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Surgieron...

Surgieron sin pensar, y así nacieron,
las palabras que salen al cuaderno.
Pequeñas vivencias y retales,
hermosas mariposas soñadoras
y en otras, telarañas,
recogidas con paciencia
en la memoria.

Nacieron vacilantes estas letras,
intentando llenar unas cuartillas,
aunque sé que, muchas veces,
la caricia llegaba en los latidos de la vida
que amanece con el alba,
en la tarde que pasaba y se marchaba
en un suspiro,
en la esencia de los versos
que formaban el poema
y se vive cada día.

Surgieron temerosas y con miedo
“cien palabras” que aquí nacen,
intentando suspirar y ver la vida,
para ti.

Rafael Sánchez Ortega ©
04/09/18

etiquetas: prosa, poética
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Por una hoja

La última hoja de Otoño,
la hija de primaveras,
se abanica en su rama.

Tan pronto se haga viajera,
canción de columpios,
cornamusa de tierras,
será nave dorada
en corriente de acequias,
milagro de Invierno,
viento
de una marioneta
con rocío en sus cuerdas.

Pronto
olvidará su monólogo.

Pronto será el abono
de las hojas nuevas,
trisquel prometido
por las musas del agua,
compás de las lluvias,
partitura infinita
partiendo del alba,
pronto
rumor de gorriones
en la copa de un árbol,
contrapunto del cielo,
sonata del hielo,
murmullo de estrellas.
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24comentarios 135 lecturas versolibre karma: 123

Almas lavadas... (Lipograma monovocálico)

ALMAS LAVADAS
(Lipograma Monovocálico)

¡Ah!... Las almas lavadas.

La paz y la faz alba aclaman.
Las hay, hasta vanas labradas.
Alas alambradas y amadas.
Y dan, aladas, las bardas blancas.
¡ Y a las balas, dan abrazadas!.

¡Ah!. Las almas malas jamás alban.

Alaban las alas y la calaña.
Arañan la lava y lacra lana,
para ladrar y la mar calmar.
Aman las balas y matan las albas.
Arman al amar y las malas matas.

¡Ah!. Las almas malas al hampa arman.

Al mal lavan y al mar dan caza.
Y la mar mascan grata ajada.
Ya las lagañas, alcanzan las cabras.
¡Vaya!... Ya acatan y acabrán albas,
para labrar la calma alambrada.

¡Ah!. Las almas lavan al danzar malas.

¡Hasta las lacras, lacran y lanzan, amadas!.
Aladas las almas lavadas, van y danzan.
¡Vaya! . Las hadas van arañadas y vanas.
¡Vaya, vaya!... Al ámbar harán, haragán,
y a las ramas al nadar ranas, ranas aladas.

¡Ah!. Las almas lavadas, la sal sanan mal.

Más las plagas pasman tantas patrañas,
y tantas mañas, aclaman, las mañanas.
Y andan y nadan, las mantas mansas.
Y van las alas, mañana tras mañana.
Y alaban, más y más, la vana blanca lana.

Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Dos abracadabra para Vanesa. (Cartas para ti)

Vives donde la estela del colibrí,
allá por mayo,
ya me susurraron los espejos mágicos.

Vuelas por mi sórdido destino
cada segundo desangrado
si puedo dormir una sola noche
en el vacío con cielo de velas.

¿Quizá fue Errol Flynn?*

¡Abracadabra!

¿Recuerdas?

Ya no espero nada
porque tiré al barro envenenado
la pata de conejo.

Dice el diario
que llueve en Filadelfia,
pero que importancia puede tener
si aquella canción nos atormenta aún.

Hasta donde podré seguirte
por la pasarela de los sonidos blancos
en botellas de plástico
perdiendome bajo una lluvia de tinta verde
y no sale mi sangre helada
cuando me pincho con la espina
de la rosa.

¿Me oyes?

Solo me dejas abrocharme el abrigo
y chapotear los charcos
al arpegio de Hackett*
al cruzar un puente en San Francisco,
en la húmeda y fría noche
de los letargos.

Del tiempo de las misas negras
y los aquelarres.

