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El adiós

El acertijo no culminará,
mi histeria no cesará,
deja en vilo mi inseguridad,
ya la luz no iluminará.

Guerrera persa
me despido de este mundo,
no hace otro barullo
e inconcluye mi inercia.

Las tardes ya no son mías,
se fueron para no verme jamás.
Las tardes se me escaparon,
y en mis manos llorarán.

Mi corazón calla
hace silencio como el mar.
Mi corazón calla, gime,
entre tristezas del pesar.

Se va el amor,
se esfuma tu cara entre mis lágrimas,
entrecortado llanto,
tan exhaustivo,
como Domingos de depresión.

Una vez más,
la maquina con ruedas me recordara el adiós.
Una vez más,
mi abrazo acorazonado te despedirá con dolor.

Llora a cantaros la tempestad,
reza y sueña en oscuras
la tibieza de un beso en lealtad,
que ahuyente el total de las penumbras.

Desaparecen mis sagradas biromes.
Escapan de mí, como borbones.
Desaparecen de mi existencia.
Escapan como ovejas a pastores.

Todo es color misterio…
¿Quién guiara mi cuerpo hacia el cementerio?
Todo se vuelve oscuro…
¿Acaso yo pedí beberme esa jarra de cianuro?

Lo acepto, me estoy muriendo.
Se pierden mis entrañas
al no tener inspiración.
Se enloquecen mis inventos,
encontrando la aversión.

¿Ahora bajo o subo?
¿Persevero el viaje o huyo?
¿Nunca probare un labio tuyo?
¿Entonces se apaga el fuego? ¿Es que nunca lo hubo?

El día que te dejes cosquillear por Dios,
entenderás porque quería ser tu compañero.
Ya no importa, soy tan obsoleto,
que lo único digno ahora para mi es el adiós.



Josué Demaría.
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Oda al mar

Porque me desvistes entre amaneceres y ocasos vacíos... En ti se sumerge la llama, de lo fingido... Mi geometría se expande, cuando te respiro... Mar que entre luces y sombras me descalzas. Tú reflejas que quietud no significa inercia. Extraño tu aroma sondeando mi alma sedienta...
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4comentarios 108 lecturas versolibre karma: 91

Pluma cerrada

Te tenía entre mis letras
Eras su destino final
Ahora escribo por inercia
Aunque te busques en ellas
No son tuyas, ya no estás. .
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Te busco

Me gusta caminar a buscarte, como si el abismo delante de mí no fuera cierto.
Ni una voz, ni un sensor, ni un estruendo viejo; sigo a la nube muerta, a la sombra blanca, al precipicio roto.

Mi cuarto es un siglo deforme y siniestro. El suelo es algo en el paisaje, y no me toca, y no me muerde, me siento calmo, exploto y duermo, me arrebujo en tus alas y redoblo el cielo, bato la espuma negra.

Soy el que espera gloria, el que atrae maleficios, el imán de toda insurrección.

Te encuentro en una carta añeja, en la huella del suplicio verde, en la tierna constelación, en la bruma del polvo ocre, en la pintura de esta historia insomne.

Sigo el algoritmo de tu imagen triste, invento una ciencia vaga contra esta oscura ecuación.

No soy el héroe de tu salvación, ni quiero ser el villano de tu perdición.
Soy consuelo ciego, breve y embustero, cobarde y enmudecido, soy el diablo en un iglú, un perro asustado, un payaso de verdad.
Soy un corazón legítimo, un espectro de la desintegración, el vestigio de mis sentidos.
Soy el colmillo de esta automutilación, soy el golpe en el techo, el temblor en las piernas, la alarma del olvido y el tañido de la última conflagración.
Soy fracaso floreciente, transparencia turbia, vengo a blasfemarte dioses, a despojarte el mundo y a rescatar una desilusión.

