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A solas con el micro

Sueños que regresan,
letras que hablan por mi
y se expresan.
Días grises que poco a poco
se vuelven azules,
traen abundancia y me desestresan.
Las nubes que se alejan,
el sol tímido que saluda,
sentimientos que juegan
encima de la mesa.
El verso, el beso,
el mar, la piedra,
la tierra, que levitán en el mismo punto
que giran y el espacio misteriosamente sujeta
mientras la luna desde lo alto y
al otro lado con su reflejo
da brillo y dibuja la cara
mas noble de este planeta.
El arte de traer una y otra vez
entre renglones el universo y
mostrarte su lado mas bello
en esta libreta.
Júpiter que tiende su mano y
me deja ver el éxito.
El propósito,el sacrificio, los escritos,
Emociones que respiran y
llenan con su aliento de aire
los pulmones del infinito,
sobra decir que vine a nacer
en invierno, que siendo un crio
ya sentí el calor que el averno esconde,
pude ver el mundo al revés y ardiendo.
Soy sagitario, mis partituras desfilan solas
por el tablao de un escenario y
serian capaces de colarse
por tu cadena favorita de radio y expandirse rápidamente por el extraradio
como un incendio
por que mi pasión y amor por las letras
es extraplanetario,
incluso visionario.
Qué mas da el día que marcaba
el calendario o el reloj con su horario,
si el frío fue mi primer adversario.
La fé, los ángeles, el alma
que sonrie y me anima.
La rima que a mi lado camina y
junto a mí su ojo guiña.
La fama, los pentagramas,
dando vueltas casi sin volumen
bajo sabanas.
Las mañanas, los fines de semana
que me inspiran.
La belleza, la franqueza que me aporta la naturaleza,
la rareza que muestra
tímida y ansionsa
toda su grandeza,
la riqueza, la taza, el café humeante,
el sonido del parlante,
las palabras que se unen y
crecen en mi cabeza.
La certeza, el corazón rojo igual o parecido
al color más vivo
de una cereza.
La tristeza inerte, la razón, la ilusión,
la visión, la creación,
el arte que muestra su voz
a través de la tinta y llena mi corazón
junto a los corazones de los que me leen
desde cualquier parte y
es evidente aquí y al otro lado
del continente.
Lo saben, me dejo la piel y el alma
desde el primer día
como un verdadero aspirante
tan parecido o igual al real artista.
Deja que frene.
Detente; el eco del vacío ausente,
la sensibilidad que aflora,
la humildad que brota,
que atrasa el tiempo y
trae la bondad de aquel indigente
que siempre soñó
con la construcción de este puente
para dar luz y sanar la mente.
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En lo profundo del bosque

En lo profundo del bosque
lejos de las rancias inquietudes
arraigadas por los años
vivien las flores silvestres
ellas nunca soñaron con adornar a la vida,
sus raíces echaron con la esperanza
de poder huir en la tierra del peligroso sendero
que con su camino solo nos asecha.

Bajo el barullo de un riachuelo
se escuchan los ecos rebeldes,
están tan contentos como siempre
escurriéndose a caudales
con los inquietos colores azules y verdes
un brillante turquesa que quieren llegar
a toda prisa a un mar radiante y celeste.

Esta vez el murmullo de las aves pequeñas
se escuchará hasta el cielo imponente,
no importa cuanto me oculte
el abandono en un silencio no podrá verme
esta vez podré escaparme contento,
brillaré de nuevo con mis versos alegres.

Quisiera poder convertirme en un río subterráneo
en donde la luz aurora solo se pierde
quisiera poder ser un tifón entre un millón
de traviesas desventuras
para con mi primavera tibia poder envolverte.

No quiero volver a verte triste
en un invierno cruel
que solo nos congela con su frío insensible,
te amo radiante
como el colibrí que nunca se detiene,
te quiero sonriente
como la pradera verde que solo florece.

Quisiera poder terminar
con la oscuridad que crece
con el cristalino manantial del perdón
que pronto lavara con sus aguas
el desamor que el mismo odio hizo crecer
para poder ahora sí deshacerse de ti,
en lo profundo del bosque
vivien las flores silvestres.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
16/01/2018.
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¡A la papelera!

