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Esperanza hecha promesas

Huyendo de un futuro,
persigo un instante en el presente,
olvidando lo que ignoro,
recordando el silencio
de pensamientos no dichos.

Como plegaria llena de promesas,
de promesas no hechas,
de promesas no cumplidas,
promesas imposibles de prometer,
imposibles de borrar.

Cada día es idéntico al anterior,
mas distinto al siguiente,
mientras en mi interior
anido la esperanza de no sucumbir
a mis deseos, a mis instintos.

Entonces me invade la bruma,
la más gris y espesa de las brumas,
mi cuerpo pasa a un estado
de inmovilidad sentimental
paralizando toda motivación.

No tengo pies, ni manos
para escapar de mis alientos,
abandonándome a éste torrente,
procurando no chocar contra las rocas,
cierro los ojos en una oración.

Padre tu que conoces las fuentes
de todo sentido y sentimiento,
alumbra en mi oscuridad
los pozos de mi esperanza,
ayúdame a entender el porqué.

Mi cuerpo siendo arrastrado
por esta corriente enfurecida,
abro los ojos, mientras el agua
surca mi rostro enmudecido
por el cansancio y el dolor.

Me invento un futuro imperfecto,
porque tus ojos no requieren
de artificios para mirarme,
tu boca de disfraces para besarme,
devolviéndome la vida,
con tan solo un beso
o tan solo una mirada.

Amén
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Sonreír y sangrar al mismo precio

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Solo sabía huir…
Varón caucásico de edad en cuenta
regresiva y nula solvencia económica, inquieto
neutrón por el campo electromagnético de la
vida, con demasiados nombres añadidos entre la
realidad y su persona; con una angustia
que no sabe, no contesta, ni perdona.

Solo sabía huir…
Presumiendo de la hidalguía de un péndulo de
polvo; su madre le advirtió desde pequeño
“nunca se te ocurra ponerle alas a los lobos”.
Tan pobre de glorias que quiso quedarse
con las que otros dejaron tiradas;
antídoto saturado de contraindicaciones.

Solo sabía huir…
Y brindar por las aspas de las historias
desorientadas; con la sensación de que todo está
perdido, y los relojes solo señalan mordiscos del
pasado; aunque sea imposible guarecerse de una
llovizna de lágrimas, y no resulten recomendables
las respuestas fabricadas a golpes de puño.

Solo sabía huir…
Del borrador donde se fugó su primera metáfora
truncada, vestido por una juventud que se
derrumba, con lágrimas ásperas, puntuales;
y su excepcional costumbre de bailar junto a las
ruinas. Estornudaba aguaceros y silencios,
para sonreír y sangrar al mismo precio.

Solo sabía huir…
Como quien contempla una estatua de
mármol esperando que un día eructe.
Rezándole a la impunidad que
otorga el exorcismo de la lejanía,
buscando el pequeño milagro de que lo
efímero se transforme en perpetuo.

Solo sabía huir…
Y aferrarse a la circunspección,
a la amnésica daga que rasga la noche,
a la mirada estancada en el cemento
ahuecado… Sin detenerse a observar que
aquello que fue y seguía siendo
iba siempre colgando de su espalda.

Solo sabía huir…
Indultando promesas hechas a regañadientes;
condenado por la campana, que por jactarse
de siniestra, repiquetea en código morse,
titubeando en un ideal de absurdos, malversando
emociones, deseando encontrarse unos versos de
Jorge Manrique flotando en el aire.

Solo sabía huir…
De su madriguera de espejos incomprendidos,
afinando su demagogia en corrales ajenos,
practicando el más desaconsejable de los actos:
Dejar escapar la felicidad justo cuando empezaban
a tutearse. (Cada quien hace de sus propias
carencias un clamor en harapos).
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Alta literatura

Cuando uno era
más joven y más tonto, esperaba
ese golpe de belleza que te inspira
el poema perfecto.

La tenía, la tenía...
Mas era de locos.

Ay, molinos con ínfulas de gigante.
Ya no quiero ser el héroe
de un imposible.
Quisiera liberarme de esa quimera,
como el oro desprecia la avaricia.

Toda la poesía
suena complicada,
pero no lo es.

