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Si decide aparecer

Si ronda mi cabeza
la dejaré estar, apartándola;
sin fundamento, irrisoria:
como un cebo en nicho de peces muertos.
Si me implora, se desvanece en un susurro
o un grito lejano de niña, largo será el tedio
en que se conjurará hasta romper el plástico,
provocando que la botella se rompa contra el suelo;
o desafiando el orden natural,
liberando las lágrimas muertas de sus tumbas:
cataratas de inmenso dolor azul
como babeantes bocas de lápidas glotonas,
deseosas por saborear el gusto de un futuro miembro.

Si adormece al soldado con su nana infame,
para mí mito paradigmático,
no será este soldado,
de algún modo irresistible en su cobardía,
quien caiga irreversiblemente rendido
a la vigilia de su sueño.
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23 de julio

23 de julio. Demasiado ruido tiñendo la brisa. El verano miente.
Me miro al espejo y descubro que una belleza mentirosa me envuelve. Otra túnica negra cubre mi cuerpo no-normativo.
Sonrío mientras pienso que soy una jodida hipócrita: estoy escondida en mi interior, bajo capas y capas de caderas distantes, supervivientes a mis propias reglas. Las amo. Lo más imperfecto de mi inteligencia está nevando sobre las cumbres más elevadas. Siempre supe que el Everest soy yo aprendiendo a volar, enseñando mis alas a una multitud que solo quiere sangre.
Abrazada a mí misma. Desnudándome. La suavidad de mis manos es mi arma más cruel. Demasiado alcohol para una copa tan diminuta. Me acaricio y empiezo a latir algo más rápido...
Puedo ser mi propia eternidad.
Recuerdo cuando jugaba a peleas con el sol y pasaba las tardes drogándome con mi propia saliva, peinando las horas con mi espada más dañina, queriendo huir de mí misma... Luego me quería con locura.
Vomité pensamientos excesivos tras marearme con el roce de mi propio pelo; el humo de algún cigarro malherido se iba flotando a través de mis ojos -que cerré demasiado deprisa-; me recordaba lo que era yo, un éxtasis no del todo maduro.
Tanta apatía estrellándose contra mis oídos podría ser mi pasaporte a mi propia realidad. Necesitaba escuchar música más sincera.
Apoyada contra una pared manchada de besos perdidos al terminar la noche, acorralada por su mirada sin domesticar. Una niña que ha crecido más que yo, de ojos del mismo color que la planta traidora que no encontró un terreno fértil en mi espalda, atravesándome las venas, siendo bombeada por un sístole-diástole-sístole lleno de nuevas promesas, desbocándose...

Me atacó con esos labios que lloraban carmín, cuyo consuelo fue ir robando con calma el poco aire que me quedaba cuerdo. Su beso impactó contra su destino tantas veces que pude seguir viviendo sin volver a respirar.
Ahora permanezco sobre el papel, pintado de ese rojo que solo ocultan los sentimientos que arden, preguntándome qué demonios sería para ti... Respondiéndome qué demonios sería para mí.
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A dónde van tus pies

Me enviuda el ánimo,
se desalienta el sol,
llueven las tempestades,
el cielo pierde el control.
Nefastos son los días,
mi alma duerme como un caracol,
la meta ya no está lejos,
ya veo en el horizonte ese farol.
"¡La felicidad!", dicen algunos
que viven bebiendo del alcohol;
ojalá fuera yo líquido,
uno que por dentro huele a etanol.
Puede que estalle de agua ardiente,
si algún día me hallo sin mi rol,
entonces me serviré a tus pies,
calzada siempre de eterno charol.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Huellas embarazosas

09: 05 am. Un despertar solitario; parece otro sábado sin sabor. Otro día sin colores, sin vida, sin amor, sin esperanza y sobre todo lleno de lluvias asquerosas.

Las entrañas creciendo con cada día, aguardan unas pocas semanas; solo ella sabe el suceso, aún no ha podido contarle a aquel hombre que sus encuentros de cada viernes en la noche, ha dejado una bella y sutil consecuencia.

09: 12 am. Una ducha con agua tibia, arrastra un poco más que la mugre, lleva consigo recuerdos perpetuos de otras carnes que hoy no se manifiestan con señales divinas, buscan las irreversibles redes sociales.

