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Expiración vital (Rima Jotabé con estrambote)

En una vida al regate y escondiéndose;
soslayando los juicios, guareciéndose.

Sin enfrentar responsabilidades
ni aguantar el timón en tempestades.
Desbordado el miedo en debilidades;
anulando futuro y voluntades.

Mil sueños se quedaron aparcados,
esclavos de cerrojos atorados.

Rota se quedó ya la vida y hundiéndose
cobarde entre aciagas oscuridades,
sufres de imposibles encadenados.

Por tiempos agotados
sabes que vivir así es inservible,
si existe muerte en vida irreversible.

etiquetas: jotabé, estrambote, muerte, en, vida
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A ti, en ti, por ti (jotabém con estrambote)

En tu luz, tu voz, calor
en tus gestos, en tu amor.

Con el alba quiero amarte,
con el día acompañarte,
con la tarde descifrarte,
con la noche desearte.

Ser perfume de tu piel
y en tu boca dulce miel

Amar, no sentir dolor.
Empaparme en ti, llevarte,
y dejar de sentir hiel.

Amor fiel,
que te acompaña en la vida
y ayudará en la caída.





Hortensia Márquez



Imagen de la película "La princesa prometida"
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28comentarios 205 lecturas versoclasico karma: 103

¿Qué fue de ti amado? - soneto con estrambote

¿Qué fue de ti, mi amado, sol del día,

que encendías tus besos en mil llamas

y feliz retozabas en mis ramas

haciéndome tan grata compañía?


¿Qué fue de tu mirada que llovía

en frescas ilusiones en sus gamas,

encendiendo pasiones en sus tramas

logrando cautivarme en lo que hacía?


¿Será que te marchaste con tus velas

a nuevo puerto en nuevas sensaciones,

olvidando el amor que te brindé?


Si es así mal amor, no soy novela

que leas cuando quieras por montones,

Si tienes que marcharte, ¡pronto, ve!


Sin ti no moriré.

Buscaré nuevos valles inspirados,

¡Es mejor mantenernos alejados!


Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-derechos reservados
pe.ivoox.com/es/que-fue-ti-amado-soneto-estrambote-audios-mp3_rf_26292
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6comentarios 86 lecturas versoclasico karma: 95

¿Correspondido?

A millones de pasos, a un milenio su beso
mi secreto distante, mi deseo dormido
si pudiera tocarlo, desprenderlo del nido
y volar a su lado, conquistar su regreso

En el tronco del sauce, con un pálpito impreso
en el cielo talado, con el sol malherido
se refugian sus notas, el celeste sonido
de sus lunas virtuosas, del amor que profeso

¿Hallaré su camino?, ¿Sorberé sus caricias?
Con mis alas de fuego, mi vapor de papel
Emprendiendo mi vuelo, navegando en la bruma

Si volviera su rostro, vendaval de delicias
¿Miraría mi ensueño?, ¿Bebería mi miel?
Me consumen temores, el dilema me ahúma

Voluntad que se esfuma
Con las olas de dudas, sin verdad, sin certezas
Con incógnitas mudas, sin vestigios, sin piezas.




Dee Dee Acosta
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24comentarios 160 lecturas versoclasico karma: 112

Amada mía (Jotabé con estrambote)

En mis labios reposa el dulce aroma
que suave, como plumón de paloma,

acaricia mi alma y mi corazón,
me envuelve en una encendida pasión,
y a abandonarse invita a mi razón
en juegos de cálida sensación.

Ese dulce aroma, cariño mío,
es tu amor, puro cual blanco rocío,

que a mi corazón enseñó su idioma
hecho de esperanzas y de ilusión
que sin querer subyuga mi albedrío.

Mas, cual sereno río
que tranquilo fluye en la primavera…
¡Tu alma siempre será mi compañera!
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7comentarios 111 lecturas versoclasico karma: 95

Serpentina de sol

Es el sol de tu dulce amor candor,
y la nube en tu tierno llanto, espanto;
es la bruma en tu lienzo santo, encanto,
y la luz de tu frío ardor, dolor.

Serpentina de sol, olor, rubor,
¡diamantina visión, y cuánto encanto!
asesina razón, ¿y cuánto aguanto?
repentina ilusión, tu amor, licor.

