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Calíope y el poeta

¿Porque me siento poeta?
oigo el susurro del viento,
las voces en el silencio
siento tu actitud coqueta.


En charla muy emotiva
Calíope entusiasmada,
con su discurso animada
disertaba muy altiva.
Dirigió muy alusiva
como si fuera una treta,
una mirada repleta
de una ambigüedad sin par,
y me vino a preguntar
¿Porqué me siento poeta?.


Atónito y sorprendido
por la pregunta tenaz,
de una musa perspicaz
que piensa haberme vencido;
Le respondo persuadido
porque como dios,ostento
estar vivo y con aliento
veo el mar, manto de ensueño,
y cual si fuera su dueño
oigo el susurro del viento.


La irrefutable verdad
de la certera respuesta,
varió la actitud expuesta
por la elocuente deidad.
Y con insigne bondad
preguntó ¿como sentencio,
si es que acaso diferencio
lo que puede o no inspirar?,
le respondí; -Al escuchar
las voces en el silencio.


Mi argumento satisfizo
a la impoluta beldad,
que con grácil sobriedad
mi voluntad ahí deshizo.
Con apolo rivalizo
en enemistad secreta,
no es la norma de un poeta
me reclama la deidad,
le digo -es que en realidad
siento tu actitud coqueta.

Osvaldo B. Páez ©

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Fue en una noche fría

Pasó en una noche fría,
tan negra como sombría,
la de la herida mortal
cuando me clavó el puñal
de que ya no me quería.

Quedó el alma tan vacía
al cumplir la profecía:
Hundiría el vil metal,
bajo la niebla otoñal,
sin ninguna cortesía.

Si fue con alevosía,
tan solo ella lo sabía,
del amor quedó un erial,
ese desierto abismal,
una pasión tan baldía.

Se acabó la fantasía,
y todas mis utopías,
que tras tu cuerpo sensual,
no se esconde el santo grial,
más bien mucha hipocresía.

De la feliz alegría,
tan solo la melodía,
solo el triste memorial
de lo que fue un funeral,
de una amarga letanía.

Que en esta dura porfía,
rendí tanta pleitesía,
como a un Dios en su ritual,
alzada en un pedestal,
la primera en jerarquía.

Pero lo que más dolía,
el porqué de mi agonía,
fue la farsa, el carnaval,
aquella glosa letal
de que ya nada sentía.

Si me quisiste algún día,
fue cara a la galería,
sentimiento tan frugal,
en este amor tan fatal
que guardo tras celosías.
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A un alma frustrada

Rosa, querida Rosa
Tu silencio hacia mí
Se comporta como imperio reinante
Donde la incógnita se traza,
Donde la imperturbabilidad es estrepitosa
Cuando la frialdad se hace presente.

Con mi madre
Es la contienda en pleno ser,
Emular es tu maniobra predilecta
Piensas que es tu antagonista
Y se vuelve difícil esclarecer
Tu vocablo y glosa,
Tu palabrería parece niebla
Totalmente intrincada
Laboriosa al inferirla
Y muy arduo tolerarla.

Tus actos demuestran tu inseguridad
Estás toda atiborrada de odio,
En tu vida no hubo consonancia
Y tu vil y cruel mentalidad
Se llenó de desprecio
Y de gran adversidad.

En tu guerra, el miedo te ganó,
Tu vacilación te conquistó
La advertencia no escuchaste
Y tu ser se nubló,
Nada al fin pudiste hacer
Por al menos salvarte.

A tu esposo dudo le quieras
Él te hizo el tránsito manejable,
Él para tí fue la ocasión perfecta
Para que lograras casarte.

Después de 50 años
El olvido tocó a tu puerta
Y te mostró tu desesperanza,
No creo que tus hijos te quieran
La burla en ellos se manifiesta
Por lo tanto al respeto ahuyentan
Y el amor se cuartea.

No quisiera estar en tus zapatos
Pues tu conciencia te sabotea,
Tu risa está llena de llanto,
Tu rutina es un profundo hastío,
Tu dependencia es un mar de tormento
Colmada de caos y huracanes.

Honorio te inquieta
"Te das todo el postín"
Y tu lo niegas,
Él mil veces lo repudia
Y lo acepta,
Tú mil veces lo gozas
Y lo disfrutas.

Ambos son abnegados
Pero ninguno lo admite,
Le temen a estar solos
Y se han vuelto obedientes,
Su subordinación no los deja vivir
A cada momento les aparta la paz
De seguro preferirían morir
Que en estas anarquías existir.
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Prosa Poética

Un experto literato,
filólogo de academia,
leyó mis cuasi poemas
y me instó educadamente
a medir muy bien mis versos,
que un escrito sin medida
no es poema, es solo texto.
Que la moderna escritura
los clásicos ha olvidado,
que el conjunto de palabras
al expresar una idea
debe cuidar ciertas reglas,
entre números y letras.
"Observa bien los acentos,
que la sílaba y el verso
estructura bien tu rima,
asonante o consonante,
identifica tu acento,
si prosódico, ortográfico
y si resulta en aguda,
debes sumar una sílaba,
o si te queda una esdrújula,
réstasela con medida".
De sinalefa me hablaba,
que si la última letra
se enlaza con la primera.
Yo evocaba nuestras manos
enlazadas y formando
una sílaba de amor,
esa sílaba perfecta.
El hiato se escapaba,
separarnos no quería,
la sinéresis me gusta,
esa unión de dos vocales,
como tu boca y la mía,
formando bellos fractales.
La diéresis no cumplía
con nuestra sublime unión,
al oír su explicación
mi mente se preguntaba,
¿cómo medir el amor
en versos de arte menor?
¡Si apenas cabe en mi pecho
y es tan grande esta pasión!
Cuando me habló de los nombres,
en función de las estrofas,
que si pareados, tercetos,
cuartetas o redondillas,
que tetrástrofo monorrimo,
endechas o seguidillas,
un sexteto, y yo pensaba
en esa flor de seis pétalos,
adornando la mesilla.
Septinas de los sentidos,
son tus siete maravillas,
y la décima eres tú,
mi copla de arte mayor,
mi soneto, mi romance,
madrigal, zéjel, y glosa.
Tú, mi bella estrofa sáfica,
tú, mi verso sin esquema,
suelto, al aire, que me eleva.
Finalmente lo entendí:
tú y yo somos versos blancos,
que no siguen ni una regla.
Nos medimos en el ritmo,
del compás de la cadencia,
de dos cuerpos que vibrantes,
crean poemas en la tierra.
Somos estrofa de sueños,
versos libres y entregados,
al embrujo del silencio,
de los besos acendrados,
palpitantes cuales estrellas.
Yo soy prosa para ti,
en la impoluta medida,
y eres tú mi hogar, mi rima,
tú, mi más bello poema.

© EPadrón
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