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Carta de despedida

Hacer una carta de despedida es una de las tareas más difíciles.
Primero, porque conlleva no olvidarse de nada. Es un único disparo.
Segundo, porque en general no tiene réplica. Esto la hace más difícil, porque uno escribe para preguntar se y en este caso deberá escribir para despedirse.
Despedirse no es malo, es un gran acto de valentía que suele incluir un fuerte abrazo y un último beso. Meter las manos en los bolsillos, mirar por última vez a los ojos y darse vuelta para caminar en sentido contrario. Algunos, muy valientes, suelen mirar atrás, otros, no nos animamos y mantenemos la mirada hacia abajo.
Si uno lo piensa fríamente, constantemente se está despidiendo: en la calle, en un beso, en las redes, en la sobremesa o en el pasaje del invierno al otoño.
Algunos usan estilos dramáticos, otros románicos, y algún piantao manda una carta sin la certeza de que llegue a su destinatario. ¿Riesgo o acierto?
La carta tendrá sin dudas un posdata, ese renglón que nos salva del olvido o refuerza alguna idea. Esas pocas palabras que envuelven toda la gramática anterior y, como suelo pensar, el posdata es el último abrazo después del abrazo.
Es el que volvió sobre sus pasos para buscar otro último beso.
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La historia de una chica y un café

Por Riberpa



Capítulo 1 Génesis


No más de veinte minutos habrían pasado, se había ido tal vez para siempre, y ya empezaba a recordar que todo había empezado en ese increíble tres de agosto de hace cerca de dos años, el destino cruzó una delgada línea y en medio de mi incertidumbre apareciste; recuerdo que yo venía en malas condiciones precisamente porque no eran mis mejores días, las presiones y la soledad habían cobrado y afectado mi salud.


Realmente era incomodo sentirse en ese desequilibrio físico y emocional, fui sin más aliciente que cumplir un requisito más, recuerdo estar ahí sentado esperando sin sentido, al oír mí nombre gire con algo de desidia, pero inmediato mi rostro cambio, está viendo aquella persona que se accidentaba en mi vida y colisionaba frente a mis ojos, ahí estaba esa figura menuda, normal dirían muchos, pero cuando mire sus ojos algo me atrapó; sólo lo descubriría tiempo después.


Camine a su lado durante un corto trayecto las primeras palabras cruzadas fueron como un libreto poco profundas, diplomáticas, pero poco a poco me entró el afán de hablar, tal vez tome la iniciativa tratando de agradar por aquello de la primera impresión, buscando crear un lazo que desde el principio mi corazón sintió que se anudó en mí, el tiempo relativamente voló para mí, parece que hubiera desaparecido el resto de escenario.

Sería presumido pensar que tú correspondías desde esa primera cita sólo mi imaginación desbordada de emoción lo recreo, hacía rato que no me sonreía la vida y ese día tuve la suerte que uno no busca, sino que te encuentra. Aterrizado en mis recuerdos vi correr nuestra historia y esa primera conversación corrió dejando en mi la sensación de un querer más.

A veces nos pasa esa incómoda situación de tener sensaciones inexplicables, irte, pero desear volver tan pronto como se pueda, tal vez existen esas diosidencias que se colocan tú camino para hacerte menos pesado el viaje y empiezas a preguntarte qué enseñanza habrá detrás de estas experiencias a la que llegas cuando menos piensas y cuando tus velas se han ido apagando poco a poco.


Capítulo 2 Añoranzas.

Hoy me fui con esa sonrisa que esa “extraña” me regalo a mi otro extraño, esa delicadeza envuelta en una flor de mujer donde cada palabra que brotó me llevo a la tranquilidad, había olvidado que, si hay gente hermosa y que el empaque es engañoso, había luz en tus ojos y ahí me conecte pensando en que los próximos días fluyera en mi un ángel capaz de corresponder ante tantas dádivas que entregabas a borbotones.