En un lóbrego ─no─, sufrir, morir,
en el tétrico ─fue─, llorar, callar,
melancólico ayer, llover, caer.

En un cálido ─sí─, sentir, vivir
en pletórico ─sí─, cantar, amar,
estrambótico el hoy, volver, arder.



@AljndroPoetry
2018-abril-12
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25comentarios 133 lecturas versoclasico karma: 116

-Bailaré contigo -

En decenas de piedras la Preciosa
En centenas de historias los amores
En millares de besos sinsabores
Y la vida continua esplendorosa

Persiguiendo la suerte vanidosa
Enfrentando peligros de colores
de marrones de negros sin olores
de los rojos que laten sin su rosa


Aprendiendo agarrar su barandilla
A mirarla y soltar a la deriva
Caudalosa marea embravecida


A soñarte dormida en pesadilla
A velarte despierta evocativa
A vencerte sin darme por vencida


Es el baile de vida ;
Estridentes, locuaces en los soles ;
de colores sus pasos en bemoles


@rebktd
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30comentarios 251 lecturas versoclasico karma: 110

Te celebro enamorada (Con @RebkTD)

Sin saber si naciste de la vida
O la vida nació de tu existir
Te celebro con todo mi sentir
Acuarela de magia florecida

Oleaje de tinta embravecida
Latiendo corazón en tu vivir
Sentimiento palpita en tu vestir
En fogata de versos encendida

Pentagrama de dulce melodía
Desnudando mi piel en las entrañas
De pureza tu esencia me alimenta

En cascadas te esparces, poesía
Perfumando con luz a las montañas
Es de ti que mi mundo se ornamenta

Y la luna se argenta
Con el brillo que irradia tu mirada
Y me besa la boca, enamorada
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24comentarios 122 lecturas colaboracion karma: 101

¿Dónde oh muerte?

"¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?" ~ San Pablo.


Es que a dónde se esconde, se me esconde la muerte
es que a dónde la encuentro, si es que fría la siento
y los días eternos, e infinito es el viento
y los días augurio, de mi pésima suerte.

Es tan ancha la vida, me es ausente lo inerte
es tan ancha la ausencia, de mentir escarmiento
que me falta tu esencia, que me falta el aliento
es que triste es tenerte, si es que triste es perderte.

Es que a dónde se esconde, si es el fin de los días
mi señora maldita, mi señuelo marchito
segadora de vidas, labradora de espinas.

Es que a dónde se esconde, lo infinito me hastía,
mi señora maldita, mi final tan bendito
podadora de vida, sembradora de ruinas.

Putrefacta la espina
corroyendo mi esencia, putrefacta aureola
coronando el abismo, revolcando las olas.




@AljndroPoetry
2018-feb-28
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20comentarios 125 lecturas versoclasico karma: 112

Avaricia (Soneto con estrambote)

Pozo profundo sin fondo y oscuro
tu corazón avaro que condenas,
ambición de tener tus arcas llenas
y acompañar tu soledad, auguro

Acumulas tesoros inseguro
la avaricia de tener más, no llenas
pobre hombre rico, causas tanta pena
tu Dios es el oro te lo aseguro

No sabes que es la generosidad
en tu vida y corazón la careces
no cualquiera tiene esa cualidad

Generosidad y amor no mereces
hijos negaste en su necesidad
maldad en ti habita y maldad ofreces


Con conocimientos se crece
la generosidad es privilegio
y la avaricia siempre sacrilegio.

MMM
Malu Mora
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10comentarios 161 lecturas versoclasico karma: 88

Abrazando espinas (@sarrd8r & @Pequenho_Ze)

Vidas de sopas de sobre,
latidos de latas de conserva,
sueños desecados, salados,
abro los ojos al cenagoso presente,
catador de almas de punto y coma,
¿para cuándo rasgar ésta cortina
de emociones sepultas, estampadas,
en almohadas ajenas, intrusas de la fe?

Artificialidades estrambóticas
se arremolinan ante mi rostro;
y ese sabor agrio en la lengua,
esa espera natural de la consciencia
que impide volver a ser.
¿Dónde está el remedio prometido
para olvidar los brillos superfluos
que acosan mi arraigada convicción?

