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La tristeza de los herejes

¡Que triste sería que se nos prohibiera amar!

Darnos abrazos en un parque bajo el sol del ocaso.

Decirle a otro ¿como estas?

Preguntar por algo nuevo e indagar sobre ello.

¡Que triste sería que se nos prohibiera correr!

En el manto verde de un prado con luz amarilla.

En una playa detrás de un boomerang.

Hacia los brazos de alguien especial.

De un miedo, buscar refugio, decir que no.

¡Que triste que se nos prohibiera amar!

En lugares públicos.

Dar muestras de cariño entre familiares.

Amar la vida, nada debe prohibir respetar la vida. Cualquier forma de ella: Al final el ser humano no es dueño ni de sus deseos de inmortalidad ahora de otra forma de vida.
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1comentarios 96 lecturas versolibre karma: 48
#1   bravo.
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