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Esperanza de caos

Cuán lejos estás, paraíso olvidado
Dónde llorar el hombre sin temor,
Sin temor a ser amado
Como un cadáver que todavía respira

Perdido, en un inmenso atardecer
Enorme abismo de dolor
Sobre lo que otros llaman placer
Ahogate tu mismo en el poder

Alguien me contó, sobre una mujer
Esperando ahí afuera con flores y amor
Suave y tierna como una sensación de dolor

Puedo ver, en su totalidad
Labios de un alma iluminada
Donde el sol se une con su cuerpo
En una pureza nunca antes imaginada

Oh cálida brisa destructora
Abraza el éter de nuestro corazón
Invitandonos a vivir.
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La historia de una chica y un café

Por Riberpa



Capítulo 1 Génesis


No más de veinte minutos habrían pasado, se había ido tal vez para siempre, y ya empezaba a recordar que todo había empezado en ese increíble tres de agosto de hace cerca de dos años, el destino cruzó una delgada línea y en medio de mi incertidumbre apareciste; recuerdo que yo venía en malas condiciones precisamente porque no eran mis mejores días, las presiones y la soledad habían cobrado y afectado mi salud.


Realmente era incomodo sentirse en ese desequilibrio físico y emocional, fui sin más aliciente que cumplir un requisito más, recuerdo estar ahí sentado esperando sin sentido, al oír mí nombre gire con algo de desidia, pero inmediato mi rostro cambio, está viendo aquella persona que se accidentaba en mi vida y colisionaba frente a mis ojos, ahí estaba esa figura menuda, normal dirían muchos, pero cuando mire sus ojos algo me atrapó; sólo lo descubriría tiempo después.


Camine a su lado durante un corto trayecto las primeras palabras cruzadas fueron como un libreto poco profundas, diplomáticas, pero poco a poco me entró el afán de hablar, tal vez tome la iniciativa tratando de agradar por aquello de la primera impresión, buscando crear un lazo que desde el principio mi corazón sintió que se anudó en mí, el tiempo relativamente voló para mí, parece que hubiera desaparecido el resto de escenario.

Sería presumido pensar que tú correspondías desde esa primera cita sólo mi imaginación desbordada de emoción lo recreo, hacía rato que no me sonreía la vida y ese día tuve la suerte que uno no busca, sino que te encuentra. Aterrizado en mis recuerdos vi correr nuestra historia y esa primera conversación corrió dejando en mi la sensación de un querer más.

A veces nos pasa esa incómoda situación de tener sensaciones inexplicables, irte, pero desear volver tan pronto como se pueda, tal vez existen esas diosidencias que se colocan tú camino para hacerte menos pesado el viaje y empiezas a preguntarte qué enseñanza habrá detrás de estas experiencias a la que llegas cuando menos piensas y cuando tus velas se han ido apagando poco a poco.


Capítulo 2 Añoranzas.

Hoy me fui con esa sonrisa que esa “extraña” me regalo a mi otro extraño, esa delicadeza envuelta en una flor de mujer donde cada palabra que brotó me llevo a la tranquilidad, había olvidado que, si hay gente hermosa y que el empaque es engañoso, había luz en tus ojos y ahí me conecte pensando en que los próximos días fluyera en mi un ángel capaz de corresponder ante tantas dádivas que entregabas a borbotones.


Esos días anteriores a nuestro nuevo encuentro estuvieron plagados de recuerdos, de contar los días esperando retomar nuestra conversación y con la esperanza de seguir reconociendo en ti aquello que había tratado de buscar con algún desespero durante varios meses , en donde soñaba frecuentemente en disfrutar de una conversación y que esta fuera tan lenta como pudiera , alargando cada minuto y sintiéndome afortunado porque estarías ahí para recibir mi sonrisa, con una empatía perfecta y así aprovechar cada uno de esos espacios que me regalaras.