En un acto desesperado por arrancarme
la piel de esta desolación, despedida
sin ayer, sin mañana, eterno segundo
de horizonte negado, eclipse de mis ventanas,
lanzo un brindis de rosas negras,
abrazándome a tus espinas,
calvario de la certeza que esta distancia
la puso mi garganta desgajada por tu condena.

Acabo cortando las palabras despacito,
para borrar cualquier señal
inequívoca en la frente.
Es un recuerdo clavado
en todo mi tiempo, en todo lo que vivo y siento.
No puedo evaporar los sentimientos
en pos del frío apostado en nuestras manos;
me dejo arder al calor de tu llama inexistente.



(imagen: Rose, Gerard van Spaendonck)
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14comentarios 141 lecturas versolibre karma: 110

Yo soy Gloria

Hola niños,
yo soy Gloria,
la que perdió la memoria
que guardaba en su zurrón,
pegó un mordisco al turròn
creyendo era zanahoria
y allí quedaron sus piños
¡qué susto me dio el bribón!
y hoy la he visto ¡maldición!
agua sacando en la noria.

Sé donde anda
mas no insisto.
Hay quien dice que la ha visto
con su pato, con su pata,
con su gata turulata
presumida, dando el pisto.
Que marchó de cuchipanda
con su música y su panda
y su novio el Evaristo.

Si me crees,
no me creas
que metida en las peleas
y amarrada a ese bigote
del soneto, su estrambote,
toreando en las capeas
le soltaba una patada
y, procaz, la carcajada
se montaba en el cogote.

¡Virgen santa,
Ave maría!
Qué de artista no sería
que subida en una lata
nos cantó una serenata
y hasta el público aplaudía.
Mas por poco se atraganta
-se hizo un nudo en la garganta-
y creyó que se moría.
©donaciano bueno

Comentario: ¡FELICES REYES MAGOS!, niños. Que aunque sabemos que hay gentes malas que quieren robaros la inocencia, que ésta anide por siempre en vuestros corazones lo mismo que le ocurría a Gloria Fuertes.
www.donacianobueno.com/
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3comentarios 85 lecturas versoclasico karma: 119