Esos días anteriores a nuestro nuevo encuentro estuvieron plagados de recuerdos, de contar los días esperando retomar nuestra conversación y con la esperanza de seguir reconociendo en ti aquello que había tratado de buscar con algún desespero durante varios meses , en donde soñaba frecuentemente en disfrutar de una conversación y que esta fuera tan lenta como pudiera , alargando cada minuto y sintiéndome afortunado porque estarías ahí para recibir mi sonrisa, con una empatía perfecta y así aprovechar cada uno de esos espacios que me regalaras.


En esas noches pensaba como este sentimiento naciente e ilógico debería manifestarse y en mi mente se cruzaba varias opciones que iban desde unas señales de SOS desesperadas de que te fijaras en mi de manera perentoria hasta pasar desapercibido y solo dar ligeros toques de estas sensaciones que iban creciendo; la noche anterior a nuestro nuevo encuentro me sentía como aquella oruga queriendo convertirse en un abrir y cerrar de ojos en una mariposa amarilla en un mundo lleno de color , sin embargo decidí colocar pies en tierra y reconocer que si bien desde niño me habían vendido la imagen del amor a primera vista esta requería de algo más y lo iría comprendiendo en el camino que me esperaba.


Capítulo 3 Conociéndote


La mañana estaba fría, si bien llovía copiosamente podía ver la gente caminar rápidamente , doy un giro a mi pensamiento he intento imaginar que cada uno de ellos vive su mundo y está pensando en las horas por venir , en sus anhelos y metas de ese día; yo por mi parte venía con esa ansiedad que había tenido los días anteriores, con un solo objetivo confirmar si esa conexión primaria y básica que sentí era real o parte de mi imaginación, de nuevo volví a la realidad y seguía caminando , apresure el paso dando zancadas más grandes y volví a sentir frío en mis manos y ansiedad en mi corazón.


De un salto nominalmente entre al edificio me anuncie y espere con impaciencia el encuentro, por un momento me quede absorto y de nuevo reacciono cuando alzo mi mirada y la vi acercarse hacia a mí, como si me conociera de siempre me saludo con un gran don de gente, sin embargo siempre guardo la formalidad que ameritaba la situación, a pesar de ser la segunda vez que coincidíamos nos sentimos cómodos como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo , sentía una buena energía y esto era signos de un buen comienzo para seguir escribiendo letras en el libro en blanco que no había obsequiado el destino.


Hasta ahora me había referido a ella como esa figura menuda y realmente quiero guardar en mi memoria fotográfica tu rostro el cual contemplo de manera directa y en especial esos dos puntos de guía que son sus ojos , he de decir lo que primero vi fue una sonrisa permanente que uno no olvida, vas irradiando luz con una actitud que pocas veces uno ve, más qué describir lo físico de tu belleza admiro lo que inspiras , me llevas a soñar y no queda otro camino más que agradecer a la serendipia que me permitió conocerte, aquí y ahora estoy seguro que si fuera por tu sencillez dirías holas no crees que estas exagerando ? y yo simplemente tendría que decir que pude ver más allá de lo que vieron los demás.


A ratos quisiera describir todo lo que pasa en mi cabeza cada vez que se generan estos encuentros que he de reconocer se presentan por un tiempo limitado y que son de obligatorio cumplimiento pero que disfruto como si fueran libres y espontáneos, me llena el alma de fe, de un sí se puede y de creer que la vida vale la pena vivirlas gracias a la existencia de seres humanos que van regando enseñanzas como semillas con la esperanza de aportar a la vida de cualquiera de nosotros, hoy salgo convencido que sin importar este final ya dejaste huella en mí.


Capítulo 4 La despedida


Así fueron pasando esos sesenta y cinco días de cercanía en donde cada reunión se fue acrecentando sin explicación alguna un afecto inusual que me llevaba a sentirme pleno y a desear día tras día volverte a ver esos sesenta minutos en los cuales el reloj pareciera estar corriendo unos 100 metros planos, eran implacables y a pesar de que sentía que no era indiferente había una barrera implacable de superar; lo sabía y el tiempo se agotaba y no quería llegar a ese final que era tan seguro como la muerte.