En esas noches pensaba como este sentimiento naciente e ilógico debería manifestarse y en mi mente se cruzaba varias opciones que iban desde unas señales de SOS desesperadas de que te fijaras en mi de manera perentoria hasta pasar desapercibido y solo dar ligeros toques de estas sensaciones que iban creciendo; la noche anterior a nuestro nuevo encuentro me sentía como aquella oruga queriendo convertirse en un abrir y cerrar de ojos en una mariposa amarilla en un mundo lleno de color , sin embargo decidí colocar pies en tierra y reconocer que si bien desde niño me habían vendido la imagen del amor a primera vista esta requería de algo más y lo iría comprendiendo en el camino que me esperaba.


Capítulo 3 Conociéndote


La mañana estaba fría, si bien llovía copiosamente podía ver la gente caminar rápidamente , doy un giro a mi pensamiento he intento imaginar que cada uno de ellos vive su mundo y está pensando en las horas por venir , en sus anhelos y metas de ese día; yo por mi parte venía con esa ansiedad que había tenido los días anteriores, con un solo objetivo confirmar si esa conexión primaria y básica que sentí era real o parte de mi imaginación, de nuevo volví a la realidad y seguía caminando , apresure el paso dando zancadas más grandes y volví a sentir frío en mis manos y ansiedad en mi corazón.


De un salto nominalmente entre al edificio me anuncie y espere con impaciencia el encuentro, por un momento me quede absorto y de nuevo reacciono cuando alzo mi mirada y la vi acercarse hacia a mí, como si me conociera de siempre me saludo con un gran don de gente, sin embargo siempre guardo la formalidad que ameritaba la situación, a pesar de ser la segunda vez que coincidíamos nos sentimos cómodos como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo , sentía una buena energía y esto era signos de un buen comienzo para seguir escribiendo letras en el libro en blanco que no había obsequiado el destino.


Hasta ahora me había referido a ella como esa figura menuda y realmente quiero guardar en mi memoria fotográfica tu rostro el cual contemplo de manera directa y en especial esos dos puntos de guía que son sus ojos , he de decir lo que primero vi fue una sonrisa permanente que uno no olvida, vas irradiando luz con una actitud que pocas veces uno ve, más qué describir lo físico de tu belleza admiro lo que inspiras , me llevas a soñar y no queda otro camino más que agradecer a la serendipia que me permitió conocerte, aquí y ahora estoy seguro que si fuera por tu sencillez dirías holas no crees que estas exagerando ? y yo simplemente tendría que decir que pude ver más allá de lo que vieron los demás.


A ratos quisiera describir todo lo que pasa en mi cabeza cada vez que se generan estos encuentros que he de reconocer se presentan por un tiempo limitado y que son de obligatorio cumplimiento pero que disfruto como si fueran libres y espontáneos, me llena el alma de fe, de un sí se puede y de creer que la vida vale la pena vivirlas gracias a la existencia de seres humanos que van regando enseñanzas como semillas con la esperanza de aportar a la vida de cualquiera de nosotros, hoy salgo convencido que sin importar este final ya dejaste huella en mí.


Capítulo 4 La despedida


Así fueron pasando esos sesenta y cinco días de cercanía en donde cada reunión se fue acrecentando sin explicación alguna un afecto inusual que me llevaba a sentirme pleno y a desear día tras día volverte a ver esos sesenta minutos en los cuales el reloj pareciera estar corriendo unos 100 metros planos, eran implacables y a pesar de que sentía que no era indiferente había una barrera implacable de superar; lo sabía y el tiempo se agotaba y no quería llegar a ese final que era tan seguro como la muerte.

Quisiera detallar cada uno de esos instantes vividos en este corto tiempo; donde las letras se darían un banquete ya que se plasmarían todos lo que nos fue sucediendo en donde en cada cita nos sentíamos más dependientes el uno del otro , cada vez conociéndonos más y estoy seguro que tanto tu como yo nos pasó algo que aún no tiene nombre pero que existió , y ahí me queda anclada ese siete de octubre donde se rompió ese cordón umbilical que nos ató durante 65 días, recuerdo salir algo melancólico mas no triste porque comprendía que había tenido suerte y que lo vivido había calado una gran huella que me impediría olvidarte.

Entendía que en ese momento había diferencias que no permitían una relación diferente a la que el destino nos brindó y que antes de manera valiente lo desafiamos y lo llevamos a un escalón más allá de lo permitido, así me fui con una posibilidad escasa de contacto, pero existía como al aire que exhalaba cada mañana posterior a nuestro adiós.

