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Contra el insomnio

Para luchar contra el insomnio
no bastaron los libros.
El ir y venir por los pasillos,
las vueltas bajo las ásperas
sábanas del desvelo,
no lograron conciliar mi sueño.
Encontré la cura en lo que dejas
mientras duermes como una niña,
posando mi mano en tu cadera,
dejándome llevar hacia el olvido
por el opio que exhala tu piel
y el cálido, hipnótico, vaivén
de tu respiración.
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La ciudad es ella

La ciudad es ella.
Me hacía perder el habla, a su lado era torpe y balbuceaba. En ocasiones me dejaba caminar junto a ella, mientras intercambiábamos un par de miradas y una que otra sonrisa, sin embargo cada sonrisa y miradas suyas eran, de alguna manera, formas sutiles de rechazarme, que dejaban, sin embargo, un poco de esperanza para volver a hablarle, a pesar de mi extrema timidez.
La conocí en una tarde calurosa y lluviosa de finales de julio, el olor a tierra mojada inundaba toda la alameda. Yo caminaba a pesar de la intensidad del agua y ella estaba ahí parada en un quiosco, sin embargo aquella mujer de piel traslúcida y con una sonrisa que sostenía en vilo al mundo me miraba, parecía un poco de primavera de anticipo que hacía afrenta a la vida bullente que llevaba. De repente me detuve y me quede parado a su lado, nos miramos un instante sin dirigirnos ni una sola palabra, de mi brazo asomaba tímidamente un volumen de libertad bajo palabra de Octavio Paz que durante largas horas me ha acompañado, ella al verlo abrió los ojos muy sorprendida, lo arrebato de mi brazo, yo sólo reía un poco sorprendido y avergonzado, y después de buscar por un par de minutos me señalo con su dedo índice un verso que decía: óyeme como quien oye llover, ni atenta ni distraída. Tras pasar unos minutos impávido frente al poema, alcé la vista y atónito descubrí que ella se había ido.
Tras pasar un par de semanas caminando y recorriendo las calles y avenidas, los parques y glorietas, los zócalos y plazas buscando a tientas, buscando sin encontrar el rostro de la joven de los poemas, así decidí referirme a ella puesto que no sabía su nombre, desistí. Y ahí estaba yo tomando un café, era ya tarde y apenas briznaba, enfrente de mí una joven hermosa que me hablaba palabras ininteligibles e indescifrables; a mi lado izquierdo una pareja discutiendo, ella se quería divorciar de él, él la había engañado con la mejor amiga de ella, trataban de no alzar la voz pero la señora rompió en llanto; a mi lado derecho un chico solitario que observaba continuamente su reloj, esperaba a alguien que jamás llego y tras un largo tiempo se fue. Ella me hablaba y yo me limitaba a asentir, a veces le sonreía, reía cuando ella reía, ponía una expresión sería cuando ella fruncía el ceño. Volteo un par de segundos, ella se acerca, quiere besarme, yo alzo la vista y tras el cristal veo a la joven de los poemas así que me levanto de prisa y dejo un billete en la mesa, me disculpo con mi acompañante y corro lo más rápido que mi cuerpo me lo permite, ella avanza dos calles en línea recta, dobla a la izquierda en la esquina, me ha traído a la alameda -pienso, el lugar está lleno de gente, la pierdo de vista, tras tomar unas bocanadas de aire y fallar en mi misión camino por toda la alameda y al final de mi recorrido me encuentro con aquel quiosco dónde la vi por primera vez y ahí encuentro en una hoja un poema de Octavio Paz escrito a mano por la joven de los poemas, esta vez se trataba de habla ciudad y tras leerlo encuentro algunos versos escritos de la siguiente manera: Hablo de nuestra historia pública, y de nuestra historia secreta, la tuya y la mía, la ciudad que brota de los párpados de la mujer que duerme a mi lado y se convierte en sus calles y avenidas, autobuses, taxis y cines y TEATROS.