Me concentro, me destruyo y vuelvo, solo me sobreviven dos anhelos, uno por pupila tuya.
Te busco por inercia torpe, por dinamismo intenso, por sonambulismo crónico, por fatalismo cínico, por masoquismo dulce, por atracción onírica, por pasión ilustre, por amor enfermo, por cura y por eterna contemplación.
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Sin término

Pensamientos en molinos de agua

en la inercia de un giro a oscuras

fase menguante,

el umbral de la sequía.


Has sembrado en cada uno de mis mares

flores de fuego y perversión

fantasías de otros tiempos

realidades tangibles de mi vuelo.


Me estrello contra las piedras

de este sendero retorcido

lacerando los versos,

en añoranza

del lenguaje dulce de tus vísceras.


Tú, el primer y último verbo del día

esperando a ser conjugado

en la falta de tu sueño,

me dejas declinada,

sin término.
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¿Tocarte?

¿Y qué será de mí si no te tocó?
¿Te imaginas?
Desde que el hombre
sus primeros pasos dio en este planeta
se propuso tocarlo todo,
el agua, los frutos, el viento,
pero no pudo ir más allá de lo que
sus brazos se estiraban.
Así que solo pudo disfrutar del suave
contacto del lomo de su perro,
del gato, de la lana de la oveja
y los pezones de su esposa.

Mas… ¿para qué te digo estas cosas?
¿Qué espero de ti?
¡Ojala comprendas la necesidad que tengo de tocarte!
Es que te sueño y sueño tu piel
tan dulce como el agua,
tan sabroso tu sexo como el fruto,
tan ligero tu cabello como el viento,
tan suave tu espalda como la del perro
y que arqueas tus nalgas como el lomo del gato.

¡No! No hables, no hay necesidad…
no quiero saber si protestas,
no quiero escuchar si te niegas,
déjame con mi ilusión de tocarte,
al fin y al cabo las personas
están hechas de eso mismo, de ilusiones.
Nos creemos listos para cualquier decisión,
para cualquier aventura, creemos que lo sabemos todo,
pero en realidad lo queremos todo.
Todavía hay quienes se creen lo suficientemente altruistas,
como para dejar escapar sus sueños, su vida.

Pero yo no soy de esos,
no tengo fuerzas para vivir si tú me dejas,
si me quitas la ilusión de tocarte,
las pocas fuerzas que le quedan a mis manos,
se irán, se marcharán con la inercia,
con la impotencia, con la rabia,
con la apatía y el sedentarismo.
Pero ahí radica tu poder,
que tienes en tus manos la decisión.
¡Maldita facultad de tu albedrío!
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Existimos

¿Cómo comprender a la colectividad humana?
¿cómo direccionar tanta existencia inútil
que hace tiempo se ha perdido en el camino?
Somos víctimas de la hegemonía de lo diabólico
que nos vuelve diabólicos a nosotros mismos.

Inercia, la maldita estupidez
de seguir la imbecilidad de otros,
de no escapar de los huesos podridos,
de sucumbir a los estallidos de pus,
de postrarse ante corazones roídos.

Existimos y no creemos en ello,
nos dejamos vencer las ganas,
nos dejamos vencer los sueños,
existimos pero existimos muertos.
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Mi esencia

Llevo más de un centenar de días en la sombra,
escribiendo a oscuras
huyendo de los fantasmas
con los que antes bailaba.

Con miedo a no ser capaz,
incluso temiendo no volver a ser real,
agazapada en mi cama
sintiéndome a salvo entre las sábanas.

Y es que sólo necesitaba eso, estar sola.

Antes mi cabeza estaba ordenaba,
mi cuerpo disfrutaba,
había encontrado el punto entre la noche y la mañana,
y en ese caos cósmico bailaba.

Pero llegó el inicio de una nueva etapa
llegó enero y algo en mi mente cambiaba,
los años pares sólo traen desgracias
y tenía un presentimiento que no se equivocaba.

Un clic pero a la inversa,
en vez de engranarse, mi mente se desordenaba
y ya nada funcionaba;
había perdido mi esencia.