Porque sucede el tiempo de invierno
y las primeras flores de los almendros
riman con la niebla y la escarcha

(¡Joder, Esteban! Querías decir sobre su sexo
¡A la papelera!)

… de los almendros riman…
sobre tu sexo, como riman las pieles
cuando nada esconde el deseo y cada segundo

(¿Cada segundo? ¿Cada segundo? No me vengas Esteban
ahora con el existencialismo ¡Estás espeso!
¡A la papelera!)

…cuando nada esconde el deseo y hay un ámbito de certeza
sometiendo la inercia de la fuerza y la ternura a

(¿fuerza y ternura? ¡Joder! Pero tío ¿Qué te ocurre?
¿Así amas? Si en realidad quieres decir
que estás sujetando sus manos y viendo cómo sus ojos
van pidiendo el ritmo de los siete mares
¡A la papelera!)

¿De los siete mares? ¿Siete mares? ¿Aquí quién está amando?
¡Déjame en paz!

…van pidiendo el ritmo de todo lo que baila la inconsciencia

(¿Inconsciencia? Estás mal hoy Esteban ¡Muy mal! ¡A la papelera!)

¡Déjame en paz!

…de todo lo que baila la inconsciencia…
entre hálitos salvajes que derraman la única verdad,
porque puede que los sentidos sean algo
que haya que buscar dentro de lo peor de nosotros
y amar matando lo que se vive y tirarlo
a la papelera donde sólo estamos nosotros, doliéndonos.

(¡No me gusta! ¡Tíralo!)
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La poesía y yo

A veces intento sacar poesía de debajo de las piedras, muevo los árboles de sitio e intento bajar las nubes con los ojos,
otras veces solo estoy ahí parado, como una tarde de otoño, mirando entre tus lunares y tus sueños, buscando las alcantarillas por donde se escapan los besos.
La poesía a veces es la campanada que anuncia el invierno, el mordisco de tu perro, la mirada perdida, la cara triste, los puntos, las esquinas por donde se escapa el oxígeno de la tierra.
Otras veces la poesía se me escapa, como si mi espíritu fuese tan rápido que no soy capaz de cogerlo, se me escapa como agua entre las manos, como si se escapase de las palabras mismas, como si las empapase y todo pesase mas.
La poesía es el abecedario del silencio, los caminos que no tienen salida en un laberinto, el salmo de los perdidos, el Génesis y el apocalipsis de una lágrima.
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Estaciones y tú

Por supuesto, en la nieve
Por supuesto, en el fuego
Por supuesto, con todas las estaciones en invierno
Por supuesto, contigo.
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Piedra

El presidente está leyendo poesía,
el ministro de cultura está reunido con sus asesores,
alguien recuerda un beso en la cola del paro,
vuelva usted mañana, no discuta, somos pacifistas,
la oferta de trabajo para hoy es hambre.
Podemos comer libros y luego a nosotros,
alguien se abraza a la ternura y es violento,
un rayo de luz de diciembre atraviesa una habitación,
la lluvia cae sobre el pan de cada día
y alguien escribe.
El jurado de unos premios cena con varios autores diseñados;
la lotería de las palabras,
hay que vender a los que tenemos comprados.
¡Vuelva usted mañana! ¿No ve que estamos trabajando?
¡Lo hacemos por su futuro!
Un niño aprende a leer como se frustran los sueños.
Necesito calor, es invierno y nos han quitado el fuego.
Alguien dice, somos libres,
el presidente está leyendo poesía.
Déjame callar en ti los silencios,
porque eres la última piedra que tengo para romper algo,
hagamos cómo si nos amásemos y nos aman,
cómo si los esclavos fueran otros,
cómo si el deseo aún existiera,

cómo si la verdad estuviera esperándonos.
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Reminiscencia de invierno (parte VII - final)

