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Cuentos y Leyendas VI (a @Letizia)

Hubo un tiempo maravilloso
donde se vivía una utopía:
los continentes eran uno solo,
eso expuso Wegener, en su teoría.

Hoy creo, sin temor a equivocarme
que racionalmente debo explicarte
la relación entre Yucatán
y quiénes eran Elea y Paikán.

Protagonistas de esa obra
que aún anida en mi memoria,
tal vez muchos ya conozcan
de qué trata esta historia.

Baste decir que René Barjavel
fue el primero en proponer
la notable paradoja del abuelo
y por eso te recomendé leerlo.

Yo aquí sentado frente a mi PC,
-tú en Ciudad de México acostada-,
dudando si ahora escribirte
o muy pronto irme a la cama.

Pero no me voy a ir por las ramas,
mira la hora que es de la noche
-y no es que sea un reproche-
es que a mi lecho Morfeo me llama.

Y reservaré allí un lugar para ti
del cual no querrás jamás salir
te arrullaré con mis palabras
hasta perder el aliento

Te trataré con todo cariño:
rozaré tu piel con mis dedos,
-lento, pero no tendrás respiro-,
formarás parte de mis sueños
y será como en mis versos...
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¡Oh, Puebla! En conmemoración a la tragedia del 19 de Septiembre de 2017 en Puebla, Méjico

Brama el vientre de la tierra en su locura,
mostrando altiva su poder desde el comienzo de los tiempos,
en estruendos lisonjeros a destajo,
en variantes pulsaciones incandescentes
prepara su rugido de años silentes.

Como acto ritual la tierra mece
su eterno giro de atracción que la conmueve
y entre ires y venires su faz renueva.
Sin querer lastimar, sin ser malévola,
siendo martes en septiembre…
a las 13.14… justo allí, se estremece.

Y comienza a rugir con voz felina
y parte la roca como broca diamantina,
sin saber que al temblar su faz divina,
traerá quimeras a una población que hasta hoy llora la pena.

Almuerza el infante recién llegado de la escuela,
la abuela duerme su siesta tempranera,
en la oficina los ordenadores calculan estadísticas de ventas
y el cartero reparte encomiendas.
Día igual al amanecer de cualquier día
que al llegar pasado el mediodía,
el grito de la tierra en hecatombe,
resonó su furia en todo Puebla.

Como papel cayeron las paredes
y la corteza se abrió en grietas sin finales,
donde los gritos de la gente no se oyeron
ante el bramar ensordecedor de sus entrañas
Fue un tiempo de eternos instantes
y momentos, como cuadros en cámara lenta, días de terror,
hielos de dolor y un sol sin lumbre…
Gente por ahí saliendo a correr, buscando algo firme,
que bajo sus pies no vibre otra vez el dios de las cumbres.
Llantos de terror, pánico, escozor… perpleja la gente…
Las bocas cerradas, los ojos incrédulos,
un frio en la piel que quema los huesos
y el corazón a mil en doble latir de supervivencia.

Los niños perdidos, llorando entre las piedras,
los perro aullando el dolor de una perdida.
Escenas repetidas en cada callejuela…
Tristeza de no saber si aun su amor vive,
desolación de ya no tener casa, ni techo , ni cama,
ni saber dónde estará nuestra querida Ana.

El futuro cierto se sepultó bajo tres metros de escombros
y nuestros corazones no salen de su asombro.
Toda la ciudad quedó reducida a nada
y nuestros hermanos perdieron lo que más preciaban,
el mundo entero los acompaña
y aun así la desolación invade sus almas.

Y en números se cuentan sus réplicas,
nos dicen de trescientas setentas las vidas hoy muertas,
heridos… de a siete se cuentan los miles,
las perdidas en billones
y el dolor de ausencias medidos en infinitos galones.

¡Oh, Puebla,
que hoy llora la pena de una destrucción injusta y certera!
¡Oh, Méjico de tantos embates,
desde las ruinas siempre muestras al mundo tu grandeza!

A.B.A. 2018 ©
Amalia Beatriz Arzac
Buenos Aires Argentina
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Maldita dulzura la tuya!!

En las comisuras de sus labios,
podían leerse las noches,
que despierta pasó,
entre Sabanas de Alcohol.

