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Haiku 3

Menuda joya
de cuero azabache.
Su voz: un filo.-


@ChaneGarcia
...
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sin comentarios 24 lecturas japonesa karma: 66

26 de julio Santa Ana

"La Gitanilla" es la obra con que Miguél de Cervantes Saavedra, inauguró sus "Novelas ejemplares", hechas públicas en el Madrid de 1613. Es una llana historia que hace una reflexión, sobre el supuesto origen noble de una gtana. Es un poema dentro de una novela corta, incluyendo un romancillo a Santa Ana, siendo el siguiente:

"Por vos y por ella
sois, Ana, refugio
do van por remedio
nuestros infortunios.

En cierta manera,
tenéis, no lo dudo,
sobre el Nieto imperio
piadoso y justo.

A ser comunera
del alcázar sumo,
fueran mil parientes
con vos de consuno.

¡Qué Hija, y qué Nieto,
y qué Yerno! Al punto,
a ser causa justa,
cantáredes triunfos.

Pero vos, humilde,
fuistes el estudio
donde vuestra Hija
hizo humildes cursos,

y agora a su lado,
a Dios el más junto,
gozáis de la alteza
que apenas barrunto."

(Miguel de Cervantes Saavedra)

Este modelo iconográfico de la supuesta abuela del "Mesías", generó una fuerte polémica en el siglo XVII. La idea de la enseñanza de María por parte de su apócrifa madre, fue representación muy popular en la pintura y la escultura del siglo XVII,
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Maldita dulzura la tuya!!

En las comisuras de sus labios,
podían leerse las noches,
que despierta pasó,
entre Sabanas de Alcohol.

Y entre cigarro y cigarro,
siguió quemando una vida,
que sin saberlo,
ya gastó!

NO HAY MÁS CRÉDITOS!!


Solo una simple oración,
al Dios que en silencio,
derrama gotas de vida,
y hace salir todos los días,
al poderoso Sol.
Y.
Muchas noches le oraste,
él nunca, NUNCA, te respondió.

Aquel amor marcado...
Esa infancia con su abuela..
Esa belleza extrema..
Fué su mayor perdición.

MALDITA DULZURA LA TUYA!!!
Pobre víctima de la vida.
Que no canalizaste las aguas
que fluían de tú corazón.
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Mi vestidor

Tengo un vestidor repleto de almas distintas.
A veces me pongo la de ángel.
Otras...
La de sátira me queda divina.

En días duros, me pongo la de heroína.
Y cuando estoy triste, la de muñequita.

Por aprender aprendí hasta ensayar la mirada.

Voy mudandome a golpe de vida!

Lo que revistes y ves, es lo que ve la mirilla.

Soy muy mia!!

Me tocó sufrir lo que a otros no les tocará en la vida..

Bajo esta pluma y papel, se esconde un alma frágil, sencilla.
Pero no te la dejaré ver!!
Tengo un vestidor repleto de almas distintas....
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Sin título

Si pudieras escuchar lo que hablan de ti las hortensias.
Lo que dicen los pájaros de ti ( cuando no ven tu presencia).
Y el murmullo del lago, cuando ve tu tristeza.

Teñirias tu alma azabache con incrustaciones de pena.
En Sol radiante!
Cuajado de estrellas.


Y ningún Jade del mundo igualaría tu belleza!!
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Ana Frank tambien queria ser niña

Oculta andaba su niñez
en la más triste oscuridad
despojada de la bondad
con su inoncencia pequeñez.

Ella tambien quería jugar
correr descalza por los charcos
imaginar su vida en un barco
aprendiendo a navegar.

Más la vida no le dió
y le quito más de lo que tenía
se llevo toda su alegría
y su niñez jámas volvió.
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El libro de Ana...

La lluvia sonaba estrepitosa contra las ventanas, y la noche parecía estar en su apogeo. Fue entonces que sonó el timbre, entre sueños le pareció escuchar el típico sonido del llamado a su puerta, abrió los ojos lentamente y fijó su atención en sus oídos, de nuevo la campana, giró hacia la derecha y parpadeando varias veces tomó su reloj; las tres de la mañana, frunció el ceño tratando de imaginar quién podría ser a esta hora y con este clima.