¿Aún sigues tras la niebla?
O posiblemente en la otra cara del papel.
Puede que también pienses en mi
cuando suena la campana.

"Una pizca de vino y un vaso de cerveza (fría) cariño.
¿Que hora es?" *

Yo si recuerdo...

Fueron. Así fueron
de felices los tiempos que sobrevivían
inundados de caricias
en la flor del amargo.

Otoños de pelo largo
y tienda de campaña,
ocultaban dos limbos revoltosos
y musarañas erguidas.

Eran los días a trescientas horas
de revolcarnos por la hierba húmeda
y fueron los crepúsculos de mordernos el alma
y estrujarnos como naranjas
con furia inmisericorde.

Tus dedos mojados de rocío
pintaban dibujitos en mi frente.
Tu pecho se apretaba en mi pecho
y Batman y Tarzán nos contaban
como es Venecia en primavera,
a las nueve y cinco.*

Como me haces recordar
a la anciana madre gansa*
mientras aspiro el humo-cáncer
del cigarro, que dibuja calaveras y tormentos
en el aire sin oxigeno de este cuarto pálido
enterrado en hielo.

Y ya van por 23* pregonaba sin consuelo
nuestro Phil.

Me enseñas que el cine es para comernos...

y la cinta de casette está gastada
y el viejo piano destila
mil pentagramas de notas tibias
por la ventana abierta

y volamos hasta el nido de la cigüeña
y jugamos al despiste con las luces y las sombras...

y nos besamos hasta morirnos.

Nos alegrábamos si
Helena de Troya hallaba por fin un nuevo rostro.*

y no nos importaba morirnos besándonos.

Pero si! Ay de mi!

Estoy pisando la tumba de aquel tiempo
y sigo escuchando el arpegio de Hackett*,
y sueño un poco mas, dejando que las lágrimas
ahoguen las torpes letras que te escribo.

Ya no son cintas de casette...

Ya no se oye tan mal...

Son otros tiempos, princesa.


Me araña la madrugada en mi cama fría,
y el alba con dolor de alma
vuelve a preguntarme
con sangre en las palabras
porqué nos perdimos esta vida si no tenemos otra.

No consigo encontrar una respuesta a tiempo
antes del suicidio de las tardes locas
en el alfeizar de aquella ventana
donde la yedra y la enredadera
tambien murieron de angustia.

Aunque tus ojos vean naufragos
tu no estás mojada*

¿No te quedarias* princesa?

¡Abracadabra!

¿Lo recuerdas?

Yo si recuerdo...

Solo me permites seguir viendo
día tras día,
en mis sueños congelados
en témpanos de desvelo,
unos ojos de mañana azul
y unas pecas traviesas.

Y noche tras noche...

con luna o sin luna
con lluvia o sin lluvia...

seguir sentado
en el frio filo de la guadaña...

¿Lo inició Errol Flynn?*

y sentirte cerca...

...y llorar mi pena.


*Pasajes del tema "Blood on the Rooftops" de Génesis.


J. Robles



Helena de Troya
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Palabras que se olvidaron de amar

Todo es cuestión de tiempo
cada quién olvidará lo de los otros,
irá acomodándose a un estado invulnerable
sin la incertidumbre de actuar normal.

Después de todo
el alba es joven cuando se oculta de la faz
de un raciocinio que vive sin vergüenza,
sin secretos.

Como un alquimista enardecido
que enfurece en el olvido
es lo mejor que sabemos hacer,
olvidar.

Olvidamos a los otros
a sus sonrisas verdaderas,
no nos inmutamos
preferimos sonreír falsamente.

Con la hipocresía actuando
como si fuéramos realmente felices,
como si no necesitarán sus pastillas
para sentir un poco de felicidad.

Hablar para no huir más
sin amargura y soledad,
vendiendo ilusiones que nos dicen
qué es ser buena persona.

¿qué es ser buena persona?
¿acaso será lo mismo que ser una limosna?
tú porvenir se convierte es un olvido desleal,
como una ráfaga triste de palabras celosas.

Palabras nulas
que solo buscan el ego del éxito,
ese que tán rápido llega
pero que se olvida de amar.

