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Maltratada y Ultrajada

Le conocí, me enamoró, me casé ¿Y para qué? Para vivir en absoluto silencio, para vivir con miedo, para estar en el anonimato sin que nadie sepa casi de mi.
Me equivoqué, pensé que iba a ser siempre igual, siempre el mismo chico dulce y amable, el mismo chico que con sus miradas, sus cartas y sus rosas conquistaron mi corazón.
Un día de repente empezó la desconfianza, la vigilancia, la prohibición, los celos, era una agonía, era tener miedo constantemente, era verdaderamente un infierno.
Cambió sus miradas enamoradas por miradas de obsesión, las cartas por insultos y encontré la violencia en lo que antes eran rosas, le entregue mi cuerpo y me lo devolvió golpeado, amoratado, señalado y ultrajado.
Época que ya pasó, pero quedó en mi corazón, en el recuerdo de una mujer marcada, una mujer a la que le costará salir adelante, una mujer que a pesar de todo es fuerte para seguir su camino, pero esta vez con los ojos bien abiertos.

(Este relato está basado en historias reales, algunas mujeres son afortunadas de poder contar sus historias, pero otras por desgracia no tuvieron la oportunidad, que descansen en paz.)

Davinia Mesas Lorenzo
4 de Enero de 2017
La Poesía De La Vida – Artes Literarias –
© Derechos de autor
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Cuarto Vacío. (2016)

Entre cuatro paredes el encierro dentro de mi infortunado y caído corazón.

Te fuiste y desvaneciste como la primavera me trajo el cruel y despiadado otoño, los soles que alumbraron mi destino se apagaron ya ninguno brilla como tus estelas.

Ningún remedio ni cualquier forma de vida inteligente podría curar este vacío que esta tan hondo como el mar.

Nuestro amor alguna vez fue como el aura de una estrella y alguna vez se tenia que sofocarse como una antorcha y apagarse.

Iluminaste mis caminos pero todo se envolvió en tinieblas oscuras que no me permiten avanzar a hacia aquel añorado futuro porque se extinguió como las llamas de nuestros dos corazones que se volvieron ceniza y el viento se llevo tus besos y tus caricias.

Por las noches la soledad me cubre con su manto de melancolía las lágrimas tocan cada cicatriz que la vida me dejo en este órgano vital que no deja de pensar en ti.

en el vacío de este cutre cuarto mi alma condenada vaga por cada rincón de la habitación lleno de culpa y dolor.

El calor que me brindabas con cada a brazo que nos dábamos ya no están para darme ese cálido ardor que como sol calentaba mi congelada anima antes estabas tu para alegrar mis días y mis noches y como lucero guiaba mi rumbo en este turbulento océano lleno de tempestad y ruinas en el que navego ya no hay tierra en el cual caminar y si tu no estas ya no es lo mismo sin ti.

Porque eras mi desafío eras el destino el cual debía de conquistar eras la mas bella de todas las rosas de mi huerto y ha hora estoy en este cuarto lleno de sufrimiento y mi aliento empieza a debilitarse y caigo en un sueño tu estas allí tan bella y radiante como el día en que te conocí.
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El vencedor

Quisiera ser mujeriego
como mi padre, el muy bastardo,
y vivir, de conquista en conquista,
las cuatrocientas noches
con cuatrocientos cuerpos
que decía Jaime Gil de Biedma.
Pero el amor no me deja.
A la tercera va la vencida.
Y me detengo.
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Nada que darte

Te daré una rosa
Con pétalos de mar profundo
Para navegar en tus sentidos
Hasta el fin de las galaxias

Así me conocerás en otras vidas
Cuando vueles fuera de la tierra.

Te daré una luna
De jazmín y terciopelo
para que se perpetúe
su aroma en tus poros
y se tatué su esencia en tu horizonte.

Así me buscaras entre cometas
Y cada astro al que te avecines.

