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La patraña

El amor puede ser o no una patraña. Puede serlo cuando se está lleno de dudas, se vive una vida mediocre y llena de desesperanza. Es como cuando llegas y tu mujer te recibe abriendo sus manos y mostrándote que están llenas de la perra necesidad infame. Observándote pero evitando posar demasiado sus ojos en los tuyos tratando de disimular un desprecio y una tristeza, esos sentimientos que entiendes mejor de lo que quisieras, pero que ignoras silenciandolos, pensando en otra cosa. Después, llegado el momento en la noche, justo cuando estas a punto de pasar a la inconsciencia que nos regala el cansancio de los días negros, justo ahí es cuando calan los reproches no verbalizados, al final entran y se instalan en tu cabeza, listos para hacer colonia y empezar a hacer papilla primero tu conciencia, y después el espíritu.

Pero también puede no serlo si tienes la fuerza del desapego de tu lado, cuando te detuviste antes, cuando no dejaste que la inteligencia e ingenio que con inaudita estupidez crees poseer, se convirtiera en el tedio y aburrimiento de otra persona. Cuando fuiste un cobarde y huiste. Cuando ganaste.

El amor puede ser también una flama, el fuego supremo, una reacción química espoleada por pólvora negra, intensidad consumiéndose a cincuenta mil grados y a una velocidad vertiginosa, es eso mezclado con risas aromadas, miradas enloquecidas y una especie de sangría del placer, sutil pero constante. Sabes que eso resulta en una irremediable muerte, a veces eres consiente de ello, pero no importa, así, es. La irremediable, pero maravillosa muerte, la que no promete mas que eso. Pero no importa, es tu veneno, es la justificación de la vida.

El amor, como todas las cosas místicas y desconcertantes del mundo, es la dualidad. Si, el amor es también y al mismo tiempo desamor, así como la vida es la muerte, como el espíritu y la carne.

El amor es estupido y ridículo. No siempre puede ser Romeo y Julieta. Muy a menudo es la cara hosca de nosotros mismos en el espejo, es la desesperación de no morir solos, a pesar de lo que sea. El amor es divagar en el teclado creyendo que este se nos manifiesta en cada palabra y que lo que termina por escribirse no es mas que -en el mejor de los casos- una patraña, que de tan mala, no deberíamos de tomarnos la molestia de volver a pensar en ella.

El amor es la mariposa que me toma por sorpresa cuando se posa espontáneamente en una rodilla, es la cara de el terror en mi reflejo, son los años irrecuperables que se malgastaron a sabiendas.
Es un beso enervado, es meter la mano bajo la falda incorrecta y mudarme ahí.
El amor es amar el precipicio al que saltas una y otra vez.
También es la risita absurda que apenas se escucha cuando recuerdo esto.

Pero mas que cualquier otra cosa, creo que el amor puede ser un cielo encapotado, unos calcetines limpios, los ojos amables de un perro o el rasguño de un gato.
El amor puede ser la vida derramada, la música furiosa o un par de hermosas botas.

El amor es la margarita deshojada.
Un mándala imperfecto.

La patraña perfecta.

etiquetas: urraca, charó, el amor
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