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Enjambre de supersticiones

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Domingo de tomar té con masitas con
un espantapájaros analfabeto, en un jardín
de platos rotos y vergüenzas por el estilo.

Domingo de aprender que es mejor
no cortarse las uñas para arañar
los indescifrables pasillos de la memoria.

Domingo de infamias imperceptibles, y
de quedar mano a mano él y yo, un
insomnio invicto que se niega a jubilarse.

Domingo de canciones desconsoladas, de arrojar al
almanaque una procesión de gritos transpirados
con meticulosa e insoportable parsimonia.

Domingo de vanidades primerizas, romances
embalsamados, de dos y dos sumando seis
generaciones de rendiciones aromáticas.

Domingos de asalto a caricia armada,
de caligrafía en llamas, de procesos de erosión,
de protobiontes, de exhaustos picaportes.

Domingo de querellas apresuradas, de
acariciar el pelo al letrero que anuncia la
capitulación de un escultor tenebroso.

Domingo de reconstruir papeles locuaces, aunque
desgastados, de estrangular audacias invisibles,
de disecar un enjambre de supersticiones.

Domingo de estudiantes de arte dramático
vestidos de negro, de inviernos que se
acurrucan bajo la escalera para pasar el otoño.

Domingo de reverberaciones y palafrenes,
de perseguir caricaturas en los copetines,
de acariciar novedades cubiertas de rocío.

Domingo de viajar en un avión de
párrafos displicentes, de muecas de disgusto
sobre las que es sencillo resbalar.

Domingo de recitar epigramas que se desdicen
a sí mismos; de trenes estrafalarios, que
detienen sus caprichos en andenes polvorientos.

Domingo donde un hilo de lluvia cae
sobre un libro abierto, en el momento
en que una efeméride envejece.

Domingo de mezclar ruegos desabridos con
agravios en cautiverio; donde la eventualidad
gobierna, aunque no se responsabiliza.

Domingo de escalones desordenados, donde soñar
con mariposas transparentes al costado del camino
es recubrir al espanto con mala hierba.

Domingo de signo de interrogación amarillo
sobre fondo negro, de esconder bajo
la manga dos relámpagos y un ruego.

Domingo en que la lucidez encubre el
puñetazo de lo inalcanzable, y las porciones
descocidas de un gesto que no pudo centellear.

Domingo en que cada hora viene con su
insurrección de nomenclaturas, y con
la crisis existencial de una bestia milenaria.

Domingo, jarrón que empieza a quebrarse llegando
la tardecita, amplificando las ganas de tirarle arena
en los ojos a la inevitable rutina que vendrá.

Será cuestión de desabrigar esperanzas, de hacer
fondo blanco con una taza de café con poca
azúcar… Porque el lunes ya ha tomado su lugar…
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Milagro De Una Nueva Vida

A dónde fue el corazón?
dónde quedó el ayer?
dónde se perdió el amor
dejando tantos vacíos.

La pasión efímera se guardó
entre las páginas
de su libro de Neruda.

Con premura a la vida
llegaron los otoños
con sus miles de hojas secas
cayendo sobre el alma herida.

Juventud a punto de perder.
No había marcha atrás,
nada se podía ya hacer

Pero la sabia vida regaló vida
se gestaba la mayor ilusión
se gestaba el mejor porvenir.

Que podía importar ahora
buena jugada del destino
dolores y pesares quedaron en el ayer

El milagro de una nueva vida ahora,
con fuerza y amor estaba por crecer
esperanza y futuro en un nuevo ser.

El amor de su vida a su tiempo va a nacer
una radiante luz hoy en su vientre mora.


Sus preguntas fueron respondidas
El corazón viviendo en un pequeño ser.
El ayer se esfumó sólo existe por venir.

Nuevas fuerzas, nuevos retos por vencer.
Y el amor, el amor llegó a llenar vacíos
derramando risas de alegría,
y lágrimas, pero hoy son de felicidad.

