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Soneto Oneguiana I

Me habla de naturaleza muerta,
cuando sus ojos solo gritan vida;
me deja afuera sin cerrar puertas,
para no perdernos en nuestra huida.

Ahí con el antifaz y kimonos,
con la melodía en semitonos;
apaga la luz, desciende el telón,
un beso es mi flecha en el talón.

Retrata en su iris mi problema,
en estos labios la sed de mi lengua,
y esta tentación es como agua.

Recito su libertad en poema,
juramos en el silencio lealtad,
yace en la mierda nuestra amistad.

Niorv Ogrin
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La casa que deseo

Si decidimos amarnos, no te pediré una casa de madera o concreto,
sólo te pediré dejarme habitar en ese lugar donde frágil o fuerte tú puedes hacerlo.

Que los cimientos sean de un verdadero amor, para la amenaza de la tormenta.
Las paredes de confianza y cariño, para cuando haya un malentendido que explicar.
El piso de seguridad, para cuando uno de los dos sienta debilidad.
Ventanas de esperanza, para cuando una mala noticia nos cause calamidad.
Nuestra recámara revestida de bondad, armonía y lealtad, para cuando lleguen los días de vejez y enfermedad.
La cocina con las recetas del amor, de riquísimo sazón y aroma invitador.
El comedor sencillo pero mágico para que hable el soñador.
El cuarto de estar tan confortable que nos impacientemos por llegar.
Y que la puerta principal tenga una llave que represente sublime prisión o indeseada libertad.
Entonces esa casa con el tiempo no lo será más, cuando se convierta en un bello hogar.

Letizia Salceda,,
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Matemáticas del Amor

Empezando de cero: Tú más yo
Sumando respeto, cariño, admiración
confianza y lealtad a esta divina relación.

Restándole a la soberbia y orgullo el querer tener siempre la razón,
cuando un problema hace su aparición.

Multiplicando día con día el deseo
de nuestra exquisita compañía,
cuando la hora de charlar se avecina.

Dividiendo en partes iguales espacio
y tiempo, para no decir: “no se vale".

Resolviendo juntos las vicisitudes
de la Vida, obteniendo un fantástico
e inequívoco resultado con la
mejor de nuestras actitudes.

Letizia Salceda
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Decadencia

Huérfanos de ellos mendigamos su luz
por las harapientas esquinas
de su antiguo hogar, pero sólo
nos topamos con un lastimero humo
que nos susurra su arcana existencia.

De lo alto de cadalsos de acero y vidrio
vemos colgar sus profanados restos
y en los modernos altares de celulosa y tinta
escuchamos los últimos estertores
de su alma violada impunemente.

Iracundos, desamparados, famélicos,
por las cloacas de la conciencia
nos abrimos paso a dentelladas
guiados por el canto del níquel y el neón.

Anhelamos aferrarnos a los principios,
a la integridad, los compromisos, la lealtad,
pero nos entregamos sin rubor
a la ofrenda diaria
del sedante y banal deseo cumplido.

Desarraigamos el fuego de nuestro pecho,
renegamos de nuestra quijotesca infancia
de pies alados y nos dejamos ungir
con el aceite de la abulia
y la desidia.

Asumimos el confort de los hilos
y ciegos
alzamos la vista esperando
las opiáceas órdenes del titiritero.
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Indiferencia añil Vesubio

Te doy la razón
no te acerques
conmigo tienes que venir aprendida
e incandescente
no tengo nada que enseñarte
sólo cosas simples que tiemblan
y me hacen poco interesante
como la lealtad a una voz
y la caricia a una piel
o a libar el alma en una vieja tinaja
no lo dudes
para vivir la aventura solitaria
del saludo de soslayo
es mejor que te apresures
a pasar de largo
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Diálogo (el mar y yo)

Es fácil la lealtad, siendo inmutable
certeza azul,
dorada travesía.
¿Qué puedo darte yo?
(hombre tan sólo),
apenas una sombra que camina.