Y ahora, que la noche y el arte
me encuentran solo y más viejo,
todo es esperar, oír
la alta literatura de tus pasos
tras la puerta de casa.
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Tres mil millones de brutalidad

Cada cierto tiempo me atraviesa un tucán
dejando tras de sí un gorjeo primitivo.
Su voz monótona reverbera
en la vasija que es mi cuerpo,
hasta instalarse en un quebrado.

La fragilidad me define.
Si diese un grito,
me rompería.
Por eso callo.

Es sólo cuestión de tiempo,
sibila alguien tras mi oreja.
Pero nunca hay nadie.
Sólo manchas sobre las pupilas.
Una llama azul sobre la palma de la mano.

A medida que el tucán se distancia de mí,
lo oigo hundiéndose sordamente en un mar verde.
Desaparece,
transformado en una bandada de mariposas.
Decenas, cientos, miles.
Alas nacaradas,
turquesas, verdes blanquecinos,
azules metalizados, destellos,
chispazos naranjas, violáceos,
purpúreos, carmines,
un incendio de colores en la foresta,
ascendiendo,
descendiendo,
el orden dentro del caos,
alzándose entre glaucos,
esmeraldas y frondosos paisajes.

Allí, en ese mundo,
soy tres mil millones de brutalidad.
Tres mil millones de pares de bases enlazadas,
con la finalidad de ordenar lo imposible.
Mi brutalidad pisa una orquídea.
Treinta y cuatro mil millones pares de bases,
reducidas bajo una bota.
Treinta y cuatro mil millones pares de bases,
de información para moldear la belleza.
La mía, la partitura que me compone,
cabe en uno solo de sus cromosomas.
¡Uno!

El mio es un ADN mal zurzido,
una producción rápida
falta de diseño.
Un recorte de genes mal hilvanados.
No hay sublimidad en la forma.
La naturaleza se ha detenido en la belleza,
ha invertido tiempo:
seleccionando,
escogiendo,
filtrando,
hasta dar lugar a la delicadeza de las flores,
la finura de las mariposas,
la graciosidad de las aves,
la magnificencia de los árboles,
la lindeza de las ranas,
la preciosidad de los helechos
y su despliegue esplendoroso,
de una beldad infinita.

Y en medio de tanta hermosura,
mis apenas tres mil millones de brutalidad
alzados sobre sus piernas,
contemplando la inmensa serpiente
de aguas turbias que secciona la selva.
Me sigue la (ci)vilización del necio.
El lenguaje del salvaje.
El bestia se ha armado con regla,
escuadra y compás.
Artilugios rígidos.
Estrictos.
Para tomarle la medida al todo.
Instrumentos incapaces de plasmar
un mundo que se retuerce y se quiebra.
Un mundo en contante transformación.
Uno que se reinventa cuando se le altera.

El punto es incapaz de percibir la línea.
La línea no puede concebir el plano.
El plano nunca entenderá la tridimensionalidad de la esfera.
El continente, el cuerpo nos pone fronteras.
Dicen:
las líneas paralelas no se cruzan.
Nunca,
aseguran.
No sólo se cruzan,
sino que se unen,
cerrándose una sobre la otra,
abarcando el infinito.
En hélices de belleza
con un alfabeto simple:
adenina (A)
citosina (C)
guanina (G)
timina (T)
cuatro bases nitrogenadas,
cuatro anillos químicos,
para escribirlo todo.
Para dar forma a todo.
Incluso a mis tres mil millones de brutalidad.
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18comentarios 136 lecturas versolibre karma: 95

He guardado en tu mirada algunos versos

Sin previo aviso,
he guardado en tu mirada
algunos versos,
retazos intrusos de una rima imposible,
letras escritas en sal y fuego,
restos,
de nuestro lenguaje vulnerable.

Allí, en el espejo donde reflejas
lo que llevo escondido,
entre el color y el cristal
de nuevas noches,
en el bosque de tus ojos,
donde me rindo

y me pierdo.

Sí, he guardado en tu mirada algunos versos,
sin previo aviso

hoy vengo por ellos...
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Paseo entre la ventisca

El cielo se volcaba delicadamente sobre el suelo en un movimiento lento y fluido.
El mundo había quedado reducido a un torbellino de cenizas blancas que borraba el horizonte.
Todo parecía estar suspendido en la nada.
Tu estabas a mi lado pero el espacio entre nosotros parecía cada vez mayor.
Más espeso y etéreo al mismo tiempo.
Simplemente se difuminaba lo que había entre nosotros.
Eramos pura ventisca arrastrándonos el uno al otro.
Subiendo y bajando,
arrojándonos,
de un lado para otro,
de aquí para allá,
contra un paisaje que desaparecía en cada uno de nuestros arrebatos.

