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Desterrados

Caminando sedientos, bajo un sol ardiente, un tumulto de personas caminan sin saber a donde ir, llegan a un país extraño, a un país distante de ellos.

Son los desterrados, por gente que en algún momento les prometieron un paraíso pero viven en una guerra sin sentido.

Hoy lloran su desventura, y llevan acuestas sus recuerdos de una tierra que los vio crecer y hoy tienen que abandonarla.

No saben que harán, ni donde dormirán, lo único que saben es que hoy dormirán tranquilos, sin el zumbido de las balas sobre sus cabezas, que estremecían las paredes del cuarto.

Desterrados, de su terruño, del olor, del sabor, de sus fiestas, de sus colores.

Desterrados de sus amores, que los condenan a vivir en soledad, con el alma desgarrada.

Separados sin compasión de sus familias, de los amigos, que hoy lloran su partida.

Los desterrados, no porque delinquieron, no porque lo desean, sino porque las injusticias, la violencia, los obligó a ello.

Y el mundo mira con desdén, el éxodo interminable de seres humanos que solo quieren vivir en paz y en comunión con el mundo.

Hoy habrá un nuevo amanecer, nuevas esperanzas,
hoy saldrá el sol para ellos.
Hoy nace un nuevo día….para los desterrados.
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Aprendi...

Aprendí que cada amanecer es una oportunidad para ser feliz.

Aprendí que la vida es corta y hay que disfrutarla.

Aprendí que la felicidad fluye dentro de ti como un manantial.

Aprendí que la amistad no se compra, nace incondicionalmente.

Aprendí a levantarme cada vez que he tropezado.

Aprendí a no temer a nada menos al que dirá la gente.

Aprendí que el amor no se fuerza, fluye naturalmente.

Aprendi a amarme a mí primero y después a los demás.

Aprendí a perdonar, pues al perdonar estás en comunión con Dios y con los demás.

Aprendí que no toodas las historias terminan con un final felíz.
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Despertar primaveral

Estalla la aurora en un sinfín de partículas que caen sobre la arboleda cual rocío matinal. Y el sol insolente a gritos de luz les dice a los árboles: ¡despierten! Y los ojos de las hojas en la espesura se abren ante el alborozo, sus ramas se desperezan y los labios en las flores se unen a los picos de las aves y al murmullo del arroyo. Retumba la algarabía en jubilosa comunión de la natura. Y entre voces, trinos y susurros, elevan una plegaria que viaja hasta los confines del universo infinito, dando gracias por la hermosura del nuevo día.

Despierta el bosque.
Alba primaveral
en armonía.
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23comentarios 169 lecturas versoclasico karma: 104

Utópica distopía de la realidad

Nos empeñamos en creer
que este plano existencial infinito
que llamamos universo cosmos firmamento
alguna vez dio a luz a una roca incandescente
que al enfriar su núcleo ardiente
y en el más improbable y remoto
de los improbables eventos del azar
dio paso a la vida...

vida que plantó e izó su bandera de victoria
sobre una esfera anegada de materia inerme
hace tantos millares de milenios mileniales...

vida que forjó su camino que luchó tenazmente
para no extinguirse ante la espeluznate adversidad
de un cosmos que había nacido muerto...

vida que floreció, se esparció, se multiplicó,
evolucionó y hasta al universo mismo
casi en su totalidad entendió...

y también maliciosa, envidiosa, desidiosa,
mentirosa, menesterosa,
homicida se volvió...

y por la muerte la vida fue acechada
y por la vida misma la vida fue acechada
y por la ineludible inevitabilidad del omega
la vida fue acechada.

Pero la realidad es que no hubo nacimiento...

gestación sí, sí la hubo,
preñado quedó el universo de un engendro
que por millares de milenios
se proclamó la guinda del pastel
de la creación...

¿creación?

