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Porque callas...

Porque callas ese amor, que te atraviesa como un filudo cuchillo la garganta.

Porque callas ese amor , que te quema el alma como un volcán erupcionando…

Porque callas, ese gran amor que te eriza la piel, cada vez que estas cerca de ella

Porque callas ese gran amor, que te ahoga y te deja sin aliento,

Rompe tu silencio, grita tu amor al viento hasta que tus pulmones revienten.

Abre tu corazón y déjalo salir, deja que ese amor perfume tu vida como las rosas de tu jardín.

Sal, grita su nombre no importa que te digan loco,

Apresúrate , grita lo que callas antes que tu voz se apague.

Grita pronto, no vaya ser que sea demasiado tarde y las sombras de la noche oscurezcan tu vida.
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También hay Ninfas en las calles

Tiembla de frío en las sucias calles de Guayaquil con un antojo desfavorecido que se inmuta ante la codicia permanente del placer que la rodea. Camina arrastrando una cobija de orgullo, mirando con rencilla la luz hosca de la calle. Desprecia las duras baldosas hasta convertirlas en inocencia y plasma su sonrisa tétrica en cada pensamiento que la abstrae a su mundo, de nuevo cae.

Pasan a su lado diez personas, luego siete, luego nadie. Todos la miran y se alejan porque su cabello huele a ficción y sus manos hurgan la soberbia que se infiltra en cada vena; en la médula que trepida de rabia y en la bilis que quiere brotar de enojo. Sigue caminando y con la mirada destruye todo a su paso; con un gesto circular en el aire precisa poseer todas las virtudes de las mujeres que gritan de hermosura superior a la de ella. Princesa bizantina que no encaja en ninguna canción. Que no palpita en ningún pecho. Que se burla en simetrías con su máscara belicosa de humildad, usando su perfume de poder , ocultando su frente triste y sensitiva como si fuera novela europea.

Para ella todos son tarántulas. Inútiles mortales venenosos que a la danza de cualquiera bailan. Hijos de Pirro bañados con gloria; en la mañana claman por la paz y la justicia, en la noche huyen de los monstruos que vivimos entre ellos, ignorando nuestro canto en las sombras. Nosotros los huéspedes purpuras; locos, dementes, estúpidos, vituperados por los predicadores de cuaresmas y de demonios. Enanos pesados, topos que dañan jardines de la memoria, que se ríen de estas musarañas que se defienden de los depredadores oliendo a inocencia, buscando albergue en la impetuosidad ridícula de los cobardes.

Sigue arrastrando su cobija que se llena de impurezas en contra de su voluntad. Vuelve a su casa dejando atrás el color de sus pensamientos, llevando consigo una luminosidad que ciega a todos. Las tarántulas venenosas hieden de temor ante ella; las baldosas se ensucian de sangre al estallar entre las personas y ese bombazo simpático se convierte en una fábula de Sócrates; en una historia nómada leída por fantasmas, leída por indios. Se vuelve en un diálogo de Apolo con Telfusa para engañar no solo a los hombres, sino a Dios.

Ella se convierte en un silencio inventor, no como el de Cage, ella inventa un silencio especifico, un vacío que la devuelve a las sucias calles de Guayaquil, ese vacío le alivia el dolor de lo lleno; el dolor de un torbellino de palabras que se cortan entre imágenes tontas de ninfas inmortales de primera clase. No necesita atención, sin embargo construye estos vacíos para acoger visiones perfectas que pasen su mirada, por cada palabra, para sentirse como un ángel exterminador a través de una fuga de silencio que se confunde con reinos construidos con naipes. Sin embargo, con tristeza, esta nereida dejará la puerta abierta por si acaso alguien quede lleno y quiera irse; en el caso de que quede vacío, que abucheen al teatro que se abre a su alrededor.
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Siembra en un lienzo

Siembra con alas en tus pies un remolino
que le haga cosquillas a las piedras,
abriga entre las manos un pincel
que se impregne de acuarelas y de agua,
que cuente cómo descubres los colores
surgiendo desde el sosiego de tus ojos.

Vuela con los dedos calzados de viento,
desprende desde el cielo sin miedo tu plumón,
y cubre lienzos con la voluntad de tus óleos,
y sueña entre los círculos que dibujes
el milagro y el abrigo de tus vidas
y la sorpresa del caos en el orden de las ramas.

Hoy es día para que los hombres callen,
es jornada de jardines, de bancos vacíos,
día para pensamientos nutridos de fuentes
y espejos de silencio brotando de los suelos.

Hoy es jornada para conversar con los paraguas,
pedirles permiso para que nos instruyan
con sus frases revueltas de nubes alteradas
por la voluntad que rebosa en su bautismo.

Callemos y escuchemos.
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Busco mi templo

Escalinata
que no tiene fin,
donde descansa
la catedral de mi alma,
llena de caminatas
sin nombre,
puentes que se levantan
en silencio
retrasando
aeropuertos sin salida.

Contemplación
que busca
conversaciones eruditas,
bártulos encarnados
de sol poniente,
se desgranan
los contornos agitados
de insólitas formas,
sonidos perturbados
llenos de tortícolis,
y llanuras
de amplias extensiones
dibujan paisajes
nacidos de la nada,
derrochan sarcasmo
en mis ojos
y saliva de marrullerias
de índole incontable.

Se agotan mis sentidos
y me dejo esculpir
de sol y viento,
ondulando jardines
de frentes anchas
pobladas de imagenes,
arcos
buscando sus jinetes,
galopan por vertientes
de encendidos lagos
tras estrellas pálidas.

Ahí estoy yo.

Junto a mi templo,
donde guardo mis cipos
en mosaico,
junto a mis múltiples garabatos,
entre azules y rosados.

Ahí estoy yo.

