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Maldita dulzura la tuya!!

En las comisuras de sus labios,
podían leerse las noches,
que despierta pasó,
entre Sabanas de Alcohol.

Y entre cigarro y cigarro,
siguió quemando una vida,
que sin saberlo,
ya gastó!

NO HAY MÁS CRÉDITOS!!


Solo una simple oración,
al Dios que en silencio,
derrama gotas de vida,
y hace salir todos los días,
al poderoso Sol.
Y.
Muchas noches le oraste,
él nunca, NUNCA, te respondió.

Aquel amor marcado...
Esa infancia con su abuela..
Esa belleza extrema..
Fué su mayor perdición.

MALDITA DULZURA LA TUYA!!!
Pobre víctima de la vida.
Que no canalizaste las aguas
que fluían de tú corazón.
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"A mi Rubio"

Tus rubios cabellos que se
Reflejaban en los rayos del
Tibio sol, se contrastaban
Con mi negra cabellera
Que alzada al viento
Reflejaban los sueños de
De dos hermanos pequeños
Que a pesar de los años
Nunca nos hemos vuelto
Unos extraños. Solo basta con
Recordar que mi rubio yo
Te decía, y tú con mi negrita
me consentías, y hoy cada vez
que miro al cielo, cierro mis
ojos marrones y de las
imágenes que recorren mi
memoria recojo las de mi
infancia, pero la de una
singular instancia, aquella
en la que con tu dulce
imaginación me trasladabas
a otra bella estación donde
eras el hermano protector
para que ningún miedo ni
mucho menos algún turbador
temor invadiera mi pequeño
corazón, Hoy en nuestra
adultez solo te puedo agradecer
por haber estado presente en
cada uno de mis padecer y
no habrá pelea de la vida
que nos haga retroceder
siempre juntos tú y yo
luchando y nuestros sueños
alcanzando, y solo me atrevo
a decir y porque no a predecir
que en mi corazón nunca
dejaras de existir
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11comentarios 82 lecturas versolibre karma: 123

Los Seis Puntos Cardinales

Recorriendo de Sur a Norte los caminos,
desde la inocente infancia hasta el día de hoy .
Con intención de verme en la mirada de
aquel que mira con ojos del corazón.

Desde el destierro cruel en el azul Oeste,
la cara de la fiera muerte he visto yo.
En esa noble claridad del Este inmenso,
vi en la luz de tu mirada asomar el Sol.

Desde el Abajo oscuro, abismo de los mares,
he buceado eternas noches de dolor.
Mientras galaxias infinitas desde Arriba
amasaban en un mañana de ilusión.

En este mundo raro sin una certezas,
veo el sitio, descanso a mi alma y corazón.
En lo real de los seis puntos cardinales
es tu abrazo mi cobijo y es suave amor .

A.B.A. 2017 @
Amalia Beatriz Arzac
Buenso Aires - Argentina
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10comentarios 211 lecturas versolibre karma: 134

En el aleteo de un sueño

Dejé suspendida una lágrima
en la suave corriente del aleteo de un sueño.
No se evapora.
Solo vibra y oscila cual danzarina dulce.

Dibujé la silueta de mi niñez
en la hoja de una rosa blanca.
No se borra.
Permanece atrapada en un aroma perpetuo.

Escribí un verso triste
en el cielo de una noche de luces blancas.
No se pierde.
Continua visible para los ojos que miran y ven.

Deposité una lágrima danzarina,
sobre una infancia guardada
y lo convertí en poema de vida y tiempo.





