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Entre mis manos

Entre mis manos te sostuve, cuando tus fuerzas te fallaban.
Entre mis manos te sostuve cuando otros brazos cayeron derrotados.
Entre mis manos te sostuve cuando el mundo se rindió, cuando tú te quedabas débil y cansada de luchar. Tú, que siempre caminabas con la cabeza en alto, sin agachar la mirada. Pero ahora solo miras tus pies, el suelo. Tus ojos se esconden de la mirada del mundo.
Escondes el dolor, la soledad y una mochila llena de sentimientos que no quieres mirar a la cara. Cobarde te has vuelto que escondes tu mirada.
Entre mis manos te sostuve cuando la noche llegaba y no querías dormir. Te daba miedo dormir. Te daba miedo cerrar los ojos y empezar a soñar. Irónico, ¿verdad?
A la gente le gusta soñar, muchas personas se mantienen a base de sueños. Pero tú… cada vez que cierras los ojos tienes pesadillas, de esas que te hacen despertar gritando.
De esas que más de una vez te has despertado llorando o con un nudo en la garganta que te impedía respirar bien.
Entre mis manos te sostuve cuando tus noches solitarias te atrapaban y no te dejaban descansar. Cuando por la mañana tus apagados estaban secos.
Entre mis manos estabas tú.
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El tiempo...

El tiempo es ese ladrón
que nos roba los veranos,
y se marcha tan tranquilo
mientras nosotros quedamos,
asombrados, temerosos,
vacilantes y hasta extraños
en un mundo de locuras
y de mentiras plagado,
ensalada de ingredientes
para los nervios vasallos
de los cuerpos de los hombres
y las almas con engaños,
ya que vivir con el tiempo
día a día controlado,
es cargar una tortura
sin disfrutar de los años...

El tiempo es ese ladrón
que nos hace más ancianos,
la moviola, la instantánea,
el fotograma llorado,
la juventud que ha venido
y le perdimos el paso,
la primavera silente
y el canto del urogallo
son los cuentos e ilusiones
que nos marcaron un tanto
aunque dejaron las huellas
y su consuelo cercano,
por eso digo que el tiempo
es un ladrón consumado
y es ese hijo sin padres
que nos dejó este rosario...

"...El tiempo, mal que nos pese,
es el reloj y la mano,
que cronometra este baile,
donde la vida es un tango..."

Rafael Sánchez Ortega ©
20/06/18
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Veneno

Veneno mercante
palideces al llegar a destino.
Socarrón en las formas
elegante en el fin.
Muerte asegurada,
perfecta en apariencia
desolados los que lloran
en gotas de carmín.
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Como una Paloma

Paloma que hace su nido en la intemperie
cifra su esperanza en un pedazo de madera,
quiere alejar su nido de la lluvia
cubriendo su vacío en un mundo ausente.

La paloma es fiel al pedazo de techo en el cual nació
regresa todos los días después de volar por los cielos,
vuela al menor ruido del viento
nunca abandona a sus crías
prefiere fenecer y morir en las tempestades.

Quisiera ser como la paloma fiel
recobrar la cercanía a ti
en esa eternidad sombría
en una inmortalidad de un cosmos infinito
que en su larga noche atestigua mi martirio.

Quisiera ser como la paloma que vive en su pobreza
no exige nada, todo le llena,
versos vacíos que solo te lloran
en un amanecer con sus propios suspiros.


El mute
20/06/2018.
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Kilauea

La nocturna flor insomne sorprende a mis pupilas
sus petalos se cierran a mi alrededor, como lenguas de magma ardiente
deshojan mi piel, capa a capa
y crean un nuevo mundo de lava.

el grito, que sale de mi boca
seca los mares, marea la tierra.

El silencio, que oigo sollozante
me hace llorar ceniza,
huir hacia otra parte.

Yo quería difuminarme con el sol pero las nubes lo esconden de mi
yo quería ser uno con los mares pero evaporo cada gota que rodea mi aire.