Te daré mis ojos
Burbujeando humeantes
En una taza de porcelana
Para que te embriagues en ellos
Y necesites su perfume en las mañanas

Así encontraras insípidos
Al resto de los satélites.

No hay nada que pueda darte
y se compare ni por asomo
al anhelo inquieto de mi reino
por que llegues a conquistarlo
con tu traje de astronauta.
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Desastres Desiertos

Jamás sentí el verano tan cerca de mis manos cuando te acercabas.
Jamás sentí el olor de las violetas y de los ríos como cuando estuve contigo.

Jamás llovió tan fuerte como cuando me dijiste que no dormirías conmigo.

Sabes? Yo solo pensaba en adivinar otro regreso a las hojas y a los parques blancos.

Solo deseaba dormir.

¿Sabes? Solo planeaba contar las nubes en el techo de tu habitación
¿Sabes? Solo pensaba en las cuatro horas de sueño aún por conquistar
¿Sabes? Solo pedía un abrazo y disipar las sombras que nos cubrían
¿Sabes? Solo necesitaba tu respiración del otro lado de las cobijas
¿Sabes? Solo pedía tus manos.

Jamás sentí la lluvia tan atestada en mis ojos.

Jamás sentí que el viento soplaba tan fuerte desde que ya no estás aquí.

Jamás sentí que esas golondrinas que yo sembré en el parque con mis letras
hoy ya no volvieran a regar mis jardines
ni mis hojas
y que se esfumaron y te acompañen ahora.

Jamás llovió tan fuerte como cuando me dijiste que no dormirías conmigo.

Sabes?
Yo solo pensaba en adivinar otro regreso a las hojas y a los parques blancos.
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En tu foto ya no hay dedicatoria

Un verso se disipa en tu memoria,
en tu boca, ese beso que no has dado,
el musgo, sin la roca se ha secado,
se oxida el engranaje de la noria,
la apuesta a tu amor es aleatoria.

En la jaula no existe escapatoria,
porque aquel mirlo inerte y desplumado
expira junto al sueño quebrantado.
Las noches de pasión ya son historia
y solo de ellas tú te vanaglorias.

La plegaria se torna exclamatoria,
evocadora de un tiempo dorado,
semejante al rogar de un condenado,
con un reproche y voz acusatoria,
a laberintos sin escapatoria.

Caminamos sin rumbo y trayectoria,
ni con mentiras te has ruborizado,
la comedia a mi oído regalado
de la vil excusa premonitoria
del final amor, sin pena ni gloria.

Atrás quedó nuestra inicial euforia,
el rostro al encontrarnos, irisado,
nuestro rincón, que hoy duerme abandonado,
y ya no hay conquista, y ya no hay victoria…
y en tu foto ya no hay dedicatoria.
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Sin marcha atrás

