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Buscando

Buscaba una metáfora
que me liara a tu recuerdo
y a mi mente solo viene
el mar golpeando
con su fuerza mis arrecifes
y depositando tu espuma
en mis arenas.
Buscando la dulzura
de los momentos vividos,
mi entraña dió vuelco
viniendo a mi memoria
que allí en tu día revolotearon tus palomas.
Queriendo recordar
una esperanza, solo vi,
dos sendas vacías
que fueron caminos
tristes e inciertos.
Mas sentí, que tu huella
marcaba mi existencia.
¡Y me alegré de los golpes
aquellos, de tu mar bravio!
Al llegar tu espuma
a mis arenas, conocí
las glorias prohibidas.
Aquellas palomas, que nunca hicieron nido,
me mostraron
a un corazón que aún palpita.
Buscando una metáfora que me lie
a tu recuerdo,
vi, que la metáfora
¡es la vida misma!
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Sublime

Demorando el adiós
me quedé suspendida
entre el abismo y la locura.
Ansiedad del alma que
perece complacida,
enfangada de esperanza
y orgulloso deseo.

Mi ave errante
ha cruzado en hielo
el cielo de mi engaño;
rasgando las nubes
abriendo las aguas
irguiéndose airosa
sobre mi tumba de arena.

Estalla mi mente
en sacudida eléctrica,
debo partir de mi
cómoda cueva,
sentir el aire,
el océano en mis manos,
seguir la contienda
con mis espejos dorados.
.
Beberé de nuevo del
misterio de la vida
y seguiré mi sendero
honrando así tu veloz vuelo.

Y en mi último beso
sellado en dulzura,
guardo bajo llave
esta noche eterna,
que fundimos en agua
y fuego bajo las sublimes
estrellas de tus mágicas
sinfonías, de mis ardientes
lienzos.

LOUE
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Quiebra el verbo su figura

Quiebra el verbo su figura,
rompe el día su hermosura.
La tarde exhala su último canto de coloridos pájaros,
la función de la vida agoniza
en extenuados ocasos.

El mar aquieta su bravura,
sereno duerme en su paz de olas.
Observa absorto,
la agonía del día.

Las nubes con sus capas grises,
ocultan al gallardo de los crines de oro,
que en sus voces amarillas se despide,
¡Mirad aunque macilento, qué bello sonríe!

El sol
envía reflejos de amor
a su amante mar,
le besa las pieles.
Música de alquimia
en su despedida.
Sublimes pianos de Chopin en su adiós.

Quiebra el verbo del día:
sus gaviotas ilusionadas,
sus gentes laboriosas,
su bullicio de niños...

Las olas,
dan sus últimos besos
a la arena despreocupada y húmeda.
El sol oculta su cara
abrazándose al azafranado cielo.

Quiebra el verbo del día
su figura de dama iluminada,
y da paso al ocaso
que fuga
en sus últimos vestidos amarillos de fiesta.

Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados
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Caída del Cenit

Vagamente me adentro a un espacio que no es mío; ¿por qué me sorprendo? Si al salir del abismo que se encierra mi mente lo único que encuentro son destinos sombríos. Como ver una tortuga sin caparazón, como ver un ave sin alas, como encontrarme en altamar naufragando en la nada. -Es más profundo que eso pienso…-

Al perecer mi voluntad me ahondo cimbreante por escombros masas que tal parecen dóciles a su regocijo ¿Regocijo? ¡Desgraciados! Pero ¿a dónde se fue el deleite de encontrarse a uno mismo? Ese que los rebaños no han encontrado por su nefasta fidelidad al amo y su pedante mocedad ante la realidad que nos mora.

Deserté de mi rebaño… Al menos eso pensaba, pues no más al caminar me encontraba heces varadas en el camino, solitarias en el ominoso yugo del destierro. Quijotesca mi alma se prestó a mutilar todo pensamiento de hielo y continuó su marcha hacia la cresta del cenit. Un camino solitario horado de quimeras que tanto salmodian las gentes. Un sendero amaestrado que busca encontrar tu catarsis recóndita y tu designio más osado.