Ese lunes por la mañana Salvatore llama a Alessandra camino a su trabajo. Le dice que es vital conversar esa misma tarde. Le pide que salga temprano y que lo acompañe al parque pues tiene cosas muy relevantes que contarle sobre su viaje a Monterrey. Alessandra queda sorprendida de saber que él anduvo en Monterrey el fin de semana y le dice que ella también tiene información muy extraña que compartir con él sobre una charla que tuvo con doña Juana el día sábado. Alessandra no tiene que rogar mucho a Claudia para que la cubra esa tarde; después de lo que ambas vivieron en la cocina de doña Juana, sabe que es crucial esa cita. Salvatore por su lado, pasa muy mal rato rogando a su jefe que le deje salir temprano, una vez más; inventa alguna cita inesperada con el IRS, y en Estados Unidos ese es siempre un tema de respeto; de mala gana, el jefe accede. En el parque, los copos de nieve caen con una tristeza, como si tuvieran el augurio de que esa tarde, alguna hermosa historia de amor, podría acabar. Alessandra y Salvatore caminan de la mano, se miran fijamente a cada rato mientras lo hacen; ninguno comienza tratando el tema grave que necesitan abordar. Hablan de nimiedades. Se preguntan del trabajo. De como van las ventas en la pastelería. De como están los clientes de Salvatore. Finalmente se sientan en una banca, respiran profundo y Alessandra le cuenta todo lo sucedido donde Juana. Salvatore por su lado, le cuenta los increíbles hallazgos de Solomon en los archivos de Remembrance. Ninguno de los dos quiere dar crédito a las historias que cada uno cuenta y a la increíble coherencia y consistencia de ambas. Alessandra llora mientras cuenta su parte, las lágrimas caen al suelo como granitos minúsculos de hielo. Salvatore tiene una cara de aflicción imposible de esconder. Ambos deciden ignorar todo lo que han investigado. Simplemente no pueden dar crédito que el uno o el otro se haya hartado de la relación y del intenso amor que vivían.

Los meses pasan volando. En menos de diez días Alessandra rompe definitivamente con Salvador, su prometido. Le cuenta que ya sabe toda la verdad y Salvador no opone ninguna resistencia. La abandona de inmediato, sin drama. En menos de un mes, ella se muda al apartamento de Salvatore. El mes siguiente dan rienda suelta a su pasión. Las noches no les alcanzan, pues el deseo y el amor les desborda. Los primeros meses son de idilio total, se enamoran tan profundamente, como nunca antes lo habían estado. A partir del cuarto mes, algo empieza a ir mal. Todo lo que investigaron meses atrás empieza a hacerse realidad, inclusive una realidad más dramática que lo que les habían contado. Alessandra desarrolla paulatinamente una codependencia muy intensa y maliciosa. Empieza a tener un comportamiento compulsivo, obsesivo y controlador. Salvatore la ama desesperadamente y aguanta con valentía todo lo malo que se viene. Sus encuentros sexuales no menguan ni un ápice a pesar de todo. Una tarde cualquiera de sábado, volverían al apartamento a las tres de la tarde y pasarían desnudos hasta la media noche, devorándose el uno al otro, con o sin coito; y la cantidad y calidad de sus orgasmos es algo fuera de este mundo.

A los seis meses todo ha concluido. Salvatore se ha mudado de ciudad, ha puesto una orden de restricción contra Alessandra. Ha viajado a Monterrey a hacerse un borrado voluntario de memoria, olvidar a Alessandra y todo lo que tenga que ver con ella, otra vez. Alessandra pierde toda cordura, literalmente. Se le diagnostica algún tipo de demencia. Es recluida en un centro especializado para recibir el cuidado y tratamiento que corresponde. Claudia se encarga de todo. Las ganancias de la pastelería son suficientes para cubrir con esos gastos y aunque no lo fueran, Alessandra es su amiga del alma. Sufre mucho por ella. La visita todos los sábados sin falta. En cada visita, Alessandra le cuenta sus delirios de relación con Salvatore, una que aún no termina; le cuenta como él la visita a escondidas todas las noches, se mete a su cama y le hace el amor toda la madrugada. Y siempre se despide diciendo que la ama con toda su alma, que pronto la rescatará de esa clínica, que ya casi desbarata toda la organización de Remembrance, y cuando concluya, ella será liberada y vivirán felices para siempre. “Salvatore, te amo”, es lo que ella siempre le dice al verlo salir por la puerta de su habitación.