Ya estaba señalado por la mano de Pele desde el día que nací,
pero ahora mi ojo despertó y atrajo el calor a mi dermis.
Una pirámide crece en mi espalda y debo sobrellevar este templo,
como un Atlas que soporta un mundo de cuentos creados para aliviar
los miedos que nunca venceremos
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12comentarios 116 lecturas versolibre karma: 95

Fuego Fatuo

Asida va de la gracia la desgracia; la ruleta que impulsa los dedos del destino desmentido en la ilusión de su carnaval...
Una máscara dispuesta en la faz ajena. La canción repetida de las malditas faenas.

Un beso que hace un lustro, abrazaba, y hoy, sólo besa a sus espaldas. Un abrazo comprometido con el sueño del nunca despertar; del silencio que llora mientras su alarido se ríe en la gota desdibujada del desencanto ancestral.

No predice siquiera la noche, pues imposible es tejer presente y girar rueca en reversa, ni desnuda al día su profecía cuando no desea el discurrir de las cortinas... La pólvora aún tibia, impregna de injusticia a la convocación de un joven relicario. Húmeda le va la causa a causa de sus tristezas; tristezas antiguas bajo esa nueva cera... que no menguan; que derriten la verdad breve al calor de la lupa convexa...

Es el daño, el ignorado. Su recriminar es la posesión de lo despreciado. Es la lluvia que no era nube y la melodía ayuna de nota. Es arrancar a golpe puro, el afiche numerado del almanaque y suscribir con tinta, las piezas sueltas a los hechos de la compartición viril con aquellas Dulcineas a sus horas solas...

Es añorar, tornarse en coraje para acallar sus ojos entrecortados de nostalgia. Invocar en la melancolía todos y cada uno de los nombres; de los rostros del alguna vez, su delirio cercano. Apagar la prohibición y prender incienso en lo profundo del lecho obscuro... concentrar su combustible y consumirse en la única almohada rota a mordidas de promesas; de recuerdos. Recuerdos de desencuentros leales y encuentros fallidos. Recuerdos que arañan, rogando a cada ser sublime de su tiempo, ser por no ser ni haber sido... Implorar perdón por no llamar al pan pan y al vino vino... a lo todo comido; a lo todo bebido; a la mascarada que habita dentro de su propio Dèja Vú y desde sus adentros hacia el todo, su todo vivido.

La vigía se estrena. Pretender desapercibirlos arrepiente íntegra la devoción.

Latires...


Alma a pecho tierra
ardiendo en leña verde...
todas las estaciones,
en llamas de su propio
fuego fatuo.





Yamel Murillo



Incisiones.
La mirada sorda©

El Diario de Paloma©
D.R. 2017
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Roma (de mi libro "Fragmentos")

Aquella mañana, al salir de casa, camino a la universidad, decidí no seguir el viejo camino a través del descuidado parque, y decidí tomar la vía del carril-bici, recientemente inaugurado, para disfrutar sobre dos ruedas de ese nuevo trazado que me conduciría cómodamente a mi destino.

Mi sorpresa fue mayúscula al llegar, ya que, en lugar del carril-bici, me encontré con una antigua calzada romana. Comencé a transitar por ella, cruzándome con gentes vestidas de un modo peculiar, con túnicas y sandalias, hablando un dialecto similar al latín clásico que estudié durante el bachillerato.

Todos me miraban extrañados, fijando en mí sus ojos, como si fuera yo el que estuviera desfasado en lugar de ellos. Consideré la posibilidad de que fuera época de carnaval y hubiera algún baile de disfraces en el campus, pero, si la memoria no me fallaba, estábamos en pleno mes de noviembre.

Me hallaba inmerso en aquellas cuestiones, cuando llegué a la puerta de la facultad. Me adentré en sus instalaciones, dispuesto a acceder al Aula de Literatura, pero al entrar al lugar donde debía encontrarse, aparecí en una pequeña habitación, oscura, con una sola silla en mitad del cuarto y una gran pantalla blanca en la pared; en la pared contraria, un proyector, el cual, en cuanto me senté, comenzó a funcionar por sí solo. Las imágenes proyectadas en la pantalla versaban sobre la Roma Clásica, sus orígenes, su evolución hasta su máximo apogeo y su decadencia y posterior desaparición.