Las campanas repicaron en todo el pueblo dando la voz de alarma, mientras todas sus gentes se dirigían apresuradamente hacia el punto de reunión. Las mujeres y los niños junto con una pequeña patrulla de guardias armados, corrieron en dirección al refugio amurallado, situado en la parte más elevada del lugar, al mismo tiempo que los hombres preparaban sus armas a toda prisa para repeler al invasor. Las tropas enemigas estaban a pocos kilómetros y cada segundo contaba para organizar un eficaz plan de defensa. Los cañones comenzaron a hostigar las precarias defensas del poblado, haciendo estragos en las empaladizas y las débiles paredes de los torreones construidos con ladrillos de adobe. Básicamente, esas defensas estaban destinadas para salvaguardar a los animales de los lobos y los ladrones de ganado en el interior del poblado.
Los milicianos, dirigidos por el comandante Arturo, contraatacaron con sus cinco viejos cañones. No eran suficientes, pero no podían permanecer inmóviles al acecho del enemigo. De todas maneras, la defensa no podría resistir más de una hora. Había que hacer algo, y había que hacerlo de inmediato. Algunos minutos antes del asedio, un grupo de veinte hombres se había adentrado en el bosque contiguo a la aldea, con la intención de rodear al atacante. Su misión: Inutilizar la artillería enemiga, causar la confusión entre sus tropas, y capturar vivo a su oficial al mando. De esa manera podrían negociar un alto el fuego y ganar tiempo para solicitar ayuda de las demás poblaciones de la región, incluso del ejército nacional. Miguel y Alejandro eran los encargados de ejecutar la misión.
Agazapados al final de la arboleda podían contemplar los cañones franceses. Los soldados obedecían a sus superiores con majestuosa devoción, a la vez que los oficiales lanzaban órdenes ataviados en sus elegantes uniformes.
-¿Estáis listos?- preguntó Miguel, susurrando entre las sombras del bosque.
En pocos segundos la voz de Alejandro fue mecida suavemente hasta los oídos de Miguel, que observaba con detalle cada movimiento del enemigo.
-Mis hombres y yo estamos preparados. Esperamos la señal.
La cabeza de Miguel visualizó en décimas de segundo la acción a realizar. “Espero que todo salga bien; aquí está la gloria o la muerte” pensó mientras miraba a sus hombres. Luego gritó:
-¡Ahora! ¡Muerte al francés!
De pronto, a ojos de los confiados soldados franceses, los arboles del espeso bosque aparecieron convertidos en certeros pistoleros que escupían rudos hombres vestidos con harapos de campesino y mandiles de artesano. En pocos segundos reinó la confusión. Alejandro y sus hombres eran los encargados de inutilizar los cañones, torciendo el martillo que propulsaba los proyectiles y acabando con sus cañoneros. Miguel, aprovechando la confusión entre las filas enemigas huía de nuevo hacía el bosque llevando consigo al capitán Meliere. Javier y Sergio avisaron a Alejandro, y a una señal de este, los milicianos restantes corrieron otra vez hacía la protección de los arboles.
-¿Estáis todos bien?- preguntó Miguel.
-Ninguna baja -contestó Alejandro que seguía corriendo.
El pequeño grupo de milicianos corría velozmente entre los árboles, en dirección al poblado. Tendrían unos minutos de ventaja gracias a la confusión provocada. Las balas de los soldados franceses ya penetraban en el bosque persiguiendo a los milicianos. Un cañón reventó en el campo francés.
-¡Buen trabajo chicos!- exclamó Alejandro, mientras sus hombres le seguían con una sonrisa de satisfacción.
Los primeros disparos de sus perseguidores tronaron a sus espaldas. Algunos proyectiles pasaron muy cerca de sus cabezas. Al otro lado del bosque, en el umbral más próximo a la población, les esperaba un grupo de fusileros amigo, listos para disparar en cuanto tuvieran al enemigo a la vista. Una vez pasaron corriendo sus vecinos y amigos, las balas de los milicianos se precipitaron en busca de sus víctimas. Los cuerpos franceses rebotaron en el terreno húmedo como una fantasmal melodía.
-¡Lo tenemos Arturo!- gritó Miguel, apresurándose en llegar junto a sus compañeros.- ¡Tenemos al capitán Meliere!
