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Porque callas...

Porque callas ese amor, que te atraviesa como un filudo cuchillo la garganta.

Porque callas ese amor , que te quema el alma como un volcán erupcionando…

Porque callas, ese gran amor que te eriza la piel, cada vez que estas cerca de ella

Porque callas ese gran amor, que te ahoga y te deja sin aliento,

Rompe tu silencio, grita tu amor al viento hasta que tus pulmones revienten.

Abre tu corazón y déjalo salir, deja que ese amor perfume tu vida como las rosas de tu jardín.

Sal, grita su nombre no importa que te digan loco,

Apresúrate , grita lo que callas antes que tu voz se apague.

Grita pronto, no vaya ser que sea demasiado tarde y las sombras de la noche oscurezcan tu vida.
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El ángel triste del jardín

Cada tarde una niña solitaria, a un parque céntrico de la ciudad acude, se sienta en un banco o entre las flores del césped , mira al ángel, lo dibuja, lo estudia, le habla, le cuenta romances, alegrías y penas, y le recita poemas… hasta que empieza a oscurecer, recoge sus cuadernos y se marcha en silencio.

Mil veces ha intentado el ángel despegar un pie, con fuerza inusitada, queriendo ir tras ella, pero cumpliendo condena en la fuente, inhábiles sus alas, solo ha conseguido, que aunque caída desde las ramas de un árbol, una gota de rocío, igual que lágrima divina por su rostro, comience a rodar.

Fue el mismo día, en que enmarcado su dibujo, y terminado su poema, la niña no apareció por allí ya nunca jamás; tan solo un ruiseñor que sobrevolaba las fuentes, vio al ángel llorar, y se dedicó a alertar con un cántico, a todos los ruiseñores del resto de parques de la ciudad, para que si encontraban a la joven, al ángel pudieran avisar.

Nada se ha escrito en los cielos que haya podido causar más dolor, a un querubín celestial, que el estar día tras día esperando, a tan encantadora criatura mortal.

Desde entonces, cuando ya el sol se marcha del uno al otro confín, y la luna sale a brillar, con pasión desatada; un primer rayo plateado, en la noche estrellada, hace borbotear el agua con pompas transparentes como el cristal; melodía y versos de salmodia, hacen despertar primero al hada, y luego a él, que secularmente triste, ensimismado y místico resiste, sobre la fuente manuelina del jardín.

Su mirada opaca, parece cobrar vida un instante, y escapando de la humedad de la umbría, salta la verja y atraviesa la ciudad; encontrar a su amada es prioridad. Pero no conoce calle ni código postal, si está desvelada o duerme; solo, que antes de que el sol le arrebate la ingravidez, a su atalaya ornamental debe volver; y a resignarse por días sin fin a seguir siendo el ángel triste que de bronce desnudo viste.
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También hay Ninfas en las calles

Tiembla de frío en las sucias calles de Guayaquil con un antojo desfavorecido que se inmuta ante la codicia permanente del placer que la rodea. Camina arrastrando una cobija de orgullo, mirando con rencilla la luz hosca de la calle. Desprecia las duras baldosas hasta convertirlas en inocencia y plasma su sonrisa tétrica en cada pensamiento que la abstrae a su mundo, de nuevo cae.

Pasan a su lado diez personas, luego siete, luego nadie. Todos la miran y se alejan porque su cabello huele a ficción y sus manos hurgan la soberbia que se infiltra en cada vena; en la médula que trepida de rabia y en la bilis que quiere brotar de enojo. Sigue caminando y con la mirada destruye todo a su paso; con un gesto circular en el aire precisa poseer todas las virtudes de las mujeres que gritan de hermosura superior a la de ella. Princesa bizantina que no encaja en ninguna canción. Que no palpita en ningún pecho. Que se burla en simetrías con su máscara belicosa de humildad, usando su perfume de poder , ocultando su frente triste y sensitiva como si fuera novela europea.

Para ella todos son tarántulas. Inútiles mortales venenosos que a la danza de cualquiera bailan. Hijos de Pirro bañados con gloria; en la mañana claman por la paz y la justicia, en la noche huyen de los monstruos que vivimos entre ellos, ignorando nuestro canto en las sombras. Nosotros los huéspedes purpuras; locos, dementes, estúpidos, vituperados por los predicadores de cuaresmas y de demonios. Enanos pesados, topos que dañan jardines de la memoria, que se ríen de estas musarañas que se defienden de los depredadores oliendo a inocencia, buscando albergue en la impetuosidad ridícula de los cobardes.

Sigue arrastrando su cobija que se llena de impurezas en contra de su voluntad. Vuelve a su casa dejando atrás el color de sus pensamientos, llevando consigo una luminosidad que ciega a todos. Las tarántulas venenosas hieden de temor ante ella; las baldosas se ensucian de sangre al estallar entre las personas y ese bombazo simpático se convierte en una fábula de Sócrates; en una historia nómada leída por fantasmas, leída por indios. Se vuelve en un diálogo de Apolo con Telfusa para engañar no solo a los hombres, sino a Dios.

Ella se convierte en un silencio inventor, no como el de Cage, ella inventa un silencio especifico, un vacío que la devuelve a las sucias calles de Guayaquil, ese vacío le alivia el dolor de lo lleno; el dolor de un torbellino de palabras que se cortan entre imágenes tontas de ninfas inmortales de primera clase. No necesita atención, sin embargo construye estos vacíos para acoger visiones perfectas que pasen su mirada, por cada palabra, para sentirse como un ángel exterminador a través de una fuga de silencio que se confunde con reinos construidos con naipes. Sin embargo, con tristeza, esta nereida dejará la puerta abierta por si acaso alguien quede lleno y quiera irse; en el caso de que quede vacío, que abucheen al teatro que se abre a su alrededor.
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Hojas de selva

Caminamos por las calles
perpetuando la mirada en los detalles
a la sombra de un rascacielos luminoso
extrañando el olor a tierra mojada.

Los hombres te hicieron así
con la mirada temerosa
que cuenta hasta las palabras
sin el agua de un cielo verdoso.