Seis meses atrás, esa noche de domingo, Salvatore llega casi en automático a la casa de Solomon, al sucio y lúgubre sótano donde vive. Por el camino lo asalta la incertidumbre, la ansiedad, el desespero. No puede creer que su historia con Alessandra no acabe de comenzar, que ya tengan esa historia previa. Esa historia tan extraña, y que inclusive ni esa historia es verdadera, según lo que Solomon le ha anticipado por teléfono. ─Tú y Alessandra nunca han estado juntos. Nunca se conocieron en verdad. ─le dice Solomon─ todo comenzó con un concurso que ambos ganaron en alguna red social, alguna encuesta que llenaron y salieron favorecidos con unas vacaciones de ensueño ─Solomon continúa relatándole ese mecanismo que Remembrance utilizó en el pasado, unos tres años atrás, cuando su tecnología estaba en versión beta. Y le cuenta como las dichosas vacaciones de ensueño eran en realidad una prueba beta de implantarles los recuerdos de unas vacaciones. Que coincidentemente Salvatore y Alessandra eligieron Milán como destino de su viaje vacacional. Lo que Remembrance hizo sin su autorización fue agregar la experiencia de romance fugaz, y para que ésta fuera más intensa cruzaron sus dos personajes. Cada uno había sido la experiencia romántica del otro. A decir verdad, había un buen nivel de seguridad en la experiencia, estaba garantizado que el romance sería superficial y temporal y que sembrarían en ambos un sabor de haber sido algo bello, pero que no iba a tener trascendencia alguna. Tiempo después, algo inaudito ocurrió. Los recuerdos sembrados en cada uno de ellos empezaron a crear nuevos recuerdos, unos que no fueron implantados, y que obviamente tampoco correspondían a ninguna realidad. Esos nuevos recuerdos incluyeron la continuidad de su relación de vuelta en Estados Unidos. Y un breve periodo de un año en el que se amaron con una intensidad, como ninguno había experimentado en su vida real, al punto de hacer planes de casarse. La relación ─en la virtualidad de sus nuevos recuerdos─ sin embargo, se deterioró porque Alessandra desarrolló una obsesión maliciosa y un síndrome de bipolaridad que hizo que continuar juntos fuera poderosamente peligroso para ambos. Si bien la relación que su cerebro inventó a raíz de los recuerdos primarios implantados no era 100% idéntica para ambos, los puntos de coincidencia eran asombrosos. En la vida real, dos personas no recuerdan una relación 100% igual tampoco, cada quien le ve sus matices y la ve a través un cristal distinto. Todos los participantes de la prueba beta eran monitoreados quincenalmente por personal calificado de Remembrance y al detectar esa anormalidad los invitaron a ambos, cada uno en fechas distintas, a realizar otro viaje a Remembrance, donde se les contó la verdad de lo que les acontecía y al descubrir ambos que todo era una farsa creada en su cerebro, optaron por un borrado total de toda la experiencia: De los recuerdos que nacieron espontáneamente, del viaje original a Monterrey, de las vacaciones inventadas en Milán, del romance fugaz, de todo lo concerniente al tema. Y para hacer verosímil todo el tema y liberar de responsabilidades a Remembrance les pidieron que grabaran los videos falsos en que ambos confirmaban haber tenido una relación real, que se tornó dolorosa y decidieron borrarla de su memoria. Alternativamente, había unos video reales de todas las sesiones que habían tenido con ellos; estos últimos eran ultra-secretos y estaban encriptados con criptografía cuántica, indescifrable para el mortal promedio; mas no para Solomon. Como parte de los servicios de borrado, Alessandra optó por el detalle de conocer un nuevo novio de inmediato, alguien que sagazmente la conquistara y le propusiera matrimonio, y que tuviera un nombre similar al de Salvatore. De allí surgió Salvador. Por su lado, Salvatore optó por que le sembraran un desgano y apatía total hacia una nueva relación, prefería quedarse como un lobo solitario. Doña Juana y algunos otros personajes, eran personal de Remembrance, que se aseguraban de lo verosímil de las historias, y ante el encuentro inesperado de Salvatore y Alessandra, activaron un plan “B” que hiciera creíble la cuartada de Remembrance en todo el tema ─¿Tienes una memoria USB que me prestes? ─pregunta Salvatore─ cópiame allí todos los videos por favor, me los llevo para revisarlos nuevamente con calma esta madrugada ─. Solomon hace la copia y lo despide con un efusivo apretón de manos, de alguna manera le había cogido cariño a Salvatore ahora, a pesar de la falta de empatía que caracterizaba a Solomon. Salvatore regresa a su casa, conduce con mucha calma, como sedado, como hipnotizado. Los videos vistos pasan por su cabeza una y otra vez, dando punzadas en su corazón, cada vez más fuertes. “Alessandra, te amo”, susurra mientras conduce por la larguísima autopista que lo lleve de regreso a su hogar vacío, un hogar donde Alessandra, en la realidad, nunca tuvo parte.


