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Borracho

Enloquecido por el alcohol, el odio y el rencor
Digo a mis acompañantes que quiero seguir bebiendo
Que no se acabe la fiesta,
No quiero que el efecto termine y volver a mi realidad.
Tengo miedo, tengo miedo de enfrentar
Mis responsabilidades y mi pasado yo quiero olvidar.

Pero no puedo, por más alcohol que tome,
Y más cigarros que fume
Es difícil afrontar esta difícil situación.
A Dios le pido perdón,
Por tanto dolor y rencor
Que existe en mi corazón.

Por más cosas que haga no puedo dejar esta tristeza
Quiero enterrarla y de una vez olvidarla
Hay tantas cosas que lastiman mi corazón
Que si hago una lista no termino.
Las lagrimas recorren mis mejillas al recordar
Todo lo que me lastima
Yo mismo me pregunto,
Que hasta cuando va a terminar.

Y aunque ya no puedo más, continúo
Esta es mi salida, el alcohol.

Mi familia llora y sufre cuando me ven así,
Me preguntan que cuando lo voy a dejar
Tienen miedo que por su efecto algo me pueda pasar,
Me hago el fuerte y les digo que todo está bien
Aunque yo sé que no es así,
Pero es mi única salida,
La manera en la que puedo desahogarme y llorar
A veces pienso que nadie me entiende,
Por lo que he pasado, creo que sienten lastima
Por este pobre borracho
Que camina por las calles sin rumbo,
Sin poder caminar ni hablar.

Sólo pido tranquilidad y paz a mi alma
Cuento los días para que todo esto termine
Estoy más contaminado que la ciudad repleta
Me siento solo, me siento triste
Busco ayuda y no la encuentro,
Busco amor y tampoco está.

En ningún lugar he encontrado la felicidad,
Aunque este rodeado de botellas y mujeres
Nada de eso llena ese vacío que hay en mi corazón
Me siento como un costal sin fondo,
Todo lo que entra, sale
Por eso estoy vacío, por eso nada me llena.

He intentado buscar a Dios, le he pedido su ayuda
Pero he cometido muchos errores,
Le pido que me saque de este vicio pero no hago nada por salir,
Le pido que quite mi tristeza
Pero sigo tocándome la herida
Le pido amor, pero yo busco el amor en el mundo
Le pido paz, y yo estoy en la cantina
He dicho muchas cosas, pero no hago nada por mi.

Estos han sido mis mayores errores,
Querer que el me saque,
Pero no querer caminar,
Seguir aferrado a mi mala vida
En lugar de buscar una vida nueva,
Hoy, Dios cobro cuentas y ya no estoy aquí,
Hoy te digo, que esta vida no es para siempre.

Te aconsejo de la mejor manera, que no cometas mis errores
Busca a Dios, se sincero
Y si quieres salir del agujero,
Pídele que te saque,
Pero camina, Dios no va a llegar en taxi por ti,
Hará todo para que salgas. Pero dependerá de ti si quieres quedarte o salirte.
Si tienes que elegir entre llorar en la iglesia, y llorar en la cantina,
Elige la iglesia, el alcohol puede cerrar heridas, pero deja marcas,
Cristo, sana heridas y desaparece cualquier cicatriz, no lo dudes. Ven, y búscale no pierdas un segundo más, no te arrepentirás.
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Inventario

La cara de un niño al abrir un regalo,
la luna de agosto brillando en el agua,
buscar un abrazo y hallar tres mil besos,
beberte una alhambra mirando la Alhambra,
oír las palabras que dice el silencio,
soñar rodeado de gente sin sueños,
andar por la casa descalzo en la noche,
comprar una pluma que escriba poemas...

Antes de darte el piro,
antes de darte un tiro
(plomo, dinero o coca)
piensa en las cosas que dejas,
piensa si salen las cuentas
y ya si quieres me cuentas.

Un hilo de agua caliente en la espalda,
doscientos intentos y al fin conseguirlo,
el tacto sedoso de un rizo en los labios,
la risa sonora de alguien contento,
dos marcas de amor en el banco del parque,
la vida secreta del jazz y el flamenco,
usar los gerundios como han de usarse,
“votar” en la cama una ley antimiedo...