Extasiada mi alma
corre calle abajo
por calles mágicas
de luces y sombras,
cruzan mis ojos
bóvedas de crucería
vetadas de pan de oro,
cubierta de cielos
que pisan prados al alba.

Ahí estoy yo

Agitada por los versos,
buscando mi estrofa
entre papiros
que nacen
en mi memoria.

Angeles Torres
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Erase una vez en la historia. Mesa Compartida: Alex Richter-Boix , Transmisor de Sinestesias & Miguel Adame

El día sabe a fotografía velada,
hay bellas despedidas en el posado,
piernas cruzadas, una mano jugando con el collar,
un rostro plácido mirando a la imagen,
formándose.
Aletean las cornisas de cualquier calle,
enamoradas,
hay un temblor en tus besos.

Las auras no saben despedirse
dejan ese abrazo eterno
plasmado sobre óleo infinito,
el tiempo y el espacio abren un túnel
donde se extravía ese último instante,
la explosión de las pieles,
y los labios en tu frente...
Gotean lluvias lacrimosas
y sobre un jardín,
yace arrodillado aquel recuerdo...
Hay un temblor de almas.

Es el tiempo que pasa sin darnos cuenta
ha juntado todas las miserias de nuestra vida
y sin ningún reclamo o remordimiento
simplemente nos da la mano,
son un montón de poesías como retrato hablado
de un pasado presente en un ayer amado,
ahí juntaremos la melancolía de un paseo soñado
también tendremos el son de la poesía
que trae mi sangre
es la aurora es la vida que no sabe esfumarse.

Erase una vez en la historia.
Mesa Compartida:
Alex Richter-Boix , Transmisor de Sinestesias & Miguel Adame

Muchas gracias amigos por estar en estas 500 poesías en Poémame.
Cierro un ciclo esperando que nazca otro nuevo.

Muchas gracias a mis lectores voluntarios e involuntarios.
A mis amigos y mis eternos cómplices.
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El odio de un poeta se traga todas sus palabras vacías

Seremos libertad bajo palabra
una sombra clara en el horizonte que se alía con el instante,
un plural espejo sin cenizas que se ahogan
en los gritos de una garganta profunda y que nunca calla.

Verdadero júbilo enamorado de un torrente petrificado
por el sol y la bruma de una esperanza enamorada
de un tiempo que nunca aguarda
en el aire vacío de la nada.

Jardín de flores en el éxtasis
sin nubes extraviadas y a la deriva,
ahí voy brincando y de rodillas
en el follaje verde de los escombros que abonaron a la vida.

No hay profetas que no aprisionan
entre espinas ciegas
que no disuelva la presión de la espesura
de un pensamiento que duerme para amanecer sin rostro algún día.

Como una retórica que se derrama en el torbellino
de una espiral que nunca descansa
así voy huyendo de un espiral de mentiras,
fuimos esperanzas que sonríen en una canción que olvida.

El odio de un poeta se traga todas sus palabras vacías.

El Mute
18/06/2018.
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Quiero volar...

Quiero volar buscando las sirenas
para llenar de sueños y saudades
las almas de los hombres soñolientos
que miran a los faros en las tardes,
aunque ya sé que el vuelo es relativo
y que las playas tienen arenales
donde se ven los ciervos, temblorosos,
pastando entre marchitos tulipanes,
y es que los sueños tienen estas cosas,
colores muy diversos y brillantes,
y tonos apagados y nublados
que hielan y estremecen a la sangre,
pero al final el cuento y la leyenda
prosperan en la boca de los padres,
en esas nanas de infantil ternura
que por las noches dictan a los ángeles...

Quiero volar buscando las estrellas,
por encima del ancho de los mares,
para robar, en ellas, a sus faros
y conseguir la luz de nuestras calles,
porque sabré muy bien en donde piso
y adonde irán mis pasos vacilantes,
a ese jardín de rosas y violetas
o a la senda que lleva a los marjales;
puede que encuentre solamente bruma
que los sueños se tiñan de granate,
ya que la vida transcurre en un albero
sembrada de sonrisas y desplantes,
y aunque el faro me dicte tu presencia,
y pueda proseguir el largo viaje,
quisiera que termine el día eterno
para poder besarte y abrazarte...

"...Quiero volar, llegar a mi destino,
para entonar el rezo de la salve,
para sentir muy fuerte por mis venas
el beso que me libre de esta cárcel..."

Rafael Sánchez Ortega ©
04/06/18
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Buscándote amor de mis amores (soneto)


Si te buscaba, amor de mis amores,
en mi jardín, callado te observaba,
mi espíritu feliz se contentaba
sintiendo ya tus mágicos olores.

Esas fragancias beben tus candores,
recuerdan cuan enamorado amaba.
Esos besos que siempre te entregaba,
calmaban mi pasión entre las flores.

Esos jardines tan hermosos, bella,
serán las huellas del amor muy puro,
¡Hermosas brisas de felicidad!

Querida, brillas tú como la estrella,
yo te amaré por siempre, ¡te lo juro
ante Dios, que te digo la verdad!

*Autora: Edith Elvira Colqui Rojas - Perú
copyright ©
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El lustrabotas

Como todos los días al rayar el alba, Juan sale a trabajar.
Tiene un hermano de cuatro años, muy juguetón y una madre enferma por quien velar.
Coge su caja con betún, cepillos y trapos y sale a la calle, buscando su destino, luchando por sobrevivir.

-¡A dos soles la lustrada caballero, dejo zapatos limpios como espejo!

-¡Oye muchacho, lustra mis zapatos, que queden bien limpios!

Muriendo a su infancia, Juan tuvo que dejar el colegio. Pues no le alcanzaba para los gastos de su casa.
Su madre vende golosinas en la puerta de su casa y cuida a su hermano pequeño.

