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Pasó la muerte...

Pasó la muerte a su lado
con la guadaña maldita,
disfrazada de sirena
y con preciosa sonrisa;
engatusaba su aspecto,
la figura tan precisa,
acompañada de niebla,
del nordeste y de la brisa,
y le invitó a que saliera
a la mar, en su barquilla
para pescar unos peces
que sirvieran de comida,
y, confiado, aceptó
y se creyó la mentira
que le acercó a la galerna
con su borrasca temida...

...Y, entonces, en la batalla,
cuando remar no podía,
él comprendió los embustes
de la sirena asesina,
ella quería su suerte,
abrazarle con su tinta,
estrellar a su trainera
y correr una cortina,
porque la muerte no acepta
la mirada y la caricia,
ni la pasión y los besos
y el amor y la utopía...
Pero quería luchar,
regresar hasta la villa,
aguantando la galerna
de la manera más digna...

...Pero la muerte, a sus ojos,
llegó con daga muy fina,
arrancándole los sueños,
las ilusiones, la vida,
y se quedó en aquel limbo
de un poema sin esquinas,
y los versos se perdieron
por alguna alcantarilla
y es que a la vida, la muerte,
le profesa gran envidia,
y destruye a quien la vive
de una manera tranquila,
en silencio, sin molestias,
arropado en su familia,
y tragándose las hieles
por el dolor de la herida...

"...Pasó la muerte a su lado
para doblar sus rodillas,
y el hombre dijo que no,
que a la galerna vencía..."

Rafael Sánchez Ortega ©
14/07/18
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Erase una vez un hombre que con amor nunca olvida

Erase una vez un hombre
que era callado, solo sonreía
aunque el martirio en su interior
fuese un grito en agonía.

Vivía en este mundo en el que nadie respira,
en donde nadie piensa, solo existen en el frío sin ningún asombro,
entre las miradas de muchos rostros,
entre tatuajes de sangre en las cenizas.

La penumbra siempre es silenciosa
no es como la turba escandalosa
o el gran opositor que nunca dormita,
su maquinación es un tahúr que gime
sin desaparecer por siempre de nuestra corta vida.

Aún así,nunca seré un incrédulo maldito
creo en el corazón que no olvida,
que odia a la serpiente y su maldad fingida,
esa que se burla de la más pura ternura.

Mi esperanza es mi corona,
sílaba a sílaba la palabra se forma,
erigiendo amor, milagrosa
como una espada que en la paz reposa.

Ruega por mí, yo rogaré por ti,
lo haré en cada día y en cada noche
cada vez que sea necesario,
hasta que el valle gélido se ilumine en un destello
y tú, sin miedo me sonrías.

Quiero que el canto del gorrión anuncie
que la tempestad ha pasado a la calma,
después de ese naufragio inesperado
en donde el huracán no deja nada.

Nunca seremos despojo de la soledad,
no seremos esa palabra vana que flota en la calumnia
seremos invencibles,
como el viento ante la mirada que nunca termina.

Erase una vez un hombre
que con amor nunca olvida.

Miguel Adame Vázquez.
18/07/2018
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El tiempo que pasa

Deja que pase, deja que pase el tiempo.
Yo que tenía planeado retenerlo en una capsula contenedora del tiempo que pasa.
No hay opción, vivir es dejar el tiempo pasar.
Todo llegará, si es que llega, con el tiempo.
En cambio el desastre se anida, y el gusto a mierda de los días es cada vez mas amargo.
Se construyen recuerdos destructores, y se destruyen esperanzas, se desploma de golpe un sueño, se hace añicos en el suelo mojado de lluvia acida.
Mientras el tiempo pasa el alma parece que se hunde en arenas movedizas, es la alegoría del tiempo que pasa; un reloj de arena en el que la humanidad se limita a sus paredes de cristal, y se desliza a caer o se queda atrapado en la estrechez de su centro.
Ese embudo que detiene la caída, y aprieta los brazos, y conforma una inmovilidad sufriente, no es otra cosa que la espera, la purga, el silencio y la melancolía.
La nostalgia es el tiempo detenido por el cuerpo inerte en el centro del reloj, la nostalgia es tan pobre que se vuelve la añoranza triste de un presente menos doloroso.
Solo queda esperar que una mano celestial voltee el reloj, y girar con el, quedar con la cabeza hacia abajo, finalmente caer entre los granos de la eternidad muerta, y reiniciar la tragicomedia de arenas movedizas en esta maldita capsula contenedora del tiempo que pasa.
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Tu voz

Los recuerdos asumen el papel de notas musicales
y pretenden evitar caer al depósito del olvido;
entonces, florecen los negativos de las fotografías
extendidas sobre la línea del horizonte.
La arena se torna papelillos en días de carnaval
y los viejos se vuelven niños con trastornos de ansiedad.

