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Fe

- Arrodillaos ante mí y seré piadoso. Si lo hacéis, os prometo una muerte rápida y digna, pues no existe fuerza en este mundo ni en ningún otro que os pueda salvar de vuestro destino - ordenó el general victorioso a su prisionero, Ergalian Fritz, líder de los rebeldes.

- ¡Solo me arrodillaré ante Dios!- contestó Ergalian Fritz con la cabeza alta y con un brillo desafiante en sus mirada.

- ¿Dios? No veo por aquí a ese al que tanto amáis - le replicó el general, furioso por el desafió de un hombre que apenas podía mantenerse en pie.

- El puede verlo todo, y estoy seguro que me protegerá pase lo que pase. Podéis acabar con mi cuerpo, pero no con mi espíritu.

- En ese caso, no me queda más opción.

Tras hacer llamar a dos guardias, Lord Egmont, general de la caballería Real, se retiró a sus aposentos, desconsolado y cabizbajo. No podía quitarse de la cabeza la mirada de su antiguo compañero de armas, desafiante hasta el final, aún a sabiendas de la horrible muerte que le esperaba. ¿Sería tan fuerte el poder de ese nuevo Dios? Se preguntaba una y otra vez mientras observaba la estatuilla votiva con la imagen de Odín, padre de los dioses.

etiquetas: microrrelato, fantasía, relato corto, mitología, historia, antiguedad
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El Amor es para siempre

El amor es para siempre
aun en la terquedad que todo lo clarifica
el amor es como ese segundo
que no se piensa al oírme.

Te prometí amarme
nos quedamos en el intento de una promesa airada
aunque nunca faltaron los suspiros que enloquecidos terminaron en un tumulto que se confundió con el frío.

Hace tanto tiempo
que escribí para ti este verso
que las hojas amarillas del texto
disimulan sufrir para no verlo.

Ahora solo siento como llega el frío a mi cuerpo
lo respiro congelando el deseo
son historias tristes que nadie paga para soñarlas
pero que se incrustan perforando tus sueños.

Tal vez siempre soñamos con tener un gran amor
¿Que es una fantasía que ama?
¿si no existe el esfuerzo
en todas las mentiras que hablas?.

Fue muy tierno ver cómo el corazón muere
con esa canción de cantina
como siempre no me alcanzaron las lágrimas
para consolar a un amor en ruinas.

Estamos acostumbrados al odio
que todo lo olvida
aunque ha estas alturas de la vida
nos hace falta más el sol que las caricias

Ellos quieren ver perdida de mi rostro a la sonrisa
no me importa arrugar un poco a la vida
con tal de no darles el gusto
de verlos burlarse de mi huida.

A veces solo tenemos que dejar pasar por alto
el concepto de la piedad
y conformarnos con un poco de calor de aquella lámpara que en las noches nos ve leer con pasión.

El amor es para siempre
aunque a veces el amor es muy lento
no es tan rápido como la muerte que enrojece a los ojos misterio es tu cariño que no supimos cuando se fue.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
22/11/2017.
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Bajo la roja nieve

Tras la consigna 227, decretada por el camarada Stalin, nos aferramos a la esperanza de nuestros firmes ideales. “Ni un paso atrás”, establecía esa orden. Pocos meses más tarde, los alemanes nos cercaron en Stalingrado. Los ejércitos victoriosos del belicoso Reich de los mil años estaban listos para tomar la ciudad en una o dos semanas, pero se toparon con una inesperada resistencia. Los convencidos hijos de la Unión Soviética se atrincheraban casa por casa, defendiendo cada palmo de terreno de su ciudad con uñas y dientes, desesperando a los alemanes, ya que a pesar de su terrorífico potencial militar, no estaban preparados para establecer una guerra de guerrillas en un terreno que sus enemigos conocían metro a metro. Tras varias semanas de combates, la bonita ciudad se convirtió en un lugar dantesco.
La nieve, blanca y pura se teñía con la sangre de unos hombres cegados por sus creencias; alemanes, soviéticos, húngaros, italianos, croatas,…, hombres de duras convicciones, hombres de sueños imposibles y esperanzas truncadas por una guerra que parecía no acabar nunca.
Era septiembre. Lo recuerdo bien, y la batalla terrible que estalló en ese lugar no había hecho más que comenzar. Los alemanes llevaban la iniciativa y nuestras tropas comenzaron a flojear. Esa mañana, creo que fue un día doce, apareció el inflexible general del 64º ejército Vasili Chuikov, ahora encargado del 62º ejército en sustitución de Anton Lopatin, comandante que había demostrado síntomas de debilidad ante el avance teutón. Nada más llegar al apocalíptico lugar, los generales Yeriómenko y Kruschev preguntaron al general Chuikov:

- ¿Cual es el objetivo de su misión, camarada?

