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Lucha

De qué paz vienes, tan armada,
a esta tierra de hombres conquistados,
con la cruz preparada para enterrar la vida,
sementera de luz, hastío, tiéndete aquí,
en este ahora con aire de silencio y vacía
tus palabras en la yerba donde reposa la impaciencia
y luego mata, pero hay tiempo aún para desnudar mentiras,
para saber quiénes no somos antes del combate,
guerreros de lluvia, amantes de soles apagados
dime de qué paz vienes con tantas soledades en las manos,
escucha brotar la raíz de cada pétalo en las flores de la rabia,
escucha, sin escucharme a mí, tan sólo habla si puedes
mientras las sombras afilan el hacha y el verdugo reza,
de qué paz vienes tan armada, de qué paz.
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La noche de tus piernas

Tu amor es un lugar
donde a veces estamos solos,
una tarde que arde
mirándonos por la ventana
la carta en blanco que tu
me firmaste conforme
y sin problema alguno

Descarada, Hermosa, traicionera,
hija del suero, puta bandida, norte tus ojos
desastre de sueños,
tus brazos de oso,
la noche de tus piernas,
tu amor de una huerta,
la tarde que te fuiste a conquistar la primavera.

Son las cuatro de la tarde en Julio de 1998.
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Distancias

Irrumpes
por los márgenes
de esta ventana
desde la que observo el mundo
Te filtras
como una brisa
con tus dulces galanterías
me invades
como un vendaval de calor

Causas un terremoto
que me desestabiliza
Cuando te acercas
y me abrazas...
no sé mantener
mis pies en tierra firme
todo mi cuerpo tiembla
al roce de tus manos

Susurras versos
que germinan en mis pensamientos
Siento como tus enredaderas
trepan conquistandome
llenando mi jardín
de un nuevo perfume
Plantando besos
en mi campo minado

Las cicatrices de mis heridas
son punzantes espinas
que tú sorteas una a una
con tus arropadas palabras
Vas venciendo mi resistencia
desmoronando mi coraza
para estar
en cada minuto de mis días

...tan cerca que te respiro
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Lumbre

Tu inusitada sonrisa me enseño un rico mundo
que se mueve en el insoslayable placer que
genera tu cabello cuando se libera en el aire.
Afortunado me enciendo en el ocaso naranja
de cielos despejados y besos que cabalgan
el curioso terreno que encierran tus labios.

Cuando tu cintura se estaciona en mis manos
vemos un futuro indubitable que pertenece
a nuestros ojos y a nuestros pasos y a la palabra
que juntos al unísono pronunciamos sin recelo.
Seremos poetas mientras nuestras miradas duren
más allá de la noche y menos allá del tiempo.

Porque si algo se aprende cuando el sol germina
y la luna se cosecha, es que el romance
surge donde no existe tiempo, ni espacio
las almas se unen en un lugar que desconocemos
los cuerpos se conquistan con el corazón desnudo
y el amor es lumbre, que nace dos manos entrelazadas.
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Mi Triste Ruiseñor

Tengo escritos cuatro
versos sueltos que no
soy capaz de seguir
desde hace tiempo.


No pienso parar.
Ni quiero.
Ni me sale.
Ni lo intento.

Al igual que estos,
yo también sigo incompleta.
Mi vacío no logra curarlo
ni dicho tiempo.

El ruiseñor ya emigró.
Aunque dejó conmigo su voz
y al verle partir,
se llevó consigo
mi esperanza y aliento.

Fue en busca de una rosa,
donde con el tiempo,se posó.
Olvidó una cosa,para acabar de conquistarle,necesitaba
aquello que a mí me dejó.

Oh,triste ruiseñor,
te hizo falta tu canto.
Lo siento pero lo tenía yo.

Quisiste volver pero era tarde.
Como merecido castigo,
la rosa le embaucó.
Le envenenó con sus espinas.
Arrepentirse de nada le sirvió.

Yo sigo aquí vacía,
pero aún conservo aquella voz.
En sus últimos momentos,
me dijo que me quería,
que en sus entrañas aún
conservaba parte de mi amor.

Entonces,
mi esperanza cobró vida,
evadió por completo el
cuerpo del triste ruiseñor.

El reloj de arena bajaba
y de un momento a otro,
el pajarillo su sentido recobró.

Me robó mi esperanza
y a continuación me
arrebatató su voz.
Cuán arrepentido estaba,
cuán incompleta me dejó.

Ahora que completé
contigo mis versos,
ya puedes volar lejos;
Mi querido y triste ruiseñor.
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Mariposas

Él fue quién lo inventó. El juego mágico de las mariposas. Consistía en atraparlas con las manos, nunca con trucos o redes, y guardarlas en la boca antes de que se aturdieran.

Siempre hacía lo mismo. Tragaba saliva para que no se les mojaran las alas y ahuecaba la lengua. Ya en su interior, las sentía aletear buscando la salida, y casi era capaz de verlas en su mente, polinizando con su polvo de colores las flores del paladar. Notaba cómo le hacían cosquillas en las encías.

Nunca era mucho tiempo, apenas unos segundos de nada; y después abría la boca para dejarlas en libertad, para contemplarlas salir volando y, aún confusas y algo vacilantes, retomar enseguida su hipnótica danza.

Siempre jugaba a solas. Hasta que ella apareció un buen día como surgida de la nada, con su vestido azul de flores y bordados. Como un sueño, vaporosa, casi etérea... traía sus diez años apenas asomados a sus zapatitos blancos. Él apenas reparó en ella, tan concentrado estaba en conquistar y atrapar su próxima cosquilla de colores.

—¿Qué haces? —le preguntó.
—Estoy jugando —contestó él sin apenas inmutarse.
—¿A qué?
—Al juego de las mariposas.

Le enseñó cómo se hacía. Y con toda la caballerosidad de un niño, atrapó una para ella. La niña la cogió con cuidado entre sus manos, la depositó dentro de su boca, la retuvo allí unos segundos... y después la dejó libre.

—¡Ya está! —exclamó ella.
—No lo has hecho mal para ser tu primera vez —le confesó el niño.
—¿Y ahora qué?
—Ahora atrapas otra.
—¿Y después?
—Otra más.
—¡Qué juego más aburrido! —sentenció la chiquilla.

"Niñas, siempre igual; no entienden nunca nada de juegos", pensó él. Y siguió a lo suyo, buscando alas multicolores entre la hierba y las flores, ignorándola por completo.

Pero la niña volvió también al día siguiente, descalza y con unas bonitas trenzas cogidas con cintas blancas. Él la vio desde lejos, pero decidió seguir fingiendo que no le importaba. Acababa de guardar otra mariposa en su boca cuando ella se plantó frente a él, cruzó los brazos sobre el pecho y, resuelta y autoritaria, le dijo:

—Quiero que me la pases.

Y se acercó a un suspiro de su rostro, despacio pero sin miedo, hasta rozar con sus labios los de él. Abrieron sus bocas al mismo tiempo, como si fueran una sola. Dentro de esa galería compartida hubo magia, hubo silencio, hubo fantasía... y voló una mariposa.