Los marineros navegan en barcos de papel celofán
y las sirenas seducen con sus trajes escarchados
Tu voz, se iguala al audio maldito del viento,
la que enciende la llama de la alborada.
Tu voz, la tapa del fondo oceánico abierta,
por donde se fugan las estrellas marinas.

A veces, los recuerdos se camuflan
como hortensias camaleónicas
y se destapan como corchos saltarines
hacia el cielo de una boca nublada.
A veces, ellos muerden con sus uñas de gato
y pellizcan la piel de ñame salvaje;
entonces, huyen las pompas de jabón
en sus alfombras mágicas gastadas,
y usted, usted mueve sus aspas atascadas,
como diciendo adiós...voltaré.
Por lo menos, su voz es tan común
y se oye por todos lados diciendo te quieros.

16 de julio de 2016
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Sombras

Pálida sombra pálida faz,
Olor a romero y mirada fugaz.
Catrina vestida de niña sin paz,
Muerte maldita vienes jugar.

De noche mi sueño pretendes cuidar
Y mi aliento en el día tramas robar,
Catrina vestida para atacar,
Muerte maldita y tenaz.

Ave eres de mal agüero,
Enterrarte debo en el agujero,
Mirándote a los ojos y sin duelo.

De la rala sien cae por tu pelo,
Un brocado de luz hecho lucero,
Iluminando suavemente mi sendero.
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5comentarios 67 lecturas versolibre karma: 90

Madrid

Madrid solo fue
un escaparate,
una ilusión aleatoria
donde jugar a la ruleta rusa.

Aposté todo para perderlo,
arriesgando tu nombre
y el tacto de tu sonrisa
en cada madrugada.

Y perdí.

Traté de ser rey,
pero la corte
solo necesitaba bufones
en las bocas de metro.

Quererse
no estaba de moda
o eso pensaba yo,
que la vida solo dura un instante.

Así que me disparé
un tiro en la sien
y acerté con la única bala
que se aloja en mi cerebro.

Madrid,
     aún hoy
recuerdo sus calles
y el olor a humedad de sus tripas
escondiéndome de la realidad,
¡maldito caleidoscopio!
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Quizás Jamás

Quisiera ser libre, de la prisión que envenena mi sangre,
de toda idiosincrasia hereditaria y vacía.
Libre de sentencias injustas, de prejuicios robóticos,
de la estirpe de presagios malditos, de ausencias vandálicas.

Quisiera estar preparado, alerta, invulnerable, valiente.
Inmune a la confrontación hoy-pasado-futuro,
defenderme del ataque de recuerdos inquietos, nocivos y en multitud.
Pero no puedo, toda la estampida atraviesa mi sien.

Amnesia es lo que me hace falta, y esta sucia memoria que no muere,
solo se enferma, padece la agonía de un tiempo pendular.
Con los pies embarrados de miedo la incertidumbre no se ve pasajera.
Te busco, fortuna, he oído de ti, me has hablado y no se donde estás.

No se me subleva ninguna señal, ni la consigna de este pantano,
ni el sortilegio del presente convicto, ni la desmedrada libertad me dan razón.
Aquí hace falta que vuelva el eco de mis palabras,
las que nunca salieron de mi.
Aquí hace falta que brote la intriga de mis ojos, que crezca en árbol titánico
y con sus ramas vivientes desgarre el firmamento y rompa los astros,
encienda la noche mas oscura del milenio, la mas grande noche de mi vida.

Quiero respirarte oscuridad y apagar el alma que sueña ingenua,
morirme de veras un instante y ser materia hueca,
mente en blanco, vacío cósmico, silencio inmutable.
Quisiera ser escombro revuelto,
templo en ruinas, obelisco derramado, grieta en la tierra.

