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Falso poeta

He notado que me plagias,
mis ideas, mis aciertos,
le sustraes toda la magia.

No le veo mucha gracia,
si no le pones talento
se convierte en aerofagia.

Que no mires te aconsejo,
la rutina se presagia
en tus textos incorrectos.

Que te inspires, pero lejos,
el frescor no se contagia,
lo espontáneo nace dentro.

No reflejes en mi espejo,
que en mi mundo de dislexia
soy horrendo y no me quejo.

No me mires tan perplejo,
con tu impávida arrogancia
vas atrás como un cangrejo.

No se adquiere relevancia
inundado en pensamientos
que otros dan con elegancia,

no percibes la fragancia
natural de ciertos versos...

No concibes, sin lactancia,
que tu fin quede resuelto.
Una cosa sí está clara,
tú le pones mucho empeño,

pues resuena tu nostalgia
tanto en twitter como en facebook,
y se acusa mi neuralgia
por el robo sin remedio.

De mi afán no eres el dueño,
del ansiar vivir sin ancla,
del querer morir despierto...

Con tus celos no te basta,
no lo dudes, deja el miedo,
que no prime hacer canasta,
que se vea que es sincero.
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17comentarios 93 lecturas versoclasico karma: 123

Rumores

Rumor de rumor constante,
vorágine de mentes subjetivas de opinión concreta,
información balanceante de lanzas ebrias,
lenguas muertas excesivamente vivas.

Persecución del diferente,
lapidación hiriente,
palabras como piedras,
lacerantes,
innombrables mentes,
innombrablemente efímeras,
dementes,
opinión latente entre los miedos
de los miedos aceptados sólo a medias.

Rumor preciso,
inagotable,
fruto de algún polvo irredente de ignorancia,
barro sucio del alfarero atormentado
que moldea con sus labios lo imperfecto.

Lenguas como navajas en batallas de tabernas,
incontinencia verbal,
obscenidad oral,
juegos mentales de quién nada pierde y nada gana,
del que piensa que se sienta en los altares
a impartir un cortés doctorado de venganzas
con su verdad absoluta repartida
en porciones onerosas de incierta verborrea.
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18comentarios 109 lecturas versolibre karma: 112

Historias , recuerdos y promesas

Estoy sentado en lo más profundo
de un bosque oigo como las hojas de
árboles hacen ruido al chocar con el viento
es realmente hermoso , es realmente necesario

Ver cómo tanta belleza está desapareciendo
ya no hay un lugar donde puedas oír a los
pájaros cantar , a los niños jugar , ni oír
a los jóvenes decirse a cada rato yo te amo más

Cada día algo cambia , cada día alguien muere
y vive , cada día alguien cumple años al igual
que otros cumplen sus sueños , la sonrisas son
cada vez más fuerte cuando oyes a un niño

Sonreir , para mí es lo mejor para mí es
algo que no se ve todos los días no casi siempre
ves a un niño reír con el trabajo y tus estudios
has perdido el interés en lo que realmente

Es importante, cuando fue la última vez en que
fuiste al parque y no te diste cuenta que alguien
más era feliz , miéntras tú ponías a pensar en
lo que estaba mal en tu vida hasta ese entonces

Dónde quedó aquel niño soñador en donde
quedaron aquellas promesas de ser bombero
doctor o policía , a dónde se fueron tus sueños
a dónde se fue aquella persona en que un día yo

Confíe y aún lo sigo haciendo dime a dónde fuiste Andrus en dónde quedó tú niñez , en donde murió tú amor y en dónde mori yo contigo A.L
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¿Y si nos tocara vivir de nuevo?