Antes de darte el piro,
antes de darte un tiro
(plomo, dinero o coca)
piensa en las cosas que dejas,
piensa si salen las cuentas
y ya si quieres me cuentas.

Un trozo de pan recién hecho a la leña,
creer que llorar es reír en futuro,
cantar un golazo de Messi o Cristiano,
saber al aliento del beso querido,
hundir en la arena las manos despacio,
saltar en los charcos que enero nos deja,
los ojos lejanos que tiene el recuerdo,
un libro olvidado de Kafka o de Borges...

Antes de darte el piro,
antes de darte un tiro
(plomo, dinero o coca)
piensa en las cosas que dejas,
piensa si salen las cuentas
y ya si quieres me cuentas.
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Pintando el cielo

Hoy me he subido a un banco para acercarme al cielo,
cogerle con la mano, pintarle de amarillo,
hacerle más cristiano rompiendo así el deshielo,
sentirle más cercano y hacerlo más sencillo.

Y el banco se ha quejado diciendo no resiste
pues yo con gran empeño su cuerpo le pisaba,
si no me bajo pronto le voy a hacer un quiste
me dijo mientras triste vi que se desangraba.

Que a veces uno pisa para ensalzar a ajeno
en tanto a otro se humilla y en el dolor se abrasa,
sembrado de altruismo, se expande algún veneno
a aquel quien simple andaba camino hacia su casa.

Me dijo, mira niño que el cielo tú decores
es algo muy loable, que quede más bonito,
mas ten mucho cuidado no saques mis colores
por dios, si no te importa, levanta el pié un poquito.
©donaciano bueno
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La Importancia De Llamarse Andrés

Fue un simple nombre
lo propuso su padre
entre copa y copa de sabroso vino
Este niño tendrá un nombre espiritual
apóstol de un señor dios
Valiente,fuerte,viril
como no presentarse valeroso?
Será pescador de hombres
Patriarca de su iglesia ortodoxa
No quieras entender su respuesta
solo los necios creen en sus propias palabras
La X tiene su cuerpo
banderas de los cristianos invictos
tres días de sufrimiento
Alguno tendrá que pensar en predicar
la mortalidad de su martirio
Bajo la Cruz de San Andrés
la importancia de llamarse.....de llamarse, Andrés.

Cuadro:
Bartolomé Esteban Murillo. El martirio de San Andrés. 1675-1682
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Hijos de un mismo Dios

Vestida de oscuridad y tinieblas caminaba mi alma entre cadáveres amontonados en la roja tierra. Estaba desorientado, sumido en un mundo irreal, sin saber quién era exactamente. Todo mi cuerpo estaba cubierto de barro y sangre, pero esta no era mía. En mi mano derecha, portaba todavía la espada con la que había sesgado decenas de vidas; en la izquierda, la cabeza del asesino de mi mujer y mi hijo. Aún podía sentirse el hedor de la sangre putrefacta en el ambiente. A mí alrededor, continuaba el estrépito del choque del acero contra el acero, seguido del lamento de los que probaban la afilada espada del enemigo hundiéndose en su carne. Me dirigí hacia el acantilado que daba al mar, parándome al llegar al borde. Sentí la brisa marina por el rostro mientras las olas chocaban furiosas contra las rocas. Cerré los ojos, y por unos instantes olvidé donde me encontraba. Al abrirlos volví a la realidad. Elevé la mirada al cielo, y levanté la cabeza que llevaba en la mano izquierda. Luego grite:

-¡Oh Dios Misericordioso! Aquí tienes un fiel servidor. Esta cabeza que te brindo es la de nuestros enemigos. Nunca he matado en vano, y en esta terrible guerra siempre he defendido tu potestad. Este es el hombre que mató y violó a mi mujer, llevándose consigo la vida del hijo que llevaba en su vientre. Sabes bien Señor, que mi lucha es en nombre de la justicia divina, y que mi espada te sirve. Acepta mí venganza en nombre de esta justicia, que yo seguiré llevando orgulloso el símbolo de tu magnificencia. Yo prometo servirte fielmente, hasta el fin de mis días en la tierra, cuando por fin, vuelva a reunirme con mi mujer y mi hijo. Amén.