Ya en la cumbre y su gloria, las derrotas sabían a victorias pues solo me lanzaba al destierro de mi nube contigua. Al perecer volvía con más dinamismo al venidero pues en cada nube remota conseguía un raudal húmedo que hacía llover toda gota del saber, creando en mi alma un ameno océano del incólume cenit.

¡Ay María! Diosa de la tempestad ¿qué has hecho? Convertiste cada nube en un céfiro de tu maldad y dejaste abatirme más allá del océano donde lo níveo no reina. Denotaste toda la furia del océano en un bramar de nubes súbitas, obligándome a caer directo al fondo del cántaro penitenciario. Ya en la escoria creí ver rostros conocidos ¿será el rebaño del cual intenté escapar?
Lugar muy abundante donde vertiginosamente la amabilidad te embala. Atado ahí, los rostros se ofrecían a quitarme el caparazón y teñir mis alas como si hubiera llegado a su hogar, como su hubieran aburado su alma. Rostros expertos en remover alas inéditas; lo podía apreciar por sus lujosas tijeras. Rostros egregios en tatuarte alas ilusorias prometiendo ser más grandes y caparazones sintéticos prometiendo ser más fuertes. ¿A qué creer? La caída de los cielos es como el choque de las olas con los puertos; una parte coagula erráticamente en el muelle y la otra venturosa se enraíza en la cubre del subsuelo de la arena. Allí en la arena me encontraba, sin caparazón para flotar y sin alas para nadar ¡Qué suerte la mía!

Sería indigno negar que mi agraz vertiginosidad ante la caía no está cubierta de confusión. Hasta el más ilustrado cae en la astenia de volar con el raudal infame de la ignorancia. Hasta el más quijotesco alguna vez se ve arrastrado como tortuga por los mares evanescentes del suplicio ameno de la derrota. ¡Allí me encuentro! Junto al oropel halagüeño de sus encantos y tras rubias amargas de dulzura, encontré un ser que no conocía. Un ser mórbido y ahormado por lascivias coloreadas por las masas funambulescas. Un ser que traicionó toda su honra por complacer cervalmente la plebe, merecedor de cualquier aflicción y amargura tras ajar las afroditas de los cabarés, envilecer a las náyades de su más solemne vergel y peor aún, abandonar sus miríficas costumbres que tantos lauros le habían servido de talante para su odisea. Después del desvarío nefasto solo resta la delación de los seres cándidos de mi devoción y verter en mis hombros todas las atribuciones que el perecer el ocaso y romper el alba son el perenne arrepentimiento de mi lozanía.
Después de un raciocinio diáfano en mis días sobrios no me explico cómo al llegar el final de la hebdómada rindo vasallaje nuevamente a mi pueril arrepentimiento. Se repiten los rostros y la cogorza me enyuga a la más tumultuosa situación. Ya embalado de tantos placeres y lograr fugarme de mi alma en busca de esos efímeros momentos donde creía ser bienaventurado se superpone en medio de la tertulia un santiamén de conciencia.

En mis intentos de entreabrir la mirada para apreciar mi luctuosa realidad veía las mismas sombras tortugas sin caparazón y las mismas aves sin alas, como si apreciara el reflejo de mi espectro. Una se acerca y me dice: tu rostro me es conocido, pero creo que en un sitio muy lejano donde las nubes reinan y la utopía nunca acaba de maravillar la cúspide del cenit. Turbia mi mirada como si me hubieran tatuado las pupilas, pude ver la silueta de este ser análogo en caparazón y en alas a las que tenía. Espantado ante lo visto, siento la gravedad azorada a mis pies y vertiendo en mi mente recuerdos osados del alma aquella que por céfiros turgentes había perdido, siento cuando el aupar de mi alma grácil se transforma en lúcida y tiñe el raciocinio cambiante de mi ser.