Estábamos cerrando ese primer año y luego de atragantarme con las ganas de escribirte decidí hacerlo de manera sencilla y empezamos otros ciclos de escritos sin vernos en donde te compartía mis escritos que nacieron de la inspiración surgida de los sentimientos hacia a ti, ahí nacieron poemas sentidos que leías y luego me dabas tu opinión donde me reafirmabas que era grato para ti leerme y me agradecías abrirte la puerta de mi vida.


Capítulo Final ser agradecido

Recuerdo que este medio escrito me trae gratos recuerdos contigo ya que siempre recibí una respuesta ; ahora lo sé con certeza el hecho de conocerte fue para mí muy importante disfrute de cada segundo y cada sorbo de este café retrasado en el tiempo y pospuesto por el destino , desde entonces solo pienso que la serendipia llegue a mí para atreverme a soñar contra lo que parece imposible.


Ayer nuevamente recorriste mis pensamientos como en tantos otros días en que te posesionas de mí y aquí estoy escribiendo estas líneas para evocarte y esperando poder robarte unos segundos y una sonrisa ; como diría Benedetti mi táctica y mi estrategia era mantener esa pequeña posibilidad de contacto viva a través del tiempo así fueron transcurriendo meses el cual después de muchos obstáculos se cristalizo una noche fría de aquel 7 de marzo.


Hoy soy consciente más que nunca de las limitaciones que tenemos, unas más que otras y que solo si Dios lo permite caerán, sin embargo, hoy no hay tristeza ni dolor; tengo el recuerdo de la más hermosa sonrisa obsequiada a mí por esos ojos que aun evoco y sabes que entiendo tu silencio y lo respeto, tu historia, tu pasado, pero si por una extraña razón quieres verme ahí estaré ya que siempre he tenido fe en ti.

La noche llega y tu recuerda reposara en mí y a partir de hoy en estas letras que quedaran como vestigio de aquel hombre que llego a destiempo a tu vida y que lo poco que compartió lo hizo de corazón y a plenitud conscientes de sus defectos, cierro los ojos lentamente y mañana será otro día

Esta historia continuará
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El árbol que quiso volar

Corteza áspera y frutos amargos. De formas extrañas y colores raros.

Eras el árbol desconocido. De ramas gruñonas y hojas largas.

Las raíces te llegaban a lugares ocultos, perdidos. Pocos duendes las habían visto.

Pero yo, diminuta, me colé por tu tronco y llegué a la copa.

Descubrí que, bajo esa coraza de madera y tierra, tienes savia que brota.

Y ojos mansos.

Cálidas las manos y corazón -sí, corazón- blando.

Perdiste, en algún momento, tu capacidad de echar el vuelo. Decidiste, en lugar de eso, dar sombra y frutos en invierno.
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Te imagino

Te imagino descalza
bailando con la vida,
asustando al miedo,
y atrayendo olas que al besarte
no quieren volver al océano.

Te recuerdo cada día,
como esa planta
nacida en el cemento
que soñaba con no ser vista
y alegraba la vida sin saberlo.
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Piezas

Te imagino y sabe bien
Armarte de a retazos
Piezas, piezas…
Siempre fuiste un todo desarmado,
Inexplicable.

Profundo verde de bosque
En tu mirada camuflada,
palabras de frutos silvestres
en la piel de los besos.

Me arrastra la corriente de tu sangre
Es cálida y me arropa
Roja, verde, metálica
Como el mar, el bosque y el volcán.

Eres, en toda tu tierra
La unión de los elementos
Eres piezas soldadas
Con fuego y frío,
Eres todo, y me ensamblan tus fragmentos.
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Muerte al ocaso

Es una voz,
un aliento agrio
que engulle todo lo que pasa por su lado.
Hay demasiado lodo
enredado en las piernas
y el viento helado
comulga con la sobriedad del cielo
que se desploma
sin reparo
en cada sueño.
La indefensión es tan sublime
que al final forma parte de nosotros,
y no importa que nadie se preocupe,
que nadie nos pregunte,
porque hemos aprendido a llorar solos.
La sonrisa extenuada de tanta fuerza
no resiste
y sin embargo,
los pies rotos por todas las piedras
no desisten.