Dos almas abrazadas en el apartamento del bloque A, 501 de la Valvanera. Llenos de vacíos y sin cámaras, el órgano más grande del cuerpo se evapora; la cárcel abre sus puertas y alma es palpable cerca de la Parroquia.

9:14 am. No logro borrar información, un rebelde sistema se niega. No comprendo si será el sistema nervioso, o alguna estructura averiada; o tal vez el inconsistente golpeando mi ser, golpeando por su lugar, por su espacio negado.

Facebook, whatsApp e Instagram plasman la verdadera muerte de la humanidad; las carencias afectivas pululan; los mensajes y las imágenes andan totalmente fragmentadas; sin embargo las pésimas fachadas llevan una buena lista de seguidores que se cautivan con la contemplación de la piel.

9:15 am. Un cuerpo maltrecho por el pasado no logra escapar de las afanosas dermatitis, durante la valoración persiste un cuadro sistémico, deforme que puede estar ligado a emociones.

Llamadas temerosas se escuchan a la distancia. La confesión de la consecuencia, no parece creíble; los imaginarios y las comparaciones hicieron lo suyo… Un rechazo nefasto.

Una primeriza madre no encuentra respuestas; agónica por la pena moral busca decisiones precipitadas. Durante la conversación el tonito devastador del egoísta, solo desborda ira y dolor…

9:20 am. Suena el celular, parece algo urgente…

-  Hola.

Declaraciones de una herida sobre el antebrazo izquierdo de 20 cm, son un nuevo llamado para prestar la suficiente atención, ya no se puede solo intentar… Maleducada hizo lo que considero mejor.

9: 30 am. Escandalizado debo escapar con suturas y alcohol.

Limpiando la piel, nuevas confesiones estremecen la sala; la situación ya no es embarazosa; caminó por horas y encontró el medicamento sorprendente… Sangrienta y con algo de culpa derrumbo un posible hogar. Volviendo al inicio la adicción por la carne, ha traído bastante soledad; a pesar de tener las células enfermas, éste se aferra a seguir en lo mismo, una situación irremediable que no entiende que el egoísmo no puede ganar.

Cuando los años han pasado, deciden retornar nuevamente en el sentimiento, han cambiado y parece un mejor espacio para entregarse en un hogar, sin angustias, sin temores, sin dolor…

9:42 am. Nuevamente suena el celular.

- Hola. Hola.

- ¿Quieres casarte conmigo?

- ¡Silencio instrumental!

Meditabunda espera con asombro; ciertos honores intentan ponerle en el lugar que siempre ha merecido, un lugar de soberana fraternidad y bienestar. Ayer fijaron una posible fecha y no descartan llenar las entrañas en un sábado como hoy…
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Me falta algo (a Allison)

Seguro que sos vos, seguro.
Mi corazón late a diario
mi cuerpo sana rápido
y mi alma construyó un muro
para evitar el llanto...

Mi mente, si no te ve, alucina
recuerdo tus besos y abrazos
cuando barajábamos los ocasos
sentados bajo la encina.

¿Quién te susurrará al oído,
mil versos de amor, seguidos?
¿Quién estrujará tu corazón
para arrancarle otro latido?

Un lustro ya ha pasado
desde que te has ido.
Sé que todo es en vano,
que no regresarás, cariño.

Un error fatal, semidormido
conduciendo nuestro rodado
por la carretera, descuidado,
me llevó al filo del abismo.

¿Por qué, amor, sobreviví yo,
y tú tan pronto te has ido?
Te juro que a diario he bebido
desde aquél fatídico domingo.

En alcohol he empapado,
mis penas y el delirio,
-no creas que soy cínico-,
y mi llanto he trocado
por relatos, algo líricos.

En la poesía me refugio,
y a menudo te extraño tanto
que si no fuera por el vino
buscaría un artilugio
para reunirme contigo...
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Entre marismas y jardines

Entre marismas y jardines.


Existen jardines óptimos para el descanso,
donde se permite tender la sombra sobre el césped
-depilado o no- pero exento de bichos.
Jardines, donde poder sentarse a leer y a pensar en usted;
justo al lado de la niebla, mientras el sentimiento
juegue pelota por entre la hierba mojada.
Jardines, donde los ya cansados,
nunca reposan sobre un banco de madera oxidado.
Un lugar para recrear los versos inexpresados,
bajo la luz de una vela llena de esperma;
las que por el efecto del alcohol se prende una vez al mes.
Santuarios, carentes de hombres lobos
ni monstruos ni aullidos ensordecedores.