¿qué no había sido un accidente del azar?
un golpe de suerte de dados cósmicos cargados,
un as bajo la manga del vacío,
un vacío y una nada
que misteriosa, mágica, cabalística y místicamente
contenían desde ya al todo...

un todo
donde cabía la vida y la muerte a la vez,
el amor abrazado del odio,
la envidia encamada con la piedad,
la materia en comunión íntima con la antimateria,
la oscuridad anudada a la luz en un nulo claroscuro indefinible,
la crueldad de la mano con la misericordia...

un todo en una nada...

insisto, que no hubo nacimiento
solo gestación...

y el cosmos arrepentido del engendro aberrante
que germinaba en sus entrañas
decide abortar;
abortar la vida, abortar la muerte,
abortar el alfa, abortar el omega,
abortar el tiempo, abortar la eternidad,
abortar y absorber,
consumir, concentrar, compactar
un todo categórico
en una nueva nada y vacío absolutos...

y los creyentes y los escépticos
y los fanáticos y los antifanáticos
y los que creían en todo
y los que creían en nada
y los que estaban a favor
y los que estaban en contra
y los que estaban en contra de los que estaban en contra
volvieron todos al zigoto vacío primigenio.

Jamás hubo nacimiento
ni vida, ni amor, ni odio,
ni cronos, ni infinitud;
fue todo una quimérica fantasía alucinante,
el anhelo de un firmamento imaginario
que soñaba con el ser y existir;
la utópica distopía onírica
de una deidad tortuga mitológica
que flota sobre el líquido amniótico
de la inexistencia absoluta.



@AljndroPoetry / xi-17
(@SolitarioAmnte)
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Creo en el Dios ateo

Entrecortada respiración,
ahogamiento imaginado, hecho sensación.

Lágrimas espontáneas en mi atea comunión,
evolucionan en llanto más tarde en la confirmación.

No creo en Dios, ni en mi redención,
no creo en la llamada salvación,
nacimos bajo una única premisa,
las agujas del reloj hieren, esto va a misa,
pero no te marches tan deprisa,
que la última te va a matar,
así que atando cabos, ¿Cómo no vas a querer capitular?

Quisiera sinceramente, ser participe de esto,
no ver el final de mi vida como algo funesto,
sino como un paso más hacia el vivir,
sin embargo, siendo sincero...
no creo que tan cosa vaya a ocurrir,
y os lo digo con sentir verdadero...
ojalá que esto fuera el principio de un todo más complejo.
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Tal vez solo soy un soneto que murió antes de nacer

Prosa que se oculta de los verdaderos
deseos del hombre,titubeos que enturbian las ideas
como si solo fueran un encaje que se adorna
con un verso imaginado en comunión.

No soy un poeta que se autonombre en las páginas inmortales de la memoria histórica,
¿acaso no soy un fragmento del arcoíris que imagino quedarse en una línea del tiempo?.

Tus ojos me juzgan después de haber visto muchos sueños realizarse en una disciplina que no se avergüenza de existir en los siglos que inmutables
se amontonan con prisa en el tiempo.

Tú sonrisa burlona arruinó el reflejo de aquellos pergaminos de la carne que se atrevieron a salir
de las sombras vulgares de una línea inculta
que intenta soñar con la gloria del amor.

Cuantos somos como la arena incontable
y no callamos ante los murmullos de un corazón herido
que solo implora que en la noche pueda llegar con su velo oscuro y cubrirnos de brillo.

Vale mucho aquella crítica de una letra oculta
que no verá la luz de otros ojos
porque siempre se avergüenza de su música
que nunca fue engreída de su voz.

No recuerdo el momento en ese ayer
cuando decidiste cuidar mis pasos cansados
estoy seguro que no me quieres ver llover
sobre aquellas tintas rojas que vieron la luz sin florecer.

Tal vez solo soy un soneto que murió antes de nacer.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
28/10/2017.
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Comunión

Deja que me funda contigo
despacio, muy despacito,
que mi sangre hirviendo
te queme la piel.

Deja que mis manos
te aprieten fuerte, muy fuerte,
y que el néctar de mi boca sane tus heridas.

Deja que mi lengua
limpie tu alma
para recibirte en la mía
como agua.

Yo dejaré que tus brazos
me sostengan con firmeza,
que tus dedos dejen huellas
por toda mi piel.

Dejaré que tu sudor
enjuague mis llagas.

Dejaré que tu olor
sea mi nueva fragancia.

Dejaré, y siempre desearé
que tu fuego
me consuma viva.

-Aria Nahual

Sab/ Marzo 29/ 2014
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Quizas

Puede ser el deseo imposible de quererte,
quizás el uróboros ineludible de mi comunión contigo,
pero aun así te me presentas, hora y día de siempre,
con la misma sonrisa envolvente,
inconfundible mirada canela,
ungiendo mi existir en el vacío.