En mitad de la proyección, entró a la pequeña sala un hombre de mediana edad, ataviado con una corona de laureles sobre su cabeza, además de las ya mencionadas túnica y sandalias que portaban las gentes vistas anteriormente en el camino. Se presentó a sí mismo como Rómulo Augústulo, el último Emperador del Imperio Romano de Occidente. Yo esbocé una leve sonrisa, y no pude sino pensar que ese pobre infeliz había perdido la cordura, contagiado por toda esa masa aborregada que había decidido reimplantar la moda de los hombres clásicos; pero esos pensamientos se disiparon paulatinamente al comprobar la gran sabiduría que demostraba en lo referente a la época de la que decía provenir: No había detalle, por pequeño que fuera, que se le escapara acerca de aquellos siglos perdidos.

Horas después, en un parque cercano al campus, leía entusiasmado un libro que hasta ese instante me había parecido tedioso, y sin embargo, debido a la influencia de mi encuentro con aquel extraño hombre, autoproclamado como un mandatario de tal magnitud, para mi propia sorpresa, me resultaba maravillosamente fascinante: Se trataba de El Asno de Oro de Apuleyo.

De regreso a casa, tras acceder al portal, abrí mi buzón para tomar la correspondencia, acompañada de la siempre inútil propaganda con la que nos bombardean a diario publicistas sin escrúpulos. Solo una carta dirigida a mis padres, frente al resto de papeles de ofertas de vivos colores en panfletos enormes. Observé unos instantes la llave, y me percaté de que todos los buzones de la vecindad tenían la misma cerradura que el mío, por lo que, sin orden ni concierto, los abrí.

Justo al lado de los buzones, en la pared, hallé otra cerradura idéntica, y por el mismo impulso por el que decidí dejar los buzones abiertos, introduje la llave y la giré, provocando que esa pared del edificio y parte del techo del portal se derrumbaran, dejando al descubierto una ciudad romana en plena ebullición.

Quedé admirado por el espectáculo que se presentaba ante mis ojos: Majestuosos templos con magníficos frisos decorados, sustentados sus techos por columnas jónicas, con escalinatas de mármol para acceder a su interior, alrededor de los cuales la multitud iba y venía, en un caos tan ordenado que parecía haber sido estudiado milimétricamente.

Decidí adentrarme para poder explorar de primera mano, pausadamente, el descubrimiento que de pura casualidad había tenido el privilegio de conocer. Pretendí acceder a través de unas escalinatas al interior de uno de los templos, cuando las columnas comenzaron a desestabilizarse, y tras quebrarse, las gigantescas piedras de los edificios aplastaron a los transeúntes. En cuestión de segundos, aquella esplendorosa ciudad se había sumergido en el caos, quedando reducida a escombros, entre los que asomaban manos, brazos, piernas y cráneos.

No sé cómo, pero fui zafándome de esas enormes moles que cubrían mi cuerpo, y pude salir al exterior de aquella ruina. Misteriosamente, no presentaba un solo rasguño. En mi mano aún conservaba aquella carta recogida del buzón, por lo que, ante la soledad del desastre, me dispuse a leerla, dejándome perplejo su contenido:

«Estimados señores,

Lamentamos comunicarles que su hijo ha fallecido debido al derrumbe de una de las paredes y de parte del techo del portal del edificio, en extraña coincidencia con un suceso trágico de similares consecuencias que aconteció en este mismo espacio hace unos dos mil años, en el que una catástrofe sin parangón redujo a ruinas a una ciudad romana que estuvo aquí situada (…)».

Al ponerse el sol, me encontraba conversando con una vieja amistad en el parque del barrio. Junto a nosotros, dos desconocidos que parecían conocernos; prueba de ello es que estaba resultando una noche jovial.

