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Tierra que te abraza

Soy el paisaje que te gusta
La flor que acaricias
el perfume que te impregna
la suavidad del viento
la tibieza de tu latido.
Soy el recorrido en cascada
la hoja de colores, savia viva.
Soy la raíz que alimenta tus rincones.
Soy el tiempo y todas las estaciones
Soy tierra que te abraza
soy vida y esperanza.
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Soy. Y no

Soy la calle empedrada
en la que los niños juegan al escondite.
La caja en la que guardas los recuerdos.
Soy la que esconde poemas por ahí,
en la marea donde ya no quedan redes tristes.
El cuaderno de la mesita de noche.
El boli azul, el negro, el rojo.

Todos. La calle, la caja, la marea,
juegan al escondite.
La estrella más antigua de la galaxia.
La más pequeña, la última que ha nacido.
Las noticias de la mañana,
la tele apagada.
El punto de libro.
El poema que nunca terminas.

El olor a café que llega hasta las sábanas.
Todo es otro día. Todos los sitios son otros.
Unos ojos que te niegan. Que se esconden.
Soy la niña con zapatos de otoño
que llega tarde a clase.
La manta y el día libre.

Te acerco al trabajo y te pierdo a veces.
Te arranco una risa y soy la que nunca fui.
Soy la que tenía que ser. La que te besa.
La que te quiere. La que te busca en la multitud.
La que no. La que no. Y la que no.

Soy la librería, el proyeccionista y los acordes.
No soy nada de eso. ¿Y si lo fuera?
¿Quién dice que no lo soy?
¿Quién dice que tú no eres la manta?

¿Quién dice que no eres la luz reflejada?
¿Y mis guantes?
¿Quién dice que no eres nada mío?
¿Ni de nadie?
¿Quién dice que te beso?
¿Quién dice que no me besas?

Soy las manecillas del reloj,
La alarma del despertador.
El vaho en el cristal.
La siesta y los sustos de madrugada.
Los gritos que no son gritos.
Soy las palabras que no entiendes.
Las manos. Que son tuyas. Y no.
Soy los besos que te doy. Y no.

Soy.
Y no.
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Ojitos de hechicera

Entró a mi alma con su mágica sonrisa, hechizando mi vida con sus ojos de cielo y toda la voluntad de un caballero errante.
Suelo recordar las palabras que su alma, dibujó en mi piel un desnudo nombre, plasmando su propia figura.
Bella y peculiar niña con ojos de medusa, que convirtió en piedra mi corazón, y con suaves susurros y labios dulces hicieran de mi un niño dentro de mi ser, y lograr así silenciar mis eufóricas palabras sin sentido.
Quiero describir una aventura, inspirada en ella, por el tiempo que nos toque vivir, con palabras de amor que no queden en el silencio y no mueran en el olvido, narrando en versos los momentos vividos después de un sublime amor.
Tengo pensamientos con sueños interminables y felices hasta agotar mis tintas, aunque solo quede de mi una gárgola de piedra sin alas, y que el único miedo por su encanto, fuera caerme y despedazarme contra una locura de miedos que solo pensarlos y sentirlos, me producen dolor, no escribiré esto!
Ya desde Niña, con el alma inquieta de un ángel rebelde, volaba sin rumbo, embrujando amores a su paso, y aún así corrí a sus brazos para apretar su cuerpo con el mío, y en ese abrazo poder silenciar nuestros miedos y voces internas para que de tanto vibrar, nuestro calor pudiera fundir nuestras pieles y así siendo solo una con su corazón cerquita de mi oído, tratando que sean solo sus latidos los que me adormecieran.
Musa inesperada, ojitos de cielo, a ti, va dedicado de corazón, esta pequeña prosa inspirada y acompañada con tu sonrisa transparente.
Serán nuestros besos y abrazos los que podrán convertir en felicidad los tiempos, que no tienen principio ni fin, pero son ahora.
José Luis Vega.
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2comentarios 50 lecturas prosapoetica karma: 105

Mi saquito

Despertar,
abriendo los ojos dormidos
frente a dos tostadas,
apunto de quedar atrapadas
en el infierno,
y observar como le salen alas
de Campanilla,
saliendo catapultadas
para besar la miel
que quedó en mis labios.

Se han mezclado los versos,
con las migas desparramadas,
se han mecido
por la ondulación suave
de los latidos de mi mano,
como una batuta maestra,
llena de notas musicales,
que recrean la brisa suave
de versos tonales,
volando, libres
como mota de polvo,
flotando en el lago
de los cisnes,
jugando a ser
partícula de luz.

Y se han convertido
en tempestades,
de versos quebrados
y sesgados
que caminan a gatas,
tratando de llegar
a lo más alto.

Yo, sólo guardo,
un saquito pequeño,
con algunas palabras
que hice mías,
es la cosecha
de mi vendimia.

Comparto mi pluma,
mis palabras,
mis versos,
mis estrofas,
mis poemas,
hasta mis puntos cardinales.

Es lo que tengo,
mi único tesoro
que guardo y no vendo.
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6comentarios 21 lecturas versolibre karma: 116

Instante

Te posaste en la oscuridad
de mis ventanas,
y se iluminaron mis nubes.
Fue tu velo radiante
lo que la brisa asomó
por mis rendijas.
Quitándome en un instante
el sueño y la soledad.
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2comentarios 17 lecturas versolibre karma: 113
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