He planificado escribir de algo que nos una cada día, porque a veces, como humanos más nos une nuestra manera de sufrir, que nuestra manera de amar
¿Y si nos tocara vivir de nuevo? Esa fue la pregunta que nos habíamos hecho un grupo de amigos de la Universidad a finales del 2011 mientras estábamos sentados en una de las áreas verdes de la Facultad, el también recordado año de las crisis emocionales, el último en que todos fuimos más o menos parecidos, y también el último año en que pasamos todos juntos una tarde. Recuerdo que casi como al unísono respondimos sin titubear los 5 que haríamos las cosas diferentes, para nosotros que en aquel entonces teníamos entre 22 y 23 años el “qué hacer y no hacer” estaba bastante marcado por temas relacionados a los amores, desamores, la falta de dinero y la inminente ansiedad de saber que era el último año en que ser mantenidos estaba bien, y habría que hacer algo al respecto. Recuerdo mi respuesta particular y la de Kevin, cuando dijo que si pudiera devolver el tiempo no perdería la virginidad a los 15 y que hubiera sido ateo desde siempre, aquella respuesta me tomó por sorpresa, en especial cuando él era el “mujeriego” del grupo y si entrabas a su casa lo primero que te saludaba a la mejilla era un pulpito de 1 metro y medio con una biblia de 10 libras adornándolo, sin contar los innumerables cuadros enmarcados con imágenes de santos que vaya a saber Dios quiénes eran; y lo olvidaba… lo más importante, tenía escrito una oración a puño y letra en marcador sobre un cartón de al menos 2 x 1 metro pegado al techo de su litera. Esa particular respuesta me dio para pensar varias semanas después de aquel día, más allá de si había sido o no sincero, me preguntaba en si llegaría un día en el que quisiera convertirme en otro, o anhelara volver a vivir algo como consecuencia del arrepentimiento, yo estaba casi seguro de una de ellas para entonces, siempre me arrepentía de aquellas cosas que no hacía.
En el tiempo se había perdido aquel recuerdo como casi todas las conversaciones que solía tener, y a pesar de las semanas que me había tomado de esclavo aquella idea, un día soltó mis cadenas y se fue sin dejar respuesta y rastro, hasta el día en que murió mi abuelo…
Nunca había sido solicito ni especialmente cariñoso con aquel Sr. que para entonces cursaba los 76 años de edad, mi carácter y el suyo enardecían cualquier mañana o noche de aparente tranquilidad con todo tipo de discusiones y quejas, y claramente yo no era de los que me dejaba, el tiempo que había vivido junto a él no había dejado más que una profunda secuela de rencor por todas aquellas cosas que había visto y vivido.
Me encontraba trabajando aquella tarde de octubre del 2015, cuando recibí una llamada de mi abuela:
-tu abuelo está en el hospital, tienes que venir a verlo-
No era la primera vez que había recibido esa llamada, 6 meses atrás él había terminado en el hospital por una semana completa debido a complicaciones renales, así que supuse que tenía que tratarse de lo mismo. Sin embargo, no era consciente de que llevaba más de 2 días ahí. A la mañana siguiente salí muy temprano de casa rumbo al hospital más jodidamente lejano de esta ciudad, al llegar me enteré de que no estaba consciente ya, y el doctor presuponía lo peor. Aquello realmente no había creado una reacción adversa en mí y, de hecho, lo primero que susurré entre labios fue: -al fin mi abuelita estará tranquila; me acerqué a ella, que había dedicado ya dos días completos en cuidar de él y le aconsejé que regresara a casa a descansar y volviera al siguiente día, ella solo supo responderme: -él solo te está esperando a ti-. No puedo siquiera describir aquello que sentí en aquel momento, solo me acerqué al doctor que atendía su caso y solicité un permiso para poder entrar a la sala donde lo tenían, luego de dos o 3 horas me dejaron pasar. Estaba entubado y con cables por todas partes, lo tomé de la mano y me acerque esperando sinceramente que en el fondo me pudiera escuchar, dije: -aquí estoy abuelo, ahora ya puedes descansar, sé que llegué algo tarde y me hubiera gustado verte de ojos abiertos, ha pasado más de medio año que no nos vemos y sé que nunca nos pudimos llevar muy bien, sé que me estas escuchando, y quiero decirte que te quiero, aunque tú me quisiste más, ahora puedes descansar-.
3 horas más tarde murió. Meses después me entere de que había pasado los últimos 3 meses de su vida preguntando por mí, y yo, yo estaba perdido. Ese día lo recordé, ¿Y si nos tocara vivir de nuevo? Desde aquel día llevo claro aquel mensaje que mi abuelo supo darme sin saberlo (aunque a veces siga siendo terco): que en todo me podría equivocar menos en amar y perdonar, porque, aunque ambos probablemente no lo merecíamos, él lo hizo primero, pero yo, yo no pude regresar el tiempo…
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Entre la angustia, el castigo y soledad

¡Tic tac! a golpe de segundero la hora se aproximaba,

el tiempo como justicia inexorable, como carcelero en palas

atenea ígneas en derredor, los cuervos picaban

mi enjuta puerta, con inquina, y en el interior la presencia de Penelope…

esta vez el que fruncía era yo.

¡Oye!, escucha mi balada, la gesta de mi pasión

el corazón ya me late a tiempo, las penas son venas

de musicalidad y abrí las alas al ritmo de este compás,

anduve donde los ángeles no se atreven a entrar

entre la angustia, el castigo y soledad.

Abrí las alas para volar y de nuevo renacer

entre cenizas sacudidas en mi resurgir,

abrí las alas antes de partir, y abatir al querubín,

el cielo aguardaba las alas tronchadas de otro ángel;

pero el cielo siempre puede esperar, el final para los cobardes.

El punto final siempre puede esperar, siempre a tiempo de rubricar

no está escrito el final sino el principio en otro curso de mi universidad,

donde se doctoran acordes de mi latir, por el principio de los valientes

allá donde retumban en pecho firme y caletre,

cuando se abandona la partitura de un réquiem, el silencio

por plisar, esa inesperada melodía ausentada

que a cuchillo el romancero se abrió en canal

para destripar al penitente, el que sintió pena, angustia, y soledad.

Abrí las alas al ritmo de este compás,

entre la angustia, el castigo y soledad.

Gracias a ti no hay muerte sino mudanza,

allá donde vivo la vida, la de la esperanza…

Hacer posible lo imposible, es poder con esto y con mucho más;

y confieso que te amo no por amarte

incluso por ti amo como a mÍ mismo debo amarme,

como profundo credo ancorado que se encontraba

en el lacustre fango, de mis penas que tú ahogaste.

Confieso que podría amarte hasta lo inconfesable.

Incluso algún día, el de mañana, cuando ni vocales

ni consonantes rimen, confesaré que te amo, no por amarte.

Confieso que perdí mis memorias del pasado por presenciar

ya soy presente auxiliado, y a dentelladas

muerdo y trabajo en mi remedio de no ausentarme

con el fin de no aburrirme, porque solo se aburre el pasado

el presente ya es posible, el pasado olvidado, y el futuro por rubricar.
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En otro mundo

¡el año pasado he ido a ese lugar, y no me gusta! - dijo Lucila.
Cursaba el 5to grado de secundaria Y otra vez tendría que viajar a la ciudad en la que vivía su tía, ella quería disfrutar de sus vacaciones con sus amigos. Pero, tenía una madre "sobreprotectora", si se le puede llamar así a una mujer que no quería que su hija tuviera amigos varones, ya que había sido engañada por un hombre que la enamoró con palabras y la abandonó cuando quedó embarazada, entonces a sus 16 años tuvo que hacerse cargo de su pequeña, Sara había logrado estudiar con mucho esfuerzo la carrera de educación inicial, donde trabajaba doble turno, así que tenía poco tiempo para compartir con su hija, la cual habia crecido con su abuela y cuando murió tuvo que pasar mucho tiempo sola, el cual aprovechaba para leer y escribir en su diario. ¡No es normal decían sus compañeros de aula!
Durante toda la temporada que pasó en la escuela fue la mejor estudiante y este año no seria la excepción.