Quisiera detallar cada uno de esos instantes vividos en este corto tiempo; donde las letras se darían un banquete ya que se plasmarían todos lo que nos fue sucediendo en donde en cada cita nos sentíamos más dependientes el uno del otro , cada vez conociéndonos más y estoy seguro que tanto tu como yo nos pasó algo que aún no tiene nombre pero que existió , y ahí me queda anclada ese siete de octubre donde se rompió ese cordón umbilical que nos ató durante 65 días, recuerdo salir algo melancólico mas no triste porque comprendía que había tenido suerte y que lo vivido había calado una gran huella que me impediría olvidarte.

Entendía que en ese momento había diferencias que no permitían una relación diferente a la que el destino nos brindó y que antes de manera valiente lo desafiamos y lo llevamos a un escalón más allá de lo permitido, así me fui con una posibilidad escasa de contacto, pero existía como al aire que exhalaba cada mañana posterior a nuestro adiós.

Estábamos cerrando ese primer año y luego de atragantarme con las ganas de escribirte decidí hacerlo de manera sencilla y empezamos otros ciclos de escritos sin vernos en donde te compartía mis escritos que nacieron de la inspiración surgida de los sentimientos hacia a ti, ahí nacieron poemas sentidos que leías y luego me dabas tu opinión donde me reafirmabas que era grato para ti leerme y me agradecías abrirte la puerta de mi vida.


Capítulo Final ser agradecido

Recuerdo que este medio escrito me trae gratos recuerdos contigo ya que siempre recibí una respuesta ; ahora lo sé con certeza el hecho de conocerte fue para mí muy importante disfrute de cada segundo y cada sorbo de este café retrasado en el tiempo y pospuesto por el destino , desde entonces solo pienso que la serendipia llegue a mí para atreverme a soñar contra lo que parece imposible.


Ayer nuevamente recorriste mis pensamientos como en tantos otros días en que te posesionas de mí y aquí estoy escribiendo estas líneas para evocarte y esperando poder robarte unos segundos y una sonrisa ; como diría Benedetti mi táctica y mi estrategia era mantener esa pequeña posibilidad de contacto viva a través del tiempo así fueron transcurriendo meses el cual después de muchos obstáculos se cristalizo una noche fría de aquel 7 de marzo.


Hoy soy consciente más que nunca de las limitaciones que tenemos, unas más que otras y que solo si Dios lo permite caerán, sin embargo, hoy no hay tristeza ni dolor; tengo el recuerdo de la más hermosa sonrisa obsequiada a mí por esos ojos que aun evoco y sabes que entiendo tu silencio y lo respeto, tu historia, tu pasado, pero si por una extraña razón quieres verme ahí estaré ya que siempre he tenido fe en ti.

La noche llega y tu recuerda reposara en mí y a partir de hoy en estas letras que quedaran como vestigio de aquel hombre que llego a destiempo a tu vida y que lo poco que compartió lo hizo de corazón y a plenitud conscientes de sus defectos, cierro los ojos lentamente y mañana será otro día

Esta historia continuará
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Lo que dejarás

Cuando no estés
quedará el eco de tus palabras
como un eterno invierno
en mis habitaciones vacías,
será tu aroma a despedida
la inquieta brisa que penetre mis caminos
para congelar tus pasos.
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Canariona

Mi querida Carolina:
A ti bella canariona,
en primer lugar, ¡perdona!
por mi fuga repentina.

Las quedadas clandestinas,
por Ponzano y esa zona,
preparadas encerronas,
en aquel bar de la esquina.

Tú, siempre tan femenina,
la perfecta mujerona,
con el gesto de leona,
y mirada de felina.

Ay, viciosa mesalina,
montando como amazona,
me llevabas a la lona,
tan sagaz y tan ladina.

Por salir de la rutina
y no llegar a la nona,
te cambiaste de patrona,
dejaste las ursulinas.

Sí, mi marcha fue mezquina,
pensé, que esto no funciona,
había otra en mi neurona,
que me daba adrenalina

Era una Julieta endina,
yo un amante de Verona,
la niña que me ilusiona
aunque sería mi ruina.

