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Todo sobre mi madre

Todas las mañanas mi madre me acompañaba hasta la esquina. Caminábamos juntos y observábamos el regocijo de nuestros rostros al sentir que con una simple mirada nos hallábamos.
En nuestro diario caminar nos estancábamos en la parada del bus.
Justo allí; mi madre posaba sus labios sobre mi mejilla y luego se despedía con un ademan. Sentí tristeza por un momento de solo pensar que algún día pudiese dar la vuelta y ver que ya no estaría allí.

Los recuerdos se amontonan en mis ojos al recordar todos esos momentos risueños.

Recuerdo la primera vez que caí. Me observaste desde lejos. Esperando tal vez que me levantara como todo muchacho travieso. Quizás sentiste compasión al saber que serian muchas las caídas a lo largo de mi vida. El golpe fue duro. Por un momento sentí que estaba solo. Sin embargo observe tu sombra reflejada en el frío suelo que se balanceaba hacia mí. Corriste a mi lado en un intento desesperado de sujetar mi cuerpo para que no volviera a tropezar. Rompí a llorar desconsoladamente y sujetaste mi dolor e invitaste a tus lagrimas a que se unieran con las mías. Posaste tus labios sobre mi herida y succionaste el mismo dolor que sentí la primera vez que rompieron mi corazón por un amor no correspondido.

Madre. Veo tus ojos dormir. Duermes como un ángel.
Sin embargo aun siento tu respiración.

Mis ojos se nublan al hurgar entre tus pertenencias y encontrar ese vestido rojo que usaste el día de mi primera comunión. Ese día fue lluvioso. Corrías detrás de mí para que no me mojara. Pero sonrías al verme como la lluvia jugaba con mi felicidad.


El tiempo ha pasado.
El niño quedo atrás.
Los recuerdos son imborrables.

Los vestigios del tiempo arremeten contra tu piel; arrugando la madurez y la experiencia de haber parido la vida, pero el sentimiento está vivo dentro de ti; acrecentándose en todos esos recuerdos. Desde mi primera nalgada hasta mi primera caída al suelo duro de la vida.


Esa misma mañana mi madre se levanto como todos los días.
El aroma del café recién colado se paseaba por toda la casa.
Justo enfrente de mi habitación escuche su voz llamarme. Pude divisar la luz del alba entrar en mi habitación y a su vez advertir su silueta a través de la puerta.

Allí estaba yo.
Dormido.
Sumergido en mis recuerdos,
aun con lágrimas en los ojos.
Sin respiración.
Sin vida.
Muerto.

Mi madre sujeto mi cuerpo entre sus brazos. Dejo que mi cabeza reposara sobre sus piernas.
Entretejiendo sus dedos en mí cabello comenzó a entonar esa vieja canción de cuna,
y entre el susurro apacible de su voz, la escuche decir:
Duerme hijo.
Es hora de descansar.
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Mujer en sus peldaños

Mujer sin conocerse uncida
a la sombra y a la luz de sus peldaños,
mujer de tez oculta y culto indiano
sorbida en mentar la muerte como vida,
dama de aflicción,
de fe mestiza,
de lento hábito,
de olor de cera,
de dolor disforme y conforme,
de pobreza
y plegaria de guiñapos y rutinas.

Señora de hermandades con la piedra,
de altar herido,
de frente hundida,
de corazón rasgado
por oscuro filo de obsidiana,
atajo de tradición de voz dormida,
alma de comunión extinta,
gastada,
ajada por las sombras
de una resurrección enardecida.
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Ojos de un niño de mar

Guarda,
envuelta en el pañuelo,
una peseta como paga de domingo,
ve a adquirir las pipas
en la tienda vieja de la anciana
a la que sisarás galletas despìstadas.

Regresa a la lectura
de los libros de aventuras de Tom Sawyer
y de Huckleberry Finn,
al puzzle inacabado
a resguardo bajo la cama de tus padres,
y al chispazo en una hoguera
sin vanidad y sin prisas.