Piensas en cerrar la puerta
e imaginar que los días
no son charcos de cemento que devoran
las esperanzas sostenidas con alfileres.
Intentar vivir
cuando la argolla tira de nuestros pensamientos
hacia un sin sentido que nos aterra,
que pretende atarnos y dejar que muera
el ocaso que debería acunarnos
aunque fuera en nuestra más íntima miseria.
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Me viene a la memoria lo que no ocurrió

Ansias. Nubes.
Me esperaba el amor,
con un gusto ignorado
en el beso completo
y en el cuerpo sin límites
un extraño temblor…

María Calcaño


No me pidas que imagine con ventisca una hoguera sin que arda en mis labios ni te queme a ti en los dedos. Ya no puedo, no me sale, no concibo otra forma de acercarme al recuerdo de un futuro que quiero que llegue a mi puerta, golpeando con un puño de desorden y naciéndole un puñado de amapolas en la palma de la mano.

No pretendas que desista de encontrarme donde se acaba el naufragio, es decir, a orillas de tu playa. No me llenes de celaje ese azul que veo tan claro desde que lo veo sin ojos, a través de mi ventana (al sur, siempre al sur). Ni siquiera el descontento me parece tan eterno a estas alturas, ni el odio que le debo a la musa se me hace tan pesado (porque claro... hasta lo fingido pesa, pero no). Tú lo sabes: al principio, era un juego, un vaivén, un cosquilleo y, después...

La próxima vez que te vea, que no será en sueños, me vendrán al recuerdo todas las escenas que hemos diseñado y se derramarán sobre mis versos las palabras que les faltan (para el poema perfecto). Además, según dice mi memoria, las calles a nuestro paso van a ser escaparate de esos días escogidos a conciencia de entre todos los que forman el catálogo de ansia de vida. Mientras tanto y, hasta entonces, me conformo con todo (para qué variar la poesía...) y le pongo a los días un flequillo de vesania que me ayude a proseguir.
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Recordándote

Se me apagó el universo
desde aquel último día que te fuiste.
El sol me mira raro y la Luna
no deja de llorar por tu ausencia.
Las estrellas ahora vagan por las aceras buscando una explicación y
las fugaces se quedaron atascadas,
como ese reloj de arena
abandonado que se olvida
del tiempo y es que
no quiero estar despierto
arrastrando este dolor que
me hace desvanecer en el cemento.
No quiero más cuestas
ni imaginarme ser otro
para poder subirlas.
No quiero este ahogo solitario,
ni estar buscándote
por el extrarradio
ni ser una sola montaña
para tantos rayos.
No quiero ser río de lágrimas
que no desenboca.
Ni ser sólo un suspiro de tu boca.
No quiero perderme
en tu recuerdo y mucho menos
quedarme preso de tu memoria;
Sólo quiero que sepas
que no quiero ser nada y
a la vez quiero serlo todo.
Que río y lloro,
y me relamo las heridas
siempre del mismo modo.
Aún espero tu llamada
con los clones de esta rutina
que me mata.
Espero tu voz de la misma
manera que un grupo de fans a su
cantante favorito.
Espero tu sonrisa al despertarte,
igual que tu figura desnuda
al acostarte.
No quiero hablar todo el día de tí,
pero la realidad es que
no sales de mi mente y
es evidente.
Nuestro amor se quedó
en aquel candado dentro
de un corazón colgado de un puente.
Donde llegue a protemeterte,
a besarte y a quererte
Y ahora tan sólo soy para tí
un ser inerte..
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Ella, o la poesía

Ella ya no es como eres tú
Ella es cielo como el azul
Es tan ola como el mar
Y es luz como la oscuridad

Ella ya no es quién imaginas
Ella es senda que camina
Es esa libertad tan añorada
Y cuerda con que se amarra

Es vida que me arranca
Amada que idolatro
Y amante despechada

Es suspiro que no exhalo
Susurro que se me atasca
Y así es como yo la amo
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120 km/h

Desee tener lo que el mundo me pedía,
hoy vagabundo de mí surco otras etapas,
soñé con imaginar donde me perdería
mientras tú con tu cuerpo me tapabas.