¿Seguirás ahí mañana?
-me dijiste-
¿y el domingo?
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Réquiem por la Humanidad

Cuando el amor se apagó
la nobleza oscureció.
Huérfanos los corazones,
ostentan negros crespones.
La lealtad fue ultrajada;
la fidelidad reblada.

Hombres fríos e inclementes,
mujeres indiferentes.
Humanidad decadente
sin valores que aparente.

Y es que sin amor no hay nada,
solo hueco tras la fachada.

Recuperar la paciencia
en reparar la conciencia.
Rescatemos la bondad
y germine la piedad.
Construyamos con cordura
con respeto y con ternura.

Seamos seres humanos,
dejemos de ser gusanos.
Y que duela la vergüenza,
mientras el amor... no venza.




Publicado en la Asociación solidaria cinco palabras:
cincopalabras.com/2018/02/25/escribe-tu-relato-de-febrero-v-el-mananer
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Tus secretos

Admiro tu lealtad con benevolencia
subsiste adolorida por la violencia verbal
de una voz que no tolera pasión sin sollozos
sin ocultarse de los reproches.

Nunca abandonaste la esperanza
no existieron para ti lágrimas de odio
tu paz es tu mayor secreto escrito
un deseo en cada noche de insomnios.

La crítica nunca borró tu sonrisa
no encontró palabras que doblegaran la osadía,
tus pensamientos de melancolía
perduran estoicos hasta estos días.

Aunque tus ideas sean primitivas para estos tiempos
la verdad es una virtud muy quieta
mis oídos escucharán tu mensaje siempre
tu amor no miente con el pulso de un verso irreverente.

Solo quieres ser alba en un cielo sereno
sobrevivir sin la poesía mutilada
amas ser una rosa fiel que no miente
un murmullo sabio en madrugada.

Quieres soñar con la esperanza eterna
de escribir en una noche furtiva
con la sonrisa tibia y sin temores
por rebelarse en confusión y alegría.


Poesía
Miguel Adame Vázquez.
“El mute”
22/02/2018.
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Separación

Como perros fieles

los poemas
que te escribí

los poemas
que para ti desencadené

van de tu lado.
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Terapia de las olas

Ahogué los dolores del alma.
El ron no me funcionó.
Las olas rompen sin calma,
la noche en qué ella me traicionó.

Idear un presente para nosotros,
estar en manos del libre albedrío,
caminar sobre los cristales rotos,
es lanzarse de nuevo al vacío.

Confieso, la estoy amando.
Confieso, se terminó la lealtad.
Cierro los ojos y tu silueta voy imaginando.
Quito el antifaz de la castidad.
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Matices

Entre el libertinaje y la libertad,
entre lo importante y lo esencial,
entre lo virtual y la realidad,
el desear y el amar,
el ser y el estar;
entre la obediencia y la sumisión...

Entre una palabra y la otra,
andamos sin sentido ni razón
esperando encontrar
un atisbo, una evidencia,
de eso llamado coherencia.
Tonos, nos urge una sociedad
colmada de gamas, de tonos;
al principio y al final
en los huecos del matiz
se esconde la verdad.

Entre la fidelidad y la lealtad,
entre el vivir y el respirar,
entre el oír y el escuchar,
el educar y el adoctrinar,
el confiscar y el robar;
entre la proposición y la imposición...

Entre una palabra y la otra,
andamos sin sentido ni razón
esperando encontrar
un atisbo, una evidencia,
de eso llamado conciencia.
Tonos, nos urge una sociedad
colmada de gamas, de tonos;
al principio y al final
en los huecos del matiz
se esconde la verdad.

Entre el reprimir y el ajusticiar,
entre el opinar y el informar,
entre el temer y el respetar,
el proteger y el custodiar,
el deber y el abusar;
entre la pena y la compasión...

Entre una palabra y la otra,
andamos sin sentido ni razón
esperando encontrar
un atisbo, una evidencia,
de eso llamado existencia.
Tonos, nos urge una sociedad
colmada de gamas, de tonos;
al principio y al final
en los huecos del matiz
se esconde la verdad.
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A veces

A veces pasa.

A veces, alguien te sujeta de la mano fuerte y te evita un precipicio.

O se convierte en uno pero esta vez, te apetece asomarte.