Luego, agarré la cabeza ensangrentada y la lancé al mar, perdiéndose esta bajo la espuma de las olas que chocaban contra las rocas. Recé de nuevo por el alma de mi mujer y mi hijo, y me dirigí de vuelta hacía donde se encontraba el resto de los soldados. La victoria había sido nuestra. Muchos celebraban el triunfo en la batalla riendo y bailando, aunque viendo el gran número de compañeros que habían caído valientemente en el campo de batalla, a mi entender, poco había que festejar. Me uní directamente al grupo que recogía los cadáveres de los caídos. Mi única preocupación en ese momento era poder darles cristiana sepultura para su descanso eterno.
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La comunión

Aquella vez fue la segunda y última vez que me confesé, un día antes de hacer la comunión, perdí la fe.

La primera confesión el cura la llamó prueba y, como pude comprobar más tarde, no se diferenciaba en nada de la segunda y oficial confesión.
El día de la prueba le pregunté a Sergio qué iba a confesar.
Que había incumplido una promesa, desobedecido al profesor y que le había escupido a su hermano en la cara.
En una acción de cristiano altruismo hice mías sus infracciones.
-¿Solo eso Canet?, me interpeló el abate. He visto películas de terror y leído libros que dicen mentiras.
-Vale, dijo él -para mi asombro-. Tres salves reginas y dos padrenuestros.

Permanecí de rodillas un largo rato cavilando en mis asuntos,
simulando rezar, ya que aquello era tan sólo una prueba, un paripé.
El día de la comunión repetí en la confesión mis pecados - los de Sergio- quizá en una exposición de sadismo precoz y arrogancia.
A ver qué me ocurre, me dije. Y lo que pasó es que no pasó nada.
No se rasgó la tierra a mis pies, ni un dedo gigante me señaló desde el cielo,
ni Mefistófeles en persona se presentó para azotarme y arrastrarme hasta sus aposentos subterráneos.
Estoy seguro que Dios dejó de existir, si es que existió alguna vez, pensé.
Aquel funesto domingo hice la comunión.
No me entusiasmé, no quería beber vino ni tragarme una oblea.
Mi padre se puso corbata y mi madre estrenó vestido,
y celebramos una frugal comida a la que sólo acudieron la familia más cercana y dos amigos borrachos de mi padre.
Me regalaron un bolígrafo de segunda mano y un reloj que más tarde me robaría mi compañero de clase.
Desde aquel día he perpetrado los actos más inmorales.
Jamás me han castigado, todo lo contrario: tengo la sensación de que alguien me está recompensando día a día.

Canet
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Eco

En mi boca de oreja a oreja , queja.
En la soprano con llanto, espanto.
En jaculatoria de un santo, canto.
En consejo de vieja, moraleja.

En promesa al ciudadano, vano.
En vacuo pensamiento,sufrimiento.
En el libro polvoriento,talento.
En excusa de cristiano,pagano.

En la indecisión de un juez,dejadez.
En redoble de soldado, pasado.
En sillones del Congreso, exceso.

En memoria del pez, estupidez.
En embuste del amado, pecado.
En tu labio travieso, solo un beso.

©Giliblogheces
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Desde la nada

La deseada oportunidad de que uno de sus tantísimos deseos —que sólo cesan con la muerte del individuo— se viera cumplido, dejó patente el egoísmo que caracteriza a los hombres: sólo él y su biblioteca, y que el resto del mundo desapareciera.
¡Qué amarga sorpresa se llevó cuando pudo comprobar que sus libros poseían solamente hojas en blanco! Supo desde entonces que al esfumarse por su propia voluntad el universo los contenidos escritos también desaparecieron, puesto que éstos forman parte de aquellos; que cada letra es un símbolo del cosmos, pero minúsculo y vilmente fragmentado para comprensión de nuestra limitada capacidad de conocimiento.
Surgió la necesidad de reescribir todo aquello sobre lo que él conocía y desconocía. No le interesaba en absoluto equivocarse porque la idea de que cada uno crea su propia verdad nunca fue tan tangible como en este caso.
Los años y el tedio le hicieron arrepentirse de aquel deseo. Criado en el Occidente cristiano, el arrepentimiento fue elemento suficiente para enmendar su egoísta e impetuoso error.
El universo volvió a constituirse tal cual lo conocemos. Su bibliografía, escrita con tanto esfuerzo de un modo medieval, volvió a formar parte de los anaqueles del mundo; pero una característica los distinguía de los demás: también se hallaban con las hojas en blanco. Escribir desde la nada sobre la nada es imperceptible para nosotros; se ha tenido la piedad de, por lo menos, materializar aquella nada en libros.
Sobre él, más nada se supo.
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Y las aguas no quedaron divididas

Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses.
Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río.
Y una hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería.
Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase.
Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño no lloraba. Y teniendo terror de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste.
Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que entierre este niño?
Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces llorando fue la doncella.
Y la hija de Faraón también lloró; y se lamentó de que Osiris no haya todavía concebido a Moisés.
Y las profecías de los hebreos no profetizaron bien la venida de Moisés, el que a los hebreos liberará de Faraón.
Y los hebreos se desanimaron y dejaron de creer en Dios; y Faraón continuó oprimiéndoles.
Y así termina este libro que pudo ser lo que no fue.
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El reloj de Aristóteles

No eran verde el cielo ni azules las hojas, no era sombrajo el árbol frondoso, no era previsible para André que iba a morir en el bosque.
Por incapacidad o admiración, Europa y Arabia absorbieron los conocimientos de los sapienciales helenos. Y entre las cosmologías, la de Aristóteles contiene el germen del futuro homicidio. No en vano Ptolomeo y los medievales estudiaron al maestro de Alejandro con tanta atención; algo intuían de aquella teoría que no se rebajaba a una mera descripción de los astros. Era no sólo un intento de comprender el universo sino también un plan de asesinato que el pasar de los siglos no hizo más que perfeccionarlo.
Cuando en Europa imperó lo que la historiografía ha denominado Renacimiento, un tal Galileo se animó a divulgar las teorías cosmológicas de Copérnico que se oponían a las de Aristóteles, y, por lo tanto, a una verdad sostenida durante milenios. Naturalmente, se granjeó enconados rechazos y fervorosas adhesiones. Pertenecía al grupo de los que aún sostenían las teorías aristotélicas un teólogo, astrónomo y matemático residente en Basilea. Dedicó su vida a contradecir al advenedizo italiano que consideraba hereje y digno su cuerpo de ser carbonizado por las sagradas llamas de la Santa Inquisición.
Por eso es que se dirigió en un áureo atardecer al mejor relojero de la ciudad para materializar su idea.

—No quiero cualquier reloj, quiero el reloj de Aristóteles —le dice de forma intempestiva el erudito anciano a André.

—¿Una clepsidra?

—No. Es algo nuevo que estuve diseñando en mis horas libres. Le dejo los planos. Mañana pasaré a la misma hora para preguntarle si no comprendió algo —y se marchó arrastrando su hábito consigo.