El capitán francés apareció maniatado delante de Arturo. Tenía una pequeña brecha en la ceja derecha, y el ojo ligeramente inflamado, nada que no pudiera curar un poco de hielo y una botella de vino. Lo llevaron a una pequeña celda de la prisión del poblado, situada a pocos metros de la defensa heroica de los milicianos. Rápidamente reemprendieron sus posiciones, aunque el ataque parecía haber cesado. Únicamente podía escucharse el silencio de la guerra. Un correo francés se acercó lentamente hacia la posición de los españoles; portaba una bandera de tregua.
-Los franceses pactaran por la vida del capitán Meliere, pero no se rendirán - explicó Arturo a Pedro, su segundo al mando. Miguel y Alejandro también estaban allí como oficiales que eran.
En esos momentos, el francés encargado de entregar el mensaje se dispuso lo más cerca que pudo de las maltrechas defensas de los aldeanos, que milagrosamente resistían, y en un castellano bastante correcto, pero con un marcado acento extranjero, comenzó a hablar.
-Reclamamos la liberación del capitán Jacobs Meliere, de lo contrario volveremos a atacar con todas nuestras fuerzas. En menos de una hora habremos conseguido arreglar todos nuestros cañones, y vuestro poblado no volverá a resistir otra envestida. Tienen una hora para pensarlo. De lo contrario, arrasaremos esta población, acabando con la vida de todos, mujeres y niños incluidos.
- ¡Necesitamos solo unos minutos para pensarlo!- gritó Arturo.- ¡Aguarden nuestra respuesta!
Después, se giró y marchó rápidamente junto a Pedro a la prisión. Quería hablar con el capitán francés antes de tomar una decisión.
-Esta guerra comenzada por dos reyes que se creen dioses no es nuestra guerra - empezó a decir Arturo al capitán Melier, que esperaba tranquilo sentado en un camastro de paja al otro lado de la reja.- Ustedes reciben órdenes de ese corso con aires divinos, nosotros de un rey que vive lujosamente prisionero del vuestro, y que nos vendería si pudiera por dos míseros reales. Nosotros solo somos unos humildes trabajadores de la tierra, entre los que también hay artesanos, ganaderos y gentes de decentes oficios. Somos un pueblo humilde y pacífico, pero le prometo que lucharemos hasta la muerte si es preciso por defender nuestra tierra y nuestras familias. Solo le pediré una cosa. Sé que ustedes no cederán a las peticiones de un modesto agricultor, y que con toda seguridad continuarán adelante en su conquista, hasta que uno de los dos ejércitos ceda o sea destruido por completo. Pero prométame una cosa, capitán; si le dejo libre para volver junto a sus hombres retírese y denos tres días, para marchar a un lugar seguro con nuestras familias o para continuar luchando hasta la extenuación.
-Tiene mi palabra de caballero de que así será -contestó el capitán Jacobs Meliere.- Aunque me temo que volveremos a vernos comandante. La temeridad y terquedad de la gente de su tierra es admirable, aunque no creo que sea suficiente para frenar al ejército más poderoso del mundo.
-Por el momento, el ejército del gran Napoleón se ha dado de bruces contra este pequeño pueblo de trabajadores, capitán.
- No habrá una segunda vez, comandante.
El comandante de la milicia y el capitán francés se dieron un apretón de manos para sellar su pacto de caballeros; después se dirigieron donde se encontraba el emisario francés, el cual esperaba pacientemente. Una vez allí, volvieron a estrecharse la mano. Arturo devolvió el sable al capitán Meliere en un gesto de buena fe. El capitán hizo un gesto al emisario mientras pronunciaba unas palabras en francés a su subordinado que nadie llegó a entender.
Los aldeanos celebraron la pequeña victoria ante aquel ejército que parecía invencible, el cual había conquistado toda Europa. El capitán Meliere cumplió su promesa, y los aldeanos dispusieron de tres días, pudiendo recibir ayuda de milicianos de la región, así como de un destacamento militar y un nutrido grupo de aliados ingleses. Todo parecía prever que el capitán Meliere y Arturo volverían a verse las caras. ¿Saldrían esta vez victoriosos los temerarios y tercos milicianos españoles tal y como los había descrito el capitán Jacobs Meliere?
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La Desilusión De Un Enamorado