Hay jardines calificados, donde se permite escuchar conciertos
lúgrubes de flores silvestres y de los llantos de los grilletes,
como en cualquier floristería agreste.
Jardines, para dilucidar acerca de la dirección que tomará la brisa estival,
durante el mes de septiembre otoñal.
Jardines, donde se prohiba la entrada al aire artificial.
Jardines, donde la llovizna inyecte con sus agujetas blandas,
el alma del alma y se disfrute de unas gotas de algodón de azúcar,
menos saladas, como aquellas que te ofrecen
en el parque de diversiones.
Jardines provistos de estanques agridulces;
entre lo cáustico y lo avinagrado.
Jardines seguros, donde no puedan hurtarse los anillos
que presumen las calas en sus dedos largos,
aquellos que valen menos que el rocío.

Jardines, cuyas flores denominadas "pensamientos"
pierden su memoria, y solo priva el recuerdo bonito,
donde no se despetalicen los te quieros
y acierten en sus reflexiones.
Jardines, donde las cascadas son una aleación
de agua, menta y hierbabuena.
Existe un espacio en el cual se altera todo;
porque es notorio que de vez en cuando
el pulso del jardinero tiembla y dada esa circunstancia
va podando fiscus y pinos de forma abstracta,
según los diseños que le dicta el alma.

Es evidente que los sauces tristes ya no lloran al trocear cebollas;
sino que gozan de las cosquillas que les profieren las hormigas cabezonas.
Es bien sabido, que los árboles de peras,
ya no ofrecen sus mejores óperas en diciembre.
Todo se transmuta. Hasta los bonsáis crecen de más
y adoptan su tamaño natural.
Las raíces de la hiedra amarga, alcanzan a las estrellas
de mar doradas y envenenan hasta las algas.
Las constelaciones de lotos no miden distancias,
se enredan y pierden el hilo de la fragancia que los ensarta.
Lo verde se torna cenizo, esmeralda y mohoso;
extremadamente, raro, fosforescente, frondoso y hermoso.

Hay Jardines dispuestos por toda la ciudad,
a los cuales se accede en metro, a pie, en tranvía...
y se encuentran a unos cuantos kilómetros subterráneos
y aéreos, cerca de la vía.
Nadie pide el carnet de identidad para el ingreso a la paz;
la entrada es libre, como lo impalpable.
Allí puedes transitar sobre los puentes de los cristales de aloe vera.
Pero hoy...y hoy techo de menos y hoy he hecho té de más,
porque el viento me regala hojas frescas de amapolas
para preparar infusiones escarlatas
y los jazmines blancos, no aromatizan a otros predios.

Se extraña aquel triste sonido del violín sobre las nubes.
Ya ni el ventarrón destribuye los sombreros de las setas por entre los plebeyos.
Las voces de las haches que no se pronuncian
se tornan cada vez más mudas y se mudan lejos.
Sí, se conocen de jardines en los cuales te van plantado
eternamente en vida; porque el destino te va diseñando varios oasis;
pero nos mantenemos parados frente a los alevosos espejismos
de una marisma sobre el concreto: desinteresados.
Jardines donde el silencio de la noche suele ahorcarse
por entre los helechos colgantes.
Sí...abundan vergeles para dormir bajo pretextos,
al lado de unas cuantas semillas de afrechos,
alejados de las malvas que intoxican el lecho.

17 de julio de 2017
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Está pasando

Un día
cualquiera

en un bar
sin nombre

beben
los hombres

cuando no pasan
mujeres.
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Soy el mismo, no he cambiado

Soy el mismo, no he cambiado.
Mis ojos verdes siguen llevando a rastras
millones de años de llagas y lamentos,
y frágiles deambulan recuperando pedazos
de aquellos sentimientos que se rompieron
con el paso del tiempo.
El resto de mi cuerpo es una mera cicatriz
que todavía sigue cicatrizando,
y que quizá, con el paso de los días,
se acabe arrojando azufre y alcohol
para hacer que hierva por dentro
y muera todo lo necrosado que aún quedaba vivo.
Las miradas inútiles se proyectan sobre mis párpados
y se refractan de la misma manera sobre las almas de los niños
que yacen en el suelo, por debajo de mis miedos
y mis enormes pesadillas; a cada cual más terrible,
a cada cual, más despiadada.
Sigo teniendo pesadillas con todo lo que me rodea.