Y entre cigarro y cigarro,
siguió quemando una vida,
que sin saberlo,
ya gastó!

NO HAY MÁS CRÉDITOS!!


Solo una simple oración,
al Dios que en silencio,
derrama gotas de vida,
y hace salir todos los días,
al poderoso Sol.
Y.
Muchas noches le oraste,
él nunca, NUNCA, te respondió.

Aquel amor marcado...
Esa infancia con su abuela..
Esa belleza extrema..
Fué su mayor perdición.

MALDITA DULZURA LA TUYA!!!
Pobre víctima de la vida.
Que no canalizaste las aguas
que fluían de tú corazón.
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Abuelos

Dos ancianos muy unidos
en una solitaria casa
compartían el abrigo
y el calor de algunas brasas,
se sentaban bajo una parra
en sus sillas mecedoras
discutían como niños
pasaban así sus horas,
si uno se ponía triste
porque un recuerdo lo apenaba
agachando la cabeza el otro
en su penar lo acompañaba.

Se contaban sus historias
una y otra vez escuchadas
como si fueran historias nuevas
como si nunca las contaran.
Caminaban por las tardes
daban la vuelta a la plaza
al entrar el sol volvían
por el mismo camino
a la casa.

Una tarde solo uno
dió la vuelta a la plaza
y cuando alguién pregunto
¿y a su amigo que le pasa?
le corrieron por las arrugas
hasta la espesa barba
unas lágrimas que humedecían
con dolor a sus palabras
-él se quedó dormido,
dormido bajo la parra,
sus últimas palabras fueron
-amigo hace frío, entra a la casa-.

Y el abuelo con dolor
comenzó a decir en voz alta
-ahora mis historias
seran historias solitarias,
ya no tengo quien las oiga
ni quien comparta mis charlas-.

Se fue lentamente el abuelo
murmurando unas palabras,
sin su amigo no tenía consuelo,
la soledad lo acosaba,
pero ¿que alma sin un amigo
no se sentiría solitaria?.

Al abuelo lo encontraron un día
sentado en su mecedora
mirando el lugar vacío
cansado de contarle historias.
Poco a poco se quedó dormido,
dormido bajo la parra,
lo vino a buscar su amigo
se fueron a charlar sus almas.
(Allá por 1977)
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Jotabe familiar

La vida me ha sumido,fuerza dame,
no lo haría por quien no ame.

He respondido un poco tarde
pero de ello no hago alarde,
es que como soy algo covarde
no he probado cuando arde.

Pues he escogido a mi abuela
y no corre el que no vuela.

Ya que tengo más en derrame
de cariño que cualquiera que gallarde
de familia, ésta alarde o resuella.
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Mí abuelo

Mí abuelo.
Quiero saber donde estas
darte un beso a través
de una flor
Y llorarte dentro de mí
abuelo,
dejaste viuda sin cuerpo
mí abuela
corazón dormido
destierro.
La justicia debajo del suelo
en la Ley
está nuestra sed de libertad
Ley encarcelada en barrotes de
Hierros.
¡Quiero saber donde está
Mi abuelo!
Cunetas
de los
Infiernos.
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Vocesita

Mamita linda, quiero decirte que lo que tú haces hoy por mí, te lo agradeceré mañana..

Quizá no te des cuenta, pero tomarme la mano y acompañarme al colegio, es para mí el mayor de los privilegios.

Mi vocesita no la escuchas a veces porque soy pequeñito, pero no la des de menos, ya que mañana recogerás mi agradecimiento...

No sueltes mi mano mami,,, mientras crezco y me muestres el camino que me llevará a mis sueños y partiré lejos, como tú cuando dejaste a mis abuelos...

Gracias mami por llevarme de la mano, hoy tu consejo escucho y mañana en mi vida con gusto, en mis hechos te reflejo...