El principal problema
era que no sabía si quería encontrarla
porque no sabia siquiera
por dónde empezar a buscarla.

Negocié con el infierno una tregua
quizás sólo necesitaba una pausa
tomar aire para volver a la guerra,
o al menos entender qué me pasaba.

Pero el precio era mi alma,
y no estaba dispuesta
a vaciarme para volver a sentir calma,
prefería quedarme donde estaba.

Sin embargo, me acostumbré a la inercia,
a ese no sentir nada
a quedarme atrapada en la tormenta
entre cenizas, acomodada.

Dejé de buscar la salida de emergencia,
empecé a llevarles la contraria
a todos los principios que guardaba
junto con aquellas cartas que nunca enviaba.

Decidí seguir navegando a la deriva
pensando que quizás encontrara
un salvavidas como por arte de magia,
alguien que me devolviera la calma.

A pesar de no haber vendido mi alma
seguía sintiéndome vacía
es decir, no sentía nada,
ya nada me hacía flotar como una madera en el mar.

Demasiado tiempo para pensar,
y algunas copas de más,
hicieron que todo se diera la vuelta
y entendí que si realmente me quería salvar
tenía que equilibrar mi balanza
en el punto exacto entre pensar y dejarme llevar,
mi cabeza lo sabía
pero mi cuerpo no podía más.

Sin embargo, me di cuenta
(y no era la primera vez que lo hacía)
de que nadie me iba a salvar
si de lo que huía no estaba fuera.

Cuando huyes de ti, nadie te puede encontrar.
Cuando no puedas más, tienes que parar.
"Cómo te van a entender si no te sabes explicar".
Pero no tienen que entenderte, a veces sólo un abrazo basta.

Al final todo volverá a ser, o así me suelo engañar.
La esencia cambia, como una llama
y no tiene por qué ser mala la nueva etapa
las piezas diferentes también encajan.
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Adaptar

Adaptarse.
Para volver a apreciar el azul del cielo. Para no olvidarnos de que todo siempre continua. Adaptarse para seguir en movimiento, para no paralizarnos por culpa del miedo, para volver a respirar por que queremos, no por inercia.
Seguir el circulo. Entender que no eres un punto en el planeta. Eres una fuente de vida, de oportunidades, de valor.
Añadir cercanía, acortar distancias. Ser menos distante y entender que las proximidades suman.
Adaptarse para seguir creando, creciendo, aportando. Dar sentido a las cosas. Evitar el vacío de lo que no llena, emancipar a la tristeza y someterse a la alegría. Seguir sus protocolos. Sonreír, soñar vivir.
No contar minutos, añadir emociones.
No perder los estribos, encontrar los amarres.
Adaptarse.
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Despedirse es romperse

Despedirse es romperse,
comer del plato
de una sopa de huesos.

Dejar marchitar la plenitud de flor en mi sangre

Es no pedirse más,
detener el columpio en el punto más alto,
mirar,
sentir,
ese lugar de fin del mundo,
y caer con inercia
en una aceleración que no termina nunca.

Despedirse es abandonar el jardín de palabras,
que han dejado de nombrarnos
para hablar en singular.

Las amapolas ya no se desnudan en compañía.
En realidad ya no son dos.
Eso es despedirse.

Es apearse del mundo.
Mirar,
mirar, mirar y no encontrar,
no ver,
un útero para reiniciarse.



*
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Ars Poetica

He vuelto a escribir,
como un antiguo vicio que contraje de joven,
y soy un verso mojado,
caído de unos labios,
cayéndose en fragmentos de agua.

La primera vez que escribí fue por amor,
las mariposas en mi estómago migraron a mi frente,
en su lugar quedaron peces de colores,
algunas se posaron en mis manos.

Escribo desde que tengo uso de pasión,
en presente progresivo,
en futuro imperfecto,
en participio.

Escribo por impulso,
por convicción y por vicio,
a veces también por inercia.

