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Vuelan tormentas

Desperté en madera,
como árbol de
esbeltas ramas alzadas,
tendidas al vacío,
llenándolo con
belleza de lenguaje
lento lanzado al cielo.

Vino un petirrojo
a definir con tiza
mis contornos,
piolando al día,
trinando bajito
hasta dormirse,
hasta dormirme.

Vuelan las tormentas
en sanas distancias
enterrándose en la tierra
que cruza la frente,
prendiendo la vela,
agitando las cuerdas,
el instrumento suena
ulula el mochuelo
y se levantan las ruinas.

Cae la lluvia vieja
en edificios rotos
en tejidos años atrás descosidos
que poco a poco van tejiendo
su edad,
su vejez y miserias,
entrando en la piel
apagando la niebla
primero aquí,
luego allí
y allí
desvelando,
gota a gota,
la belleza
el asombro
de sueños
cuerpos
rebeldías
que fueron,
hoy madera
firme estructura
de ayeres ausentes.
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Experiencias

Que la vida es una partida
donde el tiempo
es la puja inicial,

y donde el corazón puede ganar
o descorazonarse
bajo la triste luz de un farol,

yo doy crédito de ello.

Pero
no verás cada carta
aquí,
en mi mano,

joven jugador.
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Tierra

Cuando dos personas
luchan unidas en la tierra:
origen y final.
Las raíces se abrazan
en silencio.
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Indiferencia en relojes de arena

Sea como haya sido el pasado,
o como se presente el futuro en esperanzas y sueños;
no queda alternativa.

A vivir prisionero en el momento,
un sólo remedio:

Actuar en el instante.

Optar a ejercer algo de influencia en ese maldito,
dichoso elemento: El tiempo.

La otra opción,
morir en la impaciencia de la celda;
preso, recluido, aislado, violento.

Odiando el instante presente,
negando cual sea tu talento.

Mejor actuar y hacer equilibrios,
Volar, vivir y dirigir el sueño.

El tiempo dirá si luego lo lamento,
si fue todo un ridículo intento.
Al menos se que no huyo ni me miento.

Por el momento,
no se si gano o pierdo;
lo que se,
es que he convertido en compromiso un mero intento.

Lejos el miedo,
no más prisionero,
tengo ganas de ondear mi ira al viento,
de hacerle la guerra al tiempo,
lejos quedan ya,
mis días de "Ira al tempo".

Ahora me levanto y el tiempo no importa,
Avanzo, subo, desciendo, retrocedo;
Ahora; los minutos, los días, meses y horas,
Se suceden y acontecen sin miedo.

Atrás los días en que me sentía muerto por dentro.

El tiempo.
Nunca será un amigo,
pero al menos ya no planeo su exilio ni su destierro.

Ahora lo dejo fluir libre.
Hay días que creo incluso poder llegar a comprenderlo.


Rheinn

"Indiferencia en relojes de arena"

Todos los derechos reservados.

RheinnPoetry ®
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Anoche soñe

Anoche soñé,
anoche me diste algo que
no quería desesperadamente
y en mi desesperación
anoche soñé.

Soñé que probaba aquello
que se me prohibía,
aquello que no debía.,
aquello que no debía
dejar de cruzar,
anoche sentí tu sabor
en mi boca y
ese sabor aún perdura.

Anoche soñé
y hoy quisiera
que la noche no terminara,
que mi vida fuese una noche,
con tu sabor en mi boca.

Mi boca...
mi boca sueña con la noche
y la noche sueña con la tuya.

Amén
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Silba la Esperanza

Silba la esperanza en la noche de los muertos, pero la hambruna está destinada a vivir en ayuno, insólitamente custodiada por una botella de leche enrarecida.

Hoy día el rumor es un ruego a mil voces de quienes suplican la libertad de los pueblos forzados a vivir clavados en la cruz del tintineo.

Yendo al desierto a remover los cactus, sólo consiguen que los escorpiones se escondan afilando el aguijón y su veneno.

¡Oh Dioses guerreristas! que la tierra inventó, rencor y ruinas es la herencia de los pueblos que vistieron con un libro caducado e inverosímil llamado libertad.
Hay pueblos enteros perversamente destruidos por la real academia de la opresión

¡Oh Dioses guerreristas! que la tierra inventó, qué astucia hacerlos morir para trasplantarlos de nuevo, qué importa que culturas enteras mueran por la avaricia de pocos, así es el destino del que navega en aguas contrarias, y aunque en el fondo del océano hay tesoros escondidos, la historia pocas veces sobrevive allí.

