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Heroína

Apretó el acelerador dejando las luces de la gran ciudad a sus espaldas.

Anochecía prematuramente gracias a los amenazantes nubarrones otoñales y al maldito cambio de hora que tanto odiaba. Notó un pinchazo agudo en el abdomen y cómo un cálido flujo mojaba el salvaslip. ¡Mierda!. Ahora tendría que parar en alguna estación de servicio a comprar tampones.

Pensó que su pequeña hija estaría cenando y deseaba verla despierta. La esperanza de tener un hermano para ella se desvanecía un mes más. Necesitaba su abrazo para no sentirse mala madre por dedicar tanto tiempo a su carrera... ¿Merecía la pena? Cada día tenía que luchar el triple que sus compañeros, demostrar que ser mujer y madre no era razón para no ser eficiente y tener las mismas oportunidades. Pero la exigencia era mucho mayor. Y encima, tenía que tragarse cada día las ganas de gritar ante ciertas miradas, ciertos comentarios, ciertas actitudes.

Por si ésto fuera poco estaba él. ¿Qué hacer si encuentras a la persona perfecta para ti, cuando ya elegiste a otra persona perfecta? Resistir. Luchar contra el deseo. Olvidar que era mujer. Recordar que era madre. Era esposa. Era una profesional. Era...
No pudo ver lo que era: solo una sombra en mitad del carril y pegó un volantazo.

Cuando pudo controlar el coche, se encontraba en el arcén. Paró el motor. Lloró un rato y volvió a la carretera.

En el garaje, se miró en el espejo retrovisor. Tenía un aspecto horrible con el rimmel corrido. Una toallita desmaquillante y el lápiz de ojos que llevaba en el bolso, obraron el milagro.En la radio del coche sonaba "Show must go on" y le pareció una ironía del destino.
En el ascensor pensó en cómo necesitaba un baño de espuma y dormir más de 6 horas seguidas. Besó a su marido, que la recibió distraído sin apenas levantar la vista de su tablet, y se encaminó a la habitación de su hija.
-¡Mamá! Leéme un cuento.
- Claro mi amor. Erasé una vez...

Después del cuento, hizo la cena, preparó la comida del día siguiente, planchó la ropa del tendedero, dejó otra lavadora tendida...

María Serrano

etiquetas: microrelato, amor, desamor, poema
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