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No supe que había partido

... y camine en la noche, era tarde y estaba ya cansado cuando apenas había partido, había sido mucho estrés y no sabía nada debido a la incertidumbre, no podía con mi carga pues era muy pesada, pensaba en llegar en un cerrar de ojos cuando en realidad llegaría al día siguiente luego de dormir entre curvas y asientos, luego de esperar el expreso de medianoche, luego de tomar autobuses estresantes que me llevarían hasta la estación y pasar por un trayecto oscuro, solo e inseguro, luego de sentir que en cualquier momento se marcaría un antes y un después esperando no despertar en un hospital, en una comisaría o afortunadamente sano y salvo pero en casa plantado. Al casi llegar aún tendría que escuchar al predicador, ir a un baño muy bullicioso y tener que hacer cola para entrar en él, dormir sentado y si todavía me quedaba suerte y quedaba espacio quizás podría dormir sentado con mi cabeza recostada en mis maletas, apretando muy fuerte las asas de mis maletas para no ser victima de un robo sin embargo eran las 3 de la mañana y dicha espera y dicho estrés continuaban pues éstos usualmente y por experiencia no acababan sino hasta más o menos las 3 de la tarde de ese continuadisimo e ininterrumpido día-noche y de ese largo viaje.

Muy seguido sentía la derrota, sentía la incertidumbre, la zozobra, sentía el fracaso, sentía la predisposición a aberraciones que no quería, a estar en un ambiente extraño o a dormir en una cama ajena, sentía el frío de una noche huérfana y abandonada, dejada en la calle por la ausencia de un techo y el calor de un hogar, la falta de alimentos y la sed no saciada. Ansiaba la paz, ansiaba estar tranquilo, ansiaba estar en calma y que la calma no estuviera tensa, no tener más taquicardias en mi corazón, sudor en frente y manos, tartamudeos y temblores, nervios destrozados. Ya no podía ver atrás porque había dado muchos pasos como para devolverme, no tendría quizás los medios, el orgullo aún estaba intacto y conservaba una esperanza y optimismo; pensaba en toda la decepción que me había hecho partir, en toda la rabia que tenía dentro en todo el rencor que me hacía ser agresivo y obstinado, estaba cansado y reuní todas las fuerzas que me quedaban para irme, si había algo peor que quedarse era no irse.

Los pasos pisaban cada vez con más frustración, las mejillas se pronunciaban cada vez más tensas y le daban una mirada ajena a los ojos, el ceño se fruncía, quebrado de la amargura terminaba, solo el hecho de que mi rostro actuara de esa manera activaba un vil o varios viles recuerdos en mi memoria que despertaban más odio, más rabia, más repulsión, más instinto e incitación a la venganza, un recuerdo que me hacía darme cuenta de tal parecido en un ceño fruncido. Mi mente creaba las más atroces formas de obtener calma a medida que me alejaba más y me acercaba a la parada de autobús, mi cuerpo sudaba dolor a pesar de la fría brisa que me recordaba lo rapado que estaba mi cabello y al sentir el frío en mi cabeza, recuerdos iban y venían como si la cinta de mi vida rodara en mi cabeza y me hiciera sentir una especie de delirio cuando veía una luz que se aproximaba más rápido que mi caminar, quizás sí de alguna forma estaba muriendo pero no era ninguna luz al final de ningún túnel, eran las luces del autobús que al fin llegaba.

Sabía que era lo suficiente maduro para entender que aun estando cerca podía alejarme no era necesario irse, pero debía y tenía que irme, vivir una época donde no es permitido enfermarse puesto que la competencia no lo permite, flaquear, temblar, aunque sea un ambiente muy frío sería de miedosos o de extranjeros no acostumbrados al clima, asustarse o denigrase sería de cobardes, menospreciarse sería de ineficaces cuando se es lo suficientemente valiente para dejarlo todo. Veía las pocas luces del alumbrado público de las calles, una vez que pasaba el autobús se desvanecián rápido en la lejanía, veía la soledad de las calles, me percataba de que si se cometiera un error pasaría la noche fuera pero sin rumbo y esperando retornar.

Caminaba, caminaba sábados caminaba domingos, caminaba buscando perfección o queriendo perderla en medio de traumas, caminaba siguiendo a la cordura cuando ésta se transformaba en pura locura, caminaba buscando verdades, caminaba envuelto en confusiones. Esto no era igual había cometido tal vez una locura, una quijotada, una hazaña pero no un error, había sido acosado sexualmente, se me había dicho: "puedes quedarte pero hay solo una cama", había sido acusado de hacer cosas que no hice, había sido acusado de tener hambre o de bañarme mucho. Había desafiado al peligro muchas veces tanto que quise burlarme de él cuando lo tuve enfrente y no me dejaba dormir por sus tiroteos o por las tanquetas y los militares que permanecían en la entrada del edificio o cuando fui hurtado.

En fin ahora despierto un 2 de abril, aquella fue la mañana de un día de julio, estaba tranquilo pues ya se acercaba el fin de aquella caminata y aunque ésta no terminó muy bien el objetivo se logró y ya estaba cansado. Ahora estoy más descansado, mucho más, y menos mal a la expectativa y no en incertidumbre, he aprendido a tener un hogar y a sentirme bien en él, a veces se me tenta con volver a partir pero pensando en ello pierdo el entusiasmo y al saber el cansancio que ganaré en el proceso prefiero adquirirlo aquí. Aún hay muchas cosas que claman que me quede y mis plantas no paran de echar raíces en mi nombre.

etiquetas: andenes, cansancio, caracas, despedida, emigración, logros, aventura, adios
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#1   MUY BIEN HIJITO
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