Con la falsa cercanía de una ventana
y el ruido odioso hasta el hastío
con el clamor y vértigo unánime
sin los jardines largos del tiempo.

Aquella mochila vieja sobre el hombro
es solo un trofeo del tirano sin reproches
es infame su inmortalidad silenciosa
zozobra cotidiana de un asfalto caliente.

Cierro los ojos y veo la piedad
es un tiempo pasado en el socavón de lodo fresco
ahí jugaba con los infinitos azares de la vida
en la tierra pobre que ilumina la fiesta por vivir.

Hojas de selva
mi aerolito
jardín temerario que hace patria
mi esperanza en la lluvia de médanos de mi corazón.

El mute
17/05/2018.

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Cuesta mirar...

Cuesta mirar a las calles
y comprender el silencio
de tantas tardes tranquilas
donde el calor es intenso,
pero las tardes de julio
y las de agosto son fuego,
y nadie quiere pasarlas
en los jardines del pueblo,
hay que esperar a la noche
cuando al ocaso, de nuevo,
vuelve el rumor a las calles
con las palabras y gestos,
de pronto surgen las voces
y las sonrisas al cielo,
porque el ambiente refresca
y están los cuerpos ligeros.

Pienso en las almas cansadas
y en los suspiros del pecho,
en tantas flores que un día
entre los labios surgieron,
y es que la vida nos cansa
y nos convierte en objetos,
en una simple rutina
que nos remite a un espejo,
éste se muestra en el alma,
con amplitud y reflejos,
para enseñarnos la imagen
que nos remiten los ecos,
puede que entonces termine
o que comience ese intento,
el de buscar cada día
una caricia y el beso.

"...Cuesta mirar a la vida
si no te miras primero,
porque con medias verdades
nunca estarás satisfecho..."

Rafael Sánchez Ortega ©
10/05/18
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Entre un silencio perfecto

Como defenderse de la tempestad
con una voz desnuda
que evoca resplandores
ante una inercia casi intacta
por unas palabras que no descansan.

Te leí los ojos con mi soledad
eran como un jardín hecho trizas por la tormenta
no me alcanzo la noche para huir con miedo
seguí viviendo desnudo
callando en el íntimo amor de mis adentros.

Nunca más volví a pensar en nosotros
mi voz se volvió una estéril estatua de sal,
entre labios me esforcé por hablar
fui como un silencio perfecto
que vagó en la soledad de nuestros tiempos.

La muerte amaneció casi intacta
como un desamor que vive entre rumores,
a nadie le gusta adormecer a un ruego
y encontrarse llorando con el pecho abierto
muriendo por un amor enfermo.

Mi poema fue como una sonrisa en descubierto
como un verso desarmado
deshaciéndose en la fragancia de una boca vacía
con el pasado alejándose, escondiéndose del tiempo.

Fui prisionero de mis yerros
cercado entre todos mis errores
como una mariposa sin alas al querer volar al cielo
con la oscuridad de una mirada vacía cayendo.

Con un pequeño sesgo como esperanza
y con la última luz prendida de un fuego
así es mi presagio inmóvil de un páramo sin sueños
como una paloma herida que se niega a morir.

Corté un par de rosas
con la esperanza de poder volver a verte,
te marchitaste antes
entre los colores pálidos de una flor de invierno.

Entre espinas de una ausencia
no te pude más escribir
entre mis poemas te lloré
con mis versos te imaginé de nuevo.

El mute
14/05/2018.
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¿Dónde estás que no me encuentro?

Por la ventana de una sala de espera
que acumula ruido y años, huyen mis ojos
y yo voy con ellos.
Salgo a buscarte, dejando atrás el cuerpo,
ese jardín ajado que añora el rocío,
las flores, las ramas, la brisa, los trinos,
las alas, azules y verdes;
pero…
¿Dónde estás que no me encuentro?
Qué ganas de poner un sol
en medio de la noche…

Nadie sabe de esta quietud,
barahúnda que asola mi pecho
y tumba las horas sobre las horas.
Parezco una loca de brazos cruzados
que no necesita camisa de fuerza.
Todo controlado. Tengo yo una maña…

¡Por favor, que alguien calle a ese silencio!
Que solo quiero oír su voz.
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Estrella Fugaz

En cada latido, temblor o mirada
Se esconden susurros, las voces del sol
Ocultas en fosas, en el caracol
Del ojo silente, sonrisa callada

Nacientes luceros, en noche estrellada
Consuman los sueños con luz tornasol
Abriendo botones, sutil girasol
Jardín de deseos, del alma besada

Volar de cometas, de estrella fugaz
lo esperan mis lunas con fuego en las manos
me dejan destellos con besos de paz.

Y son los anhelos, tesoros humanos
que viven muy dentro con mudo antifaz
trayendo al cumplirse, verdor y veranos.
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El Cementerio de Jaca