¡Oh Dioses guerreristas! que la tierra inventó, aunque unos pocos países perduraren de pie,asolados en algún remoto abismo del mundo, abrazándose a la brisa que nunca les olvido,la esperanza loc cobije .

Silba la esperanza en la noche de los muertos,
y los astutos mercenarios cubiertos de bondad
siguen apoderados de las luces de las pantallas inhumanamente objetivas de la comunicación, que muy a menudo convierten el abuso
en histórica hazaña de liberación y consagración.
Silba la esperanza en la noche de los muertos
y aunque matan,
muerden y mienten sus editores los llaman líderes mundiales.
¡Vaya cobardía!

Urge un nuevo orden mundial.
Hay que derribar los puentes que sostienen al autócrata y a sus tanques.
Hay que despertar la revolución del hombre vejado y dormido.
El destino último del hombre tiene que ser la libertad, el pan, agua y abrigo.

Hay que parar la barbarie de moda: ver esqueletos vivos andando
sin brújula por las calles del olvido.
Hay que quitar la varita mágica de los mercaderes de la muerte que crean el hambre y la muerte.
Hay que parar que sigan sembrando el rencor entre los pueblos oprimidos para que no se levante el resentimiento entre las piedras más pequeñas.

Silba la esperanza en la noche de los muertos y un volcán de fuego, furia y lava se encumbra entre las cenizas del pueblo golpeado.
Silba la esperanza en la noche de los pueblos vejados,
aunque su destino sigue siendo cruel e inhumanamente incierto.

JOSE LARA FUENTES ©
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El estanque

El estanque
disfraza de sueños su muerte
mientras el otoño
le roba el reflejo de otros días.

Muere de Luna,
de una luz que quema sus bordes
con la crueldad de un suspiro.

Muere de vacíos,
de nombres sumergidos
como monedas
que cargan con deseos imposibles.

Muere el estanque
y disfraza su muerte de sueños

mientras la sed
se ata a mis manos
y tu nombre se ahoga

en mi garganta.
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Trazos de un momento

Un atardecer en que es imperceptible el movimiento.

Una melodía que me hace retroceder.

Viajar en el tiempo,
ver mi conciencia arder.

Bucear en lo más profundo del recuerdo,
como Proust.

Indagar en lo más profundo del sentimiento,
como Swann.

Recordando y aprendiendo a recordar.

Entrenado para guardar presentes que no durarán,
codificarlos en mi mente,
vivirlos cuando ya no están;
vomitarlos cuando ya no puedo más.

Proyectando futuros que sabe Dios si existirán.

El alma como un pantano en que ninguna forma de vida podría respirar.

Pero las plantas siempre buscan la luz;
encontrarán la claridad en este lodazal

Notas que me despiertan una sonrisa fugaz.

Rodeado de música,
porque el silencio ya no me trae paz.

Rheinn

"Trazos de un momento"

Todos los derechos reservados.

RheinnPoetry ®
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-Bajé al sótano -

Hay días
que también bajo al sótano
está oscuro
es frío
y a veces la humedad se filtra por alguno de sus agujeros

Me acomodo en la antigua mecedora
de brazos en color haya
con ese tapizado floreado
horroroso
que siempre he odiado ...

Pero no importa
-Porque
huele a ti -

Y ahí estoy
abriendo la puerta
que me habla
y a veces me grita
Pero siempre
en el pecho
-y nunca al oído -

Oscuridad
nostalgia
Y una extraña humedad
que desempolva las cenizas de tu ausencia

Que destapa agujeros
que no fueron cubiertos
-Por falta de tiempo -

De maratones
que se quedaron a medias
- Porque no hubo aliento -

Hoy bajé al sótano
Para contarte
qué hoy vendería mi pecho
por abrazarte
-ahora -
en este instante

Que me quemaría
en el infierno
si tuviera la certeza
que eres
- tú -
el que me llueve
del cielo

Hoy bajé al sótano
para decirte

Que hoy
quise mirarte
Sonreírte
abrazarte
Y
Sentirte
allí


-Feliz - Junto a mi...



@rebktd
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La copa de mi vida

Quiero beber
hasta la última gota de mi copa.

Quiero endulzarme
con el vino de los reyes;
con sangre de borgoña
embriagar mis días...

Quiero beber
hasta el fondo del néctar diario
que me da la vida
y disfrutar cada noche
de versos que brotan
de la tierra madre...