- "Unos años más de trabajo y regreso al colegio,tengo que estudiar para trabajar en algo mejor, comprar las medicinas de mi madre y llevarla a un buen doctor, también para los útiles de mi hermanito que el próximo año irá al jardín".

Con estas esperanzas, Juan trabaja hasta muy tarde, con la sonrisa en el rostro cansado y la barriga medio vacía gritándole siempre su pobreza.

Lustrando zapatos y botas en una Lima indolente y sorda.

Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos Reservados/copyright ©
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Hojas de selva

Caminamos por las calles
perpetuando la mirada en los detalles
a la sombra de un rascacielos luminoso
extrañando el olor a tierra mojada.

Los hombres te hicieron así
con la mirada temerosa
que cuenta hasta las palabras
sin el agua de un cielo verdoso.

Con la falsa cercanía de una ventana
y el ruido odioso hasta el hastío
con el clamor y vértigo unánime
sin los jardines largos del tiempo.

Aquella mochila vieja sobre el hombro
es solo un trofeo del tirano sin reproches
es infame su inmortalidad silenciosa
zozobra cotidiana de un asfalto caliente.

Cierro los ojos y veo la piedad
es un tiempo pasado en el socavón de lodo fresco
ahí jugaba con los infinitos azares de la vida
en la tierra pobre que ilumina la fiesta por vivir.

Hojas de selva
mi aerolito
jardín temerario que hace patria
mi esperanza en la lluvia de médanos de mi corazón.

El mute
17/05/2018.

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Cuesta mirar...

Cuesta mirar a las calles
y comprender el silencio
de tantas tardes tranquilas
donde el calor es intenso,
pero las tardes de julio
y las de agosto son fuego,
y nadie quiere pasarlas
en los jardines del pueblo,
hay que esperar a la noche
cuando al ocaso, de nuevo,
vuelve el rumor a las calles
con las palabras y gestos,
de pronto surgen las voces
y las sonrisas al cielo,
porque el ambiente refresca
y están los cuerpos ligeros.

Pienso en las almas cansadas
y en los suspiros del pecho,
en tantas flores que un día
entre los labios surgieron,
y es que la vida nos cansa
y nos convierte en objetos,
en una simple rutina
que nos remite a un espejo,
éste se muestra en el alma,
con amplitud y reflejos,
para enseñarnos la imagen
que nos remiten los ecos,
puede que entonces termine
o que comience ese intento,
el de buscar cada día
una caricia y el beso.

"...Cuesta mirar a la vida
si no te miras primero,
porque con medias verdades
nunca estarás satisfecho..."

Rafael Sánchez Ortega ©
10/05/18
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Entre un silencio perfecto

Como defenderse de la tempestad
con una voz desnuda
que evoca resplandores
ante una inercia casi intacta
por unas palabras que no descansan.

Te leí los ojos con mi soledad
eran como un jardín hecho trizas por la tormenta
no me alcanzo la noche para huir con miedo
seguí viviendo desnudo
callando en el íntimo amor de mis adentros.

Nunca más volví a pensar en nosotros
mi voz se volvió una estéril estatua de sal,
entre labios me esforcé por hablar
fui como un silencio perfecto
que vagó en la soledad de nuestros tiempos.

La muerte amaneció casi intacta
como un desamor que vive entre rumores,
a nadie le gusta adormecer a un ruego
y encontrarse llorando con el pecho abierto
muriendo por un amor enfermo.

Mi poema fue como una sonrisa en descubierto
como un verso desarmado
deshaciéndose en la fragancia de una boca vacía
con el pasado alejándose, escondiéndose del tiempo.

Fui prisionero de mis yerros
cercado entre todos mis errores
como una mariposa sin alas al querer volar al cielo
con la oscuridad de una mirada vacía cayendo.

Con un pequeño sesgo como esperanza
y con la última luz prendida de un fuego
así es mi presagio inmóvil de un páramo sin sueños
como una paloma herida que se niega a morir.

Corté un par de rosas
con la esperanza de poder volver a verte,
te marchitaste antes
entre los colores pálidos de una flor de invierno.

Entre espinas de una ausencia
no te pude más escribir
entre mis poemas te lloré
con mis versos te imaginé de nuevo.

El mute
14/05/2018.
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¿Dónde estás que no me encuentro?

Por la ventana de una sala de espera
que acumula ruido y años, huyen mis ojos
y yo voy con ellos.
Salgo a buscarte, dejando atrás el cuerpo,
ese jardín ajado que añora el rocío,
las flores, las ramas, la brisa, los trinos,
las alas, azules y verdes;
pero…
¿Dónde estás que no me encuentro?
Qué ganas de poner un sol
en medio de la noche…

Nadie sabe de esta quietud,
barahúnda que asola mi pecho
y tumba las horas sobre las horas.
Parezco una loca de brazos cruzados
que no necesita camisa de fuerza.
Todo controlado. Tengo yo una maña…

¡Por favor, que alguien calle a ese silencio!
Que solo quiero oír su voz.
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Estrella Fugaz

En cada latido, temblor o mirada
Se esconden susurros, las voces del sol
Ocultas en fosas, en el caracol
Del ojo silente, sonrisa callada

Nacientes luceros, en noche estrellada
Consuman los sueños con luz tornasol
Abriendo botones, sutil girasol
Jardín de deseos, del alma besada

Volar de cometas, de estrella fugaz
lo esperan mis lunas con fuego en las manos
me dejan destellos con besos de paz.

Y son los anhelos, tesoros humanos
que viven muy dentro con mudo antifaz
trayendo al cumplirse, verdor y veranos.
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Venus

(Dueto Rubén Darío & Yaneth Hernández)

Rubén Darío
En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufrían.
En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.
En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

Yaneth Hernández
Su mirar embriagante, fulgurante de luz me envolvía,
mi delirio y mis ansias fueron notas de absorto clarín,
ella erguida y desnuda, jubilosa y solemne sentía
mi pasión en la dulce ambrosía de un cielo sin fin.