¡apresurate muchacha, que te deja el avión!- grito su madre desde el primer pisó.
Al rato apareció con un polo rojo y un pantalón de algodón, que no combinaba.
Camino con su madre afuera del edificio en donde esperaba un taxi para llevarla al aeropuerto.
De camino sólo miro dos veces por la ventana del vehículo, llevaba puestos los audífonos y iba oyendo Numb de la banda Linkin Park, siempre había disfrutado oír Rock.
Al llegar al aeropuerto notó que estaba lleno de gente, y en su fila habían muchos padres despidiendo a sus hijos, ya en el avión, se sentó al lado de una chica que se pasó todo el viaje durmiendo, Lucila aprovechó para leer "éxtasis" de Bill Houston, que era una novela para adolescentes.
A las 11 de la mañana llegó a la ciudad en la que vivía su tía, en el aeropuerto la esperaba el chofer de su tía, quien sólo le dijo: ¡Hola! Y todo el camino se concentró en conducir.
Al rato llegó a casa de su tía Lucía, una mujer de 35 años que estaba casada con un hombre de 75 años, ¡le dobla la edad! Decían todos ¡No puede ser amor, si no interés!
Lucila encontró a su tía saliendo, se dirigieron un saludo corto y hablaron de la salud de su hermana y le dijo que se acomodara como en su casa.
Janet la chica que se encargaba del servicio doméstico la llevo a una habitación en el segundo piso, tenía el doble de espacio que su habitación, empezó a desempacar hasta que quedó como ella quería.
Durante el almuerzo no estuvo Lucía, así que aprovechó para comer en la cocina con Janet.
En la cena no se hablo mucho en la mesa, Lucía dijo que estaba cansada, luego se fue a su habitación.
Media hora después Lucila se dirigió a su habitación, se recostó sobre la cama,pero no conseguía dormir así que sacó su diario de la mochila y se dirigió a la mesa, y escribió lo siguiente:

29 de junio de 2018

Este viernes fue muy ajetreado, estoy super cansada, no había querido venir nuevamente a esta casa, es muy grande y no hay con quien hablar. Además está tío Marcos que nunca sale de su cuarto, creo que el cáncer de pulmón está en su última etapa, conozco poco de él, sólo que tiene empresas agrícolas con las que logró amasar una gran fortuna, Pero ni todo el dinero que posee podrá salvarlo de la muerte.
Por lo que sé tiene dos hijos que viven en España y casi nunca lo visitan, con él sólo está tía Lucía que pasa los días fuera de casa, posiblemente gastando el dinero de su acaudalado marido.
Durante el almuerzo hablé con Janet, es una gran persona, "super amigable", me dijo que tenía 28 años aunque aparenta más, debe ser porque toda su vida a trabajado, por lo visto será mi única amiga estas vacaciones.
Me siento cada vez más sola estos últimos meses, en el colegio casi todas las chicas han tenido o tienen relaciones de enamoramiento, excepto yo que no puedo comunicarme con varones, ya lo sé "soy un poco introvertida", bueno el amor puede esperar, por ahora trataré de sobrevivir estas vacaciones ya que madre tendrá que trabajar y no tendrá tiempo para mí. Además es manipuladora, pero se que tiene sus razones, para ella no a sido fácil cuidar de mi, y no quiere que pasé por lo mismo que ella. Sé que es una gran madre, siempre está para mí en todo momento. Pero quisiera tener un poco de libertad.

Colocó el diario sobre la mesa de noche, pensó durante largo rato y se durmió.

Al día siguiente. Lucía se despertó temprano y fue a ver a su esposo, la enfermedad estaba avanzando alarmantemente. A las 8:00 AM, llegó un doctor, ya no era el mismo de siempre, ya que en los últimos meses habían cambiado a varios ya que Marcos no aceptaba que no pudieran hacer nada contra su enfermedad.
Después de ser un reconocido empresario, estaba desahuciado a causa de su adicción al tabaco y cuando se dio cuenta del daño que le hacía ya fue demasiado tarde.
A las 8:30, Lucila salió de su habitación, llevaba la misma ropa del día anterior, y cuando pasó frente a la puerta del cuarto del enfermo oyó voces. Continuó su marcha hasta la cocina, donde encontró a Janet.
Luego fue a la sala donde encontró un gran televisor, al rato bajó un hombre con bata blanca seguido de su tía Lucía.
Apagó la televisión y se dirigió a la cocina, donde ayudó a Janet en las tareas del hogar.
Durante el almuerzo conversó con su tía sobre los viajes que está había realizado y las fiestas a las que había asistido.
En la tarde leyó durante tres horas "extasis", luego decidió salir a pasear, regreso a las 5:00 pm.

Durante la cena no se oyó una sola palabra, luego ayudó a Janet a dejar todo limpio. Fue a su habitación y sacó del cajón de la mesa su diario y escribió:

