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Ciudad Habitable

Los centros de las sombras, pétalos de nieve,
la huella del descanso en una almohada de silencio,
ese levantarse rasgando las violetas del alba
y besar el perfume de la melancolía.
A veces te nombro ciudad habitable
y recorro la piel con la inercia del viajero
que sabe que un día también fue calle.
Te pones la ropa que menos duele,
preparas un café con rumor de álamos y septiembre,
un poco porque sí y un poco por costumbre
y luego recoges el fuego y el agua y la vida,
pero no la sed ni el hambre, ni la muerte.
Los centros de la luz, el frío hiriente del espacio,
un beso imaginado en tu frente,
un buenos días, un adiós, un no estuve nunca
besando los portales de tus noches.
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Me invento otra lectura

Cada vez que leo me invento otra lectura,
es como amar y acariciar a la vez,
o cuando sé que te odio en un hola
porque te amaré en el adiós,
o cuando me doy cuenta de que soy más tiempo
en el libro de tu vida
y muerdo las palabras de los labios

y te vuelvo a leer y a leer para inventarme.
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4comentarios 102 lecturas versolibre karma: 81

El invierno del amor

Te frotabas las manos,
la vida jugaba como mueren los niños en los juegos;
aprendiendo a sostener la sonrisa
en la primera lluvia,
en la primera mancha de barro,
en la primera herida.
Un día caminando te das cuenta
del viento en la piel,
del contar hasta cien sin que se esconda nadie;
ni el miedo,
ni el mañana,
y te encuentras cruzando una calle,
como los que mueren de frío,
con la sonrisa en la boca
en el invierno del amor.
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2comentarios 94 lecturas versolibre karma: 71

La sonrisa

La luna creciente era su sonrisa,
reflejada en el mar dibujaba
un nombre con viento de olas,
había raíces de arena,
el susurro de una ciudad al fondo,
la luminaria de las rocas como un faro
y sé que la luna creciente era su sonrisa;

hoy la luna estaba llena.
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Los gritos

Me tomo un respiro de cansancio y vida,
viento de chocolate, los niños gritan,
juegan, corren, siempre hay uno que se deja atrapar,
él no lo sabe pero es la primera víctima del tiempo.
Abres los ojos y sólo quedan los gritos.
Hago dibujos en la arena,
es por el miedo a que desaparezcan los castillos en el aire,
o a tener puertas cerradas en la piel,
o como cuando llego a casa y no estás
y abro los ojos, de nuevo, y sólo quedan los gritos
y el viento de chocolate.
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Resbalas

Como lluvia en el tejado del alma vas cayendo
resbalas, manantial de heridas en el tiempo,
resbalas, como un mar que se hunde suave,
resbalas, agua, entre un viento de tristeza.

Como una tarde recién reconstruida,
entre pasajes extraños de caricias
hablamos cuerpo a cuerpo de otros cuerpos,
de lo que fuimos, de lo que no seremos.

Y sabes y sé que no habrá más noches,
besas la sonrisa de un segundo,
y vamos siendo agua entre el agua
como esa lluvia que resbala, que resbala.
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4comentarios 109 lecturas versolibre karma: 88

Mensaje

Bebíamos de la misma botella,
cada uno tenía la misma intención,
usarla para un mensaje en el mar.
Puede que conociéramos los límites del amor
y la compasión por nosotros mismos.
No hizo falta terminarla;

el último trago fue para la soledad.
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6comentarios 102 lecturas versolibre karma: 104

Todas las ciudades son las mismas

Todas las ciudades son las mismas
cuando te beso en los labios.

Recuerdo la lluvia de París,
paseos por Alfama oliendo a vino verde
y noches de estuario,
el olor de naranjas ácidas por las calles andaluzas,
pedir un café alejado de los canales y de los turistas
o perderme por lugares que ya no reconozco.