El mute
13/09/2018.
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Danzando de puntillas (Colaboración con Raquel _Ross)

Dar patadas a la lata de la rutina
respirando ruido y lunares
mapa con puntadas en óxido,
conformando la más asertiva
de las interrogantes,
cual meta donde acostarme
hasta suspirar huracanes.

En el pataleo desabrocho los botones al miedo
que miran hacia los lados,
perplejos ante el estruendo.
Le bajo el ruido a mi pena
vistiéndola de rojo domingo.
Busco una canción
que me arrope bajito,
un collar de cuentas gruesas
y la brújula de latidos perdidos.
Ya está hecha la maleta
sólo falta encontrar destino.

Señor de sombra de ala ancha
alquimiador de errores y esquinas,
mago de úbitos en caja de Pandora.
Los hijos de mis dudas
construyen abismos con terrones de arena
hasta que los pies descalzos del hado
atropellan tristezas,
derriban los murales de la realidad tupida,
vistiendo mis silencios de luciérnagas en boca ajena.

No entendía de tachones.
Ahora hago malabares
con las letras que te sobraron ayer en el postre.
¿Y quién le pone el cascabel al plato?- me pregunto.
Entre rima y ripio
estoy a ver si le encuentro la gracia.
Debe estar escondida
en reverso de este poema
o danzando de puntillas
en el cajón azul,
dónde se amontonan perchas
y se vacían recuerdos.

Descubrir que la suma de los errores
es una claraboya para ver el cielo,
que el orden de las decepciones
pare hierro en la determinación,
que las rodillas no son para hacer agujeros
sino para vestir el alba inesperado
con pétalos de caoba y mus de jazmín.

Dejar abierto el cajón hasta que el pasado sea un fundido en negro
y el mañana un abanico de zapatos de tacón ....
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28comentarios 148 lecturas versolibre karma: 117

Aun por amor

Ahora dejamos inconcluso este atardecer.
Todo en está tarde
separó tú boca de mi vida
mientras la triste noche rodaba sobre mis ojos.

Ha pasado sobre mi alma
el origen de la piedad que viaja sin destino.

Tal vez como una paloma
se erizaba un trozo del alba en mi corazón.

Y yo pensaba en ti
con la ternura herida de ese miedo que en ti se disuelve.

Hacia donde fuiste?
Con quién estas?
Estoy aún dentro de ti?
Por que está tristeza de ti
se me quedó en el alma como una lágrima que no acaba de caer?

Cada atardecer busco algún indicio de tú bondad,
que pueda llevarme hacia el refugio de tus ojos.

Nunca, nunca te vayas en las tardes
por donde el corazón corre olvidando palabras.
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Ráptame

Ráptame al despuntar el alba
y allí donde la ciudad dormita
despiértame con los arrullos
y el trinar del cortejo de tu boca

Ráptame por el camino
aquel pintado de monotonía
y vistámonos de locuras
con besos cubiertos de risas

Ráptame en tus sueños
y enredada
entre las sábanas y tu piel
hagamos un ovillo de caricias
destilando aromas furtivos

Ráptame de mi sombra
que me persigue hasta el aliento
imponiéndome sus andanzas
con los hilos de las marionetas

Ráptame de esa guadaña
que tu ausencia sega a mis latidos
y sin rescate ni canjes
bailemos juntos dentro del cielo
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9comentarios 78 lecturas versolibre karma: 112

Alma encallada

Atrapados mis suspiros entre piel y alma.Entre surcos de deseo,y anhelos de plata...

Donde se fué mi destino.Cuando encalló mi barca.
Cuando fué que a mis aguas movilizó tu mirada;mi ancla...

Cuando fué,que solté el timón de la esperanza.
Y me dejé llevar por tormenta,placer y tu iris de alba...

Pasión sin arrecifes.

Navío de mares épicos,nuestros cuerpos sedientos sin timón ni estrella guía.

..Furia y silencio....

Sonrisa hueca
Undida en el infierno de tu más íntimo cielo.

Placer irrefrenable,
Mordida del viento.

Gota escurridiza
Delatora de sensaciones
Y prófugos besos....
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2comentarios 67 lecturas prosapoetica karma: 130

Ámame ya......