MMM
Malu Mora
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piel canela, labios carmesí

Amaneciendo perfumada en labios carmesí, con el viento llega una caricia y en la mirada una sonrisa
Lloviendo de melodías amargas, regando sobre lágrimas serenas esos recuerdos que en la mirada lleva.
Sonetos de dulce pasión escritos están sobre su piel. Llueven estrellas y deseos pide, al universo le dice que larga no sea la espera, que tras la luna llena amanezca, sobre su piel aún fresca, que lirios crezcan en su pecho y corazones amantes en los días relucientes cubiertos de azul pasión.
El perfume de un amanecer dorado, despierta y su boca toca sus labios, pero tan solo es un sueño y ese roce en la piel se ha grabado, pasa por su mente recuerdos aún presentes de vivos colores, de besos y abrazos que no tienen fin.
Soy la que te besa sin tenerte la que te recuerda y te anhela, te espera con el color de Lirio y te acaricia con el viento.
Más siempre algo se pierde con el paso del tiempo, en el silencio del bosque se escuchan los ecos del viento que le llaman, parece un viejo lamento, el bosque late y con dolor recuerda que dos viejos amantes recorrían errantes al son de la dulce melodía del bosque aún encantado, acarician sus manos, abrazan sus almas y las gotas del rocío calman sus ansias.
Bocas de serena melodía de ese latido, sediento lenguaje de amor, sed que en las mañanas calma sus versos, que en sus hojas dejan el rocío de suaves caricias.
Siguen el aroma de sus cuerpos hasta llegar al encuentro a esa aventura que llevan aún en sus labios.
Recogen su alma y se la llevan. Días que llenan de magia, días que solo hay esperanza, días que se escriben para que no se olviden, los amantes siguen, pero las palabras se pierden y vuelan libres.
Rompen los noches, rompen los sueños, rompen lamentos y entre sus recuerdos rompen lágrimas de cielo, como rocío entre sus hojas que beben e impregna su piel canela, bebe de sus lágrimas y tras la tormenta ella le espera, espera en silencio que la noche y su sueño le llegue, para poder soñarle, para que ese sueño le atrape y poder vivir una noche más, un día más con su fiel amante.
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Todo está escríto

La sangre en mis manos
sangre repetida,
ya derramada por otros asesinos
sobre los lienzos antiguos
en manuscritos oprobiosos,
en la letra escarlata
salpicada en ropajes femeninos,
ocultos a los ojos
de los inquisidores.
Mi sangre no existe,
no es nada más que agua
que todos beben por igual,
mi manantial interior
ya fué derramado por otros,
esculpido en cavernas,
tallado en madera.
Solo Dios es original,
y eso es por que no existe
si no creo en él.
Sudan mis manos y mi frente
en busca de algún verso original
alguna estrofa inédita,
y me conformo con un sueño
que es de todos los poetas,
que tu sangre tiemble
cuando leas un poema.
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Valle del alma

Qué fríos y descalzos los pies en el patio de luz,
cuántos recuerdos de tantas vidas olvidadas
en un solo desván al que ya nadie sube.
Las manos sabias de la yaya
aun sobre la madera barnizada del sillón,
y los niños que un día fuimos
aun corretean por el pasillo
con las rodillas sucias de alegría.
Ahora me siento frente a la lumbre de diciembre
y me paso metida en el Jerte todo el agosto.
Imágenes de un pasado que ni tanto conozco
en todas las paredes de los cuartos
y los acordes de una aprendiz de guitarra
ahora suenan en las esquinas de todo el Valle.
Si subo la montaña hasta el puerto,
me gusta contemplar ese punto más lejano
donde mi tierra parece terminarse.
Es ese el lugar al que siento que pertenezco.
Y cuando llega la hora de marcharme,
me llevo el aroma de cereza entre los dedos todo el año,
porque así se que, cuando regrese,
mi hogar seguirá teniendo su puerta abierta,
como lo ha estado desde que nací
y hasta el día en que me muera.
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Capitán Ironía

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Capitán Ironía

Fabulador de ademanes a medio
desabotonar, suele involucrarse en líos
bronceados, pero solo por cortesía.
Considera la insensatez como
la mayor de sus virtudes.