Él se apartó un par de pasos, asustado. Ella, inmóvil y feliz, sintió un batir de alas elevarse desde la superficie de su lengua al viento, desde el viento a las nubes... y desde ahí a la libertad. Sonrió. Después salió corriendo y, ya desde lejos, le preguntó a voz en grito:

—¿Cómo te llamas?
—¡Loth! —chilló el niño, poniendo sus manos a ambos lados de la boca a modo de altavoz.
—¡Yo soy Alana! —contestó ella— ¡Y mañana quiero que me pases dos! —Fue lo último que la escuchó decir en la distancia.

Nunca más volvió a pensar que las niñas no entendían nada de juegos. Más que de juegos, sabían de magia. Desde aquel día, las mariposas las sentía en el estómago cada vez que veía acercarse a su amiga.

Juanma
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La paradoja del nudo gordiano

Unidos en un crisol universal,
Silencio álgido disiento pálido
Y gimo.
Precipita sobre mi tu quietud.
La distancia,¡Ay la distancia!
Cómo quema.

Deshumanizarme y desmaterializarme.
(¿No ves qué maravilla?)
Y yo aquí sentado en el gris menester
De quién quiere en vano.

Solo. Remoto. Abrumado.
Aunque cualquier universo
Que habites será mi patria.

Ubicua, sé ubicua.
Cierne tus raíces en mi diadema
Que me siento descalzo,
Con la paz descompuesta
En un desorden azul.

"Aquel, y sólo aquel que corte este nudo,
Este nudo gordiano,
Conquistará ningún lugar"

El adalid de revoluciones marchitas.
Escribirte para sentirte:
Consuelo de alzar y tirar.
Para que tú seas yo dejo de ser.

Llévame en tu pecho lejos de aquí.
¿Por qué, si tus latidos
Responden a los míos,
Por qué deliro sin hálito?
¡Maldito desvarío que habito!

Sentimiento nimio, sentimiento mío.
Amar a la musa, la musa me ignora.
Calamidad critica, vivacidad incolora.
Vaciedad inexpugnable me apodera.

Buscarte en mi alma,
Reclamar la calma.
Inviable, imposible.
Ven y cubre mi cama
(Qué tirito)
Tintinea aurora mullida
Con tu gracia metálica,
Con tu sombra concreta,
Que este asceta ama la penumbra,
Que está bruma engulle al poeta
Y sigue incorpórea la musa.

La musa no me quiere,
¿La musa existe?

Sedoso su vaho en mi nuca.
Fácil llorar para este adusto
Con metástasis de costras.
(La angustia encharca mi cuerpo)

Besos, besos del santiamén.
Analgésico básico.
Los labios se atrofian
Sino se devoran.

La parca alza la viola.
Sinfonía aguda resquebraja
Los tímpanos.

-Cerciorate de cerrar la ventana, amor,
Que esta noche tengo frío.

Tú ufana te afanas otra vez:
-¿Por qué nunca sonríes?
Y se caen mis piezas...
As always.

El melodramático de la lágrima fácil.
Si sonrío se descomponen mis mejillas como un plátano enmohecido.
El dolor sería y yo dejaría de ser.
(Eres dolor y mármol)

En vano esquivo el llanto.
La vida, una llaga intratable.
Mi paz, una utopía irrisoria.

No escatimo en THC,
Es que si me abstengo no vivo.
Evadirme en una nebulosa gris,
El opiáceo me da un Break,
Se acaba el plazo y retorna
La ciénaga... mi abrigo.

Me mataría, te lo juro
Pero del dicho al hecho
Y del hecho al nicho
Escucho la endecha
Y me engancho al lecho.

Quiero abrazarte procurando mi asfixia.
Morir purpúreo y yerto a tu vera.
(Beatus ille)
Te amo y me destruyo.

Pervivir es abstraerse en la insapiencia.
Las preguntas dan coces en mis sienes.
¿Por qué estoy aquí
Y no nutriendo a un manojo de gusanos?
En tus brazos soy menos necros.

Vida enquistada.
Hartazgo innato.
Hastío de tanto frío viscoso.
El esplín, mi cálido hogar.

La paradoja del nudo gordiano,
Ella está inherente y dispersa.
She was born to be loved.
I was born to be Blue.
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Háblame de ti

¿En dónde está tu frontera de viajero
que escapa con los ojos vendados
como queriendo ocultar de su memoria
todo lo que tus pies han andado?

Me angustia saber que no eres perfecto
aunque nadie lo es en este momento,
no me queda más que el alfabeto
no me alcanzan sus letras
para pronunciar las palabras
que se me escapan de muy adentro.

¿Acaso no eres más que un abecedario íntimo
que suplica la absolución de unos labios
que nunca han aprendido a callarse?

Vez tras vez revisaste cada idea
que me rodeaba en la memoria
nunca te alcanzó la noche para imitarme,
así que renuncié al derecho
de permanecer en ignorancia
y cultive mis ojos puliendo sueños
con un poco más que solo esperanza.

¿Quien te dio el derecho de hablar y pensar por mi?

Te invito a que olvidemos
el placer de poder cerrar la boca,
de construir ciudades y sobrevivir
a las suculentas verdades que siempre nos animan
a cerrar los labios para intentar por fin calmarnos.

¿En donde está la vergüenza de tus sueños
que siempre vuelan a todas partes
respirando los silencios de las voces
que no quieren ser escuchadas en vano?

Te invito a conquistar los tiempos sin recelo
a continuar vivos como podamos hacerlo
a no morir en un verso de un instante,
quiero hablar de ti y de tu lógica cordura
que me hace ser elemental para no perderme
en una poesía vieja y rota.

Háblame de tu mirada destruida
por las verdes plantaciones de tus recuerdos
de un pasado ya muy lejano,
la noche y el tiempo nos seguirán separando
como si quisiera torturarnos,
me temo que ha regresado en nosotros el dolor
como si nunca se hubiera marchado
dejando una leve mancha en la memoria
que reclama por no querer escribir su propia historia.

Marchitamos el derecho a ser felices,
no me quedaré con las estrofas
que olvidan en su melancolía
a los delirios más locos y cariñosos
que me niegan el placer de poder vivir.

Háblame de ti
antes que los sueños construyan
una memoria falsa de mi.


Poesía
Miguel Adame Vázquez.
17/01/2018.
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En la otra parte de la puerta

En la otra parte de la puerta, escuchando las canciones que salen de las gargantas rotas,

veo las cataratas como ojos llorones deshaciéndose en la palma de mi mano,

noto la brisa que sale del soplido de las amapolas,

apenas los rayos valen para asustar a los lirios, se despeñan por los barrancos las primaveras suicidas, gritan poco los pájaros y la tormenta y los remolinos conquistan la tarde como el ejército de nadie, baja el gris del cielo como sube del infierno.

Pero poco bastará cuando las palabras se mojen y todos pesemos mas, se abrirá un pedazo de mar cuando un hombre mate a otro hombre, seremos poco y la tarde irá pudiendo con nosotros hasta hacernos noche y después día, y así, atrapados en un círculo infinito de naranjas y negros, en el centrifugado del tiempo, día y noche, noche y día.