Hortensia Márquez
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Partir y llegar

Partir al lugar
al que siempre quise llegar,
reencontrar una infancia
recubierta de azúcar
y buscar...
buscar hacia dentro
con lentes de cristal de luna
por si aún quedan
estrellas de fuego por tocar.
Hacer escala
en la ciudad de la reinvención
y dejarme ir...
sin más motivo ni razón.
Y empezar por fin a volar
porque la vida,
ya no temida
se empieza a desplegar...
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13comentarios 115 lecturas versolibre karma: 130

"A mi hermano Leo"

Chiquitín muchos te decían
yo con mi negrito te bendecía
negrito de sonrisa frágil
que para ti nada fue fácil

Como la gran montaña rusa
nunca tuviste una excusa
para que los altos y bajos
buscaran lánguidos atajos

Fuiste un niño perseverante
con resiliencia saliste adelante
nunca dejando de lado
el inmenso amor entregado

Tu infancia a veces se dividía
entre tu realidad y lo que querías
yo solo sabía que en mi corazón
tu siempre cabida tendrías

Hermano mío te quiero decir
que ningún sueño pudo nunca
predecir, el inmenso amor y orgullo
que hoy por ti puedo sentir.
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21comentarios 140 lecturas versoclasico karma: 138

Hierba de infancia

Esta el alma tan sembrada
con semillas de nostalgia,
que corro sin esperar la cosecha.
Corro
corro
corro hasta ahogarme,
ahogado de tanto aire caigo,
caigo sobre la hierba de la infancia,
sobre una tierra largamente
oxidada, descuidada
llevada a la muerte.

/
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11comentarios 90 lecturas versolibre karma: 112

Se rumorea

Se comenta, se rumorea
que no se venden con garantías perennes

La funda de la felicidad
los guantes de la vida
el tesoro de la infancia
o el espejo de la juventud

Si alguien le interesa,
solo se venden en pequeñas dosis
y con fecha de caducidad
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15comentarios 92 lecturas versolibre karma: 131

Del invierno y de la infancia

Es hoy,
para el poeta,
un día como de infancia,
de lluvia tolerada sobre su frente
y saetas de memorias
en casi invisible vuelo raso,
día para resguardarse
bajo el techo de pizarra
de su atrio de paredes longevas,
iglesia antigua
escoltada a su diestra por tejo rudo,
a su izquierda por abeto esbelto.

Es tarde engendrada con pan,
mantequilla y nata,
para soñar vocablos nuevos
en la velada
de una habitación cárdena,
abrigo de musgos que en un quejido
enciende una fuente
de hiedra creciente que escala,
ocultando los ojos,
la ventana abierta al saber del deshielo,
es instante de voces
de dignas madreñas brillantes de lodo
entonando canción de meandros,
de piedra oscura
y de puente de hierro.

Es vuelo de copos,
mariposa posada en sus canas,
viento de recuerdo del techo ceniciento
de su hogar de montaña,
juegos infinitos ante el fuego,
y cariño de un quinqué
acercando las caricias
de unas sábanas de lino.

Son las horas
recostadas sobre el calor de la paja
como quien reposa
en abrazo largo de sus nuevas Lunas,
atesorando el calor
ante puertas traseras de invierno,
minutos de la medianoche
temidos por temblor de cristales,
miedos a las sombras de cuentos.

Pervive el poeta en sus huertos
como entre acuarelas
de amarillo y púrpura,
inhala su día en la cima de un árbol,
imita el batir de olas
en las hojas que caen
como copos dorados,
dormita en las aguas,
se escurre en la atmósfera
cortada en carámbanos.
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4comentarios 78 lecturas versolibre karma: 122

Un vaso de leche (colaboración con @horten67)

(Esta oda a algo tan rico surgió en el momento más inesperado con la reina de las recetas sabrosas, la pastelera de la vida, mi amiga Horten)


Entre alfombras de landas y césped mojado, rumia la vaca el verde bocado.

Pastar es todo su mundo,
absurdo por rotundo.
Pero esta verdad tan escueta
es necesaria para su dieta.

Espanta moscas con el rabo,
mueve orejas de aquí al otro lado.
Vestida de lunares, la vaca sueña con volar muy alto.

El rocío en sus labios apremia sus deseos, mariquitas punteadas se asoman entre el cubo, lleno hasta el borde de tibia leche entre los dedos.