Bebedor de salvajismo;
la memoria del que se asume vencido
siempre será más impiadosa que celestial.

Allá va el Capitán Ironía,
licuando el asombro del
barrio con su aire desdichado.
Su rostro enfermizo balancea
su oscuro fastidio.

El sol de los triunfos ajenos siempre
fue demasiado radiante para que
pudiera mirarlo a los ojos.
Su piel es un alambre atravesando la
tarde entre bramidos de soledad.

Víctima de algunos momentos rescatables,
que alentaron una cierta ofuscación
sobre los inexistentes finales felices.

Allá va el Capitán Ironía,
con una impaciencia de nudillos
gruesos. Propietario de una declaración
incinerada, a la que nunca
dejó de echar de menos.

Azotado por lo irremediable, el
insomnio le sonríe con los
labios apretados. La presentación oficial
con los remordimientos siempre incluye
un tarascón de por medio.

Por fin se queda dormido sobre una
retahíla de protestas taciturnas,
para entablar un soliloquio con sus pesadillas.

Allá va el Capitán Ironía,
con el abatimiento de los que
vienen de un rito de iniciación frustrado.
Con un viento huracanado entre las manos
pinta los barrotes de su propia jaula.



Hace un par de horas me enteré que
el Capitán quiso ascender a Comandante,
pretendiendo transformar en moretones las ojeras
de cinco caballeros muy bien adiestrados en el
poco elegante oficio de moler al prójimo a palos.

Poco y nada me extrañó, porque
desde que dejó de ser Teniente,
al Capitán siempre le gustó ponerle
leche descremada a la cicuta, y dictar
su propio epitafio con fuegos artificiales.

Allá está el Capitán Ironía,
en cautiverio en una cama
de hospital, con un par de
costillas quebradas y una
lesión en el orgullo y el pulmón.

Con tres dientes menos y el rostro indigno
de alguien de su rango, lanza hacia la lluvia
que golpea la mísera ventana de esa habitación
una advertencia amortiguada: Tan pronto como se
recupere todos los diarios de este país pondrán
en los titulares su nombre, apellido y las
condecoraciones que ganó jugándose la
reputación en las leoninas calles de la vida.
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Elegía

Hoy me levanté y ya no estabas ahí.
Yo, afortunado como pocos
Acomodado y estudiante
Con mil quejas por delante…

Tú, sonreías a la vida cada día
Ella, te ignoraba y despreciaba
Dios, que en su trono te admiraba
No quiso demorar más tu llegada

Comprenderás la grandeza de un hombre
Cuando su ausencia sea tan grande
Que en tus sueños oigas su nombre

Hoy me levanté y ya no estabas ahí.
Tus cenizas se hundieron en la mar
Y es cierto que en la mar naciste
Ahora, al fin, libre caminarás


Señor T.
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Mujer Colonia

Fragancia perecedera,
Mujer colonia,
La euforia,
Del aroma es caduca,
No vale la pena,
Una ráfaga de pasión,
Que no huela,
Que no dure,
Que sólo duela...
Mal perfume,
De un instante...
Y yo que nací galante,
Y gusto por lo perfumado,
Se me hizo corto,
Y me quedé anonadado,
Cuando al rato,
Ya no olía a ti,
Siquiera a mí,
Olía a nada,
Eso es lo que fuiste mujer perfumada,
Mujer perfume,
Todo lo que baja a veces no sube,
Y tu fragancia se quedó en el frasco...
Menudo chasco.
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Este modo de vivir

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Este modo de vivir del Siglo XXI
es un culto a la prisa y al cansancio.
Todas las ciudades parecen al fin
de cuentas cortadas con la misma
tijera consumista, por habitantes que
solo mascan resignaciones desechables.