Rubén Darío
A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín,
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.


Yaneth Hernández
Sobrehumana y hermosa en la bóveda triste dormía,
con dulcísono encanto oscilaba como un volantín
y en fiero desaliento procurando alcanzarle quería,
¡qué infame desengaño no probar de su piel el jazmín!

Rubén Darío
¡Oh, reina rubia! — díjele —, mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,
y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar».


Yaneth Hernández
Cuando el cielo del alba se entronice en ardiente diamante
y en el haz de una nube se refleje tu empíreo vergel,
zurciré con mil cirros el ardor de tu fuego constante
y en mi cántaro eterno beberás llanto, amores y miel.

Rubén Darío. Nicaragua.
Yaneth Hernández. Venezuela.
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El Cementerio de Jaca

Hola, me llamo Ruth. Os voy a contar una historia que me ocurrió cuando tenía quince años y que jamás olvidaré.
Estaba veraneando con mi familia en Jaca, un precioso pueblo de Huesca. Me costó una semana convencer a mis padres para que me dejaran ir a la discoteca con mis nuevas amigas, Silvia y Miriam. Las conocí el primer día en la piscina de los apartamentos. Me vieron jugando con mi hermano pequeño y enseguida se acercaron para conversar conmigo. Silvia era un par de meses mayor que yo, y Miriam tenía diecisiete años.
Sin medio de transporte, sólo podíamos optar a la discoteca del camping. Pero el acceso estaba controlado. En la entrada del recinto los vigilantes comprobaban la identidad del personal que deseaba franquear la puerta. Nosotras no disponíamos de credenciales, ni de un aliado que desde el interior pudiera ayudarnos.
—Hay una solución —dijo Miriam con solemnidad.
—¿Cuál? —pregunté expectante.
—Nosotras hemos entrado dos veces saltando la valla de atrás —comentó Miriam —. Pero no sé si te dará miedo —hizo una pausa misteriosa y continuó —: Hay que atravesar el cementerio. Si vas corriendo y con los ojos medio cerrados no ves nada.
—¿Sólo tenemos que saltar un muro?, ¿no hay una puerta principal? —interpelé dubitativa
—Hay un portón de hierro, pero siempre está abierto —respondió Miriam guiñándome un ojo.
—Parece fácil —contesté sonriendo mientras recreaba mentalmente la escena.
—Pero no le has dicho nada de la vieja loca que vive por allí —añadió Silvia.
Entonces entre las dos me contaron que al lado del cementerio vivía una anciana que se llamaba Teodora, famosa en el pueblo por sus excentricidades.
La describieron como una vieja desgreñada, con ojos desorbitados y uniformada con un atuendo de hechicera malograda. Me explicaron que la anciana emergía de su caótico habitáculo esgrimiendo un sinfín de maldiciones a quienes atravesaran el cementerio en plena noche. Era su cometido y lo llevaba a cabo sin distinción.
Después de cenar esperaba impaciente que vinieran. Cuando llamaron a la puerta salí emocionada. Íbamos las tres riendo y botando por la calle. Nuestras melenas danzaban coquetas en el aire, el mismo que enamoramos con aquellas risas frenéticas: la hilaridad de la juventud.
Intentamos cruzar la entrada del camping, pero el vigilante nos paró y tuvimos que tomar el camino del cementerio.
Antes de llegar al camposanto atisbé el hogar de Teodora. Era una casa lóbrega; con un jardín repleto de objetos decorativos fantasmagóricos, y abundante vegetación marchita. El estado de la fachada era deplorable, con ostensibles grietas y desconchones.
El mensaje estaba claro: había que correr y saltar la tapia en tiempo récord.
Y lo hicimos. Aun así Teodora advirtió muestra presencia y salió de su morada blandiendo una escoba mientras lanzaba maldiciones a voz alzada. Por suerte estábamos a dos metros de saltar la tapia y no puedo darnos caza. Pero su imagen espasmódica y espectral se quedó impregnada en mi mente.

Al llegar a la discoteca dos chicos fueron directos a por mis amigas, y yo me quedé sola. A los pocos minutos las perdí de vista, lo único que deseaba era volver al apartamento con mi familia. Al llegar a la salida del camping vi al mismo vigilante que nos prohibió la entrada. Seguramente no me hubiera reconocido, pero no me atreví a cruzar el acceso. Creía que tomaría represalias avisando a mis padres o alguna contrariedad parecida. De modo que volví al muro del cementerio.
Mientras franqueaba el camposanto vi caer unos guijarros cerca de una lápida, pensé que detrás me aguardaba la anciana agazapada para asustarme. Paré y me acerqué temerosa, pero no vi nada. Y justo al enderezar mis pasos atisbé el espectro de un chico reclinado sobre el portón enrejado, me miraba y me extendía la mano. Avancé sin miedo hacia él y le ofrecí la mano. Enlacé los dedos corpóreos con los suyos traslúcidos, y sentí la embriagadora calidez de su energía.
Caminamos unidos por el bosque, mirándonos y sonriendo continuamente. Tenía el pelo castaño claro y divinos ojos verdes soñadores. No sé cuándo murió, pero su indumentaria indicaba que éramos coetáneos.
Me llevó junto al arroyo, la luna llena reflectaba en el agua abrigando el lugar con luces irisadas.
No hablaba, sólo transmitía un infinito estado de paz. Sentí cómo me abrazaba y su mano etérea acariciaba con dulzura mis bucles pelirrojos.
En ese momento clavé mi mirada color café sobre sus evanescentes ojos verdosos y me dormí acunada en su aura placentera.
Al cabo de tres horas una susurrante voz me dijo:
—Ruth, despierta.
Me alcé como un resorte. Pero el espíritu ya no estaba. Desande el camino corriendo. Las ramas de los árboles se agitaban con virulencia creando sombras amenazantes, mientras el viento silbante contribuía en el plano acústico acrecentando la tenebrosidad del paraje.
Llegué al cementerio y lo busqué, pero no lo hallé. Pasé sigilosamente por delante de la casa tétrica de Teodora, y al final llegué a mi apartamento.