Hola, me llamo Ruth. Os voy a contar una historia que me ocurrió cuando tenía quince años y que jamás olvidaré.
Estaba veraneando con mi familia en Jaca, un precioso pueblo de Huesca. Me costó una semana convencer a mis padres para que me dejaran ir a la discoteca con mis nuevas amigas, Silvia y Miriam. Las conocí el primer día en la piscina de los apartamentos. Me vieron jugando con mi hermano pequeño y enseguida se acercaron para conversar conmigo. Silvia era un par de meses mayor que yo, y Miriam tenía diecisiete años.
Sin medio de transporte, sólo podíamos optar a la discoteca del camping. Pero el acceso estaba controlado. En la entrada del recinto los vigilantes comprobaban la identidad del personal que deseaba franquear la puerta. Nosotras no disponíamos de credenciales, ni de un aliado que desde el interior pudiera ayudarnos.
—Hay una solución —dijo Miriam con solemnidad.
—¿Cuál? —pregunté expectante.
—Nosotras hemos entrado dos veces saltando la valla de atrás —comentó Miriam —. Pero no sé si te dará miedo —hizo una pausa misteriosa y continuó —: Hay que atravesar el cementerio. Si vas corriendo y con los ojos medio cerrados no ves nada.
—¿Sólo tenemos que saltar un muro?, ¿no hay una puerta principal? —interpelé dubitativa
—Hay un portón de hierro, pero siempre está abierto —respondió Miriam guiñándome un ojo.
—Parece fácil —contesté sonriendo mientras recreaba mentalmente la escena.
—Pero no le has dicho nada de la vieja loca que vive por allí —añadió Silvia.
Entonces entre las dos me contaron que al lado del cementerio vivía una anciana que se llamaba Teodora, famosa en el pueblo por sus excentricidades.
La describieron como una vieja desgreñada, con ojos desorbitados y uniformada con un atuendo de hechicera malograda. Me explicaron que la anciana emergía de su caótico habitáculo esgrimiendo un sinfín de maldiciones a quienes atravesaran el cementerio en plena noche. Era su cometido y lo llevaba a cabo sin distinción.
Después de cenar esperaba impaciente que vinieran. Cuando llamaron a la puerta salí emocionada. Íbamos las tres riendo y botando por la calle. Nuestras melenas danzaban coquetas en el aire, el mismo que enamoramos con aquellas risas frenéticas: la hilaridad de la juventud.
Intentamos cruzar la entrada del camping, pero el vigilante nos paró y tuvimos que tomar el camino del cementerio.
Antes de llegar al camposanto atisbé el hogar de Teodora. Era una casa lóbrega; con un jardín repleto de objetos decorativos fantasmagóricos, y abundante vegetación marchita. El estado de la fachada era deplorable, con ostensibles grietas y desconchones.
El mensaje estaba claro: había que correr y saltar la tapia en tiempo récord.
Y lo hicimos. Aun así Teodora advirtió muestra presencia y salió de su morada blandiendo una escoba mientras lanzaba maldiciones a voz alzada. Por suerte estábamos a dos metros de saltar la tapia y no puedo darnos caza. Pero su imagen espasmódica y espectral se quedó impregnada en mi mente.

Al llegar a la discoteca dos chicos fueron directos a por mis amigas, y yo me quedé sola. A los pocos minutos las perdí de vista, lo único que deseaba era volver al apartamento con mi familia. Al llegar a la salida del camping vi al mismo vigilante que nos prohibió la entrada. Seguramente no me hubiera reconocido, pero no me atreví a cruzar el acceso. Creía que tomaría represalias avisando a mis padres o alguna contrariedad parecida. De modo que volví al muro del cementerio.
Mientras franqueaba el camposanto vi caer unos guijarros cerca de una lápida, pensé que detrás me aguardaba la anciana agazapada para asustarme. Paré y me acerqué temerosa, pero no vi nada. Y justo al enderezar mis pasos atisbé el espectro de un chico reclinado sobre el portón enrejado, me miraba y me extendía la mano. Avancé sin miedo hacia él y le ofrecí la mano. Enlacé los dedos corpóreos con los suyos traslúcidos, y sentí la embriagadora calidez de su energía.
Caminamos unidos por el bosque, mirándonos y sonriendo continuamente. Tenía el pelo castaño claro y divinos ojos verdes soñadores. No sé cuándo murió, pero su indumentaria indicaba que éramos coetáneos.
Me llevó junto al arroyo, la luna llena reflectaba en el agua abrigando el lugar con luces irisadas.
No hablaba, sólo transmitía un infinito estado de paz. Sentí cómo me abrazaba y su mano etérea acariciaba con dulzura mis bucles pelirrojos.
En ese momento clavé mi mirada color café sobre sus evanescentes ojos verdosos y me dormí acunada en su aura placentera.
Al cabo de tres horas una susurrante voz me dijo:
—Ruth, despierta.
Me alcé como un resorte. Pero el espíritu ya no estaba. Desande el camino corriendo. Las ramas de los árboles se agitaban con virulencia creando sombras amenazantes, mientras el viento silbante contribuía en el plano acústico acrecentando la tenebrosidad del paraje.
Llegué al cementerio y lo busqué, pero no lo hallé. Pasé sigilosamente por delante de la casa tétrica de Teodora, y al final llegué a mi apartamento.




Me desperté pasado el mediodía y bajé a la piscina. Allí Silvia y Miriam me aguardaban para disculparse de lo ocurrido. Les dije que lo entendía y no estaba enfada con ellas. Un mohín de perplejidad cruzó sus rostros, no comprendían mi firme indulgencia.
Cuando les participé por dónde salí, las dos exhalaron sendos suspiros ahondados del alma.
—¿Por el cementerio tu sola? —interpeló Miriam con estupor abriendo exageradamente las cuencas de los ojos —. Pensábamos que saldrías por la puerta.
—Sí. No tuve ningún problema, llegué rápido a casa —respondí soslayando los hechos.
—Esta noche volveremos. Vendrán con un amigo que casualmente ayer no fue. Le hablamos de ti y te está esperando —argumentó Silvia complaciente.
—¿Si? Perfecto —contesté sin celebrarlo.
—Cuando te lo presente vas a flipar —comentó Silvia risueña —. ¡Está buenísimo!
Aquella noche me arreglé más que nunca. Recuerdo que llevaba una minifalda tejana ribeteada con unas piedrecitas de colores y una blusa de tirantes negra. Le pedí a mi madre que me pintara la raya superior del párpado para que me quedara perfecta.
Mis amigas me rindieron un sinfín de alardes y por la calle varios chicos me lanzaron piropos en exclusividad.
Oteamos al mismo vigilante que la noche anterior. Ni lo intentamos.
Atravesamos el cementerio cautelosas para no alertar a Teodora. Ellas saltaron la tapia y yo no. Mi rostro reflejaba la férrea determinación de permanecer en aquel lugar de modo inequívoco.
—Ruth, ¿por qué no saltas? —preguntó Miriam desde el otro lado.
—Mi cita está en el cementerio —afirmé categórica.

Marisa Béjar, 31/05/2017.
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Pequeña mariposa...

