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Un Relato de Amor en Navidad

La noche era muy fría, en una ciudad tan grande.
En soledad el frío se siente y congela hasta los huesos.

Como cada mañana muy temprano antes de que la luz del alba y se hicieran presente los rayos del sol.
Miné saltaba de la cama, se bañaba, se vestía, daba un beso a Marita su hija de nueve años
que todavía dormía, que se medio despertaba para responder a ese beso.

No había colegio, Marita estaba de vacaciones,
no tenían ni un pariente ni un amigo, lejos todos estaban,
preocupada salía hacia su trabajo en una ciudad tan grande.
No sin antes declamaruna a una las tan repetidas frases características de todas las madres.

No le abras a nadie, si tocan no respondas,
no prendas las estufa, no salgas a ninguna parte, lee un libro, pinta un paisaje,
escribe para que mejores la letra, colorea, ponte a ver la televisión, te dejé el desayuno en la mesa,
y allí hay comida, nos vemos en la noche hija, te quiero.

Y corría a la parada del autobús, preocupada de dejar sola a su hija.

No siempre fue así, a veces había quien la cuidara, pero esta vez las circunstancias eran diferentes.
Marita era obediente, creativa, no le daba problemas a su mamá.
Ya su madre mucho se afanaba como para causarle disgustos, así que se levantaba, se bañaba,
escogía un vestido, luego iba a ver que le había dispuesto su madre para el desayuno,
terminaba ponía los platos en el fregadero y se iba un sofá de la sala frente al televisor.
esa era su rutina vacacional

Pero esta no ocasión no podía ver sus programas favoritos, todo cambió.

Jugaba con sus muñecas, inventaba juegos solitarios, recorría uno a uno cada cuarto,
salía al balcón que daba a la calle a ver pasar a la gente, tanta gente y ellas tan solas, pensaba para sí.
Mientras con la mirada seguía un auto, ese también era uno de sus juegos solitarios,
adivinar cuantos autos rojos pasaban, si eran más que los otros colores de autos el rojo era su color preferido.
Llegaba el medio día, buscaba su comida y sola se sentaba a comer, luego, caminar por todas habitaciones,
contar las horas y esperar a su mamá

Anochecía la penumbra cubría la gran ciudad y su casa en ésta ocasión estaba a oscuras, un árbol navideño sin luces,
ni regalos y al pie un nacimiento, desangelado, con sus reyes magos,
que esta vez no hicieron magia y la estrella de belén no brillaba.

Sólo las luces decembrinas de los anuncios publicitarios podían iluminar el departamento de ese segundo piso.
Se ponía su pijama, luego iba al cuarto de su mamá y allí se acostaba , teniendo su propia recámara
prefería dormir con su madre, las noches de invierno eran muy frías, las sábanas estaban heladas,
Marita se acostaba del lado de su mamá para calentar su almohada y las sábanas,
mientras iba contando los minutos que faltaban para la llegada de su mamá.

Daban las 10 y por fin oía el ruido de la puerta abrirse, luego los pasos por el pasillo hasta su recámara.
Inmediatamente la abrazaba y le decía :
-Mami ya calenté tu lado, y se recorría al extremo de la cama donde estaban las sábanas frías..
Su mamá se acostaba, la abrazaba y así platicaban, la niña tantas cosas que quería decirle a su madre
y ella por el cansancio, haciendo esfuerzos por escucharla, hasta que caían rendidas de sueño y abrazadas.
Esa era la rutina diaria.