A veces, dos días son más que dos siglos y las miradas se te meten por dentro.

Por entre las rendijas.

Las intenciones te atraviesan y tú solo quieres no pararlas.

No hay respuestas, sólo balas … ‘para siempres’ en los que por primera vez crees. Y quieres.



A veces surge, a veces te pasa todo lo que no te pasó antes.

De golpe.

Duro.

Sin preliminares.



Su voz se acomoda en los pliegues de tu cerebro, se hace contigo

y eres capaz de oírla en medio del silencio.

Escupes flores.

Sus manos tiemblan y tus pestañas se colocan para recibir miradas.

Si me hubieran disparado en ese momento no me hubiera dado cuenta.

Me sobraba adrenalina y me faltaban ‘peros’

y ese estado es tan peligrosamente mágico que a los días le hacen falta horas.



Que los límites de lo conveniente se desdibujan

y en su lugar nos colocamos nosotros.

¿Cómo lo haces?

Cómo te instalas en mis inseguridades para destruir toda esa parte que me sobra y de la que me cuesta deshacerme.




Sólo sé, que me despierto pensando en hoy y no en ‘ayeres’.

Sólo sé que devoras las ganas de tener ganas,

solo sé que contigo soy tan yo que no debería tartamudear ….

Ni aunque me mires tan profundo.



Y te advierto que si vas a desarmarme

estaré preparada para no hacer nada.

Que si puedes leerme las ganas

sabrás que hacer conmigo cuando te lo pida.



Que si me retas,

voy a estar allí con todas las respuestas.

Que si me ganas

no te hará falta volver a ningún otro puerto que no sea yo.

Que si soy lo que deseas

sabré desearte como necesites.

Sin que me pidas.



Que si me encuentras

yo siempre sabré entenderte.



Que la lealtad es mejor

que cualquier otra boca.



Que lo aprendí contigo.
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Amor

AMOR.

Palabra digna de un monumento
El más grande jamás creado
sin el no viviríamos nunca.
La vida nos regala varios de ellos, a lo largo de ella…
El amor a la madre al padre, que nos acaricia cuando nacemos y sentimos los primeros besos.

El amor a los hijos, nuestro camino dentro de la vida
sin esa sensibilidad y ternura jamás creceríamos.

El amor a nuestros seres queridos, que siempre tenemos cerca
Hermanos, amigos, parientes cercanos y lejanos.
El amor a nuestras mascotas, que cuidamos con mimos y respetamos

A la ciudad donde crecimos
Al libro que leímos
A la flor que olimos
A esa canción
A ese amigo.

Amor sin remedio, cuando abrimos los ojos y vemos latir el tiempo
Al unísono del Universo.

Con destinos diferentes, hacia un mismo horizonte perfecto.
Nuestro Planeta, casa con jardín, llenos de caricias, abrazos, ternuras, y besos.

Amor al ser amado, a ese que aceptas con retorno, sin pruebas, sin adelantos,
sin cambios, sin facturas, sin fisuras,
con lealtad, con libertad, con respeto.

Dándole el tú, dentro de su yo.
Dándole compañía, seguridad, armonía, equilibrio, paz.
Dentro de su cuerpo, tú cuerpo.
Besos.

El del hijo es la. LUZ.
El del amor sentido es. EL RELAMPAGO.
El de los padres es. EL ARCO IRIS.
El del amigo es. LA ALBORADA.
El de nuestro Planeta es. EL AGUA.
AMOR.
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El relámpago de nuestra amistad