El parque no había cambiado nada en los últimos veinte años, con excepción de una estructura que nunca había estado allí: En lugar de los columpios oxidados, se hallaba el templo romano al que quise acceder aquella misma tarde en la ciudad que había descubierto en el portal justo antes del catastrófico evento.

Aquellos desconocidos se alejaron en una moto por la única vía de acceso posible. El parque estaba desierto, a excepción de nosotros dos, que continuábamos allí charlando.

Tras unos minutos de charla, y emulando torpemente a Fred Astaire, comencé a cantar y a bailar claqué en las escaleras que ascendían al templo, hasta lograr arrancar una sonrisa a mi acompañante. Cesó mi canto y mi baile, pues había cumplido mi propósito, y comenzó a sonar una balada. Nos abrazamos y empezamos a bailar.

Era una noche entrañable, mágica, irrepetible. Las estrellas cada vez brillaban más, eran más cercanas; algunas comenzaban, temblorosas, a descender hacia el templo, adentrándose finalmente en él y desapareciendo. Mi cuerpo, tembloroso, también centelleaba, y comprendí que algún dios me había dado la oportunidad de poder despedirme a lo grande de este mundo: En compañía de una verdadera amistad. Entendí, además, que cada estrella del cielo había sido antes un ser humano, y que yo, a partir de ese momento, sería una estrella más del firmamento.

Así se lo hice saber a mi última compañía en vida; nos abrazamos fuertemente, y empezamos a llorar, porque sabíamos que era nuestro último abrazo, hasta que la materia de mi cuerpo se volvió intangible. Subí despacio, mi figura se transparentaba más y más, hacia el templo por la escalinata, despidiéndome con la mano de quien estuvo conmigo hasta el último momento.

Cuando entré en el templo, desapareció, y yo desaparecí con él. Los ojos mojados de mi acompañante delataron su abatimiento, al tiempo que, pensativos, observaban fijamente en dirección al lugar donde se produjo nuestra despedida.
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Cadaqués

La luna en tus ojos,
tu pecho en mi mano,
arena en tu piel,
sabor a verano.

Mirada brillante,
y yo, ilusionado,
el sol perfilando
tu cuerpo dorado.

Y fue de repente,
la tarde, al ocaso,
sentados de frente
al Mediterráneo.

Tormenta en tu pelo,
el viento temblando,
locura en el mar,
el cielo un relámpago.

Las nubes que lloran,
se esconden los astros,
mi luna y tu estrella
dos cuerpos mojados.

Llora Cadaqués,
amor acabado…
Un beso en mi boca,
¡Adiós! en tus labios.
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No esperes

No esperes que llore,
No esperes que salga a correr con la lluvia
refrescando mi cabello.
Nunca jamás pienses que estaré cuando te caigas
El rayo de luz y de esperanza, en esa paloma blanca
No fue creado para mi.
No eres amor de mi parte
Padre del cielo, no esperes que rompa a llorar.
Sigo siendo el joven roto.
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1comentarios 38 lecturas prosapoetica karma: 68

A mi querido amor

Mi querido amor, lo extraño es sentir un dolor y no llorar, que simple es perder a alguien que te ama, ¿prosa y verso será que se entiende? , ¿tristeza y alegría serán facciones de la vida?, ni yo mismo me entiendo, sólo sé, que me encuentro dianbulando en penumbras, alegría o felicidad, que más da, tu mi querida mente eres tiránica y desconcertante, ¿o difícil? O sólo eres producto de mi propia lúgubre vida, pues en verdad todo es extraño, pero más inconsciente yo, que te perdí por una gran estupidez.
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1comentarios 32 lecturas relato karma: 38

Una carta para las tinieblas

¡Oh mí querido amado!