Cuando la tormenta arrió estaba sólo.
Caminé por un campo de nieve sembrado con cabezas de caballo.
Sus lenguas congeladas colgaban pintorescas de unas bocas grandes y grotescas.
Era un espacio virgen y estéril.
Muerto.
Allí donde la razón y la palabra son imposibles.
Ese punto en el cual se desata la tragedia.
Al cerrar los ojos no reconocía a quien veía.
¿Eras tu?
Temo que fuese otra persona.
Me aterra pensar que he olvidado tus facciones.

El desenlace de la tragedia carece de toda importancia.
No se sobrevive a ella,
lo que resulta es algo completamente nuevo,
distinto a lo que había precedido.

Pienso a menudo,
caminando todavía entre esas cabezas congeladas,
en el camino,
el sendero que nos llevó ha despojarnos del lenguaje y la conciencia.
Sin ellos estamos ahora incapacitados para todo.
Entramos,
jugando como quien no quiere la cosa,
en el espacio de la incertidumbre.
Nos dejamos llevar,
y ahora, aquí, en este páramo helado y vacío,
intento volver la vista buscando un paisaje familiar.
Sólo veo cabezas equinas de rostros esperpénticos y lengua frías.
La palabra es imposible para ellas.
Aquí estamos todos mudos.
Un pajarito de las estepas,
posado sobre mi labio,
se ha llenado el buche con todo mi lenguaje.
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15comentarios 122 lecturas versolibre karma: 89

Trastorno de despersonalización...

Yo me sentaba en la orilla de la cama, con el rostro entre mis manos, sintiendo como mis dedos se marcaban en mis mejillas y en la frente. Los ojos cerrados sólo percibían pequeños destellos de luz dentro de una obscuridad profunda, colores violetas y verdes, algunos dorados y blancos. Como si viajara por mi propio espacio viendo galaxias luminosas que no existen, así como yo no existo.

La noche me rodeaba y el ruido silencioso de las calles me arrullaba, escuchaba a la lejanía los autos pasar, los pasos de las personas que caminaban por las calles solitarias, los insectos que de vez en vez hacían un pequeño ruido, tan simple que no sabía si lo escuchaba en verdad o sólo era mi mente la que los inventaba para mantenerme consciente. Podía sentir la brisa que cruzaba por mi habitación, como si de una sombra con vida se tratara, percibía claramente su murmullo sereno y frío detrás de mis oídos, hacía que se crispara mi piel, cada bello de mi brazo se levantaba al sentirla como si despertara de un pequeño sueño llamado por la voz de un frío que no hiela, pero si reanima.

El aroma de la habitación medio vacía entraba por mi nariz, podía degustar cada parte de ella, las sábanas destendidas, la ropa en el suelo, el tazón de cereal aún con leche, los zapatos arrojados a cualquier parte, y un leve aroma a comida frita que entraba por la ventana; todo se conjugaba en un intento de la vida por mantenerme en ese lugar y en ese espacio.

La memoria a veces me fallaba imaginando cosas que no me sucedían, pero recordándolas tan vívidas que me era imposible comprender que de verdad nunca ocurrieron; o por el contrario, existían fotos, vídeos, pruebas concretas de sucesos en mi vida, de los cuales no tenía la más mínima idea de que hayan sucedido, la gente me contaba las anécdotas y yo las escuchaba y escuchaba, y cada vez las hallaba como nuevas, ¿y quién dijo eso? preguntaba y todos respondían "TU" con cierta cara de burla e incredulidad.

Me daba por escapar de esta realidad tan jodida de pagar impuestos, de ir al trabajo, de buscar una esposa, de tener una familia, de pagar la renta, de divorciarte, de que los hijos se vayan y todo termine donde empezó, en soledad. Me pregunto a veces cómo puede ser este el plan de Dios, si yo no encuentro ningún trazo por donde camino, ¿acaso es un plan confidencial, de esos "Top Secret" el cual todos conocen menos yo? A veces esa idea me ronda la mente y me causa terror, ser el que vive esta vida sin que sea realmente mía.