Al manifestarse el alba resulta mi despertar en el puerto, siento la pereza de mi voluntad reflejarse en mi testa cansada de impetrar, suspiro entre la salazón y observo hacia la cumbre apacible del cielo. Veo nubes distantes, pero más cerca que el abismo insulso de la ignorancia en el que me encontraba y comienza mi alma a soslayar mis penas y enigmas y apoderándose del raciocinio grita: ¡eres más profundo que esto! …limpio mi cara y emprendo nuevamente mi odisea hacia el cenit.
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Entre vistas

- Y su nombre es...
- Roxana. Pero me llaman Ro.
- ¿Sexo?
- Todas las veces que tenga ganas.
- ¡Sra.! Me refería a su género.
- Femenino. Sin x de inclusivo al final. Escriba bien, por favor.
- ¿Edad? Claro que si se puede saber. Ya todos conocemos la coquetería femenina.
- Exacto. Y por la misma coquetería, le cuento que cuento con 52.
- Ufff son un poco muchos. ¿Le pesan?
- Ellos a mí, no. Yo a ellos... estimo que bastante.
- ¿Se cuida?
- ¡Claro! Cruzo la calle mirando hacia ambos lados aunque sea de una sola dirección.
- Me imagino. Pero me refería a su físico y su salud.
- ¡Claro! Cruzo la calle mirando hacia ambos lados aunque sea de una sola dirección. Y los excesos... trato los excesos con mucho cuidado. Que no rompan nada.
- Ajá. No es su mejor día, ¿cierto?
- No lo sé. Por ahora camina.
- ...
- ¡Es cierto! No me mire así.
- Bien. Hablemos de cosas más sencillas; algo más liviano, más banal. ¿Qué tipo de moda sigue Ud.?
- La mía.
- Me imagino. Si no quiere responder, no lo haga. Pero paremos con el boludeo...
- Disculpe, pero Ud. pregunta y yo respondo. Que no le sirvan mis respuestas, es otra cosa. Sepa que nunca fui buena vendedora. Y lo dejo ahí para no complicarle la entrevista.
- Ok. Ok. Entiendo. Al día de hoy, 18 de julio de 2018, ¿qué fue lo último que se compró?
- Una bikini.
- ¡Sra. que estamos en invierno, y a su edad!
- ¡Qué! ¿Me perdí de algún reglamento? ¿Rompí algo sin querer? Lo siento mucho. Soy un dinosaurio en un bazar. Lo sé.
- Por supuesto que no. No me malinterprete. Pero convengamos, y sin ánimo de faltarle el respeto, que ya no tiene veinte años.
- ¡Claro que sí! ¿Cómo cree que llegué a los cincuenta? ¿De golpe? ¿Por un acto de magia? ¿Un milagro, tal vez?
- Me refería que ya no tiene, y no se ofenda por favor; el cuerpo para lucir un bikini. Hay otras alternativas y encima, estamos en invierno. O sea, ¿con qué necesidad?
- Si me compré un bikini en invierno (y no se ofenda, pero parece que le afecta un poquito el temita del frío) es porque no estoy muerta y si no estoy muerta tengo un cuerpo y si tengo un cuerpo... ¿Ve? Es sencillo. Pellízqueme el brazo y va a ver como le grito. Le juro que no soy un fantasma, estoy vivita y coleando.
- Lo que quise decir, y discúlpeme Ud., es ... de qué manera podría explicarlo... A ver... ¿Conoce Ud. el término gravedad?
- ¿Se refiere Ud. a la importante o a la que nos cae encima?
- Vamos queriendo... Exactamente, me refería a la gravedad ejercida en los cuerpos por la atmósfera terrestre; pero sobre todo por "¡el tiempo que vivimos bajo esa atmósfera!" No sé si me entiende...
- Y... no termino de comprender. Sepa disculpar.
- ¡Ay, Sra.! Me la está haciendo difícil. Yo trato de ser amable, ¡pero Ud. es imposible! Dígame, Sra., y con mucho respeto le pregunto, ¿tiene Ud. flacidez?
- ¡Claro! Te dije que entiendo los términos de la gravedad. Es la voz de la vida. No la más amable, por supuesto.
- ¿Ve que no era tan difícil? ¿Estrías? ¿Tiene Ud. estrías?
- ¡Por supuesto! Tengo un campo de mieses maduras tatuados, sin tinta, en el cuerpo.
- ¡Dios! ¡Ya va a entender que hacia donde vamos es por su bien! Celulitis. ¿Tiene Ud...
- ¡Shisus! ¡Por supuesto! Tengo una calle empedrada de mi barrio natal, esculpida desde la cabeza a los pies.
- ¡My God! ¡Ud. no tiene vergüenza!
- No hay tanta en existencia. Parece, pero no. Y la que me tocó, me queda justita justita.
- Seguro tiene espejo en su casa y ha visto... le reitero, que mis comentarios y sugerencias son con mucho respeto, esos "rollitos" ya que saltan a la vista de cualquiera.
- Quiero que sepa que uso lentes, pero sólo para leer o depilarme las cejas. Que en general, veo muy bien.
- Con más razón, y me alegra mucho por Ud. ¿Entonces, entiende que cae Ud. en el qué dirán?
- Que lo digan. ¿Ud. está bien? Me preocupa esa cara. ¡Respire!¡Respire!
- Sra. quiero decir, que si Ud. es consciente que con una bikini, "a su edad", "con todo eso que no quiero recordarle que la decora", aunque sea en verano y caminando las arenas más blancas, ¡la van a mirar y murmurar a sus espaldas en su idioma y en otros!
- ¡Que ya te expliqué que no soy un fantasma!
- ¡Lo sé! Lo entiendo. ¿Pero con qué necesidad?
- ¿Qué cosa?
- ¡Exhibirse así, sin pudor! ¡¡¡¡¡Es una Sra.!!!!!
- ¡Ayyyyy que me da un ataque! ¡¡¡¡Ayyyyyy que me da!!!! ¡No me digas que hasta acá hice todo mal! ¡No me digas! No me digas!... ¡No me digas que tenía que importarme lo que opinasen los demás de mis gustos y placeres! ¡Ayyyyyyy que me da! ¡¡¡¡Me da!!!! ¡¡¡Que me está dando!!!
- ¡¡¡Sra.!!!! ¿Se está Ud. riendo de mí?
- No. Para nada.
- Entonces lo parece.
- Me río de los prejuicios. Y esos, no sos vos; están en vos. El día que puedas. El día que lo comprendas. El día que la vida te despierte algo más que los ojos. Cuando notes que vivir bajo la aceptación de los demás, es la gravedad que perjudica. Ese día, nos reímos juntos. ¿Café? ¿Mate?
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Hubo un tiempo...