30 de junio de 2018

Este día estuvo de locos, cuando desperté me dirigí a la cocina, pero cuando pasé frente al cuarto de tío Marcos sin querer oí que le quedaban pocas semanas de vida.
Continúe mi marcha, en la cocina encontré a Janet, parecía apresurada en prepara el desayuno.
-me quedé dormida-dijo.
Tomé un vaso de agua, seguido me dirigí a la sala, donde encontré un gran televisor, cogí el control y sintonize el canal 21, estaban pasando November Rain de Guns N' Roses, una de mis canciones favoritas, le siguieron canciones de DC AC, "gran música sin comparación a la que sale actualmente, que está muy sexualizada".
Después de 5 canciones apareció por las escaleras Un hombre con bata blanca seguido por tía Lucía en su rostro se dibujaba la tristeza, que iba en contra de los chismes de la gente que decían que había sido un matrimonio por conveniencia.
Fui a la cocina donde Janet estaba lavando los trastes, decidí ayudarla, cuando terminé me dirigí hacia ella, no Fue difícil entablar comunicación, pese a que yo no era demasiado sociable.
Janet me contó que tenía una hija de 7 años la cuál vivía con su madre, dijo que la había concebido con un hombre que apenas había conocido, y cuando le dijo que estaba embarazada la abandonó-"algo parecido a lo que le pasó a madre"- dijo que era de un caserío a tres días de distancia y venía de un hogar en pobreza extrema.
En el almuerzo tía evitó hablar de la enfermedad de su esposo, me contó de los viajes que había hecho: Cancún, París y Mónaco. Me pareció que quería olvidar por un momento lo que estaba pasando.
Me contó del baile en el que conoció a su esposo, dijo que ella trabajaba como Secretaría en la empresa de su esposo, y que cuando obtuvieron un millón y medio de soles, algo que nunca había pasado decidió organizar una fiesta en honor a sus empleados por ayudar a conseguir tal suma de dinero.
Aquella noche tía llevaba un vestido negro y era diez años menor, él ya rondaba los 65 años y hace poco había sido diagnosticado con cáncer, pero aquella noche olvidó todos sus problemas y disfruto junto a su hermosa Secretaría.
Me dijo que salieron juntos durante 7 meses antes de casarse, a ella le gustaba hablar con él que era un gran conocedor de filosofía, historia y poesía.
-hablar con él era como transportarme a un mundo de ficción- dijo.

En la tarde leí éxtasis-¡Me encanta esa novela!- luego salí a pasear, llegue al parque en donde vi a adolescentes de mi misma edad paseando a sus perros, a otros caminando de la mano y prodigandose amor.

Aún no pierdo la fe por descubrir que es exactamente el amor. Pese a todos los problemas de los que estoy siendo testigo, sé que pronto pasará, aunque duela debemos enfrentar la realidad, por que para ver la lluvia nos tenemos que mojar.
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Retornos de la infancia

A bocaradas sale el dolor…
Suelen ser suspiros profundos en un bosque de zorros.
La infancia fue eterna entre las penas…
Y en esta noche intento llenarme de lo honroso.
Los temores a los tacones son latentes.

Y sobre mi mejor refugio, no quiero volver, sin embargo perdura la admiración y ya no sé cuándo volveré a llorar debajo de la cama…
Así que mientras naufrago en mi alma; los triunfos son basura.
- ¡Felicitaciones doctor!

Navegando entre las letras pareciera el mismo lugar infantil.
Durante los abismos de este retorno, espero no llegar a la misma tumba.
Punzadas en el corazón y sus alrededores taponan la prosperidad.
Las ideas mortales se apoderan del desdichado ser.

Algo que no es de este mundo se asoma sin figura clara.
No son deidades milenarias, no son misterios sin resolver.
No son vientos fríos, no son tormentas eléctricas, ni tampoco ataques súbitos que pregonan dolor y anuncian el fin eterno.
En cambio; si son reflejos sin luz, si son deudos sin horror y son también vientres sin matriz.
Son sepulcros vacíos, son conquistas sin méritos y son casas sin familia.

Sollozo en la razón he pasado de niño a hombre y de tierno a terco….
Retornos de la infancia son los epitafios de fragmentos en los que sin saber, la vida es muerte y la mejor opción ha sido gritar el malestar.

Los suspiros me ahogan y sin razón continuo.
A bocaradas vuelve el dolor…
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El lustrabotas

Como todos los días al rayar el alba, Juan sale a trabajar.
Tiene un hermano de cuatro años, muy juguetón y una madre enferma por quien velar.
Coge su caja con betún, cepillos y trapos y sale a la calle, buscando su destino, luchando por sobrevivir.

-¡A dos soles la lustrada caballero, dejo zapatos limpios como espejo!

-¡Oye muchacho, lustra mis zapatos, que queden bien limpios!

Muriendo a su infancia, Juan tuvo que dejar el colegio. Pues no le alcanzaba para los gastos de su casa.
Su madre vende golosinas en la puerta de su casa y cuida a su hermano pequeño.

- "Unos años más de trabajo y regreso al colegio,tengo que estudiar para trabajar en algo mejor, comprar las medicinas de mi madre y llevarla a un buen doctor, también para los útiles de mi hermanito que el próximo año irá al jardín".

Con estas esperanzas, Juan trabaja hasta muy tarde, con la sonrisa en el rostro cansado y la barriga medio vacía gritándole siempre su pobreza.

Lustrando zapatos y botas en una Lima indolente y sorda.

Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos Reservados/copyright ©
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El cuento de la vida

Apenas tienen cinco años cuando se conocen. Es el primer día de colegio y sus madres los dejan en una clase llena de otros niños llamativos, pero menos. Menos niños no, menos llamativos los unos para los otros que como se atraían ellos entre sí.

Su historia empieza en una mesa verde llena de bolas de arcilla que, a diferencia de la plastilina, al quedarse seca se endurece, como la vida. Él moldea un unicornio, ella no sabe qué es. Él le explica que es un caballo mágico y ambos ríen ante aquella ocurrencia. Después da forma a un barco y le asegura que, cuando esté acabado, navegarán a bordo de él por el patio de recreo en los días de lluvia, y vivirán aventuras increíbles surcando lagos malditos, mares lejanos, el mundo entero. Ella sonríe con los ojos brillantes de ilusión.

Pasan los recreos siempre juntos, contándose historias imaginadas, cuentos recién inventados, fábulas en primera persona. Los demás niños los miran con recelo, observándolos a una distancia prudente, como si fuesen bichos raros que no conocieran. Aprenden a escribir juntos, a leer de la mano, a sumar y restar cantando... y cogen la costumbre de contarse el argumento de los libros en primera persona. Se disfrazan de los héroes de sus sueños, crecen dentro de sus mentiras, se abrazan de mentira, y se besan de mentira, como los novios de mentira.