Mi mundo interior está a salvo bajo tus mantas,
aun cuando no subía las persianas pasaban los días
y las noches a los peligros sucumbían,
lucharemos contra lo que haga falta.

Hoy sólo quiero ponerle a la muerte trampas
para que caiga como yo caí en la melancolía
con unos ojos desolados como ante las largas

luces de un coche a 120 km/h en la autovía
que imparable contra la vida empuja y carga
como si al no sentir nada hiciera que no existía.
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Tuve

Tuve que acostumbrarme
a mirar la luna desde el lodo,
perdido en medio del ocaso y
adaptarme bajo las estrellas,
al aullido aclamante e
interminable del lobo.

Tuve que mojarme entero
intentando dar caza a esos peces
que se ríen a carcajadas de mí
en medio y ancho de ese lago.

Tuve que beber a sorbos
allá donde otros no se atreven
sin echarme ni tan siquiera
para atrás en el último sorbo.

Tuve que pasar días sin llevarme nada
a la boca y cuando por fin me eh sentado delante de un plato caliente no he podido comer ni la mitad por tener el estómago dolorido y cerrado.

Tuve que arrastrar mi soledad
entre la gente discutiendo
con mi ángel vs mi demonio
con un halo invisible para el resto y
nunca me pare allá donde
mi conciencia intuía que estorbo.

Tuve que correr y coger trenes
en marcha al igual que picar
el billete en el Alvia, el Ave y
apearme en la siguiente estación
dejando atrás al interventor y
los vagones del Talgo.

Tuve que viajar en autobús
por media ESPAÑA sin destino
buscando un porque?
Y he mirado con miedo de reojo
a la muerte allá donde me eh bajado.

Tuve que pernoctar en parques,
cajeros, portales abrazado al insomnio,
envuelto con una manta
de ansiedad y cuando he tenido
la oportunidad de hacerlo
en un cementerio
arropado entre almas
jamás lo he dudado.
La luz en mi sueño con el ocaso
me han otorgado y regalado.

Tuve que mirar mas allá a donde
pocos llegan y ven
Y trozo a trozo me voy encontrando
conmigo mismo.

No soy el número uno en esto
ni quiero que te salgas de contexto
aunque a veces lo intento y
es en vano.
Pero en el fondo muy al fondo
todavia tengo fé y se que valgo.
No voy a rastras, ni con las cuatro
a gatas, tampoco corro
pero junto letras como un jinete y
entre ellas cabalgo.

Pero me imagino que no habrá
nada más bonito y gratificante
para un poeta que le digan
por lo alto, voces entre el
público declamate algo...
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Quiero ser contigo (@_Sejmet_ y @Verín)

¿Qué eras, nostalgia? ¿Otro nombre dado al vacío? ¿Soledad? ¿Lo peor de mí?
Lo he olvidado, ¿acaso importa? Lo que vale y me eleva dos palmos por encima de las nubes es saber que la luz sigue encendida en mi pecho, justo eso. Eso justo anhelaba y lo he encontrado en la voz de un nuevo día despertándome del sueño.
Llegaste. Tan elegante… seduciendo con tu aroma de vida recién hecha y luciendo carmín en los labios del color de la poesía. Eras tú tan igual a los sueños… ¿Cómo no reconocerte en las plumas del ocaso que se funden con el vuelo de un poema? Sí, tú, suspiro de esperanza que no cabe en los pulmones (de quien milagros no espera). Espanto de nubes, tropel colorido volante en mi vientre, melodía continua, sonrisa permanente llamando a mi puerta. Es así, de esta manera tan perfecta, tan tuya, como desatas de la quimera los hilos que sujetan mis latidos a los puños. Ya son libres de posarse donde quieran, ya era hora que eligieran de destino el paraíso sembrado de luces que albergan tus manos.
Quiero ser contigo. Pero no me refiero a ser la mitad de un todo, parte, trozo, resto indefenso en tu ausencia. No. Hablo más bien de añadir más vida a nuestras vidas restando los miedos, sumando caricias, poniendo más tonos, más dedos, más brazos, más piernas, más lenguas… saliva.
Más...
Ser núcleo, temblor consentido, epicentro, gemido en mi boca entreabierta, calor enredado en tus muslos. Ser. De esta manera y de aquella y de otra diferente. De todas las posibles que halle una imaginación compartida como la nuestra. Quiero ser contigo otra existencia más allá de la mía. Una flor de las dos flores que decoran la maceta perfecta. La sombra que abraza a la sombra que forma la noche.
Nos queda el milagro en los ojos que imaginan y tocan y sienten. Queda el amor floreciendo en poemas escritos por manos que sueñan. Queda mi voz en tu boca llamándote Amor. Y por delante, un camino despierto y abierto ante ti, ante mí, para siempre.