Se levantó, se puso la bata y las sandalias, se frotó el rostro tratando de despertarse por completo, prendió la lámpara del buró y la tenue luz de noche alumbraba sólo lo suficiente para poder observar la salida de la habitación.
Caminó lentamente hacia el interfono, "¿Quién?”, preguntó con su voz algo ronca y le sonó extraña a sí mismo, "Soy yo, Ana", en ese instante sintió el corazón palpitar con la fuerza de mil caballos, si miraba con atención podía notar el movimiento en su pecho, el sudor frío que le recorría la frente, las manos temblorosas y el nudo en el estómago, no había duda, era Ana, pues sólo ella podía provocar esas reacciones con el simple sonido de su voz.

De todo el mundo de respuestas pensadas y ensayadas para ese momento sólo pudo responder "Pasa" , el tiempo que le tomó subir los escalones fue de muerte y resurrección por la incertidumbre, ¿A qué venía?, ¿Por qué?, ella había decidido marcharse hacía algo de tiempo, alegando que había alguien más en su vida, no precisamente mejor, pero sí era lo que quería por el momento, y no era la primera vez que sucedía, "Soy un tonto, no debo recibirla, no debo hablarle ni ayudarla, cree que siempre estaré para ella y que mi mundo gira en torno a su mundo, sabe bien que es mi sol y yo sé bien que no soy nada, tal vez me quiera o no, tal vez simplemente no tiene a donde ir esta noche y yo como siempre soy su última opción, sin embargo la opción de siempre, el de nunca y el de siempre, el que la ama y al que abandona como un libro que de tantas veces de ser leído pierde el interés hasta que lo encuentras un día de la nada en la repisa, entonces es de nuevo el interés aunque ya sepas lo que dirá, siempre causa expectativa el recordar esos detalles que ya no se tienen tan claros, ese final tan esperado que aún te sigue sorprendiendo, lo amarás, lo disfrutaras, lo sentirás y finalmente lo volverás a poner en el estante, al lado de los otros, y lo dejarás esperando el día en que vuelva a ser leído".
La puerta sonó con un tímido golpeteo, puso la mano en la perilla, sin el valor de abrirla, a sólo tres centímetros se encontraba Ana, ...ella..., respiró profundamente y abrió la puerta.

Ahí estaba, con una pequeña maleta, toda empapada, su cabello negro le caía sobre los hombros escurriendo gotas de agua, la cara también empapada y los ojos lloviendo por dentro; se quedaron mirando por un instante. La última vez que se habían observado de esa manera, ella se dirigía en la dirección opuesta. "¿Puedo pasar?" le dijo con la voz entre cortada por el frío y los nervios, se le notaba en como sostenía la maleta moviendo los dedos, siempre tenía que mover las manos cuando estaba nerviosa. Él no dijo nada y sólo se movió de lado para permitirle la entrada, ella entro y se quedó parada junto al sillón azul, el que habían comprado juntos, a él no le gustaba tanto, pero a ella le fascinaba, y cómo decirle que no cuando te pedía algo con esa mirada. "Traeré una toalla" dijo mientras caminaba al baño, al sacar la toalla del gabinete, sintió como sus manos temblaban aún más, se miró al espejo, y por un instante notó que una sonrisa se asomaba en sus labios, ¿por qué le hacía tan feliz verla si ella era la causa de toda su infelicidad?, salió y le dio la toalla.

Se sentó a su lado después de preparar café, ella lo observaba sin decir nada, justo cuando se disponía a hablar él la detuvo, "No necesito explicaciones, lo que importa es que estás aquí", ella lo miró y se notaba que contenía las lágrimas sólo por el orgullo de no mostrar sus equivocaciones, ella lo sabía bien, él era todo lo que siempre había buscado y cuando lo encontró ya no supo que hacer más que romperle el corazón, con ella era algo inevitable.