Un ataúd para dos

Calista murió un martes por la mañana, murió virgen y joven.
Su lozanía no conoció nunca el sol que daba fuera del pueblo, y su huraño comportamiento de autoconfinamiento le hacía tener una piel pálida perenne, que le vestía con una suerte de lividez rígida y decadente.
Sus padres -decían sus vecinos- iban siempre de viaje largas temporadas por dedicarse al negocio de las mercaderías, y por sufrir ella de un extraño mal que le cubría el cuerpo de llagas si estaba expuesta a la intemperie y el sol como lo pudiera hacer una persona normal.
Era de poco dormir, o al menos eso parecía, puesto que ostentaba unas ojeras de grandes proporciones que le hacían ver sus opacos ojos como hundidos en dos cuencos de un gris enfermo que asustaba.
Las Hermanas de la Caridad que le cuidaban por días en ausencia de sus padres, no eran capaces de hacer comer a la chiquilla, cuyo esquelético cuerpo iba arrastrando por la casa donde era incapaz de salir.
Calista llevaba unas uñas de un largo antinatural que daban un sincero y valiente asco. Pero tampoco había dios capaz de hacérselas cortar.
Es cierto que entonces se corría el rumor que sus padres habían amasado una enorme fortuna en sus negocios, y por ya alcanzar una avanzada edad y tener a Calista como la única heredera, cualquiera que se hiciera con sus favores tendría la vida resuelta.
Sin embargo, el errático y estrambótico comportamiento de la muchacha, que casi rozaba la idiocia, echaba para atrás las pretensiones de los más inescrupulosos y ambiciosos pretendientes que al conocerla ponían pie en polvorosa.
Siempre fue así hasta que Eladio Fuensanta, octogenario y perverso, se dio a la imposible tarea de cortejar a la chiquilla.
Aquel había ido de viudez en viudez viviendo de sus consortes muertas, pero ya hace más de un año que se encontraba en unas condiciones económicas nefastas, y a pesar de no vivir en el mismo pueblo de Calista, había emprendido un largo viaje con la descabellada idea de conocerla.
Tenía por supuesto pensado presentarse como uno de los socios comerciantes de sus padres, quienes hubieren querido (en especial encomienda) que él mismo en persona se hiciese cargo de ella y sus necesidades. Las domésticas y las propias de la ausencia.
Fue así pues, que con esta burda estratagema Eladio, el octogenario advenedizo, fue a parar a la casa de Calista, quien no le recibió, sino que fue Sor Aradia, la que más trataba con la muchacha, quien cayó en el ardid, un poco por alegría de que a alguien más le importara la suerte de Calista, y mucho más por sustraerse de las labores que se desprendían de cuidar a aquella atípica joven.
Sor Aradia no tendría más que limpiar las defecaciones ni meados que la muchacha iba plantando por doquier o hacer fuerza para soportar de improviso su terrible semblante lívido y huesudo. Sus frustrados intentos por socializar con aquella, o hacerle hablar o comer de modo de convencerse de que era humana.
Esa mezcla de lástima, repugnancia y zozobra que Calista le producía iba a terminar de una vez por todas. Así que, aunque todo le pareció sobrevenido, ninguna de las mentiras que le vendió Eladio para quedarse le parecieron poco razonables.
Los santos del cielo habían escuchado por fin sus ruegos, dejaría por fin de ver las horrendas cicatrices de los pellejudos brazos de Calista, las mismas que ella se autoinfligía en las oscuridades de aquella casa pútrida de sombras y olores nauseabundos de ausencia.
Habían pasado tres días y pudo más la avaricia del viejo decrépito y deforme que la lobreguez de aquella morada exornada en tinieblas. Había sido advertido del carácter huraño de la chica, pero no estaba dispuesto a rendirse hasta conocerle. No podía ser tan terrible todo lo que se decía de ella, y él (tan avieso e insurrecto) no se iba a conmover por una joven fea o desaliñada.
Después de todo él, su halitosis y sus problemas de granos en su anciana piel (que eran de cuidado) no le hacían tampoco un Adonis, ni mucho menos aquella, que tan poco agraciada se supone que era, iba a poder rechazarle por nimiedades estéticas.
Eladio disimulaba malamente su labio leporino de nacimiento, su meteorismo y su onicosis. Y hasta poco cuidadoso era con las desmesuradas legañas que no se limpiaba jamás.
Así que al cuarto día, ya cansado de esperar, decidió adentrarse en los aposentos de aquella casa, que más bien emanaba efluvios de panteón o fosa común. Eladio continuó decidido descendiendo por una escalinata llena de carcoma, notó la presencia de alimañas que reptaban por los peldaños al ir bajando y notó como el aire empezaba a tornarse más enrarecido y espeso.
Una mezcla de umbrías, polvos y telarañas anidaban por todas partes y la luz se hacía más débil, cuando de pronto el viejo da un terrible resbalón, producto de haber pisado sin cuidado una materia fétida y oscura.

Eladio fue a parar casi muerto a un hueco donde sus huesos rotos reposaron sobre lo que parecía un lecho de fémures, costillas, tibias y cráneos. El golpe de la caída le hizo perder la conciencia por poco tiempo, la pestilencia de aquel lugar era tal que la misma le hizo recobrar el sentido entre espasmos y arcadas violentas.
Imposibilitado de poder moverse y escorado como una falange más de aquel protervo agujero, Eladio escuchó que alguien se acercaba bajando, como arrastrando un saco de guijarros o fragmentos de algo desconocido, que producía una cacofonía escalofriante.
Por más que intentó menearse no fue capaz siquiera de apoyarse en un costado, aquello estaba tan oscuro que apenas fue capaz de ver la violenta dislocación de sus rodillas, y una clavícula que le asomaba abyecta producto de la caída.
Gimió y gritó con desgarro:
¡Calista! ¡Calista!
Mientras intuía más cerca la presencia de una sombra (no era posible con certeza saber si era un animal o una persona).
Indefenso y preso del pánico más absoluto Eladio de cagó encima.
Vio por encima de sí como unas uñas verdes y extremadamente largas y asquerosas le cogían del cuello, de algo parecido a una cabellera, que alcanzó a ver antes de desvanecerse cayeron unas larvas adultas y no pocos gusanos.
Pasaron los días, y al no saber nadie nada del cuidador de Calista ni de ella misma, una comitiva consternada por la situación o por las garras de la incertidumbre, decidió entrar en la casa de la interfecta para aclarar qué ocurría.