Letizia Salceda,,,
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Un ángel vi de niño en la mirada

“EL CANTO DEL AUTILLO EN LA BUHARDILLA”

Los troncos de los árboles, ya muertos, les sirven de mansión a los mochuelos que habitan lo profundo de los bosques. El cárabo es más tímido, si acaso, pues vuela sigiloso, entre los robles, cazando ratoncillos y batracios. En cambio, la lechuza y el autillo no temen instalarse en las buhardillas de las casonas viejas de la aldea.
El mes de abril, que suele ser lluvioso, también tiene sus tardes encendidas de sol y luz, de magia entre los árboles. Mas, al llegar el brillo del ocaso, se escuchan los autillos en los parques, que llaman al amor en plena noche. Los más supersticiosos tienen miedo, y dicen que convoca al aquelarre de brujas en los montes colindantes.
De niño, en la buhardilla de la abuela, sentí la voz crispada del autillo, su grito lastimero, para algunos. Jamás pensé que fuera una criatura maligna cuyo grito desgarrado volara, amenazante, con la brisa. Tal vez, al ser un niño, imaginaba que su llamada dulce, vivaracha, tenía el colorido de otros trinos.
Los niños tienen grandes cualidades para formar su imagen de las cosas, a costa de ignorar tantos secretos. Y quiso mi inocencia caprichosa pensar que era el autillo, entre las sombras, como el cuclillo, oculto en la hojarasca. Difícil es, no en vano, ver cuclillos, por más que en primavera se les oye cantar entre las densas arboledas.
No es raro en la niñez ser tan curioso pues es, en esta edad, cada detalle como un descubrimiento inesperado. Por eso pregunté a la vieja anciana, de rostro bello y pelo blanquecino, pendiente del fogón en la cocina. Y dijo que era el pájaro del agua, criatura singular que, cada noche, las lluvias prevenía en su llamada.
Y cuántas veces, siempre fantasioso, tomaba, en la mesilla de mi tío, cuartillas de papel, y dibujaba siluetas del autillo y la lechuza. Y viendo ya cercanos esos meses que llegan calurosos, en verano, por la ventana abierta, los buscaba. Mis ojos exploraban en la sombra los vuelos que rizaban en la nada sus grandes alas ricas en sigilo.
La anciana falleció dejando un hueco que no podré llenar en muchos años, y no podré volver a la buhardilla: sus dueños la arreglaron y vendieron a nuevos propietarios que no quieren amar el canto viejo del autillo. Mas, al llegar abril, siempre lo escucho, y anima en mí a ese niño que otras veces hurgaba en los misterios de la sombra.
El mundo cambia y cambian los lugares, y pueblos de otras épocas lejanas se fueron transformando lentamente. Las villas de los viejos pescadores también han alterado su apariencia, tomando un aire acaso más urbano. Y es fácil recordar esas fachadas antiguas y las calles empedradas que fueron dando paso a otros ambientes.
No son las mismas ya, tras tantos años, las vistas de rincones apartados donde se admiran altos edificios. Pero según nos vamos, caminando, sin prisa, a las afueras, ese tiempo parece conservarse en el entorno. Los campos, las colinas, el arroyo, los densos eucaliptos en el monte se pueden contemplar igual que entonces.
Llegado junio, en días despejados, es grato deambular cuando oscurece, mirar el sol, hundido en la distancia. Es bello deleitarse con nostalgias de tiempos que, si no fueron mejores, tal vez imaginamos más felices. Es la niñez que vuelve, es el momento de revivir al niño que no existe, pues lo hemos encerrado en lo profundo.
Y, tras ponerse el sol, con sus dorados, sentado sobre un banco en San Antonio, descubro las estrellas en la altura. No hay duda de que es todo un espectáculo, cuando la brisa baña ese montículo, borrando los rigores de la tarde. Y, entonces, encendiendo el cigarrillo, regreso por veredas que la luna me deja adivinar entre la sombra.
En la estación existe un parque humilde, sereno, con sus sauces melancólicos, que lloran desde el brillo de la aurora. Allí se escucha el canto del autillo, quimérico y extraño, casi mágico, y entonces el recuerdo se hace intenso. La brisa ha refrescado el aire puro y el grillo, en su concierto interminable, le da acompañamiento al viejo autillo.
Llamando a los amores, el reclamo de la rapaz nocturna nos sugiere los sueños de las noches de la infancia. Poblado de dragones y de gárgolas, el mundo era tal vez más sugerente, mirado con los ojos de un chicuelo. También el mar, entonces, era abismo de rémoras, marrajos y piratas, y las mansiones eran un castillo.
Después se esconderá el viejo mochuelo, y el canto de los cárabos del monte se irá apagando allá, en lo más profundo. La Fuente de los Ángeles murmura, risueña en primavera, mientras canta feliz, entre las ramas, un jilguero. La calma llena el aire y el paisaje se admira con el alba que despierta con claras llamaradas de alegría.
Al fin se pueden ver, en cualquier parte, cuando el hurón se esconde y los raposos, el pardo de la piel de los tritones. No suelen esconderse en lo profundo del manantial alegre y vivaracho, donde los capturaban los muchachos. También, de niño, yo jugué a cazarlos en los abrevaderos de las bestias y en las corrientes claras de las fuentes.
El canto del autillo se ha perdido, pero es posible ver, y las urracas, los cuervos y arrendajos recortan con sus alas cada soplo. El aire se hace amigo del cuclillo, del raro picachuelo y sus colores, bajo la vigilancia de la aurora. También acechan, rápido, el cernícalo y, fuerte, el poderoso ratonero, desde el tendido eléctrico, en los campos.
Pasaron esos años tan idílicos de casas encantadas, de misterios, de juegos infantiles en el patio. Y entonces era bello el sol al alba, la lluvia en los cristales y los charcos formados en la vieja carretera. El universo entero se enseñaba cuajado de sutiles maravillas en los lugares más insospechados.
El canto del autillo en la buhardilla, la luz de las estrellas en los cielos y el ruido de los grillos son promesa. Y el tiempo transcurrido se ha perdido, mas vuelve a suscitar, en la memoria, vivencias que conserva el alma vieja. Herido ya el espíritu cansado por una juventud tan agitada, la infancia sigue viva, sin embargo.