Él se había enamorado atentado ante semejante belleza, sus ojos se fijaron en ella y se invadió de amor en su corazón. Fue cuando comenzó a salir con ella llevando la de un paisaje a otro, le dedico miles de poemas escritas con sus propias manos que venían desde adentro de su alma todo por su amada dama.

Pero un día se decepciono al ver que la chica lo dejaría al otro día al ver que estaba con otro chico a los besos, decepcionado el chico comenzó a sollozar dentro de su cuarto fue que se sintió abandonado a la vez se le rompió el corazón al recordarla se sintió vacío por dentro luego pensó en lo estúpido que fue al haberse enamorado, permitió que el sentimiento de amor muriera. Solo fuera otro mal recuerdo de su vida.

Arranco de su carpeta sus poemas dejo de ser poeta por la chica que le arrebato su órgano vital, en los próximos días empezó a sentirse mal sentía que algo moría por dentro él pensó que solo sería por aquella dama que conquisto su alma se la llevo junto con sus promesas y sus palabras se las llevo el viento.

Desilusionado el enamorado decidió desahogar en sus notas volviendo a escribir melancólicos poemas de nuevo de allí revivió el sentimiento que el creyó que había muerto junto a su pasión de crear con la tinta palabras las cuales lentamente curaron sus viejas heridas logrando empezar de nuevo a escribir sus amados poemas.
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Te voy a conquistar

Me enfrentaré a tu amiga la soledad,
te meteré en mi mundo de corazones
Extrangularé a la luna que te hizo llorar,
Y te enseñaré como me debes enamorar.

Deja la nostalgia vestida y alboroda,
Deja que los suspiros por desamor se vayan,
Deja que tus ojos me agarren confesada,
Regalame un beso de esos que desmayan.

Se que al abrazarme algo nacerá por mi,
Se que al susurrarte un te amo te gustará,
Volemos con caricias y vamos a pasear
no te rehuses y ríndete a lo que pasará.

Regalme un instante y lo volveré un recuerdo,
Regalame tus manos y sentirás mi pasión,
Sabras como se aman dos locos con un mismo corazón,
y hasta “un para siempre” tatuaremos en común acuerdo.

las letras de mi alma.
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Dos días

Hazme olvidar que sólo estoy de paso
en este mundo terrenal;
hazme olvidar mi estado perecedero,
no me dejes recordar que esto es temporal.
Déjame perderme nadando
en la atemporalidad de una mirada café;
déjame flotar en un cálido infinito
hecho con sudor, cabello y piel.

No me dejes mirar al cielo,
delator del paso del tiempo
déjame ver atardecer en tu rostro
y sentir al sol ardiendo en tu cuerpo.
Prometo hacerte dudar,
si despertar conmigo es parte de tus sueños
y que el mejor de ellos
será una realidad, reposando en mi pecho.

Permíteme ensordecer a las horas
que pasan sin pedir permiso
escuchando tu música natural,
los salvajes golpes de tus latidos;
el ritmo de Dios orquestando
una melodía que te mantiene con vida
que espero seguir escuchando
sin darme cuenta que se acaba la mía.

Deja a tus manos invasoras
conquistar el cuerpo que me sirve de templo
y marca con besos tu territorio,
haciendo realidad mis anhelos.
Y aunque el terremoto de los años,
destroce lo que ahora es bello
no dejes de amar las ruinas,
quiéreme aunque no sea perfecto.

Si puedes mirar a mi rostro
cuando pierda la batalla contra el tiempo
y sigues encontrando en mis ojos
un resplandor jovial y eterno,
si eres capaz de ver mi alma joven
con los ojos cerrados en cada beso
entonces bailaré contigo
un vals hasta mi último aliento.

Haz que me tome por sorpresa la muerte
cuando venga a robarme el beso que arranque mi vida,
hazme dudar si ha pasado
un año, un segundo o dos días
antes que cierre mis ojos,
esperando a nuestras almas reunidas.
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Algunas veces

Colocó como una loca,
color en su mirada.
Calcó su risa sobre su alma.
Columpió sus miedos sobre abismos,
así descolocó su mundo.

Algunas veces, muchas veces,
se vestía de sonrisa y conquistaba.
Otras veces, menos veces,
se creía aquella sonrisa.

Algunas veces, muchas veces,
Se peinaba con trenzas de atrapa-vidas.
Otra veces, menos veces,
aquellas vidas las vivía.