Escribo sin mesura y sin miedo,
dejo que el cauce de mis dedos se derrame,
que el agua de entre mis manos
se desborde,
que todo me inunde,
que todo se ahogue.

He estado escribiendo de día y de noche,
antes de dormir y al levantarme;
no está bien,
ya lo había controlado.

Me he descubierto a las tres de la mañana
en busca de un verso,
nunca me he cuestionado por qué escribo,
pero sí me he preguntado de qué sirve.

Pensé que podía escribir cuando quisiera
y que cuando quisiera también
podría dejarlo.

Escribir es sencillo, pero no es fácil.
Escribir me dispersa y me esparce.

Lo que escribes no sólo te define,
te retrata,
te identifica.

El que escribe poesía
no lo hace por gusto,
tampoco es que lo haga a la fuerza,
pero lo hace por influjo,
bajo influencia.

Quería dejar de escribir,
pero ha estado lloviendo.

Supongo que algunas personas escriben por placer,
deciden cuándo escribir,
sin importarles si llueve,
si se hizo de noche
o si se tiene algo atorado
en alguna parte.

El poeta no tiene un lugar favorito,
una hora determinada,
el poeta no decide cuándo escribir,
escribe porque tiene que hacerlo,
a menudo se descubre escribiendo,
se encuentra.

Los poetas son locos,
esos que escriben,
que no saben hablar.

Los poetas se caen y se hacen pedazos,
se quiebran a cada rato,
se mueren a cada rato,
y a cada rato,
qué bueno,
renacen.

La poesía te toma por la espalda,
te tapa los ojos
y quiere que adivines
de quién se trata.

La poesía juega sucio,
te acorrala,
puedes decir que no,
pero no importa;
cuando la poesía te ha elegido
no puedes hacer nada.

La poesía hace conmigo lo que quiere,
sabe mis secretos,
me amenaza con decírselo a la gente,
me tiene en sus manos.

Tomé a la poesía trémula entre mis brazos,
me miró fijamente,
como si quisiera decirme algo.

No sé si sea poesía,
pero me toma de las manos
con la propiedad de quien toma
lo que es suyo.

Tal vez no he comprendido el Ars Poetica de Horacio.
Quizá he entendido mal todo esto de la poesía.
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Entre un silencio perfecto

Como defenderse de la tempestad
con una voz desnuda
que evoca resplandores
ante una inercia casi intacta
por unas palabras que no descansan.

Te leí los ojos con mi soledad
eran como un jardín hecho trizas por la tormenta
no me alcanzo la noche para huir con miedo
seguí viviendo desnudo
callando en el íntimo amor de mis adentros.

Nunca más volví a pensar en nosotros
mi voz se volvió una estéril estatua de sal,
entre labios me esforcé por hablar
fui como un silencio perfecto
que vagó en la soledad de nuestros tiempos.

La muerte amaneció casi intacta
como un desamor que vive entre rumores,
a nadie le gusta adormecer a un ruego
y encontrarse llorando con el pecho abierto
muriendo por un amor enfermo.

Mi poema fue como una sonrisa en descubierto
como un verso desarmado
deshaciéndose en la fragancia de una boca vacía
con el pasado alejándose, escondiéndose del tiempo.

Fui prisionero de mis yerros
cercado entre todos mis errores
como una mariposa sin alas al querer volar al cielo
con la oscuridad de una mirada vacía cayendo.

Con un pequeño sesgo como esperanza
y con la última luz prendida de un fuego
así es mi presagio inmóvil de un páramo sin sueños
como una paloma herida que se niega a morir.

Corté un par de rosas
con la esperanza de poder volver a verte,
te marchitaste antes
entre los colores pálidos de una flor de invierno.

Entre espinas de una ausencia
no te pude más escribir
entre mis poemas te lloré
con mis versos te imaginé de nuevo.