"¿Por qué sigues estando ahí para mí a pesar de todo?", le dijo con la mirada perdida en la ventana viendo como las gotas escurrían y hacían figuras con la luz del faro de la calle, "Por la misma razón por la que tú me sigues buscando, a pesar de todo", parecía que la respuesta le caló en lo más profundo, ella sabía que era verdad, sin embargo también tenía presente que volvería a destruirlo al quedarse con él. “¿Y tú por qué crees que regresé?" soltó a manera de no sentir que le ganaban la batalla, ese orgullo, el de siempre, es el que hablaba; él la observo mientras sostenía la tasa de café humeante, "Porque tú mi querida Ana, eres una ávida lectora y yo... yo soy tu libro favorito que colocaste en este estante para que al recordar que amas esta historia pudieras venir a leerlo de nuevo", Ana se quedó sin palabras, "ahora ve a la recamara, conoces todo lo que hay, descansa que mañana volverás a ser la misma", ella tomó su maleta y se dirigió al cuarto, "Tienes razón" le dijo antes de entrar, se detuvo un momento "Gracias", y cerró la puerta, "Gracias a ti, mi querida Ana, por abrir de nuevo esta historia" pensó él, y por fin sus manos dejaron de temblar.
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Profético y real

Si envidias mis cielos

es por que jamás

estuvistes en mis infiernos...

Y!!

Llegará el día,
en que mi conciencia pese menos
que una hoja seca.

Y ese día llegó.
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Tan miserablemente humana

Soy tan extrema; como un puente construido en la cima de una montaña
que lleva a otro lugar.
infinito...

No quiero ya nada!

Solo..volverte a abrazar.

_ y si a ti ya no te tengo( todo es vanidad)

Tan efímero todo
Tan corto el respirar.

Me he vuelto más humana,
TAN MISERABLEMENTE HUMANA!
Que ahora sé, que soy mortal.

El aire puede matarme
El agua, me puede ahogar
Hasta tús dulces palabras... me pueden lastimar.

A mi no me des ya nada, nada material.
Ni te atrevas a mirarme
No me verás!

O me la devuelves a esta vida, o me dejas vivir en paz!
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Sin morir en el intento

[...] Matar un dragón es cosa de un instante.
Resolver un acertijo es un relámpago
de inspiración. Son actos determinantes
pero escindidos del acontecer. Sin embargo,
los peligros de la realidad no los resuelve
un lance. Desentrañar la vida no significa
vencerla. Sortear un escollo no libra del
siguiente...

Érase una vez - Ana Rossetti


Del vientre del tiempo nacieron tantas
púas más que flores,
guerreras de mandil y descosidos,
las sombras de las sombras que obtuvieron
el triunfo, que no era para ellos.

De olvidos se llenan los libros
que hablan del miedo al instinto, a lo frágil.
Yace la capacidad en los brazos
de la ignorancia
—¿o será de la conveniencia?—.

Soy emoción, ingenio, deseo, razón;
debajo de mi pecho,
en mi cabeza,
entre mis caderas, dentro.

Desde siempre, me he asomado a la imagen
que quería de mí, completa,
sin mitades que encontrar para ser yo.
Y sé que la muerte me espera
para dejarme caer en la misma oquedad
que al resto.

¿Tanto pido?
Solo quiero ser paisaje de ambiciones
para mí, hombro, oído, mano, risa.
Ser la pieza que me falte.
Serme toda...
sin morir en el intento.
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Tesoros de verano (relato)

Sentada frente a la ventana pensó lo mucho que había cambiado todo. No quedaba nada de lo que recordaba haber vivido en su infancia. No era sólo su edad, era el mundo.
Recordó, saboreando con placer, aquellos maravillosos veranos de su niñez. El mes de julio al pueblo con los abuelos. Los baños en el río, las barbacoas en el patio lleno de plantas. ¡Cómo se enfadaba la abuela si rozabas las flores! Jugar en la calle hasta las tantas, sin importar horarios. Y luego en agosto a la playa. Solo 15 días, papa decía que salía demasiado caro pasar el mes entero. La arena de la playa, los chapuzones en el mar, jugando con Marcos en la tabla. Las paellas del chiringuito. Casi podía oler todos aquellos aromas.
Ahora, a sus 65 años, sola en el mundo. En un mundo que no reconocía. Donde ya apenas había estaciones. El cambio climático había hecho estragos en los últimos 300 años. Habría preferido morir que vivir todo aquello.