Colocó como una loca:
Una sonrisa. unas trenzas ,
muchas vidas y descolocó
su tiempo.
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El Campo de mi tierra Extremadura

Sí , mira el campo de mi tierra, del color de la jara
y su aroma, al que acuden las abejas al monte o al prado
quedando la recompensa real de la jalea y el líquido dorado
el aroma de mi tierra a flores, sudores, medida y vara.

Sí, mira el campo de mi tierra, del olor de azahar,
de montes nevados de flores blancas de cerezos en flor,
que te abrazan en un jardín de aromas y de humano olor
de sus gentes y costumbres del lugar.

Sus calles empedreadas atravesdas por riachuelos,
sus nobles fachadas engalanadas en sus dinteles,
agua fresca y viandas soportadas en sus anaqueles
de los palacios de nobles y abolengos pañuelos.

Sí, mira el campo de mi tierra con sabor a limón
y hierbabuena en la dehesa regada por el riachuelo,
en cuyas encinas coronan nidos de mochuelo
y de su corteza cercenada para el corcho del tapón.

Mira como serpentean sus ríos y como ondulan sus montañas,
llenos de historias de conquistas, amores y desamores,
mira sus campos trabajados con sudores
de su gente, nobles fuertes y arraigados desde sus entrañas.

Sí, mira el campo de mi tierra, del color de la aceituna,
del sabor salado de las lágrimas que tu rostro bañas,
cansada, agotada de fabricar sus casas de barro y cañas
que dejan pasar por sus huecos la luz de la luna.

Mira los pueblos de mi tierra, llenos de cordura
y engalanados con guirnaldas que coronan sus fiestas,
atraviesan desde la Campiña Sur hasta Las Mestas,
sí, mira el campo de mi tierra, Extremadura.


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Sentimientos

La fuerza del sentimiento a la conquista perfecta.
El abrazo que abraza sin remedio libre como
el viento que nos desea.
Siglo tras siglo.
El ser humano
enamorado.
Bella palabra
clavada en el
Alma.
Los sentimientos
hablan.
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Las flechas rotas de cupido

Todos lo veían como un villano.
Él, que solía ir de la mano de la tristeza,pero...

Quién pintó sonrisas entre el llanto del gentío
Únicamente para sentirse vivo, dime quién...
Ignorante aquel que te llamo raro.
Eres y serás por siempre un héroe pues al borde del abismo,
Renaces.
Otra vez, con el corazón roto conquistando a una mujer.

W.S.
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¿Abrir o cerrar los ojos?

Que increíble esos días en donde te levantas con ganas de todo, donde te sientes capaz de conquistar todo lo que te propongas sin importar los obstáculos que debas sobrepasar, que éxtasis la sensación de que eres irrompible y nada de lo que sucedió ayer, nada de lo que pase hoy o llegue a pasar mañana podrá impedir que subas hasta esa nube donde la vista no se compara con la de otros días, esos que amanecen nublados, como la vista empañada de quien está a punto de romper en llanto.

Pero, todo lo que sube tiene que bajar ¿no?, tendemos a aferrarnos a cualquier luz de esperanza, sin darnos cuenta que los relámpagos también son luz, y olvidamos que posiblemente se desencadene la lluvia, el diluvio de una mirada que no se quería apagar, pero que se vio obligada a quedar ciega tras las verdades duras que nos enseña la vida, unas veces arriba sobre el viento y otras abajo sobre el asfalto, entonces dime ¿abrir o cerrar los ojos?
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Sepan que

Sepan que
los recuerdos cruzaran el Caribe;
desde la cima, el mundo arde:
humo y cenizas
siendo el viento guía
a una tierra donde la vida y la muerte no existen
tan solo hoy
tú y yo
nosotros eternamente
sueños majestuosos
donde tu ausencia refulge en nuestra alma;
pesadas piedras moldeadas por miles
viento y gotas tan frágiles que parten millones de años;
las luces de la ciudad anuncian pataletas
veneran a la montaña que les da vida;
el mar admira, respeta, le teme al peñasco que lo detiene
en la cima, una amistad se refuerza, se fortalece, se destruye
gracias al sufrimiento del camino
puede que incluso el orgullo se levante más alto que los casi tres mil metros de mi mejor recuerdo.