2010 © José Ramón Muñiz Álvarez
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¿Y si nos tocara vivir de nuevo?

He planificado escribir de algo que nos una cada día, porque a veces, como humanos más nos une nuestra manera de sufrir, que nuestra manera de amar
¿Y si nos tocara vivir de nuevo? Esa fue la pregunta que nos habíamos hecho un grupo de amigos de la Universidad a finales del 2011 mientras estábamos sentados en una de las áreas verdes de la Facultad, el también recordado año de las crisis emocionales, el último en que todos fuimos más o menos parecidos, y también el último año en que pasamos todos juntos una tarde. Recuerdo que casi como al unísono respondimos sin titubear los 5 que haríamos las cosas diferentes, para nosotros que en aquel entonces teníamos entre 22 y 23 años el “qué hacer y no hacer” estaba bastante marcado por temas relacionados a los amores, desamores, la falta de dinero y la inminente ansiedad de saber que era el último año en que ser mantenidos estaba bien, y habría que hacer algo al respecto. Recuerdo mi respuesta particular y la de Kevin, cuando dijo que si pudiera devolver el tiempo no perdería la virginidad a los 15 y que hubiera sido ateo desde siempre, aquella respuesta me tomó por sorpresa, en especial cuando él era el “mujeriego” del grupo y si entrabas a su casa lo primero que te saludaba a la mejilla era un pulpito de 1 metro y medio con una biblia de 10 libras adornándolo, sin contar los innumerables cuadros enmarcados con imágenes de santos que vaya a saber Dios quiénes eran; y lo olvidaba… lo más importante, tenía escrito una oración a puño y letra en marcador sobre un cartón de al menos 2 x 1 metro pegado al techo de su litera. Esa particular respuesta me dio para pensar varias semanas después de aquel día, más allá de si había sido o no sincero, me preguntaba en si llegaría un día en el que quisiera convertirme en otro, o anhelara volver a vivir algo como consecuencia del arrepentimiento, yo estaba casi seguro de una de ellas para entonces, siempre me arrepentía de aquellas cosas que no hacía.
En el tiempo se había perdido aquel recuerdo como casi todas las conversaciones que solía tener, y a pesar de las semanas que me había tomado de esclavo aquella idea, un día soltó mis cadenas y se fue sin dejar respuesta y rastro, hasta el día en que murió mi abuelo…
Nunca había sido solicito ni especialmente cariñoso con aquel Sr. que para entonces cursaba los 76 años de edad, mi carácter y el suyo enardecían cualquier mañana o noche de aparente tranquilidad con todo tipo de discusiones y quejas, y claramente yo no era de los que me dejaba, el tiempo que había vivido junto a él no había dejado más que una profunda secuela de rencor por todas aquellas cosas que había visto y vivido.
Me encontraba trabajando aquella tarde de octubre del 2015, cuando recibí una llamada de mi abuela:
-tu abuelo está en el hospital, tienes que venir a verlo-
No era la primera vez que había recibido esa llamada, 6 meses atrás él había terminado en el hospital por una semana completa debido a complicaciones renales, así que supuse que tenía que tratarse de lo mismo. Sin embargo, no era consciente de que llevaba más de 2 días ahí. A la mañana siguiente salí muy temprano de casa rumbo al hospital más jodidamente lejano de esta ciudad, al llegar me enteré de que no estaba consciente ya, y el doctor presuponía lo peor. Aquello realmente no había creado una reacción adversa en mí y, de hecho, lo primero que susurré entre labios fue: -al fin mi abuelita estará tranquila; me acerqué a ella, que había dedicado ya dos días completos en cuidar de él y le aconsejé que regresara a casa a descansar y volviera al siguiente día, ella solo supo responderme: -él solo te está esperando a ti-. No puedo siquiera describir aquello que sentí en aquel momento, solo me acerqué al doctor que atendía su caso y solicité un permiso para poder entrar a la sala donde lo tenían, luego de dos o 3 horas me dejaron pasar. Estaba entubado y con cables por todas partes, lo tomé de la mano y me acerque esperando sinceramente que en el fondo me pudiera escuchar, dije: -aquí estoy abuelo, ahora ya puedes descansar, sé que llegué algo tarde y me hubiera gustado verte de ojos abiertos, ha pasado más de medio año que no nos vemos y sé que nunca nos pudimos llevar muy bien, sé que me estas escuchando, y quiero decirte que te quiero, aunque tú me quisiste más, ahora puedes descansar-.
3 horas más tarde murió. Meses después me entere de que había pasado los últimos 3 meses de su vida preguntando por mí, y yo, yo estaba perdido. Ese día lo recordé, ¿Y si nos tocara vivir de nuevo? Desde aquel día llevo claro aquel mensaje que mi abuelo supo darme sin saberlo (aunque a veces siga siendo terco): que en todo me podría equivocar menos en amar y perdonar, porque, aunque ambos probablemente no lo merecíamos, él lo hizo primero, pero yo, yo no pude regresar el tiempo…
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El humano un ser borroso