A Lo que este respondió con tono sereno pero firme:

- Defender la ciudad o morir en el intento.

Inmediatamente después de su lacónica respuesta, se dirigió personalmente a reorganizar las tropas y a asegurar la defensa de la ciudad.
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Un Verano Perfecto

María, de escasos siete años, de piel muy blanca de ojos grandes castaños,
su cabello hasta los hombros como el color de la miel, volaba en libertad con el suave viento,
mientras corría al encuentro con los niños del poblado morenos por los rayos del sol
que contrastaban con la blancura de su piel.

Emocionada y con la alegría reflejada en su carita lo primero que hacía al llegar y antes que se lo impidieran ,
era quitarse los zapatos, despojarse de sus calcetitas y sentir con sus pies la tierra caliente que le hacía cosquillas.
Los restregaba como bailando twist para sentir más cosquillas sobre esa tierra seca con grietas como boas pidiendo al cielo el agua tan preciada.

Su llegada al rancho de sus abuelos coincidían con la época de verano, así que disfrutaba del sol, y el calor.
También algunas veces de la lluvia a torrenciales que algunas veces caía.

No podía salir y atrapada dentro de la casa observaba por la ventana como el agua hacía caminos
por la tierra del jardín hasta llegar a formar charcos.
Allí pegada a la ventana aguardaba a que la lluvia pasara, había escasas ocasiones que su abuelo le permitía salir a jugar
y correr bajo la lluvia como una yegua en libertad.

Disfrutaba beber y saborear tan exquisita agua, el olor a la tierra mojada, ver como se llenaban los aljibes
y brincar en los charcos cual si fuera una rana.

Que alegre era María, no había niña sobre la faz de la tierra más libre y feliz.
De pronto la lluvia así como llegaba se marchaba las nubes negras se disipaban y el cielo se aclaraba
dejando ver nuevamente el sol, las buenas lluvias refrescaban la región.

Estas precipitaciones era muy esperadas, cosechas abundantes, agua almacenada,
limpieza de patios, y techos de tejas como nuevos brillaban, contrastando con el verde de los árboles.

Era un espectáculo ver caer las gotas de agua contenidas en las hojas de los árboles,
como pequeños arco iris cayendo al suelo, una a una, como si fueran lágrimas como prismas
reflejando colores agradeciendo al cielo su abundancia.

Y ay! de aquel niño que se acercara bajo un árbol en seguida aparecía él niño l travieso
que con fuerza sacudía el tronco del árbol y como lluvia fuerte las gotas prendidas a las hojas
que como lluvia caían mojando a los niños que reían.

Con las lluvias el río aumentaba su nivel y eso era motivo de sonrisas, la alegría llegaba con las lluvias,
porqué en compañía de otros niños nadaría y saltaría en sus aguas.
Entonces podría disfrutar de un verano perfecto, llenando de historias nuevas para contar.
Vacaciones cada año esperadas, antes de regresar a la monotonía de la ciudad y del colegio.

MMM
Malu Mora
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La Paz

Hay estrellas en el suelo,
Y caminos en el cielo.
En el Alto un agujero,
De alivio, paz y sosiego.

Hay una sombra en el pueblo,
Porque tapa el Sol un cerro,
Es un cerro gigantesco,
De los dioses de otro tiempo.

Hay también muy poco viento,
Hay fatigas y hay jadeos,
Falta el aire, sobra esfuerzo,
Hay bastante desconsuelo.

Hay en sus calles acervo,
También mucho movimiento,
Opinión, levantamiento,
Hay desarrollo, hay progreso.

Hay también mucho arquitecto,
Todo aquí vale de cerco,
Levantando emplazamientos,
Sin mesura y sin acuerdos.

Hay una cebra en el centro,
Hay tres perros callejeros,
En la cuesta un cerdo suelto.
Conducir es un jaleo.

Hay juventud, hay talento,
Hay historia en el museo,
Pero el futuro es incierto
Porque aquí nada es perfecto.
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La sonrisa de la Tierra

Reconozco que casi siempre he vivido como un cobarde. Recostado en las arenas finas de un reloj. Tiempo sucio, enfangado, ese vivir sin darse cuenta, por automático, por resignado, por no elegido y porque solo pasa por encima como río fangoso, ensuciándonos, pero sin arrastrarnos por la vida.

