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Llámalo Antonio

La lejanía del campanario, es suya.
El dolor por aquél amor también.
Cerraba los ojos, y podía sentirla todavía
como si presente estuviera.
Noches de gozo, mañanas de paz a su lado. Siempre las recordará así, aunque hubiese tenido que aguantar algún berrinche de su amada, porque ella era toda la paz que necesitaba.
Se toca la frente, ya casi sin pelo y piensa en que diría ella si aún estuviera a su lado, si haría alguna broma. Mantenía mentalmente conversaciones con ella, le gustaba hacerlo. Y daba las respuestas que hubiese gustado escuchar.
Ella todavía era su vida. E intentaba llenar ese hueco tan profundo en el pecho con noches bohemias, conversas de bares y alguna compañía de bares noturnos. Porque no?
Si al llegar a casa estaría ahí su amada.. En una de esas conversaciones que la traía de vuelta junto a él. Aunque mentalmente, la volvía a tener cerca.
Un café...un último cigarro...un último recuerdo de ese amor que apesar de lejano seguiría siendo suyo. Mientras viviera.
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