Tras haber leído varías veces el poema pensé que tal vez la joven de los poemas escribió en mayúscula la palabra teatro porque quería que fuera a ver una función en especial, decidí por último ir al teatro de San Ignacio de la llave, las razones que me motivaron a ir a este lugar sobra decirlas, ya que, era el único teatro de la ciudad donde se iba a presentar la hija de Rapaccini, la única obra de teatro escrita por Octavio Paz.
La obra se iba presentar ese mismo día, así que salí corriendo al teatro san Ignacio de la llave para encontrarme con la joven de los poemas. Compre el boleto. Faltaban un par de horas para que la función iniciará, así que decidí esperar sentado en una banca de hierro, al sentarme me di cuenta de que estaba mojada, no me importo y seguí sentando, saqué mis cigarrillos y empecé a fumar. Observe por todos lados para ver si por los alrededores estaba la joven de los poemas, no la vi, en cambio había un viejo sentado en una banca frente a mí, hablaba a solas ¿Con quién hablamos al hablar a solas? ¿Había recordado su pasado u olvidado su presente? Había carros que iban y venían, transitando por la ciudad y alrededor del teatro, rompiendo el viento y zumbando mis oídos, yendo de prisa ¿Adónde vamos cuando vamos de prisa? No sé, no sé ni lo que va a pasar después de esta noche, que triste pasan nuestras vidas, miro el reloj sin comprender nada en absoluto, ya es hora de la función. Apago mi cigarro. Voy a la función.
Entro al teatro y dan la tercera llamada, la obra inicia, no veo a la joven de los poemas, quizá me equivoque e intérprete mal su mensaje, si es así no es mi culpa, el amor es un intérprete obsesivo el cual a veces a cierta, el cual a veces se equivoca. Como sea la obra avanza y así como la obra de teatro avanza así avanza mi vida, de escena en escena. Beatriz fue creada por el doctor Rapaccini, la joven de los poemas existió para mí un día lluvioso y caluroso; por las venas de Beatriz hay veneno que es vida y muerte, los ojos de la joven de los poemas vida y muerte me deparan. Juan le dice a Beatriz: «Perderme en ti, para encontrarme en mi mismo, en la otra orilla, esperándome...» ¿Tras esta noche al encontrarte me encontraré? ¿El buscarte es buscarme joven de los poemas? Viene la última escena y tras esta maravillosa elegía de amor viene lo inesperado, Juan no decide sacrificarse por Beatriz y junto al doctor Rapaccini lloran su muerte, si amar es morir, revivir y remorir ¿Por qué Juan no se sacrificó? La función acaba. Me voy.
Camino por las calles de Orizaba, es ya de noche y hay neblina, el frío penetra mis huesos, meto mis manos a las bolsas del saco, camino dos calles y decido acortar camino por la alameda, camino toda la alameda y no está la joven de los poemas, sigo caminado, estoy ya cansado, pienso que me equivoqué, fui un mal lector de sus poemas, fui un mal intérprete de sus señales. Doblo a la derecha y enfrente está ella, la luna nos miraba, la noche se volvió eterna en aquella callecita desierta
-¿Quién eres? -le pregunto-
-Soy Beatriz y tú Juan -respondió ella-
-No entiendo-respondí todo confundido-
-No se trata de entender si no de sentir -me dijo- 
Doy un paso al frente la tomo de las manos y la beso, al besarla entiendo que la joven de los poemas es la ciudad que cada cien años se despierta y se transforma, la joven de los poemas es aquello que me espera a la otra orilla del camino.
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Mesa 33