Me desperté pasado el mediodía y bajé a la piscina. Allí Silvia y Miriam me aguardaban para disculparse de lo ocurrido. Les dije que lo entendía y no estaba enfada con ellas. Un mohín de perplejidad cruzó sus rostros, no comprendían mi firme indulgencia.
Cuando les participé por dónde salí, las dos exhalaron sendos suspiros ahondados del alma.
—¿Por el cementerio tu sola? —interpeló Miriam con estupor abriendo exageradamente las cuencas de los ojos —. Pensábamos que saldrías por la puerta.
—Sí. No tuve ningún problema, llegué rápido a casa —respondí soslayando los hechos.
—Esta noche volveremos. Vendrán con un amigo que casualmente ayer no fue. Le hablamos de ti y te está esperando —argumentó Silvia complaciente.
—¿Si? Perfecto —contesté sin celebrarlo.
—Cuando te lo presente vas a flipar —comentó Silvia risueña —. ¡Está buenísimo!
Aquella noche me arreglé más que nunca. Recuerdo que llevaba una minifalda tejana ribeteada con unas piedrecitas de colores y una blusa de tirantes negra. Le pedí a mi madre que me pintara la raya superior del párpado para que me quedara perfecta.
Mis amigas me rindieron un sinfín de alardes y por la calle varios chicos me lanzaron piropos en exclusividad.
Oteamos al mismo vigilante que la noche anterior. Ni lo intentamos.
Atravesamos el cementerio cautelosas para no alertar a Teodora. Ellas saltaron la tapia y yo no. Mi rostro reflejaba la férrea determinación de permanecer en aquel lugar de modo inequívoco.
—Ruth, ¿por qué no saltas? —preguntó Miriam desde el otro lado.
—Mi cita está en el cementerio —afirmé categórica.

Marisa Béjar, 31/05/2017.
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Pequeña mariposa...

Pequeña mariposa
que vuelas y que pasas,
dejando en el ambiente
la esencia de tus alas,
pareces una musa
que vienes con la magia,
el verso y el latido,
nos dejas y te marchas,
y vuelas por las calles
buscando las ventanas,
te subes a balcones
y bajas a las plazas,
encuentras los jardines,
las rosas perfumadas,
y allí, junto a las flores
un rato te descansas...

Alegre mariposa
ya veo que te marchas,
emprendes el camino
del bosque de las hadas,
seguro que en la orilla
el río gime y baja,
por simas y barrancos
que surgen de la nada,
un ciervo se aproxima
y bebe de las aguas,
y tú, mi mariposa
te posas en su espalda,
tus alas le acarician,
le hablan sin palabras,
le dices que en el bosque
se encuentra su camada...

"...Mi linda mariposas,
¡qué bella es esta estampa,
posada sobre un ciervo
tu sombra en él se alarga!...

Rafael Sánchez Ortega ©
10/04/18
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Una caja de zapatos sin cometa

El frío es un adiós entre tu cuerpo y el mío.
La llave del tiempo está gastada y, casi siempre, se pierde.
Se pierde por la casa vacía, por el jardín abandonado.
Abandonado por nadie y por todos.

El frío es un te quiero que nunca dijiste.
La cama sin deshacer y el árbol caído.
Un trineo que va a ninguna parte.
Los besos que te niegas en este salón de cementerio.

El frío es tu mano vacía, la voz callada, las ganas de llorar.
Este encierro en una caja de zapatos sin cometa.
Tus latidos sin sobresaltos. Estos labios cerrados.
Lo que nunca te has permitido.
El miedo a que salga mal. El miedo a que salga bien.
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El perro de las oportunidades

Cogí un perro de la calle
para creer
en las segundas oportunidades

en acciones sin sentido
en llamar a la puerta de la desilusión
sentarme en el sofá con el desencanto
barrer la esperanza
desenpolvar la tristeza
mirarme en un espejo de licores
hablarme sin valor
con quien habita las esquinas
de una casa vacía

subirme a la mesa
e improvisar una canción
con la que poder llorar

ladra el perro agradecido

mientras en mi jardín
de ladrillos crece una selva
de silencios y negaciones
en una vida que ya no vivo
a la que solo sigo
caminando
sobre trozos de vidrio
de licores que me cuidan
acarician
mitigan
alimentan
endulzan
mi pobreza

el perro ladra
habla
de segundas oportunidades


de otras ciudades
de falsas realidades
de conseguir empleo
nuevas amistades
de luces en las calles
de canciones

que invitan a la alegría.

Escucho
abro la puerta
lo miro
me mira
entiende
sale
se marcha

cierro
me encierro.
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En el jardín

¡Ah! Si pudiera perderme en el jardín
y convertirme en estatua
o banco
o libélula
y espiar a los amantes
en su instante de inmortalidad.

Me entretendría en la jacaranda
a contar flores caídas
o espinas
o monedas
y jugaría en el estanque a deslumbrar
a paseantes y mariposas.

Me escondería bajo el magnolio
para nutrirme de hojarasca
o musgo
o pétalos
bebería lluvia
de las tormentas de primavera
y sería brisa
o suspiro
en las noches de verano.

¡Ah! Si pudiera ser jardín
y convertirme
- definitivamente -
en olvido.


