Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

Hecatombe Al Oleo

Goteaban los problemas, haciendo cada vez más extenso este charco de caos, donde nadie despertó todavía. Ecos de una ciudad que permanece en silencio llegan a algunos oídos, seleccionando el plantel indicado para realizar el trabajo. El vinagre en donde se maceran los planes a tratar ha sido cambiado y en su lugar utilizaron agua, cuestión de llevarlos a cabo antes de que se pudran. Han tenido nuevas visiones, acumulándolas en un cajón que iba desbordando hasta colapsar, cuyas artes fueron envejeciendo de a poco pero rápidamente.

El lienzo ha atravesado todos los estados. Ha tenido alegrías, depresiones, maridajes entre colores y sombras, pero nunca perdió esa especie de magia que lo encierra. Una mística que a pesar de su poca importancia nunca viene en frasco chico. Nunca alguien formuló preguntas o se quiso meter en la piel del artista, porque nunca viven como él, porque nunca sienten como él. Los trazos más violentos y los más suaves tienen una pronunciación marcada que manifiestan lo que pocos denominan pasión, lo que algunos denominan locura.

En raptos de lucidez el resultado puede dar un poco de miedo, dicen las malas lenguas (o algunas, las que desconocen el tema y solo critican), aunque solo es cuestión de leer entre líneas o entre sombras, dado el caso. Tal vez pocas personas caigan en la cuenta de millones de cuestiones, obviando que tal vez las paredes y las musas hayan sido testigos privilegiados de la hecatombe al óleo. Esas musas, conversando entre ellas, riendo del desarrollo y de cada instante de explosión, difuminando y fundiendo las tonalidades y las texturas para luego ser juezas y partes sin ser escuchadas.

Nunca entenderán las mentes ajenas, quien escribe esto tampoco, pero gracias a nuestra intención de cordura (por no decir clausura mental) los que se llenan los bolsillos son ellos, tan solo por abrirnos sus puertas de la percepción, mostrando sus mejores o peores caras, haciendo de su estado de ánimo el motor de su trabajo.
3
sin comentarios 41 lecturas relato karma: 51