Un espacio oscuro.
Vivo rodeado por el velo.

Negro.

Sentado a la cabeza
de un banquete de espectros.

Como solo;
mas les veo,
mas les oigo.

Siempre solo.
Desayuno, como y ceno;
Solo.

Desayuno, como y ceno,
siempre, en el mismo infierno.
Duermo bajo el cielo.
Sueño con tu nombre
Y en las paredes de las nubes
Yacen colgados mis pensamientos,
Mis errores,
Mis recuerdos.

Ceno.
No tengo sueño.
Pruebo el vino
Y se me agria entre los dedos.
Se enquistan las llamas de mi deseo.

Rebaño el plato con mis sesos.
Te veo.
Solo la imagen de un espejo.

Ceno.
Solo.
Encabezando una mesa de juntas
Que se extiende a lo lejos.
La mesa preparada para 33.
Un ejército.
Qué pena que solo sea
La fuerza muerta de los sueños.

Cuando un hombre solo empuña amor eterno.
Y su propia soledad,
Vive para construir su reino.
Su mundo.
Su universo.
La reconstrucción de una vida
Que se trazaba en tus besos,
Que se pintaba en tus lienzos,
Que se desfiguró en nuestros excesos.

Un ejercito de sueños.
Una cena para 33 espectros,
Y su dueño.

El palacio negro y frágil
Del cristal rosado
De un te quiero.

@A. Rheinn
Mesa 33.
RheinnPoetry©
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El amor en tiempos de insomnio (Con @MiguelAdame)

La oscuridad se revela entre las palabras vanas
abandonando el candor de una adolescencia virgen que no duerme
aprendió a volar en tiempos de insomnio con un deseo nuevo
bailando con la música entre los versos viejos.

Fue el alba que nunca ocurrió,
muriéndose entre mis dedos
perdiéndose en medio de una mirada incinerada,
ocultándose en la luna sintiéndose desgraciada.

La noche se vuelve taciturna al velar por tus versos
amante oscura, escondedora de deseos
tu figura es historia que recuerda tus besos
trágica mañana que no durmió en sus sueños

La mente palpita llorando sus manos oscuras
no supo mantenerse en secreto, sufre en lamentos
noche, niña jovencita de ojos ausentes
viven cansados por no suplicar ante el delirio de una melodía insolente.

El amor en tiempos de insomnio
tiene un recuerdo ausente
criatura inquieta que en mi lengua hierve
sedienta de nostalgia por un alba que con la mirada muere.
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16comentarios 124 lecturas versolibre karma: 116

Alguien dijo una vez...

Aquí estoy, como de costumbre
2 AM, a la recurrente
cita con tu recuerdo.
Reviso el reloj,
parece que uno de ambos
ha sido impuntual.
Me siento en el mismo sillón,
pero las espinas no están,
entre mis manos
la misma taza,
pero no hay ese ardor
lacerante en la garganta.

¿Será que finalmente
tu declaración ha sido cumplida?
Te has marchado…¿?
Pero esta vez,
metiste tu fantasma en la maleta,
recogiste en tu botella
el aroma de tu cuerpo
impregnado en mis sábanas;
limpiaste de la luna
la impresión de tu sonrisa
y hasta tus besos azules
descolgaste de mi piel.

Orden inmaculado,
dulce y ligero desconcierto.
Ciertamente, Alguien dijo una vez
que un día el tiempo
te subiría a su nave,
y ya ves, tenía razón.

Afino mi olfato,
pero es inútil, al parecer,
han sido desechados
los pétalos descompuestos
¡¿Para Siempre?!

(Ya ni siquiera duele, la palabra <<Siempre>>)

Vuelvo a acostarme,
con una sonrisa incrédula
Felizmente, me he quedado embarcada…
Duermo sin cadenas,
Y sin que queme el roce
del otro lado de la cama.




Dee Dee Acosta
Abr.18/2018
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Pasado

A veces nuestro pasado
regresa hablándonos fuerte
sin antes haber llamado,
regresa y nos envuelve,
y se instala en nuestra mente,
hurgando en aquella herida
que creíamos ya indemne,
y nos damos cuenta que no,
nunca se marcha, solo duerme,
y espera algún momento
para regresar mordiendo,
lacerando nuestra paz,
acechando nuestra mente,
ese difícil pasado
que se mantiene latente
que nunca se va,
que regresa siempre
y regresa gritando fuerte.
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22comentarios 155 lecturas versolibre karma: 101

Sin acceso para mi

¿Qué buscabas en mi mirada, princesa?