No hay cielo de despedida,
la tierra es una llaga continua,
sus manos eran de maíz,
hoy las migas susurran un hambre
que ya no existe. Un aliento
devorado, llevado
por el viento del Este.

El abuelo
un ser borroso.

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Oí tu voz...

Te escuché como pregonando silencios
te escuché en los cantos de ordeño
te escuché una y mil veces
te escuché arengando en mis caídas
te escuché en mis travesuras.
En mis sueños itinerantes te escuché
y por un largo tiempo no supe de ti
los sueños se fueron posponiendo.
Pero en este presente existencial
miro y contemplo la lejanía
sentado frente al mar
suspendido en un letargo
viendo el tiempo pasar
y sin poder despegar
de esta ensenada de recuerdos
y me pregunto ¿Por qué
no volver a escuchar esa dulce voz?
Y retomar la senda que una vez se olvidó.
Y como dijo el poeta Antonio Machado
“Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar”.
Recuerdo a mi abuela parafrasear
#El águila persigue a su presa
la devora y la sostiene en su garra#.
#Cuando la roca despierta de su letargo
sacude las cadenas que le aprisionan#.
Cosas de mi abuela…
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Las cosas de antes duraban más

Recuerdo que una tarde estábamos sentados mi abuelo y yo debajo de una parra.
Era una linda tarde primaveral, en la que soplaba una leve brisa, y el sol que tímidamente se iba escondiendo detrás de las nubes. El cielo presentaba un matiz de colores increíble, combinando tonos rojizos, anaranjados y amarillos, como si hubiesen sido colocados por el pincel del más hábil de los artistas.
El abuelo, como casi todos los domingos, estaba relatándome anécdotas e historias sobre su juventud. Era un hombre jovial, alegre, a quien en realidad el paso del tiempo no parecía haberle afectado mucho.
En cierto momento, se me ocurrió preguntarle cómo era que todavía seguía casado con mi abuela, cómo habían hecho para resistir el paso de tantos años con la llama de su amor aparentemente intacta, cosa que
–desafortunadamente- se ha perdido en estos días que corren.
El abuelo le dio un largo sorbo a su vaso de whisky sin hielo, suspiró por un momento, como pensando bien sus palabras antes de darme una respuesta. Finalmente, se acomodó en la silla y respondió:
- Querido, tu abuela y yo provenimos de una época un poco distinta a la de ustedes. Podríamos decir que la juventud de ahora vive en la época de lo descartable, del “use y tire”. La abuela y yo venimos de la época de los remiendos.
- ¿Cómo? - pregunté yo sin comprender sus palabras.
Él sonrió, y su sonrisa fue iluminada por los pocos rayos de sol que quedaban. Se me ocurrió que era el momento perfecto para tomarle una fotografía, pero descarté rápidamente la idea porque – como no podía ser de otra manera- el abuelo odiaba la tecnología actual, incluidas las fotografías.
- Yo vengo de una época donde todo duraba más – replicó -. La tela, los zapatos, las heladeras y las relaciones. Duraban mucho más porque nosotros conocíamos el verdadero valor de las cosas, y fuimos educados para cuidarlas. Si alguna cosa por algún motivo se rompía, simplemente buscábamos la forma de solucionarlo, de hacerlo funcionar y durar más.