Y gozar de la risa de mis niños,
de sus rondas de ángeles...

Quiero ver como nacen
los otoños triunfales,
como vencen al verano erguido...
quiero los años venideros
con sus sombras y sus claridades.

Mirar a través de azules cristales
como pasa la vida
y se funde con la celica luz
que emana la deseada paz.

Quiero el refugio de mi hogar
como el rincón más alto y digno;
aún más elevado que un castillo.

Venga esa dulce copa a mis labios
que sedienta estoy
de prolongar esta fiesta
que es mi vida.


INGRID ZETTERBERG

S.C. Cta. Nro. 1107040430657
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El nuevo aviador

Tira del hilo,
¡ves!
aún continúo aquí,
sólo ha sido que me asusté
del graznido
de un ave con uñas encorvadas.

¿Recuerdas cuando siempre caminaba
por millones de pendientes microscópicas?.

Eso se acabó,
ahora me embutido en un traje
de aviador con destino.

He divisado puerto,
mi cabeza está limpia
y lo recuerdo todo
de principio a fin.

Pedí azúcar de vida
para paliar la hipoglucemia
de mis pasos perdidos.

¡En fin!
he logrado unir todos los fragmentos,
eso sí, sólo los de los días buenos,
los salados, los picantes,...
los que se se puedan relamer
cuando abra el cajón de los recuerdos.

No pido nada,
sé que viví ensimismado
creando monstruos y tumbas
embadurnándome con química y alcohol,
eso quedó en el camino .

He plantado un árbol, no sé,
recordé un dicho de alguna etapa de mi vida
que había que hacerlo,
supongo que era para cerrar
algún tipo de círculo.

Bueno,
¡lo he hecho y ya está!,
estreno alas nuevas
y salgo a volar.
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Contador de sueños

Tu mérito fué presagiar
a un milagro impuesto,
vivir de la letra que se ajusta
a los ritmos de un habla escrita
que no escucha,
con la angustia temerosa
por almacenar en poemas
las dichas gloriosas.

Nunca saque la medida exacta
de las tristes consecuencias
de contarle a el mundo mis sueños,
ahora solo veo su largo grito
que pregona auxilio,
nadie me enseño a no solo querer
tener amor del bueno.

Tarde que temprano
dejaré de recordar
porqué la gente se arremolina
por querer vivir solo un segundo,
ahora lo comprendo todo
es más fácil el silencio
que permanece en lo eterno
para no tener que beber
más lágrimas ajenas,
algún día seré como la corriente en el agua
y te arrasaré con amor en ella.

Te persigo en las horas
donde dominan las sonrisas,
para no atreverme a olvidar
lo tanto que me gusta imaginar
que no existen las palabras tristes,
esas que nos aterran en la noche
donde deseo volver a escuchar
las melodías inocentes de la luz
que vive en tu corazón.

Poesías.
Miguel Adame Vázquez.
15/12/2017.
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Reminiscencia de invierno (parte V)

Esa mañana todo el mundo tenía antojo de un pastelillo o una galleta de “A&C sweet shop”, la tienda de pastelillos de Claudia y Alessandra. Ya fuera para acompañar el primer café del día o para el coffee break de media mañana. Filas y filas de personas con sus abrigos, sus guantes, sus gorros y el vaho humeante de sus bocas en las conversaciones; parecía que se hablaban con señales de humo y no con palabras. ¿Sería el efecto de los gélidos vientos del norte que no menguaban? Como a las 11:00 am, sin embargo, la tienda se queda vacía, no entra ni un mosquito. Alessandra y Claudia van y vienen desde la bodeguita de la tienda con bandejas de cupcakes y galletas para rellenar el mostrador y las vitrinas. ─ ¡Me tienes que decir de una vez por todas, a que viene este misterio Alessandra! ¿Qué es eso de tenerme dando excusas falsas al buenazo de tu prometido? Diciendo que estás aquí a horas de la noche o de la tarde, cuando no tengo idea ni dónde ni con qué fulano andas haciendo qué cosas. ─Era la cantaleta de Claudia mientras iban y venían─ ¿Le estás poniendo el cuerno a Salvador? ─le interroga con indignada curiosidad. Alessandra calla, con la mirada baja hacia el suelo o hacia las bandejas que lleva y trae finge estar turbada con el quehacer. Ante la insistencia de Claudia, la mira fijo a los ojos, con un aire de tristeza. Se sienta en un banquito pequeño de tres patas que tienen en la bodega; el que usan para alcanzar alguna estantería alta, y en cuanto empieza a hablar, su rostro se inunda de una expresión de alegría. Le cuenta todo sobre su primer encuentro con Salvatore, las citas posteriores, su encuentro íntimo. Le dice que este hombre le atrae sobremanera, que no sabe por qué. Que le confunde, le mueve el piso y siembra una incertidumbre sobre su futuro. Ya no está segura de querer casarse con Salvador. ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Cuál es la razón que la mantiene junto a él? Se echa a llorar, más bien sollozante, mientras le sigue hablando de Salvatore. ─ ¿Dices que se llama Salvatore? ─le pregunta y cuando ella asiente con la cabeza, le relata que, al principio de su amistad, hace poco más de dos años, era frecuente que ella mencionara ese nombre; de la nada y sin relación alguna con la charla que les tuviera ocupadas. Que más de una vez le preguntó quién era esa persona y que siempre fue evasiva o simplemente parecía no haberse percatado de mencionar ese nombre. Eso dejó de pasar cuando abrieron su negocio. Alessandra le sigue contando la extraña anécdota en el café de doña Juana con el muchachito hijo de ella. Pasa una hora velozmente mientras conversan el tema, sus detalles y la tormenta de emociones y sensaciones que Alessandra vive. Claudia está impactada con todo lo que le cuenta y le dice que deben salir de dudas. Que Juana y Tony seguro saben más de lo que aparentan. ─Nos vamos a almorzar a ese café, ahora mismo ─le dice en tono imperativo.

