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Mi esencia

Llevo más de un centenar de días en la sombra,
escribiendo a oscuras
huyendo de los fantasmas
con los que antes bailaba.

Con miedo a no ser capaz,
incluso temiendo no volver a ser real,
agazapada en mi cama
sintiéndome a salvo entre las sábanas.

Y es que sólo necesitaba eso, estar sola.

Antes mi cabeza estaba ordenaba,
mi cuerpo disfrutaba,
había encontrado el punto entre la noche y la mañana,
y en ese caos cósmico bailaba.

Pero llegó el inicio de una nueva etapa
llegó enero y algo en mi mente cambiaba,
los años pares sólo traen desgracias
y tenía un presentimiento que no se equivocaba.

Un clic pero a la inversa,
en vez de engranarse, mi mente se desordenaba
y ya nada funcionaba;
había perdido mi esencia.

El principal problema
era que no sabía si quería encontrarla
porque no sabia siquiera
por dónde empezar a buscarla.

Negocié con el infierno una tregua
quizás sólo necesitaba una pausa
tomar aire para volver a la guerra,
o al menos entender qué me pasaba.

Pero el precio era mi alma,
y no estaba dispuesta
a vaciarme para volver a sentir calma,
prefería quedarme donde estaba.

Sin embargo, me acostumbré a la inercia,
a ese no sentir nada
a quedarme atrapada en la tormenta
entre cenizas, acomodada.

Dejé de buscar la salida de emergencia,
empecé a llevarles la contraria
a todos los principios que guardaba
junto con aquellas cartas que nunca enviaba.

Decidí seguir navegando a la deriva
pensando que quizás encontrara
un salvavidas como por arte de magia,
alguien que me devolviera la calma.

A pesar de no haber vendido mi alma
seguía sintiéndome vacía
es decir, no sentía nada,
ya nada me hacía flotar como una madera en el mar.

Demasiado tiempo para pensar,
y algunas copas de más,
hicieron que todo se diera la vuelta
y entendí que si realmente me quería salvar
tenía que equilibrar mi balanza
en el punto exacto entre pensar y dejarme llevar,
mi cabeza lo sabía
pero mi cuerpo no podía más.

Sin embargo, me di cuenta
(y no era la primera vez que lo hacía)
de que nadie me iba a salvar
si de lo que huía no estaba fuera.

Cuando huyes de ti, nadie te puede encontrar.
Cuando no puedas más, tienes que parar.
"Cómo te van a entender si no te sabes explicar".
Pero no tienen que entenderte, a veces sólo un abrazo basta.

Al final todo volverá a ser, o así me suelo engañar.
La esencia cambia, como una llama
y no tiene por qué ser mala la nueva etapa
las piezas diferentes también encajan.
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Despedirse es romperse

Despedirse es romperse,
comer del plato
de una sopa de huesos.

Dejar marchitar la plenitud de flor en mi sangre

Es no pedirse más,
detener el columpio en el punto más alto,
mirar,
sentir,
ese lugar de fin del mundo,
y caer con inercia
en una aceleración que no termina nunca.

Despedirse es abandonar el jardín de palabras,
que han dejado de nombrarnos
para hablar en singular.

Las amapolas ya no se desnudan en compañía.
En realidad ya no son dos.
Eso es despedirse.

Es apearse del mundo.
Mirar,
mirar, mirar y no encontrar,
no ver,
un útero para reiniciarse.



*
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Ars Poetica

He vuelto a escribir,
como un antiguo vicio que contraje de joven,
y soy un verso mojado,
caído de unos labios,
cayéndose en fragmentos de agua.

La primera vez que escribí fue por amor,
las mariposas en mi estómago migraron a mi frente,
en su lugar quedaron peces de colores,
algunas se posaron en mis manos.

Escribo desde que tengo uso de pasión,
en presente progresivo,
en futuro imperfecto,
en participio.

Escribo por impulso,
por convicción y por vicio,
a veces también por inercia.

Escribo sin mesura y sin miedo,
dejo que el cauce de mis dedos se derrame,
que el agua de entre mis manos
se desborde,
que todo me inunde,
que todo se ahogue.

He estado escribiendo de día y de noche,
antes de dormir y al levantarme;
no está bien,
ya lo había controlado.

Me he descubierto a las tres de la mañana
en busca de un verso,
nunca me he cuestionado por qué escribo,
pero sí me he preguntado de qué sirve.

Pensé que podía escribir cuando quisiera
y que cuando quisiera también
podría dejarlo.