Hubo un tiempo en que escribía,
por la noche, a las estrellas.
Les hablaba de mis sueños,
de las cosas de la tierra,
de los guiños de las olas
al dejar, con las mareas,
esos rizos extendidos
por la playa y en la arena,
y es que todo era posible
en el verso y el poema
que nacían, en la noche,
con la luna de linterna
y salían, indecisos,
los escritos con mis letras
pero llenos de ilusiones
y queriendo ser viajeras...

Hubo un tiempo en que los niños
sí querían cosas ciertas.
Por ejemplo el aguinaldo,
traducido en sus pesetas,
y también las caracolas
que escuchaban las sirenas,
o los cuentos de castillos
que ocultaban a princesas,
y es que el tiempo de la infancia
pasa pronto y bien se aleja
descubriendo que esos días
son instantes sin respuesta,
porque queda la nostalgia
de esa vida tan intensa,
que marcó nuestros destinos
de una forma tan maestra...

"...Hubo un tiempo, me pregunto,
en que amaba los poemas,
que la vida nos dejaba
cada día en la alacena;
pero ahora es otro tiempo
en que miro a las estrellas
y la infancia, ya lejana,
acrecienta mi tristeza..."

Rafael Sánchez Ortega ©
09/07/18
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La luz

A veces la vida es una vela
que apenas alumbra tus pies.
La miras, como si en la mirada
pudieras convertirla en hoguera.

Tenue luz que calienta la ilusión,
el faro que va en ti volverá a relucir,
madera del barco varado,
acostado sobre la arena.

Amamanta la sombra un gigante dolorido;
un hombre que anda partido
y no se doblega, igual que lo hace el trigo.