Sin darse cuenta André acababa de aceptar como encargo su propia muerte.
Esa misma noche, bajo la trémula y oxidada luz de las velas, observaba con atención los croquis del viejo: una esfera con hilera de anillas alineadas perfectamente en un extremo externo. Una de esas anillas debía jalarse hacia abajo para que la esfera se abra. Ya hecha la apertura, la cara interna izquierda tendría que servir de reloj, mientras que la derecha poseería una representación a pequeña escala de la cosmología aristotélica. Cada anilla externa serviría de enlace para hacer rotar, con un movimiento esférico, previsible y repetitivo, un conjunto de planetas cada cierto lapso de tiempo de manera automática o, si se prefería, manualmente. La cavidad interna de la sección astral debería estar dividida en tridimensionales capas jerárquicas, como una cebolla: el mundo sublunar (la Tierra y la luna) en el centro; el mundo supralunar (los planetas situados sobre nuestro mundo); el éter luego; las fijas estrellas más arriba; y finalmente el vacío que alberga el llamado Primer Motor Inmóvil (interpretado como Dios por los cristianos). Los interrogantes que le surgieron a André fueron respondidos al día siguiente: ¿Material de la esfera? Cobre; ¿De las anillas? Oro o plata; ¿Tamaño? Que quepa en una mano; ¿Por qué una esfera? Porque es una figura perfecta: nada le sobra y nada le falta; ¿Cómo representar a Dios dentro de la esfera? A libre albedrío…
La complejidad del invento requería de alguien familiarizado con artefactos complejos, ¿y qué mejor que un relojero suizo del Renacimiento? Sin embargo, André no sólo se topó con dificultades técnicas sino también espirituales: para él no era suficiente representar a Dios con una esfera por más perfecta figura que sea; mucho menos encerrarlo en un estrecho y marginal estrato en la jerárquica capa divisoria. Su conciencia se batía entre el respeto hacia la autoridad divina y el respeto a cumplir con su palabra (“En tres meses tendrá su reloj”). No era muy difícil tampoco seguir al pie de la letra un encargo. Pero aquel anciano, célebre en todo el cantón por su fanatismo religioso, podría estar poniendo a prueba su fe. Y presenciar en la plaza central, como todos los del pueblo lo hicieron, sus disertaciones en contra de los heresiarcas, le llevó a creer que no se trataba más que un elaborado plan para que la Inquisición —la protestante— le arranque a fuerza de tormentos la confesión de sus pecados. André, como todo converso religioso, poseía el fervor del neófito. Y eso era también un problema porque en su pasado católico podría haber representado a Dios mediante figuras; quizá una cruz de oro habría sido suficiente. Pero ahora, protestante, le estaba prohibido sentir algún tipo de adoración por una imagen.
La esfera ya estaba casi terminada. Entreabierta sobre la mesa, André observaba la vacía hendidura y pensaba cómo representar a Dios mientras las luces del candelabro hacían bailar centelleante almíbar sobre la pulida superficie de cobre.
En el atardecer del día siguiente, decidió dar un paseo en busca de inspiración. Se dirigió, sin percatarse de ello, hasta el peligroso bosque, donde habitan los inescrupulosos ladrones y las brujas. Pero no era el miedo lo que lo dominaba sino la fascinación por la naturaleza que lo rodeaba. Aquella parcela de Dios, con sus dorados haces de luz que penetraban como puñaladas el follaje, con su tierra salpicada de sol y con las hojas de los árboles acariciadas por plata resplandeciente, exacerbaron su fe. Se arrodilló sollozando de alegría, agradeciéndole a su Señor por semejante magnificencia y disculpándose por su naturaleza de pecador. Y entonces, detrás de él, un fulgor casi intolerable se le apareció. No le era inexplicable aquel fenómeno; supo desde el primer instante que Dios estaba ante él. Se dejó arrastrar por la luz, la de su delirio tranquilo y nunca más volvió a despertar.
André, como tantos otros, quiso simbolizar la eternidad, la omnisapiencia; él, el de comprensión finita. Los hacedores de su muerte supieron explotar la inacabable ambición de los hombres. Y el plan fue todo un éxito.
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Cantos

Las victimas perecen y los corazones se pudren, los cabellos se caen.
La bandera hondea, el grito y su eco a lo lejos suena ¡Oh Patria eres ceniza!
Balas de rojo y bocas con hambre, manos de maíz y pasos de guerra.
Gendarmes y escudos, cuerpos en el asfalto y seducción en las palabras.
Tronos de oro y casas de madera ¡Patria me dueles!
Fronteras internas, proletariado ciego de nacimiento y colonias de adobe y lamina.
Monarcas que emigran al norte; en el sureste, hojas de palma como cobijas.
Soles nuevos, lunas viejas, días de siempre, ríos de noviembre.
Montañas escondidas a la vista del buitre, metáforas del azteca.
Mayas exiliados, cristianismo florece en los burdeles del epicentro.
Ciudad desprotegida, pueblo resignado, morenos de canela olvidados,
bolas de algodón para curarnos, fuego del imperio para llorar con nuestros cantos.
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Arne Jacobsen rezó