Quisiera ser la víspera del cataclismo, reposar el pánico, desdoblar este argumento pobre.
Mas tarde ser el aspirante a soldado de la tristeza,
y un día decapitar al dragón con mi espada de papel.
No podría emerger sin antes haber lustrado el fondo del abismo con las plumas de mis alas rotas.
No podría pretender un sol naciente sin la consagración de una noche agónica.
No puedo esperar un quizás, sin antes no haber descosido un jamás.
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¡Basta ya!

4 mujeres asesinadas en 48 horas...
¡Basta ya!


Maldito seas tú que necesitas
dañar a una mujer, no eres valiente
por dar un puñetazo bruscamente
cada vez que te enfadas o te irritas.

Maldito seas tú cuando no evitas
maltratar a tu víctima inocente,
no entiendo lo que pasa por tu mente
cuando insultas, golpeas o le gritas.

Maldito seas tú cruel asesino
que no sabes querer, por eso matas,
malnacido, cobarde acomplejado.

Maldito sea por siempre tu destino,
me das el mismo asco que las ratas,
mereces terminar bien encerrado.

Que el grito silenciado
de tu inocente víctima consiga
alborotar tu paz y te persiga.

Aurora Zarco.
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18comentarios 108 lecturas versoclasico karma: 110

Hay un montón de nubes...

Hay un montón de nubes
flotando ante mis ojos,
nublando los paisajes
que invaden mis pupilas
y para colmo el viento
ulula sin descanso
alborotando el sueño
que anida entre mis cejas.

Y aunque intento ignorar
este maldito ruido,
no consigo que callen
los ecos de la lluvia,
que arrecia en las ventanas
e inunda las aceras
de este nuevo desvelo
sembrado de derrotas.

Aurora Zarco.
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16comentarios 123 lecturas versolibre karma: 107

Mis musas, mí música...

Fueron canciones, fueron sonidos,
ritmos bailados bajo la lluvia,
el vals que danzan tristes los cisnes
en la laguna.

Fue la milonga que quiebra el tango,
entre arrabales fue su figura,
el sensual trasluz de un gris boceto,
noche y pintura.

Fue un dulce adagio, lento y tranquilo,
hojas de otoño en la partitura,
el atardecer de la nostalgia,
fue la ternura.

Fue ese suspiro de un blues maldito,
en clave triste, notas difusas,
melancolía, la melodía
de la amargura.

Fue el movimiento de unas caderas,
el sabor dulce que me tortura,
la sexual salsa de piel de azúcar,
fue sabrosura.

Fue la bachata que huele a peligro,
luces y sombras de una aventura,
propuesta indecente en boca ardiente,
fue travesura.

Fue como cuerdas de una guitarra,
el clavelito en una bandurria,
el sutil tacto de unos acordes,
fue piel desnuda…

Fue un flamenquito de madrugada,
bella gitana bajo la luna,
el sentimiento, fruta prohibida,
fue la censura.

Fue eco del soul surgido del alma,
una princesa de lluvia púrpura,
coro de besos, ritmos sinfónicos,
fue tan profunda…

Esos sonidos, la risa, el llanto,
de esas que fueron y son mis musas,
sones alegres, dramas sonoros,
fueron mí música.
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Por Todo o Nada...

No nací para vivir bajo la decadencia de cumplir un sueño,
que más cerca de convertirse en un hecho,
este entorno desmotivador y alienable
lo reprimen en un anhelo
dificultando su camino a la realización.

No estoy dispuesto a llenar otras expectativas que no sean las mías,
aún cuando eso signifique decepcionar a los míos,
en mi conciencia está claro que mis intenciones no están nisiquiera cerca
de querer fallarles.
La verdad es que aveces me enajeno tanto de mi que admitiré
la falta de interés progresiva en cualquier otra alma
aun cuando mi sangre me encadene a ella.
Así que no desviare mi rumbo solo por no darles disgustos
que ellos mismos se adjudican sin necesidad,
por no comprender que esta vida que conduzco
es de pertenencia perpetua solo de mi
y el millón de yo internos que se me escapan de control.