- Pero abuelo, ¿y en al amor? ¿Cómo hacían para salvar una relación que parecía que ya no daba para más?- interrogué impaciente.
- Yo creo – contestó el abuelo- que la gran diferencia es que nosotros no teníamos internet, ni Whatsapp, ni Instagram ni Facebook, esos chupetes electrónicos que te alejan más de las personas reales. No teníamos mensajes de texto, ni seguidores o pseudo amigos. No existían los “me gusta” ni todas esas cosas raras que tienen ustedes hoy, cosas que dan lugar a celos y rupturas de parejas a causa de algo tan insignificante como un me gusta de un completo extraño. Además de eso, la juventud contemporánea no se complica demasiado, si no funciona con una persona, simplemente se buscan otra, como si las personas fueran un par de championes que no te sirven o no te gustan, y entonces los cambias; de ahí mi concepto de desechable: no se arriesgan a encontrar el verdadero amor.
Impactado ante las palabras del abuelo, no logré encontrar una respuesta que desafiara la lógica de lo que me había dicho, por lo que me quedé en silencio, el cual el abuelo aprovechó para continuar con su discurso del choque generacional.
- En mis tiempos, los únicos mensajes de texto que teníamos eran las cartas, las cuales escribíamos de nuestro propio puño y letra, muchas veces tachando con la misma lapicera y pasando los eternos borradores a un papel limpio. Hoy en día la juventud tiene acceso a ésta tecnología que no les permite pensar, porque es como una madre muy pendiente que hace todo por ellos. Simplemente entran en internet, buscan una frase cliché y repetitiva dicha por alguna persona alguna vez, y la envían en un mensaje de texto que le llega al receptor en 2 segundos. ¿Cómo pueden pretender que algo dure si no son originales, si carecen de imaginación? ¡Es increíble la verdad!- sentenció indignado.
Yo quedé pasmado por la repentina irritación del abuelo, pero una vez más pude apreciar la lógica, la sabiduría y sobre todo la verdad detrás de sus palabras. Se me antojó que el mundo estaba cada vez más loco y perdido y que, como bien dijo el abuelo, la tecnología nos aparta de las personas que más queremos.
-¿Te doy un consejo?- preguntó el abuelo sacándome de mis cavilaciones, de vuelta al mundo real.
-Si abuelo, por supuesto- repuse expectante.
- Amá -me respondió- amá y déjate amar. Demostra tu amor, hacele al mundo saber lo que sentís porque no existen los adivinos. Escribí cartas de amor, dedicá canciones bonitas, divertite y creá momentos y recuerdos imborrables. Y si te rompen el corazón, juntá los pedacitos y tené la valentía de seguir amando, porque eso es lo que hace al mundo girar: el amor. Los actos más nobles y locos del mundo se hacen en el nombre del amor, ¿y sabes qué mijo? Son los mejores del mundo. Quizá no lo entiendas ahora, pero cuando llegue el momento correcto, cuando llegue una persona que te haga sentir completo, que te haga bailar debajo de la lluvia, ahí, en ese mismo instante te vas a acordar de las palabras de este viejo.