Foto: Antonio Marín Segovia (flic.kr/p/os8q8P, CC BY-NC-ND 2.0)
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La tierra calla

Triste amanece, baten fuerte las olas
la frialdad del mar mina los corazones
despacio palpitan, como apagados,
la tierra calla.
Lejano el barco en el horizonte
cual alma perdida va,
bravo ruge de rabia el mar
la tierra calla
como alma cansada dormita aletargada,
el mar bravo, ruge de rabia
la tierra callada y cansada, no habla,
como alma apresada no se marcha, sigue callada.
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Hay días en que nadie sabe nada, más que solo callar

Solo un pedazo de soledad
como un soplo de sueños con fe
de esos que se tejen en la noche
al pie de un vacío que se desmorona
brincando a la muerte.

El último favor que te pedí
fue que me dejaras un poco de tu amor
antes que la vida me pida el traje
y la vieja mirada se olvide de ver.

Como aquella vista que se interrumpe en la noche
cuando el párpado cerrado de la conciencia
vaga entre las lágrimas oscuras de la otra dimensión,
no me equivoco al pensar que todavía me quieres.

Aunque es incierta la desazón de un olvido
es injusto no tener un poco de vergüenza
es preferible vivir en el exilio
que verse en el espejo de la fútil vanidad.

Últimamente me he podido dormir en todas partes
con cada ronquido ahuyento a las horas
que en su rebeldía me roban la poca inocencia
de mi respiración agitada por el exceso de peso.

Tu amor era para mi la perfecta ancla
en un mar sin brisa
el mejor pretexto para olvidarme
de las hojas grises de un otoño.

Se acerca a toda prisa a esa infancia que se olvida
cada vez que la belleza de la vida se esfuma
en cada parpadear.

Te olvidaste de cerrar la puerta en tu partida
como un esposo me quede en la luna
esperando a una nube para poder retornar,
hay días en que nadie sabe nada, más que solo callar.

El Mute

20/07/2018.

Con Cariño para mi amiga Maulita.
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Entre marismas y jardines

Entre marismas y jardines.


Existen jardines óptimos para el descanso,
donde se permite tender la sombra sobre el césped
-depilado o no- pero exento de bichos.
Jardines, donde poder sentarse a leer y a pensar en usted;
justo al lado de la niebla, mientras el sentimiento
juegue pelota por entre la hierba mojada.
Jardines, donde los ya cansados,
nunca reposan sobre un banco de madera oxidado.
Un lugar para recrear los versos inexpresados,
bajo la luz de una vela llena de esperma;
las que por el efecto del alcohol se prende una vez al mes.
Santuarios, carentes de hombres lobos
ni monstruos ni aullidos ensordecedores.

Hay jardines calificados, donde se permite escuchar conciertos
lúgrubes de flores silvestres y de los llantos de los grilletes,
como en cualquier floristería agreste.
Jardines, para dilucidar acerca de la dirección que tomará la brisa estival,
durante el mes de septiembre otoñal.
Jardines, donde se prohiba la entrada al aire artificial.
Jardines, donde la llovizna inyecte con sus agujetas blandas,
el alma del alma y se disfrute de unas gotas de algodón de azúcar,
menos saladas, como aquellas que te ofrecen
en el parque de diversiones.
Jardines provistos de estanques agridulces;
entre lo cáustico y lo avinagrado.
Jardines seguros, donde no puedan hurtarse los anillos
que presumen las calas en sus dedos largos,
aquellos que valen menos que el rocío.

Jardines, cuyas flores denominadas "pensamientos"
pierden su memoria, y solo priva el recuerdo bonito,
donde no se despetalicen los te quieros
y acierten en sus reflexiones.
Jardines, donde las cascadas son una aleación
de agua, menta y hierbabuena.
Existe un espacio en el cual se altera todo;
porque es notorio que de vez en cuando
el pulso del jardinero tiembla y dada esa circunstancia
va podando fiscus y pinos de forma abstracta,
según los diseños que le dicta el alma.

Es evidente que los sauces tristes ya no lloran al trocear cebollas;
sino que gozan de las cosquillas que les profieren las hormigas cabezonas.
Es bien sabido, que los árboles de peras,
ya no ofrecen sus mejores óperas en diciembre.
Todo se transmuta. Hasta los bonsáis crecen de más
y adoptan su tamaño natural.
Las raíces de la hiedra amarga, alcanzan a las estrellas
de mar doradas y envenenan hasta las algas.
Las constelaciones de lotos no miden distancias,
se enredan y pierden el hilo de la fragancia que los ensarta.
Lo verde se torna cenizo, esmeralda y mohoso;
extremadamente, raro, fosforescente, frondoso y hermoso.

Hay Jardines dispuestos por toda la ciudad,
a los cuales se accede en metro, a pie, en tranvía...
y se encuentran a unos cuantos kilómetros subterráneos
y aéreos, cerca de la vía.
Nadie pide el carnet de identidad para el ingreso a la paz;
la entrada es libre, como lo impalpable.
Allí puedes transitar sobre los puentes de los cristales de aloe vera.
Pero hoy...y hoy techo de menos y hoy he hecho té de más,
porque el viento me regala hojas frescas de amapolas
para preparar infusiones escarlatas
y los jazmines blancos, no aromatizan a otros predios.

Se extraña aquel triste sonido del violín sobre las nubes.
Ya ni el ventarrón destribuye los sombreros de las setas por entre los plebeyos.
Las voces de las haches que no se pronuncian
se tornan cada vez más mudas y se mudan lejos.
Sí, se conocen de jardines en los cuales te van plantado
eternamente en vida; porque el destino te va diseñando varios oasis;
pero nos mantenemos parados frente a los alevosos espejismos
de una marisma sobre el concreto: desinteresados.
Jardines donde el silencio de la noche suele ahorcarse
por entre los helechos colgantes.
Sí...abundan vergeles para dormir bajo pretextos,
al lado de unas cuantas semillas de afrechos,
alejados de las malvas que intoxican el lecho.