Quizás deliro y deliro, y te observo
y sigo viviendo...

Quizás me he convertido en el ancla triste
de un barco que ha naufragado,
hundido en el deseo infame de escribirte,
de buscarte y humillar todo vestigio de mi mismo.

Quizás fue la nostalgia,
quizás soy yo.
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Asumiendo

Digamos que si,
que para mi fue un hecho lo vivido,
que en aquella tarde si hubo entrega,
y hubo besos, y caricias,
y que todo eso no es mentira.

Asumamos este delirio,
esta vieja locura que aun no me sana,
que soy todo un tonto, y que te quiero...
Qué este loco tuyo llegó a mirarse en tus ojos
de todas las formas y en todas las edades,
siempre a tu lado en el idilio indisoluble de saberse único,
irrepetible en tu vida y en la mirada que libre,
no tenía que ocultarse.

Asumamos que me vi besando tus años,
acariciando tus canas y queriéndote enteramente mía,
aceptemos que fui yo quién te creo en mi mundo
como una estela de luz, gigante ilusión desbordada.

Asumamos que hubo dos almas
fundidas en comunión con su Dios
y que aunque pase el tiempo,
nuestra historia será para siempre
testimonio fiel de un amor incalculable,
amor que se dio de lleno muy pronto y que fugaz,
reunió en su cúspide a dos amantes ciegos,
acostumbrados a la rutina fútil de amar en silencio.
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Blanca y Bécquer

Blanca y Bécquer

La noche estrellada en el monte de la villa. Solo el silencio se pasea de puntillas por las calles, callando los secretos de sus gentes. La luna pendiente de todos los movimientos. Blancura, allá en lo alto, claridad blanca. El silbido tenue de una caricia del viento llamó la atención de la singular silueta. Tentado estuvo el poeta de girar su rostro de bronce entumecido y volver la vista hacia atrás para ver de dónde provenía el sonido. Pero la prudencia le invitó a permanecer hierático, sentado, mirando las sombras chorreadas por la huecha del lugar.

Unos pasos se acercan, apenas perceptibles, remueven los pequeños guijarros en el camino del cementerio. Zapatos blancos de charol. Calcetines de puntillas, blancos también, como la blanca luna y el vestido de comunión que la envolvía en el misterio insólito del lugar. El cabello descendiendo sobre sus delicados hombros femeninos, ensortijado en bucles de oro y arcanos deseos. El camino de subida al castillo se había borrado con el olor al tomillo y el aliento del Moncayo.

Gustavo, el poeta romántico, allí estaba detenido, sentado, llamando al tiempo de su tiempo. Una mano sostiene el contador de las horas, de los días y de las eternas esperas sin nombre. La otra, enmudece las cartas inéditas que un día leerán muchos ojos ávidos de la belleza del logos. Con la mirada reposada, en lontananza, fantaseando con el silencio monacal del monasterio de Veruela. Envuelto en su capa, la amiga de inviernos y senderos, sintió una presencia en sus espaldas. La mano se posó en su hombro. Mucho más gélida que la temperatura del resonante cuerpo bronceado. Un escalofrío estremeció los cimientos de la fortaleza y algunas ondas trasladaron la sensación al mismísimo nigromante que la construyó.

-No temas amigo. He bajado de la ardiente clara nocturna, para sentarme a tu lado, y soñar, en este espacio maldito para creyentes, en esta bruma esotérica de brujas y embrujos, de queimadas y locura, de placer y poesía.
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Me dejaste de amar

Me dejaste de amar.
Lo siento en cada milímetro de la piel que te añora.
Lo siento en este corazón que ya no late con la fuerza descomunal que se desborda.

Tal vez fueron el cúmulo de años que se agolpan testarudos.
O fueron los pretextos que se acumulan uno a uno como si no importarán los segundos que se extingue poco a poco.
Tal vez fueron las incontables noches frías en las cuales mi sombra no estuvo arropando tu cuerpo amado.

Ahora lo sé.
No bastara una sola disculpa como antes.
O las mil canciones que te hablaron por mí en cada letra.

Hoy el río del amor es un torrente seco.
Ya no fluye desde el manantial cristalino de tus propios pensamientos.
Tu fluir ya no lleva ni una sola gota de pasión que se atesora como si fuera la última para no morir.

Hoy la sonrisa nerviosa que seduce con una sola mirada ya no basta para lograr la bendita comunión.

