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No ha parado de nevar sobre el mirlo blanco

A la memoria de David


TE marchitaste, amigo.
No me acuerdo con precisión de tus rasgos,
solo sé que la infancia
transfiguraba nuestros rostros
haciéndolos más puros, y que en nuestros ojos brillaban
los fuegos artificiales de antaño.

La muerte cuajó tu vuelo, cercándote de sombras
las estelas de las mejillas,
dejando en tu casa un plato de lágrimas, vacío, sobre la mesa,
dejando ecos de ausencia en los juguetes inmóviles.

Nunca he comprendido tu muerte.
Recuerdo que alguien me la susurró una mañana en la escuela,
trayendo consigo en los labios
la palabra más helada.

Yo únicamente sabía tu nombre y poco más, porque entonces
éramos todos cándidos, éramos como dioses bondadosos
en las paradisíacas arenas del parque,
y no nos importaban las inquietudes egoístas del adulto.

La egolatría era una palabra demasiado compleja
para nuestro vocabulario de tobogán.
Eso bastaba para que la amistad más pura
fuera un simple intercambio de cromos.

No supiste, amigo,
de las risas disparatadas del sortilegio de la cerveza,
no supiste del sudor de la cotidiana nómina,
no supiste de todas las pequeñas cosas
que dicen hacernos grandes...

Yo he pasado la adolescencia,
y veintiún tristezas y tantas dudas no dan sabiduría.

No supiste del desengaño de ser hombre.
No supiste... ahora eres sabio.

Te marchitaste, amigo,
el tren del invierno cuajó tus gestos encaminados hacia la
primavera. Y yo sigo aquí,
en este costado de la vida, siendo carne y nada.


(de ESENCIA, Ediciones Az90, 1998.
Abel Santos)
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Patria

Igual que un niño se fatiga en el juego,
la vida,
igual que cuando amas,
un niño no sabe que su patria es la infancia
en donde enterrará todo su futuro.
El final de una tarde de verano
con tormentas que saben a esencia de flores apagadas
un relámpago es la certeza del miedo,
no por el trueno, ni la lluvia, ni por el barro,
es por no regresar a casa, es por no regresar a la muerte.
Igual que la vida se fatiga con el tiempo,
un niño pierde,
igual que cuando amas.
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Quintaesencia

Acuclillado, con ojos macilentos,
zarandeado por turbias tempestades,
perdido en estúpidos lamentos:
descansa el polvo en las ciudades.

Creación recreada; pobre, ya no sabe
a qué imagen ni a qué semejanza.
Y se revuelve hacia la tierra, curiosa,
parece que quisiera volver
al barro de su infancia.
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Olor a recuerdos

Huelen las olas del mar
a infancia, a canto de sirenas
y barcos piratas varados,
huelen a huellas descalzas
y sal en lágrimas de recuerdos,
a amor de verano en verso,
y a tiempo infinito atrapado
y a vida, sí...
huelen a vida ya respirada.
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Silvia

17 de noviembre.
Maldito diario:

Tras varios meses de ausencia
(casi desde el último abril
del que ya solo queda un tenue arco iris
en algunos fotogramas polvorientos),
tengo algo nuevo que contarte.

Esta mañana de ido con Silvia
(sí, con Silvia, has leído bien)
de compras a la Gran Vía,
a una de esas tiendas del centro
donde los maniquíes besan
sin censura a la anorexia.
Después de probarse nueve vestidos
he pensado, con franqueza, que para qué,
si no hay tejido mas hermoso que su piel.
(Pero claro, no he podido decírselo).
Al final se ha decidido por uno de flores
de mil formas y colores,
como si hasta el despiadado noviembre
fuese para ella primavera.
Pero si Silvia se empeña en que es primavera
florecen los cerezos hasta en la Antártida.

Después hemos ido de cañas a La Latina,
a los bares y esquinas de siempre;
ella ahora bebe sin alcohol,
y a mí, como siempre, casi me basta
con mirar sus labios mientras bebe.

Comenta Silvia:
"Enamorarse de la persona equivocada
es desenamorarse de uno mismo."
¡Qué poco se imagina ella cuán cierta
(y puñetera)
es esa afirmación!

Me ha hablado del último libro que ha leído,
del frío criminal que hace en Copenhague
del trabajo en el que acaba de empezar,
de que ya ve la luz al final del túnel...
La luz al final del túnel son tus ojos, he pensado,
verdes como las primaveras de la juventud.