Nada crece en los suelos arenosos, drenan con demasiada facilidad, la vida no se detiene en ellos, pasa por sus gránulos reteniendo solo tiempo. Tiempo sucio. Vivo con la obsesión de vivir y acumular historias, pero mi naturaleza no es la de vivirlas, sino contarlas. Contar historias no vividas. Escuchar, observar y acumular memorias de otros. Me sorprendo con ésta idea cabalgando sobre mi duermevela cuando abro un ojo perezoso y observo los bulbos en flor que se han abierto estos últimos días sobre el alféizar de la ventana.

La sonrisa de la Tierra, así es como una expresión china denomina a las flores.
Su belleza radica en que carecen de esperanza.
La esperanza crece con el mañana,
y el mañana nunca existe para las flores.
El presente es su esencia.
Deseo ser flor.
Flor efímera.
Presente.
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Hilo (in)visible

Marioneta en escenario imaginario
y los hilos
que se enredan
en mis manos
y desde el pecho
siento un nudo
que me aprieta
que me Inventa
una historia
casi perfecta
Y lo sería si este mundo se moviera
si gobernaran más las almas
que los cuerpos
si las manos se vacían
y se limpian
estoy segura
que hasta pétalos
de rosas
lloverían
pero es que el cielo
lo dirigen unos pocos
y en su doctrina
el respirar
pasó a la historia
ahora la moda
es llevar contigo
siempre la soga
pero que sean los fieles
los que practiquen
su teoría
Mientras ellos
bien que se adornan
sus Olimpos
con mis flores
y se inhalan los Rosales
a millares
y es que
es curioso
el poder de sus pulmones
que aunque lo busques
no encontrarás
en su exhalar
aroma a rosas


-Y yo -
( una de tantas
y de pocas otras muchas
marioneta atea
en escenario
imaginario
Que alguien me explique
siendo invisibles
cómo aún existen ...

@rebktd
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Roma Victor

Aurelio y Antonio, entraron en el campamento al galope. Sus rostros desencajados, tensos y polvorientos reflejaban ansiedad y temor, como si estuvieran huyendo de la mismísima Parca; y para ellos así era. Se dirigieron sin perder un segundo a la tienda del Tribuno, y allí, cuadrándose ante él, y después de saludarlo, hablaron.

- ¡Señor!- dijo Aurelio con la respiración entrecortada.-El enemigo se encuentra a un día escaso de camino y es muy numeroso.

- ¿Hacia dónde se dirigen exactamente soldado?- preguntó el Tribuno.

- Vienen directamente hacia nosotros señor-contestó Aurelio.- Creo que su intención es atacar nuestra posición.

- Bien hecho soldados. Reuniros con vuestros compañeros y estad listos para entrar en combate. Podéis retiraros.

Después de esta inesperada noticia, el Tribuno, Aurelio Cornelio Glabrio se dirigió preocupado a su lugarteniente, el cual se encontraba también en la tienda.

- Marco, la situación es preocupante. Según los exploradores, el enemigo nos supera en número, y solo puedo contar con una legión. Debemos enviar un mensaje al Legado Salinator para que nos venga a ayudar lo antes posible con sus tres legiones. Envía a tu hombre más de confianza. Manda tocar formación en orden de batalla. Quiero a todos los hombres listos en veinte minutos. Puedes retirarte.

- ¡Si señor!- y después de cuadrarse y realizar el saludo romano, se retiró.

Tal y como había mandado, veinte minutos después, todos los soldados de la legión que guardaban el campamento en la frontera del Danubio formaban en orden de batalla. La visión era marcialmente magnífica. Hombres robustos y curtidos, la mayoría, en cientos de batallas, vestían la armadura del glorioso ejército romano. Los débiles rayos del sol que escapaban del cielo gris de la región de Panonia, refulgían en los cascos y las puntas de las lanzas de los legionarios, dándoles un aspecto de semidioses. El Tribuno los miraba con admiración, con el orgullo de un padre cuando contempla a su hijo, con el respeto de un legionario romano. Después de pensar unos segundos sobre la suerte que correrán algunos, o la mayoría de esos pobres valientes, se dirigió a sus hombres para intentar infundirles valor para la batalla.

