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La Decisión

«La luz de la luna iluminaba la habitación. Y el reflejo del acero se impregnó en el filo del cuchillo que él sostenía en sus manos. La gente siempre decía lo joven que él era. Él se sentía el más viejo de los seres que pueblan la Tierra, y ésa noche la soledad era su confidente una vez más. La casa estaba vacía otra vez, permitiendo a sus palabras salir de sus labios y ser sus oídos el único destino de ellas. Es la víspera de su cumpleaños y se encontraba sentado, completamente solo, sobre el piso de su cuarto. Ese cuarto decrépito lleno de viejos muebles, que sincronizaba con aquella vieja casa. Él sonrió. Pensó que no tenía nada de malo celebrar la fecha de su muerte el mismo día de su nacimiento… Y ése era su eterno problema: él pensaba demasiado… demasiadas cosas a la misma vez. Él sonrió otra vez por el análisis que hizo de sí mismo mientras jugaba con el filo del cuchillo sobre sus muñecas.
Un nuevo brillo llamó su atención y se percató del reflejo del acero sobre el largo espejo localizado en la puerta del armario, de aquel viejo mueble que se hallaba con las puertas abiertas. Sonrió agriamente y la alarma del reloj se encendió repentinamente. El recordó que estaba programada para encenderse antes de la medianoche, porque el disfrutaba mucho escuchar la radio sin tener que oír el parloteo de los presentadores: “música sin interrupciones”. Ese era el modo en que le gustaba pasar las noches del fin de semana: estar a solas oyendo viejas canciones. Ese pequeño detalle que le bastaba para mantenerlo con vida… pero ésa noche, ya no le era suficiente.
La decisión estaba hecha. No había marcha atrás.
Pero el Destino, la Providencia o la Suerte, sea como quieras llamarle, hizo que una canción en particular llamara su atención. Empezó a cantarla mientras la oía… cada palabra, cada verso, cada parte de la letra… Para muchos, era impensable que con menos de dos décadas de vida él no tuviera placer, deseo o fuerza para seguir viviendo. Pero así era. Y de pronto, él se quedó callado: “The world is… a bad place… a bad place… a terrible place to live …” es lo que él pudo oír mientras una lágrima caía a través de su mejilla. La luna era aún un testigo absoluto de todo desde la ventana del dormitorio, cuando un cúmulo de nubes la cruzó, dejando todo alrededor de él en completa oscuridad. Su mano seguía fuertemente aferrada al cuchillo cuando una lúgubre voz empezó a hacer eco en su cabeza:
– “Cobarde…”.
Se detuvo y abrió los ojos. No había nadie más pero allí estaba esa voz de nuevo:
– “Cobarde… ¿Cómo te atreves a enterrar de manera tan vulgar tu destino?”.
Miró a su alrededor y más que miedo, empezó a sentirse extraño. “¿Habré acaso cruzado la línea de la cordura?” – se preguntó.
–“No, no estás loco… – y la voz continuó. – ¿O es acaso que ya te olvidaste de mí?”.
Las nubes se fueron disipando y pudo ver la larga sombra de un ser que se encontraba detrás de él, aunque estaba consciente que lo único que tocaba su espalda era la pared de la habitación. Entonces, recordó que desde que tenía uso de razón, que La Sombra lo seguía y le hablaba. La Sombra le inspiró para tener coraje cuando él tenía que enfrentar a los matones de su escuela. La Sombra lo calmó cuando tuvo al frente por vez primera a la soledad. Era La Sombra quien le explicó que sus pesadillas eran más que simple sueños. Eran mensajes de una realidad que la mayoría de la gente desconoce su existencia. Pero la razón llegó y se interpuso entre ellos todos estos años. Éste ser, ésta Sombra no podía existir. Al menos es lo que decían los libros, los maestros, los psicólogos… Pero La Sombra estaba a su lado otra vez.
–“¿Recuerdas tu misión en éste mundo? – dijo La Sombra. – ¿Recuerdas quién eres?”.
Otra sonrisa ácida cruzó su rostro y clavó el cuchillo con un grito en el piso de madera de la habitación.
–“Soy la encarnación de Azrael...– musitó. – Soy quien pasea entre el Cielo y el Infierno a mi regalada gana… Soy el último ser que morirá…”.
La Sombra empezó a reducir su forma mientras la luna empezó a iluminar el cuarto una vez más.
–“Pues no lo olvides y cumple con tu misión. Hay demasiadas almas en juego y debes encargarte de todas ellas… la Libertad no es solo un derecho. Tienes que ganártela…” – y La Sombra desapareció.
Entonces se levantó, riendo como un lunático. Luego se detuvo, dejando que el silencio dominara todo a su alrededor. Tomó el cuchillo del piso y lo puso en su sitio. Arregló la habitación como si nada hubiera sucedido.
–“Es verdad… – susurró – Me quedaré aquí porque seré el último en morir. Y mi más grande placer será enterrarte primero…”.
Subió el volumen de la radio y encendió un cigarrillo, analizando sus siguientes jugadas en ésta vida…
–“Porque no existen las coincidencias, lo sé…”.
Y perdió la cuenta de los cigarrillos y las canciones… hasta quedar profundamente dormido… y en sus sueños, se pudo ver libre, esperando por su última hora… Era su futuro. »

© Larn Solo
Lima/Perú • 15/Jun/2015

etiquetas: relato, fantasía
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