Recuerda la cruz de ceniza
cuando se manche tu frente de miércoles,
el vestido de almirante
con el que disfrazaste tu primera comunión,
el picor estrenado en el Domingo de Ramos
con un pantalón de felpa,
las mangas dobladas de tu camisa.

No abandones nunca,
entre las cajas destempladas del olvido,
las tardes lluviosas de abril,
ni tampoco los agostos tórridos
hinchados con polvo y con pólvora festiva,
no olvides jamás,
dentro de tu desván de renuncias,
el vapor de las mañanas nubladas de sábado
o el zumbido de la lonja
en la subasta de un noviembre cualquiera.
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El sol sale para todos

El sol sale para todos. III

Sus manos sus herramientas. 3ª Parte

Un día se enteró de una noticia, muy preocupante y triste José se marchaba de la ciudad, dejaba la tienda donde tanto sintió y sufrió, amó hasta la extenuación total del ser, otra vez la impotencia de la no solución al problema salvaje de sentir y amar.

Volvió a los recuerdos de su niñez, ese maravilloso campo extremeño, que siempre lleva impregnado en su cerebro y piel, salidas de excursión, al salir de clases. Pues en esa finca del terrateniente forastero y la señorita extremeña, heredera del lugar, donde los jornaleros esclavos de Franco, se ganaban el poco pan que llevaban a sus chozos- hogares, al final de la jornada. Había una gran capilla para misa de domingo, un cortijo palacio para los dueños y colegio donde las niñas y niños iban a clases a diario, y los señoritos calmar sus conciencias.

Las niñas y niños como él y sus amigos hicieron la primera comunión allá por el año 56, eso si después de hacer un pacto de honor entre todos, para no delatar al cura, los grandes pecados que tenían todos. Ese recuerdo lo añora y lo valora con plenitud y cariño, pues hubo una fiesta infantil, con comida extra y golosinas. Esa tierra de los valles alineados de los olivos y el magnifico bosque mediterráneo y la vid, cuando los pájaros nidifican en Primavera, y la soledad del tiempo no tiene hora ni edad.

Está sin aliento degollado en la sombra se va su vida y su vivir, ahora será imposible seguir se le cae su alma, no sabe que hacer, un dolor sin calmante, sin solución alguna.

Tiene que aprovechar el tiempo que le queda y acelerar todo, sus ojos a partir de hoy, tienen que hablar más que nunca, con la fuerza de su mente amará sin límite alguno.

El tiempo con una gran tormenta de lluvias y truenos, los rayos le ciegan sus ojos y el agua le hace aun llorar más, solitario, roto, frustrado, destruido, vació, con tanto que dar, se quedará tan solo como un desierto sin agua, sin respirar, sin vida.

Al cruzar la calle, ensimismado, distraído, y casi ciego, un autobús lo arroyó y sus ruedas pasaron doblemente sobre su cuerpo virgen.

Fin.
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Viento

El viento mece
las ramas de los arboles
creando sonidos de paz
gritos mudos de libertad
que borran malos pensamientos
que inspiran momentos
de paz interior
en comunión con el universo.
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Esplendente

El bálsamo para todo es agua salada:
sudor, lágrimas o mar…
Isak Dinesen

…igual a las mareas que por ella suben
como a un acantilado.
Charles Baudelaire


Aquí va tu agradecimiento al mar.
Por acá, dejas tus solubles joyas:
lágrimas del crepúsculo nublado.
Allá, la marea menor de zapatos
trazo de estelas inimaginables.
La ropa: parda bruma, grises olas;
tu sostén, desleído en esta orilla.

Todos los mundos de nuestras edades
juventud y vejez se arremolinan.
De ajenas latitudes llega el bálsamo:
con su bajamar de lunas congrega
esta claridad de tu ser perfecto… 
torrente cual cresta de marejada
y estuario tibio de los días solares:
resuello contenido entre tus senos.

Desnudas al cenit horizontal.
Desnudos, somos nocturno bestiario.

De entre las mareas a la luz de luna
la plenitud deviene con tu olor:
retumbo de corrientes abisales
y ese resabio es la otra saliva.
En comunión de las aguas saladas,
oceánico es el origen del mundo;
entre los muslos ceñida humedad
y el jadeo, nuestra agridulce arena.