¿Me podré sacar la espina
no despedirme en persona,
de dejarte tan tristona,
de que llore tu retina?
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Efigie de tu espalda

Sabiendo nada,
cual melodía de amor
arrugada en recodos,
con la rodilla en mis cenizas,
en cuya lápida están grabados
mis sentidos
y la efigie de tu espalda.

Certezas diluidas en despedidas
a corazón armado,
disparando adioses como anestesias
sanadoras del dolor,
cegando ojales que se desangran
por la falta de tus palabras.

¿Quién disparó el primer adiós?

¿De verdad importa?,
tal vez la memoria del abandono
desnuda la culpabilidad
para pintar falsos mañanas,
en los colores de alegrías
vacías de tu pecho.

Si a mi manera amo,
de la misma forma olvido,
sin arrinconar una coma,
mártires del primer adiós,
¡qué más da quien disparó!,
si la victima fuimos los dos,
sembrando éstos versos,
fríos, áridos, inermes,
en la efigie de tu espalda.

Amén
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Morena

Morena,
porque mi vida ya no vale la pena
Los trenes ya no se atrasan y
ya ni siquiera se apean.

Todo, todo consiste
en aquel último viaje donde
dejé mi corazoncito a los pies
de aquella dulce sirena.

Ahora oxidado, triste y
a solas recordando tu
preciosa melena en
aquella triste
terraza postera

Las horas volaron
como las amapolas.
No tuve tiempo para despedirme
pero si para quedarme
con tu flecha clavadita en mi pecho.

Por eso te escribo y digo
que estoy enganchado a ti,
a tu ombligo, que olvidarme
de ti no consigo
y eso que no fuimos ni amigos.
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Abrazando espinas (@sarrd8r & @Pequenho_Ze)

Vidas de sopas de sobre,
latidos de latas de conserva,
sueños desecados, salados,
abro los ojos al cenagoso presente,
catador de almas de punto y coma,
¿para cuándo rasgar ésta cortina
de emociones sepultas, estampadas,
en almohadas ajenas, intrusas de la fe?

Artificialidades estrambóticas
se arremolinan ante mi rostro;
y ese sabor agrio en la lengua,
esa espera natural de la consciencia
que impide volver a ser.
¿Dónde está el remedio prometido
para olvidar los brillos superfluos
que acosan mi arraigada convicción?

En un acto desesperado por arrancarme
la piel de esta desolación, despedida
sin ayer, sin mañana, eterno segundo
de horizonte negado, eclipse de mis ventanas,
lanzo un brindis de rosas negras,
abrazándome a tus espinas,
calvario de la certeza que esta distancia
la puso mi garganta desgajada por tu condena.

Acabo cortando las palabras despacito,
para borrar cualquier señal
inequívoca en la frente.
Es un recuerdo clavado
en todo mi tiempo, en todo lo que vivo y siento.
No puedo evaporar los sentimientos
en pos del frío apostado en nuestras manos;
me dejo arder al calor de tu llama inexistente.



(imagen: Rose, Gerard van Spaendonck)
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Semana a medias

Lunes se enfado con Martes,
se dividieron en partes y
se la jugaron todo a
un pares o nones.
Martes estaba confuso
por que no se habla con Lunes
y Miércoles ya no le invita
a cenar como antes y
no le trae caracoles.
Miércoles tiene celos de Jueves
por que Jueves es animado
y huele a Viernes pero
echa de más a Martes
por que siempre que le habla
mira menos a él, a todas partes.
Jueves ignora a Miércoles
con el tiempo por que
le gusta y siente mariposas
por Viernes y Viernes no lo sabe.
Viernes odia a Jueves e
ignora lo que siente, dice
que le roba horas de fiesta
que por eso lo detesta y
raro será que se fie
pero Viernes desea y
quiere a Sábado por que
a su lado cuando estan juntos
siempre estan de fiesta
o desfasan, olvidando el pasado.
Sábado le gusta Viernes
de echo son pareja y
estan totalmente enamorados.
Que normalmente entre
ellos dos también hay disputas
aunque ¿que pareja no las tiene?
pero siempre se arreglan
y terminan dando vueltas
bajo sábanas y aprovechan
cada instante, cada suspiro
de lo que el universo les a regalado.
Pero el Domingo le entristece
por que llega el resacon,
horas en el baño echando la hiel,
la meada fuera del water,
las despedidas.
El Domingo simpatiza con Lunes,
con Martes y con Miercoles
dice que le caen bien los tres
y los considera parte de su ombligo,
Jueves ni fu ni fa,
por que casi ni lo ve y
los días de la semana,
tras él no son leves
Es el turno de sus enemigos
Viernes y Sábado por que
a Viernes y a Sábado no los traga
por que Domingo siempre
termina pringao entre alcohol, orin,
vómito, semen y tangas..
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Acaso sólo sobrevives?