Seremos poco cuando se mojen las palabras y todas las olas hayan desnombrado lo que antes tenía nombre, dejaremos de saber donde están las lunas que guardamos en el cajón y todas las noches serán oscuras, serán pocas las palabras cuando se mojen los hombres, cuando la palabra se haya hecho carne y pese en la mano del que la sostiene como la piedra que es
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Amiga Luna, te cuento un secreto

La luna, ese manto blanco
que cubre el cielo de estrellas
y luego sonríe
con una creciente boca abierta.
Me gusta olerte,
oler el perfume de tus uñas
cuando te rascas las esencias
y disfrutas de nuestra felicidad
con el aroma de la vida,
la Vida Eterna.
Besar tus bostezos,
abrazar tus ronquidos,
saborear tus legañas,
son detalles que no dejo a la ligera
porque son míos,
son nuestros tesoros
como yo te santifico a ti
preñándote en un trono para tus pies,
y un palacio para tu melena mañanera,
esa que suavemente acaricias
cuando nos transformamos en engreídos románticos,
esa que con mi furioso amor, siempre despeinas.
Mi romanticismo,
cuando te mantienes petrificada
como si fueras Medusa, quieta,
lo moldeas con sonrisas furtivas
hasta convertirlo en lujuria perfecta,
te me haces de rogar,
y luego yo peco de sicalípticos poemas.
Amor que tanto no sé amarte,
me encantaría rugirlo ante tu presencia,
que la Tierra nos envidie
cuando lo chille como el primer colono que gritó:
“¡Dios bendiga América!”.
Mis poemas, hundidos en tus cuar-tetas,
no podrán procurar historias
con sus bocas nutridas de ti
ilusionados como Romeo y Julieta,
embellecidos al igual que las esculturas de los Antiguos,
esas de Grecia,
o también tan entregados como Cervantes a su Quijote,
una obra maestra,
o el hombre a la mujer,
Adán y Eva.
A veces la elegancia no es siempre quedar bien,
sino soltar toda la despensa,
sin arcanos, tapujos, rodeos
ni tampoco frases hechas,
y así se conquista más
aunque no se crea,
sutil y deseoso,
delicado y apasionado,
todo en un equilibrio,
en ese que tanto me enseñas.
Así es la vida:
yo soy tu arma,
y tú, mi mejor defensa.
Con esto te digo
que eres pura envidia,
envidia de todas esas
que hierven de pasión descontrolada
al escribir todo esto, atrevido,
que tú y solo tú, eres mi dueña.
Contengo tu mirada,
veo en ella mi orgullo,
lo poco que tengo de poeta,
de humilde soberbio
y de impaciente amado que siempre te desespera.
Pero he ahí el verdadero amor,
el de almas gemelas,
que mientras mi nariz huela a tu imperio,
mi lengua conserve tu sabor
y mis ojos, tus ojos,
yo habré alcanzado lo que siente Dios
cuando sé que me amas día a día,
con todas las letras.
Así que, amiga luna,
me guardas este secreto,
desea a mi amada felices fiestas
y, aunque estés a vista desnuda de todos,
quiero que mi todo, se lo des, por favor, a ella.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Reminiscencia de invierno (parte VII - final)

Ese lunes por la mañana Salvatore llama a Alessandra camino a su trabajo. Le dice que es vital conversar esa misma tarde. Le pide que salga temprano y que lo acompañe al parque pues tiene cosas muy relevantes que contarle sobre su viaje a Monterrey. Alessandra queda sorprendida de saber que él anduvo en Monterrey el fin de semana y le dice que ella también tiene información muy extraña que compartir con él sobre una charla que tuvo con doña Juana el día sábado. Alessandra no tiene que rogar mucho a Claudia para que la cubra esa tarde; después de lo que ambas vivieron en la cocina de doña Juana, sabe que es crucial esa cita. Salvatore por su lado, pasa muy mal rato rogando a su jefe que le deje salir temprano, una vez más; inventa alguna cita inesperada con el IRS, y en Estados Unidos ese es siempre un tema de respeto; de mala gana, el jefe accede. En el parque, los copos de nieve caen con una tristeza, como si tuvieran el augurio de que esa tarde, alguna hermosa historia de amor, podría acabar. Alessandra y Salvatore caminan de la mano, se miran fijamente a cada rato mientras lo hacen; ninguno comienza tratando el tema grave que necesitan abordar. Hablan de nimiedades. Se preguntan del trabajo. De como van las ventas en la pastelería. De como están los clientes de Salvatore. Finalmente se sientan en una banca, respiran profundo y Alessandra le cuenta todo lo sucedido donde Juana. Salvatore por su lado, le cuenta los increíbles hallazgos de Solomon en los archivos de Remembrance. Ninguno de los dos quiere dar crédito a las historias que cada uno cuenta y a la increíble coherencia y consistencia de ambas. Alessandra llora mientras cuenta su parte, las lágrimas caen al suelo como granitos minúsculos de hielo. Salvatore tiene una cara de aflicción imposible de esconder. Ambos deciden ignorar todo lo que han investigado. Simplemente no pueden dar crédito que el uno o el otro se haya hartado de la relación y del intenso amor que vivían.

Los meses pasan volando. En menos de diez días Alessandra rompe definitivamente con Salvador, su prometido. Le cuenta que ya sabe toda la verdad y Salvador no opone ninguna resistencia. La abandona de inmediato, sin drama. En menos de un mes, ella se muda al apartamento de Salvatore. El mes siguiente dan rienda suelta a su pasión. Las noches no les alcanzan, pues el deseo y el amor les desborda. Los primeros meses son de idilio total, se enamoran tan profundamente, como nunca antes lo habían estado. A partir del cuarto mes, algo empieza a ir mal. Todo lo que investigaron meses atrás empieza a hacerse realidad, inclusive una realidad más dramática que lo que les habían contado. Alessandra desarrolla paulatinamente una codependencia muy intensa y maliciosa. Empieza a tener un comportamiento compulsivo, obsesivo y controlador. Salvatore la ama desesperadamente y aguanta con valentía todo lo malo que se viene. Sus encuentros sexuales no menguan ni un ápice a pesar de todo. Una tarde cualquiera de sábado, volverían al apartamento a las tres de la tarde y pasarían desnudos hasta la media noche, devorándose el uno al otro, con o sin coito; y la cantidad y calidad de sus orgasmos es algo fuera de este mundo.

A los seis meses todo ha concluido. Salvatore se ha mudado de ciudad, ha puesto una orden de restricción contra Alessandra. Ha viajado a Monterrey a hacerse un borrado voluntario de memoria, olvidar a Alessandra y todo lo que tenga que ver con ella, otra vez. Alessandra pierde toda cordura, literalmente. Se le diagnostica algún tipo de demencia. Es recluida en un centro especializado para recibir el cuidado y tratamiento que corresponde. Claudia se encarga de todo. Las ganancias de la pastelería son suficientes para cubrir con esos gastos y aunque no lo fueran, Alessandra es su amiga del alma. Sufre mucho por ella. La visita todos los sábados sin falta. En cada visita, Alessandra le cuenta sus delirios de relación con Salvatore, una que aún no termina; le cuenta como él la visita a escondidas todas las noches, se mete a su cama y le hace el amor toda la madrugada. Y siempre se despide diciendo que la ama con toda su alma, que pronto la rescatará de esa clínica, que ya casi desbarata toda la organización de Remembrance, y cuando concluya, ella será liberada y vivirán felices para siempre. “Salvatore, te amo”, es lo que ella siempre le dice al verlo salir por la puerta de su habitación.