Pequeña mariposa
que vuelas y que pasas,
dejando en el ambiente
la esencia de tus alas,
pareces una musa
que vienes con la magia,
el verso y el latido,
nos dejas y te marchas,
y vuelas por las calles
buscando las ventanas,
te subes a balcones
y bajas a las plazas,
encuentras los jardines,
las rosas perfumadas,
y allí, junto a las flores
un rato te descansas...

Alegre mariposa
ya veo que te marchas,
emprendes el camino
del bosque de las hadas,
seguro que en la orilla
el río gime y baja,
por simas y barrancos
que surgen de la nada,
un ciervo se aproxima
y bebe de las aguas,
y tú, mi mariposa
te posas en su espalda,
tus alas le acarician,
le hablan sin palabras,
le dices que en el bosque
se encuentra su camada...

"...Mi linda mariposas,
¡qué bella es esta estampa,
posada sobre un ciervo
tu sombra en él se alarga!...

Rafael Sánchez Ortega ©
10/04/18
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Una caja de zapatos sin cometa

El frío es un adiós entre tu cuerpo y el mío.
La llave del tiempo está gastada y, casi siempre, se pierde.
Se pierde por la casa vacía, por el jardín abandonado.
Abandonado por nadie y por todos.

El frío es un te quiero que nunca dijiste.
La cama sin deshacer y el árbol caído.
Un trineo que va a ninguna parte.
Los besos que te niegas en este salón de cementerio.

El frío es tu mano vacía, la voz callada, las ganas de llorar.
Este encierro en una caja de zapatos sin cometa.
Tus latidos sin sobresaltos. Estos labios cerrados.
Lo que nunca te has permitido.
El miedo a que salga mal. El miedo a que salga bien.
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El perro de las oportunidades

Cogí un perro de la calle
para creer
en las segundas oportunidades

en acciones sin sentido
en llamar a la puerta de la desilusión
sentarme en el sofá con el desencanto
barrer la esperanza
desenpolvar la tristeza
mirarme en un espejo de licores
hablarme sin valor
con quien habita las esquinas
de una casa vacía

subirme a la mesa
e improvisar una canción
con la que poder llorar

ladra el perro agradecido

mientras en mi jardín
de ladrillos crece una selva
de silencios y negaciones
en una vida que ya no vivo
a la que solo sigo
caminando
sobre trozos de vidrio
de licores que me cuidan
acarician
mitigan
alimentan
endulzan
mi pobreza

el perro ladra
habla
de segundas oportunidades


de otras ciudades
de falsas realidades
de conseguir empleo
nuevas amistades
de luces en las calles
de canciones

que invitan a la alegría.

Escucho
abro la puerta
lo miro
me mira
entiende
sale
se marcha

cierro
me encierro.
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Sali a buscarte

Ella salio de casa... con lo que traia puesto y nada mas, nada pretencioso, nada revelador, nada ostentoso, nada mas que ella y su cuaderno (si, cuaderno, a la antigua)salio de casa y camino por las calles conocidas, las que sus pies andan una y otra vez, para que decir que la calle era de adoquin, que estaba bordeada de arboles, que habia luces amarillas, que habia silencio y la enmarcaban edificios de cantera, para que decir que olia a jardin? A hierba seca y madera? Para que decir todo eso si no importaba? Ella hiba caminando y a cada paso olvidaba hasta su nombre, se aferraba a su cuaderno y solo pensaba si diria hola, o bastarian las miradas, si seria el quien sonreiria rompiendo asi el silencio, o si ella tendria que hacer uso de su sensualidad fingida, ella caminaba respirando aquel aire caliente pero fresco, sin reparar en nada, sin dar un solo paso atras, esta vez sin armadura... esta vez el corazon expuesto... porque? No lo sabia! No queria pelear! Ella salio a buscarlo para decirle que no todo estaba dicho, que nada estaba escrito, que aun no era tarde, ella fue a decirle a el que aun no estaba enamorada pero que aquella noche le gustaba para caer entre las garras del amor, ella salio sin pensar en el peligro, en el peligro de una calle obscura y vacia, y peor aun el peligro de un hombre indiferente! Ella salio a buscar la afortunada casualidad de ver aquellos ojos y entregarle aquel cuaderno y reclamarle algunos besos... salio por el camino que conocia bastante bien, llego muy lejos sin pensar que podria no regresar! De hecho ansiaba no volver, ansiaba que aquel hombre le entregara sus brazos para que ella pudiera quedarse ahi, aquella noche y todas las demás... y es cierto, no volvio! Pero tampoco lo encontro! Ella olvido que la mitad del camino le tocaba a el, que para encontrarlo era necesario que el se dejara encontrar! Ella camino mas de la cuenta pero se perdio entre desprecio y silencio... el probablemente nunca supo que tenian una cita aquella noche, y que ella lo espero y lo busco muchas noches mas, alguien podria culparlo? Alguien diria que el es villano? Ella con el corazon roto a veces lo busca todavia, pero lo busca en sus cuadernos... ahi lo encuentra entre melancolias!
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Ángeles (@AljndroPoetry & @Transmisor_d_Sinestesias)

¿Qué ha sido
esa voz de madrugada?
¿La sensación
de estar y no estar?
¿Ese olor a rosas?
¿Esa melodía?
¿Qué erizó la piel?
¿Ese mensaje?
¿Sueño? ¿Realidad?
Incertidumbre y confianza
mezcla que asalta bajo la retina...

Ese dejo a jazmín
en jardín de gardenias,
blandir de cuerdas melódicas
cual sinfonía de Beethoven,
silbido del viento, murmullo
entre hojas adormiladas
de adustos árboles,
caricia etérea
al abrigo de alas protectoras.

No alcanzo a abrir párpados
el alma confiada está
sueño que no es sueño
realidad donde estoy
y no estoy
cuerpo que reposa
sobre lecho inmaterial
sobre alas celestes
sobre cantos al Supremo
entre legiones...

Blandir enarbolado de espadas
de fuego,
cuerpos incorpóreos
con energías descomunales;
librando batallas arcanas
en otra
dimensión existencial,
en una
dimensión espiritual.