─Pasen niñas, que se les congela la vida allá afuera ─les da la bienvenida doña Juana mientras abre la puerta. Las lleva a una mesita del centro. La calefacción está a todo vapor. Se quitan los abrigos de inmediato y se sientan a ver el menú. En menos de un minuto regresa Juana con dos jarritas de barro llenas de consomé de pollo, humeante y delicioso. Unas ramitas de cilantro flotan en su superficie. ─Les dejo ese consomécito para arrancar, en lo que ojean el menú, vuelvo pronto ─les dice. No tienen hambre, pero la presentación les seduce y dan un par de sorbos que les quema levemente el paladar, pero entibia el alma. Al fondo del lugar se oye un ruido, como metálico. Claudia se levanta, camina entre las mesas y llega al fondo de un pasillo, más allá de la cocina y se asoma a ver por la ventana. Ve un muchachito con la estampa del hijo de Juana, tal como Alessandra lo describió. ─Alessandra, ven rápido ─le grita, pero de algún modo como si fuera un susurro con alto volumen. Ella se apresura a llegar, pasa por la cocina donde Juana está atareada mezclando algunos ingredientes para un platillo. Su estridente licuadora no le permite advertir que a sus espaldas pasa Alessandra casi corriendo. Claudia abre la puerta de servicio que da al área trasera de basureros y ambas se aproximan a Tony. El chico se encuentra contrariado, un tanto rabioso, porque su madre le había prometido dejarlo ir a un juego de baseball esa tarde, y a última hora le avisa que debe quedarse, pues llega a refaccionar a las 4:00 pm todo el personal de ventas de una empresa pequeña cuyas oficinas están a unas cuadras de allí; llegan a celebrar el aniversario de contratación de la gerente de ventas. Han reservado casi todo el lugar. Más de la mitad de los empleados son centroamericanos, incluida la jefa, por lo que no quieren perderse los exquisitos tamales colorados que doña Juana prepara, sin mencionar el inigualable chocolate caliente. Tony había depositado con torpeza unas bolsas de basura en uno de los botes metálicos, el cual se desbalancea y topa con el bote contiguo produciendo un molesto chasquido. ─Hola Tony. ¿Me recuerdas? ─le saluda Alessandra. El chico está aturdido en su enojo y no recuerda que ella había llegado hace breves semanas con Salvatore. ─ ¡Qué tal Alessandra! ─le responde en automático. Claudia se abalanza hacia él y empieza un interrogatorio al mejor estilo de policía malo de una película clásica de policias y ladrones. Le pide que le confirme sobre cuándo y por qué conoce a Alessandra y a Salvatore. El chico, muy confundido, le dice todo: Que hace poco más de dos años, él no trabajaba todo el día con su mamá, solo venía unas pocas horas por la tarde a ayudar con la limpieza del local, pues estudiaba por la mañana; pero luego su madre le pidió que se cambiara a la escuela nocturna pues necesitaba ayuda de él todo el día, aunque le daba buen tiempo para hacer sus deberes. Entonces, en esa época, solía encontrar una pareja de enamorados que le parecían sumamente melosos. Pero a la vez, tenían episodios con discusiones tan acaloradas, que su madre lo mandaba a la cocina con los oídos tapados, mientras ella mediaba ante la pareja. A pesar de eso, los recuerda con mucho cariño, porque siempre que se acercaba a su mesa a dejar más servilletas, o recoger vajilla sucia, ellos eran muy cordiales, le sacaban conversación trivial y los viernes le decían: “te dejo este billete de 5 dólares, pero no le digas nada a tu mamá, que la propina normal la dejaremos por aparte”. ─Nos vas a llevar ahora mismo con tu madre a que nos confirme lo que dices chiquillo. ¿Voy a creerle a un niño mocoso como tú todas estas cosas que no hacen sentido? Mi amiga no se acuerda de nada de eso ─le dice Claudia mientras le toma la oreja con firmeza a Tony─ ¡Cálmate Claudia! No hay razón para tratar con tanta rudeza al chico ─le ruega Alessandra con determinación─ es cierto, discúlpame chico, todo esto me tiene muy alterada, vamos con tu madre por favor ─y el chico, todo zarandeado y asustado las lleva de inmediato a la cocina con su madre.