- Señora María – dijo el médico - siento comunicarle que hemos detectado una enfermedad de reciente descubrimiento, muy grave y de la que aún se desconoce la cura. Ya sé que la noticia es terrible, pero hay esperanzas. Como sabrá, el gobierno acaba de aprobar la hibernación para enfermos con enfermedades como la suya. Se espera despertar a los pacientes cuando se halle la cura. Su enfermedad está entre las aprobadas para ser costeada por el estado.

Aquello fue como un mazazo en el alma. Quedarse con los suyos y morir en breve o dormir hasta…..¿quién sabia hasta cuándo?
Sus hijos se empeñaron en que aprovechara la oportunidad, hibernar estaba al alcance de muy pocos, aún era muy caro, y ella podía.

- No seas tonta mama – decía su hija Ana – quien sabe, igual tenemos un golpe de suerte y podemos hibernar alguno. ¿Te imaginas encontrarnos después de 100 años? Te queremos mucho, y aunque sabemos que quizá no podamos volver a verte, si te mueres ya sí que no te veremos nunca más.

Ahora estaba allí 300 años después, sola, con unos parientes a los que no conocía y en un mundo donde ya no había veranos en el pueblo ni en la playa. El sol era tan peligroso que salir fuera durante las horas de más calor estaba prohibido.
Si cerraba los ojos, casi podía sentir el roce de la mano de su madre cuando acariciaba su cara. Podía percibir el aroma de la piel de sus hijos el día en que nacieron. La imagen de su compañero junto a ella. Le perdió pronto, desapareció un día de abril. Un infarto dijeron.
Solo quedaba soñar, soñar con aquellos veranos donde un simple chapuzón en el río o en la playa constituía todo un tesoro.



Hortensia Márquez


(envié este relato para participar en el I Concurso de relato corto “Sueños de verano”, patrocinado por la Escuela Cursiva y organizado por Libros y Literatura., no ha ganado, ni es finalista, pero si ha sido seleccionado para formar parte de la antología que se editará)
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12comentarios 89 lecturas relato karma: 148

¡Oh, Puebla! En conmemoración a la tragedia del 19 de Septiembre de 2017 en Puebla, Méjico

Brama el vientre de la tierra en su locura,
mostrando altiva su poder desde el comienzo de los tiempos,
en estruendos lisonjeros a destajo,
en variantes pulsaciones incandescentes
prepara su rugido de años silentes.

Como acto ritual la tierra mece
su eterno giro de atracción que la conmueve
y entre ires y venires su faz renueva.
Sin querer lastimar, sin ser malévola,
siendo martes en septiembre…
a las 13.14… justo allí, se estremece.

Y comienza a rugir con voz felina
y parte la roca como broca diamantina,
sin saber que al temblar su faz divina,
traerá quimeras a una población que hasta hoy llora la pena.

Almuerza el infante recién llegado de la escuela,
la abuela duerme su siesta tempranera,
en la oficina los ordenadores calculan estadísticas de ventas
y el cartero reparte encomiendas.
Día igual al amanecer de cualquier día
que al llegar pasado el mediodía,
el grito de la tierra en hecatombe,
resonó su furia en todo Puebla.

Como papel cayeron las paredes
y la corteza se abrió en grietas sin finales,
donde los gritos de la gente no se oyeron
ante el bramar ensordecedor de sus entrañas
Fue un tiempo de eternos instantes
y momentos, como cuadros en cámara lenta, días de terror,
hielos de dolor y un sol sin lumbre…
Gente por ahí saliendo a correr, buscando algo firme,
que bajo sus pies no vibre otra vez el dios de las cumbres.
Llantos de terror, pánico, escozor… perpleja la gente…
Las bocas cerradas, los ojos incrédulos,
un frio en la piel que quema los huesos
y el corazón a mil en doble latir de supervivencia.