Mí amado con mucho dolor, he leído tu carta.
Cada palabra de auxilio, era como si la mano de Dios
me estrujara el corazón sin dejar que lata, siento como
poco a poco se debilita mí corazón.
Mi amor, levo noches sintiendo que algo estaba por suceder,
sabes que nuestras almas están conectadas, siento como
está de camino y se apodera de ti, cuanto más cerca, más
me debilito.
Le rezo y le pido a Dios para que nos proteja, que
no deje que las tinieblas te debiliten. Que te entregue todas las
noches mí amor para que no llegue quien tú ya sabes.
Qué horror mí amor cada vez que me acuerdo de esos ojos,
tan siniestros, profundos desconociendo el significado de misericordia,
donde el amor se desconoce, donde la destruición es el significado de su brillo.
ay mí amor como tiemblo solo de pensarlo…
La poca fuerza que me resta, la utilizo para rogarle a Dios,
como me debilita tu ausencia y que no deje nuestro amor en vano e indefenso.
Hoy mismo por la mañana, en lo más profundo de mí alma,
me contestó…
Me contestó, - “Mi querida hija por más bendecido vuestro amor,
Y por más que te haya puesto como su fiel protectora…
Es llegada la hora, las tinieblas se apoderan de la tierra,
no cumplen reglas. Donde un espacio neutro al bien y al mal,
donde el libre arbitrio a dado lugar a un mar de sin leyes y sin respecto
al pacto divino, por eso hija mía así será su destino.”
Lloro mi amor como nunca lloré por venir a perderte,
no puedo entrar al lugar, donde te encuentras tu…

¿Qué hago mi amor?
¿Será mi muerte, será mi perdición?
A cada paso que se acerca de ti, es un paso que me aleja te ti.

¡Oh mi amor! 
Lo que era una bendición se convirtió en una maldición,
Dime mi amor,
¿Qué podre hacer yo para salvarte?

Te amo amor mío, te amo mucho….

Respuesta a:
"Una carta desde las tinieblas."
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11comentarios 71 lecturas prosapoetica karma: 100

Para ti, mi bandera querida

Sur:
Parado en el acantilado de una de las islas,
titiritando de frio mientras mi piel se abre
porque la brisa de aquí te corta y quema
cómo las balas calientes que alguna vez volaron en este lugar.
Respiro el dolor, y también el honor
De luchar por amor.
De un brinco salto hacia la otra isla,
quizá ahí pueda caminar hasta el puerto
para que el barco de nuestra condena
me lleve al lugar donde no necesito pasaporte;
Porque de esta manera lo decretaron.
Larga caminata me espera
sobre estas tierras de hielo y glaciares.
hasta encontrar la calma urbana.
Congelado, voy por estos valles helados.
En los espejos que son estos lagos
me deleitó con los reflejos, de estas montañas pintadas de nubes
Ya no sé donde tengo los pies
si en el cielo o la tierra.
Quizá ignore las imágenes que sigue,
quizá me pierda en recuerdos perdidos,
quizá no estoy vivo para sentirlo,
quizá nunca llegue en este lugar donde estoy pasando.
Fabricas me rodean a través
de esta carretera que me llena de orgullo.
Me acerco a la orilla,
el océano Atlántico me baña los pies
me congela y me deja aquí parado
hasta que se derrita el hielo,
Divisar es lo único que puedo hacer
el horizonte me mira de reojo.
¿Y tú qué dices maravillosa criatura
jorobada? ¿Los chorros que largas por tu cabeza
llegarán al firmamento?
Los cánticos llegan rápidamente a mi oído
aunque te aturden, yo las disfruto.
A la hora del alba,
mis pies se descongelan,
seguiré por mi camino.
Llanuras me esperan,
quizá de esta manera
no esté tan cansado,
la cordillera me acompaña
cada vez que miro hacia el este.
Quizá ahogue mis penas en vino,
aún no lo decido...
Seguiré por la costa, camino a mi ciudad.

