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Baile de máscaras

La chica sin rostro o la chica invisible, esa que leemos muchas veces en la literatura. Ese cliché tan usado en las historias juveniles que tanto les gusta a los adolescentes, porque de momento le colocan un amor de película, una “mala o varias” que le hacen la vida imposible… lo dicho, tan cliché.
Aunque en ese momento de mi vida me hubiera gustado ser una chica invisible, no por el romance y esas tonterías, sino por haber estado tranquila y nadie me hubiera molestado, demasiado. Eso habría sido bastante divertido, no habría perdido mi sonrisa, ni me habría tenido que esconder de la gente.
No de forma literal, no soy un ermitaño en su cueva, sino metafóricamente hablando.
Ocultarme tras una máscara veneciana par que nadie viera realmente como soy. ¿Qué tan malo puede ser vivir en un baile de máscaras?
Bailando entre la gente que te conoce y gente que aún no. Con tu máscara que eternamente porta una sonrisa, te vuelves una sonrisa a la que nadie reconoce. Mientras que la luz de la luna contamina la noche, creando feas sombras de la gente que baila a tu alrededor. Implantando una pesadilla que rompe el sueño en miles de cristales que se clavan en los pies, creando arañazos bajo ellos.
Quiero puertas abiertas por donde bailar con mi dolor, quiero sombras y oscuridad donde refugiarme hasta que acabe la tormenta que ruge en mi interior y quiere liberarse. Quiero caminar por una ciudad de papel, donde perderme entre las mil y una historias que cuentan las letras plasmadas en sus edificios.
Quiero bailar en la plaza en un día de lluvia mientras el agua se lleva los edificios llenos de vidas e historias pasadas. Quiero bailar cuando tras la tormenta llega la calma. Quiero perderme en ese baile de máscaras.
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tebi rou...

tebi rou que mulla l'alba
de silenci evanescent...
dits i llavis es contenen
perquè encara van fent temps...
àvid desig que ensinistra
en l'avidesa... al pensament

tendre recaure de boques
sota el broc que dolla fresc
per libar-nos les paraules
a les rases de la pell
que seria de les llengues
del teu jaç sense aquell vers...

sóc poetessa ran de terra
dels epítets lluny del cel
en picat sense aterratge
d'algun vol que ha perdut pes...

prò avui m'he comprat les ales
per pensar-te...sense res
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hi ha un forat...

hi ha un forat
de mans gastades...
un forat de rels que escupen
encenalls que han madurat
el furor de les paraules...
i que no ha sigut capaç
d'engolir-me aquest verí
que es privilegi de l'ànima
i la penja desmembrada
de les ombres de la tija
al llindar de la liana
i a les branques de vellut
d'aquell déu emmetzinat
que somia incertituds...
tan serenament confós
com voluptuós Tannhäuser,
sempre embadalit de bosc...
de desig inabastable...d'immolar-se
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2comentarios 61 lecturas catala karma: 85

Tu esencia

El problema nunca fue escribir, fueron los sentimientos. Pero ¿qué haces cuando te quedas vacía? ¿Cuándo te da igual veinte que ochenta? Cabeza fría, cuerpo caliente, porque la sangre sigue corriendo su camino, al fin y al cabo, es su trabajo.

Es de las pocas cosas en la vida que es imprescindible, porque el 98% de lo demás es reemplazable, sustitutivo, sobre todo las personas. Cabeza fría, cuerpo caliente, batalla de razón contra sentimientos, ni uno ni otro ceden. ¿Cuál lleva razón?

Cabeza fría, cuerpo caliente, pero manos frías. La razón aumenta frente al sentimentalismo barato. ¿Frío o calor? ¿Cerca o lejos? ¿Aquí o allá? ¿Corazón o cerebro? ¿Cerrar los ojos u observar a tu alrededor? ¿Querer u odiar? ¿Todo o nada?