Peleare por mi objetivo aún cuando de mis heridas
se derrame sangre como agua en las cataratas del niágara
y mis huesos se hagan polvo como la arena del desierto de Sahara,
con estos demonios que ni el mismo Baudelaire encompimchado con Bukowski aguantarían.
Por que ya no solo tengo metas,
las transforme en obsesiones
y no parare hasta cumplirlas,
iré hasta el final por estas razones
aún cuando mi camino este construido con pedazos de abismo
y como utopía se aleje cada vez más la realización del mismo.
Teniendo en cuenta que el sacrificio
será política obligada en este viaje,
y un para siempre, el tiempo que necesitaré en este pacto sagrado
de un maldito con sus desgracias pasionales.
El norte ya está marcado
se compone de improvisaciones las herramientas disponibles.
Con armadura de pulso a tiró, y mirada desafiante,
Por qué voy por todo o nada
y antes de la nada
la locura me guardo un puesto junto a la muerte
con un joint encendido para luego repasar el destino que decidí escribir…
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Maldad

Maldita fuiste desde siempre, incomprensible y misteriosa,
aterradora, testigo de llantos, refugio de la soledad y engañosa,
te escondes de la luz y llegas al corazón, ¿dime cuantos te has llevado?,
siendo silenciosa causas revuelo y estremeces multitudes,
has dominado hombres, esclavos de ti ¿cuantos?, quien lo sepa que me diga,
atentos todos los que piensen que están libres de tu mano
y que huya todo aquel que te conozca, pobres los frágiles de voluntad,
puesto que suelen caer en ti, ojalá que tu existencia no sea sempiterna.
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4comentarios 61 lecturas versolibre karma: 106

Llueve por las tardes

Déjame decirte que aquí
aún llueve por las tardes,

y veo esfumarse como fraude
el último rayo del día

con mucha melancolía
desde el cristal de mi ventana

mientras mi mente se afana
en limpiar esa maraña

que parecen telaraña
las ilusiones que tejí

cuando sin querer remejí
alguna noche de locura

el alma siempre procura
hasta ver la alborada

conservar desesperada
los más hermosos recuerdos

mientras se ponen de acuerdo
la mente y el corazón

cada uno cree tener razón
y se arma la gran batalla

siempre la mente nos falla
el corazón se vuelve ciego

es una víscera de apego
y la mente que controla

como me hacen hablar sola
a veces haciendo gestos

y todavía me contesto
en mis largos soliloquios

llegan como grandes obsequios
maldita razón, bendita locura

bien combinadas son la cura
en males de sentimientos

así no hay resentimientos
y amar se vuelve un placer

no queda nada que hacer
cuando de amar se trata

amor que da vida o mata
y yo aquí con mi letargia

acompañada de la nostalgia
viendo a través de mi ventana

me ha vuelto una veterana
en ver caer lluvia y ocasos

si vienes te diré por si acaso
que no olvides tu paraguas

las vivencias caen como agua
mientras ves por la ventana

sentimiento y recuerdo se hermanan
haciendo muchos desmanes

cuando por las tardes
sin motivo ni razón se vuelven lluvia.


MMM
Malu Mora
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Rodeado de gente

Cerdos y zorras por todos lados, excepto uno mismo. Pobre diablo vendiendo lagartijas muertas. Miles de nombres en la cabeza, fuego en el cielo, el infinito tras el ocaso.

Camino a la gloria; leyendas y mitos alrededor, compartiendo sus trágicas muertes, llenas de vida. Vagando a ningún lado, cayendo, viajando al infierno. Frío sudor ardiendo en un cuerpo surgido de dos cuerpos anteriores. Renacer de las cenizas. La sombra del individuo es su amigo más fiel.

Solo de guitarra descuartizando una canción, tratando de abandonarla, esquivando a los asesinos de sueños en la carretera. Hay ángeles luchando, llorando, bailando y muriendo. Y olor a incienso. Y paranoia.

Mujer indefinible, deseo inalcanzable, búsqueda incesante, pesadilla inacabable, paz imposible, camino indefinido, a la espera de nada, aguardando todo, triste, en soledad. Diosa maldita: Blasfemia.

El mar, dulce oleaje, rumores de amistad. Deseo, amor, sentimiento profundo que destroza el alma y quema la mente, como afluente seco esperando al sol tras el último concierto.

La mujer amada vive en la puerta de al lado; un simple «hola», y clavará esa mirada de ojos claros a traición, sin avisar. Es como una droga, uno precisa un poco de ella cada día, y aumentar la dosis de su presencia algo más cada vez que marcha. Pero un muro invisible de vergüenza separa esos caminos. Uno tiene la certeza de que nunca será suya, y anhela una sobredosis de pupilas.

Luego uno quiere morir, muere por dentro, y es aún peor, y termina buscando apoyo en cualquiera, pues merece la pena. ¿Merece la pena? Inútil intento de reaccionar, pues se ha ido para siempre.