No es nicho ni espuma en busca de ahogo:
es un suave soplo al plexo solar.
¿Ave Fénix, tal vez, que se repite
en ajenas riberas de los otros
y en nosotros es única y puntual?
¿Dónde están los límites de los cuerpos
que se diferenciaban por caricias
en temeridad y timidez pródigas?

Al amparo de tu ardiente templanza
no olvides los esplendentes momentos.

Aquietado el pecho con la penumbra
en algún arrecife de estas sábanas
mi humanidad, zozobra demudada.

Alejandro Sandoval Ávila
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Qué tendrá que duele tanto

¿Qué tendrá que duele tanto
la distancia al horizonte?
¿Por qué mis dedos pretenden
ser raíces que buscan
la comunión con la Tierra?
Le tengo miedo al sauce
porque no derrama su verdor
en el manantial florido
donde bebo cada día,
y le tengo miedo a
las sombras
que me envuelven en la noche
lejos de la infalible daga
que no pude traer conmigo.
Ayer queda tan lejos
que mañana
se dibuja
con un halo de misterio
que me llama incesante.
Y tiemblo
y siento que las hormigas
se apoderan de
mis pies.
¿A que temo?
Si soy tierra de la Tierra,
si ya la tengo hollada
de tanto pisar mis huellas,
y mi sangre está dispersa
entre quebrados olivos
donde entrelaza el mochuelo
sus acompasadas notas.
Me identifico al fin
al comprobar que allí sigue
la herida abierta
en el monte
-cicatriz de los tiempos-
cuando abro y cierro
mi ventana.
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El abandono del amor

Me abandonaste
en el desierto de mi desolación
entre oscuras penumbras que se ahogan
por no tener resignación.

Esperanzas insoportables
por seguir viviendo con el remordimiento
de un amor enfermo por la lejanía de tu amor.

Transpirando sufrimiento
conociendo mi divagación
improvisado un silencio invisible
que solo atina ignorar a el dolor.

Siempre fue inútil arriesgarse
con la última esperanza de la inanición
te cansaste de mi cuerpo como remedio de una solución.

Gritos aletargando el cansancio
años que cuentan el sacrificio en comunión
no dejaste nada
para no tener que decir adiós.

Solo requería un poco de esperanza
una gota de tu aliento
para poder seguir con esa historia.

En tu mente otra era la historia
nunca estuviste dispuesta a amar sin tener que mentir
solo sentías pasión sin amor agápe.

Nunca te importaron las horas que pasé en el desvelo
buscando un pobre momento
que me diera un poco de consuelo
para no morir de un olvido sin resignación.

El mute
11/04/2018.
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Diario

Después de veinte años voy a abrir mi baúl, y encuentro un diario, me dirijo hacia la sala enciendo la lámpara, y empiezo a leer, hay muchos recuerdos, escribir cuando recibí mi primer juguete, mis bromas, el primer traje para mi primera comunión, mis primeros y únicos amigos, el primer amor que nunca olvidamos, los sufrimientos.

Las fiestas infantiles las promesas que jamás se cumplieron, las modas de los años ochenta, cambios de look para parecernos a sus actores y súper héroes del momento, correr detrás del auto de helados, teníamos más libertad, creatividad, los sueños realizados y escritos en papel, juegos al aire libre, inventando nuevas reglas.

Juntábamos nuestros domingos para comparar las nuevas historias, y cuando trabajábamos por centavos y eso no nos importaba, nos reuníamos en los parques para contar historias, entre nosotros nos contábamos mentiras blancas, secretos en papel.

Volando cometas, respirando el aire puro, recorriendo las playas, jugando con las olas del mar, hay muchos recuerdos en este diario, nombre de los primeros amigos, las novias, las fechas de cumpleaños, aniversarios números telefónicos, y todas las noches escribiendo lo que nos ha sucedido, buenos recuerdos que nunca más volverán.

Vuelvo a cerrar este diario, volveré ha guardado y espero volver a leerlo para seguir recordando de los buenos momentos de mi vida.
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Tuercas y tornillos

Un tornillo olvidado
en una cubeta despeltrada
en un rincón húmedo
del antiguo garage.