Corazón versus cerebro, al final todo se reduce a lo mismo, a la misma cosa:
Tu esencia.
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2comentarios 71 lecturas prosapoetica karma: 78

sábado...

por el hueco sin techo
sobre el cuarto vacío de ventanas
desnudo gotea el desconsuelo
y no entiendo apenas el paraguas
pues me moja la frente este suspiro
cuando me obceco en despuntar el lapicero
desmenuzando la palabra «sábado»
y pasan de las siete...y no has venido
y se me hace repetir-te como un cuento
entre esa bruma crónica
que paciente va meciendo
como a un niño de niebla
mi cerebro
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& Dios, ebrio & desesperado

& Dios, ebrio & desesperado,
postrado en vetusto escritorio
entre tinta, papel & una botella
de ron barato, te creó a ti & al mundo,
inspirado realmente con lo primero
pero errado totalmente con lo segundo.
No creó este universo en siete días,
sino en largas vigilias de soledad & locura.
¡Dios, por qué no te luciste con los hombres
pero sí con esa mujer!
& tenías que ponerla en mi camino
sin ponerme a mí en su corazón,
ah, salud por ti, camarada,
que eres tan malo escribiendo como yo.
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donde…

donde viven tus ojos...
donde el verde natural
de su mirada,
la fronda que aún envuelve y me traspasa...
el nado repentino
en la sed desordenada
de su agua

nativa de tu selva febril...
manglar colérico
de raíz y de sábana,
devota de turgencias
no sentiré el veneno
que tu abrazo inocule a la llamada
del núcleo de mi vientre...
distante tu locura,tu sabana

y perderé memoria de la fiebre
extraviado el cielo entre las ramas...
días que sobran noches codiciando
nostalgias de la piel saeteada...
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un único verso...

para toda el hambre...
un único verso
una sola lluvia
sin cauce ni espejo
resbalando blanda
lastrando sin peso...

para tanta sed...
este afluente de magma
que acuna candente
en paredes de hierro
y me hace ocupante
habitada de fuego...

pero no es coraje
este pasar sin miedo
ni es devaneo...
sino la medida
de cuanta ternura
abarca el deseo...
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El silencio de los locos

Quiero bailar con el silencio, ese que nadie mira, ese que nadie quiere sentir y ese que sólo algunos locos sentimos.
abrázame bello silencio que cada noche, siente frío mi corazón.
abrázame fuerte, que cada mañana siento un vacío inexplicable, un vacío que quiere seguir allí, hasta que la muerte decida venir por mí.
Nada a veces me hace feliz, es un ir y venir sin sentido...
Sólo cuando vayamos a dormir, los sueños se encargan de ponernos en nuestro lugar...
No quiero soñar más con lugares a donde no quiero ir, pero es cierto que los sueños reflejan la milésima parte de la realidad que queremos....
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Soneto a vos (basado en "Un soneto me manda hacer Violante" de Lope de Vega)

Puedo escribir un verso, quizás dos,
rozando con mis ojos su textura,
el tercer verso es una mala tos
pero el cuarto huele a literatura.

Cinco son mis sentidos para vos,
el sexto es tu sublime arquitectura,
mis siete pecados hoy van en pos
de octava maravilla: Tu hermosura.

Noveno verso de aquel día nueve,
tu boca con la mía hizo un dueto:
Once segundos de voz de aguanieve.

Gracias por hacerme sentir completo.
Y como Lope puso de relieve
con este último verso hice un soneto.
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18comentarios 126 lecturas versoclasico karma: 90

la bellesa...

l'innocència tèbia
d'unes mans infants...

les ales esbeltes
de polzes nusats
batent inexpertes
la fondària estesa
que abasten les valls...

aquella veu tendra
des de la distància...
-urgent demanant-

amor,quan vindràs?

i es que la bellesa...
no era Tadzio
assenyalant el Mar...
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Roma (de mi libro "Fragmentos")

Aquella mañana, al salir de casa, camino a la universidad, decidí no seguir el viejo camino a través del descuidado parque, y decidí tomar la vía del carril-bici, recientemente inaugurado, para disfrutar sobre dos ruedas de ese nuevo trazado que me conduciría cómodamente a mi destino.

Mi sorpresa fue mayúscula al llegar, ya que, en lugar del carril-bici, me encontré con una antigua calzada romana. Comencé a transitar por ella, cruzándome con gentes vestidas de un modo peculiar, con túnicas y sandalias, hablando un dialecto similar al latín clásico que estudié durante el bachillerato.