¿Y si el mundo, preso de la desesperación
acaba por sumirme en una vorágine de sentimientos
que van en contra de lo establecido?
Permítanme entonces decirles que ya soy algo fuera de lo establecido.
Que nunca me arrepentiré de haber dado el paso
y que quizás ya no soy el mismo.

Ahora he cambiado. He abierto las puertas de este armario
y he dado un paso al frente a la vida,
al no tener miedo por lo que uno siente
a simplemente dejarse llevar por los vientos,
como veletas ondeando en las finas rocas
de una fina colina, varadas frente al mar.

Nunca me cansaré de decirlo.
Soy el mismo, no he cambiado
pero a la vez lo he hecho.
Han pasado unos años desde que he descubierto mi nuevo yo,
y me arrepiento tal vez de no haberme dado cuenta antes.
Pero ya es demasiado tarde para seguir culpándome
por algo de lo que ni siquiera tengo culpa.

Esta es la hora:
la hora en que tengo que empezar a quererme por lo que soy,
sin miedo a decírselo al mundo, pese a las represalias.
¡Qué represalias! No puedo callarme más.
Me estalla la boca cada vez que tengo que cerrarla por miedo
a sus odiosos qué dirán.
Harto de sus juicios de valor, harto de sus sinsentidos.
Harto de que no nos dejen amarnos seamos como seamos.

Soy el mismo, no he cambiado.
Mi poesía me acompaña en el camino,
mis letras son la musa,
mi corazón un velero viejo,
y mi alma vaga buscando todavía
un amor de verano, un amor eterno.
De esos que solo se encuentran una vez,
aunque sea en París, o en una calle de Toledo.
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6comentarios 74 lecturas versolibre karma: 87

Bajo el cielo de cemento

Como quien se escapa
del sueño
y hace nidos en sus
agotados ojos al desvelo.

Como quien se lleva
un beso de una boca
y deja suspiros
para el recuerdo
muerto de un mañana.

Como quien robó
un sentimiento
inocentemente y
no se enamoró, echándole
la culpa a la mala suerte.

Como quien sonrió
a un desconocido
y al ras del tiempo
quedó en el olvido
de su mente.

Como quien lloró
y culpó al sentimiento
que late bajo el pecho,
y ahora deja su piel
en un trago de alcohol,
a nombre del despecho.

Como quien conoció
lo desconocido
y murió pensando
que no había más
por conocer.

Como quien llovió
por las noches,
y floreció por los
atardeceres grises
del mañana.

Como quien se quedó
viviendo en la sombra
de un pasado,
y caminó con una nota
suicida en las entrañas
de su lecho.

Como quien bastardó
el recuerdo de vida,
y murió derrochando
las ruinas del corazón
que se ahogó
bajo su pecho.
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18comentarios 169 lecturas versolibre karma: 106

Corazón en reconstrucción

A lo mejor todo vuelve a empezar así,
un corazón roto,
buen hilo para coser
y alcohol para el dolor.
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8comentarios 92 lecturas versolibre karma: 107

En la cruda cima volcánica

Nadie apuñala a nadie
ahora debo morir. Es mi hora:
caerá el cuerpo al vacío
como una roca en cima volcánica
como una lágrima en el cosco mar
y mi recuerdo atañerá a quien me quiera vivo
y me ceniza quedará etérea
para poder por fin dejar de sulfurar.
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2comentarios 40 lecturas versolibre karma: 66

Te llamas....

Olor de pan a las cinco de la tarde.
Lluvia, cristalina dentro de la zona verde.

Vienes a mi, como yo voy a ti.
Unos más rápidos, otros más lentos.
Incluso, otros por voluntad.

Corres, te detienes, haces ver a todo como una fatigable perdida.
Me haces crecer, me haces reir, me haces sentir vivo.
Pero, me dices que al final, es un reloj de arena.

Eres tu, y soy yo. ¿Como?
Es la pregunta que me repienso y destruyó, pero siempre vuelvo a ella.

Emociones clandestinas, por miedo al rechazo, Instrucciones al odio.
Amor, a la vida, al valor monetario, a un olor de una piel, al verde insurrecto de tus ojos selváticos.

Eres vida, eres pasión, miedo y control. Tienes nueve meses dentro de ti, que esperan ser fuente de bondad.
Tus mejillas señalan el camino, eres estupendamente, eres solo eso.. eres.