Dame la vida que me falta
Asalta mi morada
Deja de correr y salta
Desnuda mi alma
Rompe la alambrada
Pierde la calma
Entra a patadas
Siente mis ganas
Mi llama tu llama
Insaciable sin calma
Lujuria en la cama
Canela en rama
Tu falta mi falta
El placer no calla
Locura que sana
Que cura y estalla
Como le da la gana
Gamberra y canalla
Ni reglas ni nada
Ámame mi ama
Sin parar hasta el alba
Ámame y mañana
Ya llegara la calma.....
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8comentarios 89 lecturas versolibre karma: 146

Todo sobre mi madre

Todas las mañanas mi madre me acompañaba hasta la esquina. Caminábamos juntos y observábamos el regocijo de nuestros rostros al sentir que con una simple mirada nos hallábamos.
En nuestro diario caminar nos estancábamos en la parada del bus.
Justo allí; mi madre posaba sus labios sobre mi mejilla y luego se despedía con un ademan. Sentí tristeza por un momento de solo pensar que algún día pudiese dar la vuelta y ver que ya no estaría allí.

Los recuerdos se amontonan en mis ojos al recordar todos esos momentos risueños.

Recuerdo la primera vez que caí. Me observaste desde lejos. Esperando tal vez que me levantara como todo muchacho travieso. Quizás sentiste compasión al saber que serian muchas las caídas a lo largo de mi vida. El golpe fue duro. Por un momento sentí que estaba solo. Sin embargo observe tu sombra reflejada en el frío suelo que se balanceaba hacia mí. Corriste a mi lado en un intento desesperado de sujetar mi cuerpo para que no volviera a tropezar. Rompí a llorar desconsoladamente y sujetaste mi dolor e invitaste a tus lagrimas a que se unieran con las mías. Posaste tus labios sobre mi herida y succionaste el mismo dolor que sentí la primera vez que rompieron mi corazón por un amor no correspondido.

Madre. Veo tus ojos dormir. Duermes como un ángel.
Sin embargo aun siento tu respiración.

Mis ojos se nublan al hurgar entre tus pertenencias y encontrar ese vestido rojo que usaste el día de mi primera comunión. Ese día fue lluvioso. Corrías detrás de mí para que no me mojara. Pero sonrías al verme como la lluvia jugaba con mi felicidad.


El tiempo ha pasado.
El niño quedo atrás.
Los recuerdos son imborrables.

Los vestigios del tiempo arremeten contra tu piel; arrugando la madurez y la experiencia de haber parido la vida, pero el sentimiento está vivo dentro de ti; acrecentándose en todos esos recuerdos. Desde mi primera nalgada hasta mi primera caída al suelo duro de la vida.


Esa misma mañana mi madre se levanto como todos los días.
El aroma del café recién colado se paseaba por toda la casa.
Justo enfrente de mi habitación escuche su voz llamarme. Pude divisar la luz del alba entrar en mi habitación y a su vez advertir su silueta a través de la puerta.

Allí estaba yo.
Dormido.
Sumergido en mis recuerdos,
aun con lágrimas en los ojos.
Sin respiración.
Sin vida.
Muerto.

Mi madre sujeto mi cuerpo entre sus brazos. Dejo que mi cabeza reposara sobre sus piernas.
Entretejiendo sus dedos en mí cabello comenzó a entonar esa vieja canción de cuna,
y entre el susurro apacible de su voz, la escuche decir:
Duerme hijo.
Es hora de descansar.
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Ambrosía

Latente la distancia, lejano el olvidó ●
No susurra más mi viento, hace caso omiso
La tierra está dura, mis pies desprotegidos
Mi alma está sensible, mi estómago vacío

Mi mirada perdida me guía al infinito
El espacio vacuo en el que habito
La luz de la esperanza, las horas caducadas
El infierno penetrante, la luz opaca del alba

Me llaman las miradas, me susurra las voces
El infantil sollozar, los recuerdos de una noche
Cierro los ojos, no descifro el inconciente
Mi ser inquieto se apresura hacia la muerte

Ahí se me va el vértigo perplejo
Una sonrisa otea el horizonte a lo lejos
Las musas, musarañas que al oído me hablan
clamores de vacío abandonadas

La música está fría, la comida servida
Solo tengo hambre de escuchar tu poesía
Solo quiero matar esta agonía
Eres para mi como para los dioses la ambrosía
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6comentarios 52 lecturas versoclasico karma: 105

Sin sombra

No hay sombra de abeto
en la montaña,
no hay sombra ni asiento
mirando al mar .