Dichosa luz que no se apaga,
y a la tempestad da la batalla,
es un viejo navío que no encalla,
tronco de almendro florecido.
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Castillos de arena y torres de papel

Castillos de arena, torres de papel… Nada de piedra o cemento, nada que sea resistente.

Y, es que un día te levantas sonriendo por el castillo y un segundo después llueve y se derrumba.

Y, es que una noche, poco antes de dormir, recuerdas esa torre, recuerdas ese momento en el que dejó de ser de cemento pues con una brisa de aire se voló completamente. No sólo era de papel, sino que resultó ser de naipes de picas, negros. Negra descubriste que era, de papel y negra.

Y, es que te miras al espejo y ves arena, pero evitas llorar para que no se desvanezca todo lo que eres, o parte de lo que eres, esa parte de arena que se puede perder en cualquier momento pero que construyes y reconstruyes.

Y, es que lo miras a los ojos y sólo ves naipes negros en sus pupilas. Quizá fue el viento, quizá fue que tú soplaste…, es irrelevante, simplemente se derrumbó y ahora sólo puedes ver las picas que ya no forman nada, que ya no son torre.

Y, es que hay arena y papel a nuestro alrededor, sólo que a veces, el agua o el aire tardan más en llegar para descubrirnos la verdad, verdad que nadie quiere, aunque diga lo contrario, conocer.

No hay roca o cemento, y no intentes comprobarlo pues aire o agua harán su trabajo.
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Bajo esta lluvia. (colaboración con @sarrd8r)

Estrellas titilantes
ahora apagadas en tu cielo,
senda lánguida de sueños
ecos de olvido en mis ojos.

Sentidos tamizados
entre señales y cruces,
donde mudé la piel del corazón.
Abrir mi pecho hasta hallarte,
desechando los silencios,
recoger el recuerdo
cual ramillete de violetas.

Me llueves
como diluvio improvisado,
despertando la piel a tu roce
encontrando los tesoros
que siempre te guardé.

Te aguardo como arroyo
que irriga la arena del cielo,
como sombra en busca del cincel
que esculpe la luz,
silueta que serpentea
entre el Hades y la pira
que consume el verbo.

Secretos como astros de cara oculta
distancias fragmentadas deslizándose
como reguero de cristales en mis pupilas,
la nostalgia de vivirte.

Pegar el polvo de mis suelas al reloj
hasta conformar el tiempo,
coserlo en la solapa de tus tañidos,
montarnos en el carrusel
de nuestras fantasías.

Acabar bailando bajo esta lluvia de ausencia,
gotas que dibujan puntos suspensivos...

"Ámen".
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Tanka

Tus manos llenan
de caricias mi cuerpo
tocan mi piel
como olas en la arena
van rozando tus dedos
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Recuerdo de un triste verano

Aprendí una vez tu nombre,
de pronto fuiste mi mujer.
Antes yo fui tu hombre
y ahora soy el anochecer.

Era el mismo mes de enero
y el mismo seco estío.
Esa vez yo vi un lucero;
eras tú, amor mío.
Fuiste tú, amor mío.

El sol ya agonizaba
sobre el reino que se iba.
El rojo al cielo conquistaba
y tú lo hacías con mi vida.
Y lo hiciste con mi vida.

De pronto bebí tu nombre,
consumí tu esencia, mujer.
Hiciste despertar al hombre
que ahora está por perecer.

Tu mirada felina invadía
todos mis pensamientos.
Sentí que mi mayor alegría
la conocía en ese momento.
La conocí en ese momento.

Tus labios parecían
ser un botón de rosa.
Y yo cómo apetecía
besar cosa tan deliciosa.
Y besé cosa tan deliciosa.

Entonces era mío tu nombre,
respiré todo tu perfume, mujer.
Cómo agradecí ser tu hombre,
y ahora un recuerdo he de ser.

Junto al mar que latía fuerte
en aquella playa rocosa;
te abracé yo a muerte.
Eras tú mi mariposa.
Fuiste tú mi mariposa.