Por eso escapo a los campos azules de cielos dorados, donde las libélulas gigantes me llevan a las montañas de lava helada. Donde las sonrisas son sonrisas sin la necesidad de un rostro. Ahí soy feliz, donde me duelen los pies de tanto correr y cuando me detengo descubro que ni siquiera tengo un cuerpo, donde un pensamiento persigue a otro y juegan a que se volvían realidad, me gustan esas ciudades donde los autos no se necesitan porque todos podemos volar. Será que sueño tanto que por eso me cuesta trabajo dormir por las noches.

Sabe, estas ideas no las comparto, porque las personas no las comprenden, me miran raro y me pasan de lado, he decidido vivir ese mundo de color para mí, y usted puede decirme que soy un egoísta, y puede que tenga razón. Pero yo le estoy contando todo esto y usted me mira con el mismo rostro engreído de la sociedad que juzga en lugar de comprender o por lo menos de intentar hacerlo. Si usted me contara que soñó que montaba un águila, yo le preguntaría ¿Y qué se siente? Yo vine aquí porque me han dicho que usted es de los que tratan estas cuestiones dándoles un fin para que uno pueda ser normal, pero... y qué pasa si después de contarle todo esto me he arrepentido y ya no quiero ser normal, no me interesa serlo. La normalidad es el conformismo del abandono de los ideales, y usted es un experto en hacer que se abandonen ¿o me equivoco?, yo lo único que quiero es no sentirme sólo en un mundo tan maravilloso, tanto, que quisiera compartirlo, pero la gente no lo desea.

Dígame usted, señor experto, ¿qué hago para mostrar esta vida tan increíble a una sociedad tan desolada?

El doctor, lo miró fijamente con el ceño fruncido en señal de meditación. "Yo amigo mío le creo todo lo que ha dicho y como bien lo menciona soy parte de una sociedad funcional donde muchas veces lo soñadores como usted no son comprendidos, le prometo que a partir de hoy todo comenzará a funcionar mejor".

Mi rostro sonrió, pero no por el gusto de escuchar sus palabras sino por la ironía de lo que dijo, pues contrastaba con los trazos de la pluma fría y nostálgica a tinta negra sobre el papel blanco carente de consciencia... TRASTORNO DE DESPERSONALIZACIÓN.

...

Gracias doctor, de hecho, comienzo a sentirme mejor.
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Jamás podré encontrarla

Miré al monte con ojos otoñales, e imaginé sendas entre las jaras y cantos en los arroyos clandestinos. Pensé y no supe dónde ir, escuché susurros entre las hojas, sentí que miraba, sentí que veía. Supe, entonces, que las ciervas corrían. Sin destino, sin caminos, sin cadenas, totalmente libres, como el viento del otoño, como las hojas que caen y los arroyos que esperan con ansías el caer de las aguas. Entonces, comprendí que tenía que abandonar los caminos y seguirlas, aunque siempre supe en el perdido fondo de mi corazón que jamás podría encontrarlas, por qué cómo iba a encontrar a algo tan libre qué ni la libertad puede nombrar, cómo iba a seguir algo que no deja más rastros que el viento a su paso.
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Mujer ceniza

Fui el silencio de tus labios
la sombra de un amor inacabado
un alma en fuga que se llevó el viento
la tristeza de un adiós inesperado
la contrariedad en tu vida
el palpitar de tu corazón enamorado
la del sueño imposible
la que rozabas con el corazón
llevándola como flor entre tus manos.
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Moda-1926

Te encontré,
entre olor a rosquillas de anís y canela.
Entre balones, muñecas y nubes de parques
se desvanecieron las ocho mil lunas.
Te encontré,
entre cierres de ojos con beso,
trapecios de carreras, marchitas revistas de moda
y en eternos juegos
de aquellos que estaban por inventar,
crecieron nuestras rodillas sangrantes.
Te encontré,
compartiendo con tiza secretos particulares,
conociendo melancolías que hoy son recuerdos.
Imaginamos nuestra máquina del tiempo,
y reímos en viajes imposibles.
Pero te perdí jugando al escondite,
dulce y jovial hoja caduca,
que arrastrada por el viento de un perpetuo otoño,
te hiciste inmortal.
Y como el tiempo no regala encuentros,
tizas ni besos,
ayer con nuestra improvisada máquina del tiempo
me atreví a volver a ti,
y a tu piano de cipreses,
tan mayores y altos ellos,
que a pesar de resguardarte,
mecen sus puntas al viento
llorando tu ausencia.