La compra el leñero
después de quemada,
forestales esperan
del monte cuidar.

No hay sombra ni claro
en el monte de Alba
qué aporte un momento
al turista en relax .
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7comentarios 56 lecturas versolibre karma: 120

El final de la fiesta

La última orquesta baja el telón,
las luces se apagan,
apenas ecos desafinados
de cuatro borrachas
que, alborozadas, gritan los éxitos
de cada charanga,
y cuando se rompen,
afónicas callan.

En el camino, tan desandado,
que me lleva a casa,
es mi compaña, la soledad,
y la luz del alba,
y una pareja de bellos jóvenes
muy enamorada,
que antes se besaban
y ahora..., separan.

Vasos rotos, alcohol tirado,
allí hubo jarana,
y solo quedan cuerpos cansados,
tristeza en la cara,
el gris recuerdo tornasolado,
de días de farra,
y la mayor pena...,
las fiestas se acaban.
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La palabra muda

La palabra puede ser áspera
al engullir el margen de su amor en sus delirios
es un precipicio final hacia la boca.

La palabra puede ser miel
y escurrirse en el sabor dulce de una linda sonrisa.

Las palabras pueden ser fuego
e incendiar un bosque verde
sin ningún remordimiento.

Las palabras puede ser un racimo de alegrías,
un hermoso bálsamo que sana mentiras.

Las palabras perecen en las imágenes,
escuchando los enigmas con asombro,
soportando el alba en un lenguaje antiguo.

Las palabras se pierden en el tiempo
rescatando el olvido silenciado a lo lejos.

La palabra es un escarnio ciego,
inconcebible historia
en donde todos perdieron.

Las palabras son inocentes
ante un castigo terrible de la historia.

Palabras ásperas
indescifrables pensamientos
que en un secreto oculto te nombran.

La palabra no tiene dueño
son los sueños sus jardines del tiempo.

Las palabras son colores en la memoria,
agonía fulgurante en obra poética,
pobreza de versos nuevos es bancarrota.

La palabra es escasa
aunque siempre sonríe es su inmortal memoria.

Con palabras construimos siempre el amor
que en cada verano habitamos,
con su canto y hondo dolor, simplemente lo hablamos.


El mute
31/08/2018.
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El viento helado que rozó el cabello

“Arqueros del alba”

Para María Dolores Menéndez López

Soneto I

El viento helado que rozó el cabello,
Llenándolo de escarcha y de blancura,
No osó matar su hechizo, su ternura,
Sus luces, sus bellezas, su destello:

Manchado de granizo fue más bello,
Más puro que la nieve cuando, pura,
Desciende de los cielos, de la altura,
Tan diáfano que el sol luce en su cuello.

Hiriéronla los años, la carrera,
El rápido correr hacia el vacío,
Mas no perdió la luz de su alegría.

Sus risas, floración de primavera,
Fluyeron como, rápida en el río,
El agua en su correr, helada y fría.


2005 © José Ramón Muñiz Álvarez
“Las campanas de la muerte”
Primera parte: "Los arqueros del alba"
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Diálogos II (a @Letizia)

Prometo apenas llegar
y de Ciudad de México
el propio suelo tocar
seguir tu sabio consejo:

Dejar atrás este duelo,
tratar de empezar de cero
buscar en tu abrazo consuelo
reunir estos mundos paralelos.

Pero la primera noche, amor,
será para mirarnos a los ojos,
abrazarnos suave, poco a poco
y prorrumpir en llantos guardados,

Beber un café de los no bebidos
ahogar en él penas no contadas,
narrarnos los chistes prometidos
nuestros anhelos no compartidos,
y de ambos los sueños incumplidos.

Guardar luego silencio juntos
tras reírnos de este loco mundo
y ante el ocaso, de tus ojos
perderme en lo más profundo.