Escribir es sencillo, pero no es fácil.
Escribir me dispersa y me esparce.

Lo que escribes no sólo te define,
te retrata,
te identifica.

El que escribe poesía
no lo hace por gusto,
tampoco es que lo haga a la fuerza,
pero lo hace por influjo,
bajo influencia.

Quería dejar de escribir,
pero ha estado lloviendo.

Supongo que algunas personas escriben por placer,
deciden cuándo escribir,
sin importarles si llueve,
si se hizo de noche
o si se tiene algo atorado
en alguna parte.

El poeta no tiene un lugar favorito,
una hora determinada,
el poeta no decide cuándo escribir,
escribe porque tiene que hacerlo,
a menudo se descubre escribiendo,
se encuentra.

Los poetas son locos,
esos que escriben,
que no saben hablar.

Los poetas se caen y se hacen pedazos,
se quiebran a cada rato,
se mueren a cada rato,
y a cada rato,
qué bueno,
renacen.

La poesía te toma por la espalda,
te tapa los ojos
y quiere que adivines
de quién se trata.

La poesía juega sucio,
te acorrala,
puedes decir que no,
pero no importa;
cuando la poesía te ha elegido
no puedes hacer nada.

La poesía hace conmigo lo que quiere,
sabe mis secretos,
me amenaza con decírselo a la gente,
me tiene en sus manos.

Tomé a la poesía trémula entre mis brazos,
me miró fijamente,
como si quisiera decirme algo.

No sé si sea poesía,
pero me toma de las manos
con la propiedad de quien toma
lo que es suyo.

Tal vez no he comprendido el Ars Poetica de Horacio.
Quizá he entendido mal todo esto de la poesía.
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Entre un silencio perfecto

Como defenderse de la tempestad
con una voz desnuda
que evoca resplandores
ante una inercia casi intacta
por unas palabras que no descansan.

Te leí los ojos con mi soledad
eran como un jardín hecho trizas por la tormenta
no me alcanzo la noche para huir con miedo
seguí viviendo desnudo
callando en el íntimo amor de mis adentros.

Nunca más volví a pensar en nosotros
mi voz se volvió una estéril estatua de sal,
entre labios me esforcé por hablar
fui como un silencio perfecto
que vagó en la soledad de nuestros tiempos.

La muerte amaneció casi intacta
como un desamor que vive entre rumores,
a nadie le gusta adormecer a un ruego
y encontrarse llorando con el pecho abierto
muriendo por un amor enfermo.

Mi poema fue como una sonrisa en descubierto
como un verso desarmado
deshaciéndose en la fragancia de una boca vacía
con el pasado alejándose, escondiéndose del tiempo.

Fui prisionero de mis yerros
cercado entre todos mis errores
como una mariposa sin alas al querer volar al cielo
con la oscuridad de una mirada vacía cayendo.

Con un pequeño sesgo como esperanza
y con la última luz prendida de un fuego
así es mi presagio inmóvil de un páramo sin sueños
como una paloma herida que se niega a morir.

Corté un par de rosas
con la esperanza de poder volver a verte,
te marchitaste antes
entre los colores pálidos de una flor de invierno.

Entre espinas de una ausencia
no te pude más escribir
entre mis poemas te lloré
con mis versos te imaginé de nuevo.

El mute
14/05/2018.
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Inercia a la felicidad

La flauta llama a la aventura.
Concebido para elevarse,
ha de soltar mas no aferrarse,
diente de león en la soltura.

Mevleví al vuelo y con hermosura,
surca los universos sin disfrazarse,
confiado de que el céfiro le llevase,
donde la dicha es segura.

Vilano de oro sin premura,
ondea feliz al pasearse,
sabiendo que logrará renovarse,
en nueva flor infinita y pura.
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Liliputienses color limón

A base de trabalenguas desciframos las idas y venidas, las manos al pecho y las despedidas.

Pasos de peatones en los que se funden almas a la carrera, entre tanto bullicio dos dedos se rozan, dos muñecas golpean. ESE momento, esa chispa instantánea, la intimidad de dos extraños en una burbuja urbana.

Semáforos en rojo blandiendo pasiones, rugen ganas envueltas en asfalto, que deja de ser antracita y se tiñe de plata brillante. Mmmmm, cierro los ojos con el reflejo solar. Huelo el aire, la esencia está por encima de la contaminación, percibo la hierba caliente, las flores amarillas que desperezan entre adoquines, pequeñas y fuertes, liliputienses color limón.

