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El Refugio del Poeta

Va agonizando el poeta
y con sangre en el tintero
fundió el alma con sus letras
en sus pergaminos viejos.

Cada palabra libera,
cual puñalada certera,
a su alma prisionera
con grilletes y cadenas.

Por cada vez traicionado
una gota carmesí,
incontables van pasando,
no parecen tener fin.

Olvidando la razón
y por mente el corazón,
va gritándole al papel
todo aquello que guardó.

Maldiciones reprimidas,
emociones refrenadas,
confesiones nunca dichas,
pasiones encarceladas.

Deja que sangren tus poros
y escribe cual alquimista
transmuta el dolor en oro
redactando tu poesía.
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El silencio habita en las ciegas mentiras

Quise tocar las ausencias de la luz en el rostro
pero eran transparencias silenciosas
que se convirtieron en letras furiosas
de un vocablo alquimista
que no pudo soñar con ser escritura sencilla.

Quise rodearme de amigos
imaginar todos los momentos que perdonan
a una noche desnuda por tantos lamentos,
solo salté muy valiente al vacío
fue un momento frío por la ausencia del tiempo.

Mi secreto siempre fue un deseo oculto
hasta de mis propios pensamientos,
cerré a mis labios para siempre
clausurando el origen de una promesa
que naufragó en el inútil intento.

Exilie a todas las páginas de mi vida
quise doblegar el dolor de las mentiras
como si fueran pétalos de rosas
que huyeron de un manantial sediento
de esperanzas perdidas.

Fuimos incapaces de huir con heridas
de un edén de los sueños ingratos,
de nada sirvió la tregua en la que reposó mi agonía
con esa quietud del asombro
supuse ser más que una enferma letanía.

El silencio habita en las ciegas mentiras.

El mute
26/04/2018
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A N****

Como el susurro del agua
que moldea piedras
y a su vez arrastra escombros
con una fuerza irreductible.
Como un salvavidas que se cierne
rompiendo el silencio que solloza,
la piel que se aja, el alma que se encona,
regalando vida cuando no hay dónde ir.

Estrellas que dicen en voz alta
que todo puede suceder
a pesar de no suceder nada.
Y traen el aroma del mar,
un humo que esconde la mirada,
un poema en los labios,
y una estela de justicia musical.

Los sueños protegidos
tras barreras de palabras,
flotando en el espíritu la magia
de ese instante mínimo de paz.
Y se acicala la mirada
para vivir puño en alto
-de tu mano y de tu arte-
una noche más.

Prendida en seis cuerdas,
me resuena tu voz en la contienda
de la melancolía y los días,
del vivir y el morir.

Alquimista del dolor en las entrañas,
me amaneces en el alma
cuando el corazón canta contigo al latir.
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Sicomoros egipcios y cafés pendientes

En esta mirada mía, viajan:


Alquimistas de sueños

Globos aerostáticos

Bombas de vida

Cantos de cisne

Telescopios dorados

Sicomoros egipcios

Nenúfares aéreos

Tréboles azarosos

Besos helicoidales

Saltos mortales

Cafés pendientes

Ese café. El que nos prometimos con el roce de los dedos. El que quema los labios, callados. El que me amarga y me endulza los escalofríos. El que me eriza la memoria, pensando que vuelves.
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10comentarios 95 lecturas versolibre karma: 102

Verbo rupestre

Nieblas que eclipsan
el bostezo del agua

aullido alquímico habitado
por lunas gélidas
de invisible altura

pétreo viento convertido
en medusa del mar

aliento ciego conmovido
por besos de tierra caliza

rota en secreto la luz mineral
losa del silencio
furioso tránsito del cuerpo

rezo a un ángel salvaje
sobre el tercer ojo
de la caverna azul
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Dama de rostro marmóreo

Vive acristalada
en amor vetada.
Deambula entre espíritus
deslucidos en sentidos.
Porosa decrepitud fosfórica
de seres envilecidos
que atrapan su alma.

Dama de rostro marmóreo
de luz embaucada.
Luctuosa imagen grácil
al olvido encomendada.