17 de julio de 2017
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Locura

¿Locura?

Posiblemente
gritar entre estropajos
himnos de una época
donde la rigidez de la mente
era una estupidez permanente.

Locos de atar
caminan por calles enlutadas;
mientras tanto,
los cuerdos piden permiso
para acribillar
el saludo que jamás amó
la dualidad.
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Ayúdame Belli

Hablas de una estrella perdida,
de la cesión de tus manos
brújulas salvadoras de mi noche.

Recitas correspondencia a la luz de mi faro
cuando nace una sima en el silencio
y resuena la palabra no entendida.

cómo escuchar tu tenue voz
si ya no participo en tus desvelos
y mis ensueños son de realidades?

Contradicción de curvas ajenas,
entre forma de reptiles
y agasajo de paisajes, de vida.

Me abandonan las diosas
que me hacen habitada,
me invaden las musas desconfiadas.

No llegué para desagradecer
ni para callarme.
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Jardines oníricos ( con @lidianny)

Me pierdo en los jardines
donde el agua canta
y el viento silba…melodías oníricas.
Arroyos de pececillos
que llevan a lomos
duendes y ninfas.
(Jardín de sueños)


Descubro a la fantasía
sentada junto a una fuente
y de la mano de un duende
le pintan besos al día.

Entre las alas de un hada
juegan luciérnagas grises
se bordan sueños felices
en el límite de la alborada.

Cascadas de enredaderas
dan cobijo a pajarillos enanos,
mientras miles de mariquitas,
se cuentan los lunares
entre risas y juegos.
(Jardines de ensueños)


Me recorre un viento travieso
haciendo mapas en mi espalda
y la infancia que me falta
se me devuelve en un beso.


@lidianny
@horten67

Un placer poder colaborar con un ser tan bonito como Lidianny, gracias¡¡
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El jardín de la Nada ( @Pequenho_ze & @ Transmisor_d_Sinestesias)

Un nudo sostiene
al gastado recuerdo
atado en la garganta
Se marchita la flor del pecho
mientras llueve tu sequía
se cuartean mis tierras
surge el desierto
desde las sienes hasta el latido.
Uno se acostumbra al buen vino,
hoy mi vid se seca
en los terrenos de tu ausencia...

Es inextirpable
el sabor a tinieblas en mis labios.
Mi cuerpo es un erial,
sin pétalos ni aire
y sin embargo,
cómo pesa la piel hecha madera.
La memoria tiende sus cadenas
y en silencio
me encumbro en los brazos del ausente
hecha pedazos.

Recito el himno escrito
en las ojeras de un desvelo.
Se desgajan los sollozos
uno a uno suben y caen
en el baúl clamoroso de la noche
mientras las estrellas dibujan
el iris obscuro de aquella,
tu última mirada.

Yo cierro los ojos.
Recojo entre mis manos el recuerdo
que ya no reconozco
si no es con el llanto en la garganta
y asimilo la distancia
que mira mi ventana
sentada en tus labios.

Hilvano imágenes, momentos, aromas
se rasga la tela de juicio
esos fosos de tus cielos... caigo...
ahoga esa profundidad
se doblan mis banderas
quiebran las rodillas
apuntala la sien el ventanal
mientras la mirada sale a pasear
al jardín de la nada...

*******************************
El jardín de la Nada
Mesa Compartida
Pequenho Ze© & Transmisor d Sinestesias©
Fotografía: Fabrizio Troiani
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26comentarios 149 lecturas colaboracion karma: 94

El jardín de las Crisálidas

Navegando en el jardín de mis recuerdos,
descubrí flores, espinas, aromas y sabores,
grabados en un tiempo que no fue.

Observé pequeñas orugas devorar huérfanos versos.
néctares de Luna,
noches de contemplación y desconsuelo.

Soñoliento con la luz de alba,
logré ver las crisálidas de los sueños imposibles,
mariposas temerosas de volar.

Tímidamente, con el silencio de un teclado,
una a una las invité a reposar sobre mis dedos,
esperando brotar desde mis labios,
la breve brisa que levante su vuelo.

Siguiendo luces ajenas de oscuridad e incertidumbre,
tal vez para encontrar la paz en el adiós y refugio en el olvido,
o para reposar en la ternura de tus manos.
y construir el jardín de tus recuerdos.

www.youtube.com/watch?v=V07daitEhoE
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En la vieja calle...

En la vieja calle
de un pueblo olvidado,
y allí, junto al puerto,
quedaron mis pasos,
quedaron los sueños,
los juegos y ratos,
sutiles y breves,
vividos en años,
y en esa calzada
de piedras y barro,
quedaron las risas,
los ecos del llanto,
también los suspiros,
con voces mezclados
y algunas caricias
surgidas de manos.

Recuerdo la calle,
(no puedo negarlo),
y algunos amigos
por ella jugando,
vivimos un tiempo,
(ni negro ni blanco),
con esa inocencia
que viven los párvulos,
¡benditas las horas,
vividas, soñando,
a ser Peter Panes
y no niños malos!,
por eso es presente,
la calle que escribo,
con nombre dorado.

"...Aquella Cabaña
quedó en el ocaso,
mas no en mi pupila,
por eso la extraño..."

Rafael Sánchez Ortega ©
04/04/18
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Era en una calle...

Era en una calle muy vieja y tranquila
donde las casonas tenían solera,
en los soportales, pendientes de acera,
un buen caminante dejó su mochila.