Los niños perdidos, llorando entre las piedras,
los perro aullando el dolor de una perdida.
Escenas repetidas en cada callejuela…
Tristeza de no saber si aun su amor vive,
desolación de ya no tener casa, ni techo , ni cama,
ni saber dónde estará nuestra querida Ana.

El futuro cierto se sepultó bajo tres metros de escombros
y nuestros corazones no salen de su asombro.
Toda la ciudad quedó reducida a nada
y nuestros hermanos perdieron lo que más preciaban,
el mundo entero los acompaña
y aun así la desolación invade sus almas.

Y en números se cuentan sus réplicas,
nos dicen de trescientas setentas las vidas hoy muertas,
heridos… de a siete se cuentan los miles,
las perdidas en billones
y el dolor de ausencias medidos en infinitos galones.

¡Oh, Puebla,
que hoy llora la pena de una destrucción injusta y certera!
¡Oh, Méjico de tantos embates,
desde las ruinas siempre muestras al mundo tu grandeza!

A.B.A. 2018 ©
Amalia Beatriz Arzac
Buenos Aires Argentina
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La Ballena

¿ Se llena ?

¿ Emballena ?

¿ Rellena erres, yes y reyes ?

¿ Llega por yemas ?

¿ Lleva un valle ?

¿ Vale sin ballet ?

¿ Llaves valla ?

¿ Ya ve para que yo vaya ?

¿ Lava esa bala de lana ?

¿ Leva la leña de la lela ?

¿ Alaba la be de Ana ?

¿ Bala vana ?

¿ Va a la Habana ?

¿ Mellas halla ?

¿ Mea con ayas ?

Allá ella.


Alfredo Vento
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Doña Ana... El Amor Esta En El Infierno

Recordó esas manos pasando por su mejilla y el recuerdo le atravesó el corazón. Había algo que se parecía a la alegría, también algo con todas las características del dolor. Pues esas manos no solo eran creadoras de caricias, a veces eran bruscas, a veces de seda.
Recordó esa voz y le dolio el silencio que se apoderó de la casa desde su partida. Esa voz que apenas susurró palabras de amor, pero dolía mas el silencio y la soledad que el recuerdo de sus gritos hirientes.
Recordó esa mirada que nunca pudo leer y le dolio las veces que le mendigo atención. Se vestía para esos ojos, coqueteaba para esos ojos, esperaba por esos ojos, esperaba por los menos que se enteraran de su presencia esos ojos. A veces hubo migajas de parte de esos ojos. Era poco, pero le llenaba el alma.
Recordó su olor, el olor perenne que dejó en la cama, su olor al llegar del trabajo. Sobre todo, recordó el olor de ese perfume que le torturaba la dignidad, ese olor que traía cuando no amanecía en casa.
Lo recordó como de costumbre, recordó a ese viejo muerto. Lo maldijo por la vida que le dio y se maldijo por extrañar todo de él, hasta el tormento.
Y sintió que tal amor no pudo haber venido del cielo, pues después de muerto tuvo que haber vuelto al infierno. Y suplicó por el fin de su vida para ir detrás de él, para ofrecerle cafe, para quemarse con el, para verlo.

A veces el amor es eso,
es... eso.
Simplemente eso.
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Llovizn(ana).

Contacto de pupilas y mi apocalipsis
se congela.
Las agujas del reloj se atrancan,
mi invierno se para
y me plantas primavera en la tierra de mis lunares.
Floreces de antemano en mis semillas
más estériles y muertas;
previenes mi sequía.

Pintas paisajes sobre mis hojas de otoño
apunto de resquebrajarse
y así das color a una estación que creía perpetua.
Mientras tanto nuestras raíces se entrelazan,
una arrebolada nos abraza
y me siento inefable.

Yo intento compensar tus chubascos
llevándote unos cuantos sobre mis hombros
—como tú con los míos—,
ya que el fuego compartido causa menos incendio.
Te escribo poesía desde los tallos
hasta los pétalos;
lluvia de ósculos,
poco a poco,
aún con ese reloj estático,
dejando que la tormenta truene lo que quiera
porque ahora mandan más nuestras fuerzas.