Ninguna palabra será lo suficientemente fuerte para poder decir que te amo.

Ninguna caricia podrá ser el pretexto perfecto para tener tu calor nuevamente en mis brazos.

Es frío el vacío de un hogar roto en donde enmudecen las noticias.
Son tristes los recuerdos que no pueden romper el desencanto de una mirada perdida.

Me dejaste de amar.

Y tú no eres la culpable de aquella soledad que acompañan ahora a todas mis poesías.

Ahora lo sé.

Ninguna palabra que enmudece ante tu sola presencia será suficiente para poder volver a amar.

Poesía.
Miguel Adame Vazquez.
21/1/2016.

Dedicado a todos los que deciden renunciar y no luchan por seguir adelante.
Lucha por amarte primero.
Y lucharán por ti.
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Todo es lo mismo

Somnoliento desparrame de exquisito vino,
bamboleando por el aire, fugaz como la vida misma,
salpicando a diestro y siniestro y propagando la buena nueva.

Todo se tiñe de puro rojo erradicando cualquier diferencia,
reconciliando a cada estrato en una comunión sin fin.
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La comunión

Aquella vez fue la segunda y última vez que me confesé, un día antes de hacer la comunión, perdí la fe.

La primera confesión el cura la llamó prueba y, como pude comprobar más tarde, no se diferenciaba en nada de la segunda y oficial confesión.
El día de la prueba le pregunté a Sergio qué iba a confesar.
Que había incumplido una promesa, desobedecido al profesor y que le había escupido a su hermano en la cara.
En una acción de cristiano altruismo hice mías sus infracciones.
-¿Solo eso Canet?, me interpeló el abate. He visto películas de terror y leído libros que dicen mentiras.
-Vale, dijo él -para mi asombro-. Tres salves reginas y dos padrenuestros.

Permanecí de rodillas un largo rato cavilando en mis asuntos,
simulando rezar, ya que aquello era tan sólo una prueba, un paripé.
El día de la comunión repetí en la confesión mis pecados - los de Sergio- quizá en una exposición de sadismo precoz y arrogancia.
A ver qué me ocurre, me dije. Y lo que pasó es que no pasó nada.
No se rasgó la tierra a mis pies, ni un dedo gigante me señaló desde el cielo,
ni Mefistófeles en persona se presentó para azotarme y arrastrarme hasta sus aposentos subterráneos.
Estoy seguro que Dios dejó de existir, si es que existió alguna vez, pensé.
Aquel funesto domingo hice la comunión.
No me entusiasmé, no quería beber vino ni tragarme una oblea.
Mi padre se puso corbata y mi madre estrenó vestido,
y celebramos una frugal comida a la que sólo acudieron la familia más cercana y dos amigos borrachos de mi padre.
Me regalaron un bolígrafo de segunda mano y un reloj que más tarde me robaría mi compañero de clase.
Desde aquel día he perpetrado los actos más inmorales.
Jamás me han castigado, todo lo contrario: tengo la sensación de que alguien me está recompensando día a día.

Canet
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Marcelo Carrascostinni (el abate)