Maldito diario...
¡no imaginas cuánta nostalgia cabe
en un par de palmos de distancia,
cuántos recuerdos revividos
de un lado a otro de una mesa,
cuántas primaveras levantando muros
entre su boca y la mía,
cuánta fantasía a mil años luz
de la puta realidad!

De vuelta a casa de sus padres
hemos regresado también a la infancia:
ya no está ese banco donde nos sentábamos
y tantas veces planeé besarla
cuando todavía no teníamos edad
(ni sitio)
para las tristezas,
tampoco el parque donde su risa
convertía un taciturno columpio
en una vertiginosa montaña rusa,
y un centro comercial ha engullido aquel descampado
donde jugábamos al escondite
y siempre me dejaba coger
(aunque ella no lo sabía)
por el simple placer de oírla gritar mi nombre.

"Nos han cambiado la ciudad,
el presente y hasta el futuro...
pero los recuerdos siguen en su sitio",
le he confesado.

Ella me ha mirado con melancolía
pero ha sonreído.
Hasta ese momento casi he creído
que podía salir ileso
(o con escasas secuelas)
de aquel encuentro
Pero esa sonrisa me ha derrotado...
y ya sabemos que no es posible salir ileso
de un naufragio en alta mar
o de los restos de un terremoto.
La misma sonrisa de entonces,
fascinante como un truco de magia;
la sonrisa de los recreos,
la de los cumpleaños en la calle,
la de las miradas cómplices,
la de tantas tardes en mi casa
compartiendo secretos y música,
un auricular para cada uno,
cuando las canciones eran una aventura
y sus letras himnos insondables.

La misma condenada e irresistible sonrisa
de te quiero, pero como amigo,
la de me voy a estudiar a Dinamarca
la del día de su boda
en esa fotografía con ese otro chico
que nunca fui yo.

Nos hemos despedido hasta la próxima
(quizás pronto, tal vez nunca),
con besos y abrazos tímidos.

Ya solo, sentado en el autobús,
con los ojos empañados
e intentando huir del pasado,
con su perfume y su sonrisa
aún prendidos en mi recuerdo,
he pensado en ese afortunado de la foto que,
en la próxima primavera,
decorará el suelo con los pétalos
de su vestido.

No he podido evitar odiarla,
odiarla con todo mi alma;
a la primavera claro,
porque a Silvia la amaré siempre.

Juanma
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Solo

Me senti sólo,
sin el calor de una madre
siendo tan solo un inocente crío.
Mis lágrimas uniformes
dieron forma a los bordes
de ese río dejando secos
los surcos de mi lagrimal,
el dolor es tan inmenso
que podría compararlo e igualarlo
al infinito que aprieta y
cuando te ahoga,
afloja para volver apretar
el mismo sentimiento
que cuando fallece un ser querido.
Es ese pedrusco que tardare años
en poder digerirlo,
es como una obra que
espera ansiosa en el recuerdo
como un hotel sin camas,
ni sábanas, como un hospital
sin puertas ni ventanas,
como un pájaro que vuela
desafiando a la corriente
bajo los primeros rayos de sol
de la mañana.
Un sin sentido que te hace
dar vueltas sobre ti mismo
buscando un por que.?
Mientras mi reflejo
en el espejo es ese pez
que no para de morderse
la cola.
Fui ese alumno en el colegio
señalado por venir de una familia
en guerra siempre envuelto
en un halo misterioso
de problemas,
un refugiado sin refugio
lo más parecido a un
desterrado por nacer
en el lugar y la hora equivocada.
Con el diablo de fondo
como escena, mi alma como prota,
con sangre viva me habla
mientras yo escucho y con
mis venas escribo;
Que el dolor más grande
del ser humano en su infancia,
es el abandono, la indiferencia,
la pregunta impronunciable,
la falta de enseñanza,
de calor, de amor y
de añoranza hacia los regazos imnegables de una madre.
A la vez que salto el alambre
siendo en espíritu rico
pero en amor falto, sediento,
pobre.
Agacho la cabeza y
miro el asfalto sin querer, automáticamente escribo
mi nombre junto a una cruz
por que sabia y
sé que algún día
seria grande pero que
tardaría más que otros
en llegar a ser lo que sueño ser cuando sea un hombre.
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Vuelta a la infancia