Viví el tiempo de una estrella.
Yo desgarraba tu falda.
Cuánto, cuánto la quise a ella.
Sentí sus manos en mi espalda.
Siento sus manos en mi espalda.

El firmamento tenía tu nombre;
la noche era mi mujer.
Quiero ser ese hombre
que murió al amanecer.

Cuántos besos se perdieron
desde tu cuello a tu cintura.
Para mí era un amor nuevo,
para ti una nueva aventura.
Otra simple aventura.

Acaricié tu piel con ternura,
tus ojos emitían un rubí fulgor.
Recorrí toda tu figura
en el momento del amor.
Qué momento del amor.

Intento olvidar tu nombre,
ignorar tu cuerpo, mujer.
El destino maldice al hombre
que no acepta perder.

Quise conquistar tu alma,
dormir en tu corazón.
Conservaste siempre la calma.
No tuve salvación.
No tengo salvación.

El milagro no se produjo
antes del amanecer.
Quise entonces ser un brujo
para hacerte mi mujer.
Y no fuiste mi mujer.

Cuando descubrí tu nombre
te deseé tanto, mujer.
Ahora este triste hombre
tu imagen quiere deshacer.

El encantamiento no se hizo,
el amor sufrió un daño.
De vivir en el paraíso
pasé a estar en un engaño.
Ahora estoy en un engaño.

De aquella noche de lujuria
huellas sobre la arena quedaron.
El amor no estuvo a la altura
de hacer dos enamorados.
No hizo dos enamorados.

Ya casi olvido el nombre
y las lágrimas por esa mujer.
Abandonado está este hombre;
triste y solo ha de permanecer.

Fueron bellos los besos dados,
el placer de tu desnudez.
Las caricias. Los dos abrazados,
todo se hizo de una vez.
Todo murió de una vez.

Eras tú la inmensa noche,
era yo el paciente mar.
Te quise llevar conmigo,
mas no sabías nadar.
Nunca quisiste nadar.

Inhalé una vez tu nombre
y solo por un anochecer
fui yo tu único hombre,
fuiste tú mi amada mujer.
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Casi te olvido

Casi te olvido
-porque los amaneceres
no esperan al despojo de una
lágrima-
y el sol siempre sale a pesar
de las tormentas.
Casi te olvido

y al preguntar por ti la gente
me quedo muda.
y al recordar, se me detiene
el paso cúal reloj de arena
Casi te olvido
porque la noche no es buena
cuando se trata de la soledad
porque la bondad de un beso
nunca podrá con la implacable
fuerza de la costumbre.
Casi te olvido
porque el olvido no se detiene
no pregunta, no da segundas
oportunidades
Casi te olvido y al retenerte
tengo la sensación de que al final
tu serás el que me olvidarás.
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Nos fuimos

Bailo en la oscuridad. Como un nenúfar se abre mi alma con un solo roce. Y cae disuelta entre tintes de noche.

Y se agolpan los deseos y el olvido, en pugna por ver cuál de ellos me arrastra hasta que crujan mis ganas.

De pasos turquesa y de sombras cobalto. Así es mi memoria. Serpentea en surcos de voces, en susurros de bosques, en relojes de arena.

Y te vas.

Y me voy.

Nos fuimos.
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Quinientas razones para seguir amando

Quinientas veces he querido gritar la verdad
como gotas de rocío se han evaporado las palabras
como promesas sin rencores
y nostalgia pasajera en un viaje sin el último peldaño.

El tiempo es sometido
vamos creyéndonos inmortales en un mundo pasajero,
en el me he despido del engaño
inundando a mi memoria de verdades
sin mentiras que gozan deteniéndose a cada paso.

Quinientas veces he merecido la calma
sin ser solo una apariencia en los sueños
que creen merecer todo sin deber nada,
huellas secretas de un silencio que habla.

Mis letras me sanan con cada orilla de sus versos
no sé si son sinfonía o solo un montón de idioteces
que juegan a contar la arena en la playa
pero me hacen volver con más ímpetu y amor
por lo que simplemente creo.