Pero ese día precisamente fue distinto.
No tenían luz, ni gas, ni nadie que la cuidara, así que al llegar la noche,
esperando la llegada de su madre solo con una vela se iluminaba.
Miné abrió la puerta de la entrada y la niña estaba sentada en el comedor esperando por ella.
Miné la abrazó y la besó mientras le preguntaba como le había pasado el día después le preguntó
_ ya cenaste hija? _
sirviendo el único plato de sopa fría que se había hecho antes que el gas se terminara; al mismo tiempo
que lo ponía en la mesa en el lugar de Marita.
-Mami no quieres? tú ya cenaste?-
Su mamá le contestó
- Si hija, anda come tú.
Marita comió unas cucharadas de esa sopa fría e inmediatamente se lo acercó a su madre,
diciendo que satisfecha estaba.
Mine comió el resto de la sopa no sin antes volver a preguntarle a su hija si no quería más.
La niña intuyó que su madre no había comido nada en el día,
Porqué madre al fin ,la comida de su boca se quitaba por su hija, el amor de su corazón, la razón de vida y por la que luchaba día a día en esa fría y gran ciudad.

Pero esa noche no necesitaban ni gas ni luz, porqué el amor que madre e hija se profesaban,
era suficiente para convertir una sopa fría en un platillo excepcional, y es que el amor hacía su milagro,
todo lo iluminaba su vida , sus corazones, al mismo tiempo que les daba calor a ese departamento
y a la misma ciudad tan fría tan indiferente al dolor y a la desgracia ajena.

Esa joven madre, trabajaba para poder dar una mejor vida a su hija.
Y una noche de quincena cuando recibió su sueldo y sus aguinaldos duramente ganados,
fue objeto de un asalto, con violencia arrebataron su bolso y con ello algunos sueños,
el robo la dejó sin cena Navideña ni regalos para Marita.
No hubo pago de luz ni gas pero gracias a Dios un pedazo de pan nunca a su mesa faltaba.

Solo con la fuerza y la fe que Dios le daba levantó el ánimo, total Miné se dijo,
a mi no me pasó nada, y mi hijita está sana, ya vendría días mejores, otra quincena,
otro año con sus navidades, otros aguinaldos, pensaba, podré llevar la cena navideña y los regalos,
que esta vez a su hija y a ella les faltaron.

Pero esa noche de navidad en esa casa iluminada sólo por las luces de la gran ciudad,
el niño Dios nació allí esa noche fría rodeado del verdadero amor.

Volvieron a su rutina, la niña a calentar con su pequeño cuerpo las frías sábanas,
el lugar dónde su madre en un momento más se acostaría.
Y como cada noche abrazadas platicaban sus sueños por alcanzar,
quizás un día con su arduo trabajo; se quedaba pensando Miné, los lograré,
se decía así misma mientras el sueño las vencía.
Hasta mañana hijita, mañana será otro día.
Mientras le daba un beso de buenas noches le decía :
-Te amo hija.
_Te amo mami.
Y al unísono
Hasta mañana!

Y se quedaban dormidas, mientras una brillante luz su bendición y protección les daba.

MMM
Malu Mora

etiquetas: luz, navideñas, luces relato
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10comentarios 151 lecturas relato karma: 75
#1   Mucha ternura derramada.
votos: 1    karma: 34
#3   #1 Gracias amigo! Saludos!
votos: 0    karma: 20
#2   Wow

Es hermosísimo tu relato
Esa su esencia es adorable

Me ha dejado calientito el corazón
Me quito el sombrero poético

Saludos amiga y feliz Navidad!
votos: 1    karma: 40
#4   #2 Gracias Alejandro, la escencia está y tratamos de plasmarla en letras.
Muchas gracias amigo un fuerte abrazo!
votos: 1    karma: 40
#5   Qué tierno lo cuentas, Malulita!
votos: 1    karma: 38
#6   #5 Gracias @Galilea la ternura infantil es sorprendente.
votos: 1    karma: 38
#7   Es un relato que conmueve y lleno de esperanza.
votos: 1    karma: 30
#9   #7 .Es la vida misma.
Gracias @DavidColoma
votos: 0    karma: 20
 *   Malulita_ Malulita_
#8   Tremendo
votos: 0    karma: 13
#10   Gracias! @lAlterego84
votos: 0    karma: 20