Todos me miraban extrañados, fijando en mí sus ojos, como si fuera yo el que estuviera desfasado en lugar de ellos. Consideré la posibilidad de que fuera época de carnaval y hubiera algún baile de disfraces en el campus, pero, si la memoria no me fallaba, estábamos en pleno mes de noviembre.

Me hallaba inmerso en aquellas cuestiones, cuando llegué a la puerta de la facultad. Me adentré en sus instalaciones, dispuesto a acceder al Aula de Literatura, pero al entrar al lugar donde debía encontrarse, aparecí en una pequeña habitación, oscura, con una sola silla en mitad del cuarto y una gran pantalla blanca en la pared; en la pared contraria, un proyector, el cual, en cuanto me senté, comenzó a funcionar por sí solo. Las imágenes proyectadas en la pantalla versaban sobre la Roma Clásica, sus orígenes, su evolución hasta su máximo apogeo y su decadencia y posterior desaparición.

En mitad de la proyección, entró a la pequeña sala un hombre de mediana edad, ataviado con una corona de laureles sobre su cabeza, además de las ya mencionadas túnica y sandalias que portaban las gentes vistas anteriormente en el camino. Se presentó a sí mismo como Rómulo Augústulo, el último Emperador del Imperio Romano de Occidente. Yo esbocé una leve sonrisa, y no pude sino pensar que ese pobre infeliz había perdido la cordura, contagiado por toda esa masa aborregada que había decidido reimplantar la moda de los hombres clásicos; pero esos pensamientos se disiparon paulatinamente al comprobar la gran sabiduría que demostraba en lo referente a la época de la que decía provenir: No había detalle, por pequeño que fuera, que se le escapara acerca de aquellos siglos perdidos.

Horas después, en un parque cercano al campus, leía entusiasmado un libro que hasta ese instante me había parecido tedioso, y sin embargo, debido a la influencia de mi encuentro con aquel extraño hombre, autoproclamado como un mandatario de tal magnitud, para mi propia sorpresa, me resultaba maravillosamente fascinante: Se trataba de El Asno de Oro de Apuleyo.

De regreso a casa, tras acceder al portal, abrí mi buzón para tomar la correspondencia, acompañada de la siempre inútil propaganda con la que nos bombardean a diario publicistas sin escrúpulos. Solo una carta dirigida a mis padres, frente al resto de papeles de ofertas de vivos colores en panfletos enormes. Observé unos instantes la llave, y me percaté de que todos los buzones de la vecindad tenían la misma cerradura que el mío, por lo que, sin orden ni concierto, los abrí.

Justo al lado de los buzones, en la pared, hallé otra cerradura idéntica, y por el mismo impulso por el que decidí dejar los buzones abiertos, introduje la llave y la giré, provocando que esa pared del edificio y parte del techo del portal se derrumbaran, dejando al descubierto una ciudad romana en plena ebullición.

Quedé admirado por el espectáculo que se presentaba ante mis ojos: Majestuosos templos con magníficos frisos decorados, sustentados sus techos por columnas jónicas, con escalinatas de mármol para acceder a su interior, alrededor de los cuales la multitud iba y venía, en un caos tan ordenado que parecía haber sido estudiado milimétricamente.

Decidí adentrarme para poder explorar de primera mano, pausadamente, el descubrimiento que de pura casualidad había tenido el privilegio de conocer. Pretendí acceder a través de unas escalinatas al interior de uno de los templos, cuando las columnas comenzaron a desestabilizarse, y tras quebrarse, las gigantescas piedras de los edificios aplastaron a los transeúntes. En cuestión de segundos, aquella esplendorosa ciudad se había sumergido en el caos, quedando reducida a escombros, entre los que asomaban manos, brazos, piernas y cráneos.