Llega el último verano de colegio y ya no les quedan más septiembres. Se mienten, esta vez sin saberlo. Poco a poco, como planetas en distintas órbitas, se van distanciando irremediablemente. Siguen viéndose de manera casual por el barrio, pero cada vez conversan menos, se miran menos, se sonríen menos... hasta que el saludo se convierte casi en obligación.

Pasan los años de mentira y van conociendo a otros ellos. Llenan sus nuevas vidas de otras mentiras, aunque mucho menos cómplices, más mundanas, menos divertidas. Un día ella entra en una discoteca, ya decepcionada de esa nueva vida, y se lo encuentra. Entre tragos de alcohol recapacita: “de todos los que me han mentido, nadie me ha mentido como él”. Se acerca y le saluda. Al oído le confiesa que está en la discoteca porque el descapotable se le ha averiado, iba de camino a una cena con músicos, actores y gente del mundo de la moda. Él se ríe, se separa con los ojos brillantes, hace una pausa para mirarla. Se acerca a su oído y le miente. Así que ambos, mentidos de arriba abajo, salen a buscar al unicornio de arcilla, que con el tiempo ya está amaestrado, para que los lleve a la fiesta. Se besan y hacen el amor en un portal.

Siguen viéndose de vez en cuando para mentirse. Se mienten incluso sobre sus actuales parejas. Se van contando sus bodas programadas, los hijos que tendrán, sus viajes, sus mascotas... Poco a poco van dejándolo todo para mentirse con más frecuencia, hasta que ya casi se mienten en exclusiva. Y un día deciden irse a vivir juntos, para mentirse ya del todo. Es entonces cuando cada uno descubre todas las verdades del otro.

Salen por la mañana a trabajar a la ciudad, y vuelven corriendo por la tarde a mentirse en su reino recién conquistado, a lomos de su caballo mágico. Pero una noche ella se pone enferma, y acuden a un hospital muy falto de fantasía. Un doctor le diagnostica una enfermedad incurable, y le cuenta que apenas le quedan unas semanas de vida. Ella llora y maldice todas las verdades del mundo.

Él se quita los zapatos y se acurruca en la cama junto a ella, abrazándola con fuerza. Le aparta el pelo de la oreja para alimentarla de una última mentira. Le explica que ellos no existen, que son parte de un cuento, un relato nacido de la fantasía de un pensamiento. Le cuenta que son tan reales como los unicornios, y que al final del cuento no se muere, porque los cuentos no tienen final. Y le promete, sin más mentiras, esta vez ya de verdad, que puede estar segura de que vivirá para siempre en su recuerdo y su corazón.

Juanma
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La Vida es una Universidad

LA VIDA ES UNA UNIVERSIDAD

La vida es una Universidad
que te enseña lo bueno, lo malo y lo feo
que puede ser esta vida que vivimos
en estos territorios extraños
en este planeta mundano
del cual formamos parte todos
hombres, niños, mujeres, ancianos, animales, plantas
todos seres que estamos aquí
con diferentes estados de existencia
viviendo en la Universidad de la Vida
donde hemos de aprender lo bueno y lo malo
hemos de caer y saber levantarnos
de vivir y morir
de existir y subsistir
de sobrevivir y caer
de levantarnos y seguir adelante
de caminar por senderos oscuros
en un mundo sombrío
bajo las estrellas que brillan o no en las noches
con luna o sin luna
bajo los rayos irreperables del sol
que roza nuestra piel
nos quema lentamente
en esta vida que no es vida
en estos sueños y pesadillas
en estos terrenos vacíos
en Universo paralelo
donde somos hijos de Pacha Mamá
y esta nos castiga por portarnos mal
aprenderemos a la mala o la buena
las cosas buenas o malas de la vida
amaremos o no seremos amados
forjaremos nuestro destino
en estos territorios extraños
en este grito de esperanza
donde se escuchan los ecos de las voces a los lejos
de las personas que lloran y sufren
de esqueletos que salen del armario
de espejismos sin reflejo
en esta vida tan hermosa
tan horrible o tan fea
todo depende de como se mire
de como se viva
en esta Universidad de la Vida
donde aprenderemos a sobrevivir
Algunos sacarán una licenciatura
otros una maestría
otros pocos un doctorado
para mí lo importante es sobrevivir.

Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Marzo 2018
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Criminolofilia