- ¡Soldados de la gloriosa Roma! Un enemigo mucho más numeroso se dirige hacia nosotros. Su objetivo es destruirnos, pero no dejaremos que lo consigan- los vítores y gritos guerreros empezaron a escucharse por todo el campamento.- Un mensaje ha sido enviado al Legado Salinator para que venga a apoyarnos. Pero....,¡Decidme! ¿Dejaremos que la historia hable, de que nuestra gloriosa legión tuvo que recibir ayuda para vencer a unos malditos y desorganizados salvajes barbaros?

- ¡No!- se escuchaban gritos entre los soldados- ¡Cerdos del infierno! ¡Bastardos!

- Es por eso soldados -continuó hablando el Tribuno.-Que saldremos a defender nuestro honor y el de Roma demostrando al mundo entero y a la historia que nuestra legión está compuesta por valientes soldados del Imperio. Demostremos a los dioses nuestro valor, y volvamos a nuestra patria con honores. ¡Un soldado de Roma vale por 100 malditos bárbaros! Así que…,¿Qué debemos temer? Roguemos al padre Júpiter su protección en la batalla, y a su hijo, nuestro compañero en batalla, el divino Marte, que nos de toda la fuerza para derrotar a nuestros enemigos. ¡Salgamos allá fuera, y cojamos nosotros mismo la Nike! Que cuando llegue Salinator, solo pueda quedar perplejo por nuestra fuerza y nuestro valor. Si estáis conmigo, la victoria es nuestra. ¿Estáis conmigo, soldados de Roma?

- ¡Siiiiiii!- gritaron todos al unísono.

Los soldados gritaban y chocaban sus escudos contra sus lanzas, produciendo un sonido aterrador que se podía escuchar a cientos de estadios de distancia. Tan aterrador fueron los vítores por el éxtasis de entrar en batalla que el ejército visigodo que se proponía atacar el campamento romano, se detuvo unos minutos angustiado por tan fantasmal sonido. Después de esto, todo estaba listo para el choque mortal entre romanos y visigodos.
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Este modo de vivir

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Este modo de vivir del Siglo XXI
es un culto a la prisa y al cansancio.
Todas las ciudades parecen al fin
de cuentas cortadas con la misma
tijera consumista, por habitantes que
solo mascan resignaciones desechables.

Envilecida, soberbia y vestida de
democrática la mentira campea a sus
anchas en el desecho calendario
de un presente repleto de fugacidad.
Un slogan de sonrisa asustada
desciende por una escalera mecánica.

(La revolución no ha de comenzar
editando artículos en Wikipedia).

Caminos morales incorrectos se clavan
en el corazón de la impotencia.
Los derechos y garantías viajan
dentro de una cantimplora agujereada.
Como en aquel poema de Bolaño,
juntamos las mejillas con la muerte.

Este modo de vivir es la
tormenta, el naufragio y la indiferencia
al mismo precio. Nos deslumbran
con fábulas infames, y zapateando
en el umbral de las quimeras,
el invierno solo reparte besos abatidos.

(Cuando la leche en polvo viene de regalo,
hasta el niño más hambriento desconfía).

Ignorarnos como habitantes de éste infierno
no nos transforma en residentes del paraíso.
Recuerdo con asimétrica nostalgia aquel tiempo
en que creíamos tener un futuro. En
la profundidad del intestino de la amargura,
crecen las raíces de los años encarcelados.

Para saber de una vez quiénes
somos, habrá que seguir escarbando
en los nombres extinguidos por el
ajuste estructural, remake eterna de los
mismos que quieren consolar nuestras
penas ofreciéndonos un pañuelo sucio.

(Esta insensatez de modas derrocadas
parece hecha al gusto de los reptiles).

Como anacrónica práctica se subastan las
más selectas lágrimas de cocodrilo,
mientras, en esta venerable indisciplina que
es levantarse a diario, continuamos
navegando, con los tendones deshechos,
hacia metas que sabemos inalcanzables.

Seguimos regando, con la tinta de un
contrato leonino, las gardenias que nacen
marchitas en la cuneta de la historia. Guerrillas
de iras oscuras ponen armas de guerra
en manos de niños con nombres arrebatados,
y el salvoconducto a una fosa común.

(Resulta que los más sabios de todos se
estrellan contra el futuro igual que los demás).

Es sencillo sentirse felizmente
desgraciado en este tiempo de ojos
cerrados y bolsillos entrelazados
con la incertidumbre...
Más que vivir los días
nos revolcamos sobre ellos.

Con nulos deseos de continuar hincando las
rodillas, los parias gritan su cólera
sin máscaras. Cuando ya solo nos quede
la negación como heredad, habrá que
sentarse a esperar el tsunami, o el
rigor del látigo de una multinacional.

