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Morir...

Tu mirada me quema cuando leo en ti esas intenciones. Tu rictus te delata y habla a gritos callados esas ganas de hacerme tuya como si no hubiera mañana. Cada parpadeo de tus ojos es como una caricia que me hipnotiza… y atrapa. Cada respiración ronca, casi bronca, declara un suspiro en mi boca mientras mi piel tremola y mi mirada, clavada en ti, ondea provocándote.

Te siento, así, tan cerca de mí que las sábanas duelen, y el sendero entre mis piernas te invita a pasear. Tu boca se quema de besos con sabor a café y la taza humea en tanto mi cuerpo se vuelve serpiente desnuda. Pienso en el camino de migas que la noche no ha borrado: Mis prendas derramadas por el pasillo, hurgando las necesidades de piel, de carne, de agua y de todo…; de verbos sucios y conjugaciones que incendian… y mis manos son libélulas revoloteando sobre mis nacientes ramblas, bailándote incipientes de pecado…

Y, entonces, dejas la taza y te olvidas del café. Te vistes de homicida mientras tanteas tu táctica y proyectas en mi boca parte de tus armas... Muerdes mi cuello con labios prietos y llegas a mi oreja. El lóbulo es un detonante de los instintos y me concibes al oído tus intenciones que ya arden en mis entrañas... Me asesinas la piel en cada tajo de tu lengua, en cada presión de tus manos, en el peso de tu cuerpo, en el aliento de tu boca, en las arañas de tus dientes... Y sí, me inmolo mártir en este fuego...

... porque no hay mejor forma de morir que sintiéndonos...


©ɱağ

etiquetas: relato, erotismo
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