Envilecida, soberbia y vestida de
democrática la mentira campea a sus
anchas en el desecho calendario
de un presente repleto de fugacidad.
Un slogan de sonrisa asustada
desciende por una escalera mecánica.

(La revolución no ha de comenzar
editando artículos en Wikipedia).

Caminos morales incorrectos se clavan
en el corazón de la impotencia.
Los derechos y garantías viajan
dentro de una cantimplora agujereada.
Como en aquel poema de Bolaño,
juntamos las mejillas con la muerte.

Este modo de vivir es la
tormenta, el naufragio y la indiferencia
al mismo precio. Nos deslumbran
con fábulas infames, y zapateando
en el umbral de las quimeras,
el invierno solo reparte besos abatidos.

(Cuando la leche en polvo viene de regalo,
hasta el niño más hambriento desconfía).

Ignorarnos como habitantes de éste infierno
no nos transforma en residentes del paraíso.
Recuerdo con asimétrica nostalgia aquel tiempo
en que creíamos tener un futuro. En
la profundidad del intestino de la amargura,
crecen las raíces de los años encarcelados.

Para saber de una vez quiénes
somos, habrá que seguir escarbando
en los nombres extinguidos por el
ajuste estructural, remake eterna de los
mismos que quieren consolar nuestras
penas ofreciéndonos un pañuelo sucio.

(Esta insensatez de modas derrocadas
parece hecha al gusto de los reptiles).

Como anacrónica práctica se subastan las
más selectas lágrimas de cocodrilo,
mientras, en esta venerable indisciplina que
es levantarse a diario, continuamos
navegando, con los tendones deshechos,
hacia metas que sabemos inalcanzables.

Seguimos regando, con la tinta de un
contrato leonino, las gardenias que nacen
marchitas en la cuneta de la historia. Guerrillas
de iras oscuras ponen armas de guerra
en manos de niños con nombres arrebatados,
y el salvoconducto a una fosa común.

(Resulta que los más sabios de todos se
estrellan contra el futuro igual que los demás).

Es sencillo sentirse felizmente
desgraciado en este tiempo de ojos
cerrados y bolsillos entrelazados
con la incertidumbre...
Más que vivir los días
nos revolcamos sobre ellos.

Con nulos deseos de continuar hincando las
rodillas, los parias gritan su cólera
sin máscaras. Cuando ya solo nos quede
la negación como heredad, habrá que
sentarse a esperar el tsunami, o el
rigor del látigo de una multinacional.

(Hoy son los corderos los
que gerencian el matadero).

No va a ser gratuita emocionalmente
esta sobremesa de desilusiones
sucias y granadas de mano.
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Sonreír y sangrar al mismo precio

Libro: Bailar junto a las ruinas (2017)

Solo sabía huir…
Varón caucásico de edad en cuenta
regresiva y nula solvencia económica, inquieto
neutrón por el campo electromagnético de la
vida, con demasiados nombres añadidos entre la
realidad y su persona; con una angustia
que no sabe, no contesta, ni perdona.

Solo sabía huir…
Presumiendo de la hidalguía de un péndulo de
polvo; su madre le advirtió desde pequeño
“nunca se te ocurra ponerle alas a los lobos”.
Tan pobre de glorias que quiso quedarse
con las que otros dejaron tiradas;
antídoto saturado de contraindicaciones.

Solo sabía huir…
Y brindar por las aspas de las historias
desorientadas; con la sensación de que todo está
perdido, y los relojes solo señalan mordiscos del
pasado; aunque sea imposible guarecerse de una
llovizna de lágrimas, y no resulten recomendables
las respuestas fabricadas a golpes de puño.

Solo sabía huir…
Del borrador donde se fugó su primera metáfora
truncada, vestido por una juventud que se
derrumba, con lágrimas ásperas, puntuales;
y su excepcional costumbre de bailar junto a las
ruinas. Estornudaba aguaceros y silencios,
para sonreír y sangrar al mismo precio.

Solo sabía huir…
Como quien contempla una estatua de
mármol esperando que un día eructe.
Rezándole a la impunidad que
otorga el exorcismo de la lejanía,
buscando el pequeño milagro de que lo
efímero se transforme en perpetuo.