Una tuerca sin mangas
flotando en el charco primordial
de una vieja bolsa de utensilios
en la bodeguita
al fondo del jardín trasero.

Algún día fueron uno,
¡case impecable!
ella se enroscaba en él,
dichosa y pletórica,
él entraba y salía
y permanecía
en el centro de la existencia
de ella;
su armoniosa comunión
creaba un engrase perfecto,
el éxtasis de su simbiótica
existencia.
Juntos tenían propósito,
eran parte de algo grande,
algo que a ambos rebasaba,
algo que sin embargo,
sin ellos,
perdía su cabal plenitud.

Hoy ambos languidecen
en la ocre inexistencia
de sus mutuas ausencias,
asfixiados por el óxido
de las herrumbres memorias
de lo que ayer fue;
y que mañana,
nunca jamás será.


@AljndroPoetry
2018-ene-31
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La ida en el horizonte

Mira bien al horizonte,dónde tu destino va a quedar al descubierto.
Esperando ser aprovechado en su totalidad sincronización con las estrellas,todo como dios lo quiso.
Mira el faro allí encontrarás la respuesta, allí podrás ver tu destino claramente.espera solo dejate bañar por la luz, y lo verás claramente.
Cuando lo hayas encontrado,no me des las gracias, solo vete y no preguntes porqué.no podrás recordar nada, para ti será fácil pero para mí no.me guardaré en el fondo de mí conciencia el agradable abrazo que me permitió continuar hasta en los días más rotundos.
Solo debo continúar sin insinuar que yo tengo la culpa,pero me doy cuenta que no soy capaz de manipular el destino de nadie,solo Dios puede crear una distorsión en ti y cambiar tu destino.solo déjame seguir,solo déjame vivir,solo quería existir para ser aceptado por ti y que me corrijas para crecer en comunión con cada especie de la tierra.es como dios lo quiere, pero las reglas ya no sirven.
Por eso ya no te voy a ver más, ya no sirvo.
La vida es tu destino,te predica que solo vas a cumplir un ciclo y nada más.pero espera antes de que tu ignorancia amablemente me diga;no te quiero dejar, mi vida se conviertira en una sombra translúcida que se desvanecera en el espacio infinito y deje rasgos inservibles como el amor.
Pero solo mira al horizonte, solo piensa, solo quiero que me recuerdes en las últimas porciones de la mente, pero las galaxias deboraran tu inteligencia y vas a comenzar todo desde cero.
Ponte a pensar lo que digo,el futuro impedirá que el sol tenga su próspera vida y no quedara nada por hacer.nose porque digo esto pero quiero decirte muchas cosas antes de que te vallas para que te lleves un recuerdo de nuestra vida terrenal.estuve tanto tiempo contigo, eso me permitió ver cosas inexploradas. Estuve perdido y nadando en un mar de estrellas,pensando que algún día podria descubrir todos los secretos que conforman tu forma de ser. Estoy solo,esperando lentamente tu ida. No te quiero apurar, pareciera que estoy eligiendo que quiero hacer con tu vida y eso lo tendrías que decidir vos.cuando te vallas, mis lágrimas serán muy pesadas, llevándose a su paso los recuerdos y las insuperables penas.
Pero ante todo te digo chau, pero no un chau decaído sino un chau con emoción gracias a todas la cosas lindas que viví con vos.
Voy hacer hablar al silencio y a su vez le enseñaré a despedirce delicadamente,y en este momento te está diciendo chau.
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Aprendi...

Aprendí que cada amanecer es una oportunidad para ser feliz.

Aprendí que la vida es corta y hay que disfrutarla.

Aprendí que la felicidad fluye dentro de ti como un manantial.

Aprendí que la amistad no se compra, nace incondicionalmente.

Aprendí a levantarme cada vez que he tropezado.

Aprendí a no temer a nada menos al que dirá la gente.

Aprendí que el amor no se fuerza, fluye naturalmente.

Aprendi a amarme a mí primero y después a los demás.