No sé cómo, pero fui zafándome de esas enormes moles que cubrían mi cuerpo, y pude salir al exterior de aquella ruina. Misteriosamente, no presentaba un solo rasguño. En mi mano aún conservaba aquella carta recogida del buzón, por lo que, ante la soledad del desastre, me dispuse a leerla, dejándome perplejo su contenido:

«Estimados señores,

Lamentamos comunicarles que su hijo ha fallecido debido al derrumbe de una de las paredes y de parte del techo del portal del edificio, en extraña coincidencia con un suceso trágico de similares consecuencias que aconteció en este mismo espacio hace unos dos mil años, en el que una catástrofe sin parangón redujo a ruinas a una ciudad romana que estuvo aquí situada (…)».

Al ponerse el sol, me encontraba conversando con una vieja amistad en el parque del barrio. Junto a nosotros, dos desconocidos que parecían conocernos; prueba de ello es que estaba resultando una noche jovial.

El parque no había cambiado nada en los últimos veinte años, con excepción de una estructura que nunca había estado allí: En lugar de los columpios oxidados, se hallaba el templo romano al que quise acceder aquella misma tarde en la ciudad que había descubierto en el portal justo antes del catastrófico evento.

Aquellos desconocidos se alejaron en una moto por la única vía de acceso posible. El parque estaba desierto, a excepción de nosotros dos, que continuábamos allí charlando.

Tras unos minutos de charla, y emulando torpemente a Fred Astaire, comencé a cantar y a bailar claqué en las escaleras que ascendían al templo, hasta lograr arrancar una sonrisa a mi acompañante. Cesó mi canto y mi baile, pues había cumplido mi propósito, y comenzó a sonar una balada. Nos abrazamos y empezamos a bailar.

Era una noche entrañable, mágica, irrepetible. Las estrellas cada vez brillaban más, eran más cercanas; algunas comenzaban, temblorosas, a descender hacia el templo, adentrándose finalmente en él y desapareciendo. Mi cuerpo, tembloroso, también centelleaba, y comprendí que algún dios me había dado la oportunidad de poder despedirme a lo grande de este mundo: En compañía de una verdadera amistad. Entendí, además, que cada estrella del cielo había sido antes un ser humano, y que yo, a partir de ese momento, sería una estrella más del firmamento.

Así se lo hice saber a mi última compañía en vida; nos abrazamos fuertemente, y empezamos a llorar, porque sabíamos que era nuestro último abrazo, hasta que la materia de mi cuerpo se volvió intangible. Subí despacio, mi figura se transparentaba más y más, hacia el templo por la escalinata, despidiéndome con la mano de quien estuvo conmigo hasta el último momento.

Cuando entré en el templo, desapareció, y yo desaparecí con él. Los ojos mojados de mi acompañante delataron su abatimiento, al tiempo que, pensativos, observaban fijamente en dirección al lugar donde se produjo nuestra despedida.
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Fumo & escribo

Fumo & escribo,
escribo para no volverme loco &
aunque ignoro lo que es eso, imagino
que debe parecerse a esta hambre,
a esta ebriedad baudeleriana,
a esta soledad inesperada,
al gusano de la nada que corroe el ser,
a esta pobreza que me sabe a proeza
porque fumo & escribo.
& te digo que no estoy loco,
loco estás tú & el vecino que ora
al Cristo de porcelana,
el que compró un coche nuevo
vendiendo droga a los muchachos,
la señora que grita hijos de puta
a sus propios vastagos.
Yo me he extravíado,
en algún punto, alguna coma,
en alguna línea de la obra
inmunda del mundo.
En el manicomio cantan canciones
de delirio, de guerra y redención,
mientras me hundo entre música
& libros como el flaco de la mancha.
Sesión nocturna, señores,
asamblea de todos los que soy,
los pies sobre el suelo frío,
luciérnagas en la penumbra
de esta habitación,
& fumo & escribo.
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Esencia

Soy naturaleza, cultura, arte y poesía,
las inquietudes de los hombres en forma de filosofía,
en las críticas de Clarín soy un jarro de agua fría,
en el Libro de los gorriones irradio melancolía.
En este poema soy libertad sin métrica,
no se me puede amaestrar por una cuestión estética.
Transmito miedo y terror en el Guernica de Picasso,
pasión y desolación en los sonetos de Garcilaso,
soy Voltaire arrojando luz a los ignorantes,
marco la literatura como el Quijote de Cervantes.
Soy los primeros versos de amor de un joven,
todas las estaciones desde que las escuchó Beethoven.
En un libro todas las páginas, en la ópera todos los actos,
cotizada si soy clásica e incomprendido si soy abstracto.
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El valor de lo inútil

He pintado la pared de un verde agridulce,
Reflejé sobre el papel mi hiel,
Y teñí de un gris mi calma,
Sin saber, como se formo mi ser.