FIN.


@AljndroPoetry
2018-ene-12
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La ventana

Es la ventana abierta las manos,
las que llevan el elogio de lo incomprensible,
déjame llevar al rostro de las palabras
la luz que muere en el vacío de unos ojos,
ese lenguaje inerte y recordarme así,
intemperie, naufragio, constelación de tiempo.

Yaces, en esa desnudez de invierno y menta,
la contraluz de lo inexacto invade tu deseo,
pero nada dices cuando unos labios acarician
la sombra de tus heridas, cuando sientes el frío
y todo es ilegible y nada te recuerda,
bruma, acantilado, violenta y salvaje fragilidad.
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Mensaje en una botella

Conducía mirando al frente. Con seguridad.
De vez en cuando se veía una casa,
rodeada siempre de campo y algún huerto sin cuidar.
Masas de árboles se movían al mismo tiempo,
empujadas por un viento ligero y caluroso.
Cuando tomaba un rumbo nuevo
el sol cambiaba con nosotros de dirección.
A veces nos daba en la cara
y aunque nos nublaba la visión
sentíamos el verano quemándonos la piel.
Canté con ansias más de una canción.
Recordaba bien las letras, pero nunca retuve los títulos.
Dejamos atrás algun pueblo y en alguno que otro desperezamos los huesos.
El olor de un horno con nombre de mujer nos activó más de un sentido
así que me vi obligada a comprar bollos de mermelada
que comimos a la sombra del cariño y a la luz tenue del placer.
Cuando llegaban las noches, el frío llamaba para dormirse en nuestros pies.
Aparcaba en algun camino y hacíamos el amor hasta dormirnos en los asientos de atrás.
Llegué a pensar que nunca volvería a encontrar una magia como aquella.


Conducía mirando al frente. Con cautela y atención.
Un día llegamos a una ciudad y en ella me di cuenta de mucho.
Los caminos se convirtieron en grandes avenidas
y a nuestro paso se llenaban de charcos todas las aceras.
Dejamos de comer dulces de mermelada
y los sustituimos por café sin azúcar la mayoría de despertares.
Seguía habiendo casas, pero los tifones del final del verano
se habían llevado tantos tejados
que nos acostumbramos a vivir así, desarropados.
Una de cada dos noches me costaba conciliar el sueño.
No encontraste ni un cuento ni una sola nana para hacerme dormir.
Hubo veces en que me volví hacia tu asiento para mirarte de reojo.
En todas las ocasiones solo encontré botellas vacías y una foto tuya de carnet.
Kilómetros después siempre te encontraba haciéndome autoestop.
Siempre quise pasar de largo pero nunca encontraba las agallas.


Conducía mirando al frente, sola, sabiendo que en cualquier momento me podía estrellar.
Me dolió tanto el estómago.
Los pinchazos no se detenían en ninguno de mis semáforos en rojo
en los que poder recuperar un poco de aliento.
Las casas no tenían ventanas, ni puertas, ni paredes.
Las flores estaban muertas, los gatos y los pájaros también.
Los pueblos, la ciudad, el campo, el horno, los charcos, el verano y parte del otoño
se habían convertido en un río sin orillas donde poder agarrarme.
Flotaban mi coche y las camas en las que intenté sudar la tristeza alguna vez.
Me dolió tanto la garganta. Y las manos.
Vomité tu voz tantas noches. Y días. Y vidas.
No hubo poemas por escribir.
Me dejaste sin hojas en un invierno largo
que no tenía ojos ni tampoco sonrisa.
Encontré la miseria en un pijama, en una taza.
En el espejo.