En el pináculo sus sueños vagan.
Ojos añejos en miedo
agnósticos al cambio
mendigan clemencia.
Respuesta: ausencia.

¡El alquimista no puede ayudarla!
Ella debe trazar el bosquejo
que le exima del perverso lienzo.


Marisa Béjar.
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6comentarios 130 lecturas versolibre karma: 84

Aunque haga frío

Aunque el frío arrecie
vives y deshaces el hielo,
mientras el cálido aliento
mueva la sangre
que por tus venas corre.

Sin perder el objetivo;
sin enredarte en el laberinto
y sin salirte del camino.

Queriendo ser inventor y alquimista
de ese cálido elixir que precisas,
danzas al ritmo y la fuerza
que en tu corazón se acompasa.

Sintiendo en el pecho,
cada latido al despertar.
Palpitación consciente
lúcida y presente
que da color a tus mejillas.

Igual que al amanecer su aurora
le aclara el cielo,
así se ilumina el Alma
que la contempla.

Vivir...
aunque en el corazón,
el frío arrecie.




Publicado en la Asociación solidaria cinco palabras:
cincopalabras.com/2017/10/22/escribe-tus-relatos-de-octubre-iv-con-una
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Palingenesia

PALINGENESIA
- Por D. A. Vasquez Rivero.


PARTE PRIMERA

"Sobre el castigo infligido a unos amantes peculiares."

Zaeta envenenada con lujuria,
va Lélape tronchando matorrales
y atrae mil esencias naturales
su hocico (catavientos infalible).
Va en busca del motín apetecible,
de aquella que abrevando en una alberca
presiente esa ansiedad del alma terca
e izando su mirada hacia la oscura
maleza ve en seguida la osatura
del perro que acechando se le acerca.

Ostenta él estigmas en la testa
(terribles cicatrices como ganchos)
y ella, de cortarse con garranchos,
dos marcas en la pata delantera.
Él viste pelo verde, ella entera
es parda con manchones nacarados
y mientras él aguarda camuflado
se cuida ella de mostrarse atenta.
¿No entiende él, ignora a quién se enfrenta?
¿Desdeña o desconoce su pasado?

La presa no es cualquiera, no, mi amado
lector de legendarias moralejas.
Se trata de Teumesia, cuya oreja
distingue la presencia amenazante
del hábil predador milenios antes
que logre darle pábulo a su antojo.
No bien escucha el quiebre de un abrojo
o el mínimo gemir de alguna rama...
¡Se escapa chamuscando tierra y grama
tan lejos que no alcanza a ver el ojo!

Cautivos de emoción persecutoria
comienzan a latir dos corazones.
Pasión y adrenalina a borbotones
exudan al correr los animales,
abriéndose camino por trigales,
subiendo al frío inhóspito de heleros,
cruzando lodazales y veneros
y en vano fatigando los desiertos
que mueren como páramos inciertos,
ocultos a la luz del mundo entero.

Testigo de este juego interminable
el mismo dios del trueno se impacienta.
Apoltronado en cómodas tormentas
que alumbran hasta el lecho de los mares
cavila (realizando malabares
con nueve o diez gaviotas) la manera
de darle fin a tan horrenda espera
y tras considerarlo, por su boca,
dispara un maleficio y vuelve rocas
a aquellos dos amantes en carrera.

No obstante, cierta pena traicionera
rubrica duramente su semblante
(sutil remordimiento penetrante
golpea y debilita su cordura).
¿Acaso una recóndita amargura
nacida de anteriores conversiones
provoca que su vista se emocione
y llegue a esmerilarse con el manto
sagrado, melancólico del llanto
que cae devorando a las naciones?

Pues quedan bajo el agua del diluvio:
el corro de una tribu milenaria,
la sangre de su guerra innecesaria,
el puño sin piedad del gobernante,
la errónea predicción del quiromante,
el premio de la pútrida avaricia,
la falsa lealtad y su caricia,
lo fútil del honor y el apellido
y todos los pecados conocidos
ahogados en acuática justicia.



PARTE SEGUNDA
"Sobre cómo un hombre se vuelve símbolo de esperanza ante semejante tragedia."