¿De qué sirve la poesía? -me pregunté.
¿De qué sirve quererte todavía? -me respondí sobre la pregunta.

Tal vez la vida solamente merece la pena cuando le damos valor a lo inútil,
A la poesía, a la literatura, a las almas... Creo que es lo único que realmente vale la pena.
Pues se formará, más allá del dinero, hombres y mujeres, dignos de amar, amar a la tierra.

@Rumba_Poesia
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ara que tinc el cor...

ara que tinc el cor
palpitant les entranyes,
que m'ha quedat el séc
aviciat d’emmotlla’m
al persistent desert
de les cendres amables...

ara que'm puny la pell
l’efímer espurneig
d'aquells somnis surant
les llunes foradades...

es quan vetllo un desig
aliat de robines
projectant el mossec
de la boca del temps
vers parets d'un present
abillat d'ombres xines...

carmina ral
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he intentado...

he intentado con versos
ir fulminando vértigos...
en la heredad del sueño
como imanes sembrar
las agujas del tiempo,
más es predio imposible...
sorda letanía,
inútil el fervor de conspirar
la huida

y van cayendo aleves
las ramas sigilosas
a cernir mansamente
el cuerpo entre grilletes...
tapiarme de memorias

el eco amenazante
de la noche borrosa...
el murmullo a relente
de todas las palomas...
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conrea'm...

quan sentis l'esma pura
partint-te els omòplats
i et bategui a l'espatlla
l'anhel eixordador
que diu el batre aurat...
conrea'm la memòria
vençuda per les aigües
i renta'm de l'oblit
de l'ombra infecundada
d'aquell arç enardit
que creix salvatgí i lliure
mortificant les boires...
i atorga’m fondalada
per fer dormir els teus dits
que eterna vel•leïtat es fruïció perible
i que la saba bruixa de les roses de nit
hidrati la poesia de l’arbre de l'estim...
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4comentarios 92 lecturas catala karma: 85

¡Bendito Benedetti!

(2 Jotabé)



Tenía falta la literatura
de la pluma amable, crítica y pura,

de un amante que nos hizo entender
que para amar, papel no ha menester,
y que al conjugar el verbo querer,
ni una estrella azul debemos poseer.

¡Bendito Benedetti! Voz osada
que defendió de forma encarnizada,

el amor y la vida y la amargura…
y nos regaló el inmenso placer
de su fiel poesía enamorada.


Poeta uruguayo por su nación,
mundial siempre ha sido su proyección.

Pues aún con el alma comprometida,
en denunciar la maldad fratricida…
¿Cómo obviar el poema, Bienvenida?
Y su sensibilidad sin medida.

¡Bendito Benedetti! Voz viajera
que, de Montevideo a la Albufera,

el aire ha impregnado de esa emoción,
que nunca a nadie pasa inadvertida,
y mi alma convirtió en su costalera.
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A todos los poetas

Las cosas bellas que el escultor talló,
el poeta las esculpió con su puño en el papel.
Mientras los edificios más majestuosos de la historia
se alzaban dirección al cielo,
el poeta puso pilares y andamios a la literatura.
No sirvieron tampoco los lienzos del gran pintor,
el poeta dejó su marca en tinta
sobre el tiempo, la materia y el espacio.

Las artes casi olvidaron al poeta.
Y ese casi nos sirve hoy
para hacernos hueco a los que por ellos escribimos.

Y, tal y como hizo Virginia Woolf
en cada una de sus sílabas,
el poeta no será capaz de pintar,
ni construir ni esculpir
la imagen física de la belleza,
pero sí es capaz de poner,
sublimemente,
la vida por escrito.
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