Solo sabía huir…
Y aferrarse a la circunspección,
a la amnésica daga que rasga la noche,
a la mirada estancada en el cemento
ahuecado… Sin detenerse a observar que
aquello que fue y seguía siendo
iba siempre colgando de su espalda.

Solo sabía huir…
Indultando promesas hechas a regañadientes;
condenado por la campana, que por jactarse
de siniestra, repiquetea en código morse,
titubeando en un ideal de absurdos, malversando
emociones, deseando encontrarse unos versos de
Jorge Manrique flotando en el aire.

Solo sabía huir…
De su madriguera de espejos incomprendidos,
afinando su demagogia en corrales ajenos,
practicando el más desaconsejable de los actos:
Dejar escapar la felicidad justo cuando empezaban
a tutearse. (Cada quien hace de sus propias
carencias un clamor en harapos).
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Señora mía

Señora, señora que riega las flores,
¿qué hace tan laboriosa esta mañana?

"Don Juan, hilando vidas,
lavando mis sábanas".

Señora, señora que se alimenta de mis dones,
¿qué hace tan trajina por estas cuadras?

"Don Juan mío, acabando mis días,
enamorando mis piernas cansadas".

Señora, señora de mil amores,
¿qué hace con una moneda en sus manos blancas?

"Mi Don Juan, alabando sus poemas
que yo quiero pagar con mi alma".

Señora, señora por favor y de mis canciones,
¿por qué está tan llorosamente feliz y enamorada?

"Don Juan, ¡porque yo lo amo
con todas mis fuerzas y ganas!".

Señora, señora mía y de millones de sabores,
¿qué quiere de mí y de mis historias mágicas?

"Ay, Don Juan. Yo quiero de usted
todo su origen puesto en esta mi vida, tan desgraciada".

Oh, señora mía,
no tema por mi lance de boca harta.

"Oh, Don Juan. Béseme
hasta que Dios diga 'basta'".

© 2017 Elías enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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He surgido con cada cicatriz

He librado un y mil batallas
he enfrentado tempestades
he escalado muchas murallas
y he sufrido duras verdades.

Me he visto en el suelo,
y con valor me he levantado,
me acostumbré a usar pañuelo,
pues es mucho lo que he llorado.

he sufrido de muchos desvelos,
he combatido penas reales,
he pasado por duras realidades,
y padecido de muchos males.

He conocido en carne propia el dolor,
he buscado mi propia redención,
he estado a punto de la rendición
y a mis flores le han faltado color

pero he surgido con cada cicatriz
Se que aun me falta por vivir
y también he sido muy feliz,
y con eso tengo fuerzas para seguir.

Un millón de metas por cumplir,
una luz interna que se niega a extinguir,
un corazón que lucha por amar,
y una alma libre negada a esperar.

Las letras de mi alma.
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Partitura de tu piel en la mía...

Un arrebato nos sumerge en un momentáneo silente
roto por el roce de la carne,
por el sigilo de dos salivas
incrustadas en el hueco entre los labios.

Rugimos como dos fieras,
desatadas por la pasión más salvaje,
comiéndonos la vida en cada aliento,
en cada jadeo que no hacía más del otro.

Manantiales de fuegos exudados entre tus labios,
álgidos al atajo de tu lengua,
entre arreboles de tus manos,
marca justa de tu pertenencia.

Ritmo in crescendo.
Un allegro.

Notas que reptan en los pentagramas de nuestros cuerpos,
sin libre albedrío.
Ritual de carne y saliva,
uñas y dientes…

Partitura de tu piel en la mía...

Yo, letra derramada en tus labios.
Tú, beso líquido de mis entrañas.