En las noches de insomnio,
un vaso caliente.
En los días de lluvia, con café o con cacao.
Con arroz y canela es postre divino.
El rico líquido blanco nos estimula,
y nos enriquece.

Cuajaditas con miel.
Queso con nueces.
Bachamel para croquetas o para ricos canelones.

Recuerdos de infancia calentitos.
De mañanas de tazón y tardes de merianda.

Qué versátil eres, vasito de leche.
Cuánta vida y recuerdos en un sorbo.

Del verde al blanco en un suspiro,
cuenquito lácteo, amigo mío.


(Y ahora, amigos lectores, vayan a por unas galletitas y terminen el poema...)
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41comentarios 209 lecturas colaboracion karma: 122

Canción de amor

Me quedé dormido
pegado a tu voz
y allá, muy bien lo era todo.
Tus senos cálidos cuidaban de mis tímpanos.
No recuerdo que cantabas
tal vez acerca de las ramas y aguas
que, temblorosas, recorrieron tus noches.
O de la infancia que dejó de vivir
debajo de las palabras
lo mismo que un hilo de hierba,
que no se resiste a la presión de la piedra
por largo tiempo.
Ni lo recuerdo.
Intentaba deslizar sobre la ondulación de tu cabello
que se negaba permanecer un segundo liso
y ni me tomabas en cuenta.
Por que llorabas, no lo sé...
A lo mejor de la tristeza crepuscular
te llegaban las lágrimas.
O por el cariño,
por la bondad.
Me había acostado muy cerca de tu voz
y te amaba.
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8comentarios 82 lecturas versoclasico karma: 123

Hagamos el amor...

Hagamos el amor sin perder tiempo,
gocemos, simplemente, de la vida,
seamos esos niños del pasado
que sacian fantasías retenidas.

Seamos inocentes voluntarios
buscando mariposas muy bonitas,
aquellas que nacieron en la infancia
dejando su recuerdo en la retina.

Miremos por la noche a las estrellas,
sintamos que nos llegan sus caricias,
la charla intrascendente de los astros,
y el eco de sus faros con la brisa.

Saquemos el bolígrafo sin nombre
y el verso singular de algún artista
veamos lo que deja en el cuaderno
en forma de impaciente poesía.

"...Hagamos el amor sin perder tiempo
y deja que te hablen mis pupilas,
seguro que las tuyas me responden
y expresan, sin palabras, tu alegría..."

Rafael Sánchez Ortega ©
28/08/18
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2comentarios 52 lecturas versoclasico karma: 130

A lo mejor mañana viene Messi

Mamá, llegamos a España
todo bien
había delfines y gaviotas
Ahora en el polideportivo
Ya sabes…
¡Entrenando!
Y mañana…
A la Champions Internacional Eschool
Periodistas graban nuestros entrenamientos a diario
Firmé varios autógrafos,
con el dedo
En Tarifa hablan un español diferente
No entiendo nada de lo que dicen
Yo trato de pasar desapercibido
A lo mejor mañana viene Messi…
Besos
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2comentarios 41 lecturas relato karma: 87

Tiento y tacto

Como inepto conspirador de vidas
fui escualo de un atolón atolondrado,
navegante sobre días y parajes de mar turbio
con aletas sumergidas en la nada,
rondando los oscuros arrecifes
de soledad del cazador de vanidades,
empujado hacia el alma muerta del coral.

Me volví nómada marcado a fuego
por el hierro que mis genes me dictaron
en el instante de mi concepción involuntaria,
viajero de estaciones de oscuridad heladora
oculto tras baúles de vacío,
caminante inconsciente de destinos incompletos.

Mi hice corredor en las aceras
diseñadas por mi astucia para ejercer huidas,
mi hice entre paisajes
que obligué a caducar ante mis ojos,
sobre cuerpos entregados a mi estafa,
de noches de ternura inexistente
y palabras lisonjeras
en el engaño de las pieles que se rozan,
en el cariño fingido de egoísta errante.