Seis meses atrás, esa noche de domingo, Salvatore llega casi en automático a la casa de Solomon, al sucio y lúgubre sótano donde vive. Por el camino lo asalta la incertidumbre, la ansiedad, el desespero. No puede creer que su historia con Alessandra no acabe de comenzar, que ya tengan esa historia previa. Esa historia tan extraña, y que inclusive ni esa historia es verdadera, según lo que Solomon le ha anticipado por teléfono. ─Tú y Alessandra nunca han estado juntos. Nunca se conocieron en verdad. ─le dice Solomon─ todo comenzó con un concurso que ambos ganaron en alguna red social, alguna encuesta que llenaron y salieron favorecidos con unas vacaciones de ensueño ─Solomon continúa relatándole ese mecanismo que Remembrance utilizó en el pasado, unos tres años atrás, cuando su tecnología estaba en versión beta. Y le cuenta como las dichosas vacaciones de ensueño eran en realidad una prueba beta de implantarles los recuerdos de unas vacaciones. Que coincidentemente Salvatore y Alessandra eligieron Milán como destino de su viaje vacacional. Lo que Remembrance hizo sin su autorización fue agregar la experiencia de romance fugaz, y para que ésta fuera más intensa cruzaron sus dos personajes. Cada uno había sido la experiencia romántica del otro. A decir verdad, había un buen nivel de seguridad en la experiencia, estaba garantizado que el romance sería superficial y temporal y que sembrarían en ambos un sabor de haber sido algo bello, pero que no iba a tener trascendencia alguna. Tiempo después, algo inaudito ocurrió. Los recuerdos sembrados en cada uno de ellos empezaron a crear nuevos recuerdos, unos que no fueron implantados, y que obviamente tampoco correspondían a ninguna realidad. Esos nuevos recuerdos incluyeron la continuidad de su relación de vuelta en Estados Unidos. Y un breve periodo de un año en el que se amaron con una intensidad, como ninguno había experimentado en su vida real, al punto de hacer planes de casarse. La relación ─en la virtualidad de sus nuevos recuerdos─ sin embargo, se deterioró porque Alessandra desarrolló una obsesión maliciosa y un síndrome de bipolaridad que hizo que continuar juntos fuera poderosamente peligroso para ambos. Si bien la relación que su cerebro inventó a raíz de los recuerdos primarios implantados no era 100% idéntica para ambos, los puntos de coincidencia eran asombrosos. En la vida real, dos personas no recuerdan una relación 100% igual tampoco, cada quien le ve sus matices y la ve a través un cristal distinto. Todos los participantes de la prueba beta eran monitoreados quincenalmente por personal calificado de Remembrance y al detectar esa anormalidad los invitaron a ambos, cada uno en fechas distintas, a realizar otro viaje a Remembrance, donde se les contó la verdad de lo que les acontecía y al descubrir ambos que todo era una farsa creada en su cerebro, optaron por un borrado total de toda la experiencia: De los recuerdos que nacieron espontáneamente, del viaje original a Monterrey, de las vacaciones inventadas en Milán, del romance fugaz, de todo lo concerniente al tema. Y para hacer verosímil todo el tema y liberar de responsabilidades a Remembrance les pidieron que grabaran los videos falsos en que ambos confirmaban haber tenido una relación real, que se tornó dolorosa y decidieron borrarla de su memoria. Alternativamente, había unos video reales de todas las sesiones que habían tenido con ellos; estos últimos eran ultra-secretos y estaban encriptados con criptografía cuántica, indescifrable para el mortal promedio; mas no para Solomon. Como parte de los servicios de borrado, Alessandra optó por el detalle de conocer un nuevo novio de inmediato, alguien que sagazmente la conquistara y le propusiera matrimonio, y que tuviera un nombre similar al de Salvatore. De allí surgió Salvador. Por su lado, Salvatore optó por que le sembraran un desgano y apatía total hacia una nueva relación, prefería quedarse como un lobo solitario. Doña Juana y algunos otros personajes, eran personal de Remembrance, que se aseguraban de lo verosímil de las historias, y ante el encuentro inesperado de Salvatore y Alessandra, activaron un plan “B” que hiciera creíble la cuartada de Remembrance en todo el tema ─¿Tienes una memoria USB que me prestes? ─pregunta Salvatore─ cópiame allí todos los videos por favor, me los llevo para revisarlos nuevamente con calma esta madrugada ─. Solomon hace la copia y lo despide con un efusivo apretón de manos, de alguna manera le había cogido cariño a Salvatore ahora, a pesar de la falta de empatía que caracterizaba a Solomon. Salvatore regresa a su casa, conduce con mucha calma, como sedado, como hipnotizado. Los videos vistos pasan por su cabeza una y otra vez, dando punzadas en su corazón, cada vez más fuertes. “Alessandra, te amo”, susurra mientras conduce por la larguísima autopista que lo lleve de regreso a su hogar vacío, un hogar donde Alessandra, en la realidad, nunca tuvo parte.


FIN.


@AljndroPoetry
2018-ene-12
19
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La playa de invierno

[...No imagino desgaste más hermoso
que el de las olas del mar mellando las rocas...]

Hay quien dice que esa playa desierta
era la serenidad sin dirección
un inmenso lugar donde amanecer sin pensar
sin preocuparse por elegir un sendero que seguir

Con mis pies descalzos me acerque hasta la orilla
esperando que el mar me concediera una respuesta
sentí el roce de las olas mientras inhalaba oxígeno puro
interrumpiendo el espejismo cristalino del litoral

Intentaba buscar la dirección en el horizonte
allí descubrí el perfil de una roca inmensa
semejaba un hombre esculpido en el contorno de luz
que como yo parecía buscar respuestas

[...No imagino desgaste más hermoso
que el de las olas del mar mellando las rocas...]

Llegaron como un susurro las palabras escritas en el aire
de ese Dios que aún no encontré al que llamaban libertad
símbolo de esa ley que como el respirar
es amalgama de fuerza y viento...
...de ese mar que baña la isla de mis sueños
aquella que aún no he conquistado

Agradecí aquella tarde invernal
en que me obsequiaron con aquella fotografía
acompañada de la eterna melodía que desata mi imaginación
ese compás que se esconde en cada persona que observa el mundo
sin más intención que encontrar los detalles que dan sentido

Ese fue un segundo de tiempo de un día de cualquier calendario
pero que en el mío me llevo lejos del caos de mi ciudad
recordando el peligro de permanecer inmóviles
si solo hacia un mismo punto observamos

[...No imagino desgaste más hermoso
que el de las olas del mar mellando las rocas...]