Busca entre los amigos a alguien que este dispuesto a seguir contando contigo
aun después de haberte visto caer en un camino liso
sin piedras, ni lodo, ni pantanos a los cuales culpar por el bochorno de tener codos y rodillas de moretones hinchados ,
estar hasta el cuello sumergido en charcos que no formó otra lluvia que tus llantos.
Cuando quede en evidencia que los más de tus carismas y puntos buenos no son otra cosa que pretextos.
Tus gracias y talentos están llenos de defectos, las mejores bromas de tu armario las sacaste del cajón donde guardas los recuerdos ingratos, las más sonoras carcajadas que obtuviste por tus payasadas y que a tu derredor retumbaron no fueron tan agradables en su momento, ¿o acaso...? ¿Lo niegas, muchacho!
!Entonces ea, adelante y sorprendeme! Ve y cuenta cuantos de esos que tu piensas son la mugre de tus uñas permanecerían a tu lado si se enteran de que por dentro no eres el señor Mac Sonrisas Risueño: relajiento, pasalón y rebosante del buen humor para quien siempre el sol está reluciendo sin importar lo pésimo que ande el clima en invierno. Valen también esos que según tú te conocen al derecho y al revés. ¿Qué crees que pasaría si en un desafortunado desenlace te vieras obligado a pedirles favores en necesidad real? Una, 2,3... cuatro veces, ya te estás sobrepasando. ¿Un relámpago no cae 2 veces en el mismo lugar, dices? Supongamos que así es. Aunque ese fuera el caso, ¿puedes estar seguro al 100 por 100 de que nunca va a impactar donde te paraste por casualidad? Con una sola vez basta y está de más. Hay que ser optimistas, tanto como nos deje la realidad: sobrevives, pero tienes que ir a parar un rato al hospital. Uno relativamente largo, por desgracia, pero no infinito; despertarás. El problema es que los doctores no pueden saberlo con total seguridad ni darles reportes muy esperanzadores a tus amigos, camaradas, colegas, y a los viejos compañeros de escuela que hayan leído el articulo de tu historia en el periódico de la mañana. Irán constantemente a visitarte, claro, no se olvidarían de ti tan fácil. Sin embargo el tiempo vuela y en cuestión de semanas, meses, años si tan reluciente te piensas estrellita singular-esperemos que mucho dures sin parpadear- finalmente lo harás. Esos buenos momentos que compartiste con ellos cobrarán alas y abandonaran la jaula doliente en que se tienen que encerrarse para recordar que estuviste ahí y eras más que ese medio cadáver ausente postrado en la camilla de un cuarto que las enfermeras cada vez recorren más para allá. Por último incluso tu prometida tendrá que seguir adelante, convencida por uno de esos; tus amigos más confiables. ¿Es lo que tú hubieras querido si pudieras hablar, verdad? Y ahora que finalmente, contra todas las expectativas, vuelves a tener consciencia de lo que sucede... ¿A quien(es) podrás ver acostados en la sala de espera, convaleciente e incierta, aún creyendo con fervor que ocurrirá el milagro por el que rezaron. Si para entonces no te sobran muchos dedos de una mano para enumerarlos, ¿serías tan amable de regresar conmigo y restregármelo en la cara?
No sabes cuán ansioso estoy por encontrar alguna prueba que contradiga las terribles verdades que me ha indoctrinado la escéptica experiencia. Ya que no existes, ya que estamos, te confiare un secreto que sólo conoceremos entrambos. Antes tengo que ponerte al tanto de algo.
La amabilidad, ¿no es por ventura un delantal que te quitas al levantarte de la mesa del festejo y regresar a trabajar y a tu vida normal? No me digas que la usas cuando estás en el hogar. ¿Qué sé yo? a mí me puedes engañar, pero- no creas que a ti te deseo que lo mismo te pudiera pasar. Es sólo una pregunta, nada más- ¿y si tu familia se ausentara algunos días sin dejar ningún recado? Apuesto a que saldrías disparado a coger el teléfono y marcarías a la policía sumamente alborotado: "¡ Auxilio, socorro, a los niños, a su madre, creo que los han secuestrado. Necesito que me ayuden a recuperarlos, no puedo vivir sin ellos, son en todo el mundo lo que más amo, cuanto les extraño!" Minutos tan mortíficantes no sufriré ni en mi agonía, hasta que por fin me los pusieron en la línea.
¡Oh, cuanta fue mi alegría!... Su respuesta, empero, no fue la que esperaba. No correspondieron a mis abrazos de palabras,mis agradecimientos al cielo, ni compartieron la conmoción que me embargaba cuando les prometía; a gritos les juraba, que enseguida tomaría el tren para ir a recogerlos, nos reencontraríamos y ya nada podría jamás quitármelos de nuevo. Lo que me dijeron se me grabaría en la memoria mejor de cómo se haría en la RAM de una computadora.
<<Este es. El que nos torturo como un secuestrador a los niños y a mí, no se imaginan cuantos maltratos hemos aguantado del malnacido todos estos años .>> Después de que colgaron no sé cuanto duré en el sillón, estupefacto. Escuché impávido las sirenas aullando afuera de la casa, las advertencias de los megáfonos: me tenían cercado. No ofrecí resistencia cuando derribaron la puerta ni cuando estamparon mi cara contra la capota de la camioneta al colocarme las esposas. No tenía amigos, conocidos o parientes sentados en la tribuna el día que me tocó comparecer ante el jurado: los pocos que asistieron nada tenían que ver conmigo, así lo atestiguaron . ¿Para qué hablar en mi defensa? Me confesé culpable de todos y cada uno de los cargos, incluso de los que eran inventados. El resentimiento y el escarnio que se reflejaban en los rostros de aquellos que me eran los más caros, defendidos de mí por uniformados, acusándome de delitos demoníacos que perpetraría un monstruo descorazonado o un enemigo encarnizado; no un padre, no un esposo, sino todo lo contrario a un humano, no se diga a un ser amado... Son para mí cadena más atroz e inquebrantable que las 5 perpetuas que a los jueces les pareció justo sentenciarme.
Lo prometido es deuda. El secreto, ¿Lo recuerdas? Voltea y mira a estos reos en las celdas, a los lados : perros psicópatas todos, maniatados, excluidos de la sociedad y tirados al bote como la envoltura de un caramelo rancio. Pues bien, estos son tan sólo los que ya no han podido mantener su verdadera identidad bajo candados farisaicos, como lo logra la mayor parte del tiempo el ciudadano honrado hasta que en la comodidad de su morada cree que se encuentra a buen recaudo. Y entonces sí, a echar todo el vómito de bilis y ácido que cuando estamos en público nos tragamos. Sobre los que nada hicieron, sobre los que nada pueden hacernos. ¿Cuál es la diferencia entre los que están enfrente y los que están tras las rejas?Una sola, muy pequeña,muy corriente, no pienses en cosas fabulosas. No la aprecies hasta que ya sea tarde. Te la dejaré como adivinanza.
¿Por que crees que todos aquí tenemos los puños cerrados?
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Paisaje con Gonzalo Rojas

Ahora, el señor Gonzalo se para en las palabras como siempre lo hizo y les pone relámpagos. A veces, relámpagos de neón con verdín de biblioteca.