Explorador fui en andares sin destino,
palpador de la nostalgia no aceptada,
al remover en el cobijo de los cielos
el encuentro de un olvido que sanase
cicatrices arrostradas
de aprendiz de niño
de esclavo entre sus miedos.

Hube de varar en tierra firme
para hacerme memoria entre los pasos
del son agudo del desierto,
regresar desde los llantos
a la verdad abandonada de mi infancia
de prados adornados por la nieve,
hube de volver a aprender
a leer entre sus hojas los anales de los árboles.

Retorné a la par del mar para medrar
en las memorias de un marinero insurgente,
con los pulmones limpios,
risueño delfín narrador de acantilados,
espía extravagante de la costa
y de sus álamos.

Y sé que tú,
mujer tendida como isla entre las aguas,
amante de las brisas
de las tardes de este Norte embravecido,
estás cercana,
como en espera,
presente y prudente ante tus vallas abiertas,
quizá sabiendo o sin saberlo,
ausente en tu retiro
de viejas barcazas y de bosques.

Y yo,
aquél que tanto ha divagado,
el que vaga envuelto entre sábanas de sueños,
me pregunto si una tarde de verano,
que albergada de esperanzas nos acecha,
dejarás tu rastro en las llagas de mi cuerpo
y alcanzarás a descubrirme,
renaciendo nuevo sobre tus senos nobles,
sobre tu madurez de guardiana de mis llamas.

Yo pregunto
si desearás expresar sobre mi pecho
el deseo abierto como exclusa incontenida
de amor que se libere en mis canales
y en los tuyos.
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13comentarios 87 lecturas versolibre karma: 109

Van cien gaviotas...

Van cien gaviotas volando
aunque pudieran ser más,
no las cuento, yo las veo
a través del ventanal,
son gaviotas de este puerto
donde su esencia es el mar,
un salitre lleva el agua
que purifica su sal,
entonces miro a la playa,
que es muy grande en bajamar,
y contemplo a las gaviotas
con las olas de cristal,
es un cuadro impresionante
que estremece al observar,
y es un hombre quien lo dice
no un marino y capitán...

Hay un niño que, en la playa,
busca a dios y a la verdad,
no lo encuentra, por desgracia
en el mundo tan fatal,
pero entonces mira al cielo
y allí encuentra a Peter Pan,
ese niño que no crece,
el que asombra en su jugar,
el que va con Campanilla
a otro mundo sin maldad,
donde hadas y sirenas
tienen algo singular,
es encanto y es esencia,
es la magia que nos dan,
con su gracia y la ternura
de una forma natural...

"...Hay gaviotas por el cielo
y también un alcatraz,
larga infancia tengas, niño,
¡nunca dejes de soñar...!"

Rafael Sánchez Ortega ©
22/08/18
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8comentarios 72 lecturas versoclasico karma: 106

No te diré...

No te diré que estuvo mal
el recibir aquellos versos, con desprecio,
y amenazando con dejarlos olvidados
en mi mesa.

No te diré que me dolió
que rechazaras a mis labios temblorosos,
cuando llegaban a pedirte solo un beso
de los tuyos.

No te diré lo que sentí
al comprobar una sonrisa seductora
de tu cara cuando me presentaste
a un amigo de la infancia.

Si acaso te diré, para ser justos,
que me alegro de los versos olvidados,
y por mis labios temblorosos,
que no fueron subyugados
por la falsa hipocresía de tu risa
y también de tus mentiras…

Rafael Sánchez Ortega ©
25/08/18
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6comentarios 81 lecturas prosapoetica karma: 114

Alzheimer (Cuando dices mi nombre)

Cuando dices mi nombre,
a veces soy tu prima,
otras tu sobrina,
pero nunca tu nieta.
Cuando dices mi nombre,
preguntas por el yayo,
o quizá por tus padres,
ellos yacen tras la ermita.
Cuando dices mi nombre,
no recuerdas si regaste
o si no lo hiciste,
¡aunque no tenemos plantas!