Ese cenar solo cuando llegas a casa y piensas
que también las ciudades son las mismas
ahora que besa la soledad.
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3comentarios 101 lecturas versolibre karma: 95

El tiempo no lleva reloj

El tiempo no lleva reloj
y en una gota de lluvia caben todos los momentos.
Preguntarás en silencio quién eres
y yo no quise ser silencio,
nadie quiso serlo.
Sucedió que nos pasó la vida
entre miradas que fueron siendo eco,
un eco cada vez más fugitivo,
más lejano,
más ausente,
puede que fuese lo único que pudiera huir,
de ponerse a salvo de nosotros
y preguntas sabiendo la respuesta,
en una gota de lluvia cabe todos los momentos,
también el sol.
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6comentarios 120 lecturas versolibre karma: 87

La madrugada jugaba a quedarse

La madrugada jugaba a quedarse
entre dos pieles,
te vi sentada al borde la cama
como una enredadera y geranios de agosto,
tu palidez me pareció más hermosa que nunca,
como un halo de tiempo huyendo de mí,
la respiración del silencio, la falsa calma,
un leve roce de las manos,
un quédate sin decirlo,
tu cabello marcaba el paisaje del día
mientras lo recogías con los dedos,
no quería verlo, ya conocía el gesto del después,
cuando se prepara café,
cuando abres la ventana y aún queda tu olor
dándose vueltas con la cucharilla del alma,
cuando las manos riegan la balconada de la vida
con el sudor de la noche.
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4comentarios 70 lecturas versolibre karma: 86

Es la hora

Jugábamos,
el reloj era un grito desde una ventana,
un segundo conocido,
un ya, un a comer, ya es de noche, es la hora,
alguien contaba hasta cien
con el sentido de quedarnos siempre en los sentidos,
las miradas eran de no conocer aún los adioses,
ni reconocer el cansancio.
Jugábamos
y ahora seguimos jugando,
sabiendo el sentido del tiempo,
escuchando los juegos de otros,
siendo ahora ese segundo conocido para ellos,
un ya, abrázame, bésame todas las muertes, es la hora.
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Te sorprendes

Te sorprendes
de las cosas que no sabes,
de las noches que aún te quedan solitarias,
de cómo envolver la seda del tiempo
en las raíces de otras piernas,
te sorprendes aún sin paraguas,
con lo que cae,
y es que no aprendes, te dices,
cómo no explicarte cada gota en tu piel
y decirte que no sé,
que los libros no tienen finales,
que cuando cierro tu cuerpo
todo comienza
y te sorprendes
de las cosas que no sabes.
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No me daba cuenta

No me daba cuenta,
la pesada carga de los días,
la luz de octubre dulce al otro lado de los cristales,
la hiriente verdad del silencio,
como unas violetas siempre regadas.
Tú te dabas cuenta,
me sonreías mientras iba cosiendo las heridas,
como quien pinta un paisaje de niebla
con un beso en los ojos.
Puede que fuésemos la inconsciencia del tiempo,
un amor inesperado,
ese viajar por el mundo sin pensar en el destino,
algo que después podríamos negar fácilmente
y sin embargo
no quisimos saber nada del después
y fuimos la sombra del calendario,
un abrazo partido entre dos sexos,
pétalos de unos instantes que había que cortar
y la luz de octubre dulce al otro lado de los cristales

como sin nosotros en nosotros.
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Dijiste

Dijiste, pon un trago más de otoño,
la luna de hielo sobre los vasos
y esas perras ganas de batir la hojarasca con la piel,
dejamos abiertos los libros de la vida
entre los gritos de los niños jugando con las olas,
cerca de la arena que después fue nieve,
tus pechos sabían a los primeros vinos,
a esencia de encinas y manzanas,
a los primeros besos que leí.
El amor no duerme nunca, comentamos,
ni la sonrisas al alba cuando buscan más sonrisas.
Déjame dormir, dijiste, bebe el resto de la inercia,
ya lo había hecho por la sed infinita
y acaricie tu copa con los labios.
Te oí respirar,
también a esas perras ganas de no salir de ti,
abrazado a un tiempo inseguro, como todos los tiempos,
mientras el viento nos llevaba hacía los flores de los almendros.
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Simplifica