Centro:
Evitaré pasar por el obelisco,
aunque aquellos aires buenos me rodeen
quizás el olor, y el tránsito me afecte.
Me crucé contigo amigo mío
narrame un poco de medicina
y como conseguiste aquel premio Nobel.
Quizás vuele en helicóptero,
mientras escucho tus tangos,
o lea alguna de tus novelas,
o escriba la mía con esta lapicera.
Llegaré a mí masónica ciudad
llorando por aquellos lápices desaparecidos.
Pero no me preocupa,
amigo mío tú bypass podrá
aliviar la obstrucción de mi corazón.
Correré por las avenidas
como cual brisa que evita estás enfermedades,
llegaré por el empedrado
y cruzaré el río más ancho del mundo,
aunque no lo sé.
Seguiré camino y cruzaré
por aquellos viñedos tan deseados,
aunque Tana es mi sangre,
no hay nada que sea más mío
qué este maravilloso lugar.
Navegare en este nave acuática
dónde se alza está tela
Y baila al compás del viento.
Orgulloso te miro,
aún así atravesaré este espectacular puente.
Las cierras con sus picos
me cortan cortan los pies,
y su verde inunda el horizonte.

Norte:
Las tierras se vuelven cada vez
más áridas, y el bronceado de mi piel lo refleja.
Disculpa si me salteo alguna de las veintitrés,
pero tú hermosura es tan grande
qué no puede ser enumerada ni descripta querida mía.
Me vuelvo a encontrar con montañas,
está vez bañada en siete colores,
quizá todas las eras estén marcada en ti.
Sobre un cóndor volare por el espacio que me queda recorrer,
otra vez me encuentro con un espejo,
ya no sé por dónde vuelo,
si por las nubes, o por la sal del suelo.
Tres hermanos observó ahora.
La majestuosidad de tu cascada
no me deja oír tus críticas.
Una maravilla del mundo.
Las salpicaduras tintan
lo que veo con un arcoíris
por los rayos del sol,
unas nubes al rededor
y en el medio,
Aquel celeste que me llena
completamente el corazón.
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La noche del fin del mundo

Lloran mientras mueren,
La ciudad está inundada de nostalgias.
Palabras trizadas,
Buitres agónicos.
Sombras difusas la recorren,
Lenta,
Silenciosa,
Ambiguamente,
Se detienen,
Se miran fijamente,
Lloran mientras mueren,
Y se deshacen en la niebla.
Oquedad,
Ruinas que se estremecen después del despertar.
Sobre lo que hay que vivir.
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2comentarios 67 lecturas versolibre karma: 94

Esperanza

Hay que vivir riendo, vivir soñando, vivir escribiendo y continuamente en tus ojos leyendo.
Pensar en la sociedad, pensar en el mañana en ti y en mi.
La Calamidad absoluta de la esperanza, es la indiferencia. Vivir riendo hace que lloremos por dentro.
Sentir es humanidad, La esperanza es Humana de nuevo; Esta en todos, el futuro es verde.

¡Se vale soñar!
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sin comentarios 19 lecturas versolibre karma: 30

Poetas...

Nos quedamos suspendidos
suspendidos en las ramas del árbol de la vida
de la vida que nos encuentra y cruza
y en el cruce del camino sin sabernos, amor…

amor del aire, del aire que bebe las letra
que el viento vuela cuando las borras
y las borras a medias, porque aún quedan
en tu memoria
y bendita la memoria
que acapara sensaciones
y desnuda corazones callados
corazones armados de poemas
poemas para ser besados
y besados por las bocas
que sedientas de pasiones
se abrazan y lloran
hasta llegar a las manos
y las manos tiemblan
y tiemblan por esas letras
que se sienten, que acarician
que regalan deseos
de humedades
y encarnan cicatrices
para dejarse sentir…

sentir mientras amor tus letras vuelan
las mías aprenden, y el aire de la primavera
calienta la brisa que fuera invierno con letras nuevas
con voces, que rozan la piel, que anudan gargantas
para que otras al leerlas, o escucharlas puedan revivir su alma
y su alma tan etérea nos llame poetas… (Lola) #poémame #poesianomada
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Vida en plenitud

Tierna es tu mirada
al otro lado del mañana

dibujada por nubes ya disueltas
que formaron cielo,

por noches muy oscuras
que conservas dentro,

por bellos paisajes abiertos
y frágiles recuerdos...