Contemple la salida sol en silencio,
el alba extendió sus rosados dedos por los valles, el mar, las ciudades;
lo mejor del amanecer no es la salida del sol,
sino como el mundo transforma su ruidosa inactividad en una sinfonía esquizofrénica que despierta cada sentido sentimiento;
la mejor filarmónica no es la de Berlín ni la de Los Ángeles ni la ruinosa pianista ni las decadentes nubes:
la mejor filarmónica son las crestas y los valles, los acantilados y los topos, los riscos y las filas maestras, los bosques húmedos y una vegetación que parece a la de un páramo, el infinito mar azul y el inexpugnable cielo magenta, morado, rosa, azul y demás colores desconocidos
los cocos escarabajos tocan la viola, los pájaros verde-azul-amarillo un acordeón, la mosca negra tan grande como una ciruela la trompeta;
el jazz, blues, reggae, trap, rock, pop, Chopin son una galaxia virgen que folla con el folklore;
puede que no tenga sentido: eso es lo único que tiene todo el sentido posible.

Homero, poeta garrapatoso que me hizo tener fe en los mitos griegos
incluso en los cunaguaros del Ávila;
detrás de mí un pájaro cuyo canto es amarillo
un flash que grita ¡arte! agradeciendo a Dios su creación
y finalizo mi sinsentido dándole sentido, porque es la puesta en escena a través de palabras anteriores de tal vez los mejores recuerdos que tendré por un par de años o mi vida,
pues el frio lamio mis pelotas y el peso moldeo mi espalda y las quejas y la terquedad y las palabrotas doblaron-jodieron mis rodillas.

Declaro ante ti, humilde gigante,
alimento de viejos sabios y adolescentes orgullosos,
que sufrí con mucho gusto tus laderas,
respire con dulzura tu aire moribundo
sacie mi sed con tu agua hedionda de vida;
te agradezco humildemente dios protector
(tsunami-piedra-montaña)
por haberme dejado acariciar las nubes al conquistar tu cima;
el plástico se multiplica más rápido que los conejos
y la naturaleza se arriesga en las cercanías de una ciudad que todo lo mata con golpes de vida;
escuche tu canción y descubrí en las alturas no solamente que el mundo luce distinto,
sino que está permitido imaginar-delirar sobre la forma del mismo.
¡Brinde por la muerte ebrio de vida!
Así termino mi perorata, recordando un chocolate, una flor, un abrazo
una foto donde cinco personas sonríen así no más:
sonríen simplemente.
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El sitio del amor

Te envío mis letras que salen disparadas como venados asustados detrás del bosque incendiado.
Te envío todo lo que soy y lo que he podido llegar a ser cuando tu has estado aquí.
Te envió todo lo nos faltó por conquistar y por ser.

Te envío mis pensamientos fríos.

Te envío la razón de mi existencia, te envio la naturaleza de mis manos.
Te envío el color infinito de respiraciones que ahora no me harán falta si no estas.
Te envío todas las combinaciones matemáticas que nos faltó por descubrir.

Te envío la última razón para confiar en mí.

Te envío la última gota del agua de la llave que suavemente corre por mis manos.
Te envio el último poema que va con tu nombre, porque de aquí en adelante mis letras y todo lo que soy será para mí, hasta que encuentre a alguien para hacernos daño nuevamente.

Te envío todas las líneas de mi mano que intentan trazar caminos torrentes para volver a tocarte.

Te envío las delicadas armas (el olvido y la no memoria) que inventé para ya no recordarte.
Te envío mis necesidades y esperanzas.
Te envío mi Yop
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Si tú me amas


Si tú me amas dímelo,
No esperes a que yo dé el primer paso,
No esperes a que yo tiente tus sentidos,
No me esperes, actúa,
Actúa con toda la violencia y las ansias
De tu alma,
Actúa con toda la provocación de tus ojos,
Actúa con toda la impaciencia de la necesidad.