Vientos de alas
rompen la noche
a golpe de hierro
Miguel acosa potestades
¿de qué me defiendes?
no veo, solo oigo
voces descompuestas y rugidos
esa luz de su sable
callando la agitación...
y el silencio canta
a esa paz rodeándome...

Y a veces,
cuando el aire se hace denso,
hay un vaho en el viento,
como un efluvio a azufre,
y algo oprime el pecho;
quizás Luzbel ha dejado su estela,
quizás alguno de sus arcángeles...
Quizás Sariel o Uriel
ya le han salido al encuentro,
en una dimensión que solo presiento.

Queda el alma tocada
alcatraces de paz doquier
el pecho reventando
de un aire celeste
el corazón arde
llueven los ojos
ante un amor superior
que se percibe
que se absorbe
que ilumina
que transforma...

Y me refugio, yo
y se refugia, mi alma
y se refugia, mi espíritu
y se refugia, mi esencia toda
y se acurruca, mi cuerpo;
y me llena y me envuelve...
la paz.

****************************
Ángeles
Mesa Compartida
Alejandro Poetry© & Transmisor d Sinestesias©
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Venus

(Dueto Rubén Darío & Yaneth Hernández)

Rubén Darío
En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufrían.
En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.
En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

Yaneth Hernández
Su mirar embriagante, fulgurante de luz me envolvía,
mi delirio y mis ansias fueron notas de absorto clarín,
ella erguida y desnuda, jubilosa y solemne sentía
mi pasión en la dulce ambrosía de un cielo sin fin.

Rubén Darío
A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín,
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.


Yaneth Hernández
Sobrehumana y hermosa en la bóveda triste dormía,
con dulcísono encanto oscilaba como un volantín
y en fiero desaliento procurando alcanzarle quería,
¡qué infame desengaño no probar de su piel el jazmín!

Rubén Darío
¡Oh, reina rubia! — díjele —, mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,
y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar».


Yaneth Hernández
Cuando el cielo del alba se entronice en ardiente diamante
y en el haz de una nube se refleje tu empíreo vergel,
zurciré con mil cirros el ardor de tu fuego constante
y en mi cántaro eterno beberás llanto, amores y miel.

Rubén Darío. Nicaragua.
Yaneth Hernández. Venezuela.
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Heridas de amor

Hablemos.
De la luz reflejada en la fuente de piedra.
De la hiedra
que cubre las paredes que dejamos
en el banco gris.
Han cerrado la verja del jardín
y ahora sólo lo miramos desde lejos
así como miramos nuestros ojos
después de cerrarlos.

Hablemos.
De las manos atadas a la espalda.
De la caricia
que quedó suspendida en el aire
al cerrar la carta.
Nunca se mandó el beso final,
y el abrazo se agotó de arrastrarse
hasta la saciedad
sin lograr encontrarte,
sin saber dónde estaba.

Y a pesar de esto,
callados;
con los labios sellados por un olvido
que nunca tendrá cuerpo.
Y aunque escuece el silencio en las llagas
que nos hizo el deseo,
guardamos en el baúl de las penas
la voz;
no tenemos nada que decirnos
y sin embargo,
me arden en la boca miles de palabas
heridas de amor.
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16comentarios 111 lecturas versolibre karma: 110

Mi ingenuidad

Disfrazo mi tristeza
tras el manto de la realidad,
porque la esperanza
está plena de horizontes
y lo que callo rebosa silencios,
como respuesta al ruido
de mis sentidos.

En mi ingenuidad siembro arena
esperando crezcan playas,
arrastrado por las corrientes de la vida.

Descanso como sedimento
de mis decisiones,
ante la imposibilidad de sobrevivir
en el gris de la paz,
la imposibilidad de respirar
sin el aire de tu boca.

Sentado sobre el picaporte
de la despedida,
en la sala de espera de tu futuro,
mi ingenuidad se debate
entre alimentarse con tu nombre
o navegar en el jardín
de tus miedos mudos,
escondidos tras la traición
de la distancia.

Amén
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Le diría

Un casi recién nacido
me observa entusiasmado
desde el otro extremo del vagón.

Posa sobre los cristales
sus manos inocentes
que nada conocen,
y los pies candorosos
sobre la poca paciencia de su madre.

Contempla ese cielo desmedido del que huimos
mientras se me engastan el rugir de las horas
en un bosque de recuerdos hechos humo.

El niño se ríe.
Me mira de nuevo.
Se vuelve a reír.

Y yo me digo que podría decirle
todas esas cosas que no sabrá
hasta dentro de unos años.
Que, a veces, el empeño
se convertirá en ceguera
intentando encontrar aquello
que ni sabrá que buscaba.
Descubrirá que
no sirven de nada las búsquedas
porque al final nadie
termina por encontrar nada.

Le contaría que cuando todo sea jaleo
y montañas de preguntas por desmembrar,
quizás alguien levante la mano
y quizás las cosas que daba por sentadas
quizás vuelvan a ponerse de pie.

Podría decirle que, un día,
entre mucho cuento y patraña,
plantará una enredadera en el jardín
para así crecer paciente, aguerrido, honrado,
y ser querido y querer mucho
antes de estamparse contra este mundo
tantas veces vacío.

Podría explicarle que, un día,
la verdad se plantará en su calle
y esperará implacable para,
después, despojárselo todo,
incluso la inocencia, incluso la paz.

Podría decirle entonces que,
ese mismo día, esa misma verdad,
le hará arrodillarse entre sollozos
para no tener que morir entre sus brazos.

Y le diría que, a veces,
la vida será así
y que debe estar preparado.

Le diría tantas cosas,
que el niño se vuelve a reír
y yo prefiero callar.
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Niño

Niño duerme en la calle,
en ciudad que amanece vacía.
La sombra acabó con la vida.
La vida acabó con el hambre.

Sonrisas y puñales muertos
corretean por los jardines.
Niño no conoce jazmines,
sólo edificios y campos yermos.

Niño camina descalzo,
entre cristales y vidrio y polvo.
Nunca ha visto unos ojos
que hayan podido amarlo.

Niño no sabe palabras.
Niño no sabe poesía.
Niño no tiene sonrisa,
es pobre para comprarla.
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Sueño...