Dejé de conducir. Finalmente me estrellé.
Encontré fuerzas y te escribí este mensaje
para meterlo en una de tus botellas vacías
y la arrojé al río. Con rabia. Bien lejos.
No me hizo falta asegurarme de que la recibieras
porque tú ésta fábula bien la conocías.


Recuerdo esta historia mientras me quito la ropa, pieza a pieza, frente al mar.
Me sumerjo dispuesta a poner en práctica todo aquello que me enseñaste.
La sal curará las llagas, los mordiscos y los arañazos que me dejaste de recuerdo.

Sigo con dolor de estómago. Creo que ahora es de tanto reír.
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Lo que no fuimos

A veces te preguntas cómo has acabado aquí… tan lejos de todo lo que querías que fuera.

Piensas en por qué la distancia lo fue ocupando todo…



Te preguntas:

¿Por qué aquella noche no le devolviste la llamada?

¿Por qué ella nunca supo que seguías al otro lado?

¿Por qué “todo” no fue suficiente?

¿Por qué no se pueden atravesar los puntos de no retorno?

Esos que indican que es el final del camino, que sólo puedes volver sobre tus pasos porque al otro lado sólo hay un precipicio… el de su olvido.





Aprender a ver esos puntos … tocarlos y bebértelos, eso te hubiera bastado.

Pero no, tú eres más de gastar todas las balas, incluso las que no tienes.






Entonces nos convertimos en barcos varados.



Fuimos isobaras del mapa de la memoria. Constelaciones apagadas, planetas muertos, flotando en la inmensidad del universo.

Galaxias que se desbordan y se desintegraban, ases sin baraja, notas sueltas, lunes de invierno, silencios llenos de nada…

Luces que no proyectaban sombra, grietas, borrones. Dos coordenadas que no indican ya ningún lugar.





Porque ya no latimos.



Porque todos nuestros vértices se han desalineado.



Y ahora, YA – NO – SOMOS.
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Sin título

Maldito viento que hiela las manos
que vacía las entrañas
de la mañana
que apenas deja brotar
lágrimas
de los manantiales.

Maldito viento que abre las heridas
que ahoga el grito
de las despedidas
que no concede siquiera
el consuelo
del silencio.

Yermo de dolor
sin armas ni conjuros
de rabia
sin esperanza alguna
busco en el sol del invierno
un atisbo de camino
un resguardo del viento.
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Frío

Frío, tengo frío. Hace 40ºC fuera y yo tengo frío. Hace 0ºC fuera y yo con frío. Frío, helada, me siento sin ser capaz de entrar en calor. Frío, necesito frío, la cabeza fría para aclarar ideas, el corazón frío para poder decidir lo más adecuado.

Frío, estoy helada, no siento las manos, no siento tu voz, no me noto palpitar el corazón, frío, está frío, estoy fría.

Mirada fría, no puedo mirarte de otra forma, tengo que verte cómo eres realmente, ver cómo me siento realmente. Frío, fría el alma, mas esta nunca estuvo cálida, no podía estarlo pues por mucho que el órgano que me da vida la intentaba calentar a base de latidos de amor, tú no dejabas calentarla. Esa zona, la más profunda de una persona, la que sólo puede estar cálida si una se siente bien de verdad, esa que se calienta con la felicidad y se hiela sin ella

Frío, tengo frío, en pleno verano y yo con abrigo, o, ¿quizá sea invierno?, no importa, tengo frío. Nieve en mis hombros, nieve en mi espalda, que me hielo, que me falta el aliento, que las lágrimas no caen porque están congeladas.