(Hoy son los corderos los
que gerencian el matadero).

No va a ser gratuita emocionalmente
esta sobremesa de desilusiones
sucias y granadas de mano.
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Sonreír y sangrar al mismo precio

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Solo sabía huir…
Varón caucásico de edad en cuenta
regresiva y nula solvencia económica, inquieto
neutrón por el campo electromagnético de la
vida, con demasiados nombres añadidos entre la
realidad y su persona; con una angustia
que no sabe, no contesta, ni perdona.

Solo sabía huir…
Presumiendo de la hidalguía de un péndulo de
polvo; su madre le advirtió desde pequeño
“nunca se te ocurra ponerle alas a los lobos”.
Tan pobre de glorias que quiso quedarse
con las que otros dejaron tiradas;
antídoto saturado de contraindicaciones.

Solo sabía huir…
Y brindar por las aspas de las historias
desorientadas; con la sensación de que todo está
perdido, y los relojes solo señalan mordiscos del
pasado; aunque sea imposible guarecerse de una
llovizna de lágrimas, y no resulten recomendables
las respuestas fabricadas a golpes de puño.

Solo sabía huir…
Del borrador donde se fugó su primera metáfora
truncada, vestido por una juventud que se
derrumba, con lágrimas ásperas, puntuales;
y su excepcional costumbre de bailar junto a las
ruinas. Estornudaba aguaceros y silencios,
para sonreír y sangrar al mismo precio.

Solo sabía huir…
Como quien contempla una estatua de
mármol esperando que un día eructe.
Rezándole a la impunidad que
otorga el exorcismo de la lejanía,
buscando el pequeño milagro de que lo
efímero se transforme en perpetuo.

Solo sabía huir…
Y aferrarse a la circunspección,
a la amnésica daga que rasga la noche,
a la mirada estancada en el cemento
ahuecado… Sin detenerse a observar que
aquello que fue y seguía siendo
iba siempre colgando de su espalda.

Solo sabía huir…
Indultando promesas hechas a regañadientes;
condenado por la campana, que por jactarse
de siniestra, repiquetea en código morse,
titubeando en un ideal de absurdos, malversando
emociones, deseando encontrarse unos versos de
Jorge Manrique flotando en el aire.

Solo sabía huir…
De su madriguera de espejos incomprendidos,
afinando su demagogia en corrales ajenos,
practicando el más desaconsejable de los actos:
Dejar escapar la felicidad justo cuando empezaban
a tutearse. (Cada quien hace de sus propias
carencias un clamor en harapos).
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Burdo Bardo

Camino por las calles
que callan verdades y
escupen mentiras vestidas de gala.

Canto canciones en prosa o en verso
con más desatino que acierto,
como un burdo bardo.

Prolongo silencios en pos
de historias que solo yo sé,
y solo yo entiendo.

Pero me crezco en el llanto,
me seco las lágrimas
con pañuelos de letras,
y comienzo una danza de
versos, sílabas, estrofas.
Me coso un vestido de
palabras, que se ajuste
como un guante a mi cuerpo.
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Que sí, te quiero

Apenas conocía de qué forma sucedían las cosas
Intentaba concentrarme sobre cómo todo cogía cuerpo a través de lo que veía
Las preguntas del pasado, las respuestas del futuro, la desmedida sincronía
Reconocí cada pasaje de mi memoria hecho contracorriente, y lancé el ancla sobre tierra firme para resolverlo
Encontré en medio de la multitud y su locura, el lugar más alto, donde el cielo se vuelve un manto y la ciudad duerme tranquila.
Pero las mariposas que me acompañaban volaron a nuestra ventana compartida, atraparon el último rayo del atardecer y encendieron tu cara y tu sonrisa.
Fue cuando despedí al miedo, o deje que me lo quitaras de encima
Me sentí afortunado, me entregué una y otra vez y una y otra vez entendía qué era aquello de la vida
¿Esto puede ser malo? Me hubiese preguntado, pero en serio, que ciegos estamos.
Guardé las palabras para después, me fundí en el lila sobre mis ojos, y en los colores de tu piel que ya sólo podía ver mi piel.
Abrí el lugar que dejaste en mi corazón
Y lo limpiamos un rato
Me sacudí la tristeza
Y me sacudí los problemas que no eran míos.
Me dormí una vez más en medio del humo, de ti y mi embriaguez; y desperté para decirte que siempre hemos estado bien cuidados
Me reí contigo, supe que aquí, o donde fuera, te vería igual de lindo.
Quise decirte que era mejor dejar los recuerdos para gente que no pudo vivirlos
Y que buenas historias hicimos.
Agradecerte los buenos deseos, reconocer que te voy a pensar muy bien
Y si te hiciste como quién no quiere la cosa, la pregunta de si te quiero, déjame decirte como quien siempre quiso la cosa que sí, te quiero.
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2comentarios 64 lecturas versolibre karma: 66