Sueño….
qué maravilloso es poder soñar, dormir serenamente, aflojar todos los músculos del cuerpo y dejar a la fantasía en total libertad, en armonía con todos los impulsos percibidos pero soñando.
Sí, soy un tipo extraño para el resto del mundo porque en mis sueños estoy en completa soledad, no puedo refutarlo, pero tal vez haya una gran muchedumbre dentro de mi subconsciencia, y eso niega el estado autónomo y aislado de mi ser mientras duermo intensamente.
Me ocurrió una noche que, ya en el lecho, reflexionaba yo, justo en lo sucedido momentos antes.
Y eso no era nada misterioso, sencillamente estuve en casa de un antiguo colega; aunque, si bien es cierto que hacía años que no le veía y algunas cosas eran distintas.
Entonces me encuentro a su lado en el camastro, clavados, viendo una película de Bertolucci y le envío un mensaje de texto a través del teléfono, cuando inmediatamente me dice que debe irse.
No tiene sentido porque me encuentro en su casa, a su lado, y yo soy una visita, y me declara que debe marcharse al trabajo.
Pero así ocurren las cosas cuando uno duerme profundamente. Inmediatamente, escapo de la casa hacia unos jardines comunales, y me aproximo pausadamente hacia una señora que, inmóvil y ceñuda, me examina fijamente.
Ella está perpetua en el jardín, como si fuera una efigie, parte de la decoración.
Ahora regresa mi colega, parece que retorna porque olvidó el táper con la comida. Se lo doy yo, no comprendo nada, me siento desorientado.
Me agradece lo del táper y se larga en su moto, voy caminando, todo se distorsiona, las calles permutan.
Entro en el supermercado, hago cola para comprar algo de carne roja pero me voy sin llevarme nada, estoy irritado.
Busco mi hogar, no doy con él y llego a una avenida que resulta ser una librería especializada en bestsellers, perdón, en superventas.
Imaginaos la confusión, todos los libros parecen tener vida propia. Hay Ken Follett´s, Cohelo´s, Dan Brown´s, biografías de un ex presidente y Stephen King´s para colorear.
Quiero irme de aquel sitio por lo que veo y por la angustia que me provoca la empleada.
Gesticula sin parar tocándose su aceitoso cabello y me escabullo de sus grasientas zarpas metiéndome en un ropero el cual me lleva, misteriosamente, a una puerta.
Un niño espera y me silba. No tiene cara. Enfrente de mí hay unos escalones y una nueva entrada. Grito atormentado, llamo a dios, pues seguramente se ubique al otro lado.
La entrada no tiene pomo, sin embargo, el niño sin semblante encaja su dedo corazón en la abertura en la cual iría fijo el picaporte y abre.
Nadie está al otro lado.
Me siento extraviado y no localizo a dios. Lo que descubro es una dependencia de la Guardia Civil y ellos sospecho podrán echarme una mano. Pero no sucede así, le digo al niño sin cara. -Son unos farsantes, no pueden socorrerme.
Dios no tiene uniforme verde ni se encuentra en ningún lugar.

Canet
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En el jardín

¡Ah! Si pudiera perderme en el jardín
y convertirme en estatua
o banco
o libélula
y espiar a los amantes
en su instante de inmortalidad.

Me entretendría en la jacaranda
a contar flores caídas
o espinas
o monedas
y jugaría en el estanque a deslumbrar
a paseantes y mariposas.

Me escondería bajo el magnolio
para nutrirme de hojarasca
o musgo
o pétalos
bebería lluvia
de las tormentas de primavera
y sería brisa
o suspiro
en las noches de verano.

¡Ah! Si pudiera ser jardín
y convertirme
- definitivamente -
en olvido.


Foto: Antonio Marín Segovia (flic.kr/p/os8q8P, CC BY-NC-ND 2.0)
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16comentarios 93 lecturas versolibre karma: 105

La tierra calla

Triste amanece, baten fuerte las olas
la frialdad del mar mina los corazones
despacio palpitan, como apagados,
la tierra calla.
Lejano el barco en el horizonte
cual alma perdida va,
bravo ruge de rabia el mar
la tierra calla
como alma cansada dormita aletargada,
el mar bravo, ruge de rabia
la tierra callada y cansada, no habla,
como alma apresada no se marcha, sigue callada.
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20comentarios 114 lecturas versolibre karma: 119

En la vieja calle...

En la vieja calle
de un pueblo olvidado,
y allí, junto al puerto,
quedaron mis pasos,
quedaron los sueños,
los juegos y ratos,
sutiles y breves,
vividos en años,
y en esa calzada
de piedras y barro,
quedaron las risas,
los ecos del llanto,
también los suspiros,
con voces mezclados
y algunas caricias
surgidas de manos.

Recuerdo la calle,
(no puedo negarlo),
y algunos amigos
por ella jugando,
vivimos un tiempo,
(ni negro ni blanco),
con esa inocencia
que viven los párvulos,
¡benditas las horas,
vividas, soñando,
a ser Peter Panes
y no niños malos!,
por eso es presente,
la calle que escribo,
con nombre dorado.

"...Aquella Cabaña
quedó en el ocaso,
mas no en mi pupila,
por eso la extraño..."

Rafael Sánchez Ortega ©
04/04/18
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6comentarios 76 lecturas versoclasico karma: 108

Era en una calle...

Era en una calle muy vieja y tranquila
donde las casonas tenían solera,
en los soportales, pendientes de acera,
un buen caminante dejó su mochila.

Sobre la solapa ponía: "se alquila,
seré si tú quieres la fiel compañera,
la tierna figura que sea enfermera
que cuide la espalda, tu cuello y axila".

Al ver en la calle el cartel mencionado
no pude, por menos, que amarte, locura,
estaba tan dentro de mí tu tortura...

Pensé en la mochila de un tiempo pasado,
también en la calle y el beso robado,
y así, en un instante, perdí la cordura.