El mute
14/05/2018.
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Hilo

Sujetaba un hilo.
Inexplicable tu cuerpo.
Amanecía.
Temblaba.
Era como suspirar
en el temblor de la incertidumbre.
Como el mar, la sal.
Como el agua, tus párpados.
Y en medio yo.
Como la vida.
El ruido es transparente
como el rayo.
Sin sudor.
Solo un abrazo.
En medio,
la inercia.
Nadie.
Y en el extremo.
Unos labios.

Paisajes de una Dama, 2013
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Liliputienses color limón

A base de trabalenguas desciframos las idas y venidas, las manos al pecho y las despedidas.

Pasos de peatones en los que se funden almas a la carrera, entre tanto bullicio dos dedos se rozan, dos muñecas golpean. ESE momento, esa chispa instantánea, la intimidad de dos extraños en una burbuja urbana.

Semáforos en rojo blandiendo pasiones, rugen ganas envueltas en asfalto, que deja de ser antracita y se tiñe de plata brillante. Mmmmm, cierro los ojos con el reflejo solar. Huelo el aire, la esencia está por encima de la contaminación, percibo la hierba caliente, las flores amarillas que desperezan entre adoquines, pequeñas y fuertes, liliputienses color limón.

Las palmas de las manos abrazan inercia, ondas expansivas de ansias vivas. Suben y bajan, agarran la magia que sólo llevan unos pocos encima. Gira en el aire un poso de vida, tiene risas, cervezas y un balón.

Frutas incipientes colgando del árbol. Les falta brío y ganas de crecer. Dejarán de ser yemas verdes, serán licor y miel.

Me comería este panorama entre hojaldre y chocolate, entre cerezas y nata. Pero qué a gusto viviendo. Pero qué ganas de no temerle a nada.
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29comentarios 104 lecturas versolibre karma: 111

¡A la papelera!

Porque sucede el tiempo de invierno
y las primeras flores de los almendros
riman con la niebla y la escarcha

(¡Joder, Esteban! Querías decir sobre su sexo
¡A la papelera!)

… de los almendros riman…
sobre tu sexo, como riman las pieles
cuando nada esconde el deseo y cada segundo

(¿Cada segundo? ¿Cada segundo? No me vengas Esteban
ahora con el existencialismo ¡Estás espeso!
¡A la papelera!)

…cuando nada esconde el deseo y hay un ámbito de certeza
sometiendo la inercia de la fuerza y la ternura a

(¿fuerza y ternura? ¡Joder! Pero tío ¿Qué te ocurre?
¿Así amas? Si en realidad quieres decir
que estás sujetando sus manos y viendo cómo sus ojos
van pidiendo el ritmo de los siete mares
¡A la papelera!)

¿De los siete mares? ¿Siete mares? ¿Aquí quién está amando?
¡Déjame en paz!

…van pidiendo el ritmo de todo lo que baila la inconsciencia

(¿Inconsciencia? Estás mal hoy Esteban ¡Muy mal! ¡A la papelera!)

¡Déjame en paz!

…de todo lo que baila la inconsciencia…
entre hálitos salvajes que derraman la única verdad,
porque puede que los sentidos sean algo
que haya que buscar dentro de lo peor de nosotros
y amar matando lo que se vive y tirarlo
a la papelera donde sólo estamos nosotros, doliéndonos.

(¡No me gusta! ¡Tíralo!)
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Sentirse vivo

Cuando te llegue el desánimo,
cuando la motivación termine,
cuando la alegría te ha abandonado,
y pienses que todos te han dejado,
piensa en esto:
La vida es un regalo Divino!
disfrútala mientras la tengas.
Que unos respiran por inercia,
y otros respiramos
para sentirnos vivos.