Quinientas vanidades sin ninguna locura,
nunca me supo la vida a puras mentiras
me fui metiendo poco a poco a un laberinto eterno,
palabras que hablan lo que la vida se calla.

El silencio nunca fue el último remedio
que teníamos para acallar los sentimientos,
siempre quise amar con todo
a cada uno aún en su miserable recuerdo.

La poesía me dice
lo que trae la nostalgia como un zumbido a dentro
me gusta imaginar que soy tu lector predilecto,
montones de ideas que se las lleva el viento
quinientas poesías se queman muy fácil ardiendo.

Nunca serán un montón de cuadernos
que no se escribieron,
me gustar amar con cada letra del alfabeto,
pasaré mi vida en otros quinientos pensamientos
para decirte todo lo que siento adentro.

Quisiera pasarme centenares de días
descifrando cada momento,
porque amo vestirte y desvestirte
de bellos sentimientos,
la poesía me hierve como fuego lento.

Miguel Adame Vázquez.
El mute
16/07/2018.

Hoy les robo un minuto para compartir mi dicha.
Quinientos poemas se dice fácil
Pero vivo en cada palabra que he escrito, agradezco infinitamente el Don que el Creador me ha entregado, me esfuerzo a diario por pulirlo hasta poder algún día lograr que sientan orgullo.
Soy un poeta en formación que sueña con un mundo en donde nunca desaparezcan las razones y los pretextos para seguir amando.
Amo escribir lo que siento y lo que pienso.
Viva la poesía en cada una de todas sus manifestaciones.

Viva la poesía de Octavio Paz, de Jaime Sabines, de Alí Chumacero. Y todos y cada uno de los cientos de poetas que en su lectura me he formado.

Gracias a mis amigos más críticos que odian el comentario sencillo y la adulación, que sería sin ninguno de ellos.

Viva la poesía Clásica y la letra libre.

poesiasmigueladame.blogspot.com/2018/07/quinientas-razones-para-seguir

"Quinientas razones para seguir amando", un poema de MiguelAdame via @poemame_poesia poemame.com/story/quinientas-razones-seguir-amando



Miguel Adame Vázquez.
El mute
16/07/2018.
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El tiempo que pasa

Deja que pase, deja que pase el tiempo.
Yo que tenía planeado retenerlo en una capsula contenedora del tiempo que pasa.
No hay opción, vivir es dejar el tiempo pasar.
Todo llegará, si es que llega, con el tiempo.
En cambio el desastre se anida, y el gusto a mierda de los días es cada vez mas amargo.
Se construyen recuerdos destructores, y se destruyen esperanzas, se desploma de golpe un sueño, se hace añicos en el suelo mojado de lluvia acida.
Mientras el tiempo pasa el alma parece que se hunde en arenas movedizas, es la alegoría del tiempo que pasa; un reloj de arena en el que la humanidad se limita a sus paredes de cristal, y se desliza a caer o se queda atrapado en la estrechez de su centro.
Ese embudo que detiene la caída, y aprieta los brazos, y conforma una inmovilidad sufriente, no es otra cosa que la espera, la purga, el silencio y la melancolía.
La nostalgia es el tiempo detenido por el cuerpo inerte en el centro del reloj, la nostalgia es tan pobre que se vuelve la añoranza triste de un presente menos doloroso.
Solo queda esperar que una mano celestial voltee el reloj, y girar con el, quedar con la cabeza hacia abajo, finalmente caer entre los granos de la eternidad muerta, y reiniciar la tragicomedia de arenas movedizas en esta maldita capsula contenedora del tiempo que pasa.
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3comentarios 43 lecturas prosapoetica karma: 79

Tu voz

Los recuerdos asumen el papel de notas musicales
y pretenden evitar caer al depósito del olvido;
entonces, florecen los negativos de las fotografías
extendidas sobre la línea del horizonte.
La arena se torna papelillos en días de carnaval
y los viejos se vuelven niños con trastornos de ansiedad.

Los marineros navegan en barcos de papel celofán
y las sirenas seducen con sus trajes escarchados
Tu voz, se iguala al audio maldito del viento,
la que enciende la llama de la alborada.
Tu voz, la tapa del fondo oceánico abierta,
por donde se fugan las estrellas marinas.