Pero prefiero seguir recorriendo el universo infinito
sobrevolándolo con mi imaginación
tatuándolo en mi memoria
componiendo palabras en pentágramas de papel

...porque cada paso es una huella
cada huella la semilla de un nuevo sendero
capaz en ocasiones de germinar un paraíso
sin olvidar que hay pasos que nos llevan ante el abismo

...no importa si resbalando caemos en el vacío
siempre algo puede detener suavemente la caída
remontando en vuelo para hacernos más libres
venciendo la ley de la gravedad tan solo con nuestra voluntad
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50...viento de levante

Escribo mi tiempo
sobre olas pasajeras
y este mar que ahora miro
me grita en silencio
aquellos momentos
en los que embarqué mi vida
poniendo rumbo
a inciertos horizontes.

Hoy sé que este mar ya es océano
y que el tiempo, como las olas,
a veces me devuelve mis recuerdos.

Que ya es más larga
la travesía recorrida
que lo que navegar debo
para llegar a puerto.

Despliego pues la mayor
a un viento de levante
que me empuje los retos
aún por conquistar
y amarro a proa el ancla;
me sobran tiempo y fuerzas
para navegar...
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Oasis de delirio (@Transmisor_d_Sinestesias & @Pequenho_Ze)

Tus pupilas
ese par de abismos
que extravían
en medio de la nada
que atan
que derrumban
que desarman...
que trazan el paraíso
su brillo
entra por mis ojos
eriza mi piel
conquista cada poro..

Tu espalda,
ese mapa poblado de lugares
donde esconderme,
ese misterio
que me oculta
me enloquece
me silencia
que me lleva a dormir sueños
silenciosos
en cada caricia de mis dedos
en tu piel.

Tu cuello
pasadizo a lo sensible
fuente tentación
llave de la entrega
camino hacia tu hombro
senda hacia tus dunas
inicio del terremoto
primera brasa
de tus fuegos

Tu boca
con el fulgor parisino
de mil luces de neón
me cubre la mirada
ilumina mi esperanza
y hace que caiga
que llore
que ría
que siga el camino
que marca tu voz

Tu lengua
pausada
atrevida
elixir ardiente
principio de la tempestad
armonía de deseos
pionera de lo prohibido
catadora de néctares
corcel de las tentaciones...

y yo,
con mi sombra,
recordando centímetros de aire
que llevan tu silueta
acariciando negras nubes de niebla
que susurran que no
besando sinsabores
calmando los ardores
con gélidas palabras
que ocultan el deseo
de un amor que nunca
debió rozar el corazón.



(Imagen: Niloy J. Mitra and Mark Pauly)
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Agujero blanco, cimiento y flor

Puedo verte al asomarme al balcón.
Decidido, con pasos de cimiento y flor,
con pancartas y la sonrisa de los que no se resignan.

Te encuentro, agujero blanco,
en los versos de Neruda,
al paralizar un desahucio,
al defender lo que es de todos.

Me acunas, marea,
que borras poco a poco
estas huellas de un pasado sin futuro.

Caminando, puedo escucharte,
reclamando lo que nos pertenece.
Primavera, que floreces
a cada paso, a cada grito.

Floreces. Y con tu luz alumbramos
cloacas del miedo de despacho.
Floreces. Y a tu paso,
curas democracias enfermas.
Tus manos, tu voz,
la palanca con que sacudir escaños.
Puedo escucharte, en cada escuela,
en cada hospital,
en cada constitución saqueada.

Me acunas, marea.
Tú, que borras poco a poco
estas huellas de un pasado sin futuro.
Me acunas, atrapasueños
de conquistas sin vencidos.


Puedo verte. Puedo escucharte.
Con tu caja de herramientas y tus gafas de lejos.
Puedo verte. Puedo escucharte.
Enseñándome. Llamándome.
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Reminiscencia de invierno (parte VI)

En el check-in asistido por computador del aeropuerto, Solomon se siente como pez en el agua. Para Salvatore sin embargo, es como un proceso sin alma, extraña los tiempos en que una señorita amable le atendía en un mostrador; en esto él es todavía chapado a la antigua. El vuelo a Monterrey no toma más de noventa minutos (la última década de avances aeronáuticos no ha pasado en vano). Solomon está tan desvelado luego de una intensa madrugada conquistando reinos en Dota 9, se queda dormido de inmediato y ronca durante todo el camino. Salvatore, también está trasnochado pero no concilia el sueño en su asiento, de hecho nunca ha podido dormir en un avión, incluso cuando viajó a Alemania. Ha sido y sigue asediado por la incertidumbre. ¿Qué encontrará en Monterrey?

Salvatore había investigado ya que esa tarde tenían una presentación comercial (para incentivar las ventas) en el edificio de Remembrance. Mientras tanto, se hospedan en el Holiday Inn Monterrey Valle. Solomon continúa durmiendo el resto de la mañana, hasta pone el rótulo de "no molestar" en su puerta. Salvatore se recuesta, pero sigue pensando en el incidente de su pasaporte extraviado y esa hoja fantasma, digitalizada en la nube, con un sello de Monterrey. Piensa en Alessandra, en sus besos, en su cuello; y por un instante, vuelve a sentir en sus labios, el oasis de su ombligo y ese recorrido por los delicados trazos de sus piernas y por la alucinante curva de su derriere. Su paladar se endulza ante la evocación del sabor de sus pezones. Recuerda sus ojos, esos profundos ojos café oscuro donde él podría perderse el resto de su vida. “¿Qué estará haciendo esa mañana de sábado?” es una pregunta que ronda su mente mientras se queda dormido, aunque no más de media hora.

Solomon y Salvatore tienen un hambre voraz al mediodía. No desayunaron nada en el avión. Bajan al restaurante del hotel y se comen una buena cantidad de tacos al pastor bien enchilados. A Salvatore se le da bien el picante en la comida, Solomon en cambio tiene la cara enrojecida, una lágrima sale por su ojo izquierdo y en su lengua, hay un incendio que tres cervezas corona no son capaces de apagar. ─No bebas más por favor, te necesito sobrio en la presentación ─le dice Salvatore─ creo que hay secretos oscuros en la tecnología que usa esta corporación, seguro que tu agudeza de hacker ha de captar algo que yo jamás podría ver ─Un vaso de agua con hielo, urgente ─le grita Solomon a un mesero que va pasando cerca.

Un taxi verde los lleva velozmente a su destino. Un edificio de unos siete pisos a pocos kilómetros de la zona industrial de Monterrey del parque Fundidora. El taxi es un sedan Nissan que se les antoja pequeño, pero es un auto del año y de verdad se siente como nuevo. El conductor responde un par de llamadas con su auricular bluetooth durante el viaje y no deja de decir cosas como: “güey haz esto”, “¡no seas güey!”, “¿qué te dijo ese güey de mí?”, “te dije que no volvieras a ver a ese güey”. Parece que todo su vocabulario gira alrededor de esa palabra “güey”. Solomon tiene amigos Mexicanos pero no había escuchado que usaran tanto esa muleta al hablar. Entre llamada y llamada les habla de lo que él considera atracciones turísticas en el camino. A Solomon solo le llama la atención lo caprichosa forma del cerro de La Silla, Salvatore está absorto en sus preocupaciones, realmente no ha puesto atención a nada.