Eres tu y gracias a ti, hoy te digo MUCHAS GRACIAS.

Diferencias idiosincráticas, pluralismo dentro de una misma corriente.
Rezos a las cinco bajo el sol y las perlas naranjas que resaltan los ríos y sus casas aledañas.

Grandes selvas, grises unas, con ciertas tonalidades culturales. Altas y bajas.
Mares de sonrisas blancas en paletas de colores que tienen historias comunes.
Manaure, Palenque, Bogotá, Medellín, Nariño entre muchas más.

Una taza de néctar color oscuro dentro de la rutina.
Una pequeña gotita de alcohol al almuerzo, Una dosis de fe bajo un tierno beso.

Montañas frondosas, paisajes únicos. mejillas color rojizo.
Labios color caramelo.

Desiertos, Nevados, Páramos, Llanuras, Selvas, muchas mas.
Son la carta de presentación de tus símbolos.

Gracias mujer de nombre Colombia.
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La mejor estación

En Invierno,

el vino
abriga
y
el
amor
embriaga.
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Saudades suaves

Ha sido como un escozor,
como curar una herida abierta
y quemarla con alcohol.

Un recuerdo que vuelve, oxidado,
serpenteando en las venas
escurridizo, olvidado,
de un amor oculto que veneras.

Nunca me gustaron esas mantas
bajo las que no descansas
porque las sientes ajenas.

Más si.
Si era agradable su calor
y el suavísimo tacto
de su cuerpo de sirena,
que como un imán extraño
siempre me arrastraba ante ella.

Y que aun hoy, vidas después,
surgen esas saudades suaves
que me reclaman su belleza.
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La espera

Desde lejos se siente
el perfume triste
de las jóvenes prostitutas,
en el altar profano
donde van a llorar
solitarios hombres
lastimados del alma,
avergonzados del sol,
agusanados por la soledad.
En ese excusado de hombrías,
caía mi cuerpo deshecho,
pintado de alcoholes
revolcado por el tiempo,
mendigando un poco
de amor de mentira,
cada noche enamorado
de un sueño distinto,
allí dejaba algunos versos
a cambio de calor
y algunas copas
hasta que el amanecer
me escupía a la acera
donde no hacía más
que esperar
que vuelva a anochecer.
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El atardecer, letargo y ópticas

Cae el fuerte rayo solar, Surgen gotas de bebidas calientes en hogares, restaurantes nocturnos aledaños a plazas públicas que son acompañados en ocasiones por burbujeantes bebidas alcohólicas.

Un niño explica a su madre y padre, en un comedor redondo de cuatro puestos, como fue su dia, sus padres sonríen a pesar del agotamiento y las ganas de amarse, el niño no se inmuta solo quiere ver las caricaturas.

Un viejo, llega a su casa y abre el refrigerador, otro dia mas, latas de conserva con agua y pan.

Una mujer se prepara para su turno nocturno, ajusta su ropa y sonríe a un espejo, el labial rojo carmesí la hace ver bella, atrae las miradas de el salon cuando sale a escena. A pesar del dolor que le produce no ser amada por más que unos cuantos minutos en ocasiones horas, por esos hombres que la ven con deseo, se repite a si misma "El show tiene que continuar".

Una familia que vive de una panadería, atrae a paladares hambrientos gracias al aroma que invade el barrio obrero. Es la llamada de los hijos del pan.

Suena un teléfono al final de un pasillo de un hospital diciendo "Soy yo mamá, hoy saldré con Andrés, esperame dormiré en casa esta vez" la madre cuelga diciendo, "Que los santos te protejan hijita linda", y suelta de su boca cansada un tierno "te amo".

Una mujer de ropa de oficina, elegante, con tacones altos, bajándose de un auto último modelo, entra en una casa de un barrio bien parecido al norte de la ciudad, se lamenta que no pudo ir a la rebaja, se tienda sobre la cama y prende su televisor que paga a cuotas, es ella la dueña de su vida, no depende de nadie, solo de su autoestima y determinación, Es el canto de la libertad. Se entretiene viendo videos en una página web, luego se duerme y se levanta cansada, el cuello le duele.

Una adolescente y su novio, salen de clase de ocho de la noche de la facultad de estudios literarios, llegan al hotel de la esquina, pagan y brindan a las sábanas un ritual que se funde en amor, son dos amantes que forman un solo sol pero que gira en el mundo como un tal girasol.