Lectura octurna

Los escucho
De forma tan clara
Como si estuvieran aquí

El filósofo
El asesino
El poeta
El policía
Los gritos
De la víctima

Las legiones de Roma
Marchando
Buscando
Nuevas fronteras

Las bombas
Que caen
Sobre Londres

Las voces
De la historia
La filosofía
La poesía
La literatura
Retumban
En el silencio
De la noche
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Bambú

El bambú creció
queriendo solo llegar al cielo,
expandió sus horizontes
hasta donde alcanzo su propios versos
llenando con su follaje el universo.

Hoy absorbe la luz que oscurece a otras plantas
no le importa que el viento y el frío sacuden sus ramas
el bambú crece echando sus raíces profundas
ocultándose de los ojos que solo quieren
ver más allá de las hojas que reverdecen en calma.

El bambú vivirá por muchas generaciones futuras
será el escondite perfecto para huir de las llamas
el sol no penetrara ya más allá de sus fuertes y flexibles brazos y si es preciso aguanta con calma
la nieve que escurre por sus hojas largas.

El bambú nunca dará fruto
ni caerá presa de las plagas
es fuerte su legado y extenso
así que nada le roba el placer de existir
en donde no crece nada.

El bambú tiene historias
que algún día serán contadas
su amor crecerá
conforme encuentre el equilibrio de vivir
sin importarle ya nada.

Yo quiero ser como el bambú que canta acariciando
a él firmamento en una noche estrellada,
yo quiero como él extender con el viento su lira impregnada de bellas palabras.

Yo quiero ser como el bambú
cuando el tiempo tenga que pasarse de largo
y se detenga a escuchar esas historias
que alguna vez salieron sin prisa
de un mundo seco sin habla.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
18/11/2017.
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Historias Comunes

Una historia tan vieja como el amor, tan común como el sentido.

Lucía es la libertad, su cara risueña digna de los elfos del bosque. Sus ojos sonreían más que su boca, su cuerpo libre de prisiones, su corazón a galope tendido entre la libertad y la inconsciencia de la despreocupación. Su mirada con hado en el infinito, quemando todo presente.

Héctor es el sentimiento, sus ojos mentirosos no engañan a nadie. El aire limpio del soldado de primera línea, apretando los dientes contra la adversidad, incontenible en su decisión. Su meta es alcanzar aquello que se le niega, con la determinación del toro ante aquel trapo encarnado que lo desafía. Su corazón encharcado de Lucía, se acelera ante el rumor del nombre de su elfa libre, de ojos azules como un mar de esperanza, de su cuerpo danzarín. Héctor contiene la respiración por su amor, recogiendo cualquier atisbo de interés, de atención, dándole forma de anhelo, para no desahuciar su esperanza.

María, hermana mayor de Lucía, es la paz del lago al atardecer, sus ojos almendrados dulces como su miel. Su rostro de ángel resplandecía cada vez que Héctor se paraba, la cogía de la mano y clavaba sus ojos mentirosos en el nido de sus sentidos. Su sonrisa encerraba un gramo de tristeza, no quería un amigo, quería que su corazón estallase en serpentinas en los brazos de su soldado.

Mientras Lucía era libre, Héctor, cual domador de caballos, la perseguía con la insistencia con la que el mar se estrella contra las rocas. En tanto, María, recogía su espuma, la contenía en pequeños frascos, cual fragancia etérea de valor incalculable, esperando que su soldado se refugiara en ella…

O quizás Historias no tan comunes…

Lucía y Héctor tienen seis años, María ocho…
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Mi vida en contrapunto

Una vida en contrapunto,
una esperanza congelada
en el calor de un instante,
una luz tibia con sabor
a desencuentros inseparables.

Una ventana al mundo
con perfume a sinsabores,
un beso no confiado,
una caricia escondida
en la memoria del abandono,
una flor cuya historia
aleja de su recuerdo
la felicidad ambigua.

El amor..
el más triste de los amores,
con esencia de madera
carcomida por el tiempo,
mientras gotas de lluvia
alivian en su caída
la aridez de mi soledad,
mojando toda esencia
de angustia.