Las palmas de las manos abrazan inercia, ondas expansivas de ansias vivas. Suben y bajan, agarran la magia que sólo llevan unos pocos encima. Gira en el aire un poso de vida, tiene risas, cervezas y un balón.

Frutas incipientes colgando del árbol. Les falta brío y ganas de crecer. Dejarán de ser yemas verdes, serán licor y miel.

Me comería este panorama entre hojaldre y chocolate, entre cerezas y nata. Pero qué a gusto viviendo. Pero qué ganas de no temerle a nada.
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¡A la papelera!

Porque sucede el tiempo de invierno
y las primeras flores de los almendros
riman con la niebla y la escarcha

(¡Joder, Esteban! Querías decir sobre su sexo
¡A la papelera!)

… de los almendros riman…
sobre tu sexo, como riman las pieles
cuando nada esconde el deseo y cada segundo

(¿Cada segundo? ¿Cada segundo? No me vengas Esteban
ahora con el existencialismo ¡Estás espeso!
¡A la papelera!)

…cuando nada esconde el deseo y hay un ámbito de certeza
sometiendo la inercia de la fuerza y la ternura a

(¿fuerza y ternura? ¡Joder! Pero tío ¿Qué te ocurre?
¿Así amas? Si en realidad quieres decir
que estás sujetando sus manos y viendo cómo sus ojos
van pidiendo el ritmo de los siete mares
¡A la papelera!)

¿De los siete mares? ¿Siete mares? ¿Aquí quién está amando?
¡Déjame en paz!

…van pidiendo el ritmo de todo lo que baila la inconsciencia

(¿Inconsciencia? Estás mal hoy Esteban ¡Muy mal! ¡A la papelera!)

¡Déjame en paz!

…de todo lo que baila la inconsciencia…
entre hálitos salvajes que derraman la única verdad,
porque puede que los sentidos sean algo
que haya que buscar dentro de lo peor de nosotros
y amar matando lo que se vive y tirarlo
a la papelera donde sólo estamos nosotros, doliéndonos.

(¡No me gusta! ¡Tíralo!)
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Sentirse vivo

Cuando te llegue el desánimo,
cuando la motivación termine,
cuando la alegría te ha abandonado,
y pienses que todos te han dejado,
piensa en esto:
La vida es un regalo Divino!
disfrútala mientras la tengas.
Que unos respiran por inercia,
y otros respiramos
para sentirnos vivos.

MMM
Malu Mora
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Mirar con delicadeza el relámpago

Hay días que se abren y
despierto como pájaro
abierto que vuela,
con pies de viento
hecho de hueso ligero.
Miro entonces el relámpago
con delicadeza
cuando me detengo
frente al espejo.
Lo imposible se escapa
por algún punto
de los que revela
la soledad callada.
Por la boca el pájaro
asoma alucinado
enfundado en plumón pardo
piando al imposible
gesto de amar en soledad.
Y verme cayendo,
cayendo de mi propia boca,
boca que alberga el paisaje
del agua batiéndose
en un sueño de remolinos
en posición fetal
hasta escapar por la ventana
avergonzado y sin lágrimas
que confunden a la inercia
del aire que empuja
que cede, que corre,
que el viento no
se equivoca de destino,
que el día se abre
el pájaro se abre
y vuela.
Y vuelo.
O quiero.
Deseo.
Nunca.
Siempre.
Caigo.
Vuelo.
Vivo.
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La poesía

Que del lápiz no salgan
azules ni negras
las huecas estrofas
de inanes domingos,
que el grafito anodino
de un pulso previsto
no manche la fruta
del árbol caído,
ni el trazo plasmado
se mezca en la cuna
de tantas verdades
prestadas sin ritmo.

Escoger la poesía
requiere el valor
de ser los demás
y ser uno mismo,
compromete a dejar
las voces que somos
a golpe de inercia,
barrotes y siglos,
a fuerza de normas,
preceptos, temores
y vendas tapando
la boca al instinto.

La palabra ha de ser
un coro de letras
cantando a los sueños,
al sexo y al vino,
un enjambre de tinta
bailando en el blanco
lejanos rumores
de huesos y pinos,
el simbólico pacto
de clara verdad
que firma el autor
por ser un testigo.

La palabra ha de ser
la luz que revela
los labios partidos
de sed en los niños,
los oídos que prestan
su humano altavoz
al grito sesgado
del hombre oprimido,
el alma que habita
al fondo del folio
dejando constancia
del mundo y sus hijos.

