Cristales rotos

A pies descalzos camino
entre los cristales
de mi corazón roto
en la habitación de mi alma.

Vacío de tormentas,
inundado de tu ausencia
vacío de sentires
colmado de ecos mudos.

El silencio me envuelve
en su manto atronador
los cristales blandos
se clavan como agujas
en el abismo de mi alma.

No hay dolor
pero hay un sabor
dulce amargo claroscuro.

No hay dolor
pero hay un aroma
fétida caricia estridente.
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De qué lado de la ventana estás

De qué lado de la ventana,
esa es la pregunta y la respuesta.

Reflexionas, piensas, dices, silencias,
el interior de ti mismo
y el de los demás,
no vale la ropa interior, piensas,
blanca, seda, tacto, pie,l locura, realidad
y profundizas en la reflexión
y amas, acaricias, jadeas, gritas
y reflexionas…

De qué lado de la ventana...

Esa es la pregunta y la respuesta.
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Sin Respuesta

No busques la respuesta en el vendaval
Que arrastra las palabras,
Ni en el sueño infecundo de las piedras
Que adornan la pradera,
Pues te traicionaría tu mirada
Y, con suerte y ventura,
Podrías formar parte
De la partida de los corazones
Asaetados por su propio observar.
Ahora, disfruta del tiempo restante
A la nueva oscuridad.
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Los Navegantes

Él (El Navegante)

Fue un duro invierno para él,
el frío había sido tan intenso que hasta los recuerdos parecían haber quedado congelados en su memoria. Y ciertamente, que del mismo modo que se protegía de los gélidos vientos con su raído abrigo, aprendió también a proteger su alma mediante el olvido.

Cuando amanecía y los primeros transeúntes lo despertaban de sus sueños cerraba fuertemente los ojos, como queriendo atrapar un poco más de ese tiempo, unos minutos más de esa forma de letargo, ese estado de semiinconsciente que le permitía cierta comodidad alejada de la realidad. Pero poco a poco, los zapatos que pasaban por su lado se hacían cada vez más numerosos, su estómago más chillón y su vejiga parecía no llegar a soportar ya los límites más inhumanos. Entonces era cuando muy a su pesar tenía que comenzar a mover las entumecidas piernas y buscar el valor para iniciar su jornada laboral. Una jornada sin horarios, ni sueldo, sin obligaciones ni compensaciones. Una jornada donde competir por algo de comida y que le permitieran el acceso a unos sanitarios sería la mayor meta.

Caminaba lentamente, tan encorvado que parecía llevar el peso de toda la tierra sobre sus hombros. Solo a veces levantaba la cabeza, cuando veía pasar alguna ardilla, o escuchaba el trinar de algún pájaro, o cuando el sol le regalaba algún preciado rayo para calentar su cara,-siempre disfruto de la naturaleza- Y fue en uno de esos momentos que tanto le reconfortaban cuando “la” vio pasar. Ella caminaba despacio, pero a diferencia de él se notaba que llevaba una dirección, marchaba como un velero, suave, segura, con un rumbo fijo.
Y recordó, recordó entonces un feliz tiempo vivido, sus abrazos, sus besos, su ternura, su suave, frágil y femenina voz y lo feliz que fue con ella. Casi deseó entonces no haber despertado aquella mañana. Como volvió entonces a dolerle su ausencia, su calor, el olor de su piel y el sonido de su risa. Hacia tanto tiempo...

Fue como tantas historias de amor no completas, como tantas historias de amor terminadas antes que uno de los dos, decepcione al otro. Antes de que el tiempo y las obligaciones terminen con la pasión. Pensó: ¡Quizás fue mejor así! , de todas formas se había estropeado al final.
Pero no era fácil apartar tantos sentimientos de un plumazo. ¡Ni siquiera para él que era especialista en ello! Y siguió rememorando, sentado ya sobre un banco de madera del parque, donde el sol invernal le consolaba apiadado, con un poco de calor.
Mientras, el velero se iba alejando suavemente él también se alejaba, pero de forma diferente. Él se fue quedando dormido y ya no necesitó buscar más alimento cada día. Se fue así, cerrando fuertemente los ojos, sobre un velero, sobre sus brazos, sin peso alguno que encorvara su espalda, de nuevo con un norte, con una brújula imaginaria. Y le bastó ese momento para ser feliz.