Fotografía: “Nouveautés 1926”, Hélène Laurent (Lille, Francia)
Comunidad Artística La Poesía No Muerde (lapoesianomuerde.com/2017/11/10/moda-1926/)
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Silencio detrás de los ruidos - Píboro

Silencio

Silencio detrás de los ruidos
jamás visto ni conocido
este bolígrafo te rompe
mi respiración te corrompe
¿dónde estarás?
¿cómo te consigo?
si eres imposible
con mis latidos.

Píboro
@Pboro4
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Domesticar un corazón es maltratarlo

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Vos estarás subiéndole el volumen a tu
fragilidad, mientras despuntarás el recuerdo de
aquel tiempo en que siempre encontraba
refugio en el vientre de tu insomnio.

Y yo aquí, espejismo de una cohorte en
retirada, tan distraído por pensarte que acabo
de barrer una parte de mi sombra,
desconfiando de mi selectiva forma de olvidar.

Los dedos tensos de los soñadores
de imposibles se olvidaron de insinuar
que domesticar un corazón es maltratarlo.

Vos estarás en tu gemebunda realidad,
viendo la tarde desembocar en un desfile
de exprimidas reverencias ante la triste
imagen de las magnolias congeladas.

Y yo aquí, como pozo de otro
sapo, polímata de saberes secundarios, frotándome
la frente con el recuerdo de un
café anémico consumido en una ciudad lejana.

Cada vez que firmo a deshoras el contrato
con una lágrima de arena,
cumplo tres años por minuto.

Vos estarás dejándote madrugar por
un desinterés de risa forzada, con el
apuro de los que no van a ninguna parte,
transformando la incomprensión en opresión.

Y yo aquí, haciéndome el despierto,
enhebrando una oscuridad
innominada, desdibujando sistemáticamente
mi destino con gesto ceremonioso.

Es tan pesada la carga de
lo que siento, que los versos
se me caen de las manos.

Y vos, Galatea de melancólicas facciones,
estarás frunciendo el entrecejo con organizada
perseverancia, queriendo fabricar un azar
que obedezca a las líneas de tus deseos perezosos.

Y yo aquí, puliendo esta forma tan
mía de darme la cabeza contra un muro,
haciendo una parodia de “Bailando bajo
la lluvia”, justo debajo del diluvio universal.

Cuando se desestiman las dimensiones
del aburrimiento, cada hora es un
bofetón que carece de franqueza.

Y vos estarás cantando 33 a las
navajas, pisando hipocondría en la oficina, lustrándole
la caspa a la osadía de contar
las heridas como quien tacha un calendario.

Y yo, sin mí, concentrado en mi afición
de quebrar ritos y escarbadientes, enviudando
de adjetivos traspasados por flechas oxidadas,
deshilachando los más furtivos sentimientos.

¿Ese vaso caliente donde se ahoga el
tiempo detenido no viene acaso a decirnos que
somos un cofre repleto de revelaciones imposibles?

El martes juega ya su tiempo de
descuento, y yo entro a mi vida
por la puerta de servicio. Tengo la
teoría de que nunca quisimos liberarnos de
nuestras culpas, y por eso jamás entendimos
que la felicidad es un acto fallido
que esperamos como un aguinaldo, ejerciendo
de sombras en penitencia contra la pared.
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El signo

Oculto
Entre mil sonidos suicidas
De la oscuridad hijo dilecto
Buscado insensatamente
En inextricables galerías
De imágenes vanas
El signo seduce
Con su promesa
De sentidos imposibles
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Hasta Que La Muerte Nos Separe

Ansiosamente espero tu llegada
A este lugar que Dios escogió para unirnos
Algo que la vida veia imposible que ocurriera
Y ahora está a mi lado dandome la victoria.

Vida que nos enseñó tantas cosas injustas
Para aprender a lidiar correctamente con ellas
Para que en ese momento no tomemos una absurda decisión
Y ser la diferencia dentro del monton

Desde que te conocí, sabia que tendrias un lugar especial en mi corazón
Pero jamas me imaginé que te adueñarias de el por completo
Y ahora me encuentro con el dador de la vida
Para entregartelo como ofrenda en tus hermosas manos.