¿Hacia qué remoto lugar, viajabas?

Puse una gema de ónice en tu mano; robé un mechón de tu cabello, me hirió un alfiler incrustado

Vi partir el tren camino del valle, sin acceso para mí;
solo para los elegidos, de tu estirpe Nepalí

¿Cómo puedo otra vez desandar los pasos,
para volver al instante en que mi imagen, en tu iris se fue?

¿En qué lugar de la montaña sagrada duermes?

¿En qué lecho exornado de flores, reposa tu cara?

¿Que Sherpa a la luz de la luna cómplice, me ayudara a seguir tras tus huellas?

Hacia el Himalaya has partido, después de haberme prohibido, desafiar el ritual de los monjes del camino

¿Qué buscas en la mirada, de la herética balada de este poema yermo?

¿La puerta del lago eterno donde se bañan tus ojos y los míos, la leyenda y el misterio?

Mi alma desnutrida, bajo la losa oscura del abismo de los mares, viaja hacia el vacío en un carro de corales

¿Y tú princesa de Batandur, qué harás cuando se calme el viento?

¿A donde irán tus ojos, mis únicos dueños?

Tú eres señora, de las montañas verdes de jade

Yo por tu guardia, tratado cual villano,
tirado por la noche en un lóbrego calabozo inhumano.

¿A donde vas, princesa del valle encantado?

¿Que viste en mis ojos gélidos en gris ceniza tallados?

¿El fulgor de la hoja de acero que blandían mis antepasados?

¿Que llevas en la mirada, niña viajera con séquito hacia Katmandú?

Un pacto de amor infinito, que mi espada arrancó del cielo, y que hoy junto a un adiós, envuelve de orquídeas tu pelo
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Cuando las rosas no son suficientemente rojas

NO es bueno acostarse con algo oscuro,
decía mi abuela. Es tan malo
como irse a soñar con hambre.

Atrae espíritus burlones
que olvidan que están entre los vivos,
de que tomaba cuerpo la primavera
en mis labios en flor
cuando decías amarme tal como soy.

Cómo decirte que ahora duermo
con ropa negra,
por si, en un descuido, me cuelo en tus sueños
y no avergonzarte ante tus amigos,
mientras habláis
de aquellos "blue jeans", ahora inútiles,
que me hacían tan buen culo.

Cómo aclararte, corazón negro,
que a toda chica hay que tratarla
como te gustaría que trataran a tu hermana.

No me harás sentir más
como una mancha de grasa en la acera
que nadie ve y todos pisan.

No es bueno acostarse con algo oscuro.
Tu recuerdo ha terminado la maleta
cuando le hice salir de mis sábanas.

No sé qué se ha creído.
¿Qué le hace pensar que en mi poema
va a ser siempre de noche?


(Abel Santos.
de TODO DESCANSA EN LA SUPERFICIE,
Ediciones Vitruvio, 2013)
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El ángel triste del jardín

Cada tarde una niña solitaria, a un parque céntrico de la ciudad acude, se sienta en un banco o entre las flores del césped , mira al ángel, lo dibuja, lo estudia, le habla, le cuenta romances, alegrías y penas, y le recita poemas… hasta que empieza a oscurecer, recoge sus cuadernos y se marcha en silencio.

Mil veces ha intentado el ángel despegar un pie, con fuerza inusitada, queriendo ir tras ella, pero cumpliendo condena en la fuente, inhábiles sus alas, solo ha conseguido, que aunque caída desde las ramas de un árbol, una gota de rocío, igual que lágrima divina por su rostro, comience a rodar.

Fue el mismo día, en que enmarcado su dibujo, y terminado su poema, la niña no apareció por allí ya nunca jamás; tan solo un ruiseñor que sobrevolaba las fuentes, vio al ángel llorar, y se dedicó a alertar con un cántico, a todos los ruiseñores del resto de parques de la ciudad, para que si encontraban a la joven, al ángel pudieran avisar.

