sonido seco y la noche lo envolvió y lo acogió. Pero el Dios Muerte lo rechazó, y despertó.

Siguió mirando sus manos y entendió todo. Que los dioses no existían. Que la muerte lo despreció y no se incomodó, puesto que tantas veces abrigó esa sensación en vida. Que la luna debía ser su madre en verdad para seguir vivo después de todo, ahora que ella se recostaba plácidamente sobre el mar antes que venga la tormenta. Que tenía muchas preguntas sobre éste planeta llamado Gea. Así que se puso en pie y apagó el fuego de las fogatas, quedándose por completo en la inmensidad de la noche. Derramó unas últimas lágrimas por Fredah y por Tadhy, prometiéndose no volverlo a hacer. Y sonrío en saber que en verdad pudo matar a ocho de esos seres sin ayuda y pudo salvar a algunos para que el futuro del Clan, tenga un futuro, y que tiempo después se les conocería como los Gitanos de la Galia. Es que ahora sabia tantas cosas… Sabia que tenía veinte y siete años solares y que nació en el vigésimo cuarto día del décimo mes… Pero desconocía muchas más. Sólo quedaba buscar las respuestas, y tenía que hacerlo pronto. Suspiro y emprendió la marcha en busca de él.. su asesino…, Kain. Ese era su nombre. Porque sólo Kain sabría bien porque no murió, porque aparecieron sus hijos… porqué él… porqué él inmerso en tan enmarañado destino… él, el Hijo de la Luna…, el futuro hijo de Kain, el Horrible, el Gatra

Decidiendo no perder más tiempo en sus cavilaciones e inmerso en la noche, Larn empezó a caminar y buscar respuestas… sin saber exactamente que le esperaba más allá de su playa y esa noche tan particular.»

© Larn Solo
Lima/Perú • 13/mayo/2009

etiquetas: fantasía
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