A veces me siento solo
Con mi piel rota y desgastada
Herida por tus manos
Que me golpean cada día
Dices: ayudará
Serás más fuerte
el encuentro es el principio de la despedida.

En la multitud
A veces ni me miras
Me siento un desconocido
Perdido en el miedo
de que te alejes y que no entiendas
Como mi vida se convirtió en una mentira.

Tengo miedo de ser el culpable de los lazos rotos
Y que mis lágrimas rueden sin sentido al olvido.
De quien es la culpa?
Ya no susurres aquellos insultos
Cuando conozco el guion
No enfermes más tu corazón.

Alguna vez te has preguntado cómo me siento?
Cuando me llamas enfermo
Cuando estas en casa haciendo lo que haces
Jugando hacer ausente.

Acaso sólo sobrevives?
Porque mis lágrimas anhelan mi niñez
Aquellos minutos que sentía tu piel cálida
Y Tu voz enérgica
Aquel ayer cuando sentía que tenía vida
y aun no conocía la agonía.

sólo lo he besado dos veces
Por respeto a ti
Por miedo a que odies mi existencia,
Sigas fingiendo que me quieres,
Aun espero ha que entiendas
Y que te adaptes a quien soy
No te apresures por comprender
Y fingir palabras de apoyo
Para sostenerme,
Soy fuerte, tú me hiciste
Soy el niño de ayer
Un poco más grande y con nuevos ideales
no me mires como un enfermo
recuerda que puedes lastimar mi carne
y aveces no se olvida lo que se siente.

Autor: jhonbellido
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Nada

Nada es cuando el sol descansa,
Nada cuando la luna sueña,
Nada cuando tu llanto se despeña
Nada cuando en tus mejijjas remansa,
Nada es tu mirada cuando desprecia,
Nada al despedirse siempre
Nada es al fin perderte
Nada esperar tu sonrisa que embelesa

Pero la verdad es que nada soy yo
Para nada te sirvo
Y nada es el total de la suma de mi amor
Con el amor que crei tuyo.

Nada.
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Silvia

17 de noviembre.
Maldito diario:

Tras varios meses de ausencia
(casi desde el último abril
del que ya solo queda un tenue arco iris
en algunos fotogramas polvorientos),
tengo algo nuevo que contarte.

Esta mañana de ido con Silvia
(sí, con Silvia, has leído bien)
de compras a la Gran Vía,
a una de esas tiendas del centro
donde los maniquíes besan
sin censura a la anorexia.
Después de probarse nueve vestidos
he pensado, con franqueza, que para qué,
si no hay tejido mas hermoso que su piel.
(Pero claro, no he podido decírselo).
Al final se ha decidido por uno de flores
de mil formas y colores,
como si hasta el despiadado noviembre
fuese para ella primavera.
Pero si Silvia se empeña en que es primavera
florecen los cerezos hasta en la Antártida.

Después hemos ido de cañas a La Latina,
a los bares y esquinas de siempre;
ella ahora bebe sin alcohol,
y a mí, como siempre, casi me basta
con mirar sus labios mientras bebe.

Comenta Silvia:
"Enamorarse de la persona equivocada
es desenamorarse de uno mismo."
¡Qué poco se imagina ella cuán cierta
(y puñetera)
es esa afirmación!