El edificio de Remembrance es totalmente asimétrico en todos los sentidos, tiene dos caras revestidas por completo de vidrio que asemeja espejos que reflejan todo a su alrededor. Una cara totalmente tapizada de ladrillos de un café quemado y otra cara que parece un inmenso césped vertical. Una de las caras de espejo, a ratos, según la intensidad de luz, parece esbozar la silueta de una neurona. Allí los reciben anfitrionas sumamente amables y atractivas. En un salón de conferencias les dan una presentación general de los servicios de la corporación en una pantalla que es literalmente de 360º. Una de las anfitrionas toma un grupo (Salvatore incluido) y los lleva a un recorrido por todas las instalaciones del edificio. Las áreas tecnológicamente impresionantes son las que principalmente se muestran, nadie quiere ver las oficinas de contabilidad o de recursos humanos. Otra anfitriona toma otro grupo, donde va Solomon. Los recorridos pretenden mostrar las mismas áreas, pero en orden distinto, en grupos pequeños es más fácil apreciar, comentar, preguntar y responder inquietudes. En noventa minutos concluye todo. Cerca del 20% de los asistentes terminan comprando paquetes de servicio.

Temprano esa noche, Solomon y Salvatore se van a cenar a un lujoso restaurante en el centro de Monterrey. “Allí sirven un cabrito de primera” les dijo el encargado del mostrador del hotel antes de salir. Salvatore sabe que tiene que consentir a Solomon un poquito, que le está pidiendo demasiado, considerando que ni siquiera son amigos y hasta hace muy poco, ni se caían bien. En el restaurante, precisamente piden cabrito para cenar acompañado por unas cuantas cervezas corona. La cena en verdad es deliciosa. ─ ¿Tú en verdad crees ese cuento de que lo que te venden son vacaciones inolvidables? ─dice Salvatore antes de darle una mordida a un taco de cabrito─ Esa tecnología de nanobots capaces de implantar breves instantes memorables de unas vacaciones, es totalmente viable en estos días ─le responde Solomon con la boca llena de cabrito y un poco de la salsa escurriéndole por la comisura de los labios, manchando su roja barba─ Si lo piensas bien, cuando uno recuerda unas vacaciones de unos 5 años atrás, todo lo que queda son unas cuantas instantáneas en la mente de los mejores momentos, casi no tienes diálogos, ni escenas muy elaboradas de lo acontecido ─le sigue diciendo antes de beberse media botellita de corona en breves sorbos ─eso, considerando unas vacaciones promedio, claro está; porque si en esas vacaciones te arrodillaste ante tu novia para pedirla en matrimonio, esa es otra historia; implantar algo así lo veo difícil ─Tú eres el experto en tecnología y ciertamente lo que dices me hace sentido, pero ¿qué piensas del otro tipo de servicios? lo de borrarte momentos y hasta épocas dolorosas de tu vida ─Mira Salvatore, si te soy honesto, yo no creo en eso del alma, el espiritu o de chamanes que escupen demonios en calzoncillos; pero si te puedo decir que los sentimientos y las emociones profundas parecen guardarse en algún lugar más allá de las neuronas y sus interacciones químicas o eléctricas, hay un misterio en eso ─responde Solomon mientras limpia su plato usando pedazos de tortilla con los que recoge los últimos residuos de salsa y carne ─esta carne y esta salsa de verdad son cosa aparte, qué comida tan deliciosa ─no puede Solomon evitar hacer ese paréntesis en la charla─ entonces, pienso yo, qué es viable borrarte los recuerdos, pero en tu esencia ha de permanecer algo de esa etapa de tu vida, algo de las personas y de los sentimientos y emociones que te han borrado ─concluye Solomon─ Necesito averiguar si contraté servicios de esta empresa con anterioridad ─ le dice Salvatore y le cuenta toda la historia del pasaporte perdido y la hoja digitalizada con sello de Monterrey y las extrañas cosas que le han ocurrido al estar con Alessandra, esa sensación de conocerla de antes, de amarla de antes inclusive. Solomon le cuenta que durante el recorrido que le dieron a él, con excusa de ir al baño se escabulló hacia su centro de cómputo y sabe bien en donde es que deben resguardar las copias de respaldo de los expedientes de los clientes. Le asegura que esa misma noche regresa a ese edificio con una identidad falsa de técnico externo de mantenimiento de los servidores y va a obtener su expediente. Le ruega Salvatore que obtenga el expediente de Alessandra también.

Esa noche, Solomon llega a la garita de seguridad de Remembrance y presenta una tarjeta de acceso de la empresa que les da servicio técnico a los servidores de cómputo. Solo él sabe cómo ha podido averiguar el nombre de la empresa, falsificar una tarjeta de acceso e introducir un registro de autorización en la bitácora de visitas programadas en el sistema de seguridad de Remembrance (cosas de hackers, eso es seguro). Dentro de las instalaciones se mueve con una naturalidad escalofriante. Va y viene por los pasillos de los servidores. Revisa una cosa y la otra. Asegura cables conectados. Hace chequeos a los routers, etc. Y asegurándose de estar en un punto ciego ante las tantas cámaras de seguridad, inserta una memoria USB, con un software especial que rastreará los archivos del historial de Salvatore y Alessandra. Deja la memoria conectada y se va por allí a fingir que hace más chequeos de rutina. En menos de treinta minutos concluye todo. Retira la memoria, se asegura que tenga una carpeta de Salvatore y otra de Alessandra. Y se retira de las instalaciones tan naturalmente como llegó. Uno imaginaría que estas cosas conllevan un gran riesgo y que la posibilidad de que lo descubran es sumamente alta. Pero el que sabe, sabe. Y por lo visto, Solomon, sí que sabe de estas cosas. De regreso en su hotel inserta la USB en su notebook y hace una llamada: ─ ¿Salvatore? ¡Lo tengo! Me vas a quedar a deber una muy grande con esto compañero ─ ¿De verdad? ¿No te han descubierto ni nada? Disculpa, pero honestamente nunca pensé que todo ese alarde de tus dotes de hacker iba en serio. Te debo una muy grande de por vida, tenlo por seguro amigo ─ Solomon le continúa contando algunos pormenores de su visita a la corporación y de como obtuvo las dichosas carpetas. Le cuenta que todos los archivos están fuertemente encriptados. Pero que no se preocupe, que va a diseminar (sin riesgo de que alguien más vea el contenido) la tarea de decodificación ante una red de usuarios que permiten acceso a sus computadores mientras ellos duermen, para distribuir tareas que requieren alto volumen de procesamiento y aún entre otros usuarios conectados a redes de juegos de video que no han dado su consentimiento, pero igual, existen pasadizos para lograr que cooperen. “Total, no se les hace ningún daño” le dice también. Solomon se queda dormido monitoreando el avance de la tarea que ha diseminado.