Aprendí a perdonar, pues al perdonar estás en comunión con Dios y con los demás.

Aprendí que no toodas las historias terminan con un final felíz.
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Desterrados

Caminando sedientos, bajo un sol ardiente, un tumulto de personas caminan sin saber a donde ir, llegan a un país extraño, a un país distante de ellos.

Son los desterrados, por gente que en algún momento les prometieron un paraíso pero viven en una guerra sin sentido.

Hoy lloran su desventura, y llevan acuestas sus recuerdos de una tierra que los vio crecer y hoy tienen que abandonarla.

No saben que harán, ni donde dormirán, lo único que saben es que hoy dormirán tranquilos, sin el zumbido de las balas sobre sus cabezas, que estremecían las paredes del cuarto.

Desterrados, de su terruño, del olor, del sabor, de sus fiestas, de sus colores.

Desterrados de sus amores, que los condenan a vivir en soledad, con el alma desgarrada.

Separados sin compasión de sus familias, de los amigos, que hoy lloran su partida.

Los desterrados, no porque delinquieron, no porque lo desean, sino porque las injusticias, la violencia, los obligó a ello.

Y el mundo mira con desdén, el éxodo interminable de seres humanos que solo quieren vivir en paz y en comunión con el mundo.

Hoy habrá un nuevo amanecer, nuevas esperanzas,
hoy saldrá el sol para ellos.
Hoy nace un nuevo día….para los desterrados.
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Me dejaste de amar

Me dejaste de amar
lo siento en cada milímetro de la piel que te añora
lo siento en este corazón
que ya no late con la fuerza descomunal que se desborda.

Tal vez fueron el cúmulo de años que se agolpan testarudos
fueron los pretextos que se acumulan uno a uno
como si no importarán los segundos que se extingue poco a poco.

Tal vez fueron las incontables noches frías
en las cuales mi sombra no estuvo arropando tu cuerpo amado
ahora lo sé
no bastará una sola disculpa como antes.

Las mil canciones que te hablaron por mí en cada letra,
hoy el río del amor es un torrente seco
ya no fluye desde el manantial cristalino
de tus propios pensamientos.
Tu fluir ya no lleva ni una sola gota de pasión
que se atesora como si fuera la última para no morir,
hoy la sonrisa nerviosa que seduce con una sola mirada
ya no basta para lograr la bendita comunión.

Ninguna palabra será lo suficientemente fuerte
para poder decir que te amo
ninguna caricia podrá ser el pretexto perfecto
para tener tu calor nuevamente en mis brazos.

Es frío el vacío de un hogar roto
en donde enmudecen las noticias
son tristes los recuerdos que no pueden romper
el desencanto de una mirada perdida.

Me dejaste de amar
y tu no eres la culpable de aquella soledad
que acompañan ahora a todas mis poesías.
ahora lo sé.

Ninguna palabra que enmudece ante tu sola presencia
será suficiente para poder volver a amar.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
21/1/2016.
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Todo es lo mismo

Somnoliento desparrame de exquisito vino,
bamboleando por el aire, fugaz como la vida misma,
salpicando a diestro y siniestro y propagando la buena nueva.

Todo se tiñe de puro rojo erradicando cualquier diferencia,
reconciliando a cada estrato en una comunión sin fin.
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La comunión

Aquella vez fue la segunda y última vez que me confesé, un día antes de hacer la comunión, perdí la fe.

La primera confesión el cura la llamó prueba y, como pude comprobar más tarde, no se diferenciaba en nada de la segunda y oficial confesión.
El día de la prueba le pregunté a Sergio qué iba a confesar.
Que había incumplido una promesa, desobedecido al profesor y que le había escupido a su hermano en la cara.
En una acción de cristiano altruismo hice mías sus infracciones.
-¿Solo eso Canet?, me interpeló el abate. He visto películas de terror y leído libros que dicen mentiras.
-Vale, dijo él -para mi asombro-. Tres salves reginas y dos padrenuestros.