(¡Ah! Una cosita... Muy pronto @TuroCarballo, nos prestará su voz y su guitarra para seguir haciendo magia con Quiero ser contigo)
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Gotera I

No fue culpa del daño
Ni fue el desdeño
No ha sido temor ni desgano
Todo fue causa
de un mismo color

Camino de costado
la ausencia,
el mar irreductible,
la imagen repetida
del ciclo sacrificio

Decir para ejecutar los pensamientos
Decir para sentir
Decir para nadie
Decir para nada
Sentir fuera de tiempo

Así
Duplicar los días
y sentir otra vez
el concierto
de las noches

Porque sentir
fuera de tiempo
es perjudicial para la salud
Tener problemas
para sepultar las risas

Imaginar no me sale
Distinguir no me sale
No me sale
Llorar desde la hoja
ya no me sale.


(imagen: Tarde de Domingo)
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Silvia

17 de noviembre.
Maldito diario:

Tras varios meses de ausencia
(casi desde el último abril
del que ya solo queda un tenue arco iris
en algunos fotogramas polvorientos),
tengo algo nuevo que contarte.

Esta mañana de ido con Silvia
(sí, con Silvia, has leído bien)
de compras a la Gran Vía,
a una de esas tiendas del centro
donde los maniquíes besan
sin censura a la anorexia.
Después de probarse nueve vestidos
he pensado, con franqueza, que para qué,
si no hay tejido mas hermoso que su piel.
(Pero claro, no he podido decírselo).
Al final se ha decidido por uno de flores
de mil formas y colores,
como si hasta el despiadado noviembre
fuese para ella primavera.
Pero si Silvia se empeña en que es primavera
florecen los cerezos hasta en la Antártida.

Después hemos ido de cañas a La Latina,
a los bares y esquinas de siempre;
ella ahora bebe sin alcohol,
y a mí, como siempre, casi me basta
con mirar sus labios mientras bebe.

Comenta Silvia:
"Enamorarse de la persona equivocada
es desenamorarse de uno mismo."
¡Qué poco se imagina ella cuán cierta
(y puñetera)
es esa afirmación!

Me ha hablado del último libro que ha leído,
del frío criminal que hace en Copenhague
del trabajo en el que acaba de empezar,
de que ya ve la luz al final del túnel...
La luz al final del túnel son tus ojos, he pensado,
verdes como las primaveras de la juventud.

Maldito diario...
¡no imaginas cuánta nostalgia cabe
en un par de palmos de distancia,
cuántos recuerdos revividos
de un lado a otro de una mesa,
cuántas primaveras levantando muros
entre su boca y la mía,
cuánta fantasía a mil años luz
de la puta realidad!

De vuelta a casa de sus padres
hemos regresado también a la infancia:
ya no está ese banco donde nos sentábamos
y tantas veces planeé besarla
cuando todavía no teníamos edad
(ni sitio)
para las tristezas,
tampoco el parque donde su risa
convertía un taciturno columpio
en una vertiginosa montaña rusa,
y un centro comercial ha engullido aquel descampado
donde jugábamos al escondite
y siempre me dejaba coger
(aunque ella no lo sabía)
por el simple placer de oírla gritar mi nombre.

"Nos han cambiado la ciudad,
el presente y hasta el futuro...
pero los recuerdos siguen en su sitio",
le he confesado.