Y nos hacemos Melodía…
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9
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Ataraxia

Pasado, presente o futuro, no existen.
Surgimos de un destino eterno, infinito,
el que formó galaxias, eones y distancias,
el mismo que tejió la virtud de este amor.
En esta dulce Tierra, que ahora nos sostiene
y une pululantes, asiendo fuertemente,
destino de los dos.
Que lleva sempiternos, los más bellos deseos,
vestidos en el aire, desnudos en el Éter.
Allí donde no importan, ni pieles ni matices,
donde solo vibramos, un mismo corazón.
Sintiendo y evocando, ecos del Universo,
murmullos de te amos, perennes y melifluos,
donde solo miradas, se gritan sin hablar.
Y se van las palabras, se guardan en la nada,
dando paso a los gritos, en el mondo silencio.
Es esa epifanía, de entrega limerente,
acendrada y abstracta, tan nuestra,
tan amada, que nos renacerá.

EPadrón
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He guardado en tu mirada algunos versos

Sin previo aviso,
he guardado en tu mirada
algunos versos,
retazos intrusos de una rima imposible,
letras escritas en sal y fuego,
restos,
de nuestro lenguaje vulnerable.

Allí, en el espejo donde reflejas
lo que llevo escondido,
entre el color y el cristal
de nuevas noches,
en el bosque de tus ojos,
donde me rindo

y me pierdo.

Sí, he guardado en tu mirada algunos versos,
sin previo aviso

hoy vengo por ellos...
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Historias Comunes

Una historia tan vieja como el amor, tan común como el sentido.

Lucía es la libertad, su cara risueña digna de los elfos del bosque. Sus ojos sonreían más que su boca, su cuerpo libre de prisiones, su corazón a galope tendido entre la libertad y la inconsciencia de la despreocupación. Su mirada con hado en el infinito, quemando todo presente.

Héctor es el sentimiento, sus ojos mentirosos no engañan a nadie. El aire limpio del soldado de primera línea, apretando los dientes contra la adversidad, incontenible en su decisión. Su meta es alcanzar aquello que se le niega, con la determinación del toro ante aquel trapo encarnado que lo desafía. Su corazón encharcado de Lucía, se acelera ante el rumor del nombre de su elfa libre, de ojos azules como un mar de esperanza, de su cuerpo danzarín. Héctor contiene la respiración por su amor, recogiendo cualquier atisbo de interés, de atención, dándole forma de anhelo, para no desahuciar su esperanza.

María, hermana mayor de Lucía, es la paz del lago al atardecer, sus ojos almendrados dulces como su miel. Su rostro de ángel resplandecía cada vez que Héctor se paraba, la cogía de la mano y clavaba sus ojos mentirosos en el nido de sus sentidos. Su sonrisa encerraba un gramo de tristeza, no quería un amigo, quería que su corazón estallase en serpentinas en los brazos de su soldado.

Mientras Lucía era libre, Héctor, cual domador de caballos, la perseguía con la insistencia con la que el mar se estrella contra las rocas. En tanto, María, recogía su espuma, la contenía en pequeños frascos, cual fragancia etérea de valor incalculable, esperando que su soldado se refugiara en ella…

O quizás Historias no tan comunes…

Lucía y Héctor tienen seis años, María ocho…
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Alberti y el colegio

A ti, Alberti, poeta del sentimiento y no de la razón. Que
dices que el mar no se preocupa de las raíces cuadradas y que
el cielo anda libre de los teoremas y matemáticas.

Se ve, que nunca comprendiste al numérico Pitágoras y nunca
te enrolaste como bucanero del fondo del mar. Nunca lo
hiciste. Aunque dices que eres marinero y hablas de las
sirenas y alguna vez llamas, a esa que dices, que es
hortelana del mar.

Yo si lo sé, Alberti, que tuve que pasar examen en mi trabajo
nocturno; ése que tengo, cuando mi cuerpo dormido queda en la
cama y yo bajo al fondo del mar, o cosa rara, porque todos lo
desean, me mandan de pastor de las estrellas. Me mandan.

Quizá estabas distraído, o no te lo enseñaron, porque en el
cole eras externo. O quizá lo explicaron ese día, que te
fuiste a las dunas de la playa, a mear mirando hacia el
colegio; ese día de rabonas infantiles, ese día.