Era vida, andar por la calle sin vociferar en las dudas de llegar a casa y no saber si te siguen queriendo como la mañana anterior, porque no era necesario estar en casa, en la plaza, en cualquier avenida o aún así si te encuentras perdido, podía cerrar los ojos sin temer a su ausencia al abrirlos y correr como si el viento me llevase; como si nadie fuera detrás de mí, pero confiando en que él seguía cada uno de mis pasos. Desde la infancia he sabido que no fluyen en mi muchas palabras, al menos no es mi voz la que explote en sonidos de increíbles historias que todos gustan oír, más sin embargo él se sentaba a escuchar mi silencio y cuando menos lo imaginaba, sin darnos cuenta estábamos inundados de tormentas y relámpagos que arrastraban nuestras vidas, nuestros sueños y aquello de lo que odiábamos el tan solo hecho de recordar, lo coloreábamos de experiencias, unidos en una sola melodía… Sonrisas. Risas, tantas que recuerdo mi mirada borrosa, llenas de lágrimas y aquel dolor en un costado del estómago que solo te advertía no poder parar de reír, y era cierto, yo no soy de muchas palabras, pero él si era de quienes te invadían el alma, y cuando te das cuenta estás hablando de aquella cicatriz que llevas en la rodilla, o aquel tatuaje que prometiste hacer en su nombre, terminas contándole todo aquello que te carcome el espíritu, aún cuando el ni siquiera te ha pedido una sola palabra. El podía hacer eso y mucho más. ¡Vaya! ¡Si que lo quería! Su amistad ha sido tan grande, que “amistad” se quedaba corto, él era parte de mí, de mi familia, de lo que era y lo que quería ser. Pero ¿Quién era yo para saber o adivinar lo que significaba para él? Nadie, simplemente nadie. Y así como acostumbra la gente, se fue, ya no estaba esperando mi llamado en cualquier lugar, ya no me exigía que le avisara en donde me encontraba, ya no se preocupaba, ya no me buscaba, ya no habían lágrimas por consecuencia de risas, sino, lágrimas de ausencia, ahora sí reinaba el silencio; ese que duele, sollozos por quien se va así como cuando no quieren que te des cuenta, tan lento como el atardecer que nos hace ignorar en que momento llegó la noche, pero querido amigo, tratabas con alguien a quien no le importaría contar estrellas, y más aún a quien sí le importabas. Podías irte lo más lento que quisieras, pero dime ¿Cómo no darme cuenta que tu lugar estaba vacío? O quizá era mi corazón. Pero es que ¡Qué maldita costumbre la mía de aferrarme a estas cosas!

Pero era la vida, y lo sigue siendo, quien le abre la puerta a quienes no me apetece, y una vez adentro les abre todas las ventanas por donde puedan escapar. Eso hace, en el momento en que sabe que ya estas marcado, que no podrás olvidar. Continúas, porque en algún lugar eso fue lo que él hizo, continuar… Solo, que olvidó llevarme.
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Frio Infierno

¿Por qué insito en escribirle a Ella
teniéndote a ti,
mil veces mas agradecido que Ella cruel,
tan cerca?
Por algo será
que las musas siempre han sido mujeres
¿no lo crees?
Pero, así como inspiradoras,
saben ser crueles
¿y quién mejor para decirlo?
Me sé musa de más de uno
pero amante de ninguno,
desalmada me dicen unos,
ángel de fría piedra otros,
doncella esculpida en hielo,
y aún con todo esto,
poeta
que jamás aprendió a amar
mas aprendió de la crueldad
de su propia Doncella.
Con crudas palabras me enseñó
a escribir, a recitar y a suspirar
por ver en mi crueldad
reflejada la suya,
en mis letras,
su vanidad
y en mis suspiros
mi lealtad,
al único ángel
y frío infierno
que siempre escribiré.
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Palingenesia

PALINGENESIA
- Por D. A. Vasquez Rivero.


PARTE PRIMERA

"Sobre el castigo infligido a unos amantes peculiares."

Zaeta envenenada con lujuria,
va Lélape tronchando matorrales
y atrae mil esencias naturales
su hocico (catavientos infalible).
Va en busca del motín apetecible,
de aquella que abrevando en una alberca
presiente esa ansiedad del alma terca
e izando su mirada hacia la oscura
maleza ve en seguida la osatura
del perro que acechando se le acerca.

Ostenta él estigmas en la testa
(terribles cicatrices como ganchos)
y ella, de cortarse con garranchos,
dos marcas en la pata delantera.
Él viste pelo verde, ella entera
es parda con manchones nacarados
y mientras él aguarda camuflado
se cuida ella de mostrarse atenta.
¿No entiende él, ignora a quién se enfrenta?
¿Desdeña o desconoce su pasado?