Arne Jacobsen rezó. Pidió que la riqueza material y espiritual de este año continuara sin mancha y que Dios le diera el hijo más angelical que hubiese pisado los fiordos de Hordaland. Un hijo fuerte, seguro de su propósito angelical en el mundo, digno sucesor de su padre, político conservador demócrata cristiano, que en sus ratos libres, cuando la política y los negocios privados se lo permitían, iba a la iglesia protestante a purificarse el alma y a rezar por otras almas menos perfectas y trabajadoras que la suya. Rezó toda la noche mientras la tormenta de viento, razón de ser de octubre, tumbaba abedules y abetos en las cumbres. Rezó mientras la corriente del río se llevaba la antigua escuela de madera de Undredal. Rezó mientras el lago Vangsvatnet se desbordaba y las caravanas del camping se alejaban nadando, siguiendo a las olas con saltitos alegres, afirmando su vocación nómada. Rezó pero no por los pescadores que se hundieron en el fiordo de Ulvik cuando un golpe de viento les tumbó la barcaza, sino por lo angelical de su inmediata descendencia. Rezó mientras su mujer, sola en el paritorio, daba a luz a su hijo. Dios, dame un ángel, te lo pido, rezaba Arne en la capilla del hospital. Un relámpago más y el niño nació dejando claro su lugar en el mundo con un llanto que resonó en toda la planta. Cuando Arne lo vio supo al instante que Dios le había enviado un ángel. Y no se equivocaba. Treinta años después su hijo se convirtió en uno de los líderes más importantes del motoclub de los Ángeles del Infierno.
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Quisiera ser

Quisiera ser el viento viajero,
ver infinitas llanuras
sin nostalgias en el cuerpo.

Quisiera ser una ínfima partícula,
un temor en la palabra,
una huella de silencio,
la candidez del alma,
un desierto primitivo,
un sentimiento añejo,
un ataúd sin brillo,
un lento suspiro viejo.

Quisiera ser el viento viajero,
volver a apócrifos años
de aventuras y de juegos.

Quisiera ser las calles lejanas,
los quirófanos fríos,
las caricias maternas,
los amores baldíos,
los colegios cristianos,
los prohibidos libros,
los patios adoquinados,
los inocentes niños.

Quisiera ser el viento viajero,
llevar mi raíz hispana
a las masas y a los pueblos.

Quisiera ser un libro de mil poemas,
un sinfín de vanidades,
una inmensa algarabía,
una tumba en dos mitades,
una tonada en el pecho,
un disparo de fusil,
un buen pedazo de tierra,
una mañana de Abril.

Quisiera ser tantas cosas...
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La existencia

La existencia se me contrae por momentos,
se me agotan los cigarros
y olvido, sin pretenderlo,
otro instante más de sueños
en la letra diminuta de una libreta.
Como lo justo y salutífero,
reflexiono, devoro viejas películas
y, como toda criatura,
en la cabeza tengo nocivas meditaciones:
ese latoso lastre que heredamos
de los delitos cristianos
y los trastornos de Freud.

La existencia me atraviesa,
salta de un lado a otro
y se olvida de mí.
Crepitan mis cervicales
con un crujido pausado
y me zarandea el vértigo sentado en el sillón
mientras contemplo
el telediario:
hambre, enfrentamientos, enfermedades, penurias,
en regiones remotas.

Canet
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Bakhita, puro amor

Santa esclava sudanesa
en su infancia secuestrada,
llamada por los negreros
Bakhita, "la afortunada".

Buena parte de su vida,
torturada y humillada,
por la familia Michieli
fue querida y bien tratada.

Cuidó de Mimmina Michieli,
hija de su nuevo patrón,
entregando su cariño
solamente con puro amor.

En su interior sintió siempre
a alguien que le acompañaba,
era Cristo Nuestro Señor,
al cual "patrón" le llamaba.

Decidió ser bautizada
convirtiéndose en cristiana.
Quiso recibir los votos
haciéndose canosiana.

Entregada a sus labores
por el más necesitado,
le daba amor verdadero,
como a su Enamorado.

El Papa San Juan Pablo II
en Roma la canonizó,
a Josefina Bakhita
por su sencillo corazón.

El 8 de febrero es
la festividad de Bakhita,
celebrado con devoción
a la Madre Morenita.

Santa Patrona de Sudán,
gracias por darnos tanto amor,
siendo nuestro ejemplo a seguir
recibamos tu bendición.

AUTORA: ALMAR.
Almudena del Río Martín.
DERECHOS RESERVADOS.
22/4/2017.
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Eivissa, mi Ibiza

Me miraste, transparente como tus aguas, y me hipnoticé con tus turquesas y tus azules, mezcla perfecta en la que juegan las gaviotas.