En ese momentose abrenlas puertas de este lugar santo
Y ya mis lagrimas comienzan a brotar
Al ver la hermosa dama que Dios puso en mi caminar
Con su traje se dirige hacia el altar.

Ahora nos encontramos frente a frente
Levantando el velo me miras a mis ojos llorosos
Mientras todo mi ser por dentro me dice a gritos
"Felicidades campeón...al fin lo lograstes.

A lo lejos escucho la famosa frase:
"Hasta que la muerte nos separe"
Y yo riendome por dentro a carcajadas me decia: ni el podra detener este gran sentimiento ni acabar este amor que yo siento.

Culminando te doy ese beso que confirma nuestro amor verdadero
Y en esta historia declaramos lo que siempre hemos prometido
En estar en ese lugar santo amandonos
Escribiendo nuestra historia de amor casandonos.

Ahora dandole gracias a Dios me encuentro
En haberme dado la mujer perfecta en mi vida
Prometiendo en amarte y respetarte
Para encontrarnos tambien en nuestra partida
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La vida. La muerte

La vida después de la muerte. La muerte antes de la vida.

Porque todos tenemos a alguien que se fue, sin permiso. Porque todos tenemos a alguien que no nos llegó a conocer.

La muerte viene, y se va, sin más, dejando a los vivos, dejándonos, sin aliento, sin consuelo. La muerte crea un antes y un después para todos, y es que, todos no estremecemos al recordar a quien ya no está, a quien nos abandonó sin quererlo, y queriendo a veces, por desgracia.

No creo que nadie esté preparado para la muerte, aunque diga que sí, ni el que se va, ni el que se queda. Duele más de lo que se pensaba, para ambos, seguro.

¿Cómo se vive después de la muerte? ¿Cuánto tiempo pasas sobreviviendo en lugar de vivir? ¿Cuánto tiempo dura el luto, el luto verdadero, el de dentro, el del corazón, el del recuerdo?

¿Cómo superas ese pellizco que se crea cuando piensas: “tenía que haberlo/a conocido”, u, “ojalá lo/a hubiera llegado a conocer, o a conocer más”? ¿Eso se puede llamar dolor? Deseo imposible, deseo que nunca se cumplirá, quizás mejor que dolor, aunque pienso que lo sigue siendo, de otra forma, pero dolor.

Sí, hay vida después de la muerte, aunque se haya alejado más aún del paraíso. Sí, hay una vida después de la muerte, que quizás durante un tiempo ni quiera, ni pueda ser vivida. Sí, existe la vida después de la muerte, la nuestra, la tuya, la mía…, la de todos, y a todos nos ha llegado y llegará, más vale tarde, muy tarde, que pronto.

Y sí, también hay muerte antes de la vida, todos y cada uno de nosotros tenemos a alguien que no conocimos, o que no conocimos del todo, y que nos hubiera hecho bien que pasaran por un vagón de nuestro tren, que es la vida.
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Desayuno con poemas

Prostituyendo palabras…
Voy y vengo
de la boca de un imposible
a la cama de un chiflado.
He sido almohada
cada vez que se me ha roto un sueño,
y con la cabeza alta
voy y vengo
de una noche en vela
a un desayuno con poemas.

Paseando por el filo de la rima…
La deshecho
y de contrario
compongo con la cabeza en los pies.
Me he imaginado mi vida sin mí
y la he visto contar suspiros.
La he visto medio rota,
y a medio gas
se dedicaba a escribir
notas de despedida.

Jugando con las letras…
Apunto a matar a ciegas,
a tientas busco tempestades
y me anclo a la mirada de cualquiera
que sepa darme vena y percusión.
He cantado con las musas
cuando me encontraron hueca y brusca
y ante tanta desidia
me regalaron un motivo
y me prometieron el mundo.

Coronando finales…
Me dejo a medias y me quedo en el intento,
pues no quiero ni sé echar el cierre,
ni a mis versos quiero ver muertos,
ni puedo frenar a los amores imposibles,
al renacer y a la recaída,
a la voz rota,
al loco y su valentía,
al remiendo de los errores,
a las vueltas en la cama
y a las vueltas de campana
que al corazón hace víctima y ganador de palabras
que solo buscan la vida eterna.
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Degradaciones últimas

La oscuridad empuja con muros densos,
comprime como una pesada losa,
las podredumbres del cementerio.