Ella le dijo una vez...” Espérame esta noche al otro lado de la luna”. Y allí fue…

Algunas noches de verano, si miras fijamente al cielo quizás le puedas ver, cual Peter Pan sobre su barco, brillando con polvo de Hadas, navegando entre estrellas….

Y si esta historia es verdad o no, después de todo….¿A quién le importa una historia de amor, si no está llena de magia?



Ella.(La Navegante)


Otra vez el insistente pitido del despertador irrumpiendo en la paz de sus sueños, de nuevo el frío entrometiéndose al retirar las sábanas, una vez más la horrible visión de su arrugado cuerpo entumecido por el dolor, de la delgada palidez de sus magras carnes al desnudarse, una mañana más en la que enfrentarse a sí misma en el espejo de su decadencia.

Había sido una mujer hermosa, de aquellas en las que encontrarse las envidiosas miradas: su talle esbelto, su andar pausado y elegante, el brillo devuelto por la tersura de su piel, la seguridad en su rumbo…

Alguna vez amó hasta quedarse vacía, amó hasta el punto de verse reflejada en el otro, de cerrar los ojos para no dejar escapar ni un hálito de tanto sentimiento en cualquier mirada frugal… amó tanto hasta encarcelarse en su devoción y una vez llegado ese punto culminante en el que se ama y se desea desmedidamente por igual, desaparecer de nuevo, oculta en la cobardía de no estar dispuesta a resignarse a envejecer y verse envejecida.

Desde hacía un tiempo le observaba de incógnito, a unos metros de distancia. Le había descubierto entre cartones una mañana de invierno en la que destapó su dormida cara y salió corriendo, para no enfrentarse una vez más a la realidad con la que su olvido había despojado, hasta de su propia estima, a aquel mendigo de cariño.

Ahora, intenta llegar cada mañana justo antes de que los pasos del gentío rompan el momentáneo sosiego de su sueño y verle así despertar a lo lejos, para poder compartir con él desde su envejecida cobardía el regalo de aquel primer rayo de sol que antaño encalideció tantos apasionados amaneceres y le abraza fuertemente en su recuerdo, y le repite en su mente “no tengas miedo amor mío, siempre estaré a tu lado”…

Canet

A todos los navegantes que pasan a nuestro lado cada día con sus propias historias no contadas, a menudo no vividas, a todos...
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Recita al aire

Escríbeme palabras y forma versos
que acaricien el alma que endulcen el pecho
y cada día recítalas al aire,
que viajen por montañas ,
que atraviesen ciudades,
mares ,ríos y el tiempo.
Canta al viento tus canciones
unas de amor , otras de nostalgia,
que cuando el frío viento
llegue y toda me envuelva,
tus tibias notas abriguen mi alma,
y den calor a mi cuerpo,
y me susurren suavemente al oído
un cálido ...Te quiero!!.
Para llenarme de sueños ,
que me darán fuerza ,
para luchar por la vida
y vencer desafíos.
Y así continuar mi camino
muchas veces sinuoso,
que cuando quiera rendirme,
tu canto y tu verso
me recuerden que cada día
la vida nos regala un nuevo comienzo.
MMM
MaluMora
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Esta noche sí

Trae las bebidas
y vamos a brindar por las paredes
que dibujan la sombra del ausente.

Detrás de la ventana,
a estas horas ya no hay nada
que me interese.
Porque esta noche todo está dentro;
en las entrañas,
empujando mi espíritu y mi carne
a una imprudencia consentida.
Sujeta la copa con tu mano derecha,
mira hacia el suelo y murmura
un deseo. El que quieras,
pero dilo bajito, para que me llegue.
Yo cerraré los ojos
y sonreiré con la boca entumecida
de tanto besar la memoria
en nuestro paraíso artificial,
en nuestro callejón sin salida.

Pero estas cosas no se piensan;
así que trae las bebidas.
Te invito a brindar rompiendo las copas
con las pupilas vacías.


(imagen: Corazón Loco)
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Desastres encadenados

No, no tengo sueño
pero me gustaría serlo y volar.
Ser ese algo que no se tiene
y a la vez persigues.

Pero el sueño es libre
contradictoriamente prisionero
de su caparazón gris.

Camina de mi mano.
Como siempre lo ha hecho
o en mi espalda que se ha encorvado
por el peso de arrastrarlo.

Es tan ligero el paso
cuando camina solo dejándome ser
y existir sin más lastre que las horas.

Porque a veces esta soy yo,
desnuda de todo
cayendo en un vaso roto
sin agua, sin ganas, sin sed.