Al tiempo que remiten las mareas,
saciadas con humanos por tributo;
teñido el velamén de negro luto
navega a toda marcha una galera.
De Prometeo el hijo la lidera
virando gobernalle al noroeste.
(Bien sabe que en la bóveda celeste
logró quedar en pie esa noble tierra
famosa por su oráculo que encierra
lo ignoto de las dádivas y pestes).

Despuntan las calendas de noviembre
y no sin privaciones acuciantes
fondea Deucalión a su gigante
navío sobre mustia costanera.
Tritones que descansan a la vera
del mar en vigilancia permanente
le ruegan: ¡Continúa hasta la fuente
rodeada por olivos y laureles.
Consigue que la pitia te revele
la forma y resucita nuestra gente!

Deseando concretar tamaña empresa,
surtido con lo justo y necesario,
prosigue el héroe rumbo al legendario
Parnaso (que descolla en horizonte).
Y así, como un audaz Belerofonte,
cabalga sobre vértigos crecientes,
pasando de prehistóricas pendientes
a escarpas, a mortales precipicios
y de éstos a un camino más propicio
del monte para entrar a sus vertientes.

Más tarde, sin embargo, se detiene
delante de una cueva arboriforme
a cuya fauce cuidan trece enormes
antorchas que iluminan sus entrañas.
Adentro, la figura más extraña
procura aproximarse presurosa
(en parte criatura, parte diosa)
preséntase Pitón, brutal serpiente,
jactándose del don clarividente
y al punto revelándole estas cosas:



PARTE TERCERA
"Sobre una decisión.”


- Escucha, fiel heraldo de tu raza.
¡Yo soy la verdadera Pitonisa!
Mi ofensa perdonaron Artemisa
y Apolo (desdeñando su venganza).
Ahora, con motivo de alabanza
y eterna gratitud, he decidido
sumirme en esta gruta del olvido
dejando que confluyan a mi mente
olímpicos mensajes que la gente
reclama tras haberme conocido.

Por eso te pregunto: ¿Qué secreto
anhelas al pasar por mi guarida?
Acércate, busquemos en seguida
propósito a mi historia y a la tuya.
- Quisiera que un encanto restituya
el cuerpo y el espíritu presente
en todas las personas inocentes
llevadas sin aviso al inframundo
- responde Deucalión con un profundo
fervor y le replican lo siguiente:

- ¿Qué vientre maternal te dio la vida?
¿Qué célico soplido, el intelecto?
¿Será que los humanos, por tu afecto,
merecen elevarse desde el Hades?
Después del muladar de iniquidades
merced al cual se vieron condenados,
difícil es que sean perdonados
sin antes arrancar de sus gargantas
el mismo sufrimiento que hoy espanta
mis ojos con un mundo despoblado.

- No creas, Pitonisa, que pretendo
salvar de los ignívomos abismos
a aquellos cuyo fiero despotismo
sembró lujuria, vicio, sed y muerte.
¡No corran ni los buitres con la suerte
de disputar su fétida carroña!
Sugiero ver la cura en la ponzoña
y darle nuevo aliento a quienes fueron
amantes hasta el fin y no vivieron,
(probando así que el bien siempre retoña).

- Tu sabia sugerencia me conmueve,
tu juicio me parece muy sensato…
¡Hagamos el milagro de inmediato!
Comienza por tomar aquella piedra.
- ¿Cuál? ¿Ésta? – Esa, quítale la hiedra,
preciso es que su forma limpia quede.
- ¿Así está bien? – ¡Perfecto! Ve si puedes
cegarte con el paño del turbante
que llevas pues, de ahora en adelante,
tan solo escucharás lo que sucede.




PARTE CUARTA
“Sobre los caprichos alquímicos de la naturaleza.”

Entonces Deucalión accede a hacerlo,
se cubre el rostro mientras la serpiente
reptando se desplaza lentamente
al fondo del palacio de calcitas.
Y allí do banderolas y helictitas
decoran un recinto preparado,
Apolo finalmente es invocado
mediante luz votiva y oblaciones,
dictando por Pitón revelaciones
que escucha nuestro héroe engatusado.