Me ha hablado del último libro que ha leído,
del frío criminal que hace en Copenhague
del trabajo en el que acaba de empezar,
de que ya ve la luz al final del túnel...
La luz al final del túnel son tus ojos, he pensado,
verdes como las primaveras de la juventud.

Maldito diario...
¡no imaginas cuánta nostalgia cabe
en un par de palmos de distancia,
cuántos recuerdos revividos
de un lado a otro de una mesa,
cuántas primaveras levantando muros
entre su boca y la mía,
cuánta fantasía a mil años luz
de la puta realidad!

De vuelta a casa de sus padres
hemos regresado también a la infancia:
ya no está ese banco donde nos sentábamos
y tantas veces planeé besarla
cuando todavía no teníamos edad
(ni sitio)
para las tristezas,
tampoco el parque donde su risa
convertía un taciturno columpio
en una vertiginosa montaña rusa,
y un centro comercial ha engullido aquel descampado
donde jugábamos al escondite
y siempre me dejaba coger
(aunque ella no lo sabía)
por el simple placer de oírla gritar mi nombre.

"Nos han cambiado la ciudad,
el presente y hasta el futuro...
pero los recuerdos siguen en su sitio",
le he confesado.

Ella me ha mirado con melancolía
pero ha sonreído.
Hasta ese momento casi he creído
que podía salir ileso
(o con escasas secuelas)
de aquel encuentro
Pero esa sonrisa me ha derrotado...
y ya sabemos que no es posible salir ileso
de un naufragio en alta mar
o de los restos de un terremoto.
La misma sonrisa de entonces,
fascinante como un truco de magia;
la sonrisa de los recreos,
la de los cumpleaños en la calle,
la de las miradas cómplices,
la de tantas tardes en mi casa
compartiendo secretos y música,
un auricular para cada uno,
cuando las canciones eran una aventura
y sus letras himnos insondables.

La misma condenada e irresistible sonrisa
de te quiero, pero como amigo,
la de me voy a estudiar a Dinamarca
la del día de su boda
en esa fotografía con ese otro chico
que nunca fui yo.

Nos hemos despedido hasta la próxima
(quizás pronto, tal vez nunca),
con besos y abrazos tímidos.

Ya solo, sentado en el autobús,
con los ojos empañados
e intentando huir del pasado,
con su perfume y su sonrisa
aún prendidos en mi recuerdo,
he pensado en ese afortunado de la foto que,
en la próxima primavera,
decorará el suelo con los pétalos
de su vestido.

No he podido evitar odiarla,
odiarla con todo mi alma;
a la primavera claro,
porque a Silvia la amaré siempre.

Juanma
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Calor de olvido (@sarrd8r & @Pequenho_Ze)

Alquilo calor por falta de leña,
ascuas huérfanas de tu oxígeno
crepitando en el silencio de tu partida,
mientras amasas la vida en corazones,
el mio se escarcha abrazado a la soledad,
silbando tu nombre en cada sístole.

No es que no quiera, es que me quema,
mirar en las paredes tu silencio,
sentir el frío vistiéndome el presente,
ahora me hace de hogar un páramo yermo,
bajo un cielo absurdo que se hace velo negro
cubriendo de cenizas éste invierno.

Cenizas de ésta lava que no se apaga,
incendio en los que acaban o tal vez empiecen
nuestros mundos bipolares,
de palabras paridas en el arco iris
del umbral de tus despedidas
y mi necesidad de esperarte,
sin el gris de la muerte, del olvido.

Frenesí de copos de ceniza

Recoge de mis labios los colores,
tomo de tus manos los delirios,
demos vida a ese beso en las entrañas,
vistamos de presencia este vacío.
Es mi alegato de amor contra la pena:
cambio el gris de esa llaga cruenta,
por la muerte del olvido.
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Lied de despedida

a LH

La hora final en vilo de silencios
Cargando el aire de asfixiantes sombras
Mira también anunciarse el horizonte
De tu próxima aurora
Y me consuela creer que no fue en vano
Perderme en espejismos de tu voz
Del reflejo infinito en tu presencia,
De tu ser que fue todo y que fue nada
Tu rostro, tu piel y tu mirada,
Tu cabello, y el misterio en tu sonrisa
Que me consumió.