Lamiendo los añicos,
puliendo aristas
de encadenados desastres.
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El silencio de tus ojos

“ Esto es lo que soy- le dijo a la muchacha. Soy absoluta y totalmente este momento. No tengo ni casa ni amigos, ni un pasado, nada que recordar, ni dinero, pero sé que seré feliz…”
“ El baile de la Victoria”, Antonio Skarmeta.


Nunca te querré como el quinto día.
Jamás me querrás como después de aquellos momentos.
Siempre gana el miedo a marchar de aquel eslabón.
El equilibrio que da el vértigo cuando se acaba,
el funambulista retroalimenta su cobardía con el recuerdo del alambre.
Hoy no consigo aferrarme a tu espalda,
no puedo cerrar las puertas a mi alma.
No vas a escuchar lo que quiero oír,
vas a escuchar lo que soñé que diría alguna vez:
"En tus ojos siempre pasará lo que debiera."

* Imagen extraída de " Los Puentes de Madison". (1995), Clint Eastwood.
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Marlene

"Prisionera de su filme, en la esquina como Marlene
Será que tienes ojeras, ¿cómo te encuentras en Berlín Este?
Alexander Platz auf wiedershen "

"Alexander Platz", Franco Battiato

Te despiertas y no sabes si te has obligado a sonreir.
Otro lunes más sin resaca,
de camino al trabajo a ritmo de PJHarvey,
soñando con ser Patti Smith.
El segundero galopa
sin tiempo a respirar.
Vuelta a casa,
siesta para desordenar pensamientos;
el teléfono te vuelve a la realidad,
sigues afirmándote que
de tus demonios solo queda el recuerdo.
Unas cervezas,
miradas furtivas que
tal vez buscan amor.
Regresas en el bus;
tras 4 conversaciones
y el efecto del alcohol
despierta algún viejo sueño.
¿ qué habrá tras tu mirada perdida?
Quizá todos buscamos amor.

* En la imagen Patti Smith. Fotografía de Robert Mapplethorpe (1975).
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Perderme en tus silencios

Yo era de perderme en tus silencios
extraviarme en el eco de tu voz
encontrarme en los laberintos
indescifrables que llevan a tu corazón.

Yo era de abrazar las huellas de tu aliento
rasgar la atmósfera de nuestro lecho
darte respiración de boca a boca
sufrir tus gemidos saliendo de mi garganta.

Yo era de venerar tus peores momentos
de beberme tu veneno en un vaso de añil azufre
de tragarme espadas de orgullo escarlata
de escalar por ti el everest en calcetines.
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Escucho caer la lluvia

Escucho caer la lluvia
me noto saber café, color olvido roto,
me apoyo en tu regazo con la pose del vencido
y me acaricias y pienso que podrías cortarme la cabeza,
escucho las gotas de sangre de la lluvia
que caen desde un regazo de nube
y busco con mis manos tus pechos
los del pan ácimo, los del miel sin luna
y sigue cayendo la lluvia y la sangre del tiempo,
subo un poco más y busco con los dedos tus labios,
la humedad de tu boca, la otra sangre de la sangre
y noto la humedad de tu cara
y me incorporo a besar las nubes de tus ojos.
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Todo lo entregue, nada me retuve

Todo lo entregue, nada me retuve.
Trabaje mis sueños hasta el mismísimo cansancio.
Camine hasta que las vendas en mis ojos se pudrieron.
Y no fue el hartazgo sin ilusión el que marchito de súbito mis esfuerzos.

Nunca fue que mi cuerpo estuviera fundido por un cúmulo de noches en desvelo.
O que mi ser no encontrara refugio en el claustro de tu sombra que pacifica mis ruegos.
Tampoco fue la falta de amor o rebeldía.
O que un orgullo pecador y enfermizo tramara perverso para descarrilar mi vida en su dolor en un solo momento.

Mi palabra fue y mi honor con elegancia honró hasta lo último la sinceridad de lo que tengo.
Mi terquedad por ayudar a otros nunca ignoro el vacío que queda por la ausencia de un espíritu roto.
Mi confianza nunca alucino en declararse habitante de ideas que se construyen con la fe de un corazón que solo ama.
Nunca renuncié a latir trepidante por los sueños hasta el mismísimo cansancio.

Todo lo entregue, nada me retuve.


Poesía
Miguel Adame Vazquez.
04/06/2015
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