La cocina es un reguero de verduras, especias, pollo, carne de cerdo y al fondo un fogón con una olla cilíndrica muy alta en donde se cocinan los tamales. Nada fuera de los estándares de higiene que exige la municipalidad de la ciudad, sino más bien un campo de batalla culinaria, donde doña Juana va saliendo vencedora. Ella no se ve sorprendida. Su sonrisa ilumina su cara de sol de verano. Les dice que ya sabía, desde esa visita inesperada de la pareja hace breves semanas, que más temprano que tarde, uno de ellos, o ambos, volvería a indagar; especialmente luego de la indiscreción de su hijo. Ella les corrobora de inmediato toda la historia contada por Tony y la enriquece con muchos más detalles. Pues ella, era buena amiga de la pareja, les quería ─aún les quiere─ mucho, era casi su consejera no oficial de noviazgo. Les cuenta que hace unos dos años y medio, ellos solían llegar 2 o 3 veces por semana a su cafetería, se veían tan enamorados, pero ella siempre intuyó que algo andaba mal entre los dos, algo irreconciliable y misterioso en su esencia de pareja, que nunca supo que era en realidad, pues ellos no quisieron abrirse por completo. Hasta que un buen día, dejaron de llegar. Al mes de su desaparición súbita, llega una organización privada de salud. ─ ¿Cuál era el bendito nombre de esa empresa? ─se pregunta ella misma en voz alta; que era algo como “Remembrance”. Ellos llevaban unos videos en una tableta y unos papeles para firmar. Los videos eran de Alessandra y Salvatore por separado, cada uno despidiéndose cariñosamente de Juana, agradeciendo todo su cuidado y paciencia, y dando instrucciones estrictas de qué si alguna vez los volvía a ver en la vida, que fingiera que no los conocía, y que por nada del mundo les contara nada de su vida pasada. ─ ¡Vida pasada! ─exclama en voz alta, con un aire más bien de interrogación, como de quien no tiene idea de que significa una frase, como si fuera de otro idioma. La hicieron ver los videos varias veces y luego destruyeron la tableta, en el acto, ante los ojos atónitos de ella. Los videos además indicaban que Remembrance tenía poder legal para proceder jurídicamente contra ella si incumplía esta petición de sus amigos. Los hombres que llegaron miraban amenazantemente a su hijo de reojo, mientras sutilmente mencionaban datos de su escuela, su horario, sus aficiones, deportes, etc. Ella muy alarmada, aunque con tristeza, firmó los papeles aceptando guardar silencio en todo lo relacionado a la vida pasada de Alessandra y Salvatore y todo lo concerniente a Remembrance.