Se sienta como un dragón, creando sus propias visiones, entre volúmenes de autores de versos, hermeneutas y pensadores. Aunque siempre sueñen con las ingles, con “medias y muslos de seda blanca”, o sueñen que aletean, hechas de aire, mil mariposas embellecidas de ausencias; o que alguno niegue que vive en este vecindario y diga que solo está de paso por el mundo. O que le digan que “la zambullida tiene que ser en seco”.

Tratemos, con él, de leer y escribir en el humo. Y riamos, riamos porque “no tenemos talento”, no tenemos talento, no tenemos talento; “a lo sumo oímos voces, eso es lo que oímos”, como ese señor, que habla solo y oye voces. También los locos oyen voces. Son los ángeles los que nos dictan los versos.

Ya no sólo es 666 el número. También, “77 es el número de la germinación”, de la palabra efímero y son zarpas enormes por toda Sudamérica, las 77 “especies de leopardos voladores” de Gonzalo Rojas.

Y a esa tierra suya, quizá no le lleguen las bendiciones, ni nada bueno del vaticinio del siglo XXI; quizás porque fue el perro el que pronunció la profecía, o hubo demasiados “títulos falsarios premiables” que confundían “las moscas con las estrellas”. Quizá porque tantos doctores universitarios nunca fueron a mirar la vida, nunca fueron. Sólo están de vuelta de bibliografías y dictan sus sentencias, con eructos después de digerirlas; o, a veces, después de que “maten poetas para estudiarlos”, con énfasis de “eruditos, ponen un huevo”, entre tantas “páginas de cemento” que producen.

Es hora de sacar a este casi muerto con un poco de vida. Que grite en el aire y que suene como que alguien lo escucha, aunque André Bretón, en su papel de difunto, mirando su reloj les murmure: “es que no hay eternidad, muchachos, es que no hay eternidad”.

Sigámosle, saltemos de las vocales a las estrellas y hagamos caso omiso de la poluciones de tantos letrados. Oigámosle que nos grita, “hombres de poca fe, piensen en el cántico”, piensen en el cántico, piensen en el cántico…
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Siempre estaré enfermo de ti

No lluevas por mi amor.
Doctor, me duele,
me duele mucho el corazón.
Si me pudiera operar,
operarme los secretos de esta canción
hecha poema para ella,
para la dueña de mi interior.
Tengo migraña,
azotes de irritación
cuando mis neuronas trabajan
en hacerla feliz, por todo el universo exterior.
No hacen falta palabras complejas
para definir lo que es la pasión,
si me estoy muriendo ahora mismo
por causa de este romántico dolor.
Extírpeme los órganos,
se lo ruego, doctor,
pues sin ellos seré una vasija sagrada
para contener a mi soberana, por favor.
Seré su templo, un palacio de oro,
un mundo nuevo y un panteón
para su refugio, para su perfume,
ese dulce olor
que siempre desprende
cuando su placer eterno me ruge el nombre de Dios.
Doctor, necesito no ser curado,
pues la única enfermedad tan venenosa y sin redención
que no necesita las dotes de santos falsos,
es el amor.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Marlett.. la mujer sin nombre

Las circunstancias de la vida, nos obligan a mejorar el intelecto, la economía, todo lo material que creemos, debemos hacerlo.
Nuestro corazón nos mantiene vivos, no duerme, no pide dinero, no nos pone triste, nosotros lo hacemos trizas y aún así, vivimos.
No hay ser externo que pueda cortarlo con un cuchillo, ni con unas tijeras y que le queden horrendas cicatrices, somos nosotros que lo escarificamos, de a poco, y no nos damos cuenta, con el pasar de los años, nos duelen, se hacen profundas y las dejamos como trofeo.
No existe un ser mágico que nos alivie del dolor, nos alegre y nos haga feliz. Somos nosotros que de tanto buscar por fuera, nos olvidamos que en nuestro interior, tenemos una máquina perfecta, y tenemos tantas regiones sin conocer, que lo descuidamos hasta perecer, sin haber encontrado la cura.
Sabemos que la doctora del corazón, no encuentra el mal con su estetoscopio, ni puede ver las cicatrices, sin abrir nuestro pecho sin que nos sangre. Entonces, nos aconseja, nos muestra la solución a su entender, y casi nos deja conforme.
De tanta atención, la doctora del corazón, por ese mal nos entrega el análisis; Debemos buscar la cura nosotros mismos.
Yo, en el afán de escribir o hacer garabatos de historias de amor, me topé con mi sosia, un corazón igual al mío, con cortes y cicatrices, tan iguales, que podía sentir el olor sangre que emanaba a miles de kilómetros, tan profundos todos, que podía ver desde mi ventana, todo su mal.
Hoy sin el pudor que me caracterizan los años, puedo describir la forma que tiene, mi sosia, un corazón pequeño, el de Marlett...la mujer sin nombre, una doctora del corazón que vive con sus alas rotas, un corazón partido, con cicatrices sin curar.
Haciendo su trabajo con maestría, en esa mágica fábrica de vida que maneja, esa que nunca podrá sustituir el hombre, por nada que su imaginación pueda vislumbrar hasta ahora. Parte de ese corazón roto, es sosia del mío, no pregunten, sé lo que escribo, porque apenas lo vi, se unió al mío, como el ósmosis de las células que dan vida, así me la dio a mi.
No quiero ser extenso con esta cháchara imaginativa, pero debo decirle a ésta mecánico del corazón ajeno, que se hizo la dueña del territorio que supo sembrar, y cuando pueda divisarlo después de recorrer el mundo, el del exterior, y el de su interior, y sin ningún compromiso, y que su comprensión pueda mas que su sabiduría corporal femenina, que no es sólo amor, ni un simple amor a la distancia, que existen muchos pululando con lágrimas en el mundo, es mucho mas que eso, es admiración, tal vez gratitud, su dulce dolor ajeno, un empático gusto por sus dolores diarios, un amor, que donde se encuentre, sin wifi ni alambre telefónico, sentirá a diario, el que siento por ella, y que si mi corazón muere, seguirá amándola eternamente.
Qué cómo lo sé?……… Es que mi corazón, desde que apareció su sosia, el de tan lejos, de la mecánico; ! Ahora late a un ritmo diferente, igual al de Marlett..la mujer sin nombre, y no lo puedo dominar, y como me siento sublimemente feliz, puedo vivir y morir con esta falla, es mi vida, a la distancia, la que usted curó, que no se como sucedió.
Creo que fue Marlet.. ahora mi mujer, un ángel…...La mujer sin nombre.
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Sólo yo existo