No me salió ningún tipo de respuesta, así que simplemente guardé silencio y lo abracé.

Ha pasado el tiempo, y el abuelo tenía razón en dos cosas: en primer lugar, no entendí qué fue lo que quiso decir en ese momento.
La segunda es que, cuando llegó mi momento lo supe, y en efecto sí que me acordé de él.
Una vez más, como casi siempre, el consejo del abuelo había sido de gran ayuda.
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Alzheimer (Cuando dices mi nombre)

Cuando dices mi nombre,
a veces soy tu prima,
otras tu sobrina,
pero nunca tu nieta.
Cuando dices mi nombre,
preguntas por el yayo,
o quizá por tus padres,
ellos yacen tras la ermita.
Cuando dices mi nombre,
no recuerdas si regaste
o si no lo hiciste,
¡aunque no tenemos plantas!

Cuando dices mi nombre,
siempre sonríes,
dejas entrever tu alegría
entre tus dientes;
me hablas de tu infancia,
una y otra vez
una y otra vez,
una y otra vez,
pero siempre con la misma ilusión;
me preguntas por los estudios,
por la familia,
elevándome en una burbuja de aprecio
hasta una nube de cariño y afecto.

Pero a veces

Cuando dices mi nombre,
me estremezco,
no imagino qué dirás,
me asusta pensar que un día
cuando digas mi nombre
te bloquees, balbucees
y ya no recuerdes mi nombre.
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El Verarno

Los ancianos,

deambulan en los supermercados

y pasan hora y horas,

secándose los sudores

a las sombras

de los aires acondicionados.

Las abuelas,

la compra, la cocina

el sudor del verano,

mientras viento de solano

la flama,

que sigue fluyendo

persiguiendo nuestro sudor

continúa hirviendo.



Alfonso J Paredes
Todos los derechos reservados
S.C./Copyright
Imagen tomada de internet, cuya fuente es: www.google.es/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&a
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Perdi..

Si era una noche tan oscura , se rompían los vidrios de casa
Se sentía el frio de una posible partida
Un 27 , Ella corría pidiendo porque sentía el vacío absoluto
y es que siente la brisa de la noche que augura la muerte
El llamado del Adiós de quien quiso , de quien fue su Abuelo y a la vez un Padre ...se dio por confirmado
Ella corrió y cayó ante el desierto de sus pensamientos oscuros y vacios
llevar el color negro le hacia sentir el vacío de su alma
sentir el aroma de la rosas le auguraba recuerdos mas profundos como el atlántico
Ella era como la brisa pero sin poder deslizar el viento
Ella sintió que el destino y la vida le sacaban el corazón sin alguna piedad sin algún respiro de nostalgias
Ella sintió como el vacio arrancaba cada estacion que habia pintado
Lleva una corona de rosas , y delante al ser querido
Lleva la procesión en silencio ante una multitud
Lleva la procesión como la dolorosa que tenia el corazon con miles de flechas
fue el adiós por siempre en donde rosas volaban como las aves del paso
los aplausos como anuncios de un adios
y las lágrimas como la lluvia incontenida de un 27 de agosto
Las rosas con el pasar de los días , de los meses fue secando como el momento que tan diligente
Como el océano
como las aves
Ella cura su corazon como aquellas mariposas que curan su alma
Ella cura con el sonido de aquel violin de aquella gritarra que cautiva el alma
Y es que ella solo en un cerrar de ojos veía al ser que quería y perdió con los anuncios de la naturaleza
Y es que el tiempo cura heridas pero estas quedan como marcas
Y es que la lluvia fue parte de ese hecho histórico
De las miles de alegrías ahora hechas recuerdos y de los miles te quieros que solo quedan en el nudo
De las miles de fotos pendientes y de los abrazos que son solo oraciones
Si Yo soy la niña de 12 y perdí a mi abuelo o Padre mejor dicho un 27 de agosto del 2012
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Hinojos

Mientras siga sonando
la canción de los grillos en celo
he de lograr que estos mansos pasos
pueblen veredas.