La presa no es cualquiera, no, mi amado
lector de legendarias moralejas.
Se trata de Teumesia, cuya oreja
distingue la presencia amenazante
del hábil predador milenios antes
que logre darle pábulo a su antojo.
No bien escucha el quiebre de un abrojo
o el mínimo gemir de alguna rama...
¡Se escapa chamuscando tierra y grama
tan lejos que no alcanza a ver el ojo!

Cautivos de emoción persecutoria
comienzan a latir dos corazones.
Pasión y adrenalina a borbotones
exudan al correr los animales,
abriéndose camino por trigales,
subiendo al frío inhóspito de heleros,
cruzando lodazales y veneros
y en vano fatigando los desiertos
que mueren como páramos inciertos,
ocultos a la luz del mundo entero.

Testigo de este juego interminable
el mismo dios del trueno se impacienta.
Apoltronado en cómodas tormentas
que alumbran hasta el lecho de los mares
cavila (realizando malabares
con nueve o diez gaviotas) la manera
de darle fin a tan horrenda espera
y tras considerarlo, por su boca,
dispara un maleficio y vuelve rocas
a aquellos dos amantes en carrera.

No obstante, cierta pena traicionera
rubrica duramente su semblante
(sutil remordimiento penetrante
golpea y debilita su cordura).
¿Acaso una recóndita amargura
nacida de anteriores conversiones
provoca que su vista se emocione
y llegue a esmerilarse con el manto
sagrado, melancólico del llanto
que cae devorando a las naciones?

Pues quedan bajo el agua del diluvio:
el corro de una tribu milenaria,
la sangre de su guerra innecesaria,
el puño sin piedad del gobernante,
la errónea predicción del quiromante,
el premio de la pútrida avaricia,
la falsa lealtad y su caricia,
lo fútil del honor y el apellido
y todos los pecados conocidos
ahogados en acuática justicia.



PARTE SEGUNDA
"Sobre cómo un hombre se vuelve símbolo de esperanza ante semejante tragedia."


Al tiempo que remiten las mareas,
saciadas con humanos por tributo;
teñido el velamén de negro luto
navega a toda marcha una galera.
De Prometeo el hijo la lidera
virando gobernalle al noroeste.
(Bien sabe que en la bóveda celeste
logró quedar en pie esa noble tierra
famosa por su oráculo que encierra
lo ignoto de las dádivas y pestes).

Despuntan las calendas de noviembre
y no sin privaciones acuciantes
fondea Deucalión a su gigante
navío sobre mustia costanera.
Tritones que descansan a la vera
del mar en vigilancia permanente
le ruegan: ¡Continúa hasta la fuente
rodeada por olivos y laureles.
Consigue que la pitia te revele
la forma y resucita nuestra gente!

Deseando concretar tamaña empresa,
surtido con lo justo y necesario,
prosigue el héroe rumbo al legendario
Parnaso (que descolla en horizonte).
Y así, como un audaz Belerofonte,
cabalga sobre vértigos crecientes,
pasando de prehistóricas pendientes
a escarpas, a mortales precipicios
y de éstos a un camino más propicio
del monte para entrar a sus vertientes.

Más tarde, sin embargo, se detiene
delante de una cueva arboriforme
a cuya fauce cuidan trece enormes
antorchas que iluminan sus entrañas.
Adentro, la figura más extraña
procura aproximarse presurosa
(en parte criatura, parte diosa)
preséntase Pitón, brutal serpiente,
jactándose del don clarividente
y al punto revelándole estas cosas:



PARTE TERCERA
"Sobre una decisión.”


- Escucha, fiel heraldo de tu raza.
¡Yo soy la verdadera Pitonisa!
Mi ofensa perdonaron Artemisa
y Apolo (desdeñando su venganza).
Ahora, con motivo de alabanza
y eterna gratitud, he decidido
sumirme en esta gruta del olvido
dejando que confluyan a mi mente
olímpicos mensajes que la gente
reclama tras haberme conocido.