Nada se ha escrito en los cielos que haya podido causar más dolor, a un querubín celestial, que el estar día tras día esperando, a tan encantadora criatura mortal.

Desde entonces, cuando ya el sol se marcha del uno al otro confín, y la luna sale a brillar, con pasión desatada; un primer rayo plateado, en la noche estrellada, hace borbotear el agua con pompas transparentes como el cristal; melodía y versos de salmodia, hacen despertar primero al hada, y luego a él, que secularmente triste, ensimismado y místico resiste, sobre la fuente manuelina del jardín.

Su mirada opaca, parece cobrar vida un instante, y escapando de la humedad de la umbría, salta la verja y atraviesa la ciudad; encontrar a su amada es prioridad. Pero no conoce calle ni código postal, si está desvelada o duerme; solo, que antes de que el sol le arrebate la ingravidez, a su atalaya ornamental debe volver; y a resignarse por días sin fin a seguir siendo el ángel triste que de bronce desnudo viste.
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Amores

Hay amores, que matan,
amores que duelen ,
amores que endulzan
Hay amores, que nunca se olvidan
Amores, que solo duermen
Esperando ser despertados,
Hay amores inmensos
Amores, tranquilos
Amores, como un torbellino
Hay amores y amores
Y en cada uno se deja el alma…
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He olvidado...

He olvidado que la vida es un momento,
el instante tan preciso que vivimos,
y que todo se condensa en un segundo,
que se pasa, y queda atrás, en el olvido.

He olvidado la canción de las cigarras
y hasta el dúo que se oía de los gríllos,
porque el campo se ha quedado en el silencio
con la paz inapreciable de los lirios.

He olvidado las promesas de la infancia,
la curiosa actividad de los molinos,
con sus aspas, juguetonas, dando vueltas,
y animando a los vencejos, cual mendigos.

He olvidado que las noches son eternas
y que duermen, en las mismas, tantos niños,
porque algunos ya son hombres y lo saben
mientras otros solamente están dormidos.

He olvidado el contoneo de tus pasos
al cruzar por la alamada hacia el asilo,
ya que duermen las pupilas de tu padre
y las mías, simplemente, te han perdido.

He olvidado las palabras que cruzamos,
y también los sentimientos tan bonitos,
que anidaron en el alma tanto tiempo
y que luego, de un borrón, los suprimimos.

He olvidado que lloraban las estrellas
por la luna con semblante muy marchito
y que tú les preguntabas qué pasaba
y el silencio te dejaba su rocío.

He olvidado que la imagen del espejo
es la copia, y realidad, de que yo existo,
aunque dude del reflejo que me enseña
esta cruda marioneta de mí mismo.

"...He olvidado que la vida hay que vivirla
a pesar de la oración de los mendigos,
que predican y suplican la limosna
de ese tiempo, del amor, que no han tenido..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/04/18
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Tú y el cielo. (Días grises)

Días grises
En que miro
A través de la ventana
Y veo el rostro del invierno.

El cielo es asfalto,
Puro cemento;
Por él corren como galgos
Tus recuerdos.

Estilizados,
Bellos,
Dando caza a un conejo blanco
Obsesionado con el tiempo.
Por él corren tus galgos,
A contra pelo,
Siempre en contra de tus deseos.

Recuerdos de lomo brillante,
De pelaje apagado,
Del mismo color que este cielo nublado;
Dulces y heridos
Como tus besos,
Como tus labios;
Veloces y huidos
Como mis sueños,
Lúcidos y ebrios,
Como mis pensamientos
Como mis quiebros.

Tú y el cielo,
Tú, cielo,
Tu cielo,
Es todo lo que pienso,
Es todo lo que siento,
Es todo lo que tengo.
Un par de galgos libres
Cazando en los márgenes de lo etéreo.

Días grises,
Cielo neutro,
Se detiene el tiempo.
Tu rostro, junto a mi amor,
Sumido en el azul de la melancolía,
Mueren eternos;
Se trazan en cúmulos de sueños,
Sin realizar.