Fue así que, Sor Aradia, Mateo el cura del pueblo cercano, y otros cuatro, acudieron al desolado sitio.
Asaltados por el estupor nauseabundo y vomitivo que emanaba de la casa y sus linderos, y tan pronto abrieron la puerta principal, dos de los hombres que iban con los religiosos cayeron desvanecidos por arte de aquel poderoso hedor.
Poco después se descubrió por fin, en la parte baja, una espeluznante estancia que bien podía ser un cementerio interior o una morgue de vastas proporciones, donde osarios y restos fecales se confundían con las sombras en macabro cuadro.
Aquella fosa común o lo que fuere, guardaba en su centro un ataúd de mayúsculas proporciones. En aquel escenario enrarecido y tóxico Sor Aradia y Mateo fueron los únicos, que, sobreponiéndose a la conmoción de las circunstancias, se acercaron a aquel inaudito hallazgo.
Al asomarse constataron como un amasijo pestilente de huesos, pellejos y vísceras se revolvía dando sus últimos estertores de vida. Sor Aradia cayó fulminada al reconocer entre tanta mortandad el atuendo de Eladio pútrido y desgarrado, y Mateo atónito vio con horror como entre los restos Calista iba engullendo con fruición los restos mortales de su necio y octogenario pretendiente.
Esta vez nadie en el pueblo preguntó, ni se atrevió a ir a buscar a nadie. La superstición o el miedo atroz que estos hechos y desapariciones provocaron pudieron más que cualquier vocación de auxilio de familiares o personas relacionadas con estos nuevos desaparecidos.


Los padres de Calista nunca regresaron, nadie lloró, nadie habló y las Hermanas de la Caridad o la Diócesis del pueblo al que pertenecía Mateo tomó parte en investigación alguna.
Lo único que se decía (si alguien ajeno al pueblo preguntaba por la casa) es que era una propiedad de un matrimonio rico que se dedicaba a las mercaderías, y cuya única hija soltera, núbil y excepcionalmente hermosa y erudita, les esperaba siempre estudiosa en la biblioteca de la casa, a la que se podía acceder por unas escalinatas que llevaban a un nivel inferior.
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Llorar o reír

Tu amor alimenta mis sentimientos
es libre y glorioso por su alegría,
siempre lo negué porque lo sentía
y fue un gran pasado de sufrimientos.

Ahora son mis más grandes momentos,
corro muy feliz como aquel gran día
lo ves en mi rostro que lo quería
han muerto ya esos días tan violentos.


Mi niño interior es pleno de vida,
el odio de otros no lo acabará
la esperanza vive ya agradecida.

El tierno cariño lo salvará
nada dañará con una caída
el amor genuino lo cambiará.

La fe me habitará
depende de mi llorar o vivir
decidí latir y sobrevivir.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
12/12/2017.
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¡Al abordaje!

¡ Voto a Brios ! . Mi acero oxidado al viento,
cortando al fantaseado contrario,
la simulada cara de corsario,
¡Por Tutatis! Diez veces diez un ciento.

Lanzando, chuzo de punta certero,
al cuerpo del enemigo alevoso,
que saquea con patente de corso,
mi desamparado barco velero.

Con un solo ojo, venir te diviso,
aunque disimules en la espesura,
tus malas artes de ruin fullero.

¡ Voto a Tal ! .El atrevido sumiso
aplastará tan tediosa tortura,
colgando del mástil al bucanero.

Luego calé el sombreo,
cogí mi lanza y envaine la espada
¿y sabéis lo que aconteció?... nada.

©Giliblogheces
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¡Oh ven, ven tú!

Sobre mi cierne su mirada hipnótica,
que turba mis ojos, ¡quizás maléfica!,
como aguijón clavada, tan despótica,
sutil y penetrante y… tan poética.

Belleza diferente, tal vez gótica,
afilada línea, forma sintética,
tormenta de rarezas cual neurótica,
me fustiga como al héroe en lucha épica.

Dama protectora, bolsa amniótica,
en la riña feroz gata, ¡es titánica!,
la que me apacigua como narcótica,
sobre el tapiz dibujada de homérica.

Prometedora y al final anecdótica,
era preciosa y regida por la estética,
consumida por ideas, ¡patriótica!,
pasional y en demasía…metódica.