Mi zozobra encallada,
mi vida en contrapunto
y tú alentando
con mil haces de luz
la paz de mi tormenta.

Amén
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Corazones de barro

Erik Hans, un joven muniqués que se había alistado en el ejército alemán, ansiaba poder entrar en combate. Llevaba preparándose dos años, y en 1940 llegó su oportunidad. A principios de mayo, comenzó el avance hacia Francia. Bélgica, y Holanda cayeron rápido, y en poco más de tres semanas Francia se encontraba controlada por el poder de la maquinaria de guerra alemana. El soldado Erik Hans se sentía orgulloso de pertenecer a tan glorioso ejército, así como de ser miembro del partido nazi. A pesar de todo, pronto cambiaría su forma de pensar.
Habían pasado tres meses, y a su unidad le habían ordenado controlar la cabeza de puente que daba acceso a la ciudad de Amiens por la zona norte. Extorsionar a los judíos y demás prisioneros de guerra se había convertido en el entretenimiento de la mayoría de soldados, pero Erik Hans no lo veía igual. Día tras día, la duda le resonaba en su cabeza. Una mañana, mientras hacía su turno de guardia vio pasar a una joven en bicicleta. Era tan hermosa y tenía unos ojos tan brillantes, que Erik no vio la gran estrella amarilla que lucía en su pecho. El joven soldado sonrió de manera involuntaria, pero la chica no le contestó devolviéndole el gesto. De repente, una voz a sus espaldas gritó:

-¡Juden!¡Juden!¡Es ist undicht!

Segundos más tarde, un disparo resonó en el aire. El joven soldado mudó su rostro al instante. La bella chica, que le había sacado una sonrisa, caía desplomada en el suelo, a su lado, un reguero de sangre le brotaba de la cabeza. El vigía alemán había realizado un certero disparo. Erik corrió hacia la chica con la esperanza de encontrarla con vida, pero ya era tarde. Allí, en la cesta de su bicicleta la joven llevaba escondidas unas flores que había recogido en el campo. En su chaqueta, una foto de su marido, al cual el joven reconoció como miembro de la resistencia francesa. Unos días antes había sido fusilado, y él, había sido su ejecutor.
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Hijos de un mismo Dios

Vestida de oscuridad y tinieblas caminaba mi alma entre cadáveres amontonados en la roja tierra. Estaba desorientado, sumido en un mundo irreal, sin saber quién era exactamente. Todo mi cuerpo estaba cubierto de barro y sangre, pero esta no era mía. En mi mano derecha, portaba todavía la espada con la que había sesgado decenas de vidas; en la izquierda, la cabeza del asesino de mi mujer y mi hijo. Aún podía sentirse el hedor de la sangre putrefacta en el ambiente. A mí alrededor, continuaba el estrépito del choque del acero contra el acero, seguido del lamento de los que probaban la afilada espada del enemigo hundiéndose en su carne. Me dirigí hacia el acantilado que daba al mar, parándome al llegar al borde. Sentí la brisa marina por el rostro mientras las olas chocaban furiosas contra las rocas. Cerré los ojos, y por unos instantes olvidé donde me encontraba. Al abrirlos volví a la realidad. Elevé la mirada al cielo, y levanté la cabeza que llevaba en la mano izquierda. Luego grite:

-¡Oh Dios Misericordioso! Aquí tienes un fiel servidor. Esta cabeza que te brindo es la de nuestros enemigos. Nunca he matado en vano, y en esta terrible guerra siempre he defendido tu potestad. Este es el hombre que mató y violó a mi mujer, llevándose consigo la vida del hijo que llevaba en su vientre. Sabes bien Señor, que mi lucha es en nombre de la justicia divina, y que mi espada te sirve. Acepta mí venganza en nombre de esta justicia, que yo seguiré llevando orgulloso el símbolo de tu magnificencia. Yo prometo servirte fielmente, hasta el fin de mis días en la tierra, cuando por fin, vuelva a reunirme con mi mujer y mi hijo. Amén.

Luego, agarré la cabeza ensangrentada y la lancé al mar, perdiéndose esta bajo la espuma de las olas que chocaban contra las rocas. Recé de nuevo por el alma de mi mujer y mi hijo, y me dirigí de vuelta hacía donde se encontraba el resto de los soldados. La victoria había sido nuestra. Muchos celebraban el triunfo en la batalla riendo y bailando, aunque viendo el gran número de compañeros que habían caído valientemente en el campo de batalla, a mi entender, poco había que festejar. Me uní directamente al grupo que recogía los cadáveres de los caídos. Mi única preocupación en ese momento era poder darles cristiana sepultura para su descanso eterno.
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Corre- buen -Hombre

Corre buen hombre,

corre buen niño,

las bombas caen desde lo más alto

trayendo destrucción y miseria

por desespero del Egoísta.