- ¡El polvo es la materia primigenia
del hombre, de la bestia, del cultivo;
por tanto, ¿puede haber algún motivo
que impida al mismo SER cuanto le plazca?!
Si dices: "Piedra, de tu polvo nazca
robusto corazón, labio discreto,
cerebro dócil, venas, esqueleto,
vital aliento o rítmico latido."
¿No hará a tu voluntad lo requerido
mutándose en orgánico sujeto?

Parece inverosímil, mas no tuerzo
mi lengua en artificios ni teorías,
si sigues mis palabras este día
naciones brotarán de los escombros.
- ¿Qué debo hacer? – Arroja sobre el hombro
tu limpio pedernal, hueso de Gea,
y tras de ti hallarás lo que deseas:
varón, mujer o grácil criatura,
dejando su asfixiante sepultura
en pos del aire gris que nos rodea.

“¡Así lo haré!”- Retumba, trona un grito
y su eco resquebraja las paredes
del dombo natural donde sucede
aquel prodigio previo pregonado:
El duro pedernal es arrojado,
cayendo y rebotando varias veces;
se encoge, se alabea, se estremece,
se para, salta, cae, se fragmenta
y sorpresivamente experimenta
una transformación que lo enternece.

¡Un hombre! ¡Ya respira! ¡Ya se mueve!
Un ser antropomórfico dispuesto
a irse de la cueva, lleva abiertos
los párpados plagados de lagañas.
Y sobre sus larguísimas pestañas,
encima de las cejas, claramente,
enseña siete estigmas en la frente
idénticos a aquellos que llevara
el perro cuya caza se frustrara
por no medir la astucia en su oponente…



PARTE FINAL
“Sobre el inesperado modo en que concluye esta historia.”


¡Es Lélape! No busca la salida,
sino al lapídeo amor, la que antes fuera
su más preciada presa en las praderas,
los montes, los heleros y desiertos.
- ¿En dónde está? - pregunta el “antes-muerto”
a la serpiente y ésta le contesta:
- Si buscas a Teumesia solo presta
tu olfato al acre olor de mi caverna,
pues aunque afuera es piedra adentro es tierna
y emana aroma su alma, a VIDA apesta.

El perro vuelto un hombre se prosterna,
arrima rostro a tierra con recelo,
acerca su nariz a ras del suelo
y olisca musgo, barro, sal, incienso;
percibe el rastro débil, luego intenso
del delicioso cuero transpirado
bañado por esencias, perfumado
con jara, nerolí, carbón y albahaca.
¡No hay dudas que entre todas se destaca
la piedra de manchones nacarados!

- Es ésta - ¿Convencido? – Por supuesto.
- Tu turno, Deucalión, obra el milagro…
- ¡Despierta noble zorra, yo consagro
el cascarón a Gea, quedas libre!
¡Desúncete del yugo y haz que vibre
tu espíritu animal en sangre humana!
La piedra se cuartea, se desgrana,
se quiebra cual crisálida al instante
y surge de su seno la infartante
mujer, envuelto el sexo en finas lianas.

Ya presa y predador se reconocen,
contemplan asombrados sus figuras:
¿Cabello? ¿Piel lampiña? ¿La soltura
de un bípedo al andar y comportarse?
¡Añoran estar juntos! ¡Corretearse!
Y puesto que sus ganas son bestiales
se escapan a los valles ancestrales,
su idilio repitiendo por centurias:
“Zaeta envenenada con lujuria,
va Lélape tronchando matorrales…”
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El alquimista

De noche,
el alquimista,
mago con caminar de funambulero,
prepara su parafernalia de prestidigitador y titiritero;
y vuela.
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Vuelve a tu hogar, chico

La pieza que salió para engordar
volvió para no encajar.
Cuántas veces te lo habré dicho...
Vuelve a tu hogar, chico.

El lugar al que sin dolor perteneces,
donde encuentras calor y te creces.
Allí donde te esperan brazos amables
y depende de ti si te enrollas con los cables.