Cuando dices mi nombre,
siempre sonríes,
dejas entrever tu alegría
entre tus dientes;
me hablas de tu infancia,
una y otra vez
una y otra vez,
una y otra vez,
pero siempre con la misma ilusión;
me preguntas por los estudios,
por la familia,
elevándome en una burbuja de aprecio
hasta una nube de cariño y afecto.

Pero a veces

Cuando dices mi nombre,
me estremezco,
no imagino qué dirás,
me asusta pensar que un día
cuando digas mi nombre
te bloquees, balbucees
y ya no recuerdes mi nombre.
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3comentarios 33 lecturas versolibre karma: 70

El tiempo a destiempo

Me amó.
Me incitó a su sexo
y sus manos.


Es cierto, no me mintió;
sabía de lo imposible...
de navegar en sal.

Tres veces tuvimos vida
y la muerte no nos alcanzó.


Después me dejaste. Roto
y con lluvia,
con el permiso mío, te fuiste.

Nos amamos
y nos fuimos, al menos tú lo hiciste.



Me quedé, pero,
Se habia marchado con mis infancias
Se habia marchitado con mis flores y
Me habia muerto en su jardín.
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6comentarios 67 lecturas versolibre karma: 101

Un ángel vi de niño en la mirada

“EL CANTO DEL AUTILLO EN LA BUHARDILLA”