Ella me ha mirado con melancolía
pero ha sonreído.
Hasta ese momento casi he creído
que podía salir ileso
(o con escasas secuelas)
de aquel encuentro
Pero esa sonrisa me ha derrotado...
y ya sabemos que no es posible salir ileso
de un naufragio en alta mar
o de los restos de un terremoto.
La misma sonrisa de entonces,
fascinante como un truco de magia;
la sonrisa de los recreos,
la de los cumpleaños en la calle,
la de las miradas cómplices,
la de tantas tardes en mi casa
compartiendo secretos y música,
un auricular para cada uno,
cuando las canciones eran una aventura
y sus letras himnos insondables.

La misma condenada e irresistible sonrisa
de te quiero, pero como amigo,
la de me voy a estudiar a Dinamarca
la del día de su boda
en esa fotografía con ese otro chico
que nunca fui yo.

Nos hemos despedido hasta la próxima
(quizás pronto, tal vez nunca),
con besos y abrazos tímidos.

Ya solo, sentado en el autobús,
con los ojos empañados
e intentando huir del pasado,
con su perfume y su sonrisa
aún prendidos en mi recuerdo,
he pensado en ese afortunado de la foto que,
en la próxima primavera,
decorará el suelo con los pétalos
de su vestido.

No he podido evitar odiarla,
odiarla con todo mi alma;
a la primavera claro,
porque a Silvia la amaré siempre.

Juanma
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Marlett.. la mujer sin nombre

Las circunstancias de la vida, nos obligan a mejorar el intelecto, la economía, todo lo material que creemos, debemos hacerlo.
Nuestro corazón nos mantiene vivos, no duerme, no pide dinero, no nos pone triste, nosotros lo hacemos trizas y aún así, vivimos.
No hay ser externo que pueda cortarlo con un cuchillo, ni con unas tijeras y que le queden horrendas cicatrices, somos nosotros que lo escarificamos, de a poco, y no nos damos cuenta, con el pasar de los años, nos duelen, se hacen profundas y las dejamos como trofeo.
No existe un ser mágico que nos alivie del dolor, nos alegre y nos haga feliz. Somos nosotros que de tanto buscar por fuera, nos olvidamos que en nuestro interior, tenemos una máquina perfecta, y tenemos tantas regiones sin conocer, que lo descuidamos hasta perecer, sin haber encontrado la cura.
Sabemos que la doctora del corazón, no encuentra el mal con su estetoscopio, ni puede ver las cicatrices, sin abrir nuestro pecho sin que nos sangre. Entonces, nos aconseja, nos muestra la solución a su entender, y casi nos deja conforme.
De tanta atención, la doctora del corazón, por ese mal nos entrega el análisis; Debemos buscar la cura nosotros mismos.
Yo, en el afán de escribir o hacer garabatos de historias de amor, me topé con mi sosia, un corazón igual al mío, con cortes y cicatrices, tan iguales, que podía sentir el olor sangre que emanaba a miles de kilómetros, tan profundos todos, que podía ver desde mi ventana, todo su mal.
Hoy sin el pudor que me caracterizan los años, puedo describir la forma que tiene, mi sosia, un corazón pequeño, el de Marlett...la mujer sin nombre, una doctora del corazón que vive con sus alas rotas, un corazón partido, con cicatrices sin curar.
Haciendo su trabajo con maestría, en esa mágica fábrica de vida que maneja, esa que nunca podrá sustituir el hombre, por nada que su imaginación pueda vislumbrar hasta ahora. Parte de ese corazón roto, es sosia del mío, no pregunten, sé lo que escribo, porque apenas lo vi, se unió al mío, como el ósmosis de las células que dan vida, así me la dio a mi.
No quiero ser extenso con esta cháchara imaginativa, pero debo decirle a ésta mecánico del corazón ajeno, que se hizo la dueña del territorio que supo sembrar, y cuando pueda divisarlo después de recorrer el mundo, el del exterior, y el de su interior, y sin ningún compromiso, y que su comprensión pueda mas que su sabiduría corporal femenina, que no es sólo amor, ni un simple amor a la distancia, que existen muchos pululando con lágrimas en el mundo, es mucho mas que eso, es admiración, tal vez gratitud, su dulce dolor ajeno, un empático gusto por sus dolores diarios, un amor, que donde se encuentre, sin wifi ni alambre telefónico, sentirá a diario, el que siento por ella, y que si mi corazón muere, seguirá amándola eternamente.
Qué cómo lo sé?……… Es que mi corazón, desde que apareció su sosia, el de tan lejos, de la mecánico; ! Ahora late a un ritmo diferente, igual al de Marlett..la mujer sin nombre, y no lo puedo dominar, y como me siento sublimemente feliz, puedo vivir y morir con esta falla, es mi vida, a la distancia, la que usted curó, que no se como sucedió.
Creo que fue Marlet.. ahora mi mujer, un ángel…...La mujer sin nombre.
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Lágrimas