Algunas noches mi yo más pequeño
se enfunda en la vieja bata
en la que yo ya no quepo,
-aquella de verdes barrotes-,
como en camisa de fuerza perdida,
y pastelea entre el barro y la arena
de la memoria
-¡qué gran desván de entrada escondida!-
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Guerrero en la Edad Media

He bregado
en campos de mutilados
con yelmo ensangrentado,
almas clamando piedad
en medio de la nubosidad
sin saber que a hurtadillas
se disipó su vida.
Estigmatizados en una tierra
que es una mísera vereda
en parangón
con la verdadera esfera
imploran clemencia;
pues piensan
¡Que podrán fosilizarse en la luna llena!
Argucia perecedera…

El sediento acude a saciar su ansia
en las aguas cristalinas
sin ver la toxina que habita.

No bebí de aquellas aguas malditas,
sentí el arrullo del espíritu que me aguarda,
una voz cándida y femenina me susurró al oído:
<<Eres el caucho
que en agua aflora
y en vano puede aferrarse al lodo que añora
¡aún te espera la Gloria!>>

Recuerdo que ese tono de voz era de mi abuela Carmen.
¡Ay! Jamás te olvido
¡Ser divino
donde acude el peregrino
tras el aguacero impío!
Así que continuaré
en este páramo que me agota
y mi alma trastoca.

------------------------

Estoy en un sueño,
la siento, la veo,
inhalo el aire del cielo.
Alcanzo su mano
y sólo me embriaga el deseo
de hablar con el ángel más bello.
Y entonces resuena mi propio eco:

<<—El guerrero está en el intelecto,
insigne bosquejo te lleva a su encuentro.
¡Fuiste el primogénito
en llevar el yelmo!
Creo en la fuerza del alma
y esa firmeza
la recibí por ti
en mi infancia.
Pero camino sobre un lago helado,
las grietas acongojan mis pasos.
Tretas
que aguardan tras
falacias teñidas de aforismos
y vapulean mi espíritu.

Mi mirada se extiende la tierra que amaste
y con lágrimas dejaste.
Allí gravito en la noche;
es el espacio más noble pero inmisericorde….
Te espero en el cielo: En el Cielo de los Perros>>.


Poema dedicado a mi abuela Carmen: mi guerrero predilecto.

Marisa Béjar, 20/01/2018.
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Hoy querido niño


Hoy querido niño
la humanidad vuelve a fallarte,
y mientras haya un alma negra
capaz de torturarte
yo también me sentiré culpable


Hoy querido niño,
no soy capaz de mirarte
mis ojos se pierden en ti,
presos de dolor por imaginarte
en una infancia enmascarada,
por crueles que solo saben explotarte


Hoy querido niño
sólo me esfuerzo por abrazarte,
darte cariño y calor ya que aunque quisiera
tu niñez robada no podré darte,
no podré envolverte en ese mundo de fantasía
que alguien se empeñó en robarte


Hoy querido niño
no sé como explicarte
que te obligaron a vivir demasiado rápido,
que no encuentro frase que pueda expresarte,
el por qué no conociste la humanidad,
y sí a quien le dio igual condenarte


Hoy querido niño
quisiera poder enseñarte,
la inocencia que yo si pude vivir,
si me dejas intentaré consolarte,
darte el derecho de ser pequeño
de ser infante sin maltratarte,
de jugar con la imaginación
y reír de verdad sin marginarte


Hoy querido niño
la humanidad vuelve a fallarte,
y mientras haya un alma negra
capaz de torturarte
yo también me sentiré culpable

Hoy querido niño
te pido perdón
por formar parte de una humanidad
a veces cruel y sin corazón
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Mariposas negras

Me limito a vivir,
así, sin barreras.
Sin objetivos ni deseos,
los escollos ya vienen ellos
y se ajustan entre el empeine del pie
y la sonrisa acida de la boca.

Me limito a deambular,
a transitar por los escritos
que escribo pero no siempre suscribo.
A desgastarme a lametazos
de ojos que leen.
A corregir un tachón de tinta salada
en el esfuerzo de una mañana
que casi era de luz y rayo.