A la mañana siguiente piden el desayuno en la habitación de Salvatore. Solomon se reúne con él allí para ver los archivos en cuestión. Entre varios papeles legales y formularios se encuentra también una amplia variedad de videos. En ellos se documenta a detalle las razones por las cuales Alessandra y Salvatore, primero en pareja y luego en solitario, declaran en su propia voz la justificación y la amplia liberación de responsabilidades hacia Remembrance. En uno de los videos, Alessandra, ahogada en llanto, confiesa lo infeliz que ha llegado a ser con Salvatore, la escasa atención que éste le presta, lo evasivo que se ha vuelto, su frialdad e indiferencia, abundando en anécdotas al respecto. En otro video, Salvatore, con la voz entrecortada, como con un nudo en la garganta confiesa lo posesiva que Alessandra se ha vuelto, lo insistente y controladora que es. Que le pide justificación, minuto a minuto de sus horas en la calle, que espía constantemente toda su actividad en las redes (la cual es tan reducida de todos modos) y todas las apps de su móvil. Y detalla los ataques de histeria de ella, muchos de los cuales han desencadenado en violencia física, quizás superficial en su mayoría, pero con tendencias a empeorar al punto de creer él, que su vida podría correr peligro en algún momento crítico y trágico que aún no se da; pero que no descarta del todo. Entre formularios, contratos y videos queda muy claro que ambos, por voluntad propia, y en pleno uso de sus facultades mentales, han autorizado a Remembrance a borrar de sus vidas todo rastro de que alguna vez fueron pareja y estuvieron enamorados. Lo cual incluye visitar y persuadir por todos los medios a los familiares, amigos y conocidos de ambos, eliminar todo objeto físico y actividades en las redes, y borrar de su cerebro los principales enlaces que activan tales recuerdos, usando la patentada tecnología de nanobots de Remembrance. Salvatore está en shock ante tales videos. A Solomon le parece que todo es muy viable, tecnológica y logísticamente hablando, su pragmatismo se antepone a cualquier emoción que quisiera aflorar al respecto, pero no hay mayor riesgo de emociones; a decir verdad, su personalidad parece estar marcada por una gran falta de empatía. ─Insisto en lo que te dije ayer ─rompe el silencio de quince minutos en que ambos han quedado luego de ver el último video─ si los sentimientos en verdad fueron muy profundos, rastro de ellos debe quedar en algún otro lugar, más allá de la red neuronal de la memoria, y acuérdate que no hablo de infantiles misticismos de ningún tipo─. Luego del desayuno, abandonan Monterrey sin decir más. El silencio reina entre ellos durante el viaje en taxi hacia el aeropuerto y durante el viaje de regreso a casa. Esa noche, sin embargo, Salvatore recibe llamada de Solomon. ─ ¡No vas a creer lo que he descubierto! ─ y Solomon prosigue contándole que en ambas carpetas había unos archivos que parecían basura, residuos de alguna eliminación de archivos, o una especie de archivos temporales incompletos ya inservibles, pero que despertó su curiosidad, alguno que otro patrón que vio en ellos. Más impresionante fue que ninguno de sus medios convencionales para decodificar archivos le había sido útil. Estos tenían algún mecanismo de codificación cuántica con una llave de encriptación tan larga, que le llevaría muchas vidas humanas a la espera de incontables servidores de alta potencia de computación de la época para lograr descifrarlos. Pero que, siendo el reto tan mayúsculo, él no había de quedarse quieto hasta hackearlos, costara lo que costara, aunque su contenido fuera inservible al final. De modo que haciendo acopio de todas sus habilidades tecnológicas y hasta de las que no, pudo acceder a la ultra nube cuántica experimental en el proyecto de aceleración de partículas que hace un par de años arrancó Japón en combinación con la China y algunos países árabes en algún lugar aún secreto de Oceanía. Y luego de un par de horas de batalla campal para derribar sus múltiples sistemas de seguridad de un orden avanzadísimo, logró acceder y descifrar los archivos en cuestión de unos noventa minutos. ─Ya tengo los archivos y he visto su contenido. No tienes idea de la relevancia de ellos para tu caso. Ese contenido lo cambia todo radicalmente. No debo decirte nada más por teléfono. ¡Ven a mi casa cuánto antes! ─Salvatore no responde nada, pero no se lo piensa dos veces. Se pone unos jeans, un suéter y un abrigo, toma las llaves de su automóvil y agarra camino a casa de Solomon. Son las 11:55 de la noche de un domingo de invierno especialmente gélido, la realidad misma parece congelarse y hacerse añicos ante los ojos de Salvatore mientras conduce rumbo a casa de Solomon.


(continuará…)


AljndroPoetry
2018-ene-1
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Puedes Ser Tú o Puedo Ser Yo

Puedes ser tú o puedo ser yo
que mira de frente a la vida,
que tiene sueños, ambiciones
metas e ilusiones.

Mujer que veces duerme
llorando de impotencia
pero con el puño cerrado despierta
lista para enfrentarse al mundo.

Entre sueños y añoranzas
a veces taciturna pasa el día
otras riendo caudales de alegría
fantaseando en su futuro.

Puedes ser tú o puedo ser yo

Mujer paloma de la paz
o felina como pantera
mas con los pies en la tierra
que a la vida sabe sacar provecho.

Mujer, madre, hija, amiga
no se rinde y siempre lucha
se llena de fe y esperanza
y cada día trata de ser mejor.

Añora que vengan días mejores,
pero a veces hay zancadillas
muerde el polvo y se levanta
sonríe y espera su tiempo sosegada

De cada flor aprecia los pétalos,
siente el aire, respira profundo
deseosa de saber de su futuro,
tranquila en manos de la vida lo deja.

Pide todos los días a la vida
le regale un remanso de ternura
un oasis de bellas flores
donde su cuerpo y alma descanse.

Por las noches se duerme
mirando las estrellas
rogando a la vida fuerzas
para lograr las cosas que
un día soñó conquistar

Puedes ser tú o puedo ser yo,

Mujer paloma de la paz
a veces aguerrida pantera.

MMM
Malu Mora
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Los puntos sobre las y-es

Y no doy un paso
sin mirar a mi espalda.
Y no hago un lazo
sin pensar en quién manda.

Y no lloro por ti,
no me importas tanto.
Y a quien rompo es a mí,
déjate de egoísmo barato.

Y si simulas que te importo,
no obtendrás lo que buscas.
Y si te interesa lo que escondo,
hazte a ti las preguntas.

Y tú empieza a divagar
y a soltar discursos populistas,
que verás mi realidad:
no me interesan las conquistas.

Y date por aludido si quieres,
no voy a esconder lo que no existe.
Y reflexiona cuando pienses,
que lo nuestro fue un mal chiste.