Huye de la hoguera y de su humo,
no sigas la estela del garrulo.
Camina seguro por el sendero de migas,
bordea el muro para llegar a la salida.

Sé que no es de tu gusto, amigo,
porque conozco tu mundo herido.
Pero mereces que el hilo resista
y no saber si sigo al alquimista.

No encajas en esa masa de roles,
no acatas ni catas aquello que te imponen.
Por eso te pones nervioso al mirar alrededor
y observar que los bombones se derriten con su hedor.

La pieza que salió para engordar
volvió para no encajar.
Cuántas veces te lo habré dicho...
Vuelve a tu hogar, chico.
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rescoldo primaveral

rosal alquímico de espadas como espinas
que ni parpadea al sentir la llama de la consciencia
reliquia de tu mirada interna
que eleva escombros de luz sin asimilar
libres de interpretación

prostituta de ojos de avispa que tan pronto
me siega la desnudez de tu olor primario
como angula los silencios del verso
para revertir el destino en un pulso dilatado y vibratorio

a la rosa de hierro y sin oxígeno de mi mirada fiel
que espera a la medianoche para medrar entre salivas metálicas
a la rosa centenaria meticulosa y laberíntica
esclarecida del mediodía silbante por su luminosidad

pellizco del agua de ceremoniosa acústica
como huestes que atraviesan el lago celestial
al este del edén
donde los veteranos arcángeles desfallecen
entre alambradas de sombras
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Alquimia Mi Niña

Con una imprecisión angustiosa, con la terrible incertidumbre de las cosas anómalas
procurando que siempre sea divertido,
me atrevo a abrirte
a sacarte las flores para que seas abstracta
y dulce néctar del ser salga por cada uno de tus poros sutiles
tus campos fértiles se avivan y hay una cierta caución entre las bocas,
ya abierta con el corazón disperso, apareció la diosa.

En el intento artístico de darle concepto a tu alma,
la logarítmica esencia de las palabras y emociones exponencialmente crecían
y no había cosa o palabra que se llenara con tu ser.

Las fuertes meditaciones llegan al punto de partida,
al primer puente que construyó el camino sin retorno a la metáfora eterna de nuestra unión.

El amor es sutilizar, es llevarnos hasta los sueños,
es transformar, alquimia mi niña.

El secreto a voces, las palabras concretas,
el mundo lo sabe,
porque con las miradas sin vuelta no se juega
porque con los puentes mágicos entre humanos se aprende de todo,
el mundo lo sabe
se aprende a desvestir el cuerpo, a ver el alma, a sentir el juego
a no vacilar más cuando solo piensas en alguien.

Te miro como los alquimistas miran el alma.

-César Flota-
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La Niña Bonita

Soy leal a la corona
la de cima de montaña
súbdito de esa aureola
y no a la del Rey de España

esa corona me rige
y de su luz soy vasallo
es la Luna quien dirige
y en su ejército batallo

dentro de nuestra colmena
la bandera es tricolor
ya no manda abeja reina
se terminó el estupor

la joya de esta corona
resplandece como nimbo
magia de toda persona
que no se queda en el limbo

si he de besar la corona
que sea la de una flor
de violeta en mi ventana
y que se acabe el dolor

que dimita ya el Borbón
desterrado cual su abuelo
que huya como ladrón
que ya no pise este suelo

si alguien dice su opinión
y en una canción la entona
le va a caer un marrón
de Injurias a la Corona

arde pueblo de República
vamos a por la tercera
una aventura alquímica
una victoria certera

regresa Niña Bonita
yo te entrego el corazón
que en el Reino Pandereta
no hay libertad de expresión.

_
N.S.
14.04.18
87 años de la proclamación de la
Segunda República Española

PD:
En cierta ocasión hubo que escoger rey entre los árboles. El olivo no quiso abandonar el cuidado de su aceite, ni la higuera el de sus higos, ni la viña el de su vino, ni los otros árboles el de sus respectivos frutos; el cardo, que no servía para nada, se convirtió en rey, porque tenía espinas y podía hacer daño. [ Voltaire ]
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