Uno se sumerge en sí mismo, y se producen lloros. Luchar, perder y llorar, el resumen de una vida. Y así será hasta que llegue la hora, esa hora que vendrá con el fin de la esperanza, con el fin de la existencia, con, en fin, su fin.
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4comentarios 68 lecturas relato karma: 96

Amar es morir toda la vida

Al compás tú y yo

tú y yo al compás del sonido,

del sonido de tu voz con mis latidos,

tú tan lejos y tan aquí mismo…



Tan aquí mismo me lees y te escribo.

Al compás tú y yo, como el corazón de un mimo;

así se escucha tu voz, al son de mis latidos,

tan adentro, tan aquí mismo…



Recuerdo la fragancia de un romance,

calado hasta los huesos, decía mi lápida:

la mesura para los cobardes, prefiero morir por amarte.

Así recorres por mis venas, caudalosa ría

de mi sangre, que por ti hierve y se escultura en arte;

noche y día, tu diosa voz y esta inspiración maldita:


¨Todas las noches, antes de morir el día, te escribo,

te escribo un poema, para que mi pena nunca muera

y jamás, tu voz en la memoria mía.

Todos los días aprendo a quererte más, vida mía;

porque tengo pena, y ella amarte más me obliga¨.



No es la pena un castigo noche y día,

ni el hueco en el espacio tiempo, ni el eco del vacío sin tu voz,

ni el amor hecho añicos, que por el día descalza esquiva, el alma mía…

Es el estrecho camino, el que contigo transcurre raudo y veloz;

porque amar es morir toda la vida, contigo o sin ti noche y día.
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No te quiero

Le dije que no le quería. Me creyó. Pero lo que no sabía es que no le dije toda la verdad. Le quería sí, pero no le quería hacer daño. Yo no tenía nada claro. Ninguno de los dos estábamos preparados, o tal vez sí, pero nos dolía imaginar que pudiéramos llegar a decepcionarnos un día. Ya sabíamos cómo dolía el amor roto, y no estábamos hechos para esa mierda. Los dos acobardados nos escondimos apretando con las manos cualquier pesada arma con el gatillo quitado, y con los escudos sobre nuestras pieles despellejadas. Y aun así, éramos dos polos opuestos empujando con todas nuestras fuerzas por juntarnos. Quizá no nos entendiéramos en muchas cosas pero yo conseguía que sacara aquella maldita risa que me encantaba provocar. Y yo sonreía. Había algún tipo de magnetismo dentro de nosotros. Por un tiempo nos sentimos nuestros. Pero le dije que no le quería. Y me creyó. ¿Por qué no iba a creerme? Quise darle motivos para que siguiera creyendo que le dije la verdad, y entonces pretendí encontrarme en otros cuerpos alguna puta dosis que hiciera que todo dejara de doler un poco menos, aunque fuera por momentos; sin embargo, no hubieron otros cuerpos con ninguna puta dosis que sirviera. Y creí poder soportar que también lo hiciera. Pero no pude. Ninguno de los dos pudo. Pero los dos lo hicimos. Los dos nos engañamos a la cara. Nos escupimos aquella jodida mentira a la cara y nos creímos. N o s p e r d i m o s.
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Fuego Fatuo

Asida va de la gracia, la desgracia; la ruleta que impulsa los dedos del destino desmentido en la ilusión de su carnaval...
Una máscara dispuesta en la faz ajena. La canción repetida de las malditas faenas.

Un beso que hace un lustro, abrazaba, y hoy, sólo besa a mis espaldas. Un abrazo comprometido con el sueño del nunca despertar; del silencio que llora mientras su alarido se ríe en la gota desdibujada del desencanto ancestral.

No predice siquiera la noche, pues imposible es tejer presente y girar rueca en reversa, ni desnuda al día su profecía cuando no desea el discurrir de las cortinas... La pólvora aún tibia, impregna de injusticia a la convocación de un joven relicario. Húmeda le va la causa a causa de sus tristezas; tristezas antiguas bajo esa nueva cera... que no menguan; que derriten la verdad breve al calor de la lupa convexa...

Es el daño, el ignorado. Su recriminar es la posesión de lo despreciado. Es la lluvia que no era nube y la melodía ayuna de nota. Es arrancar a golpe puro, el afiche numerado del almanaque y suscribir con tinta, las piezas sueltas a los hechos de la compartición viril con aquellas Dulcineas de sus horas solas...