De boca sugerente, lengua exótica,
un tacto de locura, la ubre esférica,
ardiente, febril, la más erótica,
en el juego del amor…mujer única.

¡Pero es a ti a quién busco!, la caótica,
la exenta de ética y la más errática,
estrambótica, alocada…, ¡psicótica!,
la que borre…esta vida tan patética.
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Tormenta de verano (soneto con estrambote)

Noto el perfume a la tierra mojada,
el eléctrico cielo, antes sereno,
tras aquel rayo da paso a este trueno,
queda en mis ojos su imagen quebrada.

Las nubes vierten el agua en cascada,
cálida lluvia que enfría el terreno,
el viento se agita con desenfreno,
y se agrietan las calles con la riada.

Sale el sol, a lo lejos otra estampa,
la del cielo despejado, liviano,
que sale airoso, ufano de la trampa

de esta tenaz tormenta de verano,
al descubrir cuando la tarde escampa
que junto a él brilla un astro soberano.

Queda el ciclón lejano,
y un arco iris brota sobre la campa,
al calor de este pueblo castellano.
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Ophelia

OPHELIA
Por D. A. Vasquez Rivero.

- ¿Dónde han quedado, mi niña adorada,
tantos consejos?- Pregunta, Laertes.
- Con los nenúfares blandos e inertes
flotan y ocultan mi angustia enredada.

- ¡Seca tu espíritu y vuélvete un hada!
¿No es el amor vencedor de las muertes?
- Créeme, hermano, que cuando despiertes
campos Elíseos serán mi morada.

- Mira tu lívido vientre sagrado,
brótanle adelfa, cicuta y ricino.
¿Fue en tu demencia su jugo probado?

- Sé que he seguido un siniestro camino
desde que vi a nuestro padre enterrado
por la venganza de un torpe asesino.

- ¡Hamlet!¡Tendrás de Polonio el destino
cuando al hallarte, iracundo y cegado,
manche con sangre tu pecho ladino!

Has de encontrarte este rostro ovalado,
triste e impregnado en un llanto marino...
¡Júrote, pronto estarás a su lado!

- Tengo en el légamo mi honra licuada
y en tu fraterna mirada no adviertes;
esta, yo creo, es la peor de las suertes:
Dar por linaje una espuma estancada.

- ¡Poco me importa, mi nombre es la nada!
Cántame, Ofelia. Cantando conviertes
lágrima en pluma de un par de alas fuertes
con las que puedes flotar liberada.

(Pronto su diálogo muta en canciones
y ambos se alejan de aquel camposanto
juntos y en paz a las altas regiones).


-Soneto espejado con estrambote-
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Labios sugerentes

Soñaba con su boca sugerente,
con esos labios blandos y carnosos,
propietarios de besos muy jugosos
y esa piel tan morena como ardiente.

Odiaba su cabeza tan demente,
no cruzarnos los ojos por miedosos,
y perdernos por caminos sinuosos
al no hacerlo en su cuerpo más turgente.

No conocí mujer más inconstante,
ni entendí nunca el fin de nuestro juego.
Por revelarse en la noche insinuante,

inconstante en días que piden fuego,
se perdió la que pudo ser mi amante
en la lucha entre mi interés y su ego.

Adiós, loca y cambiante,
donde posé mis besos ya no llego,
por más que me parezca interesante.
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Vida de un riachuelo

Es sublime el riachuelo, que ligero va y mana
de la roca sedada, de tan alta montaña
cual azul y cual cielo. ¡Qué misterio enmaraña!
Es un cauce de vida, fluye y fluye a su gana.

Va regando los suelos, no hay en él gloria vana
y lo habitan los peces, y no miente, ni engaña
es amigo del árbol, compañero sin maña
y si hubiera tristeza, ya se viste de grana.

Surca el cielo el jilguero, trina y canta un gorrión
danzan nubes su baile, lanza el viento un silbido
viene el cántaro al río, de la mano en la niña.

Y la roca interpone, su enemiga objeción
dificulta el destino, dificulta su fluido
antagónica, esquiva; busca pleito, halla riña.

La batalla ya aliña
mas el río, que es sabio; la rodea, es gentil
abrazando el contorno, y avanzando en añil.


@SolitarioAmnte / xi-17
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