El canónigo Marcelo Carrascostinni fue preguntado por la meretriz en uno de esos días de pasión del religioso.
-Dime una cosa, Marcelo,
-¿es cierto lo que dice la Biblia de que las putas entraremos antes en el reino de Dios que los ricos?-, le demandó.
Marcelo Carrascostinni, prestigioso encargado de la biblioteca nacional de la villa y corte, entregado enérgicamente al ardor de la sangre persistente, no quiso atender a la pregunta que se le formulaba.
Continuó resoplando exaltado, moviendo convulsamente las carnes de su naturaleza gruesa, dejando de lado toda inclinación mística y tareas para entregarse por entero a la consecución de la mayor de las comuniones: la del gozo.
Inmaculada le ayudaba en el cometido, buena conocedora de los puntos débiles de aquellos llamados sacros.
Aquellas oraciones del canónigo, obcecado en convertir en ofrenda el cuerpo de la ramera, aparcando los sentimientos de culpabilidad para los que él tenía en sus manos el poder de expulsar, no habían sino empezado. ¿Cómo iba a detener el rito para el cual se había envuelto con todos los emblemas que la lujuria había coronado dentro de él? Inmaculada persistió.
-Sé que lo dijo, en no sé qué parte se encuentra, pero sé que lo dijo. Y yo deseo saber si tendremos preferencia para entrar en el reino de los cielos no solo por delante de los acaudalados o los empresarios, sino también sobre los militares de alta graduación, los prelados y los altaneros policías que suelen visitar el club.-
El venerable canónigo Carrascostinni, con los ojos en blanco y la voz intermitente respondió:
-En un rato te lo digo todo, luego te lo aclaro-.
Inmaculada fingió aplacar su curiosidad y puso en su fábula mayor ansia. Algo que no pasó inadvertido para el buen abate. Incluso susurró con suavidad en los oídos del eclesiástico ciertas palabras impúdicas, lo que ocasionó una espiral de delirio al hombre, vaticinando un pronto final.
–Dime Marcelo, dime que entraremos antes y que seremos indultadas-, reiteró Inmaculada.
-Dime que seremos admitidas y estaremos a la derecha del que gobierna en el reino de los cielos. Confírmamelo o te bajas ahora mismo y te quedas en tu jodido purgatorio- le dijo con tal violencia que emociono al cura. Marcelo Carrascostinni se encontraba en un punto en que había perdido los fundamentos, los principios y no diferenciaba entre el bien y el mal, bendiciendo aquel momento como una elevación irrefrenable a la gloria prometida. La trabajadora Inmaculada entendió que su labor estaba a punto de llegar a su fin pero a la vez trató de coaccionarle y sacar de él una resolución sobre el tema que preguntaba.
-¿Por muy puta que haya sido, seré absuelta en las mismas puertas del reino, verdad?-, gritó con tal fuerza que lastimó al abate. El canónigo tembló de pies a cabeza, empotró su cuerpo sobre la sensible planicie de la mujer y sacudió aquel cuerpo irregular en medio de inhumanos espasmos. Enseguida emitió con una furia verbal arrolladora:
-¡¡¡Bendita mujer, tú reemplazarás al altísimo y creador, tú serás la todopoderosa!!!-.

Canet
dedicado a mi amigo M.C
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Humano y trascendental

El ruiseñor canta y al escucharlo
me transformo en sus alas,
me uno en comunión de melodía
y espiritualidad,
enseña la luz de todas
las oscuridades.
Mi nirvana es caminar entre el silencio,
percibir el aroma de la albahaca
mirar la luna a través del alma
ver la sonrisa dormida de un niño
y olvidar que existen dolores a mi costado.
Hacer de la palabra una fuente de sabiduría,
de las lágrimas una escuela,
del verbo una homilía
y de la paz una abadía.
Tener la conciencia de amar
todo aquello que en mí contra esté,
perdonar con el corazón destilando honestidad
y saber que al llegar la tempestad
podre asirme de mi férrea voluntad.
Aceptar los errores como mandamiento
de la imperfección pero asumiendo
con madurez no repetirlos nunca más.
Ser guerrera en las arduas batallas diarias
andar sin prisa, disfrutar de lo más sencillo
como el vuelo de una hoja desprendida de la rama.
Al escuchar al ruiseñor, descubro
lo humano y trascendental que es el mundo,
aunque lo pueblen dragones pretendiendo incinerarlo.

Yaneth Hernández
Venezuela
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la luna tu y yo

llega la noche con su cálido aliento un suave aroma en la recamara, se puede oler la pasión y las ansias de un par de cuerpos a punto de amalgamarse en un sueño tan eterno como los suspiros, la luna se esconde tras algunas nubes guarda su rubor bajo un poema, el éxtasis llega pleno y fluye en ese pequeño espacio, los labios solo recuerdan palabras llenas de amor el destello en las miradas son cómplices de aquella bella comunión,

tras la ventana
éxtasis primaveral
amor eterno.
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Primera Comunión

Hoy es el gran día
para estrenar emociones nuevas.
Ir con el alma vestida
de la emoción primera.

Y el espíritu, engalanado,
Como Sagrado Templo.
En comunión plena,
con el Dios divino
que se da como alimento.

Todos: amigos, familia, iglesia.
Celebramos la gran fiesta
del Santo Sacramento
con invitados nuevos a la mesa.

Y vosotras, princesas,
venid gozosas,
que vuestras emociones blancas,
esa emoción primera,
emociones de niños,
hará decir a Jesús:
-Dejad que vengan a mí
que quiero jugar con ellas.
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