Cuando las mariposas negras
levanten el vuelo, prometo empezar
nuevos engendros menos oscuros
y más vistosos y sutiles.
A veces no queda más remedio
que deshacer los versos enquistados
para poderlos abrir y allanar.
No sé si sucumbiré a tanto ahogo,
pero no es la primera vez
que el humo se acomoda en mi cabeza.
Igual si abro ventanas
en la azotea de este hueco
se despejan todas las tonterías,
los absurdos,
los gritos ciegos
y las visiones sordas.

¿Cuándo dejé el barco a la deriva?
No recuerdo si quiera
cuando empecé el viaje.
La aguas siguen revueltas,
y yo aquí procesando
una idea que no acabo de digerir.
El agua roza la punta de mis dedos
y un escalofrío de limpio
recorre mi espalda.
Los retazos de una infancia lejana
se paseas por la charca
como hojas que navegan.

Y mientras tanto,
bebo una copa de vino
y sonrío a una caricia que recibo.



Hortensia Márquez
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Parpadeo

Su corazón es tan grande
que dentro caben el mundo
y su ausencia.

Cierra los ojos en un acorde,
breve como la alevosía de un pensamiento,
termina su poema y resopla
porque siente que se derrama
por los bordes de aquella ciudad
de mala muerte
donde todos parecen autómatas de risa enlatada
con ojeras y alopecia.

Otra semana perdida
entre sueños sin vísceras
y fantasmas con ictus
y arrugadas esperanzas descarnadas.

A veces los pensamientos son inexplicables
y el subconsciente un sótano lleno de trastos.
Reinventa las historias, y sus finales,
y truca las lágrimas, y las sonrisas,
para que el pasado le parezca,
cual un abrir y cerrar de ojos,
el último reducto de su salvación.

Con un tintineo de llaves abre la puerta,
entra en su piso vacío
y se queda mirando la cama huérfana;
limpia el polvo a sus discos de Bowie...
El hombre que vino de las estrellas
hizo de su pasado un lecho de espinas,
y de su destino un laberinto
que huele a farolas y a octubre
y a Lucky Strike;
como un mendigo malabarista
rebusca entre callejones olvidados
donde laten perturbardoras tinieblas
y un puñado de sueños,
desgarradores como cristales rotos,
le devuelve a la realidad...
y a la siniestra delgadez de su sombra,
y a una infancia lejana que parece
un islote perdido entre la bruma.

Otra noche que se arrastra
por otra semana enferma,
fotos antiguas que parecen mausoleos
y la multitud paseando sola
y la ¿última oportunidad? tirada por la borda
y su alma frenética como un enjambre
de avispas psicópatas.

Al final, todas las esperanzas acaban
en el camión de la basura,
con la melodía de la ciudad nocturna
robándole recuerdos a su memoria
y esparciéndolos bajo los neones.
De ella hace ya casi un siglo
y en el centro del universo de sus labios
aún se lamentan los besos no dados.

¿Quién sabe nada con veinte años
si hasta los sabios aseguran
que la vida no es más que un parpadeo?

Juanma
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Corazones locos

Me faltan las palabras de tus ojos,
en el profundo tronar de la distancia
y regreso a ese camino de la infancia,
donde el miedo estampaba los cerrojos.

Cruel cuchillo del recuerdo que me alcanza
como anzuelo aferrado en mi cabeza,
lloran mis manos al niño que en despojos
hallaba el pan, que mata el hambre con tibieza.

Hoy que la espuma del tiempo y su templanza
embebe mis sienes y espanta enojos,
me faltan tus manos llevandome a la escuela,
y el amor, el amor de los corazones locos.
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2comentarios 71 lecturas prosapoetica karma: 112

Beso en el recreo

Mañana se jubila el recreo donde te besé
y me acordé de ti.

Me acuerdo cuando el insomnio
era el telonero de tu sonrisa
y esperaba pintar las mañanas
con las acuarelas de tus ojos.

En el recreo cambiaba
estrellas fugaces por cromos,
pero la colección de deseos
la perdí en tu estela desierta.
Ahora la infancia huye
de los pupitres en los que grabé tu nombre.
Allí aprendí
que de los puntos suspensivos no se vuelve.

El olvido lo miramos a la vez
y ahora echo de menos
llegar a septiembre empapado de verano.
Me pesa la memoria de tantos olvidos
y cargo con la carga de recuerdos vacíos.