Dulces son tus ojos
vacíos ya de lloros...

Vida en plenitud.
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16comentarios 122 lecturas versolibre karma: 94

No encuentro nada...

No encuentro nada
que asocie, en mi retina,
con tu recuerdo.

Fue en Salamanca,
comienzo de un verano,
donde nos vimos.

Fin de semana
vivido intensamente,
tan añorado.

Fuimos felices
deteniendo las horas,
parando el tiempo.

Y nos amamos,
así lo proclamaban
los corazones.

En la partida
brotaron unas lágrimas,
quizás de miedo.

Y con el tiempo
negaste y cuestionaste
el sentimiento.

Lloré en silencio,
no pude comprender
por qué mentías.

Dudé de ti,
e incluso, en tus palabras,
dudé de mí.

Pero tu voz,
diciendo que me amabas
era la prueba.

Y la guardé,
oculta con mis lágrimas.
Nada te dije.

Sigo pensando
que amar es algo fácil
si se es sincero.

Rafael Sánchez Ortega ©
16/06/18
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8comentarios 81 lecturas prosapoetica karma: 96

Si te dijera

No tengo nada.
Mi garganta vacía se estremece
ante el rugir de un mundo infértil
que le hace mofas desde adentro.

Se disuelven los minutos
como los pétalos calcinados
de una margarita que murió de miedo.

Y el sol se hace polvo,
sus cenizas viajan sin casco
y estallan al caer en la tierra,
la tierra seca de este silencio.

Soy tan frágil…
Un pergamino que se desvanece
y agoniza por esculpirse en tu mirada
por ser río, y roca, y canción…

¿Qué harías tu
con estas gotas diminutas
que lloran por surcar tu espalda…?

¿Qué harías tú si te dijera …
Qué harías con tanta verdad… ?




Dee Dee Acosta
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23comentarios 124 lecturas versolibre karma: 101

Aprendiz

(Soy aprendiz en constante aprendizaje).

Aprendo cada día.
Aprendo cada vez que me escuchas.
Cuando pones la mano sobre mi piel y me acaricias.
Aprendo con el ojo del huracán
y con silbido de la brisa.

Aprendo con el latido de los corazones
que lloran por el dolor de otros corazones.


Aprendo cuando te ayudo y cuando me ayudas.
Aprendo cuando leo entre líneas
y cuando es a libro abierto.
Aprendo cuando te entrego y cuando recibo.
Aprendo cuando me dejo llevar por los sentidos,
por los sentimientos, por las pasiones,
por las luces y sombras.

Aprendo cuando vivo en plenitud
cada uno de los pequeños instantes
que la existencia me regala, absorbiendo
hasta la última gota del elixir de la vida.
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Cuarenta veces invierno

Olvídate de las flores bajo la aurora de tu mirada,

olvídate del calor del café de la mañana,

deja atrás al fantasma del pasado,

ponle el cerrojo al corazón cuando salgas por la puerta.

Porque olvidas besos y te quedas con los versos, que se ahogaron en tu boca

y lloraron en tu mirada.

Porque floreces cuando amaneces pero relampagueas de lluvia bajo el insomnio.

Porque siendo fuerte te haces frágil,
porque siendo frágil aprendes a ser fuerte,
pero para ese rancio corazón ya no es fácil,
olvidar querer, sin querer la vida ni la muerte.

Has bailado sola,

las manos del tiempo han dado arrugas de brisa a tu piel,

la mirada de las nubes han dicho,

que no has aprendido a caminar,

por primero querer correr.

Y desde entonces caminas en arrabales de sentimientos marchitos,

donde los corazones vacíos se ahogan en mares de ron,

donde la cura es el dolor y la sed de aliento es insasiable,

donde mueres sin ser tu, sin ser nada, sin ser nadie.
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1comentarios 82 lecturas versolibre karma: 85
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