Y saluda a tu marcha al resto,
mustios en el camino del adiós.
Y márchate olvidando esto:
"por siempre odiaré tu valor" .
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Lantana

Lantana es la flor rejuvenecida
Que se deslumbra frente al rio
Ese espejo ante su cuerpo cavío
Benditos tiempos tal flor ávida

El primor con que se.desvestía
La dulzura como.conquistaba
Paso a ser mito que aborría
Mas el rocío que cargaba

Las etapas de ser duraderas
Se pueden trastornar,ser pungentes
En camino sollozo consiente
No aceptar lo que uno no quiera

Enfrentó la naturaleza entumecid0
Su resignación ante aquel desvío
Destallò su olor bravío
Reconociendose frágil. alarido

Y que pudo su ímpetu sobrenatural?
Marchitar sus pétalos delicados !
Onservando el.cielo de otro lado
Prevalecía bello reflejo al cristal.
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A la sombra del árbol...

El día era normal y relajado, un típico día de noviembre que comienza a anunciar que el frío llegará pronto y aun así nos regalaba sus últimas trazas de un cálido sol. Por el camino los pequeños bambúes se mecían con la mano suave del aire y sus hojas silbaban con un tono bajo y esperanzador, su baile era casi hipnotizarte.

Mientras tanto en mi auto la temperatura subía, el sol me abrazaba por completo y las gafas obscuras parecían solo un tenue paño ante tal brillo... una gota de sudor recorría mi frente lentamente, como si reconociera cada surco, cada arruga, cada ínfimo detalle de mi gran imperfección y la conquistara para sí misma, al llegar a mi ceja se despidió con un cosquilleo y murió a causa del dorso de mi mano derecha.

La boca un poco reseca y el agua un poco tibia.

Exhalé un leve suspiro y giré la cabeza tomando mi cuello para liberar el estrés, el reloj marcaba las 4:17 pm con su pequeño tic tac, como si un insecto minúsculo fuera el que marcaba mi tiempo. La pulsera roja y la de piel con un pequeño cráneo de metal se enredaban al cambiar la velocidad, el motor parecía aletargado, como si el calor lo hubiera sumido en un sopor mundano. Miré a ambos lados del camino casi desértico, ningún auto asomaba ni por ventura, aun así, me tomé el tiempo de girar con suavidad sintiendo la piel candente del volante quemar un poco mis manos, parecía que aún podía sentir algo.

Seguí recto por unos metros más y llegué a la dirección. Un lugar solitario, con el sol en pleno y una pequeña banca resguardada en su propio bunker de sombra amablemente proporcionada por un gran árbol frondoso, el cual pareciera ser lo único vivo por ahí.

Estacioné el auto a un costado y abrí la puerta, la cual hizo un extraño sonido en sus bisagras como si se hubiera molestado por haberla despertado, descendí y mis pasos se escuchaban arenosos y algo arrastrados. La verdad es que no quería estar ahí pero el destino es inevitable y pensé "qué más da". Me senté en la banca y la sombra me refrescó como si me hubiera transportado en un instante a una selva húmeda, esa sombra era perfecta, me parece recordar que esbocé una sonrisa, pero no estoy muy seguro. Cerré los ojos y disfruté de mi pequeño espacio en el mundo, un pequeño espacio sólo para mí.

El ruido de un motor me hizo regresar a ese panorama semidesértico, giré la mirada y pude notar su auto a la distancia, el sol reflejaba el color plata como si una pequeña bala de cañón viniera directa a impactarme... y así era.... de nuevo el reloj 4:32 pm. Su auto se detuvo al otro extremo del mío, que mensaje más claro que el que ni siquiera podamos estacionarnos juntos. "Hola" exclamo con una voz apagada y con calma "Pensé que no vendrías"... Hacía días que no sabía de ella... "yo pensé que no vendría... y henos aquí, sólo he venido para saber qué tienes que decirme" aunque por dentro pensé que en verdad había venido por la sombra de ese árbol... "Pues bien dime, te escucho" lo dije con la voz más satírica que tenía y es que todo el mundo sabe que nada bueno puede salir de una plática que se pacta con un sinuoso y misterioso "Tenemos que hablar". Se sentó a mi lado, pero jamás me observó, sus manos temblaban un poco y sus ojos parecían quebrarse en cualquier instante "Te quiero, lo sabes..." .... "No, no lo sé, ¿me quieres?".... de nuevo pareció que le daba una punzada en la espalda... "Quisiera que la vida fuera diferente, que el universo nos perteneciera y que no tuviera nada más que hacer que quererte, sin embargo, mi vida es todo menos sencilla, es por lo que no puedo darte más de aquello que quisiera, no es falta de cariño de verdad, solo es un poco de ego porque me necesito a mí misma por el momento, por ello no puedo darme a nadie más, lo siento, pero lo mejor será despedirnos"... De ser honesto me sorprendió su sinceridad a quemarropa, esperaba un preámbulo de charla sin sentido, me gustó verla valiente por una vez.

Guardé silencio por unos momentos, giré mi cabeza hacia el cielo, el árbol seguía tan fresco... "De acuerdo" dije por lo bajo... "¿No tienes más que decir?"... espetó con algo de inconformidad... "Es claro que tu decisión está tomada, y solo has venido a decirla, si no, tu comentario de apertura hubiera sido eso, apertura, y no conclusión, cuando uno busca un dialogo suelta una hipótesis para ser desarrollada, tú querida mía, has llegado directamente a la conclusión, entonces esto no es un diálogo, es una imposición, y de ser sincero estoy cansado de ello. Te quiero, vaya que lo hago y por ello lo menos que puedo hacer es darte tu libertad a pesar de todo, porque querer de verdad significa dar todo para alguien, hasta darle el sello de salida en su pasaporte de amores olvidados" mis palabras parecieron caerle de sorpresa, no hubo discusión ni malos tratos... "De acuerdo, siendo así, gracias por venir... y por entenderme"... se levantó y caminó... En mi mente sólo pude pensar "Espero que con él sí seas feliz" y al hacerlo pareciese que me habría escuchado pues giro su rostro y por un instante me observo fijamente con sus intensos ojos verdes, aún hoy no sé bien a bien qué tipo de mirada fue la que me lanzó, si de nostalgia, enojo, locura, empatía, remordimiento, culpa...

Tres días antes de que ella me pidiera hablar, por azares del destino me enteré de su nueva situación sentimental, que obviamente era con alguien más... al saberlo el alma me abandonó por un momento, un buen trago del santo tequila calmó todos los demonios que de mí emergían... eso explicaba tantas cosas, así que callé y decidí esperar a escuchar sus motivos... nunca dijo nada sobre el tema... y yo que por un instante la vi tan valiente.

Una última mirada antes de subir a su carro y se esfumó detrás de una nube de fino polvo...

Por mi parte me quedé disfrutando de las nubes que recorrían el cielo sin preocuparse de cosas mundanas como el desamor humano... la sombra era aún fresca, la escena era tan sublime que cerré los ojos esperando que de un tajo la muerte me llevara... no fue así...

Me levanté y coloqué mis gafas de sol, 5:26 pm en el reloj, de nuevo los pasos arenosos pero esta vez menos arrastrados, es raro, sentía el cuerpo más ligero. Encendí el motor el cual rugió como si me estuviera esperando "al punto", aceleré y sentí el viento jugar con mi cabello, pareciese que el calor me había dado una pequeña tregua... "Tal vez mañana venga un rato a la sombra del árbol" pensé, mientras el camino devoraba con una sonrisa irónica mi ingrato destino...
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