Mañana se jubila el recreo donde te besé
y me acordé de mí.
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4comentarios 38 lecturas versolibre karma: 78

El sitio en que por fin me recreo

Echo de menos el pasado
pero ni de coña lo querría ahora
que no me hago tanto daño.
La infancia fue un trago amargo,
la adolescencia mejor ni recordarlo.
Ahora entrado en la veintena
con un mono de cafeína
soñé con regalarte mi vida entera
y lo único que me tragué entero fueron mentiras.
Destino el cielo desde el agujero
que parece una caja de cerillas.
Sólo si arde la iglesia ilumina,
ya me perdí en fes traidoras.
Muchos cafés de madrugada
hicieron más vivas la muerte de esas horas.
Sé que será efímero pero te quiero,
ya muchas eternidades se acabaron antes.
Cómo Antonio en el sitio de mi recreo
hay una lucha de gigantes.
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Yo soy Gloria

Hola niños,
yo soy Gloria,
la que perdió la memoria
que guardaba en su zurrón,
pegó un mordisco al turròn
creyendo era zanahoria
y allí quedaron sus piños
¡qué susto me dio el bribón!
y hoy la he visto ¡maldición!
agua sacando en la noria.

Sé donde anda
mas no insisto.
Hay quien dice que la ha visto
con su pato, con su pata,
con su gata turulata
presumida, dando el pisto.
Que marchó de cuchipanda
con su música y su panda
y su novio el Evaristo.

Si me crees,
no me creas
que metida en las peleas
y amarrada a ese bigote
del soneto, su estrambote,
toreando en las capeas
le soltaba una patada
y, procaz, la carcajada
se montaba en el cogote.

¡Virgen santa,
Ave maría!
Qué de artista no sería
que subida en una lata
nos cantó una serenata
y hasta el público aplaudía.
Mas por poco se atraganta
-se hizo un nudo en la garganta-
y creyó que se moría.
©donaciano bueno

Comentario: ¡FELICES REYES MAGOS!, niños. Que aunque sabemos que hay gentes malas que quieren robaros la inocencia, que ésta anide por siempre en vuestros corazones lo mismo que le ocurría a Gloria Fuertes.
www.donacianobueno.com/
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Pensamientos de inexistencia

He pensado que, ya que nos vamos a morir, que sea liviano.

Los párpados que aún vagan por la playa,
verano lamiendo las heridas,
cucuruchos entre bloques de hormigón
y malos besos de infancia.
Melancólica melodía para flauta dulce desafinada,
con dedos de alambre
tapando las negruras de la vida sin atino.
Suena la muerte entre las rendijas de una persiana mal bajada
que, a duras penas, oculta del sol la soledad
de un cuarto en ruinas y un corazón batido.
Maratón de taxis por la gran vía de un pueblo herido,
la sangre barriendo salvaje briznas de verde tierra
hasta desaparecer en una balsa de sonrisas fingidas
y pelo de visón en los semáforos.
Es nochebuena en agosto,
lloran a la mesa los perros de arrugado hocico y cadera pisada.
Con suspiros entre ladrido y ladrido plañen
por unos instantes
más antes de que el blancor de una sala aséptica les cierre los ojos
y apriete los dientes.
Por los que vienen y por los que se van,
aúlla discordante la manada que queda,
la manada que late,
la manada que es.

He pensado que, ahora que por fin nos morimos, es mejor olvidar
y que caiga el telón de los años.
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5comentarios 102 lecturas versolibre karma: 116

Lágrimas

Esencia exhalada de flores
de cálidos suspiros,
que vegetan y florecen,
y se riegan con lágrimas.

Esencia de fragmentos
microscópicos de besos,
que quedaron encapsulados
de tiernos embelesos.
Aquellos aperos, que vistieron mis ojos
del pulular de lentos
y excitados pasos.

Esencia que alimentas,
hormigas atrapadas
en mi estómago,
y pinta mis ojos
de hermosas miradas.

Esencia de bellas mariposas,
que surgen de la nada,
bailando la danza
de preciosas lágrimas.
Lágrimas impacientes y raudas,
corretean por mi cara,
evocando la miel
de mi tierna infancia.

Esencia que sueñan
con el encantamiento
de un corazón florido.

Esencia atrapada,
tras cada suspiro,
tras cada lágrima.