Al alba salir a pasear de la mano
visitar cual niños el zoológico
-para ver el famoso ornitorrinco-
y probar alguno de los platos típicos
que desde luego sería lo más lógico.

Para el tan ansiado atardecer,
y como quien no quiere la cosa
ya en búsqueda del soñado placer
te regalaré de una florería una rosa.

En mi pecho mismo anidarás
pediré a algún mariachi
que toque algo para ti
y a partir de entonces
-no creo que te resistas-,
"till death do us part"
sé que solo mía serás...
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Mordisqueando el tiempo

Mordisqueo despacio la línea de tiempo
hasta encontrar la vereda más corta
a la plenitud de tu esencia
mientras la noche florece despacio
suspiros se asoman tímidamente al infinito
titilando en forma de estrellas brillantes.

Mordisqueo por las tardes
muy despacio el limite del tiempo,
desterrando ayeres de mi espalda
desterrando noches viejas de nostalgia,
absorbí como esponja bellos atardeceres
me llené cada poro de mi piel de luz del alba.

Y cuando beso, cuando abrazo
hace pausas y me regala tiempo
pedazos de sí, segundos abiertos
alargándose cuando me ve feliz.

Mordisque muy despacio al tiempo
a hurtadillas en absoluto silencio
hasta que logré hacerlo mi más fiel aliado,
hoy caminando voy tomada de su mano
hasta que caiga el último grano del reloj de arena hasta que desgaste el tiempo..

MMM
Malu Mora
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Miénteme...

Miénteme al abrir los ojos
cuando hablamos de eternidad
miénteme al caminar entre escombros
socorren mis pisadas de cristal.

Miénteme con bocados en los labios
juntos le sonreímos a la luna de verano
miénteme con palabras de miel
miradas que se cruzan en el alba.

Miénteme con mentiras
que los latidos me quitan ensueños.

Miénteme con tus manos
moldeando un cuerpo creado para amar.

Miénteme…Miénteme
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Un ángel vi de niño en la mirada

“EL CANTO DEL AUTILLO EN LA BUHARDILLA”