Corre buen hombre,

corre buen niño.

En el patio de tu vida

caen bombas desde lo más alto

arrasando con tu habitad,

incordiando tus sueños.



Corre buen hombre,

corre buen niño.

Las bombas caen

desde lo más alto

malogrando tu reposo

pero no tu consuelo.



Corre buen hombre,

corre buen niño

Las bombas caen

desde lo más alto

enturbiando el agua que consuela tu sed

y la mano que alimenta tu calma.



Corre buen hombre,

corre buen niño.

Las bombas caen

desde lo más alto

y vuestra alma tiembla,

despavorida esgrime su ansia y dolor

¡pero resiste!

Los cuadros pintados que cuelgan en la pared,

los poemas escritos en sangre,

los cantos apagados por la fuerza,

aún ponen policromía a los sueños de la humanidad.

Ellos,los pintores ,los poetas , los cantores

dejaron su sangre esparcida en la historia

por culpa de las bombas caídas desde lo más alto.

Y en algún patio, donde corrían tintas de llanto

el papel intratable ,se convirtió en lienzo de batalla,

las bombas que caían desde lo más alto

no quebrantaron la esperanza,más bien avivó la fuerza de contar en el ayuno

la alegría por vivir

y los sueños por venir.



Corre buen hombre,

corre buen niño.

Las bombas algún día dejaran de caer

en las tierras del hombre de plegaria,

porque el forjara su nuevo destino

por voluntad y conciencia,

y tú buen niño, tendrás el alivio en tus manos

y la sapiencia en tus nuevos pasos para hacer crecer la sabiduría en cada parto.

Corre buen hombre,

corre buen niño y escribe con la tinta del perdón

en el papel vacío de la nueva Historia del hombre

que aguarda impávido e impaciente comenzar a escribir sus capítulos más sublimes

sobre la preservación y la conducción de su especie.

Corre buen hombre ,corre buen niño,asegúrate que las bombas que caen desde lo alto más no detengan la andadura del buen niño ,especie en extinción, que vive en los rincones del planeta olvidado, donde su cielo lo han pintado con bombas, pero que su destino le llevará a nuevos caminos de la vida que el hombre deberá surcar.

Corre buen niño ..Cómo corres niño .. No pares de correr..
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Las cosas que siempre fueron gratis

A veces los delirios se transforman
en pedazos que ya nadie recuerda
se vuelven recuerdos de una vida vieja
donde el vestigio del pasado
nos deja un desenlace intraducible
de unas últimas palabras
que balbucean irreverentes la última esperanza
para no morir de un eterno tedio.

Dicen que el polvo que navega frente a mis ojos
fue alguna vez tu piel
vivió de sus propias historias,
hasta que la realidad finalmente la abrumó
con un cansancio casi inerte por el frío
que bajó las defensas que alguna vez amurallaron mis sueños
jamás pude volver a dormir con esperanza y no tener que soportar
ese mañana en el que se sueña con ser mejor.

A veces la ansiedad aprisiona a los desvelos
con tantas ganas para no despertar jamás
que pintamos un cuadro lleno de ilusiones por lograr
las cosas cambian sólo porque tienen que cambiar,
nadie dejará de sujetar tu cuello amoratado
simplemente por una débil piedad
tienes que huir antes que las marcas
no se puedan borrar en realidad.

A veces las sombras dejan caer su suave velo
y nos muestran quienes realmente nos creemos,
tenemos miedo de olvidar nuestros sueños
por descuidar nuestro desvelo
desalineando nuestro cuerpo pensando que con eso
distraemos al cuidador de las poesías
a el amante de los versos
pero eso simplemente no sucede porque la prosa no tiene dueño.

A veces, solo a veces no es siempre
y rogamos olvidar todas las ofensas que se acumularón
como craneos en el caos del invierno
queremos quedarnos solo con lo que es bueno y saborear lo bien que se siente
intentarlo de nuevo aunque esas sean nuestras últimas palabras escritas
de una mirada que disimula no poder ya leer
nos hemos quedado sin el tiempo para comprar las cosas que siempre fueron gratis.



Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
16/11/2017.
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