Angeles Torres
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-Invierno en los dedos-


Vuelvo a mis calles
A mi infancia
Al desván
Al caballete de madera
Al paisaje inacabado
Al pincel en tu mano
-A ti -


Al Diciembre en la boca
Y al Invierno en mis manos

A las raíces del árbol
convertidas
En lecho de pétalos
que hoy se adhieren a mis dedos

Vuelvo
a la escarcha
que cubre tu lápida

Y borra tu nombre

Hoy al abrir mis manos
caen gélidas gotas
que cubren el suelo
que un día
fue
nuestro

Hoy
tu voz
se pinta de blanco
de silencio
bajo la tierra
el vacío
el abismo
donde te he perdido

Hoy
-hay un eco húmedo -

Y yo
solo sé
que hoy -pinto -

Pinto
sobre uno de tus lienzos
todo ese infinito
para ver de nuevo
el color de los pétalos
sobre mis dedos

Hoy
igual que ayer
necesito el tiempo
- el nuestro -
y solo pido
que vuelva convertido en recuerdo
Llenando mis manos de fuego

Hoy
Solo pido
Sentir el arcoíris
una vez más
adherido
Sobre mis dedos


- solo eso-



@rebktd
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Después de Teutoburgo

Cuando abrí los ojos, no sabía dónde estaba, tan solo veía luz. La cabeza me daba vueltas como en una horrible resaca, y por la garganta todavía se mezclaba el amargo sabor de la sangre con el de la saliva. Poco a poco la vista se fue aclarando. Lo primero que pensé es que estaba muerto y que estaba despertando en el Eliseo. No me entristecí, ya que volvería a ver a mis padres y a muchos camaradas muertos en combate. No era así, estaba vivo, pero mi mayor sorpresa fue descubrir quién me había salvado.

- ¡Mira Sigrid!- dijo una voz masculina que me era familiar.- ¡Está despertando! ¡Rápido, trae un poco de agua y algo para comer!

En pocos segundos la mujer salió de la estancia donde me encontraba, para regresar con un cuenco de agua y algunas bayas silvestres. Las imágenes cada vez me eran más claras. Por fin, pude ver con claridad, aunque la cabeza continuaba dándome vueltas.

- ¡Lucio, Lucio!- gritaba el hombre.- ¡Soy Yo, Esket! ¿Te acuerdas de mí?

- ¿Esket?- dije sorprendido y con la cabeza todavía doliéndome.- ¿Eres tú de verdad, viejo amigo? ¿Cómo he llegado hasta aquí? Yo creía que estaba muerto.

- Todavía no, amigo. Estás muy vivo, pero no gracias a mí, sino gracias a los dioses que hicieron que topara por casualidad contigo.

- ¿Que ha pasado? Tan solo recuerdo que caminábamos por el bosque en formación de avance. Todo estaba oscuro, y de repente la muerte se abalanzó sobre nosotros. Salieron de la nada, cientos de guerreros germanos rompieron nuestras filas. Recuerdo haber reducido a más de uno, pero un pequeño grupo nos vimos acorralados. Nos encomendamos a Marte y combatimos valientemente hasta el final. Séptimo Valente y yo quedamos los últimos. Resistimos espalda contra espalda durante largo rato, pero el cansancio hizo mella en nuestros cuerpos y fuimos reducidos. Lo último que recuerdo es ver a mi camarada caer, y una espada clavándose en mi costado. Luego, me invadieron las tinieblas.

- Yo también estaba allí para combatir contra los romanos. – manifestó Esket.- Pero por suerte, pasé por donde tú estabas. Al verte, recordé mi tiempo en Roma y nuestra infancia. A los nueve años tuve que marchar a Roma para asegurar un pacto entre el emperador y mi tribu. Aunque nunca estuve retenido, siempre me sentí como un rehén. Los demás niños me miraban con desdén; “Bárbaro”, me llamaban algunos. Todavía recuerdo cuando a los dos años de estar en Roma, unos niños mayores se pusieron a pegarme y a insultarme, pero allí estabas tú. Nunca nos habíamos visto, pero saliste en mi defensa golpeando a esos idiotas. Luego me levantaste y me llevaste a tu casa. Allí me curaron los golpes. Desde ese día comprendí que no todos los romanos erais iguales. Tus padres me aceptaron en su casa como uno más hasta que retorné a mi tierra. Era lo mínimo que podía hacer por tu familia y por un buen amigo.