Los troncos de los árboles, ya muertos, les sirven de mansión a los mochuelos que habitan lo profundo de los bosques. El cárabo es más tímido, si acaso, pues vuela sigiloso, entre los robles, cazando ratoncillos y batracios. En cambio, la lechuza y el autillo no temen instalarse en las buhardillas de las casonas viejas de la aldea.
El mes de abril, que suele ser lluvioso, también tiene sus tardes encendidas de sol y luz, de magia entre los árboles. Mas, al llegar el brillo del ocaso, se escuchan los autillos en los parques, que llaman al amor en plena noche. Los más supersticiosos tienen miedo, y dicen que convoca al aquelarre de brujas en los montes colindantes.
De niño, en la buhardilla de la abuela, sentí la voz crispada del autillo, su grito lastimero, para algunos. Jamás pensé que fuera una criatura maligna cuyo grito desgarrado volara, amenazante, con la brisa. Tal vez, al ser un niño, imaginaba que su llamada dulce, vivaracha, tenía el colorido de otros trinos.
Los niños tienen grandes cualidades para formar su imagen de las cosas, a costa de ignorar tantos secretos. Y quiso mi inocencia caprichosa pensar que era el autillo, entre las sombras, como el cuclillo, oculto en la hojarasca. Difícil es, no en vano, ver cuclillos, por más que en primavera se les oye cantar entre las densas arboledas.
No es raro en la niñez ser tan curioso pues es, en esta edad, cada detalle como un descubrimiento inesperado. Por eso pregunté a la vieja anciana, de rostro bello y pelo blanquecino, pendiente del fogón en la cocina. Y dijo que era el pájaro del agua, criatura singular que, cada noche, las lluvias prevenía en su llamada.
Y cuántas veces, siempre fantasioso, tomaba, en la mesilla de mi tío, cuartillas de papel, y dibujaba siluetas del autillo y la lechuza. Y viendo ya cercanos esos meses que llegan calurosos, en verano, por la ventana abierta, los buscaba. Mis ojos exploraban en la sombra los vuelos que rizaban en la nada sus grandes alas ricas en sigilo.
La anciana falleció dejando un hueco que no podré llenar en muchos años, y no podré volver a la buhardilla: sus dueños la arreglaron y vendieron a nuevos propietarios que no quieren amar el canto viejo del autillo. Mas, al llegar abril, siempre lo escucho, y anima en mí a ese niño que otras veces hurgaba en los misterios de la sombra.
El mundo cambia y cambian los lugares, y pueblos de otras épocas lejanas se fueron transformando lentamente. Las villas de los viejos pescadores también han alterado su apariencia, tomando un aire acaso más urbano. Y es fácil recordar esas fachadas antiguas y las calles empedradas que fueron dando paso a otros ambientes.
No son las mismas ya, tras tantos años, las vistas de rincones apartados donde se admiran altos edificios. Pero según nos vamos, caminando, sin prisa, a las afueras, ese tiempo parece conservarse en el entorno. Los campos, las colinas, el arroyo, los densos eucaliptos en el monte se pueden contemplar igual que entonces.
Llegado junio, en días despejados, es grato deambular cuando oscurece, mirar el sol, hundido en la distancia. Es bello deleitarse con nostalgias de tiempos que, si no fueron mejores, tal vez imaginamos más felices. Es la niñez que vuelve, es el momento de revivir al niño que no existe, pues lo hemos encerrado en lo profundo.
Y, tras ponerse el sol, con sus dorados, sentado sobre un banco en San Antonio, descubro las estrellas en la altura. No hay duda de que es todo un espectáculo, cuando la brisa baña ese montículo, borrando los rigores de la tarde. Y, entonces, encendiendo el cigarrillo, regreso por veredas que la luna me deja adivinar entre la sombra.
En la estación existe un parque humilde, sereno, con sus sauces melancólicos, que lloran desde el brillo de la aurora. Allí se escucha el canto del autillo, quimérico y extraño, casi mágico, y entonces el recuerdo se hace intenso. La brisa ha refrescado el aire puro y el grillo, en su concierto interminable, le da acompañamiento al viejo autillo.
Llamando a los amores, el reclamo de la rapaz nocturna nos sugiere los sueños de las noches de la infancia. Poblado de dragones y de gárgolas, el mundo era tal vez más sugerente, mirado con los ojos de un chicuelo. También el mar, entonces, era abismo de rémoras, marrajos y piratas, y las mansiones eran un castillo.
Después se esconderá el viejo mochuelo, y el canto de los cárabos del monte se irá apagando allá, en lo más profundo. La Fuente de los Ángeles murmura, risueña en primavera, mientras canta feliz, entre las ramas, un jilguero. La calma llena el aire y el paisaje se admira con el alba que despierta con claras llamaradas de alegría.
Al fin se pueden ver, en cualquier parte, cuando el hurón se esconde y los raposos, el pardo de la piel de los tritones. No suelen esconderse en lo profundo del manantial alegre y vivaracho, donde los capturaban los muchachos. También, de niño, yo jugué a cazarlos en los abrevaderos de las bestias y en las corrientes claras de las fuentes.
El canto del autillo se ha perdido, pero es posible ver, y las urracas, los cuervos y arrendajos recortan con sus alas cada soplo. El aire se hace amigo del cuclillo, del raro picachuelo y sus colores, bajo la vigilancia de la aurora. También acechan, rápido, el cernícalo y, fuerte, el poderoso ratonero, desde el tendido eléctrico, en los campos.
Pasaron esos años tan idílicos de casas encantadas, de misterios, de juegos infantiles en el patio. Y entonces era bello el sol al alba, la lluvia en los cristales y los charcos formados en la vieja carretera. El universo entero se enseñaba cuajado de sutiles maravillas en los lugares más insospechados.
El canto del autillo en la buhardilla, la luz de las estrellas en los cielos y el ruido de los grillos son promesa. Y el tiempo transcurrido se ha perdido, mas vuelve a suscitar, en la memoria, vivencias que conserva el alma vieja. Herido ya el espíritu cansado por una juventud tan agitada, la infancia sigue viva, sin embargo.

2010 © José Ramón Muñiz Álvarez
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