Un laconismo, que hoy yace difuso sobre el nicho gris aledaño al de su madre, sirve como epitafio al que alguna vez fue Prometeo Domínguez; dice: La vida es sólo la muerte aplazada. "Los ojos no cambian", subrayó en vida su padre en uno de sus libros, "pero sí nuestra mirada sobre lo demás". Aquel epitafio fue un trago de lacerante hiel para su ya demacrado espíritu. Le hizo saber que la muerte de su madre —que presenció— no fue más que una agonía dilatada, laxa en el tiempo e implacable en su última hora.

Además de una melancolía incesante, la difunta le legó joyas. No conoce su valor exacto, pero la antigüedad de las mismas le brinda una mínima noción. Decide no conservarlas; aparentemente los recuerdos le bastan.

Camino a la joyería se topó con el arrebol. Es el ocaso quizá la compensación de la vida al mostrarle al desdichado que lo moribundo puede también ser algo bello.

Una vez dentro pudo leer en un anillo grabado —de oro pajizo— una locución en latín: ego solus ipse.

—¿Qué quiere decir aquello? —pregunta al vendedor con curiosidad de niño.

—Significa "Sólo yo existo".

—¿Egoísmo?

—Realmente no lo sé —le responde con cierto desagrado.

Si hay algo que le legaron y nunca supo apreciar su valor, ni siquiera mínimamente, fue la biblioteca de su padre. Está en su casa, casi vacía debido al saqueo sistemático de su hermana menor, ávida lectora. Durante años, una vez a la semana, Julieta iba y tomaba prestado un libro; sólo se llevaba aquellos de lectura accesible: policiales, románticos, fantásticos, de ciencia ficción. Los de historia y filosofía quedaban bañados en polvo. A él jamás le interesó la lectura, de ahí su permisividad.

Sin embargo aquella tarde se acercó a la biblioteca y tomó un diccionario filosófico, no sin antes soplarlo y generar una tempestad de arenilla dorada sólo visible en el fragmento de luz que ingresaba por la ventana. Pudo allí leer que la locución remite a un cultismo —solipsismo—, y de ahí a una definición:

"Doctrina que propone solamente la existencia de nuestro yo. Para un solipsista, la realidad externa no es más que una creación de nuestra propia conciencia."

Su proclividad a dejarse arrastrar y considerar verdad última todo aquello que lee es propia de los ignorantes; curiosamente, fue un pensamiento de corte escéptico lo que se tornó absoluto para él. Cerró el libro. Sus ojos no cambiaron, pero sí su mirada sobre lo demás. Se vio al espejo. Pudo comprobar, en otros términos, que su reflejo invertido no era más que una duplicación de la ficción que él mismo había creado.

Puertas, ventanas, vidrios, libros y sus vastos contenidos, flores, insectos, animales, nubes, letras y números, sonidos y colores, lenguaje, sentimientos y todo aquello que podía percibir mediante los sentidos —que eran también ficciones propias— las consideró creaciones suyas. Se dio cuenta de que su imaginación era impresionante; de que sus conocimientos no eran minúsculos como creía, porque él creó el cielo y las estrellas; era de su creación el caos del universo y las ciencias que intentan gobernarlo mediante las leyes. La historia se transformó en una mera curiosidad de los tantos hechos que alguna vez imaginó. De acuerdo a sus saberes religiosos, La Biblia (creación suya, por supuesto) era una simple narración en tercera persona sobre su verdadera naturaleza: la de un dios creador de todo lo que existe; incluso de sus propias limitaciones, porque también son de su propiedad intelectual las contradicciones. Irradiaba una felicidad delirante, puesto que hasta ahora no supo que su ignorancia se limitaba sólo a que todo lo sabía. Se transformó en un megalómano primero, en un incomprendido luego y en un melancólico otra vez, porque si él es el creador de todo lo que existe, también es de su autoría todo aquello que le disgusta: la muerte, la maldad; los otros hombres en sí. Vivir, pensó, es una autoflagelación.

Fue internado en un sanatorio psiquiátrico. Querer abarcar la totalidad de sus creaciones le enfermó. Su psicólogo, en un intento de ser razonable en su mundo irracional, le dijo que no se preocupara por intentar conocer el universo ya que esa es la causa por la cual él creó a los otros hombres, para ayudarlo a sistematizar el caos cósmico.

—Sí —respondió el solipsista enajenado en un arrebato de cordura—, pero su aportación al orden es infinitesimal. Soy un dios malvado que ha participado en su propio juego. Por cierto, doctor, si su profesión no es considerada científicamente exacta es porque el acceso a las conciencias ajenas es un síntoma de mi existencia única.

Según su legajo, aquellas fueron sus últimas palabras. Fue sepultado a pocos metros de los nichos de sus padres, Ana Arístegui y Prometeo Domínguez. En su lápida se lee con claridad: Solamente él ha existido.
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