Rafael Sánchez Ortega ©
03/04/18
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Jardín de Palabras

Un día, un poeta decide crear un jardín de palabras. Primero planta la palabra afecto: de sus verdes y cálidos tallos nacen las flores del amor, la amistad y el compañerismo.
Luego planta la palabra incertidumbre: de sus verdes y crujientes tallos, surgen las flores del miedo, la valentía, el odio, la compasión y la comprensión.
A continuación planta la palabra orgullo: de sus verdes y soberbios tallos, surgen las flores del egoísmo, la ambición, la necedad, el rencor y la osadía.
Finalmente planta la palabra Poesía: de sus verdes y mágicos tallos, surgen miles de diminutas y coloridas palabras, esparcidas como pinceladas por el caprichoso viento del destino.
El poeta jardinero admira su obra: palabras que caminan, corren, tropiezan, se ordenan. Palabras que pintan y juegan. Por fin su jardín de palabras, tiene sentido.






Del "Domador de recuerdos y otros relatos"
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10comentarios 131 lecturas relato karma: 96

Cuando callo...

Cuando callo,
si,
cuando callo...
hay bulla en mi silencio,
cuando callo...
si,
cuando callo...
está hablando mi pensamiento.

Cuando callo...
me siento incomprendido,
nadie escucha nada,
nadie en mi corazón
a escuchar se ha metido.

Cuando callo...
digo mucho,
si, cuando callo,
lo sé, porque yo me escucho.

Cuando callo...
hay una lucha,
nadie lo sabe,
nadie me escucha.

Cuando callo...
en esa lucha,
viene la duda y la confusión,
aunque nadie esto escucha,
la lucha es entre la razón y el corazón.

Cuando callo...
atento escucho
el fragor de la batalla,
oigo rodar cerca pero no mucho
el gorgotear de una herida en lo alto de una muralla.

Cuando callo...
pido que me comprendan,
no soy tauro, ni vivaz,
soy un humano,
soñador como piscis,
un piscis nada más.

Cuando callo...
pido perdón por mi silencio,
en este no me hallo
para hacer vencedor a mi sentimiento.

Cuando callo...
la lucha es en mi pecho,
y las heridas en mis ojos,
en mi pecho el dolor es un hecho,
y en mis ojos las lágrimas a su antojo.

Cuando callo...
es porque un beso calla mi boca
como bien lo dijo el gran Neruda,
no es porque un beso me has dado,
si no porque un beso tuyo me provoca.

Cuando callo...
Si el corazón le gana a la razón
lo que importa es la última escena,
porque aunque la razón fuere el vencedor
siempre leerás en mi pecho...
Te Amo... mi Amada Nena!

Rafa Puello
Barranquilla-Colombia.
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6comentarios 67 lecturas versoclasico karma: 105

Calles Vacías

CALLES VACÍAS

Muerte, luto y dolor
sangre, fuego, lágrimas
todo se vuelve oscuro
todo se vuelve sombrío.

Gritos desesperados se escuchan
mujeres que buscan a sus hijos
padres medio muertos que caminan
niños que lloran a sus padres.

Son las víctimas inocentes
de las guerras y el dolor
que aquellas bombas han causado
sobre esas calles que ahora están vacías.

Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Abril 2018
Imagen tomada de Internet
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6comentarios 96 lecturas versolibre karma: 110

No calles el hoy

No calles el hoy, porque mañana será tarde,

tal vez el hoy tenga sentido, porque el mañana no se sabe,

dame tu amor en el momento, porque los besos se pierden en el viento.



No calles el hoy, no mires adelante,

fíjate en esa piedra gastada por el viento, mojada por la lluvia,

testigo de los pasos de amores que se han ido como polvo en el tiempo.



No calles el hoy, porque tú vos se apagara,

y solo quedara el recuerdo, de que un día quisiste hablarle al mundo,

y solo te conformaste, con mirar como volaba el amor que tanto amabas.



No calles el hoy, aunque la tormenta azuce,

aunque el cielo se vea un infierno de verano, las aves no morirán,

solo buscan un refugio, donde esperar la escampa, para volver amar.



No calles el hoy, mujer de mi vida,

que mañana puede ser tarde, para decir lo que sientes,

que no te falte el aire, que no te falten ganas, de seguir enamorada.



JUAN CARLOS VILLANUEVA
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Mesa de Jardín (@hotel_K & Transmisor_d_Sinestesias)

Anoche estuve sentado
en la mesa de jardín
fumándome esos cigarrillos
de hoja melancólica
que olvidaste
en la alacena pandora
donde conservo tu taza
pincelada de labial...

el humo aguó los ojos...

Irremediablemente
herví aquél mismo café
más el sabor no era tan bueno
quizá faltaron
dos cucharadas
de presencia...
endulzarle con miradas
de esas que guardas celosamente

¿Y... el pan?...
Se antojaba ese... de labios...
suave...
exquisito...

Removí y removí
para diluir la calma extrañada,
observé como el humo del cigarrillo
tomaba dirección "Fresas de Otoño"
haciendo transbordo
en los golpes sistólicos
de los sorbos sin destino.

Ese antojo
suave y exquisito
de masa recién horneada
y forma celestial.

Por unos segundos
levanté el vuelo con la mirada
y planeé
por las estanterías descuadradas
de soledades ordenadas
según el calibre de dolor.

Desde arriba
pude ver la agonía
de una media estocada

no sé si el aguacero
nubla los ojos
o es que ya hay poca luz...

se me acaba el cigarro
la existencia y el café...
la vida debió anclarse
el día en que te conocí...

Limpio todas las tormentas y derivas
vertidas en esta mesa de jardín,
troto hacia el espesor del vestíbulo
recreando una vez más tu imagen
en cada eslabón de la cadena
que sujeta el ancla
de mi vida sin ti...