Permanecí de rodillas un largo rato cavilando en mis asuntos,
simulando rezar, ya que aquello era tan sólo una prueba, un paripé.
El día de la comunión repetí en la confesión mis pecados - los de Sergio- quizá en una exposición de sadismo precoz y arrogancia.
A ver qué me ocurre, me dije. Y lo que pasó es que no pasó nada.
No se rasgó la tierra a mis pies, ni un dedo gigante me señaló desde el cielo,
ni Mefistófeles en persona se presentó para azotarme y arrastrarme hasta sus aposentos subterráneos.
Estoy seguro que Dios dejó de existir, si es que existió alguna vez, pensé.
Aquel funesto domingo hice la comunión.
No me entusiasmé, no quería beber vino ni tragarme una oblea.
Mi padre se puso corbata y mi madre estrenó vestido,
y celebramos una frugal comida a la que sólo acudieron la familia más cercana y dos amigos borrachos de mi padre.
Me regalaron un bolígrafo de segunda mano y un reloj que más tarde me robaría mi compañero de clase.
Desde aquel día he perpetrado los actos más inmorales.
Jamás me han castigado, todo lo contrario: tengo la sensación de que alguien me está recompensando día a día.

Canet
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Marcelo Carrascostinni (el abate)

El canónigo Marcelo Carrascostinni fue preguntado por la meretriz en uno de esos días de pasión del religioso.
-Dime una cosa, Marcelo,
-¿es cierto lo que dice la Biblia de que las putas entraremos antes en el reino de Dios que los ricos?-, le demandó.
Marcelo Carrascostinni, prestigioso encargado de la biblioteca nacional de la villa y corte, entregado enérgicamente al ardor de la sangre persistente, no quiso atender a la pregunta que se le formulaba.
Continuó resoplando exaltado, moviendo convulsamente las carnes de su naturaleza gruesa, dejando de lado toda inclinación mística y tareas para entregarse por entero a la consecución de la mayor de las comuniones: la del gozo.
Inmaculada le ayudaba en el cometido, buena conocedora de los puntos débiles de aquellos llamados sacros.
Aquellas oraciones del canónigo, obcecado en convertir en ofrenda el cuerpo de la ramera, aparcando los sentimientos de culpabilidad para los que él tenía en sus manos el poder de expulsar, no habían sino empezado. ¿Cómo iba a detener el rito para el cual se había envuelto con todos los emblemas que la lujuria había coronado dentro de él? Inmaculada persistió.
-Sé que lo dijo, en no sé qué parte se encuentra, pero sé que lo dijo. Y yo deseo saber si tendremos preferencia para entrar en el reino de los cielos no solo por delante de los acaudalados o los empresarios, sino también sobre los militares de alta graduación, los prelados y los altaneros policías que suelen visitar el club.-
El venerable canónigo Carrascostinni, con los ojos en blanco y la voz intermitente respondió:
-En un rato te lo digo todo, luego te lo aclaro-.
Inmaculada fingió aplacar su curiosidad y puso en su fábula mayor ansia. Algo que no pasó inadvertido para el buen abate. Incluso susurró con suavidad en los oídos del eclesiástico ciertas palabras impúdicas, lo que ocasionó una espiral de delirio al hombre, vaticinando un pronto final.
–Dime Marcelo, dime que entraremos antes y que seremos indultadas-, reiteró Inmaculada.
-Dime que seremos admitidas y estaremos a la derecha del que gobierna en el reino de los cielos. Confírmamelo o te bajas ahora mismo y te quedas en tu jodido purgatorio- le dijo con tal violencia que emociono al cura. Marcelo Carrascostinni se encontraba en un punto en que había perdido los fundamentos, los principios y no diferenciaba entre el bien y el mal, bendiciendo aquel momento como una elevación irrefrenable a la gloria prometida. La trabajadora Inmaculada entendió que su labor estaba a punto de llegar a su fin pero a la vez trató de coaccionarle y sacar de él una resolución sobre el tema que preguntaba.
-¿Por muy puta que haya sido, seré absuelta en las mismas puertas del reino, verdad?-, gritó con tal fuerza que lastimó al abate. El canónigo tembló de pies a cabeza, empotró su cuerpo sobre la sensible planicie de la mujer y sacudió aquel cuerpo irregular en medio de inhumanos espasmos. Enseguida emitió con una furia verbal arrolladora:
-¡¡¡Bendita mujer, tú reemplazarás al altísimo y creador, tú serás la todopoderosa!!!-.