Sobre la solapa ponía: "se alquila,
seré si tú quieres la fiel compañera,
la tierna figura que sea enfermera
que cuide la espalda, tu cuello y axila".

Al ver en la calle el cartel mencionado
no pude, por menos, que amarte, locura,
estaba tan dentro de mí tu tortura...

Pensé en la mochila de un tiempo pasado,
también en la calle y el beso robado,
y así, en un instante, perdí la cordura.

Rafael Sánchez Ortega ©
03/04/18
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Esmeralda

☆me encontré una esmeralda trapiche en la calle☆
.
Esmeralda

Cada casa es una letra,
cada manzana una sílaba.
La ciudad es un poema
y el mundo una canción.
La galaxia una orquesta
y el universo sentimiento.

Siameses simbióticos,
piensan distinto pero a la par.
Bailan como flamencos
¡clap clap clap clap!.

Pericones gitanos,
caminan por los ríos rojos.
Diagonales pasionales,
nace en cada cruce una ilusión.

Aunque hagan y deshagan,
las huellas siempre quedan.
No viven en el pasado
pero la memoria no muere.

Candelas que convierten
en fuego la noche.
Si no hay luna igual juegan
a cantar una canción.

Popurrí de albahacas y mentas,
parches verdes secos.
Diseñan esmeraldas trapiches,
corona el cielo eterno.


Une Ceci
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Ustedes callaron cuando se los llevaron

Ustedes callaron cuando se los llevaron.
Permanecieron inmóviles como si no hubiera pasado nada.
Sin esperar noticias de ellos siguieron actuando hasta que lograron borrar en el último resquicio de la memoria sus vidas.

No fue la sonrisa nerviosa de un rezago de conciencia lo pudo sacar adelante el pudor de quién transita en la dignidad humana.

Fue la entereza de su recuerdo perdido lo que me mantuvo consiente todos los días.

Ustedes solo fueron capaces de ir desacreditado muy lentamente mi pensamiento crítico.
Hasta que casi de el ya no quedaba nada.

Fue la única verdad la que me salvó de los lobos feroces.
Y también fue porque no me conocen.
Nunca supieron la diferencia entre lo que en verdad soy y entre lo que solo les han contado.
Actuaron solo con la única fuerza que les deja la falsa mentira.

Olvidaron que el llanto es un poder.
El llanto real que derriba a todos.

Ustedes se los llevaron, ustedes callaron cuando los vulneraron.
Yo no me calle.
Y ese es el precio que gane al no olvidar nada.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
13/01/2017.
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La calle es este hormiguero

La calle es este hormiguero
de hombres-soldados
tristes y solemnes
que marchan a diario.

Pupas citadinas
expulsadas del vientre de la ciudad-reina
transitando en cada rincón
entrando y saliendo a cada momento
en cada espacio.

Luego colonia tóxica
plaga humana
que segrega maldiciones
y escupe soeces a su paso.

La calle es este hormiguero
de hombres-soldados
tristes y solemnes
que marchan a diario.


Heclist Blanco
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Cualquier noche los gatos

Como el gato blanco de la calle
se cree que es doméstico
y que la ciudad
es su casa y su alimento,
yo antes cerraba
todos los bares.

Como todo animal perdido
buscaba un lugar limpio y tranquilo.

Cuando ahora suena
la canción de cierre
es porque me invitan,
amablemente,
a volver mañana
a la biblioteca.

(Abel Santos,
de LAS LÁGRIMAS DE CHET BAKER
CAEN A PISCINAS DORADAS,
Chamán Ediciones, 2016,
2da edición 2017)
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Un poema en la calle

Hoy redacto este mensaje
camuflado con la horma de unos versos
para contarte de toda la tortura
que en días grises amontoné en mis fauces,
de mis disculpas y culpas
trasladados en vida al refugio sombrío
de una choza de secas cañas.

Hoy desde la libertad te hablo
de aquellas veces que quemé las lanchas
con las que abordé islas negras
envuelto en el misterio de aprender,
convencido de que en la soberbia
se escondía la verdad,
de la travesía y escozor perdidos
en la existencia salvaje
que por instantes pensé sentir
sobre mis lagos angustiosos.

Ahora sé que he de informarte
de la escuela que es mi habitación,
del saber de sentirme un ermitaño,
de ese momento en que sorbo frases
y remuevo mi árbol fértil
para ver que sus frutos se desprenden,
tras dejar en el correr del tiempo
todos los murmullos esclavos
que fueron mi difusa propiedad.

Termino esta misiva
confirmado en el saber que nada tengo,
que no le exijo a los demás su coherencia,
y que todos poseemos un archivo
donde ocultar contradicciones,
tal y como disperso de mi despensa
la memoria de la asfixia y del veneno
perdidos en el siroco desplazado
a la frontera y abandono de la nada,
exhalada en las ascuas del pasado,
respirada en el rocío del presente.
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Jardín de Palabras

Un día, un poeta decide crear un jardín de palabras. Primero planta la palabra afecto: de sus verdes y cálidos tallos nacen las flores del amor, la amistad y el compañerismo.
Luego planta la palabra incertidumbre: de sus verdes y crujientes tallos, surgen las flores del miedo, la valentía, el odio, la compasión y la comprensión.
A continuación planta la palabra orgullo: de sus verdes y soberbios tallos, surgen las flores del egoísmo, la ambición, la necedad, el rencor y la osadía.
Finalmente planta la palabra Poesía: de sus verdes y mágicos tallos, surgen miles de diminutas y coloridas palabras, esparcidas como pinceladas por el caprichoso viento del destino.
El poeta jardinero admira su obra: palabras que caminan, corren, tropiezan, se ordenan. Palabras que pintan y juegan. Por fin su jardín de palabras, tiene sentido.






Del "Domador de recuerdos y otros relatos"
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