Fueron esos días de los jesuitas, tiempos duros, de hambres,
caridades y miserias. Eras externo, que duda cabe, eras
externo. Hoy ya no somos externos; hay otras costumbres para
los parias, que también se quedan fuera, no sabes cómo se
quedan…

Se quedan fuera, aunque tengan mucho talento, aunque sepan
sacar la raíz cuadrada o dibujar la circunferencia con un
trazo; y no es que sea hipocresía, eso ocurre siempre,

siempre les ocurre a esos que son parias. Precisamente a
esos, que nunca son de aquí, no son de nuestro mundo. Como
mucho algún día los tenemos como huéspedes; alguno hasta
parece que baja de las nubes.

Y no te preocupes Alberti, que todo pasa, aunque para algunos
se nos venga abajo el cielo.

Pero para esos, que enseñaron un dios tan lúgubre, que nunca
supieron que era Padre, ellos nunca lo fueron; para esos, que
siempre les olía la nariz a azufre, para esos nunca hubo
cielo, no lo hubo, solo hablaban del infierno.

No importa que se nos venga abajo, ese cielo creado para
estáticos. Ese cielo de hieráticos y santos inflamados por el
celo de las iras, ese cielo.

Crece y crece uno mucho más hermoso, un cielo especial, para
esos que saben amar, como tú; para todos los que alguna vez
amaron.
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Impuntual

Dictan las teorías de los multiversos
que el tiempo no es tal,
que es tan relativo, se puede doblar,
también el espacio.
Pero no sucede con la genuina esencia de los cuerpos,
el amor, por ejemplo.
Y resulta pues que este sentimiento, el nuestro,
ha sido gestado, desde sus inicios, en otro momento,
otro espacio-tiempo.
Mas en esta Tierra donde nos hallamos
y que nos limita a medir segundos, minutos y horas...
Un bendito día, mi tarde, por cierto,
encontré tus ojos y anhelé tus besos.
Mezclando estaciones, primavera, otoño y tal vez invierno.
Y fue la belleza, la luz y fulgor de un verano nuevo,
un cometa etéreo.
Te miré por dentro, me besaste el alma, te robé el aliento.
Amor en un grito, amor en silencio,
sumamos al mundo un preciado tiempo.
Y fui otra persona, una más feliz, en este Universo.
En medio de todo este torbellino, locura, embeleso,
donde cada día nos sabe muy poco.
En este planeta y en esta vida, hoy solo lamento,
el haber llegado tarde a nuestro encuentro.
Pues te habría guardado mi primer pecado,
mi primer sonrisa, mi primer te quiero
y mi primer beso.
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Traza con estrellas mi horizonte

Regálame las rosas
de los bellos jardines.

Endulza con tu miel las palabras.
Ilumina con tu luz mis caminos.

Pinta de muchos colores mi destino.
Traza con estrellas mi horizonte.
Toca música suave que me conforte.

Acaricia con versos el alma mía
haz de mi vida toda una poesía.

Y con tu voz suave e insinuante,
rodeando mi cintura con tu brazo amante,
di que nada de esto ha sido fantasía.

Que nos existen miles de mañanas,
que el futuro felicidad nos promete,
como alegre tañido de campanas.

MMM
Malu Mora
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Mil batallas

Mil batallas se suceden en este instante, ¡mil batallas! Todas ellas se libran en mi cabeza y resuenan golpes de espada; puedo oírlos aun tapándome los oídos. También puedo distinguir los silbidos de las flechas, las cuales chocan algunas con mi cerebro, y siento la punzada en cada impacto, siento el dolor en cada choque.

Soy consciente y sé que todo es pasajero. Ahora mismo solo deseo renacer; lo único a que aspiro en este instante en la vida, es en volver a tener una nueva oportunidad para hacer las cosas de otro modo. Y mientras pienso en todo ello, mil batallas continúan librándose en mi cabeza.
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