A veces, los recuerdos se camuflan
como hortensias camaleónicas
y se destapan como corchos saltarines
hacia el cielo de una boca nublada.
A veces, ellos muerden con sus uñas de gato
y pellizcan la piel de ñame salvaje;
entonces, huyen las pompas de jabón
en sus alfombras mágicas gastadas,
y usted, usted mueve sus aspas atascadas,
como diciendo adiós...voltaré.
Por lo menos, su voz es tan común
y se oye por todos lados diciendo te quieros.

16 de julio de 2016
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Amor a la orilla del mar

Un día te despertare con una caricia suave,
será como el beso de una ola a las rocas del mar.
Sentirás silbidos, estruendos y gruñidos
de mi boca para tus labios al rozar.

Te tomare con un abrazo de mis olas
y rodeare tu cuerpo como él sol al atardecer.
Sera un baño de sentimientos bajo el océano
y todos nos miraran besarnos al amanecer.

Nos encontraremos en un estuario de pasión
donde se unirán nuestros ríos y mares interiores.
En un solo cuerpo agónico y en una misma
noche de ilusiones seremos muy felices.

Habrán movimientos de olas en nuestros
cuerpos y me ahogare en tus besos eternos.
Una noche estrellada helada la convertiremos
en calor y habrá un delirio en nuestros interior.

Entre dos botecitos nos dormimos y de telón
de fondo pequeñas nubecitas nos verán al pasar.
Las estrellas nos miraran a lo lejos y nuestra cama
de arena será nuestro refugio a la orilla del mar. 

Con tu cuerpo hare un castillo de arena
para que todos lo contemplen. En el centro
pondré un corazón de perlas cultivadas
con tu nombre, mi nombre y un “te amo”.

Así será nuestro viaje al atardecer, con tu
cuerpo formado de olas, ondulado, suave
y a veces tormentosa; como es usted, como tú,
como te veo…… hermosa a la orilla del mar.
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Suspira el viento

Suspira el viento que vibran en el pecho
cuando me atraviesa desnudando mi ser

no puedo mentir al viento en tardes oscuras
cuando vienes a mi mente y me trae tu voz

me dan miedo el desierto en que me convertí
donde nada queda sólo roca, sal y aridez

donde el sol se escondió en un perenne ocaso
donde ya no llueve y mi rosal se marchitó

donde el jardín de mi alma se hizo pedazos
y el viento cual pétalos sus ruinas esparció

El mundo de ilusiones sueños y esperanzas
con el viento en partículas de arena desapareció

Suspira el viento al atravesar mi pecho
sabe que lastima y tiembla también de dolor.

MMM
Malu Mora
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El aire y su lengua

El aire y su lengua.

Quiero que el aire te bese con su lengua afilada
acariciando tus mejillas con su saliva
rocié su liquido suavemente sobre la piel
sonrosada y limpia.
Sabor a melocotón como de una fruta prohibida.
El beso de Judas.
La serpiente pecaminosa
de esta vida.
Cuchara de mármol.
Palomas de arenas.
En un desierto
exiliado.
Un hombre
solitario
camina.
Y
el
aire
le
B
E
S
A.
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2comentarios 63 lecturas versolibre karma: 97

La mentira

La mentira
saco de arena que se filtra es,
y solo te devolverá llanto y revés,
aluviones en bolsa de seda,
pero cuanto menos lo imagines, reventará.

La mentira parece fila de mansos corderos,
pero cuando menos lo pienses,
se convertirá en lobo hambriento que te desgarrará.

Porque mentira,
mentira es.
No hay mentira blanca, ni chiquita, ni piadosa.
¡Mentira, mentira es!

La mentira tiene ojos engañosos,
parece que te miraran de frente,
pero torcidos están.

No te acostumbres a su compañía,
que luego te perseguirá, sin piedad.
No ancles tu barco en ella,
que te puedes ahogar.

Mejor ser puro y sincero
para inspirar confianza y serenidad.

*Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú- Derechos reservados.
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