Amor, gracias por ser llovizna en plena ola de calor.
Juro que siempre seré rocío en cualquiera
de tus desiertos.
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Amor de Juventud

Y si lloviera?...
Ay! Si lloviera...
Nos bañaremos como pardillos en la corola de una flor.
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El coraje de la vida

Ni un vestigio de vida.
Ni un leve recuerdo.
Ni una mirada suspendida en otra mirada.
Nada...pero existo; despúes muero.
Menos que un soplo.
Un grito.
Una milesíma de segundo, sin haber odiado ni querido.
Una vida sin sentido.

PREFIERO!

Arrastrarme por dunas desierto.
Arañar el arcoiris.
Volar en contra del viento.
Vaciar mares a sorbos.
Que digan, lo que digan.
Viviré con intensidad mi vida!
Despúes muero.
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Hoy

Hoy opté por ponerme;
El vestido de la esperanza.
Enfundarme las medias de la alegría y los zapatos de la pasión.
Hoy opté por pintarme como una cavaretisa y tener aptitud de diva ( sin olvidar mis gafas de sol).
Que nadie mida mi tristeza.
Ni entrevea mi dolor...
Me atomizaré un perfume, con notas altas de ámbar y rosas de Japón.
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Historia de un actor

Mi padre fue un hombre distinto, tal vez por que sus tíos y primos eran dueños (o son) de medio Tucumán vendiendo y comprando hoteles de millones de u$s y el murió en una pieza sin mayores valores que su inquebrantable honradez y sus más de 400 libros.
Lo realmente curioso es que trabajo en muchas concesionaria de autos en buenos puestos u otros tipos de trabajos diversos siempre con importantes cargos gerenciales...
Pero lo curioso, decía, era que el en cualquier currículum o conversación en alguna reunión, cuando le preguntaban que hacia o cual era su profesión, el decía "ACTOR" , no con soberbia, de la cual carecía, si no una gran pasión y orgullo, trabajo bastante en teatro, haciendo "El diario de Ana Frank" en el teatro El Globo, una coproducción con John Savage, "Venganza de un soldado" y alguna que otra cosa, realmente nada demasiado importante ni tan variado...
Pero el decía "ACTOR", y así era, así lo sentía...
En su último viaje a Tucumán, allí murió, viajó en tren, cuando el tren estaba por arrancar, se lo veía con una camisa a cuadros a través de la primer ventanilla al otro lado del vagón, como una escena a contra luz su robusta silueta, el día ya oscureciendo, resaltando al rededor el humo del cigarrillo, como una toma fotográfica muy cuidada, la salida muy lenta del tren me dio tiempo para disfrutar de la escena, mientras lo miraba se me antojaba iba a ser la última vez mientras que en mi imaginación escuchaba una voz que decía... CORTEN, SE IMPRIME !!

Esa fue la última imagen de su mejor película... su vida !

Con mucho orgullo y agradecimiento.
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La madre que no emigró

Hija que te me fuiste...
Allá donde estás; quisiera llenarte tus ojitos con mi sonrisa y mis canas,
con los colores de mis palabras que se han convertido en tapetes tejidos.
Me dicen que doña Ana se ha enfermado. Quisiera ir a visitarla, pero no puedo salir de casa porque las piernas ya no me dan.
Mi último pastel no ha quedado tan bueno, pero estoy segura que si estuvieras aquí, te lo comerías todito.
Voy a levantar a Tío Tigre, si le digo que los mimos son de tu parte enseguida se pone a ronronear.
Quisiera darte muchos besos y mirarte a los ojos
para que sientas mis afectos y añoranzas y toda la fuerza de ese cariño que nos sustenta a las dos.
Y que, aún estando en el estrecho de Magallanes,
puedas sentirte como en casa.
Mi chiquita linda; sólo nos bastaría un aparato de esos, con pantalla y con audífonos
para volver a llenarnos las retinas de amor
y los oídos con esperanzas.
Que Dios te bendiga.
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