Se vislumbran solo visiones
de reptantes sombras inmundas,
de vahos pegajosos putrefactos
que como gusanos van subiendo.

Las oscuridades palpables,
melosas, de los calientes vahos
muestran los fuegos de San Telmo
alumbrando los matices mohosos
que al cuerpo se van pegando.

Y el alma sólo ansias, ansias
ansias imposibles de mantenerse lejos.
De tantos lugares tantos recuerdos,
sueños febriles de escapar en naves
hacia otros lugares y hacia otros tiempos.

Inmesiricorde ¡fuera!, ¡fuera! , ¡huir!
¡Traerla presente rompiendo acuerdos!
Y entonces, al fin, escaparse libre.

¡Cómo suspira la mente!
Cómo se baña de luces
Mientras sucumbe el cuerpo.
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4comentarios 59 lecturas versolibre karma: 87

• efímero veintidós •

Hoy ha sido de esos días
en los que recuerdas idas y venidas
y te encuentras a ti misma
siendo una desconocida.
He salido de la zona de confort
que tanto me ahogaba, y yo,
tan joven e inexperta
he comenzado a tener la mente abierta.
De nada sirve
temblar y prohibirte
no cambiar y mentirte
diciéndote que puedes ser feliz
sin abandonar o sin irte.
Nunca me he definido,
porque nunca me ha gustado limitarme,
porque soy todo, soy nómada y navegante:
infinitas ganas me caracterizan,
ese afán palpitante
que a alzarme me obligan.
He roto las cadenas
que un pueblo y un vacío
me ahogaban en penas,
agua en los ojos y oídos:
no podía escuchar mis latidos
gritándome que escapara
hacia el olvido y no volviese
jamás a llamar a nada ni nadie
hogar o nido.
Hoy ha sido de esos días
en los que he mirado hacia delante,
con esa agonía del conformado errante,
y he aprendido a no reconocerme en el antes,
sino en un futuro incierto y apasionante
en el que gustosa puedo reflejarme.
He entrado al barco,
que sé que desde siempre me espera,
he saludado a mis acompañantes:
determinación,
ambición,
inconformista fiera.
Ese ansia por saber,
por querer luchar
sin miedo a perder,
querer gritar,
sin temor a desfallecer,
querer amar
sin privarme de ser.
De nada sirve
agarrarse al pasado o arrepentirse,
hay muy poca arena en ese reloj
para no aprovechar nuestro otorgado don
de poder evolucionar, escribir un nuevo renglón,
improvisar y cambiar el guión.
Nunca me he engañado,
ni he descartado sueños
por de "imposibles" etiquetarlos.
No he leído sobre enormes ciudades
triste por no poder gozar de sus escondidos lugares:
he trazado mapas,
hasta muy tarde,
sin fijarme en lo que puede salir mal,
señalando lo que puede hacerme volar.
He roto el disfraz
en el que durante tanto tiempo
me quisieron encerrar,
aquellos que tanto dolieron
ya no me pueden alcanzar.
Hoy ha sido de esos días,
en los que recuerdas mirar hacia atrás
sólo para poder divisar
cuánto camino llevas superado,
sonreír y señalar
cuánto te queda por experimentar. ★ //
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Mi vida a ratos

Como péndulo que oscila,
mi duda va y viene
en un incesante vaivén
descoordinado y absurdo.

No sé si habito este cuerpo
o solo me paseo por él,
en un oscuro juego de
estar sin ser o no estar.

A veces me lleno de luz,
ilumino todo a mi paso
y proyecto euforia, alegría
y ganas de comerme la vida.

Otras me repliego en oscuro,
me contraigo en una mueca
abstracta, imposible de definir
y de saber donde empiezo.

Me abandono al “antitiempo”
sin saber como salir de
este estado catatónico
y falto de sentido.

Pero a veces, me abro,
despliego las alas y
respiro vida, tiempo y luz.
Despierto del letargo.

Entonces me conozco
y reconozco mi buena estrella,
sonrío a todo lo que tengo
y me abrazo a ello.
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