Bello y efímero, frío,
Como los reflejos plata de tu pelo negro,
Una luz pura que brilla
En el oscuro rumor de nuestros deseos.

Frío como el hielo,
Puro como cualquier elemento,
Eres un ángel negro
Caído de este Cielo.
"En concreto".

Eres un Sol azabache
En este día gris.
La belleza del amor
Por la herida en cicatriz.

Caída de este cielo
“En concreto”;
Pagaría cualquier precio
Por que fueras mía,
Llevarte lejos,
Muy lejos.

Como Sísifo,
Me llame quien me llame,
No haré ningún movimiento;
Si no es para morir a la orilla
De tu desierto.

Para dibujarme como un trazo en tus manos
Al morir del firmamento,
En nuestro propio infierno
Al atardecer.

Sé uno de mis cielos,
Otra vez.
Sé mi único cielo,
Para que pueda perderme en él.
Sé tú mi océano,
Para que pueda olvidarme de ser.

Por ti
Soportaré el Infierno,
El destierro,
Me ganaré lo absoluto del negro,
Invertiré el cielo para que podamos caer en él,
Sin remordimientos,
Y borraré el significado de la palabra ayer,
No más recuerdos,
Solo un “viviré”.

Llevar el mundo a cuestas,
O esperar el filo de un “Péndulo”
Descendiendo lento hacia mi pecho,
Ansioso por que rasgue mi piel,
Si eres tú, la que duerme en él al anochecer.
Preso en un oscuro agujero.
Como escribió él.

Todo menos esto.
Todo, menos justo esto,
Justo, lo que estoy viviendo:
Tener que escribirte y describirte
Cada día,
Porque no quiero otra cosa que hacer.

Sabiendo que no te tengo,
Que no te tendré;
Sabiendo que no estás tan lejos,
Que te veo,
Pero estás inaccesible, gris;
Traslúcida y borrosa,
Como este cielo de invierno
En Abril.

Como cualquier día
De todo este inv(f)ierno,
Donde todos los días,
Excepto dos, han sido negros.

¿Los buenos?
Ambos lo sabemos.
Cuando mi vida gira
En torno a que tú y yo
Hablemos,
A poner sobre la mesa todo
Lo que no sabemos,
Nuestros sentimientos
Por ejemplo.

Y de vernos...
Pues ya lo sabemos.
No podríamos hablar
Sin ofender a los cielos,
Sin que se llenen de agua los desiertos,
Sin que tantos otros quieran verse muertos.
No podemos...

Demasiados Dioses, semidioses, titanes;
O tu pareja, por ejemplo,
Se morirían de celos.
Se pondrían violentos...
Yo ya tengo mi sitio en el infierno,
¿Pero ellos?

No los veo muy despiertos.
Pues eso, mejor que nos callemos.
Seguiré amándote mientras duren estos cielos.
Seguiré haciéndolo mientras renuncies a cumplir mis deseos.

¿Cuánto hace que no te veo?
Es verdad, maté al tiempo.
Tanto me has olvidado que ya no tengo ni recuerdos.
Por eso los veo corriendo por el cielo,
Como si fueran tus perros;
Dos galgos bellos, grises,
Cielo...

Pero si quieres, hablemos.
Si quieres, nos vemos.
Si quieres, volvemos.
Cuando se trata de ti,
Da igual si acierto,
O a quien cabreo.
No queda otra que hacerlo.
Obedecer tus sueños.
(Yo también soy uno de tus galgos
esperando su pase de subida al cielo,
esperando a ser libre, fuera de los reinos del recuerdo,
yo también soy solo uno de tus perros,
aunque yo no surco el firmamento;
soy solo el halo del desierto.)

La historia de mi vida,
Mi actualidad,
Cuando sois solo tú y el cielo,
Pues nada importa ya.

Tú y el cielo.
Sobre todo,
Cuando combináis perfecto,
Como hoy,
Bajo el gris,
Bajo el cruce recto,
En paralelo
Del color de mi alma y mi cerebro,
Reflejado en tus "te quieros",
Desechos en tus trazos negros,
Entre las dos formas perfectas que más quiero,
Tú, y el cielo.