Hasta pronto, hasta nunca
Hasta siempre, hasta encontrarte de nuevo
Hasta no verte, y que el recuerdo arrulle
Con tus nombres mis noches
Flor de altiplano, rosa obsidiana
Morena luz, nereida niña
Prohibida, ajena, distante, extraña
Hermosa esfinge de callado enigma
Que al solitario robaste el pensamiento
Y te ofrendó en secreto en penitencia su alma
Para acallar los gritos de un absurdo sueño.

Ya se despiden de ti las grises horas
Fractal multicolor primaveral retoño
El invierno conspiró con tu partida
Para buscar el trópico al que perteneces
Pequeña alondra de vuelo infatigable
Tu canto entre girones esparcido al viento
Calmará unos segundos este vacío en el cielo
Después cargadas nubes de asfixiada lluvia
Dejarán caer mil oraciones de translúcido fuego
Como el regalo de Pentecostés
Entonces, solo entonces, a esa hora
Convencido tal vez de haber sido bendecido
Gritaré tu nombre en un último intento
Y después quizá, solo quizá, me inventaré tu olvido.
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Y vive nuestra caricia

Lo leo en tus ojos.
Hay un adiós esperando en la cornisa de los días.

Tiemblo,
tiemblas,
y nos acurrucamos en nuestra vida
para que no la oscurezcan.

Pero es débil la luz del candil,
son débiles las palabras
que se rompen cuando intentas pronunciarlas.
El roce de los dedos
no sabe aportar milagros,
el amor no entiende de ocasos forzados
y nos anochece el tiempo
en nuestras manos

Hay tantas estrellas en el cielo...
qué gana la muerte con robarme la mía,
la tuya,
la nuestra?
Qué gana la vida
con esa crueldad
disfrazada de ley
si la ley es vivirla?

No hay rebelión
ante tan inmensa fuerza que desgrana
con absoluta pasividad
las horas y los días.
Hemos caído
en un mundo donde los gritos
son silencios anclados
a un amor herido de gravedad.

Asumo la despedida,
pero que el tiempo se detenga
y haga de nuestra caricia
la más hermosa eternidad.
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Olvidar por última vez

Aumentaron las cadenas
de un cansancio prolongado
era un encierro atado
a un acertijo de un valor alucinado
pretexto marcado por el tiempo pasado.

Rebelión de penas de un imperio inexperto
yelmo desolado que anuncia
la ausencia asimilada
por el último caudillo levantado,
siempre quedará la polvareda de una ilusión.

Más injusto no puede ser
así son los campos
bajo un cielo precedido
de un permiso concedido
por la última herida marcada de un adiós.

Han pasado doscientos años
desde que el guerrero invicto
pidió clemencia ante la victoria
después de tanto tiempo la luna
se sigue asomando esplendorosa.

Somos ardientes como el fuego
ese que fulgura con tan solo una chispa fría
en la mañana anaranjada que refleja
a el sol que nunca supo cómo superar tu partida
sin ningún beso de despedida de amor.

Fueron los grilletes sin las ruidosas cadenas oxidadas
que me hicieron recordar
que era más fácil no tenerte
que que decir unas cuantas palabras que mi mente
solo quiere escuchar para olvidar por última vez.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
27/01/2018.
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Despedidas

El sonido de la puerta al cerrar
lleva flotando en mi habitación
desde que la primavera marchó.
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A un paso de revertir esa historia

Reproductor en modo aleatorio,
suena una de esas canciones que desgarran el alma
y encienden poco a poco
cada parte descubierta de la piel.

Se siente una levitación temporal,
como si se llegara a ese mundo galáctico
donde las despedidas no duelen tanto
y basta con un "hasta siempre"
a manera de prometer reiniciar el día
empezando por el final.

Aún espero en la estación
que se pueda revertir aquel desenlace inesperado.

Puede que haya sido algo precipitado
envolvernos en incendios temporales,
hasta el punto de vivir en algo que no se veía real
ni se acercaba a un «para siempre».