*********************
Mesa de Jardín
(Colaboración)
Hotel K© &
Transmisor d Sinestesias©
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19comentarios 152 lecturas colaboracion karma: 118

El Jardinero

El solo sonido de tu risa a mi ser
convierte en espasmo,
y las rosas a tu paso se marchitan.
El soplo del viento, receloso
no comparte de tu encanto,
y alza tu vestido para robarte caricias.
Yo, con flores en mis manos,
antes, de tanta belleza hoy,
exiguas me parecen.
Afásico y atrofiado en mi sitio
permanezco, ajena cada mañana
vas matándome de a poco.
Más, gozo hasta el delirio
de tu paseo rutinario.
Tus afables ojos posas en azaleas
y gladiolas, cierras tus ojos,
escuchas, las avecillas tempranas.
Jamás, a mi lado miras.
Yo te observo, bebo,
de tu candencia, la elegancia
de tus pasos.
Mis manos duelen, por palpar
tu blanco cuello.
Y mis labios, por algún beso robarte.
Más permaneces ajena,
a mis súplicas sin habla,
a mis ansías silenciosas,
a mis miradas que llaman.
¡Cruel mujer, criatura amada,
todo el jardín te reclama!
Como quisiera ser árbol y a mi
sombra te acercaras,
o ser el agua de la fuente donde
tus delicados labios pasas.
Deseo ser la húmeda tierra,
que tus píes descalzos gozan.
!Mujer como sufre mi ser, más,
mi sufrir no lo cambio solo por verte de paso!
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5comentarios 118 lecturas prosapoetica karma: 102

Libertad

LA LIBERTAD

El ahogado, resucitado;

otra vez, de nuevo, la alondra con su canto.

Despierta, amor dormido, aletargado;

y, como un reptil en la cueva de las ilusiones,

capté las tormentas de los campos.

Tierra ¡despierta!, como rayo iluminado.

Es el paisaje irisado del miedo la

oscuridad caída de la galaxia y de océanos.

Entrégame la espada gloriosa, resucita en mí la inocencia;

perdimos en la batalla los sentimientos profundamente bajos.

Soles de piedra, cuchara de mármol,

como un terrible desierto sin agua...

Canto dormido de pájaro, sol ,océano:

¿Quién eres tú?

en ese azul paisaje, de lirio callado...

¡Oh, alondra! ¡Pájaro encantado!

De nuevo siento tu abrazo;

aquellas ilusiones sentidas, en la cueva,

con sus candados.

Espada libertadora, con matasello estampado

¡Oh, la libertad! y

los sentimientos se cayeron en un charco.
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1comentarios 76 lecturas versolibre karma: 103

Otras calles

Soy otra calle,
como ese aire que te esquiva al respirar,
un desencuentro fortuito, rosa alada,
tiempo fugitivo en el nombre de unos labios.

Eres otra calle,
donde el silencio no oculta tus palabras,
ave en el nido del recuerdo, niebla y navaja,
la noche desnuda entre ropajes sin noches.

Así pasaste a mi lado, en esa calle
donde la soledad tiene demasiados corazones.
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Ustedes callaron cuando se los llevaron

Ustedes callaron cuando se los llevaron.
Permanecieron inmóviles como si no hubiera pasado nada.
Sin esperar noticias de ellos siguieron actuando hasta que lograron borrar en el último resquicio de la memoria sus vidas.

No fue la sonrisa nerviosa de un rezago de conciencia lo pudo sacar adelante el pudor de quién transita en la dignidad humana.

Fue la entereza de su recuerdo perdido lo que me mantuvo consiente todos los días.

Ustedes solo fueron capaces de ir desacreditado muy lentamente mi pensamiento crítico.
Hasta que casi de el ya no quedaba nada.

Fue la única verdad la que me salvó de los lobos feroces.
Y también fue porque no me conocen.
Nunca supieron la diferencia entre lo que en verdad soy y entre lo que solo les han contado.
Actuaron solo con la única fuerza que les deja la falsa mentira.

Olvidaron que el llanto es un poder.
El llanto real que derriba a todos.

Ustedes se los llevaron, ustedes callaron cuando los vulneraron.
Yo no me calle.
Y ese es el precio que gane al no olvidar nada.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
13/01/2017.
13
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La calle es este hormiguero

La calle es este hormiguero
de hombres-soldado
tristes y solemnes
que marchan a diario.

Colonia toxica
plaga humana
que segrega maldiciones
y escupe soeces a su paso.

Pupas citadinas expulsadas del vientre
de la ciudad-reina,
transitando en cada rincón
entrando y saliendo,
a cada momento
en cada espacio.

La calle es este hormiguero
de hombres-soldado
tristes y solemnes
que marchan a diario.


Heclist Blanco
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Las calles siguen siendo frías

Podrían ser los pasos de un perro
pero son los míos por una ciudad
despierta en el sueño.

El cielo guarda silencio.

Campanas en el cielo raptado
que lleva al desierto,
a una mujer vestida de sol,
en la puerta,
bajo la escalinata,
trompetas tocando
a un tiempo,
dos tiempos,
a medio tiempo.

La unidad es utópica.
La unidad es la cifra,
que asigna la crueldad,
un jinete de montura pálida,
crines cenicientas,
mirada enfermiza.
Pies descalzos.
Cazo vacío.

Es abrirse el suelo
y que el cielo guarde silencio.
Que se dañe el vino,
el grano y el olivo.
El mar, uno de aceite.
Volver a abrir las venas
de la gente inmaculada
custodiada por una turba de dioses
que no escuchan sus voces.

El cielo guarda silencio.

Soy yo pero podría ser perro,
solo el humano puede ser inhumano,
desearía tener más corazón,
para mirar de frente sin vergüenza
la mujer de luz,
la constelación de ellos,
mujeres y hombres,
que dibujan la ciudad
de los desdibujados,
de los olvidados,
dispuestos en esquinas
y calles sobre el adoquinado.

El cielo guarda silencio.
Yo guardo silencio.

Camino.
Podrían ser los pasos de un perro
pero son los míos por la ciudad,
por una humanidad sin reconocerla.
Me urge encontrarla
Quiero sentirla
Abrazarla
Gritarla
Llorarla
Que se descubra
No llevarla por dentro
Dejar de esconderla
Verla
Dejar de ser perro
Incorporarme y verlos
Y que veas
sus vidas
como cantan en mis ojos.
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17comentarios 91 lecturas versolibre karma: 102
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