Si tú me amas, no te quedes callada.
Mira que mi corazón tiene cicatrices
Por todas partes.
He perdido la confianza y la esperanza,
Y necesito un impulso de fuego
Para reactivar la llama de mi fe en el amor.

Dímelo de ipsofacto, no te calles.
Si me amas, házmelo saber de golpe.
Busca el momento menos apropiado
Y dispara tu bandada de flechas a mi impresión.
Pero dímelo.

Si tú me amas, déjame saberlo, por favor.
Tengo la boca reseca de palabras dulces,
Y la mirada retrógrada para adivinarlo.
Tengo heridas profundas que requieren ser sanadas,
Por eso no me aviento, yo,
Tengo miedo de dar pasos en falso.

Da el primer paso
Y yo veré si te sigo al siguiente, y al siguiente.
Pero no te calles,
No seas egoísta,
No me ames en secreto,
Porque el tiempo cada vez es menos,
Y en mi pecho cada vez pesa más tanta soledad,
Tantas ganas de amar.

Solo dímelo, házmelo saber.

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Y el tiempo pasó

Y el tiempo pasó………..

Desde hace mucho tu nombre ya no significa nada para mí, el recuerdo de los días que fuimos felices se hicieron tan lejanos, ya no siento lo que debí sentir, lamento que esto haya sucedido, pudo ser rutina, pudo ser costumbre, o pensar que seriamos el uno para el otro y no luchar por qué el amor se mantuviera, es triste esto pero así es, ya no se siente lo de antes, la confianza se murió, y dejo de doler porque dejo de importar, te podría decir muchas cosas, ¡como intentémoslo de nuevo! pero has volado tanto de este amor, has dejado tanto tiempo el nido, que de un momento a otro te deje de extrañar y me acostumbre a estar sin ti, si así es, me dejaste tanto tiempo que me enseñaste a vivir sin ti, a no extrañarte más, a ser independiente, a resolver mis cosas a vivir enfrentando sola los problemas cotidianos.

Olvidaste que el amor, no es para siempre y qué hay que alimentarlo diariamente que nada se debe dar por sentado, que no nos merecemos que nos amen, tenemos que luchar por qué nos amen día tras día, y conquistar diario, enamorar diario.

Lo que me lleva a pensar que quizás nunca fui yo para ti, y tampoco fuiste tú para mi, no nos supimos valorar, amar y aprender a tolerarnos, pero bueno, siempre me decías…… ¡por eso no me gusta platicar solo son reclamos! Y mis reclamos era lo que exigía para mí, un tiempo para mí, no el tiempo que te sobrara, lastimosamente deje de pedirlo y tú menos te acordaste de dármelo.

Ahora que ya no te pido, que ya no te exijo y no te necesito, eres tú quien vienes a pedírmelo y soy yo ahora, la que no tengo tiempo de dártelo.

Las letras de mi alma
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Del amor y otros mitos

Y aquí estamos,
par de conquistadores inconquistables;
yo tan Alejandro Magno,
tan Darío,
tan Gengis Kan;
tú tan Reina de Amazonas,
tan Cleopatra,
tan Helena de Troya;
y yo tan caballo de madera.

Par de deidades
con pies de barro,
yo tan Zeus del Olimpo,
tú tan Frigg vikinga,
tan Valquiria,
tan Venus de Milo;
y yo tan Sansón sin melena.

Si soy centauro tú eres sirena,
si soy Perseo tú eres Medusa,
si soy sol tú eres luna.

Tan grandes y tan pequeños,
tan todo y tan nada,
tan nuestros y tan ajenos,
tan siempre y tan nunca.

Y aquí estamos.
Par de conquistadores incoquistables.
Tan mitológicos como lo nuestro.


@SolitarioAmnte / viii-17
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