La gente no se detiene,
siguen tomando rumbos por conocer
y desafían al destino que por momentos
quiere impedir que sigan su propia historia.

Pero conmigo es diferente.

Me detiene por algunos instantes
para que pueda reescribir una nueva perspectiva
sin tener que modificar ese «siempre juntos»
que hasta el momento no ha vuelto a suceder.

Se sienta a mi lado,
espera que le muestre un avance de lo que sucedió
o de lo que soñaba que surgiera
cuando todavía no había visto el color de sus ojos.

Sabe que no podré volver a hacerlo,
ya no me quedan ilusiones por seguir
ni latidos distintos que me acompañen.

Si fuera diferente
diría que volvería al remedio temporal
que te hace olvidar el dolor por un momento.

Si estuviera lo suficientemente consciente
me atrevería a escribir un nuevo comienzo
a lado del que me estuvo esperando desde siempre.

Si no hubiera habido ese quiebre
seguiría luchando por volver a la esencia de esa historia,
sin olvidar los motivos que me hicieron amarle.

Pero... ya no soy así.

Aún sigo esperando en la misma estación
con la mismas canciones en modo aleatorio
esperando, por una sola vez,
tener el valor suficiente
para dejarme llevar por algo verdadero
sin que las secuelas del pasado me devuelvan al mismo lugar
del que tanto tiempo me costó alejarme.
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6comentarios 64 lecturas versolibre karma: 100

Bandera blanca (@pequenho_Ze, @hotel_k & @sarrd8r)

Las riendas aprietan
el polvo de los zapatos,
el corazón emparedado
en la última despedida,
ha amordazado todos los ünguentos
que tenía preparado,
para la posible caída sin red
desde este extraño trapecio.

La importancia del camino
ha cedido a las paredes,
y todo son muros pesados que se ciernen
a ambos lados
de mi complementariedad.

De latidos absortos,
paralizados en laberintos,
ladrillos de silencios con los que
se alimentaron nuestros diques,
sima de nuestro perdón bastardo,
hoquedad de cielos y promesas.

¿Y ahora qué?,
no se pueden levantar imperios
cuando la fractura se ha extrapolado
en un no volver.

Me cosí ambas manos a la espalda
para no desgarrar las distancias
-cada vez más largas-
con besos de aire,
con una ineludible culpabilidad
que se esconde tras una dignidad
demasiado canalla para ser certera.

Levantando estaciones
donde esperarnos,
sin renunciar al billete de vuelta
a la casilla de salida.

Será mejor hacer ovillos de silencio
y tomar carreteras secundarias
con los ojos vendados.

Muerdo las penas para conservar
el sabor de la última palabra,
y me quedo a observar cómo arden
las últimas fuerzas.

Quemando mis naves
como acto desesperado
de habitar en tu isla,
clavar mi bandera blanca,
derribar despedidas,
recolectando esperanza
para plantarla en tu orilla.

Amén
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La ultima nevada

Como un faro
De esperanza
Muestra el camino
A las almas
Confortando con
Su luz
Plegarias
de huellas blancas. .
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2comentarios 105 lecturas versolibre karma: 96

[La despedida]

Anego mis esperanzas
en el amargo elixir de la desilusión
trago a borbotones la botella medio vacía

La absenta quiere anegar mi desgarro
pues tal vez así deje de sentir este dolor
culpable de amar sin medida

Obstinadamente reitero mi delito
es mi condena recordarte eternamente
mientras abrazo la sinrazón de anhelar tu regreso

Pequé de zalamerías que tu no escuchabas
insensible a mis más sinceros sentimientos
para ti solo fui una breve distracción

Me enredabas recitando Apollinaire
creía que me hablabas de amor pero era solo sed
que apagabas en mi alcoba sin pronunciar palabra

Siento un gato maullar como un violín que chirría
los murmullos me enloquecen
no hay calma solo esta soledad que me inunda

Esta noche, las frías aguas del Sena serán mi lecho
nadie recordara mi existencia ni sabrá de mi pesar
no quedara ni rastro ni sombra de mí...
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