@A. Rheinn
Tu y el cielo. (Días grises)
#RheinnPoetry
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Soltar tu mano

Dolor de muelas.
Que se duerma el pie.
Apendicitis.
Tener fiebre.
Que se infecte el oído.
Sentir nauseas.
Romperte un hueso.
Ninguna de estas cosas duele tanto
como tener que soltar tu mano
y aguantar el polo norte a cuestas
sin ningún calor que lo deshaga.
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12comentarios 83 lecturas prosapoetica karma: 110

Mìstica

Encuentro todas las respuestas en tu vientre
cuando la tarde se duerme en nuestros brazos
y mis manos mansas recorren tu sombra
mientras cae el sol rojo.

El dulce color de tu voz me nombra
cuando mis deseos queman en tu piel
y bebo el fuego de nuestra pasión   
mientras la luna nos refleja desnudos…

El viento juega en el río
cuando las aves en el cielo gritan nuestros nombres
y te acaricio con versos y besos que tejen mis labios
mientras los primeros rayos del alba iluminan nuestra almas
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2comentarios 52 lecturas prosapoetica karma: 92

¿?

¿Existe una hora exacta,
un tiempo preciso para despedir
a los días que duermen
bajo el brazo de la abulia?

¿Se pueden desarmar las minas
sembradas bajo el campo rojo
de las cicatrices?

¿Se puede destrozar el reloj
que puntualmente marca
el minuto del retorno?

¿Se pueden abolir las leyes de la noche?

Tal vez
Tal vez no
Tal vez ya no importa
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Insomnio

Insomnio esperado cual amante secreto
en noches de calma que llega a deshoras,
trayendo sentires que asaltan la mente
llenándola siempre de frases y estrofas.

Aletean los versos en noches de insomnios
sin dejarnos dormir, parece que danzan
queriendo salir y dar forma a este mundo
un mundo que gira buscando esperanzas.

El insomnio simula visiones que aíslan las mentes
que cuentan ficciones o tradiciones pasadas,
historias muy lindas, o a veces embrujadas,
que llegan bailando un vals de palabras.

A veces cansados mis ojos se duermen,
y escuchando al insomnio no quieren seguir,
pero él caprichoso insistiendo consigue
que al sueño renuncie y ya no logro dormir.
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14comentarios 110 lecturas versolibre karma: 109

Del suelo al cielo y viceversa (con @JanaRivera)

Nervios revolotean la mirada viva. La imaginación da vueltas como las hojas de mimosas al viento. Olor a celindo de flores blancas, se fragua la idea de hacer las maletas.

Los cordones de mis zapatos no logran abrazar el encanto de rutas nuevas (y viejas). Mapas y portulanos, cartógrafos en el tiempo soplan la magia del rumbo y mi viento.

Sobre las altas nubes, con mis ojos de águila de acero, encaramado en el milagro tecnológico que da alas a los hombres, flotando entre el acero, el cielo y un lejano suelo; contemplo absorto, los límpidos desiertos, escorpiones y serpientes bebiendo de un sol ardiente, manchas gris oscuro; sombras de cirros, altoestratos, estratocúmulos y nimboestratos.

Mis brazos se hacen alas, y mis vellos son plumas, en este soñar despierto, de mi travesía a un destino con su distinto encanto, con sus aromas a suelo extranjero, con su temperatura de otras latitudes y longitudes en la esfera imperfecta de mi planeta azul.

Del suelo al cielo y viceversa. Mis alas cargan esponjas de humedad, nubes de sueños. Caminos a vista de pájaro, sonrisas al vuelo. De nuevo me calzo los zapatos.

Y bajo por gargantas de ríos con mucho genio, pero que luego se aplacan y duermen, entre deltas, su último sueño. Me derrito entre la miel de los postres que me ofrecen los que apenas tienen nada. Desaparezco entre especias que saltan y trenzan mi boca (y mis ganas).