Me inundé de tu verde que, sin saberlo, me llamó a recorrerlo, y como si de cabellos naturales de hojas y tierra se tratasen, me atraparon. Boquiabierta observaba como tus aguas cambiaban a roca y entre las dos jugaban al despiste: agua y roca, agua y bosque, ¿quién es quién?, ¿quién rompe sobre quién?

…y aprendí de tu sabiduría, como si de una anciana de corazón te tratases. Dalt Vila me contaba historias de tu muralla, de tus torres, de tus calles… Entre silencios, me dijiste que fuiste fenicia, púnica, romana, bizantina, árabe y cristiana; larga historia la tuya, esa que te ha hecho ser Eivissa.

Mi Ibiza, que me pierdo entre imágenes en mi mente, entresentimientos en el recuerdo, que el olvido no llegará para ti, pues te has metido en mis entrañas y ya eres mía, tanto que no me llegan las palabras para hablar de ti, se queda corto todo lo que pueda decir, se queda pequeño todo lo que pueda expresar. Y es que no eres fiesta, eres más, mucho más, pues lo tienes todo, tienes naturaleza en estado puro, tienes historia, tienes vida, tienes amor para quien quiera verte de verdad…, tienes mi alma pues te dejé un trocito en cada rincón donde tú me diste tu corazón.
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Martyr

Fariseo esclavo,
poseo mártir deseo
y con fe m´acabo,
en coliseo m´empleo.

Figlio d´Adán y reo,
sufrí menoscabo,
d´Eva probé bocado,
fruta de pe(s)cado.

Gladiador, bien arreo,
manejo fierro, escudo,
armadura de cuero feo,
hago de fieras felpudo,
oval ruedo y embudo,
rudo Heracles a sueldo.

Retorna al cuor,
neonato alado,
querubín vendado.

Tú, gladiolo traidor,
ornato que tornóse
tornado mudo y torneo,
entornado contoneo
tan entrenado me pudo.

Maté por ti,
por ti atado,
al fuego caído,
a Dios cuitado.

Trémolo o trémulo,
tres veces báculo.
Cálculo errático,
Hermes hermético,
secta do século.

Tu rostro ajado,
amortajado
es paradoja
es para Jano.

Remo y Rómulo,
Roma y ósculo,
vulva y mácula,
Loba y glándula.

Bebo lo bíblico,
San Esteban mítico,
Ichthys dístico,
misógino crístico.

Vivo un sin vivir,
prístino vitoreo.
Enemigo a batir.
Mi José de Arimatea
es un Dani Mateo.

Ánimo litúrgico,
rito eucarístico:
pan, vino místico,
solo con pase vip.

Aplico lo que leo,
hoy, San Mateo,
por Jesús, galileo,
dispuesto a partir
y a patir mi toreo.

Resplandor coloso
y odioso abucheo.
Perdí todo honor,
yo aprendí sin trofeo.

Carente de hombría
no oculto el olor
a dolor y a agonía,
a morir en horror.

Tinc por, mare mía,
protégeme, María,
de la sangre fría
de quien me porfía.

Oh, coronado pavor,
corazón adorado
de espinas y sol,
atravesado solaz
de asediado valor
sin ardor depredado:

Muerte repentina
para el pecador,
son los paganos
entre paisanos
de nos lo peor.

Y suena ocioso tambor,
Mors se exaspera,
espadas no esperan,
Moiras e hilo de or.

Derraman sangría,
rocían con sal,
¡Oh, Santo Grial!
Roto mi Cristo
tan de cristal.

Ecce homo mortal.

Aforo o enjambre
hambre de sangre,
muere mi nombre
con fin d´hombre:
un acto atroz.

Muchedumbre y su cruz,
s´aturde e inflama,
queman la carne y su pus
con luz, lumbre y rama.

Coz de Pegaso
mi alma veloz
vuela al raso,
´cos I´m a ghost now.

¿Ascenderá acaso
tras el ocaso
al Parnaso
para dar paso
a acallar mi voz?

Fue tanta tu gracia, dona,
perdona a tu don, de Judas,
cubierta de arena la zona,
parto con Dios sin dudas.