En el dormitorio se siente un espíritu invernal, un frío etéreo que nada tiene que ver con la temperatura. Por la ventana se observan los copos de nieve que caen como gotitas de algodón que se desprenden desde un sembradío en los cielos. Salvatore observa la pantallita digital del aparato de calefacción de su cuarto. 27º centígrados. Hace diez minutos que habló con Solomon. De pronto recuerda ese raro episodio, en el que perdió su pasaporte hace unos dos años y medio, más o menos. Afortunadamente tenía copia digital de respaldo en esa nube especializada en documentos personales importantes, “iDropDoc”. Pero recuerda además que cuando descargó su copia, vio una página con un sello de Monterrey. Pero, él nunca había estado en ciudad alguna de México. Se comunicó con servicio al cliente de esa empresa y le dijeron que seguramente era un glitch informático, que no se preocupará, que lo corregían en breve. Al día siguiente, en efecto, aparece una hoja idéntica, pero sin el sello de Monterrey. Llama a Solomon de inmediato. Tarda en responder. ─Ah, carajos, estoy a punto de conquistar este reino y el maldito teléfono vuelve a sonar ─pone pausa unos segundos, mira de reojo el móvil, responde: ─ ¿Otra vez tú Salvatore? Ya te dije todo lo que investigué. ¿Qué, somos mejores amigos ahora? De esos que se llaman a altas horas de la noche para contarse sus confidencias y malas pasadas del día ─corta la llamada. Salvatore no se inmuta, vuelve a llamar. ─ ¡My God! Vete a dormir de una buena vez ─Solomon le grita al aire enrarecido y decadente de su sombrío sótano sin contestar el teléfono. Continúa el juego. El móvil suena, tercera llamada de Salvatore. Está a punto de conquistar el reino. Un momentito más. Cuarta llamada, no hay sonido en el móvil, solo vibración en la mesita donde tiene apoyados los pies. Solo tiene que destruir al héroe líder en jefe del otro reino, ya casi, el móvil vibra, un ataque más, su héroe se defiende de un golpe mortal, casi lo aniquilan; asesta el golpe final y lo logra. Nunca le había costado tanto conquistar un reino. Llevaba ya dos semanas en esta batalla. Quinta llamada, responde. ─ ¿Solomon, tienes pasaporte vigente? Si es así, empaca ligero, te vas conmigo a Monterrey mañana, paso por ti a las 6:00 am ─dice Salvatore; Solomon se queda en pausa por dos segundos, y antes de cortar─ ¡Pero, tú pagas todo! Y ya no me jodas más esta noche.

(Continuará…)


@AljndroPoetry / xii-17</i>
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Intactos

La noche respira nuestro silencio

y yo te observo

como si buscara en tus ojos
una isla.

Nos mordemos la sed
que escurre por las lenguas
mientras escribimos
sobre los despojos:

Es demasiado tarde
para salir intactos
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Después

El eco de las piedras en el agua
inventadas olas,
descalzo por el río
como otro rayo de sol de verano,
la pecina entre los dedos,
los renacuajos,
las serpientes de agua,
la sombra debajo de los puentes;
el hogar del juego.

Después,
los paraísos de Eva,
la inocencia del pecado,
y el aprender a ponerme de rodillas
solo ante el dios de su sexo
y el eco de las piedras en el agua.
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Luna

Lloraba la luna
su tristeza sobre el mar.
Hundiendo mis manos
para su rostro consolar,
rota en mil pedazos
su imagen logré atrapar.
Lleva sus lágrimas
la ola desconsolada;
guardo en mi lamento
su melodía quebrada.

© Yolanda Gracia
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Le coeur de la Mer

El tiempo quedó suspendido;
detenido entre los restos del naufragio.
Su tristeza y su nostalgia,
eran como el fondo marino;
su tumba y su refugio.

Volvería sobre los recuerdos,
sumergiéndose en un mar helado
que haría temblar sus manos.
Regresaría donde el reloj paró sus horas;
ese lugar, donde yace oxidado
el cadáver de un sueño imposible.

El reflejo del mar le transportará,
a sus radiantes ojos azules
brillo del más puro diamante;
allí donde el corazón se hundió
entre aguas profundas y oscuras.

En suspenso y por toda la eternidad;
el corazón de la mar,
brillará en la oscuridad.
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Se Desnudan

Se desnudan
la pena y la congoja, pero los viste el amor.
Se desnudan la noche y el mar, pero los viste el amor.
Se desnudan la melancolía y la aflicción, pero los viste el amor.
Se desnudan la tentación y la carne, pero los viste el amor.
Jubiloso el amor, colma la noche y sus misterios.
Jubiloso, colma la tempestad en medio de su tribulación.
Jubiloso, colma la carne y su abducción.
El amor es un bautismo pero sin templos,
el amor es cristalinamente hermoso cuando renace, con o sin obstáculos.
Al amor solo le bastan segundos,
solo segundos para que la eternidad se desnude
y se vista de inmortalidad.
El amor... solo el amor.

JOSE LARA FUENTES
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