Es añorar, el tornarse en coraje para acallar sus ojos entrecortados de nostalgia. Invocar en la melancolía todos y cada uno de los nombres; de los rostros del alguna vez, su delirio cercano. Apagar la prohibición y prender incienso en lo profundo del lecho obscuro... concentrar su combustible y consumirse en la única almohada rota a mordidas de promesas; de recuerdos. Recuerdos de desencuentros leales y encuentros fallidos. Recuerdos que arañan, rogando a cada ser sublime de su tiempo, ser por no ser ni haber sido... Implorar perdón por no llamar al pan pan y al vino vino... a lo todo comido; a lo todo bebido; a la mascarada que habita dentro de su propio Dèja Vú y desde sus adentros hacia el todo, su todo vivido.

La vigía se estrena. Pretender desapercibirlos arrepiente íntegra la devoción.

Latires...


Alma a pecho tierra
ardiendo en leña verde...
todas las estaciones,
en llamas de su propio
fuego fatuo.





Yamel Murillo



Incisiones.
La mirada sorda©

El Diario de Paloma©
D.R. 2017
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Amor

El amor remueve las agujas del tiempo,
verdugo y acusado.

El amor es piel con remiendos,
causa y efecto,
palabras de acción,
y vestirse sin armazón.

El amor es polvo de lo conocido,
cantos de sirena que llegan
como voz conocida.

Luz y oscuridad,
maldito amor bendito.
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Te marchaste (¿canción?)

Te marchaste...
antes que pudiera yo amarte.
Dejaste que roto quedara
mi corazón preso de ti.

Te marchaste...
robando el aliento a mi vida,
quedando despierto en la noche,
llorando en ausencia de ti.

Rodaría mil caminos por buscarte.
Inventaría atajos hasta encontrarte,
renaciendo un nuevo tiempo entre los dos.
Sin miedo... Con fuerza...Volviendo a ti...

Te marchaste
Antes que pudiera yo amarte.
Dejaste que roto quedara
mi corazón preso de ti.

Y mis sueños se quedaron desiertos;
se han deshecho entre tus ojos cansados,
suplicándote que lucharas conmigo.
Sin miedo. Contigo. Viviendo los dos...
Y me dejaste...

Te marchaste...
Una noche fría y maldita
cerraste los ojos rendida
y yo muriendo contigo.

Cuando te marchaste
quedé llorando por ti.
Y con el frío inmundo del destino
te buscaré mirando al cielo.

Siempre mirando hacia ti.
Viviendo estoy por ti
fingiendo mi estrella
como si siguieras aquí.
Oh! Que sea así para siempre
Por siempre... lloraré por ti

Oh!.. Mi amor
volaste lejos de mí...
y aquí he quedado solo sin ti.
Mi amor...
Por siempre te voy a llorar.
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A mi abuela Rosario (Fascismo nunca más)

"Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía."
De Oraciones de la Noche


A mi abuela Rosario

18/julio/1936


Requisaban. Venían a por todo. Por la vida también.
Vestidas de azul, con la Cara al Sol
y un Sagrado Corazón en las entrañas: ¡VIVA CRISTO REY!
Tiempo de rapadas y ricinos
Maldito el momento—mi madre lloraba—
no tanto de hambre sino de miedo.
La hora de las otras
la cara del fascismo sobre su cuna:
ni un rincón sin revisar.

Aventaron armarios y alacenas
—mi madre lloraba—
destriparon colchones
hurgaron en rincones y en ideas:
Ave María purísima.

Mi madre lloraba
la hora de la teta
el hambre de la rabia
y aquellas mujeres de rosario y pistola en mano
gritando como hombres borrachos
de triunfo y de Dios:
¿dónde está el oro?
¿dónde la plata?

Mi madre lloraba
¡Arriba España!
La leña al fuego
en el cazo la leche
y en el fondo del alma
dos zarcillos de oro
y una mujer sola
contra las hienas azules del odio
hambrientas.

Todo ardió.
La leña y la leche
los zarcillos, el cazo y el alma
Quedó una vida para no olvidarlo
y la muerte habitando eternamente en sus cunetas.
Mi madre lloraba
mi abuela entendió
después de la primera bofetada
que el hambre y Dios
llegaban aquella noche para quedarse.
Rojos, sangre y piojos.
El resto fue silencio
cuarenta años y un día.
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