Lo demás es lanzarse
al son del disfraz
juntando vocablos
en puro espejismo,
que el tiempo desdice
sin actos solemnes
ni rimas perfectas
ni grandes lirismos,
cuando falta la fuerza
de haberlo soñado,
sentido, urgido
y al cabo vivido.
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Tan naíf

No consigo atajar la muerte
sólo partes del camino,
tengo escondido en la trastienda mi bienestar con el mundo.
Nadie le pide explicaciones al cuchillo por quien lo utiliza
si soy un asesino es por inercia
el tiempo mata con manecillas
y casi sin violencia.
Exponen el arma del delito en sus muñecas
yo no sé ni en que año vivo
las mías acompañan lo que quieren decir mis manos.
No me parece creíble,
no me gusta nada de lo que escribí
a veces quisiera prohibirme
este sentimiento tan naíf.
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Ahora no es navidad

Ya han pasado los días de Navidad. Se acabaron las felicitaciones típicas, el juego del amigo invisible, los regalos del señor gordito con barba blanca y los que trajeron los reyes mágicos. Se terminaron las cenas y comidas copiosas con los familiares. Se han recogido los adornos navideños, apagado las tiras luminosas de leds y envuelto las figuritas del belén. Todavía juegan los niños con los juguetes recién estrenados, mientras los papás se disponen a zambullirse en la rutina laboral y doméstica.

Ha finalizado el tiempo socialmente aceptado de la felicitación, de la alegría, de la solidaridad. Ahora comienzan las rebajas de enero para compensar el despilfarro de las fiestas pasadas y pagadas. Sin la suerte de haber sido agraciado por la lotería y con la misma salud que se tenía antes de las fiestas, siempre y cuando no se haya abusado en exceso de las comilonas. Vuelta al trabajo, al cole, a la inercia rutinaria de cada día.

Sin embargo, estos días anodinos son los que más necesitan de alegría y de encanto. El regalo de cada minuto de existencia tiene la fuerza de toda una fiesta. Los miles de besos depositados en las mejillas de los seres amados, la sonrisa ofrecida como señal de acogida y de encuentro, la palabra amable, el silencio educado, el abrazo con ternura, la espera esperanzada, la confianza en las posibilidades ajenas, la caricia afable… estas cosas sí que son auténticos obsequios de la vida.

Ahora también es tiempo del cariño, de los encuentros familiares, de las llamadas a los amigos, de las visitas deseadas. Ahora se disponen de muchos días para felicitar, para reconocer con gozo el crecimiento ajeno, para hacer reír, para jugar, para quedar a tomar un café, para escribir unas palabras a quienes queremos en la distancia. Ahora se pueden hacer visitas a quien está enfermo, a quienes sabemos que les afecta la soledad. Ahora se puede pasar un rato con las personas mayores que sólo desean a una persona que les haga sentirse importantes. Ahora, es precisamente cuando más se necesita la solidaridad. Ahora no es Navidad.
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Amor y Agonía

¿De dónde le surgió esa sangre fría
que viéndome llorar de esta manera,
conociendo el daño que me hacía
y no siendo la primera primavera
que yo con ella a gusto me sentía?

Succión de madrugada a sangre fría,
la savia de mis venas derramada,
manaron del silencio sus mentiras,
disfraces de pasión, cruel osadía,
que escarneció mi alma enamorada.

Temprano el corazón amanecía
deshecho como el ártico en la hoguera,
durmiendo la encontré, me sonreía,
¡qué ímpetu de inercia no volviera!
sabiendo que la vida nos huía.

Los restos del amor de la agonía
murieron esa noche en mis entrañas,
dolor quedó tras despertar el día...
almas muertas, ahora extrañas,
que un día rebosaron poesía.

Juanma
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7comentarios 118 lecturas versoclasico karma: 95

Futuro

El olvido es un reloj que adelanta,
si está en otros es también nuestro tiempo,
es parte del futuro ¿Te das cuenta?
No es como el recuerdo que nos llega de improviso,
es tan mortal como nosotros, es la herida que nos muere
en cada instante que vivimos, lo que nos deshace
en la inercia vital de cada abrazo, es la muerte de ayer
nunca enterrada, tan vivos estamos, inconscientes,
es sombra muda que nos ciega la esperanza
¿Te das cuenta?
No hay nadie después, sólo el regreso, sólo esa verdad,
esa verdad que no nos hace libres,
que nos ata al nombre que no pronunciamos,
pero ya es tarde ¿te das cuenta?
El olvido es un reloj que adelanta.
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Cautorretrato XVIII

La sombra de mis pies es amargada
cuando la ruta se hace irremediable
mente inquieta frente a esta encrucijada,
araña rota, terca y miserable.