Besa el mar los linderos que lo separan de la playa, refrescando la arena, acariciándola con sus labios de espuma. Corren los perros dejando cuadrúpedas huellas, y los amos detrás, a ritmo más lento. Castillos de arena donde los niños dibujan sus sueños y fantasías, esculpiendo hermosos recuerdos de esa niñez que el alma nunca olvida.

Un sol primaveral cobija la piel mientras la brisa salada encurte los sentidos. El inmenso mar azul cae profundo en los acantilados de mis ojos, irrigando mis venas de sensaciones líquidas de espontánea alegría. La efímera e imaginaria felicidad de una ciudad costera del primer mundo endulza mi espíritu.






@JanaRivera & @AljndroPoetry
2018-abr-5
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La novia

Está como adormecida la novia pálida y triste
y piensa aletargada que su novio ya no existe,
en el centro del lugar el féretro grande y negro
lo quiere como arrullar, sus ojos no pueden verlo.

Queda triste y en silencio, la familia está abrumada,
no comprenden lo que pasa, su hijo ya está en la nada.
la joven regresa a casa, llena de tantos recuerdos,
ve esa grieta en la pared, que su arreglo no dio tiempo.

La novia pasa su mano por la escalera dañada
y recuerda que rechinaba avisando su llegada.
El olor de las especias que tanto a él le gustaban
y los rincones colmaban le devuelven sus tormentos,
angustias que están resientes abren su pecho y lo rasgan
le recuerdan que no existes, que no vuelves, ya estás muerto.

No vuelves de allá tan lejos donde tu espíritu duerme,
arropado por seres alados ¿serán blancos, serán negros?
ya estás sola, te estremeces, corres al baño, al espejo
te miras y solo gritas ¡ME ALEGRO DE QUE ESTES MUERTO!

Ya estás sola, ya no finges, para esconder tu dolor
al mundo que está ignorante desconociendo tu horror.
Cuando el tu cuerpo violaba y gritaba ¡tú eres mía!,
y contra la pared golpeaba tu cabeza y se reía.

Querías marcharte lejos, pero él no te dejaba,
con amenazas veladas te mantenía atrapada,
hasta el fatídico día, que tratando de agarrarte
rodó por las escaleras para ya no despertarse.
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Vidas

A veces, tengo la sensación
de que mi vida es todas las vidas
o de que todas las vidas
caben en la mía;
de que las vidas son sueños
y no sé quién me está soñando.
Que cuando duermo, despierta
y yo le doy vida a alguien más.

¿Cuántos segundos bastan
Para vivir cada existencia?

Si este latido es el mismo
que palpitará mañana,
porque si extiendo mi mano
podré tocar mi rostro
dentro de veinte años,
y sonrío, pues la estaré sintiendo
y lo comprenderé todo.

Así que quizá
de aquí, a un parpadeo
toda la vida se extinga
y solo podamos ver
nubes de polvo y gas
con estrellas nacientes
donde podemos volar.

Y todas las vidas,
habrán durado lo mismo,
sin importar las lunas
que creímos ver pasar.
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El idioma de las flores

"Si hay algo que una flor no puede permitirse es perder el tiempo.
En el jarrón o en el parque de la ciudad, hace señales de auxilio con su belleza."

El país de los pájaros que duermen en el aire”

Mónica Fernández-Aceytuno.


El color blanco me da miedo
si pretende, entre las nubes,
derramarse sobre mi frente.
Si ese deseo llegara a cumplirse,
moriría en un campo desierto
implorando con los ojos primaveras
que siempre están por venir.

Hago del entusiasmo un nido
acotando el vuelo al pensamiento
más allá del horizonte,
porque allí ─me han dicho─
la distancia lo hace viento;
y el viento, siempre olvida.
«Recuerdos... florecéis conmigo.»

Estas ramas protectoras
que limitan mi memoria por el aire
sirven, también, para el descanso
de mi mirada cosida al espanto,
que solo entiende la vida
cuando habla el idioma de las flores.
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