No sabemos cómo fue la primera vez que lloramos,
nos lo han contado,
son historias de braseros cuando los hogares olían a humo de verdad,
a tabaco de padre, a madres paridas para ser madres,
donde los cuentos se asomaban a la noche
y éramos fuego de una niñez absoluta.
La última vez que lloremos tampoco lo sabemos,
lo imaginamos,
hemos aprendido la asignatura de la muerte
y la hemos suspendido leyendo páginas de libros caros,
todos lloramos igual porque hemos leído los mismos libros,
somos bestsellers de lágrimas de mercado.
No lo sabemos y eso lleva implícito nuestro fracaso.
Tal vez la lluvia sea por nosotros,

para recordarnos algo.
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Siento

Siento que aún vives
en la aureola de mi sombra,
en el aire de mi espacio,
que guías mis horas, mis días, mis pasos;
siempre te sueño a mi vera.
Siento que aún vives
al abrir cada flor sus pétalos,
en el despertar del Sol al alba,
en el canto de los pájaros
al unir sus alas en primavera.
En la corriente clara del río,
en la montaña de nieve austera,
en las risas y gritos de los niños
cuando al atardecer juegan.
Siento que aún vives
al entrelazar los árboles sus ramas,
cuando el viento sopla
y desola la playa de arena,
cuando en el horizonte el Sol se baña
y la Luna despacio despierta.
Siento que áun vives
y me empuja tu energía
para conseguir mis árduas metas,
cuando despacio camino
y mis sueños se ahogan en la tristeza.
Siento que aún vives
y te imagino siempre dispuesta
igual que cuando era niño
y mi cuna mecías por peteneras.
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Noche sin estrellas

Regreso el tiempo por momentos
imagino escenarios sin lamentos
revivo miradas peligrosas
evito sensaciones dolorosas.

El día de ayer es tan pasado como otros
mañana se siente tan distante como nosotros
pero al cuerpo calor y al alma una flor
pues este amor tiene mucho valor.

Me desvanezco de la realidad con canciones
y busco aquella que unió nuestros corazones
te pienso incesantemente con ojos cerrados
se quedan así, se quedan callados.

El viento trae consigo tu perfume
inhalo con fuerza hasta que entume,
quiero que sepas que tu amor quema
quiero que sepas que eres un poema.
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Yuxtaposición cotidiana

Vender sangre
o morir de hambre.

Asistir a una boda
y anudar la soga.

Camuflarse
para superarse
y nunca encontrarse.

Adolescentes,
que venderían
a su madre.

La Rambla,
llena de turistas.

Ciudades,
donde sobran dignatarios,
y faltan artistas.

Creyentes,
faltos de rosarios.

Revoluciones
en los barrios.

Sonrisas por desfalcos
y un Estado
innecesario.

Mejor vivir
para escribir
que morir
por un salario.

Arrancados los ojos
y en las manos,
nunca admitir
que sangramos.

Hace tiempo
que no me pregunto
por mañana.

No me siento a gusto
ni en mi cama.

Por eso de madrugada,
imagino yuxtaposiciones
de la vida cotidiana.
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Vivir Contigo

Quiero vivir con amor

amarrada a tu figura

para que en la noche oscura

me ilumines por favor.



La luz de tu claridad

es como mi firmamento

que logra en todo momento

disfrutar la inmensidad.



Me fascina tu beldad

y tu manera de ser

que brinda felicidad.



Jamás me querré perder

de esa grata realidad

que imagino merecer.


Autora: MaMiHeGa
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