Canet
dedicado a mi amigo M.C
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Humano y trascendental

El ruiseñor canta y al escucharlo
me transformo en sus alas,
me uno en comunión de melodía
y espiritualidad,
enseña la luz de todas
las oscuridades.
Mi nirvana es caminar entre el silencio,
percibir el aroma de la albahaca
mirar la luna a través del alma
ver la sonrisa dormida de un niño
y olvidar que existen dolores a mi costado.
Hacer de la palabra una fuente de sabiduría,
de las lágrimas una escuela,
del verbo una homilía
y de la paz una abadía.
Tener la conciencia de amar
todo aquello que en mí contra esté,
perdonar con el corazón destilando honestidad
y saber que al llegar la tempestad
podre asirme de mi férrea voluntad.
Aceptar los errores como mandamiento
de la imperfección pero asumiendo
con madurez no repetirlos nunca más.
Ser guerrera en las arduas batallas diarias
andar sin prisa, disfrutar de lo más sencillo
como el vuelo de una hoja desprendida de la rama.
Al escuchar al ruiseñor, descubro
lo humano y trascendental que es el mundo,
aunque lo pueblen dragones pretendiendo incinerarlo.

Yaneth Hernández
Venezuela
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la luna tu y yo

llega la noche con su cálido aliento un suave aroma en la recamara, se puede oler la pasión y las ansias de un par de cuerpos a punto de amalgamarse en un sueño tan eterno como los suspiros, la luna se esconde tras algunas nubes guarda su rubor bajo un poema, el éxtasis llega pleno y fluye en ese pequeño espacio, los labios solo recuerdan palabras llenas de amor el destello en las miradas son cómplices de aquella bella comunión,

tras la ventana
éxtasis primaveral
amor eterno.
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Blanca y Bécquer

Blanca y Bécquer

La noche estrellada en el monte de la villa. Solo el silencio se pasea de puntillas por las calles, callando los secretos de sus gentes. La luna pendiente de todos los movimientos. Blancura, allá en lo alto, claridad blanca. El silbido tenue de una caricia del viento llamó la atención de la singular silueta. Tentado estuvo el poeta de girar su rostro de bronce entumecido y volver la vista hacia atrás para ver de dónde provenía el sonido. Pero la prudencia le invitó a permanecer hierático, sentado, mirando las sombras chorreadas por la huecha del lugar.

Unos pasos se acercan, apenas perceptibles, remueven los pequeños guijarros en el camino del cementerio. Zapatos blancos de charol. Calcetines de puntillas, blancos también, como la blanca luna y el vestido de comunión que la envolvía en el misterio insólito del lugar. El cabello descendiendo sobre sus delicados hombros femeninos, ensortijado en bucles de oro y arcanos deseos. El camino de subida al castillo se había borrado con el olor al tomillo y el aliento del Moncayo.

Gustavo, el poeta romántico, allí estaba detenido, sentado, llamando al tiempo de su tiempo. Una mano sostiene el contador de las horas, de los días y de las eternas esperas sin nombre. La otra, enmudece las cartas inéditas que un día leerán muchos ojos ávidos de la belleza del logos. Con la mirada reposada, en lontananza, fantaseando con el silencio monacal del monasterio de Veruela. Envuelto en su capa, la amiga de inviernos y senderos, sintió una presencia en sus espaldas. La mano se posó en su hombro. Mucho más gélida que la temperatura del resonante cuerpo bronceado. Un escalofrío estremeció los cimientos de la fortaleza y algunas ondas trasladaron la sensación al mismísimo nigromante que la construyó.

-No temas amigo. He bajado de la ardiente clara nocturna, para sentarme a tu lado, y soñar, en este espacio maldito para creyentes, en esta bruma esotérica de brujas y embrujos, de queimadas y locura, de placer y poesía.
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