Por eso te pregunto: ¿Qué secreto
anhelas al pasar por mi guarida?
Acércate, busquemos en seguida
propósito a mi historia y a la tuya.
- Quisiera que un encanto restituya
el cuerpo y el espíritu presente
en todas las personas inocentes
llevadas sin aviso al inframundo
- responde Deucalión con un profundo
fervor y le replican lo siguiente:

- ¿Qué vientre maternal te dio la vida?
¿Qué célico soplido, el intelecto?
¿Será que los humanos, por tu afecto,
merecen elevarse desde el Hades?
Después del muladar de iniquidades
merced al cual se vieron condenados,
difícil es que sean perdonados
sin antes arrancar de sus gargantas
el mismo sufrimiento que hoy espanta
mis ojos con un mundo despoblado.

- No creas, Pitonisa, que pretendo
salvar de los ignívomos abismos
a aquellos cuyo fiero despotismo
sembró lujuria, vicio, sed y muerte.
¡No corran ni los buitres con la suerte
de disputar su fétida carroña!
Sugiero ver la cura en la ponzoña
y darle nuevo aliento a quienes fueron
amantes hasta el fin y no vivieron,
(probando así que el bien siempre retoña).

- Tu sabia sugerencia me conmueve,
tu juicio me parece muy sensato…
¡Hagamos el milagro de inmediato!
Comienza por tomar aquella piedra.
- ¿Cuál? ¿Ésta? – Esa, quítale la hiedra,
preciso es que su forma limpia quede.
- ¿Así está bien? – ¡Perfecto! Ve si puedes
cegarte con el paño del turbante
que llevas pues, de ahora en adelante,
tan solo escucharás lo que sucede.




PARTE CUARTA
“Sobre los caprichos alquímicos de la naturaleza.”

Entonces Deucalión accede a hacerlo,
se cubre el rostro mientras la serpiente
reptando se desplaza lentamente
al fondo del palacio de calcitas.
Y allí do banderolas y helictitas
decoran un recinto preparado,
Apolo finalmente es invocado
mediante luz votiva y oblaciones,
dictando por Pitón revelaciones
que escucha nuestro héroe engatusado.

- ¡El polvo es la materia primigenia
del hombre, de la bestia, del cultivo;
por tanto, ¿puede haber algún motivo
que impida al mismo SER cuanto le plazca?!
Si dices: "Piedra, de tu polvo nazca
robusto corazón, labio discreto,
cerebro dócil, venas, esqueleto,
vital aliento o rítmico latido."
¿No hará a tu voluntad lo requerido
mutándose en orgánico sujeto?

Parece inverosímil, mas no tuerzo
mi lengua en artificios ni teorías,
si sigues mis palabras este día
naciones brotarán de los escombros.
- ¿Qué debo hacer? – Arroja sobre el hombro
tu limpio pedernal, hueso de Gea,
y tras de ti hallarás lo que deseas:
varón, mujer o grácil criatura,
dejando su asfixiante sepultura
en pos del aire gris que nos rodea.

“¡Así lo haré!”- Retumba, trona un grito
y su eco resquebraja las paredes
del dombo natural donde sucede
aquel prodigio previo pregonado:
El duro pedernal es arrojado,
cayendo y rebotando varias veces;
se encoge, se alabea, se estremece,
se para, salta, cae, se fragmenta
y sorpresivamente experimenta
una transformación que lo enternece.

¡Un hombre! ¡Ya respira! ¡Ya se mueve!
Un ser antropomórfico dispuesto
a irse de la cueva, lleva abiertos
los párpados plagados de lagañas.
Y sobre sus larguísimas pestañas,
encima de las cejas, claramente,
enseña siete estigmas en la frente
idénticos a aquellos que llevara
el perro cuya caza se frustrara
por no medir la astucia en su oponente…



PARTE FINAL
“Sobre el inesperado modo en que concluye esta historia.”


¡Es Lélape! No busca la salida,
sino al lapídeo amor, la que antes fuera
su más preciada presa en las praderas,
los montes, los heleros y desiertos.
- ¿En dónde está? - pregunta el “antes-muerto”
a la serpiente y ésta le contesta:
- Si buscas a Teumesia solo presta
tu olfato al acre olor de mi caverna,
pues aunque afuera es piedra adentro es tierna
y emana aroma su alma, a VIDA apesta.