Al despertar del letargo que deja la danza, le dice a su amante. Te amo hasta mañana.
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H. Lavoe

Y dice ! "la calle es una jungla de cemento...
Y de fieras salvajes como no!"

Cada vez que escucho esta canción. Se me viene a la mente un cuadrado de 40 por 40 cuadras, la gran ciudad de la Plata...

Martes, invierno, un frío tremendo, vientos que parecieran que venían directamente del Ártico hacia aqui, abrí la puerta para que se secara el piso recién trapeado, y 2 chicos andaban afuera de mi puerta, hablando, les saludé y parecían simpáticos, cruzamos un par de palabras, los mande seguir.

Fui a la heladera a buscar 3 latas de buen material alcohólico,
Di una, a cada uno, y sonó en unisono un "tssss" que pareció muy planeado al abrirlas.

Cerré la puerta y puse la calefacción a pleno, uno de los tipos se sacó la campera, y llevaba una camiseta del boca juniors, el otro se percató del piano.
-sabes, mi hermano mayor tiene uno parecido, de 8 octavas, -dijo entusiasmado
Que música toca? - dije
Trap - luego le dió un sorbo a la lata, y se le deslizó una gota negra y espesa por la mejilla, que dejó caer en mi piso recién trapeado,
Entonces supe que había dejado entrar personas equivocadas a mi casa, luego me comentaron que estaban en la facultad estudiando periodismo deportivo, (hacia el futbol, claro ahora todo tiene sentido, pensé), se quedaron un rato más hablando de fútbol, hasta que se fueron,

Me tranquilizó despedirles, fui al balcón, pensé en toda la gente que había afuera, era un atardecer naranja, rojizo, parecía que las nubes estaban llamando fuego, mientras se mezclaban con el gris pintado de hollín resultado de las emanaciones de los autos en los edificios, se podía dar uno cuenta como el sol hiba desapareciendo junto con mis ganas de trabajar ese día,
Fui a la cocina de nuevo,
Salí al balcón de nuevo y ya era de noche, fue como si hubiera estado horas adentro... Pensé que me había perdido ese atardecer, pensé que me había perdido la repartición de sueños, la doble moral, y el sentido de las cosas, entonces sonó el teléfono

-Hola?
- Deivyd soy Mariano,(mi jefe)
- hola Marian cómo andas?
- bien, te acuerdas que te dije que te confirmaba si hoy abríamos ?
- si... (Menti, no lo recordaba)
-bueno perdona la hora hoy no abrimos
- ok Marian nos vemos mañana
- dale

Mire la noche, mire toda esa gente que debería estar dentro de sus jaulas, pagadas por ellos mismos, viendo la televisión, preocupándose por todo.
La noche era mía, era un regalo valioso, había tenido algo de suerte,

"Tssss" bebi un trago.
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La Muerte Desnuda

Se extiende un mantel en el sueño del bosque.

Ella, con el lomo tatuado de días
lleva los años burlando la sed
la esperanza de comer lo que sobra del amor
pero no se afinca en el sueño
intenta brillar, ser real
acariciar los segundos de plenitud
aunque todo sea una broma
y la noche termine de atravesar
la noche que guarda el sol
el hogar de la lástima
donde el alcohol no corre
galopa incansable por el abismo
réquiem sobrio de la exactitud
y el tiempo de descanso.

Ella despertó algún día
enfrascando la incertidumbre
sin saber si esperara tanto
la muerte desnuda.
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Me quedo con mi verdad y tu recuerdo a medias

Me quedo con las ventanillas abajo y nuestra noche rutilante. El viento acariciando mi euforia y la carretera a 90 por hora. La misma estación de radio y el destino por siempre sellado. El alma fugaz y la tristeza ardiendo.

Me quedo con la resaca de la mañana siguiente y el pecado que precede. El cabello recogido y el alcohol suelto. Los pies descalzos sobre las mentiras y la tormenta bailoteando grunge sobre el sillón.

Me quedo con los acordes de esa balada de banqueta que le canturreabas a mi angustia. Me quedo con la cuerda rota de tu guitarra que guardé y no sé porqué.

Me quedo con lo mucho que te apetece el labial rojo en mi boca y las sábanas que nunca tuvimos. Me quedo con que me sabías desde el secreto peor guardado hasta la filosofía más absurda.