La Santa Mare es bona.
mi mort sin sepultura.
Impura tortura harcore,
fin sin mimo ni finura,
tumbado fiel sin tumba.

Piedra de coliseo oscura,
un cráneo de catacumba,
divina llama lo depura:
un óseo canto perdido perdura.
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A Christmas Carol

Como de costumbre, en llegando la noche del domingo, aunque con pereza, Rudolf se apresuraba a escribir en su "Laptop" de última generación, el panfleto semanal que publicaba asiduamente en el blog; no importaba que esta vez fuera Navidad, quería hacer ver a sus lectores (a los que consideraba adláteres o acólitos) su dedicación plena a la causa, su " leitmotiv "

En Rudolf, a pesar de haber recibido una educación cristiana en el mejor colegio de su ciudad, no prendió nunca la llama de la religión; tampoco se podría adivinar en él, a pesar de pertenecer a una familia numerosa, ninguna virtud relacionada con la modestia, o con el hecho de compartir. Además, el excelso esfuerzo realizado por conseguir su formación, le provocaba un estado de autosuficiencia, incompatible con cualquier grado de empatía por pequeña que este fuera. Aunque bajo de estatura, solo conseguía ver en los demás la coronilla capilar. No sabía mirar a los ojos.

Este excelso estado de engrosada autoestima le provocaba una inquietud permanentemente por alcanzar las altas metas ( bajo su óptica, merecidas)que el destino le tenía reservado, y que a sus cincuenta años aún consideraba no haber alcanzando, quizás porque confundía éxito con dinero.

...Pero el estaba ahí, en su casa de la Costa Brava, haciendo creer a quienes leían sus escritos que estaba dotado de unas cualidades humanas supremas, trabajando por la Humanidad desde el confort que da la paga extra de Navidad y “Los Moscosos” que le permiten ver la vida engañadamente optimista.

Aún recuerda, cuando escuchó hablar en una Convención a su Maestro Hans, el que le hizo reconducir su vida, el que le hizo cambiar de bando renegando de todo lo anterior, el que le abrió los ojos a unos ideales más acordes con su proyecto, aparentemente más altruistas, más políticamente correctos, más remunerados. y por supuesto más próximos al futuro que él merecía.

Para conseguir sus intereses Rudof no tenía más remedio que desdoblar su personalidad, no se piensen, la propia no, solamente la que quería hacer ver a sus semejantes. Para ello contaba con las herramientas que le proporcionaban los adelantos del Siglo XXI, su blog y el escaparate mediático de Twitter.

Él no había nacido para servir a los demás, equivocadamente siempre había pensado que estudiar una carrera con tanto prestigio moral le serviría para posicionarse en una escala social privilegiada. Su sueldo por encima de la media de sus colegas le era insuficiente para los méritos que consideraba justos.

En un principio optó por un destino transitorio, uno que le permitiera trabajar poco , alejado del control presupuestario que le aseguraba unos ingresos extras , inmorales desde luego, a la vez que ilegales. Pero llego la crisis y con ella una vigilancia extrema del Dinero Público que otros, incluido Rudolf, bautizaron como recortes, y que que le impedía mantener un estatus sosegado.

Y le conoció a él, a su Hans, otra manera de desarrollar su función era posible. Abrazando sus teorías filosóficas y posicinándose cercano a las ideas políticas del nuevo gobierno, logró protegerse de una pátina moral como justificación a una nueva conducta que le convertiría en un ser implacable ante sus inferiores , ejemplo a seguir por sus colegas y llamado a suceder a su maestro y mentor. Ahora transmutado en cordero y amparado en ideas que recordaban más al DESPOTISMO ILUSTRADO del Siglo XVIII .

“Todo para el pueblo pero sin el pueblo “.

Ejercía ,disfrazado de altruismo y abnegación, una nueva manera de trabajar; amansaba dulcemente a los que tenía que servir, a la vez que cumplía con los intereses presupuestarios, cobrando en forma de incentivos por ello; en cantidad similar o superior a cuando los obtenía de una manera ilegal, aunque igualmente inmoral ; además con la posibilidad de poder salir de “un encierro inmerecido” emprendiendo una carrera política...

Continuación en mi blog: vlpqvl.blogspot.com.es/2016/12/a-christmas-carol.html
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