El perro vuelto un hombre se prosterna,
arrima rostro a tierra con recelo,
acerca su nariz a ras del suelo
y olisca musgo, barro, sal, incienso;
percibe el rastro débil, luego intenso
del delicioso cuero transpirado
bañado por esencias, perfumado
con jara, nerolí, carbón y albahaca.
¡No hay dudas que entre todas se destaca
la piedra de manchones nacarados!

- Es ésta - ¿Convencido? – Por supuesto.
- Tu turno, Deucalión, obra el milagro…
- ¡Despierta noble zorra, yo consagro
el cascarón a Gea, quedas libre!
¡Desúncete del yugo y haz que vibre
tu espíritu animal en sangre humana!
La piedra se cuartea, se desgrana,
se quiebra cual crisálida al instante
y surge de su seno la infartante
mujer, envuelto el sexo en finas lianas.

Ya presa y predador se reconocen,
contemplan asombrados sus figuras:
¿Cabello? ¿Piel lampiña? ¿La soltura
de un bípedo al andar y comportarse?
¡Añoran estar juntos! ¡Corretearse!
Y puesto que sus ganas son bestiales
se escapan a los valles ancestrales,
su idilio repitiendo por centurias:
“Zaeta envenenada con lujuria,
va Lélape tronchando matorrales…”
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14comentarios 199 lecturas versoclasico karma: 48

Bienvenida Ingratitud

Bienvenida Ingratitud !!
Aquí estoy nuevamente
para recibirte
con mis brazos abiertos
para volver a saborear
tus días oscuros
llenos de una triste soledad pasajera
de una indiferencia que mata
pero sé que tu estadía
es una instancia momentánea
suelo así recibirte con todo
me caracterizo por ser una guerrera
que lucha constantemente
y esta vez no será la excepción
te daré amor las caricias
la lealtad el abrazo
escucharé tus miedos
y siempre estaré dispuesta
a darte lo mejor de mí
aunque tu siempre me des
con lo peor de tí ...
Bienvenida Ingratitud !!
Kary®
@deluzenluz
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Más la muerte no la quiero, no te quiero todavía

Ayer me susurraste algo muy quero al oído.
Escuche claramente cada uno de tus quejidos.
Solo el temor al verte de frente ha estropeado sin razón mis sentidos.
Cual estampa sujeta al olvido muestras tú presencia insolente.

No existe nadie que te reste poder o fuerza en este mundo aguerrido.
Te imploran tiempo, lealtad y cariño, más tú solo brindas un momento en el silencio profano de lo que fue algún día fue su vida.
Ayer me susurraste algo muy bajo al oído.
Me quisiste seducir con un beso frio en la mejilla.

Me dijiste que era tuyo.
Más la muerte no la quiero, no te quiero todavía.
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2comentarios 198 lecturas versolibre karma: 62

Demando:

Demando:
cuidados constantes, caricias, humildad, fervor,
anticipación a mis antojos, beneplácito y complicidad,
exclusividad, lealtad, promesas de infinitud,
arrepentimiento en caso de ofensa, sedosidad y fortaleza,
hacer el amor con frecuencia o tener lagunas sexuales sin incriminaciones de frialdad,
tolerancia en los periodos melancólicos, un dulce tono de voz,
miradas implorantes y conmovedoras, silencios, inmovilidad para dormir,
fascinación, puntualidad, elogios sin adular, estoicismo,
talento para eludir el enfrentamiento y para pedir disculpas,
amor desorbitado y absoluto,
detalles, una franqueza sin parcialidades,
interés por los motivos domésticos, buen gusto para el cine y la literatura,
salud, perspicacia,
sencillez y disponibilidad para peregrinar.

Ser mi compañera es un auto de fe y una enorme responsabilidad.
Por lo que respecta a mí, no soy nada codicioso
y estoy presto a entregar como retribución lo mismo que demando.


A S.R.L
Canet
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