Si veis que continúo
hablándoos sin descanso
de mis edades sin pausa,
comprendedme,
pues quiero explicaros
cada minuto de permanencia
entre este alma y esta piel,
explicaros una a una cada una de las grietas
del tiempo que respiro y atrapo
en un segundo de coraje,
y de cómo es la sombra permanente
del árbol que se acerca
cuando detengo mis pasos
entre las rutas sacras de mi verde país.

Mientras suene
la canción de los grillos en celo
arrancaré las hojas y semillas del hinojo
tal y como mi abuelo me enseñó
en un día lejano de un junio,
las restregaré entre mis manos,
y así seguiré
reservando el aroma de vida
sobre los dedos
hasta nutrirme con su olor,
así seguiré,
explicándoos el por qué de las arrugas
que ensalzan gozosas mi frente.
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Mi Guatemala ® ©

Guatemala, Guatemala

mi tierra, mi patria

mi madre, mi padre

Guatemala, Guatemala

mis letras, mis sueños

mi inspiración, mi país

Guatemala, Guatemala

mi alma, mi corazón

mi espíritu, mi vida

Guatemala, Guatemala

mis abuelos, mis ancestros

mi pasado, mi presente

Guatemala, Guatemala

mi Guatemala mi todo

mi futuro y mi destino

Guatemala, Guatemala

mil veces, bendita seas

Guatemala, Guatemala.


Carlos Luis Molina Lara
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La virgen piadosa........

La telaraña se desploma por las paredes pintadas de un blanco
intenso, la mesita de noche se apretuja con los balaustres de la cama,
la peinadora con su espejo enmarcado y el baúl construido con encinas
de madera pura guardan los mas prístino objetos...

Monedas de níquel, y plata, disco de RCA Víctor,castañuelas, canicas,
la colección de agujas Singer, el alumbre desbordaba su olor a naftalina,
en el fondo un gran retrato de la abuela sentada frente al frondoso árbol
de estuque, y la estampilla de la virgen piadosa sosteniendo a su hijo
moribundo. Todo esto… grafican el dulce frescor del descubrimiento.

Tomo la estampilla de la virgen y le increpo el por qué de mis dolencias
corpóreas, un sonido seráfico penetra en la morada y calma mi
angustiosa semblanza. Y pienso en el tormento que vivió la fulgurante
estrella del desierto pasando por Getsemaní, el Huerto de los Olivos,
el Torrente Cedrón hasta ser crucificado en el promontorio conocido
como Gólgota.

Entonces entiendo
que lo mío ...
es una pequeña
torva clavada
en el mar
de las tentaciones.
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1comentarios 54 lecturas prosapoetica karma: 71

Siete años y un día

Desvanecen trasgos tras de las paredes,
las brujas reniegan de crear ungüentos.

La infancia se borra en chistes y cuentos,
al lado del fuego,
que el abuelo narra volando los dedos
sobre las hogueras en noches eternas
de eternos inviernos.

No queda en el pozo de antiguos deseos
el berrido grave del arado huraño,
ni tampoco lluvias mojando la paja,
salpicando el tiempo.

Por los setos verdes de su vieja aldea
despacio se van las viejas leyendas
hechas un ovillo,
dentro de maletas que corren, huyendo.

El acero espera mutilando orgullos,
quemando abandonos,
calzando zapatos de suelas de goma
ante escaparates de reflejos grises.

Se olvida en aceras la presencia clara
del río vibrando,
el acento dulce de viejas canciones
que arrullaron nidos.de pájaros blancos
entre los pinares.

Gobierna su aurora el humo escaldado,
sus tardes sonidos de metal rugoso,
se esparce en su oído infierno de voces
que apuran relojes.

Corre hacia la escuela con la prisa lenta
de libros que pesan sobre la conciencia,
y cierra sus ojos a la algarabía
de trotes urbanos que violan los días
de días hermanos de vientos revueltos.

Se muere la infancia prematuramente,
madurando a golpes
de bombillas rojas, amarillas, verdes,
que habitan el alma muerta y revoltosa
de calles gastadas.por pies insurgentes.
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