Simplifica, corre, aún eres silencio, grítalo,
salta, escóndete, ríe, aún estás a tiempo,
es como los árboles cuando no eran álamos,
ni arces, ni sauces, ni acacias, ni robles,
o el agua era agua, no fuente, ni río, ni mar,
es como los libros cuando estaban quietos,
cuando eras juego y sed y vida.
Simplifica, ya no estás a tiempo,
ya has abierto los libros, te conocen los personajes,
el agua te da sed, juega, sal del escondite,
la vida vuelve en otros nombres
son páginas, fechas, noches, risas, soledades.
Simplifica, corre, aún eres silencio, grítalo,
ya conoces como comenzar los finales.
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Lo que nunca sucedió

Un cabello de luna sobre el tejado,
pudiera ser la lluvia, tal vez nada.
La ciudad reflejada en un pasado,
igual son los años caminando por los charcos.
Te paras y contemplas lo que nunca sucedió,
los arrabales con sus luces mortecinas
te recuerdan a la infancia,
un hambre de chocolate y sed de agua,
ahora viento de soledades y piel mojada.
Antes de ahora, en ese nunca... una gota en el cuello,
¿la primera palabrota? un joder, tal vez…
no recuerdas la primera pedrada al diccionario.
Te escuchas entre los murmullos de la noche,
quién te ha inventado así, quién eres,
un perfume de hojas de plátano y sal,
hueles a la quietud de quien no huye.
No sucedió nunca, repites en tu interior,
ves pasar paraguas, vehículos, tiempo,
luces, colores, palabras, sentidos
y sabes que estás solo.
Observas un cabello de luna sobre el tejado,
pudiera ser la lluvia, tal vez nada.
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Era algo así

Era algo así,
di un trago de tiempo,
recordé el sabor de tu sexo,
la gente hablaba
de cómo solucionar los males del país
y el vaso de vino era un poco de mi silencio,
debería de estar prohibido acordarme de ti en los bares,
el miedo se ha llevado la revolución
y hay demasiados sofás esperando en las casas,
di un trago de tus pechos,
la gente hablaba,
y era algo así,
la puta política que ya no me acude

como los besos en tus ojos.
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Aún no existe el silencio

¿Te has perdonado alguna vez?
Dices que la noche tiene algo que ver con la tristeza,
con esas conversaciones que nos debemos,
y la ciudad está en nosotros, recordada, inquieta,
unos amantes pasean de la mano, escondidos
entre un murmullo pasajero de libertad,
les he visto, nos han visto, nada importaba,
éramos nosotros, éramos ellos,
¿Importa que nos necesite la historia de un poema?
o ¿El argumento vital de la vida?
Es angustioso besarte el cabello
cuando han soltado a los perros
o abrazarte y decirnos que tenemos miedo
¿Te has perdonado alguna vez?
¿Nos han perdonado?
Porque las ciudades existen y los amantes y los libros
que nada dirán de estas palabras que nos debemos

y sabes corazón… aún no existe el silencio.
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Te dejé pasar

Te dejé pasar,
me diste las gracias con tu melena cayendo,
como cae la lluvia sobre los pétalos de las mejores ideas,
la flor de tu espalda se me ofrecía rabiosa en gris,
como una nube, precipitándose,
la mala educación, supongo,
luego, a tu lado, nos sonreíamos la maldad,
tú, sabías de mis fragilidades y yo, era un desconocido
que intentaba razonar con los monstruos del deseo.
El color del café, la piel de las palabras,
el sexo traducido en las miradas,
esas miradas que son ahora porque mañana nunca se sabe.
Al lado la gente hablaba,
era ese misterio de las conversaciones,
igual hacían lo mismo que nosotros;
dar los pasos hacia una habitación de hotel,
sin tener que disculparse por la existencia de la soledad
aunque mañana sea compañera de viaje.
Éramos unas sonrisas entre labios que acunaban la tristeza
y sonreíamos y sonreían.
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Incluso en otra vida

Pudo ser en otro momento,
Incluso en otra vida,
que tú hubieses sido hombre y yo mujer,
que no estuviésemos huyendo de otras noches,
pudiera ser que hubiese sido un mediodía,
porque no fue ni la mirada,
ni el silencio,
ni la casualidad,
o el que nada necesitásemos
salvo una herida precisa,
de esas que no sangran y matan y se mueren
porque saben
que pudo ser en otro momento,

incuso en otra vida.
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