MMM
Malu Mora
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8comentarios 183 lecturas prosapoetica karma: 96

Mirar con delicadeza el relámpago

Hay días que se abren y
despierto como pájaro
abierto que vuela,
con pies de viento
hecho de hueso ligero.
Miro entonces el relámpago
con delicadeza
cuando me detengo
frente al espejo.
Lo imposible se escapa
por algún punto
de los que revela
la soledad callada.
Por la boca el pájaro
asoma alucinado
enfundado en plumón pardo
piando al imposible
gesto de amar en soledad.
Y verme cayendo,
cayendo de mi propia boca,
boca que alberga el paisaje
del agua batiéndose
en un sueño de remolinos
en posición fetal
hasta escapar por la ventana
avergonzado y sin lágrimas
que confunden a la inercia
del aire que empuja
que cede, que corre,
que el viento no
se equivoca de destino,
que el día se abre
el pájaro se abre
y vuela.
Y vuelo.
O quiero.
Deseo.
Nunca.
Siempre.
Caigo.
Vuelo.
Vivo.
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15comentarios 106 lecturas versolibre karma: 102

La poesía

Que del lápiz no salgan
azules ni negras
las huecas estrofas
de inanes domingos,
que el grafito anodino
de un pulso previsto
no manche la fruta
del árbol caído,
ni el trazo plasmado
se mezca en la cuna
de tantas verdades
prestadas sin ritmo.

Escoger la poesía
requiere el valor
de ser los demás
y ser uno mismo,
compromete a dejar
las voces que somos
a golpe de inercia,
barrotes y siglos,
a fuerza de normas,
preceptos, temores
y vendas tapando
la boca al instinto.

La palabra ha de ser
un coro de letras
cantando a los sueños,
al sexo y al vino,
un enjambre de tinta
bailando en el blanco
lejanos rumores
de huesos y pinos,
el simbólico pacto
de clara verdad
que firma el autor
por ser un testigo.

La palabra ha de ser
la luz que revela
los labios partidos
de sed en los niños,
los oídos que prestan
su humano altavoz
al grito sesgado
del hombre oprimido,
el alma que habita
al fondo del folio
dejando constancia
del mundo y sus hijos.

Lo demás es lanzarse
al son del disfraz
juntando vocablos
en puro espejismo,
que el tiempo desdice
sin actos solemnes
ni rimas perfectas
ni grandes lirismos,
cuando falta la fuerza
de haberlo soñado,
sentido, urgido
y al cabo vivido.
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12comentarios 106 lecturas versoclasico karma: 122

Tan naíf

No consigo atajar la muerte
sólo partes del camino,
tengo escondido en la trastienda mi bienestar con el mundo.
Nadie le pide explicaciones al cuchillo por quien lo utiliza
si soy un asesino es por inercia
el tiempo mata con manecillas
y casi sin violencia.
Exponen el arma del delito en sus muñecas
yo no sé ni en que año vivo
las mías acompañan lo que quieren decir mis manos.
No me parece creíble,
no me gusta nada de lo que escribí
a veces quisiera prohibirme
este sentimiento tan naíf.
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Melancolía

Concentrado en la soledad de mi habitación,
acompañado por una copa y un cigarro,
mirando a través de la ventana,
cómo un manto azabache cubre el cielo nocturno.

Casi no transitan automóviles por la vía,
algunas personas caminan y una pareja conversa entre sí,
unos gatos corretean por el jardín,
mientras que, asomado en la ventana,
veo la Luna cubierta por un manto de plata.

Son horas dominadas por la introspección:
¿Quién soy? ¿A dónde voy?
Tantas horas y jornadas sin respuestas,
para un alma que vaga por la inercia la inacción.

¡Tantas inquietudes! ¡Tantas interrogantes!
¡Cuántos demonios acosan a un alma aturdida!
¡Cuántas vicisitudes agobian a un ser solitario!
Que en el día a día busca disipar las tinieblas que le rodean.

Resulta fútil la espera de soluciones mágicas.
Es apremiante afrontar y vencer cual Teseo
a los Minotauros que dominan mi interior:
miedos, inseguridades y nostalgias.

Crisis y angustias, torbellinos sin cesar,
pensamientos que no se disipan,
mientras observo por mi ventana,
cómo la vida avanza sin parar...
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2comentarios 44 lecturas versolibre karma: 61
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