Los troncos de los árboles, ya muertos, les sirven de mansión a los mochuelos que habitan lo profundo de los bosques. El cárabo es más tímido, si acaso, pues vuela sigiloso, entre los robles, cazando ratoncillos y batracios. En cambio, la lechuza y el autillo no temen instalarse en las buhardillas de las casonas viejas de la aldea.
El mes de abril, que suele ser lluvioso, también tiene sus tardes encendidas de sol y luz, de magia entre los árboles. Mas, al llegar el brillo del ocaso, se escuchan los autillos en los parques, que llaman al amor en plena noche. Los más supersticiosos tienen miedo, y dicen que convoca al aquelarre de brujas en los montes colindantes.
De niño, en la buhardilla de la abuela, sentí la voz crispada del autillo, su grito lastimero, para algunos. Jamás pensé que fuera una criatura maligna cuyo grito desgarrado volara, amenazante, con la brisa. Tal vez, al ser un niño, imaginaba que su llamada dulce, vivaracha, tenía el colorido de otros trinos.
Los niños tienen grandes cualidades para formar su imagen de las cosas, a costa de ignorar tantos secretos. Y quiso mi inocencia caprichosa pensar que era el autillo, entre las sombras, como el cuclillo, oculto en la hojarasca. Difícil es, no en vano, ver cuclillos, por más que en primavera se les oye cantar entre las densas arboledas.
No es raro en la niñez ser tan curioso pues es, en esta edad, cada detalle como un descubrimiento inesperado. Por eso pregunté a la vieja anciana, de rostro bello y pelo blanquecino, pendiente del fogón en la cocina. Y dijo que era el pájaro del agua, criatura singular que, cada noche, las lluvias prevenía en su llamada.
Y cuántas veces, siempre fantasioso, tomaba, en la mesilla de mi tío, cuartillas de papel, y dibujaba siluetas del autillo y la lechuza. Y viendo ya cercanos esos meses que llegan calurosos, en verano, por la ventana abierta, los buscaba. Mis ojos exploraban en la sombra los vuelos que rizaban en la nada sus grandes alas ricas en sigilo.
La anciana falleció dejando un hueco que no podré llenar en muchos años, y no podré volver a la buhardilla: sus dueños la arreglaron y vendieron a nuevos propietarios que no quieren amar el canto viejo del autillo. Mas, al llegar abril, siempre lo escucho, y anima en mí a ese niño que otras veces hurgaba en los misterios de la sombra.
El mundo cambia y cambian los lugares, y pueblos de otras épocas lejanas se fueron transformando lentamente. Las villas de los viejos pescadores también han alterado su apariencia, tomando un aire acaso más urbano. Y es fácil recordar esas fachadas antiguas y las calles empedradas que fueron dando paso a otros ambientes.
No son las mismas ya, tras tantos años, las vistas de rincones apartados donde se admiran altos edificios. Pero según nos vamos, caminando, sin prisa, a las afueras, ese tiempo parece conservarse en el entorno. Los campos, las colinas, el arroyo, los densos eucaliptos en el monte se pueden contemplar igual que entonces.
Llegado junio, en días despejados, es grato deambular cuando oscurece, mirar el sol, hundido en la distancia. Es bello deleitarse con nostalgias de tiempos que, si no fueron mejores, tal vez imaginamos más felices. Es la niñez que vuelve, es el momento de revivir al niño que no existe, pues lo hemos encerrado en lo profundo.
Y, tras ponerse el sol, con sus dorados, sentado sobre un banco en San Antonio, descubro las estrellas en la altura. No hay duda de que es todo un espectáculo, cuando la brisa baña ese montículo, borrando los rigores de la tarde. Y, entonces, encendiendo el cigarrillo, regreso por veredas que la luna me deja adivinar entre la sombra.
En la estación existe un parque humilde, sereno, con sus sauces melancólicos, que lloran desde el brillo de la aurora. Allí se escucha el canto del autillo, quimérico y extraño, casi mágico, y entonces el recuerdo se hace intenso. La brisa ha refrescado el aire puro y el grillo, en su concierto interminable, le da acompañamiento al viejo autillo.
Llamando a los amores, el reclamo de la rapaz nocturna nos sugiere los sueños de las noches de la infancia. Poblado de dragones y de gárgolas, el mundo era tal vez más sugerente, mirado con los ojos de un chicuelo. También el mar, entonces, era abismo de rémoras, marrajos y piratas, y las mansiones eran un castillo.
Después se esconderá el viejo mochuelo, y el canto de los cárabos del monte se irá apagando allá, en lo más profundo. La Fuente de los Ángeles murmura, risueña en primavera, mientras canta feliz, entre las ramas, un jilguero. La calma llena el aire y el paisaje se admira con el alba que despierta con claras llamaradas de alegría.
Al fin se pueden ver, en cualquier parte, cuando el hurón se esconde y los raposos, el pardo de la piel de los tritones. No suelen esconderse en lo profundo del manantial alegre y vivaracho, donde los capturaban los muchachos. También, de niño, yo jugué a cazarlos en los abrevaderos de las bestias y en las corrientes claras de las fuentes.
El canto del autillo se ha perdido, pero es posible ver, y las urracas, los cuervos y arrendajos recortan con sus alas cada soplo. El aire se hace amigo del cuclillo, del raro picachuelo y sus colores, bajo la vigilancia de la aurora. También acechan, rápido, el cernícalo y, fuerte, el poderoso ratonero, desde el tendido eléctrico, en los campos.
Pasaron esos años tan idílicos de casas encantadas, de misterios, de juegos infantiles en el patio. Y entonces era bello el sol al alba, la lluvia en los cristales y los charcos formados en la vieja carretera. El universo entero se enseñaba cuajado de sutiles maravillas en los lugares más insospechados.
El canto del autillo en la buhardilla, la luz de las estrellas en los cielos y el ruido de los grillos son promesa. Y el tiempo transcurrido se ha perdido, mas vuelve a suscitar, en la memoria, vivencias que conserva el alma vieja. Herido ya el espíritu cansado por una juventud tan agitada, la infancia sigue viva, sin embargo.

2010 © José Ramón Muñiz Álvarez
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De cómo forjar el carácter

...

Me quedé, pero,

Se había marchado con mis infancias,
se había marchitado con mis flores y

Me había muerto en su jardín.
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