- Así que…. ¿No hay más supervivientes?- dije imaginando la respuesta con pesar.

- Creo que no. – contestó el germano.- Hemos acabado con tres legiones. Vuestro comandante Varo se ha quitado la vida ante la desastrosa derrota.

- Publio Quintilio Varo ha preferido quitarse la vida antes que enfrentarse a la deshonra – dije.- ¿Y ahora que será de mí?

- Ahora debes recuperarte - contestó la mujer de Esket.- Podrás quedarte aquí hasta que estés curado del todo; luego, eres libre de marchar si así lo deseas.

El cansancio regresó para apoderarse de mi cuerpo, y caí rendido en los brazos de Morfeo. Estaba alegre porque había sobrevivido a tan terrible batalla, pero me apenaba la perdida de tantos y tan buenos compañeros y amigos. Por otra parte, estaba el reencuentro después de tantos años con Esket, mi mejor amigo de la infancia, a pesar de su origen germano.
Tras dos meses de descanso y buenos cuidados por parte de Esket y su mujer, conseguí recuperarme del todo. No me costó demasiado volver a estar en forma una vez cicatrizada la herida que tenía en el costado derecho, y que me hubiera costado la vida, de no ser por el gran corazón de Esket y los sabios conocimientos de medicina de Sigrid. Todos me daban por muerto, y no tenía a nadie que me esperara en casa, así que decidí quedarme en el poblado de Esket. Antes de ser aceptado, el consejo de ancianos y jefes, se reunió para decidir mi suerte. Esket convenció al consejo, y bajo su responsabilidad, fui aceptado como uno más. Trabajé las tierras del clan de Esket, e incluso contraje matrimonio con una prima de Sigrid; Fedona. Ahora ya han pasado treinta años desde aquel fatal día en el bosque de Teutoburgo, pero doy gracias a los dioses por darme otra oportunidad. A pesar de todo este tiempo, mi devoción se debe a los dioses romanos, aunque he de reconocer que también profeso la fe en los dioses germánicos; nunca está de más tener algún dios a mano. Mi felicidad está al lado de mi mujer y mis hijos, así como dentro del clan de Esket, en el cual he sido aceptado como un hijo, y lucharé contra cualquiera que quiera hacerles daño; incluida la propia Roma.
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Los coágulos del tiempo

¡Qué complicado resulta respirar
en esta era tecnológica sin alma
ni recuerdos...!
Cambiar los mapas por prisiones,
los sueños por pesadillas,
la eternidad por un suspiro
en la frontera del abismo.
Los regalos por anhelos,
el otoño por el sueño de una noche de verano,
los mariposas en el estómago
por un atardecer en el hueco de tu ombligo.

¡Qué complicado es ocultar las huellas,
crucificar el aroma de la juventud como si fuese
un jodido mandamiento...!
Hacer guardia noches enteras
esperando a que se abracen los muñequitos del semáforo
sin recompensa.
Es triste vivir fuera de la música de los discos,
lejos de las aventuras de los libros
y de las madrugadas libres y salvajes,
no poder (ni saber) quedarse a dormir
en el tejado de las canciones.
Desdicha es que el tiempo a tu lado sea limitado,
felicidad convertir tu pelo y tu piel en un templo
o un parapeto contra las flechas
de los coágulos del tiempo.

Tristeza es tomarse la última al amanecer,
querer conservar tu corazón en ámbar,
o como una flor deshojada y cosida
con fuego al infierno de mis entrañas.
Querer y no poder encontrarnos por dentro,
tener que escapar del bullicio,
las sonrisas enclaustradas,
que los sábados se deshagan
como jirones de niebla,
o el canto de hermosas sirenas
que habitaban en islas
más allá del último confín de tu espalda.

Dejar atrás nuestra infancia es
acercarse a bailar con la muerte,
aunque a veces consigamos regresar a ella
con un aroma o alguna canción
y un vaivén de poesía entre las pestañas.
Por un momento
volvíamos a ser niños para la eternidad
y yo notaba un escalofrío
en la nuca
y un vértigo tatuado
en la piel del alma.

Llevamos el miedo en la mirada
como una cicatriz,
un algoritmo,
o el aullido
de la libertad
de los niños que fuimos,
de los años sin calendarios ni relojes,
de las ilusiones que dormían
agazapadas en los laberintos
del corazón.

Juanma
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