Frío, maldito frío, ¿cómo te echo de mis entrañas? Frío, maldito frío, ¿por qué no intentas quitármelo? Frío, maldito frío, ¿cuándo conseguirás ser tú mismo y descongelarme? Frío, maldito frío, que quiero que se aleje sin que tú te vayas de mi vida. Que te amo, que te necesito, que te amo, que eres mi vida, que te amo, que no sé cómo vivir sin ti, que te amo, pero que tengo frío y que no eres capaz de quitármelo, que nos helamos los dos, que nuestras almas están juntas, pero juntas por el frío, que ninguno de los dos somos felices, que yo te amo, que te quiero pero que no soy feliz, que me amas, que me quieres, pero que no eres feliz.

Frío, mi amor, tengo mucho frío, y no hallo más que una solución…
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Refugio

No ha sido fácil conjugar
y aguantar el tiempo
que pasamos sin vernos.

No ha sido fácil hallar
la claridad donde
todo culmina.

Camino sin prisas,
recordándote en
fotos que te hice
con la memoria.

El invierno me invita
en su refugio, mientras
espero a que bajes al portal.

Para pasear ahora
que pronto anochece,
para acabar oliendo a ti.

Olvida el
cansancio
de la rutina,
huyamos del
tumulto de
penas y codicias.

Volveré a casa
extrañándote,
con ese beso
oculto por tu pelo,
y veré cómo te
vas fundiendo
entre la brisa
de los árboles.
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Ahogados bajo el sol (@AldoRheinn & @Pequenho_Ze)

Maquinalmente,
las manos me pasan agua por el rostro
para desesperezar la muerte que albergo
en cada palabra impronunciada.
Sabor amargo en los labios
ternura enmohecida sentada en mi regazo
acusando la poca fiabilidad
de las nostalgias rotas.

Frío,
bajo un cielo soleado.

Sólido,
congelado;
aunque me hiervas a cien grados.

Soñando...
Con "aligerar la carga",
con calmar mi alma,
con buscar la paz.

En las profundidades del Mediterráneo,
quiero sanar.

Pero tengo el corazón enfermo
por un exceso de sal;
y un silbido fugaz
rompe en dos ese magnífico silencio
que pernocta en mi boca
llevándome hacia atrás.

Nada es demasiado claro,
y casi sin pensar
retomo la aspereza
de un mundo que no se deja acariciar.

El silencio...
El invierno...
Es Enero.

Aun así,
saldré a nadar.
Nada que buscar,
salvo en el mar.

Tengo el corazón,
la mente,
los pulmones,
llenos de sal.

Las cenizas de mi vida no me dejan respirar.

Saldré a nadar.
Si me ahogo,
quiero risas.
Nada de llorar.

Mucho menos,
de rezar.

Englobo en dos palabras
la paz que estoy buscando
sin descanso
en este lugar.
Nadar, nadar,
correr entre las aguas de la indecisión,
del infortunio, de la sinrazón.
Ven...

vamos juntos
salgamos a nadar.

Gritemos juntos,
qué significa soñar,
luchar,
sangrar...

Lo que sentimos,
se llama indiferencia a la felicidad.
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Purgatorio

La escarcha y el miedo
muerden pechos desnudos
en mitad del invierno.

Atrás quedaron
hogares reventados por el odio;
delante espera el odio
transformado en frontera.

Atrapados en el purgatorio
-con las espaldas libres de pecado-
un mar de refugiados
sólo puede esperar la cara
de una moneda
armada con doble cruz.



Autor: Ícaro Carrillo
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Errantes

A veces, muere la esperanza,
y el mundo se regodea
de las desgracias ajenas,
hastío de ver, un mundo
enajenado de poder,
que tropieza con las manos
desnudas de los desheredados.

Pétalos marchitos, buscando abrigo
en cuerpos abarrotados de frío invierno,
buceando en la profundidad
de grutas que esconden llantos.

Sonrisas borradas, efímeras, rotas,
encalladas y hundidas
en un vaivén que se desborda
de promesas incumplidas,
deja tras de sí, hilos imperceptibles,
que dejan abiertas viejas heridas,
y quedan suspendidas
en el aire etéreo.

Bajo la piel de escarcha,
anida queratina,
esperando ser descamada.