En un patio de escuela abandonada
un niño juega solo, con un sable
de ideas que cortan como una espada
y abren las bocas sin que nadie hable.

Hacia sus pasos firme me dirijo
tras la elección que la inercia me impone
como a padres que añoran a sus hijos.

Hacia su fiesta viajan mis talones,
hacia su paz, mi gesto desprolijo
y hacia el futuro van mis decisiones.
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Indignación

Siempre fue el truco perfecto,
ser la pequeña inercia
delante de ebrios moralistas.

Soy hija,
pero el transcurrir
de mi planta muerta
me hace mujer.

Ser la niña de papá,
ser la niña que llora por papá.

¿Cuáles son los días
en las que mis noches
no caen en lo más profundo
de una sana decadencia?

Si se le puede decir sano
a algo que nos desvanece.
Si se le puede decir normal
a la esclavitud por opción,
cuando no tenés opción.

Cuando estoy en sentada
en los primeros escalones
de un cielo,
de un circo corrompible.

Soy el títere,
pero perdí mis hilitos.

Malditos cerdos,
versos de serpientes,
mis animales de la tierra.

Me creí parte del mar
en la odisea de espectador
en la boca del cordero
entre los brazos del lobo
y en el afán de su vanguardia.
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9comentarios 161 lecturas versolibre karma: 83

Huir de tu ausencia

Huir de tu ausencia es como huir del viento.

Y yo, en el fracaso anticipado,
me abandono entre los versos

a la inercia de su soplo.
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Dijiste

Dijiste, pon un trago más de otoño,
la luna de hielo sobre los vasos
y esas perras ganas de batir la hojarasca con la piel,
dejamos abiertos los libros de la vida
entre los gritos de los niños jugando con las olas,
cerca de la arena que después fue nieve,
tus pechos sabían a los primeros vinos,
a esencia de encinas y manzanas,
a los primeros besos que leí.
El amor no duerme nunca, comentamos,
ni la sonrisas al alba cuando buscan más sonrisas.
Déjame dormir, dijiste, bebe el resto de la inercia,
ya lo había hecho por la sed infinita
y acaricie tu copa con los labios.
Te oí respirar,
también a esas perras ganas de no salir de ti,
abrazado a un tiempo inseguro, como todos los tiempos,
mientras el viento nos llevaba hacía los flores de los almendros.
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La galería de mis curiosidades

Ojos brillando con malicia,
índice de la anhelada seducción,
ruegan a mi boca probar sus delicias
antes de que venga la devastación.

¿Por qué no escondo mi duda,
si el panorama se ve tan atractivo?,
ya no hay pureza
y lejos de ser algo contraproducente,
resulta ser un enorme incentivo.

Mientras más oculto yace el misterio
más monstruosa es la curiosidad,
y funge como un lucero,
uno muy difícil de apagar.

¿Por qué hay tanta hermosura en lo inexplorado...
si al final los granos de arena rápido se desvanecen?
me gustaría pensar que es algo simple,
pero realmente es algo muy complejo.

Es el mensaje de una entidad incorpórea
revelando su intención:
abrir las mentes y los cuerpos para hacerlos uno.
Lo que no sabemos es si se trata de uno más completo
o de uno más limitado.

No importa,
ya estamos cautivos,
somos las victimas expuestas en plena desnudez,
nos sentimos vulnerables, como infantes,
adictos siendo tus hormonas
y viajeros alrededor de tu excelsa anatomía.

La curiosidad es una deidad
cuando actuas movido por el sadismo,
simplemente no existe
y es muestra de un inherente egoísmo.

No importa que veas mis cartas,
no importa que leas mis manos,
soy difícil de descifrar
y en el fondo,
eso es lo que más te gusta.

Intento rondar como figura,
pero logro acabar como sentimiento,
ya no hay remordimiento,
sólo una sátira de la lujuria.

¿Será que éste si es el final de la curiosidad?
No, ella es el concepto de inercia
dentro del pensamiento humano:
El Lázaro más resucitado.

¿Quieres leer más poemas?: frank-ruiz.webnode.com.ve/poemas-y-escritos/
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