Me quedo con mi verdad y tu recuerdo a medias. Con que me entendiste todo pero nunca me escuchaste nada. Me voy con la promesa de que siempre te querré y la certeza de que regresarás cuando ya no te quiera.

Se me olvidaron los calendarios de ausencia, la sinceridad entre persianas y las peleas disparatadas.

Me quedo con que te extraño más que a nadie; pero sobre todo, me quedo con que desde que te fuiste, yo sólo me quedo con lo bueno.
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El cuento de la vida

Apenas tienen cinco años cuando se conocen. Es el primer día de colegio y sus madres los dejan en una clase llena de otros niños llamativos, pero menos. Menos niños no, menos llamativos los unos para los otros que como se atraían ellos entre sí.

Su historia empieza en una mesa verde llena de bolas de arcilla que, a diferencia de la plastilina, al quedarse seca se endurece, como la vida. Él moldea un unicornio, ella no sabe qué es. Él le explica que es un caballo mágico y ambos ríen ante aquella ocurrencia. Después da forma a un barco y le asegura que, cuando esté acabado, navegarán a bordo de él por el patio de recreo en los días de lluvia, y vivirán aventuras increíbles surcando lagos malditos, mares lejanos, el mundo entero. Ella sonríe con los ojos brillantes de ilusión.

Pasan los recreos siempre juntos, contándose historias imaginadas, cuentos recién inventados, fábulas en primera persona. Los demás niños los miran con recelo, observándolos a una distancia prudente, como si fuesen bichos raros que no conocieran. Aprenden a escribir juntos, a leer de la mano, a sumar y restar cantando... y cogen la costumbre de contarse el argumento de los libros en primera persona. Se disfrazan de los héroes de sus sueños, crecen dentro de sus mentiras, se abrazan de mentira, y se besan de mentira, como los novios de mentira.

Llega el último verano de colegio y ya no les quedan más septiembres. Se mienten, esta vez sin saberlo. Poco a poco, como planetas en distintas órbitas, se van distanciando irremediablemente. Siguen viéndose de manera casual por el barrio, pero cada vez conversan menos, se miran menos, se sonríen menos... hasta que el saludo se convierte casi en obligación.

Pasan los años de mentira y van conociendo a otros ellos. Llenan sus nuevas vidas de otras mentiras, aunque mucho menos cómplices, más mundanas, menos divertidas. Un día ella entra en una discoteca, ya decepcionada de esa nueva vida, y se lo encuentra. Entre tragos de alcohol recapacita: “de todos los que me han mentido, nadie me ha mentido como él”. Se acerca y le saluda. Al oído le confiesa que está en la discoteca porque el descapotable se le ha averiado, iba de camino a una cena con músicos, actores y gente del mundo de la moda. Él se ríe, se separa con los ojos brillantes, hace una pausa para mirarla. Se acerca a su oído y le miente. Así que ambos, mentidos de arriba abajo, salen a buscar al unicornio de arcilla, que con el tiempo ya está amaestrado, para que los lleve a la fiesta. Se besan y hacen el amor en un portal.

Siguen viéndose de vez en cuando para mentirse. Se mienten incluso sobre sus actuales parejas. Se van contando sus bodas programadas, los hijos que tendrán, sus viajes, sus mascotas... Poco a poco van dejándolo todo para mentirse con más frecuencia, hasta que ya casi se mienten en exclusiva. Y un día deciden irse a vivir juntos, para mentirse ya del todo. Es entonces cuando cada uno descubre todas las verdades del otro.

Salen por la mañana a trabajar a la ciudad, y vuelven corriendo por la tarde a mentirse en su reino recién conquistado, a lomos de su caballo mágico. Pero una noche ella se pone enferma, y acuden a un hospital muy falto de fantasía. Un doctor le diagnostica una enfermedad incurable, y le cuenta que apenas le quedan unas semanas de vida. Ella llora y maldice todas las verdades del mundo.

Él se quita los zapatos y se acurruca en la cama junto a ella, abrazándola con fuerza. Le aparta el pelo de la oreja para alimentarla de una última mentira. Le explica que ellos no existen, que son parte de un cuento, un relato nacido de la fantasía de un pensamiento. Le cuenta que son tan reales como los unicornios, y que al final del cuento no se muere, porque los cuentos no tienen final. Y le promete, sin más mentiras, esta vez ya de verdad, que puede estar segura de que vivirá para siempre en su recuerdo y su corazón.

Juanma
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