Perseguidos, masacrados,
en busca de la tierra prometida,
y al mundo no le importa
el dolor de sus heridas.
En sus ojos se visualiza,
la nostalgia de su origen,
la sonrisa de un pasado,
un presente difuso y ambiguo,
que espera retener la miel en sus labios.

Angeles Torres
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En casa hace frío y no es por el invierno

En casa hace frío
y no es por el invierno.
El café se enfría,
mis manos se enfrían,
las ventanas se enfrían,
las sábanas se enfrían.
Mi familia se descompone
y las lágrimas se enfrían,
como un polluelo
cayendo del nido
hacia el asfalto frío.
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Han arrojado las alas a la hoguera

Cometí el pecado de la soberbia,
por asomarme a la fuente de los deseos,
para encontrar en sus aguas
el reflejo de tu rostro
y mojarme la cara para imaginar tu boca.

Cometí el pecado de la envidia,
por sentarme bajo el árbol de la vida
para cobijarme bajo tu sombra de hojas caducas,
y esperar a que el invierno no llegara.

Cometí el pecado de la avaricia,
por pronunciar tu nombre cada noche
y convertir los sueños
en un reo enjaulado del insomnio.

Cometí el pecado de querer marcharme de este mundo,
de cerrar las puertas y arrojar las llaves
para transformarme en ese ángel caído
y que arrojaran sus alas a la hoguera.

Cometí el único pecado que no tiene perdón,
simplemente porque fue la alevosía de mi manera de amar,
la que hizo que esperara al juicio final
y ante el tribunal de la conciencia,
la sentencia me condenara a tener de nuevo unas alas,
unas alas que nunca volverían a volar.
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sin comentarios 128 lecturas versolibre karma: 120

Es tiempo todavía

Es tiempo todavía
de leerte entre mis sombras y descifrar tu hastío,
de recordar tu rostro borroso
en una palabra que no se resigna.

Es tiempo todavía
de caminar de puntillas
para no despertar por el odio
del quien nunca te mira.

Es tiempo todavía
porque nunca soñaste con la muerte
solo pediste perdón por los brazos negados
y las ofensas continuas.

Es tiempo todavía
de recordarte esa imagen querida,
entre los años que se duermen
en un antiguo invernadero de rosas marchitas.

Es tiempo todavía
de filtrar las miradas, donde todos caminan
en donde nadie se detiene, porque todos avanzan
hasta el final de sus días.

Es tiempo todavía
de recoger las hojas caídas
de un insólito invierno
de caricias curtidas.

Es tiempo todavía
de consolarte con hechos
y no con mentiras
de desvanecer con besos las cicatrices heridas.

Es tiempo todavía
de amortiguar el peso con menos remordimientos,
de continuar con el paso ahora lento
y detenerme a aceptar lo que verdaderamente siento.

Es tiempo todavía
de sujetar tu mano curtida por tanto sufrimiento anegado
en una oscura soledad infinita
por las escasas sonrisas de tu sequía.

Es tiempo todavía
de arrojarte un manojo de risas
de arañar la pesadumbre
de ignorar las apariencias que engañan malignas.

Es tiempo todavía
de ignorar los rencores
y como con las pequeñas heridas
ponerles saliva.

Nunca será demasiado tarde
para ver los colores pasteles
de un lienzo perfecto
de toda una vida.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
06/01/2018.

Con cariño a una amiga
que ha luchado con éxito
un montón de batallas
unas ganadas y otras perdidas,
pero que no se raja.

María Luisa(Malulita)
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Siento

Siento, que me achicharro en este invierno,
chamuscado al relente de tus besos,
y sigo, devanándome los sesos
solo por no mandarlo todo al cuerno.

Allí, donde juraste amor eterno,
donde dimos aliento a los excesos,
amando como auténticos obsesos
entre las frías llamas del infierno.

El humo de esas llamas es un velo,
tan negro, que oculta en ellas nuestro ego,
y lo que fue ardor ahora es anhelo.

Siento, como por fin de ti reniego,
siento perder tu sexo, que es el cielo,
y siento, sin ti, dar palos de ciego.
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